Capítulo 16

Edward abrió la puerta y dio un paso atrás para que yo pudiera entrar. Entré y me dirigí a la cocina.

—Tu habitación está arriba ahora —dijo Edward, rompiendo el silencio.

Ya lo sabía. Mi mente solamente estaba en otra parte. Di media vuelta y me dirigí hacia las escaleras. Edward no me siguió. Quería mirar atrás y ver lo que estaba haciendo, pero no pude.

—Traté de mantenerme lejos de ti. —Sus palabras sonaban oscuras. Me detuve y me volví para mirarlo. Estaba de pie en el primer escalón, observándome. La expresión de dolor en su rostro hizo que me doliera el corazón—. Esa primera noche, traté de deshacerme de ti. No porque no me gustaras. —Dejó escapar una dura risa amarga—. Sino porque lo sabía. Sabía que te meterías debajo de mi piel. Sabía que no sería capaz de mantenerme alejado. Tal vez entonces te odié un poco a causa de la debilidad que serías capaz de encontrar en mí.

—¿Qué es lo que está tan mal de que te sientas atraído por mí? —pregunté, necesitando que al menos me contestara eso.

—Porque no sabes todo lo que puedo decirte. No puedo contarte los secretos de Tanya. Son suyos. La amo, Bella. La he amado y protegido toda mi vida. Es mi hermana pequeña. Es lo que hago. A pesar de que te quiero como no he querido ninguna otra cosa en mi vida, no puedo contarte los secretos de Tanya.

Cada palabra que salía de su boca sonaba como si estuviera siendo arrancada de él. Tanya era verdaderamente su hermana y entendía ese tipo de lealtad y amor. Habría muerto por Bree si pudiera. Sólo había sido quince minutos más joven que yo, pero habría hecho lo que ella necesitara que hiciese.

Ningún hombre u otro sentimiento me habrían hecho traicionarla.

—Puedo entender eso. Está bien. No debería haber preguntado. Lo siento. —Estaba arrepentida. Me había entrometido en su vida y en la de su hermana. Obviamente, lo que fuera que Leah sabía, no debería saberlo. Si Leah pensaba que la necesidad de Edward de proteger a su hermana sería un problema para nosotros, se equivocaba.

Edward cerró los ojos con fuerza y murmuró algo. Él estaba lidiando con algo. Tal vez esto había traído un mal recuerdo. Por mucho que me gustaría ir y abrazarlo, sabía que no era bienvenida en estos momentos. Había arruinado eso.

—Buenas noches, Edward —dije y subí las escaleras. No miré atrás esta vez. Fui directamente a mi habitación.

No había manera de confundir la hora por la mañana con estas ventanas. No sería necesario poner la alarma del reloj. El sol me había despertado una hora antes de que sonara mi alarma. Me duché y me vestí con facilidad ahora que tenía un cuarto de baño justo aquí y más habitación por la que moverme.

No estaba de humor para comer la comida de Edward esta mañana. Realmente no estaba de humor para comer, pero hoy tenía dos turnos de trabajo, así que necesitaba algo de comida. Me pasaría por la cafetería y conseguiría un poco de cafeína y una magdalena.

La falda corta de lino negra y la camisa blanca, que teníamos que usar como uniforme cuando servíamos en el comedor del club, teníamos que mantenerlas lavadas y planchadas bajo nuestra responsabilidad. Ayer había pasado un par de horas planchando las pocas que tenía aquí en casa.

Una vez que me puse las zapatillas, me dirigí escaleras abajo. Todavía no había oído ninguna actividad en el piso de arriba hoy, así que sabía que Edward todavía no se había levantado. Por una vez, estaba agradecida por no tener que enfrentarlo. Ahora que había tenido tiempo de dormir, me avergonzaba por los acontecimientos de anoche.

No solo había dejado a Edward tocarme en sitios donde nadie me había tocado antes, después me di la vuelta y actué como una zorra loca entrometida. Tenía que pedirle perdón, pero no estaba preparada para hacer eso ahora mismo.

Cerré la puerta con cuidado detrás de mí y me dirigí a mi camioneta. Por lo menos, esta noche no estaría en casa hasta que hubiese anochecido. Sin tener que enfrentarme a Edward al menos por doce horas más.

Jimmy ya estaba en la sala de personal con el delantal cuando llegué. Me dedicó una sonrisa y luego hizo un puchero con los labios.

—Uh, oh, parece que alguien tuvo una mala mañana. No podía contarle a Jimmy mis problemas. Él también conocía a estas personas. Tenía que mantener mis asuntos para mí misma. —No dormí bien — contesté.

Jimmy chasqueó la lengua. —Qué vergüenza. Dormir es una cosa tan bella.

Asentí con la cabeza y me registré. —¿Hoy estoy sola? —pregunté.

—Por supuesto. Tenías esto controlado después de seguirme dos horas. Deberías pasar con facilidad este día.

Me alegraba que alguien lo pensara. Tomé una libreta para las órdenes y un bolígrafo y los metí en el bolsillo de mi delantal negro.

—Hora del desayuno —dijo Jimmy con un guiño y abrió la puerta que daba al comedor—. Oh, parece que el jefe y sus amigos están en la mesa ocho. Por mucho que me gustaría ir a comerme con los ojos sus hermosos culos, te preferirían a ti. Iré a atender a la mamás del tenis mañanero en la mesa diez. Dan buenas propinas.

Servirle a Emmett y sus amigos no era algo que quería hacer esta mañana. Pero no podía discutir con Jimmy. Él tenía razón. Conseguiría mejores propinas de las mujeres. Lo amaban.

Me dirigí a su mesa. Emmett levantó la mirada para encontrarse con la mía y sonrió. —Te ves mucho mejor aquí —dijo cuando me detuve enfrente de ellos.

—Gracias. Es mucho más fresco —contesté.

—Bella ha ascendido. Voy a tener que comer más aquí —dijo el chico con el pelo rubio rizado. Todavía no sabía su nombre.

—Esto podría ser bueno para el negocio —coincidió Emmett.

—¿Cómo estuvo tu noche con Leah? —preguntó Jared con un ligero borde en su voz. Al parecer, mantenía el asunto de Leah contra mí. No me importaba. Era un alga en un estanque, en lo que a mí respecta.

—Nos la pasamos bien. ¿Qué puedo traerles para beber? —pregunté, cambiando de tema.

—Café, por favor —intervino el rubio.

—Bien, entendido. Fuera de límites. Código de chicas y toda esa mierda. Quiero un zumo de naranja —contestó Jared.

—Café para mí, también —respondió Emmett.

—Volveré con sus bebidas —contesté y me di la vuelta para ver dos mesas más con clientes. Jimmy estaba sirviendo una de las mesas así que me dirigí a la otra. Me costó un segundo darme cuenta de quién estaba en esa mesa.

Mis pies dejaron de moverse mientras veía a Tanya echar su pelo rubio fresa sobre el hombro y luego mirarme con el ceño fruncido. Miré atrás hacia Jimmy, que estaba terminando los pedidos de bebidas de su segunda mesa. Tenía que hacer esto. Estaba siendo tonta. Era la hermana de Edward.

Forcé mis pies a moverse y me acerqué a su mesa. Estaba sentada con otra chica. Una que no había visto antes. Era tan glamorosa como Tanya.

—Webster debe dejar trabajar aquí a cualquiera estos días. Tengo que decirle a Emmett que hable con su padre acerca de ser más selectivos con sus empleados —dijo Tanya arrastrando las palabras en una voz bastante alta.

Mi cara estaba caliente y sabía que me había sonrojado. Ahora sólo tenía que demostrar que podía salir de esto. Tanya me odiaba por razones desconocidas. A menos claro que Edward le hubiese dicho que estaba husmeando en sus secretos. No sonaba como algo que Edward haría, pero ¿lo conozco muy bien? No.

—Buenos días, ¿qué puedo traerles para beber? —dije tan cortésmente como pude.

La otra chica se rio y bajó la cabeza. Tanya me miró como si yo fuera algo repugnante. —No puedes traernos nada. Espero un camarero con más clase cuando vengo aquí a comer. Tú no lo harás.

Busqué a Jimmy una vez más, pero él se había ido. Tanya podría ser la hermana pequeña de Edward, pero era una perra importante. Si no necesitase tanto este trabajo, le diría que me besara el culo y me iría.

—¿Hay algún problema? —La voz de Emmett salió de detrás de mí. Por una vez en mi vida, me sentí aliviada por su presencia.

—Sí, lo hay. Contrataste basura blanca. Deshazte de ella. Pago demasiado para ser miembro de aquí como para tolerar esta clase de servicio.

¿Era porque vivía en casa de su hermano? ¿Odiaba a mi padre, también? No quería que me odiara. Si me odiara, Edward nunca se abriría a mí. Esa puerta estaba firmemente cerrada.

— Tanya, nunca has pagado una sola vez para ser miembro de aquí. Estás aquí porque tu hermano lo permite. Bella es una de las mejores empleadas que hemos tenido y ningún otro miembro que pague se ha quejado. Desde luego, no tu hermano. Por lo tanto, esconde las garras, cariño, y sobreponte. —Emmett chasqueó los dedos y Jimmy se acercó corriendo hacia nosotros. Debió haber salido durante el drama y yo lo había echado de menos—. Jim, ¿podrías por favor servir a Tanya y Carmen? Tanya parece tener un problema con Bella y no quiero que Bella se vea obligada a atenderle.

Jimmy asintió. Emmett me tomó del brazo y me llevó de vuelta a la cocina. Sabía que estábamos llamando la atención, pero en ese momento no me importaba. Estaba muy agradecida por alejarme de los curiosos y tener un respiro.

Una vez que la puerta de la cocina se cerró detrás de mí, solté el aliento que había estado conteniendo.

—Sólo voy a decir esto una vez, Bella. La otra noche en casa de Edward me dejaste plantado. No tenía que preguntar por qué. Lo supe cuando me di cuenta de que Edward estaba desaparecido. Tú hiciste tu elección y yo retrocedí. Pero lo que pasó ahí dentro es sólo una pequeña muestra. La perra tiene veneno en las venas. Ella está amargada y enfadada, y cuando llegue el momento de elegir, Edward la elegirá a ella.

Me volví y miré a Emmett, sin estar segura de lo que quería decir. Emmett me sonrió con tristeza, entonces me soltó el brazo y volvió a entrar al comedor. Emmett también sabía el secreto. Tenía que saberlo. Esto me estaba volviendo loca.

¿Cuál era el gran problema?