Aclaración:
Los personajes de Naruto son propiedad de Masashi Kishimoto, yo solo los tomo prestados para la historia.
La historia es una adaptación, al final estará el nombre original y autor.
Hay OOC
14| Mi Querido Vampiro
—¿Adónde has ido esta mañana? —preguntó Hinata al terminar de saborear el croissant más exquisito del mundo.
Después de hacer el amor por segunda vez, Naruto estaba listo y ansioso por volver a empezar, pero ella gimió:
—Comida. Tu mujer mortal necesita comida.
Él le preguntó qué le apetecería si pudiera comer cualquier cosa que existiera.
—Un croissant de mantequilla recién hecho con un café con leche y zumo de naranja.
Así que, naturalmente, Naruto se tele-transportó a Francia, y volvió con todo lo que le había pedido.
—Tenía unos recados que hacer —respondió él.
Fue entonces cuando Hinata se dio cuenta de que se había cortado el pelo, a pesar de que todavía lo llevaba largo, como a ella le gustaba. Aún se le veía húmedo de la ducha, y llevaba ropa nueva; sobria, de colores oscuros, pero que sin duda era carísima.
Era más guapo que el diablo, y con aquellos ojos tan fieros, estaba de lo más atractivo. Su color rojo siempre la haría pensar en fuego.
—¿Recados? ¿Qué clase de recados?
—Te he comprado unas cosas. —Le entregó unas bolsas que llevaban el nombre de Harrods estampadas en ellas. Muchas bolsas. Al parecer, también había ido a Londres. —Necesitabas ropa. Y hay unos cuantos... regalos.
Carraspeó algo incómodo, y Hinata supo que nunca le había comprado nada a ninguna mujer. Había de todo; zapatos, vestidos, jerséis, pantalones. Encontró también un neceser lleno de champús, perfumes y cremas hidratantes.
—Una dependienta me dijo que esto era todo lo que podías necesitar.
Hinata investigó el resto de las bolsas, deleitándose en las telas y los carísimos diseños. No había un solo vestido negro por ninguna parte.
—¡Naruto, tienes un gusto excelente! —exclamó entusiasmada.
Èl se encogió de hombros, pero ella vio que le gustaba saber que había acertado. Encontró una cajita con una peineta con brillantes engastados.
—¡Naruto, es preciosa! —Y al ver las piedrecitas frunció el cejo. —No serán de verdad, ¿no?
—Pues claro que son de verdad.
—¿Eres rico?
—Enormemente. —Echó los hombros hacia atrás e irguió la espalda-. —¿Acaso no tengo aspecto de tener dinero?
—Oh, no es eso. Es preciosa. Adoro estas peinetas.
—Lo sé. Le robaste una a Yahiko.
Un poco sonrojada, continuó con su inspección. Encontró un par de diminutos tangas negros, y muchos más de otros colores y estilos.
—Déjame adivinar. ¿Es lo que se lleva ahora en Londres?
—Me costó muchísimo comprarte eso.
—¿Eran muy caros?
Naruto se sonrojó al instante.
—Me costó mucho porque, después de imaginarte con ellos puestos, apenas podía caminar. Ahora que sé lo que se oculta debajo de la ropa interior femenina, ésta ha adquirido una nueva dimensión para mí.
Hinata se mordió el labio inferior.
—¿Te excitaste mientras estabas en la tienda?
El apartó la vista y asintió. Le habría encantado verlo.
—La próxima vez, llévame contigo y me la probaré delante de ti.
Mirándola de nuevo, Naruto le dijo:—Cuéntame qué hiciste para transformarte.
Allí estaba. La pregunta que tanto había temido.
—Las circunstancias concretas son un secreto, Naruto. Juré que nunca las desvelaría. Lo siento, pero así es como tiene que ser.
—¿No vas a contármelo? —preguntó atónito.
—Non —contestó ella con firmeza. —No te lo contaré por mucho que insistas, y al final terminaremos discutiendo.
—¿Se supone que no tengo derecho a saber cómo mi Novia pasó de fantasma a mortal?
—Te pido por favor que no me lo preguntes. Hazlo por mí. Confío en que no vuelvas a insistir, y te limites a aceptar que nos ha sucedido algo bueno.
—No puedo hacer como si no pasara nada.
—Entonces, tienes que saber que ésa es una de las condiciones para que estemos juntos — replicó Hinata como si hablaran de negocios.
—¿Una de las condiciones? ¿Es que acaso hay más?
—Sí, la verdad es que sí. Tienes que prometerme que no matarás a nadie mientras yo esté contigo. Excepto si es en defensa propia, claro.
—Eso sí que puedo prometértelo —respondió él entrecerrando los ojos.
—Y la última.
Aquella mañana al despertarse se había dado cuenta de lo cerca que había estado Naruto de morderla la noche anterior. Si él bebía su sangre, no importaría que ella y las demás guardaran el secreto sobre su transformación. Con sus recuerdos en su mente, él lo descubriría todo; sabría la verdad, y entonces Hinata moriría.
Su nueva existencia iba a ser tan larga como fuera posible, siempre que Naruto no descubriera lo corta que en realidad podía ser.
—Sé que te dije que no te impediría beber de mí, pero he cambiado de opinión.
—De acuerdo —respondió él sin dudar. —No lo haré.
Ella frunció el ceño. Era la respuesta que esperaba, pero que estuviera tan dispuesto la dejó confusa.
—Creía que querrías hacerlo. ¿Tienes miedo de ver mis recuerdos? ¿De ver a los otros hombres?
—Un vampiro jamás ve los recuerdos que su Novia pueda tener sobre otros hombres. Con lo obsesivos que somos... nos sería imposible superarlo. No beberé tu sangre porque si lo hiciera podría matarte.
—Pero ¿tus hermanos no beben de sus esposas?
—Sus esposas son inmortales, ellas no pueden morir. Yo podría dejarte seca en cuestión de segundos.
—¿Y si algún día cometes un desliz?
—No puedo cometer ninguno.
Ella lo miró a los ojos.
—¿Aceptas las condiciones para estar conmigo?
—¿Siempre pones condiciones para el disfrute de tu cuerpo?
Hinata apretó los labios.
—Sí, siempre. Y dado que yo también tengo intención de disfrutar del tuyo, estaré encantada de escuchar las tuyas.
El se levantó y empezó a caminar por la habitación.
—Habrá días en los que me tendré que ir, pero lo haré cuando estés dormida. He lanzado un hechizo de protección en Byacourt para que no puedan entrar intrusos, así que tienes que jurarme que cuando no esté te quedarás en casa.
—De acuerdo, pero no creo que duerma demasiado. —«Ya dormiré cuando me muera». —¿Y se puede saber por qué tendrás que irte si ya no trabajas?
Al ver que dudaba al responder, ella dijo:
—Presencié tu recuperación, Naruto. No podría soportar verte recaer.
—Tengo que encontrar al demonio que me desgarró el brazo y matarlo antes de que él me mate a mí.
—Entonces, ¿sería en defensa propia? —preguntó Hinata. Él asintió. —¿Beberás su sangre?
—Haré todo lo posible por evitarlo.
—¿Y qué me dices de Sasuke e Itachi? Ellos también te están buscando.
—Para recuperar su trono perdido, Itachi necesita una información que yo... poseo. Y no descansarán hasta obtenerla.
—¿Que tú posees? ¿Te refieres a los recuerdos del señor de la guerra al que mataste?
El se encogió de hombros.
—¿Y por qué no te limitas a dársela?
—Lo haría si pudiera. Mi mente está mucho más clara, pero todavía no puedo buscar entre los recuerdos a voluntad. —Volvió a sentarse en el extremo de la cama al lado de ella. —¿Por qué crees que anoche no bebí de aquel demonio?
—Porque no eres tan malo como todo el mundo cree —contestó la joven, repitiendo las mismas palabras que le había dicho días atrás. —Y porque has empezado a mirar hacia el futuro en vez de hacia el pasado.
—No puedes pretender que me olvide de que has regresado de entre los muertos —dijo entonces él soltando el aire. —No puedes pretender que no quiera saberlo.
Hinata se encogió de hombros.
—Depende de las ganas que tengas de estar conmigo.
—Ya sabes que tengo muchísimas ganas —replicó Naruto, de repente con voz tensa.
—¿Te ha gustado lo de esta mañana?
Él frunció el ceño, dejándole claro que le parecía una pregunta de lo más absurda.
—Piensa en lo que significa tener una mujer para ti solo. —Convirtiendo su voz en un murmullo, Hinata añadió: —Puedes hacerme lo que quieras siempre que quieras. Has pasado de no saber lo que era el sexo a poderlo practicar a todas horas. Lo único que tienes que hacer es olvidarte del tema de la corporeidad. —La sola oferta quizá habría bastado, pero por si acaso, estaba dispuesta a demostrárselo con hechos.
Sonrió. Aquello no iba a ser ningún problema para ella.
—Sólo dime con quién fuiste a la fiesta.
—Te lo repito, no te diré nada. —Se puso de rodillas. —Déjalo ya, mon grand.
Distraído por los pezones de ella, Naruto respondió:
—No puedo. —Se pasó una mano por la boca.
A Hinata le pareció increíblemente erótico que él estuviera completamente vestido mientras ella seguía desnuda en la cama. Se estremeció.
—No, no puedo hacerlo.
Se deslizó encima de él y lo miró a los ojos. Naruto no entendió el significado de esa mirada, pero se excitó al instante y su corazón empezó a latir desenfrenado.
Hinata se arrodilló junto a él, acariciándole la oreja con la nariz.
—Hay tantas cosas de las que podemos hablar... —Con los dedos le desabrochó la camisa y murmuró: —Como por ejemplo de todas las fantasías secretas que tengas y quieras experimentar. —Le abrió la camisa. —O podemos dejar de hablar y ponerlas en práctica, ¿no crees?
Como Naruto había imaginado antaño, Hinata estaba utilizando sus encantos para salirse con la suya. El tenía intención de resistirse tanto como le fuera posible. Era una intrigante.
Respiró hondo cuando le acarició el pene por encima de los pantalones.
—Necesito que te los quites, Naruto.
En un abrir y cerrar de ojos, se libró de botas y pantalones, que ya empezaban a apretarle. Hinata tenía los ojos entrecerrados, como si de verdad le gustase tocar aquella parte de él.
—¿Crees que no sé lo que estás haciendo? —Una vez desnudo se sentó de nuevo a su lado. — Tratas de utilizar el sexo para manejarme. Crees que así podrás obligarme a hacer lo que tú quieras.
Ella se arrodilló en el suelo entre sus piernas y Naruto contuvo el aliento.
—Hinata. —La voz se quebró al pronunciar su nombre.
La joven colocó las palmas de las manos en las rodillas de él, separándoselas, y luego se inclinó hacia adelante.
—¿Y tan malo es que lo haga? —Empezó a recorrerle el torso con la lengua, su intención inconfundible. —¿No te gusta el lugar al que voy a llevarte?
Naruto abrió los ojos como platos.
«Va a... Voy a sentir cómo...»
Cuando Hinata llegó al ombligo, Naruto hundió los dedos en su pelo, acariciándole la nuca. Luego sintió la primera caricia de su lengua...
¡Tú, Dios... ah! —gritó mientras miraba atónito cómo sus dedos agarraban la sedosa melena de ella.
Hinata le acarició la punta con la lengua con mucha ternura y luego se la rodeó con los labios.
Con un gruñido, separó más las rodillas y, al sentir que ella lo tomaba por completo, las manos le empezaron a temblar. Sentía la caliente boca de Hinata sobre su sensible piel. Su miembro se estremecía bajo su lengua, y Naruto no pudo evitar arquear las caderas en busca de más.
Sin cesar las caricias ni un instante, Hinata le cogió las manos y las llevó hasta sus pechos. Mientras él se los acariciaba hasta excitárselos por completo, ella seguía saboreándolo con desesperación.
Naruto no quería que aquello acabara nunca, pero entonces sintió cómo empezaba a masajearle la base del pene con una de sus pequeñas manos sin soltarlo, y la presión que sentía en su interior fue en aumento hasta llegar a ser casi insoportable. Cuando Hinata gimió alrededor de su erección, él supo que ya no podía aguantar más.
«Tengo que avisarla.» Al borde del abismo, segundos antes de estallar, consiguió pronunciar:
—Voy a...
Apretó la mandíbula al ver que la joven no iba a apartarse, que deseaba quedarse allí y devorarlo por completo.
—¡Hinata!
Arqueó las caderas, perdiéndose en su boca.
—Perversa —gimió embargado por el placer al derramarse contra su lengua.
Al terminar, Naruto la cogió en brazos y la apretó contra su pecho. Mientras la abrazaba pensó que lo había hecho gozar de un modo que él sólo se había atrevido a imaginar.
¿Seguía teniendo la necesidad de saber cómo había conseguido dejar de ser un fantasma? Por supuesto. Pero cuando Hinata le cogió una mano y se la llevó hasta la entrepierna para que notara lo excitada que estaba, esa necesidad se desvaneció. Estaban juntos... y eso era lo único que importaba.
El resto eran sólo detalles.
Segundos después de que Hinata diera unos golpecitos en el espejo del estudio de danza, Ino se asomó, esquivando con destreza el propio reflejo de la joven desde el otro lado.
—Espera un segundo, voy a pasarte a la pantalla. ¡Ya está!
Hinata ya se había imaginado que sin Ino no podría atravesar el portal del espejo, pero supuso que no perdía nada por llamar.
—¡Ya era hora de que te pusieras en contacto conmigo! —La bruja levantó las manos y separó el cristal como si fuera una cortina. —¿Quieres pasar?
—Naruto regresará en seguida, y desde ahí no podría oírle. Pero quizá te apetezca venir a ti.
—No puedo. —Ino chasqueó los dedos frente a alguien que quedaba fuera del ángulo de visión de Hinata, y segundos más tarde una adolescente le entregó un vaso enorme del McDonald's. —Estamos dando la bienvenida a las nuevas brujas del aquelarre. Las muy inocentes han salido corriendo de mi habitación. —Se dejó caer en una mullida silla. —Tendremos que hacer una teleconferencia a través del espejo.
Hinata acercó la cama a él y se puso cómoda. Estaba encantada de poder hablar con Ino, y no sólo porque lo pasaba muy bien con ella. También le serviría para dejar de preocuparse por Naruto durante un rato. Cada vez que se iba de caza, se ponía muy nerviosa.
—Ya veo que... me quieres sólo por mis hechizos. Eres incapaz de llamarme en una semana.
—¡He estado ocupada! —Naruto sólo la dejaba sola cuando se quedaba dormida. Esa tarde había tenido la suerte de despertarse temprano. —¿Te has recuperado bien después de la fiesta? Vi que te golpearon.
—Ah, sí, estoy como una rosa. Deberías ver a aquel tipo. Jamás volverá a darle un codazo a nadie sin querer. Ni siquiera cuando le vuelvan a crecer los codos.
—Me alegro de que así sea... creo. ¿Se tomó Mito muy mal que la fiesta terminara convirtiéndose en un caos?
—Yo le pregunté lo mismo, y la única respuesta que recibí fue un ataque de risa. Al final terminó por confesarme que la pelea la había empezado ella. Al parecer, tú y tu vampiro no sois la única pareja que salió de ese encuentro. —Se sentó con las piernas cruzadas. —Bueno, deduzco que el corazón Uzumaki del vampiro vuelve a latir, ¿me equivoco?
Hinata asintió feliz, e Ino la miró con la cabeza ladeada.
—Vaya, tienes un aspecto fantástico. ¿Nuevo corte de pelo? Y nuevas chucherías.
—Naruto me ha llevado de compras —contestó ella sonrojándose. —Muchas veces.
Durante el primer par de noches, disfrutó de París como una loca, maravillándose ante los nuevos estilos de ropa. Y también había ido allí a la peluquería. Sólo se había cortado el pelo unos centímetros, pero a Naruto parecía dolerle cada tijeretazo.
—Me ofrecí a pagar yo, pero él insistió. Traté de decirle que tengo montones y montones de dinero, pero no quiso escucharme.
—¿Tienes montones de dinero? —preguntó Ino haciéndose la tonta.
Hinata trató de no reír y fingió ponerse seria.
—Sí. He revisado mis acciones. Al parecer, trece mil dólares de IMB y de GE de los años veinte hoy en día equivalen a ciento cincuenta millones.
Aunque creo que una bruja se apropió de unos veinticinco, más o menos.
—¿Quién? —exclamó Ino con los ojos muy abiertos. —Malditas brujas.
Hinata no pudo evitar reírse. Si Ino se lo hubiera pedido, se lo habría dado todo.
—Hablando de brujas... te perdiste la noche de chicas. —Dejó el vaso a un lado y se cruzó de brazos. —No sé si Mito te lo explicó, pero la asistencia no es opcional. Te quitaremos puntos por no haber venido. Y cuando digo puntos, quiero decir que tendrás que pagar las bebidas de las sedientas hechiceras.
—Aún estoy en plena luna de miel. ¿Eso no me exime de la penalización? Además, se supone que no puedo salir de la ciudad, no mientras Sasuke e Itachi estén en Nueva Konoha.
Ino se puso seria.
—Ellos nunca te harían daño. De hecho, esos demonios me salvaron la vida antes de que me convirtiera en inmortal.
—¿Y le harían daño a Naruto?
—Sin dudarlo —reconoció la bruja. —La mayoría de los miembros de la Tradición odia a los vampiros de ojos ensangrentados.
—¿Y tú? —preguntó Hinata con un suspiro.
—Vaya, me he metido en la boca del lobo. Bueno, digamos que antes creía que sí. Pero todo el mundo comenta cómo Naruto Uzumaki se detuvo antes de beber del cuello de Sasuke. Incluso Sai parece que se lo está replanteando.
—¡Oh, qué alivio!
—De hecho, yo había pensado ir a verte y llevarte un pastel de bienvenida o algo por el estilo.
—Me alegro de que no lo hayas hecho, no quiero que Naruto sepa que nos conocemos. No te dejaría en paz hasta que le contaras nuestro secreto. —Hinata estaba pendiente de si lo oía regresar.
Al llegar, siempre iba directo a la cocina para servirse una taza de sangre. Lo oía abrir el refrigerador y cerrar la puerta con el tacón de la bota. Luego se sentaba en la entrada y repetía el hechizo sobre el porche mientras bebía y trataba de sacudirse de encima la tensión de la cacería. Lo único que faltaba era decir «Cariño, ya estoy en casa».
—Hablando de eso, Mito, ¿se ha equivocado alguna vez?
—Nunca.
—Bien. Pues entonces tendremos que mantener nuestro secreto para siempre, es decir, si no quiero acabar kaputt. —Empezaba a dominar la jerga de la Tradición.
—Hinata... —Era obvio que Ino estaba preocupada.
—No, tranquila. —No quería que su amiga se sintiera mal por ella. Le estaba muy agradecida. —Sé que cada día es un regalo. Y la verdad es que yo nací mortal. Lo que significa que siempre supe que mi tiempo en la Tierra era limitado.
Ino no pareció convencida.
—Todos tenemos que conformarnos con lo que tenemos, y yo no me arrepiento de nada — insistió Hinata.
—¿Te ha preguntado cómo conseguiste regresar a la vida? —preguntó Ino.
—Sí. Le dije que era un secreto, y que no quería hablar del tema porque terminaríamos discutiendo.
—¿Y él lo dejó estar? Eso sí que es raro. Los vampiros son famosos por lo obstinados que son.
Hinata se mordió el labio inferior.
—Bueno, supongo que podría decirse que lo distraje...
—¿Lo distrajiste...? Ah, ya entiendo. —Volvió a chasquear los dedos y otra adolescente reapareció con una bandeja de dulces. —¿Quieres? —le preguntó a Hinata ofreciéndole la bandeja a través del cristal.
La joven tenía hambre. Aquello sería como su desayuno. Naruto la acompañaba casi siempre a un restaurante a comer, a pesar de que él se pasaba el rato jugando con la comida y bebiendo whisky de «inferior calidad que el que tenían en casa, así que apenas tenían nada en la nevera. La mitad estaba llena de sangre y en la otra mitad había zumos, sobras y algo de fruta.
—¿Del Café du Monde?
—¿De dónde si no?
Hinata aceptó gustosa y cogió un dulce de la bandeja. ¡Todavía estaba caliente! Le dio un mordisco y suspiró de placer al sentir que se derretía en su boca.
—Bueno, cuéntame..., ¿cómo es vivir con un vampiro? ¿Es tal como te lo imaginabas?
—Mucho mejor. Además de llevarme de compras, Naruto me ha paseado por todo el mundo.
La tele-transportación era de lo más cómodo cuando no se tenía tiempo para viajar ni tampoco pasaporte. Aunque los vampiros sólo podían ir a lugares en los que hubieran estado con anterioridad, a lo largo de tres siglos Naruto había viajado por todo el mundo.
—La primera vez, me dijo que cerrara los ojos. Y cuando los abrí estábamos en una playa del océano Índico bajo la luz de la luna. —Las olas brillaban luminosas y la brisa era suave como un beso.
En aquel preciso instante, Hinata se dio cuenta de que si conseguía no morir durante un año tal vez lograra vivir las experiencias de toda una vida.
—Yo nunca he estado ahí. Sai y yo tenemos que salir más —dijo Ino pensativa. —¿Y cómo lleva aquellos ataques de furia de los que nos hablaste?
—Siempre que un hombre me mira, temo que se abalance contra él.
Naruto continuaba esforzándose por controlar su temperamento y agresividad, y seguía yendo a pasear junto al pantano cada vez que necesitaba calmarse.
Los hombres que la miraban no tenían ni idea de que se arriesgaban a despertar la ira de un señor de la guerra del siglo diecisiete, dispuesto a matarlos sólo por...
—Oh, ya te acostumbrarás —interrumpió Ino sus pensamientos. —Los hombres de la Tradición son muy posesivos con sus mujeres. Pero bueno, ¿acaso nosotras no hacemos lo mismo con ellos?
A pesar de que Hinata no pertenecía a la Tradición, era extremadamente celosa de su vampiro. Con aquel cuerpo impresionante, aquellos músculos y aquel pelo rubio, Naruto quitaba el aliento. Y si se le añadían unas gafas de sol, todo el mundo creía que era alguien famoso. Las féminas, jóvenes y mayores, se paraban a mirarlo.
—Un día, una mujer no dejaba de mirarle el trasero y me dieron ganas de tirarle de los pelos. Aunque casi tenía ochenta años.
La bruja se rió.
—¿Y todos los hombres de la Tradición son tan ridícula y exageradamente protectores? — preguntó Hinata.
No me tires de la lengua.
Naruto podía ser muy violento con los demás, pero con ella era todo lo contrario.
—Al principio me costaba acordarme de que ya no podía atravesar las puertas, y no paraba de golpearme con ellas...
A Ino eso le pareció de lo más gracioso, y del ataque de risa casi escupió la bebida.
Hinata arqueó una ceja y continuó:
—Y cada vez que me salía un morado, Naruto parecía transido de dolor. Un día, me clavé una astilla y para él fue una auténtica catástrofe.
La bruja le ofreció otro dulce.
—Gracias —dijo Hinata cogiéndolo. —Por desgracia, cada vez que hago un comentario que deja entrever lo poco que me importa el futuro, sus sospechas van en aumento.
—Ponme un ejemplo —pidió Ino, sacudiéndose el azúcar de las manos.
—Él quería hacer unas reparaciones en la casa, arreglar el estudio de danza para que yo pudiera volver a bailar como antes. Le dije que había muchas cosas que quería ver fuera de la casa, y que no valía la pena. —Hinata quería bailar, pero con el poco tiempo que le quedaba, se veía obligada a elegir. —Y el otro día me preguntó por qué no tomaba medidas anticonceptivas, entonces pensé, ¿debería hacerlo?
—La verdad es que no lo sé —respondió Ino frunciendo el cejo. —Preguntaré por ahí. Lo plantearé en la próxima reunión.
¿Y si se quedaba embarazada? ¿Y si tenía tiempo de dar a luz al bebé antes de morir? ¿Dejaría en manos de Naruto a su único hijo? Pensó en la fiera y protectora expresión de los ojos de Naruto siempre que la miraba.
Por supuesto que se lo dejaría.
Ino sorbió ruidosamente con la pajita.
—Cuéntame más cosas... Créeme, mis alumnas le están rezando a Hécate para que me tengas toda la tarde ocupada.
—Bueno, la verdad es que Naruto se lo toma todo muy a pecho. Hace unas cuantas noches, me habló de profanar la tumba del hombre que me asesinó. —Mirándola a los ojos, Naruto le había dicho «Pídeme que lo haga, koeri, y dalo por hecho».
—Vaya, eso es muy dulce —exclamó Ino.
—Yo también lo pensé. —«Luego.» La verdad es que, en aquel momento, lo único que le dijo fue: «Eres muy considerado, Naruto». Comprendía que, para alguien como él ese ofrecimiento era una muestra de cariño. «Pero lo mejor será que dejemos su tumba en paz. Lo único que quiero es estar contigo...», concluyó.
—Y, ¿es bueno en la cama? —preguntó la bruja enarcando las cejas.
—Mucho —suspiró Hinata.
Naruto era insaciable e incansable. Estaba descubriendo todas las maravillas de hacer el amor, y ella lo que era estar con un hombre viril, en el mejor momento de su vida.
—Yo nunca había estado con un inmortal. Y te aseguro que se nota la diferencia.
En el lecho, Naruto podía pasar de suave a fiero, pero nunca le hacía daño, y a Hinata le encantaba no saber qué aspecto del vampiro iba a ver cada noche.
Cuanto más seguro estaba de sí mismo, más dominante se volvía. Su creciente confianza en su técnica amatoria conseguía hacerla estremecer, porque sabía que sólo iba a seguir mejorando.
Entonces era cuando recordaba que algún día tendría que dejarlo.
—Una vez, conocí a una bruja que se había acostado con un vampiro —explicó Ino en voz baja. —Le pregunté cómo era, y ella me dijo que no es posible olvidar, por un segundo, que se está con un vampiro.
—C'est vrai. Es verdad al cien por cien. Naruto me contó que sus nuevos instintos vampíricos habían superado a los humanos, y te aseguro que se ve.
Cuando la rodeaba con sus brazos, Hinata no podía evitar sentirse como el señuelo que él decía que era. Si la besaba, la sujetaba por la nuca, como si tuviera miedo de que fuera a escaparse.
Cuando acariciaba sus pechos, aferraba ambos con fuerza. Mientras lo hacía, Hinata tenía la sensación de que podía oír sus pensamientos: «Mía».
Inclinándose hacia adelante, la bruja preguntó:
—¿Quiere beber tu sangre? He oído decir que a algunas mujeres les encanta.
—Creo que sí, pero nunca lo ha hecho. —Algunas veces, cuando hacían el amor, notaba que perdía el control, en especial ahora que estaba cansado de perseguir a ese demonio. Pero ella se apartaba, y él nunca insistía. —Tiene miedo de hacerme daño.
—Sea como sea, no puede beber de ti. Si tuviera acceso a tus recuerdos, terminaría por descubrir nuestro secreto. No lo olvides, no puedes contárselo a nadie. Yo no lo haré, y Mito tampoco. Si no te muerde, ¿de qué otro modo podría llegar a enterarse?
—Lo sé. Créeme que lo sé.
—¿Y qué vas a hacer cuando te pida que os caséis o algo por el estilo? ¿Acaso no nació en el siglo diecisiete? Los hombres de esa época tienden a ponerse muy pesados con el asunto del matrimonio. Sé de lo que hablo, estoy casada con uno.
—He pensado mucho en eso, y he decidido que no puedo entregarle mi futuro cuando ni siquiera sé si tendré uno.
Hinata no quería que Ino creyera que se estaba quejando, pero fingir con Naruto le resultaba cada vez más difícil, y, por otra parte, no sabía si lograría vivir lo suficiente como para poder celebrar una boda. «Hasta que la muerte nos separe... cosa que seguramente sucederá la semana que viene.»
—¿Te ha dicho que te ama?
—No, y doy las gracias por ello. —Sabía que Naruto estaba tan profundamente enamorado de ella como ella de él, pero tenía miedo de que le dijera que la amaba. —Cada vez que veo que va a ponerse serio, intento cambiar de tema.
—¿Tan malo sería que te dijera lo que siente?
—Yo no podría evitar responderle que siento lo mismo. Y cuando se lo diga, no descansará hasta que acepte casarme con él.
—Sí, ya, supongo que sería una conversación algo extraña.
«¡Te amo con todo mi corazón!»
«Entonces, ¡cásate conmigo!»
«No.»
—Exactamente. —Se quedó quieta, escuchando.
¡Está en casa! Te dejo.
—¡No estés tanto tiempo sin llamar, Hinata! —Ino adoptó su tono ominoso. —Lo digo en serio. No lo hagas o uno de mis esbirros te llevará una factura de bebidas tan larga que no la olvidarás jamás.
Ella se rió y su preocupación por Naruto se evaporó. Y mientras corría fuera del estudio para subir la escalera hasta su habitación, se preguntó de qué humor estaría su vampiro esa noche.
Continuará...
