Aclaraciones: Mo Dao Zu Shi no me pertenece.
Esta historia está ambientada en el universo de la novela.
— Capítulo 17 —
Caricias sinceras
La purificación de una pequeña villa pesquera al sureste del río Yangtze tomó poco más de dos días en completarse. Casi la totalidad de las casas y sus residentes fueron víctimas de fenómenos anormales. Fantasmas, cadáveres sin control e incluso animales que mutaron de la noche a la mañana llamaron la atención de Lan WangJi y Wei WuXian porque, siendo un pueblo tranquilo y pequeño, la actividad demoniaca no se justificaba.
Luego de limpiar la última propiedad y exorcizar al último fantasma, Lan WangJi se reunió con algunos aldeanos mientras Lan HuiYing y Wei WuXian le esperaban con Manzanita al otro lado del camino. Habían ayudado mayormente a reducir fantasmas, cadáveres y monstruos al interior del bosque. Fue un trabajo sin mayores inconvenientes y Wei WuXian tuvo la oportunidad ver el manejo de energía espiritual convencional de Lan HuiYing. Como todo un cultivador digno de la secta GusuLan, apoyó a Lan WangJi en la purificación de los hogares sin una cuota de energía resentida. Su desempeño fue notable y se mostró satisfecho con ello, pero era un hecho que su entusiasmo por la cultivación demoniaca resultaba ser aún más fuerte que la tradicional.
Bajo la sombra de un fresno, Wei WuXian descansaba con la espalda apoyada contra el tronco y las manos cruzadas sobre el vientre. A pesar de haber ayudado en menor cantidad que Lan HuiYing, se sentía cansado. Se frotó el vientre al sentir un ligero malestar e intentó ignorarlo. La herida que dejó la existencia del bebé de Mo XuanYu aún no sanaba del todo. De estar en su otro cuerpo le habría tomado apenas una semana cursarse por completo, pero el cuerpo de Mo XuanYu era demasiado débil y requería el doble de atenciones.
Bostezó sonoramente y reparó en el semblante serio de Lan HuiYing.
—Te molesta que lo elogien por ser el héroe que asesinó al Patriarca YiLing, ¿no es así?
Lan HuiYing asintió sin apartar la mirada de Lan WangJi.
—No los puedes culpar si han pasado estos años viendo a un impostor causando daño —continuó Wei WuXian.
—Es más que eso —indicó Lan HuiYing con tono triste—. No me gusta cuando veo esa expresión en su rostro cada vez que lo elogian por algo que lamenta desde el primer día.
Wei WuXian volteó hacia donde se encontraba Lan WangJi y notó cómo intentaba ocultar tras su rostro impávido una expresión amarga y herida mientras era elogiado. Entonces entendió lo que Lan HuiYing decía, y una punzada en el corazón le obligó a llevarse una mano al pecho y frotarlo para disipar el malestar.
—Bueno, por eso estamos buscando al impostor —señaló tras regresar su mano al vientre—. Limpiaremos el nombre del Patriarca YiLing y de paso ayudaremos a HanGuang-Jun para que ya no tenga que fingir ante los demás.
Vio de pronto a Lan WangJi acercarse y quiso animarlo un poco.
—¿Ya te elogiaron lo suficiente? —bromeó al verle llegar con un canasto con frutas de la estación. —Podemos sacar provecho de tu popularidad y comer gratis. Pero para otra ocasión pide algo más contundente que solo fruta.
Lan WangJi no contestó; a cambio sujetó a Wei WuXian de un brazo y tiró de él violentamente levantándolo del suelo. Su rostro chocó de golpe contra su pecho.
—¿Qué pasa? —preguntó desconcertado por su abrupta reacción—. ¿Te molestaste? ¡Solo era una broma!
Ignorando sus palabras, Lan WangJi le ordenó a Lan HuiYing que aguardara unos momentos y caminó de vuelta a la villa con Wei WuXian a rastras.
—HanGuang-Jun. —Wei WuXian quiso disculparse. —En verdad lo lamento, no quería molestarte. Es que luces siempre tan serio que yo solo quería ver una sonrisa en tus labios.
Lan WangJi seguía ignorándolo y no aflojaba el agarre de su mano alrededor de su muñeca mientras tiraba de ella. Continuó caminando hasta cruzar las puertas de la posada en la que descansaban desde que llegaron a la villa y, tras subir las escaleras, se detuvieron frente a la última puerta del pasillo. Cruzó por ella y metió a Wei WuXian al interior del dormitorio, hermetizándolo por dentro.
A Wei WuXian le llamó la atención su comportamiento y quiso provocarlo para conocer sus intenciones y divertirse un poco a costa de su reacción.
—¿Por qué me trajiste al dormitorio? —preguntó con tono juguetón—. ¿Estás molesto y quieres castigarme por haber sido un niño malo?
—Quítate la ropa.
Wei WuXian enmudeció por unos segundos.
—¿Q-qué? —Apenas logró articular.
Su jugada una vez más se volvió en su contra. Ya ni siquiera sabía por qué intentaba siempre gastarle bromas a Lan WangJi si estas ya no daban resultado. Él se le acercó y por instinto retrocedió hasta chocar con la cama y caer sentado en ella. Le vio levantar la mano y la acercó a su rostro.
—¡E-espera! —exclamó alzando sus propias manos para protegerse—. ¡¿Qué pretendes?! ¿En serio piensas hacerme algo porque me burlé de ti?
—Quítate la ropa —repitió Lan WangJi sin variar el tono de su voz.
Al verse sin opciones, Wei WuXian solo obedeció mientras cuestionaba sus sentimientos por Lan WangJi. Pensó que si era esa clase de hombres, que forzaban a otros a cumplir sus caprichos, se había equivocado con él y no podría volver a mirarlo con los mismos ojos de antes.
Resopló contrariado y comenzó a desvestirse. Se retiró la parte superior sin demasiada prisa y, una vez que dejó su torso expuesto, esperó otra indicación. No iba a desnudarse por completo gratuitamente. Al menos haría el intento de poner algo de resistencia y demostrar su molestia.
—Recuéstate —pronunció Lan WangJi.
—¿Es en serio?
Lan WangJi no contestó.
Wei WuXian volvió a resoplar y se tendió en la cama boca arriba. Miró al techo conteniendo la respiración y empuñó las manos sobre el colchón pensando en cómo defenderse si intentaba algo deshonesto. No se dejaría tocar tan fácilmente incluso si se trataba de él.
Aguardó expectante y sintió a Lan WangJi sentarse en la cama; luego cómo el vendaje que cubría su vientre era removido con cuidado. Sobresaltado levantó la cabeza y lo vio extraer de una pequeña bolsa un ungüento que aplicó en su cicatriz; el mismo que usaba desde el día que enfermó.
"Así que era eso", pensó avergonzado. Había imaginado lo peor y Lan WangJi solo se preocupaba por su salud. Se llevó las manos al rostro y ocultó su vergüenza mientras los dedos de Lan WangJi se deslizaban suavemente por su vientre, embadurnando la cicatriz que cada día lucía más sana.
El silencio al interior de la habitación era agradable, pero para Wei WuXian se había convertido casi en una tortura. Sentía el aire pesado en los pulmones, como si estuviera envuelto en llamas, y un zumbido tronaba en sus oídos a medida que el pulso se le aceleraba. La forma en la que Lan WangJi le tocaba tampoco ayudaba a calmar sus pensamientos. Sus dedos le cosquilleaban la piel y la calentaba. ¿Desde cuándo le causaba placer las caricias en su vientre? ¿O quizá era porque las realizaba Lan WangJi?
Quiso pedirle que se detuviera, que ya era suficiente de innecesarias atenciones, pero cuando se atrevió a mirar por entre los dedos, el rostro de Lan WangJi lo enmudeció. Su expresión inmutable era acompañada por unos ojos tristes, como si la cicatriz bajo sus dedos le causara un profundo dolor.
—Lo siento —pronunció de pronto, rompiendo la atmósfera silenciosa—. Por un momento tuve una mala impresión de ti. Eres muy bueno conmigo.
Lan WangJi no respondió, pero en su mirada se pudo ver una serenidad que parecía contestar un suave y silencioso "no te preocupes".
Wei WuXian apartó las manos finalmente de su rostro y las acomodó a los costados de la cama mientras Lan WangJi comenzaba a traspasar un poco de energía a su cuerpo.
—¿No te molesta que tenga esta cicatriz? —indagó curioso.
—No —contestó Lan WangJi sin dejar de atenderle.
—Ya sabes por qué la tengo. Me arrancaron a un bebé de las entrañas. Hice algo indebido.
—No lo hiciste.
Sus miradas se encontraron en el instante que Lan WangJi dejó de pasar energía espiritual a su cuerpo.
—¿No crees que hice algo malo? —insistió Wei WuXian—. Practico las artes prohibidas y fui castigado por ello.
Lan WangJi desenrolló un vendaje nuevo y, tras ayudarle a sentarse, comenzó a colocarlo alrededor de su cintura.
—Quienes obraron mal son los que aplicaron la justicia con sus propias manos. —Lo miró de forma fugaz. —No está en mis intereses juzgarte por tu pasado o tu presente. Tampoco por tu futuro.
—Mi... pasado...
Por un instante, Wei WuXian sintió que no le hablaba precisamente a Mo XuanYu. En sus ojos claros estaba esa inconfundible profundidad insondable, que por un instante le hizo sentir expuesto ante ella.
Lan WangJi terminó de cubrir su cicatriz y se puso de pie. Wei WuXian se vistió en silencio y sin prisas. Su mente parecía haberse sumido en nuevos pensamientos mientras las partes que Lan WangJi había tocado comenzaban a calentarse. De pronto, una caricia entibió su mejilla derecha y dio un pequeño sobresalto por ello. Alzó la mirada sorprendido y se encontró una vez más con los ojos de Lan WangJi. Contuvo el aliento al sentir cómo sus dedos apenas le rozaban la piel y dejó que su calor se impregnara en ella mientras su instinto afloraba. Alcanzó su mano y apoyó la propia en ella. La respuesta a su delicado gesto parecía simple e incluso inocente, pero para Wei WuXian era una ventana que se abría hacia sus sentimientos más ocultos y que poco a poco comenzaban a alcanzar la luz. Su corazón se había acelerado nuevamente ante el contacto de Lan WangJi y sus emociones vibraban de forma familiar. El vacío que aún había en sus recuerdos lo volvía vulnerable, pero descubrió que cada vez que Lan WangJi lo tocaba ese vacío se llenaba un poco cada día.
Cerró los ojos y se relajó bajo la caricia en su mejilla mientras el aroma a sándalo mezclado con hierbas medicinales adormecía sus sentidos. Se consideraba afortunado a pesar de las circunstancias en las que actualmente se encontraba. Sin dinero, sin un sitio al cual llamar hogar, sin recuerdos. Cualquiera podía sentirse perdido y abandonado sin un futuro brillante al cual aferrarse, pero la presencia de Lan WangJi a su lado le hacía sentir seguro y a salvo.
—Gracias —pronunció despacio, casi en un murmullo—. Gracias por cuidarme. —Se encontró con su mirada y le sonrió. —Contigo me siento a salvo.
Lan WangJi no contestó, pero su expresión fue capaz de revelar lo que las palabras de Wei WuXian le provocaron. Una honesta y sencilla declaración que logró remecer cada rincón de su cuerpo y reavivar sus esperanzas de recuperar su amor y recuerdos. Quería aferrarse a esa posibilidad, y sentía que mientras continuara a su lado lo conseguiría.
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Las calles del centro eran animadas y ajetreadas. Al ser una villa dedicada principalmente a la pesca, el inconfundible aroma saturaba las calles y los puestos enunciaban sus productos con llamativos carteles y en algunos casos entonados llamados.
Wei WuXian dejó la posada, ignorando la petición de Lan WangJi de descansar el resto de la tarde. Él se había marchado antes para reunirse con Lan HuiYing con la intención de encontrar al cultivador que repartía artículos mágicos y detenerlo antes que dejara la villa y le perdieran en rastro. Wei WuXian sin embargo buscaría información por su cuenta.
Recorría el lugar sin mucho interés, eludiendo a todo comerciante que intentaba venderle pescado y especias, hasta que un puesto al final de la calle llamó su atención. Al igual que en una de las villas que visitó con Lan WangJi y Lan HuiYing, un sujeto de mediana edad se dedicaba a vender artículos mágicos vinculados a la cultivación. Pensó que quizá se trataba del cultivador que andaban buscando, por lo que se acercó curioso y examinó lo que ofrecía.
De pronto se le ocurrió algo.
—Disculpe, ¿es usted cultivador? Tiene artículos interesantes.
El vendedor asintió.
—No soy cultivador, joven maestro. Pero puedo ayudarle. ¿Hay algo que necesite?
Wei WuXian fingió incomodidad.
—Desde hace unos días siento un gran peso sobre mis hombros. Como si algo estuviera sobre ellos. ¿Será acaso algún espíritu que quiere poseerme?
El vendedor miró sobre sus hombros, queriendo ver algo en ellos. Pero por mucho que lo intentara era inútil, por lo que solo se limitó a asentir con la cabeza, como si supiera el origen de sus males.
—¡Es una presencia muy poderosa la que tiene encima! —exclamó—. Necesitará un exorcismo.
Wei WuXian se sorprendió.
—¿Y puede ayudarme? ¡No quiero morir!
—No se preocupe, joven maestro. —El vendedor infló el pecho con orgullo. —Usted no morirá, porque tengo el remedio para ello.
Al costado de sus pies descansaba una estropeada caja negra que abrió y comenzó a rebuscar en su interior. Había talismanes, brújulas, mapas, banderas y otros artículos que Wei WuXian sabía en su mayoría estaban vinculadas a la cultivación demoniaca. Tomó con disimulo uno de los talismanes que descansaba sobre la mesa y, tras ocultarlo entre sus ropas para examinarlo más tarde, se atrevió a indagar un poco más en el negocio del hombre.
—¿Vive aquí o va de pueblo en pueblo?
—Me establezco lo suficiente para ayudar a las personas y luego ir al siguiente lugar que me necesita. Solo soy un comerciante que busca hacer el bien.
—Entiendo. —Wei WuXian mostró interés. —¿Y esos artículos los creó usted o los consiguió de alguna secta? Son realmente llamativos.
—Los conseguí.
—¿De quién?
El vendedor dejó de buscar al interior del baúl y arqueó las cejas.
—¿Tiene algún interés en particular, joven maestro? —Estudió sus ropas. —¿Pertenece a alguna secta?
Wei WuXian negó.
—Definitivamente no pertenezco a ninguna secta. Soy una persona común que lleva un gran peso sobre sus hombros y requiere su ayuda.
Sus palabras parecieron convencer al vendedor, pues regresó su atención a la caja y continuó buscando en su interior. Finalmente, del fondo extrajo una pila de hojas y le entregó una a Wei WuXian.
—Con esto, joven maestro, conseguirá expulsar al fantasma que lleva sobre sus hombros.
Wei WuXian recibió el papel y lo examinó. De inmediato su ceño se frunció: nuevamente hacían un dibujo suyo, y resultaba ser peor que el anterior que había visto.
—¡Este no puede ser el Patriarca YiLing! —exclamó ofendido—. ¡Es horrendo!
—Pero es efectivo para erradicar el mal —aclaró el vendedor.
—Esto no erradica el mal, lo asusta —protestó Wei WuXian sacudiendo la hoja—. ¿Acaso nunca supo que el Patriarca YiLing fue el cuarto hombre más guapo del mundo de la cultivación?
—No.
Wei WuXian frunció todavía más el ceño.
—Quémelo —exigió—. Quémelos todos. ¡Esto es un insulto!
Molesto por su insistencia, el vendedor le contestó.
—¡No voy a quemarlos! Me costó trabajo dibujarlos. Además él ya está muerto. No le importará si luce bien o mal en mis dibujos.
El alboroto llamó la atención de quienes pasaban por el lugar. Miradas curiosas observaban cómo Wei WuXian intentaba quitarle los horrendos dibujos al vendedor que, tras resistirse y pelear por su arte, enmudeció y reverenció a quien se había parado detrás de él.
Wei WuXian volteó al advertir su reacción y vio que se trataba de Lan WangJi. Lan HuiYing le acompañaba y, al percatarse del altercado, examinó con curiosidad los dibujos. Tras darse cuenta de qué se trataba dejó escapar una espontánea carcajada.
—No es gracioso —se quejó Wei WuXian—. Si él estuviera aquí seguro se sentiría ofendido.
Lan HuiYing no dejaba de reírse y el vendedor insistía en defender su arte. Lan WangJi por su parte solo miraba fijamente las horrendas ilustraciones. De pronto, al igual que Wei WuXian, reparó en los talismanes que yacían sobre la mesa. Recogió uno y lo examinó.
—¿De dónde lo sacó? —preguntó.
El vendedor reparó en el tono de voz de Lan WangJi y su rostro se tensó.
—¿Los compré?
—¿A quién? —preguntó Wei WuXian—. ¿Es de alguien que practica la cultivación?
—No lo sé —contestó el vendedor encogiéndose de hombros—. Supongo que sí.
Wei WuXian abrió los ojos con sorpresa.
—¿Qué quiere decir? —preguntó confundido—. ¿Acaso no sabe a quién le compró todas estas cosas? ¿Al menos sabe su nombre?
El vendedor negó con la cabeza.
—Me dijeron que con estos artículos ayudaría a las personas. Y así lo he hecho.
—Por el contrario —le corrigió Wei WuXian—. Estos talismanes, así como las brújulas y banderas que tiene en su baúl son para atraer espíritus malignos. No para alejarlos.
—¡E-eso no es cierto! —exclamó el vendedor—. ¡Lo que vendo funciona!
—¿Se lo dijo quien le vendió todas esas cosas? ¿Ha visto en persona cómo funcionan?
Confundido, el vendedor volvió a negar con la cabeza.
—Yo solo las vendo. No las utilizo.
El interrogatorio estaba ayudando a aclarar las dudas de Wei WuXian.
—¿Y cómo es la apariencia de su proveedor?
Vacilante y pensativo, el vendedor aguardó unos momentos en silencio, y luego contestó.
—Era un anciano, con ropas finas.
—¿Un anciano? —repitió Wei WuXian con interés—. ¿De qué edad más o menos? ¿Color de ojos, cabello? ¿Algo que lo distinga de los demás?
—Joven maestro, de lo que menos me he preocupado desde que comencé este negocio es de poner atención al aspecto físico de la persona que fabrica estos artículos. A mí solo me interesa ayudar a las personas. —Se cruzó de brazos. —Lo siento mucho, pero si no compran algo, me temo que tendré que pedirles que se retiren.
Wei WuXian sonrió.
—Entonces todo se trata de dinero —murmuró reflexivo—. ¡No hay problema! Nos lo llevaremos todo.
El vendedor abrió los ojos como platos.
—¡Eso es imposible! ¡Es mucho dinero!
—No hay problema por eso —contestó Wei WuXian con soltura.
—¿Y qué piensan hacer con todas estas cosas? —cuestionó el vendedor.
—¿Eso importa? —replicó Wei WuXian—. A usted solo le interesa vender. —Miró a Lan WangJi y estiró una mano hacia él. —¿Puedes pagar verdad? Yo no tengo dinero alguno.
Incluso si se trataba de una broma, sabía que el Lan WangJi que recordaba jamás le hubiera permitido tal descaso. Pero después de enterarse que habían sido más que amigos, sentía que existía la confianza para que él cumpliera todos sus caprichos.
En silencio y, sin objetar su descabellada demanda, Lan WangJi sacó de entre sus ropas un pequeño saco de seda colmado de dinero.
—Cuánto por todo —le dijo al vendedor, quien no podía creer que en verdad le fueran a comprar toda su tienda.
—¡E-espere, HanGuang-Jun! —articuló emocionado mientras se frotaba las manos—. ¡L-le haré un generoso descuento!
—¡Eso será de gran ayuda! —dijo Wei WuXian mientras tomaba de la mesa algunos artículos y los guardaba en sus bolsillos—. Me llevaré también esos feos dibujos y los quemaré.
El vendedor palideció.
—¡No puede quemarlos! —exclamó.
—Claro que puedo —contestó Wei WuXian con indiferencia—. Ahora son míos.
Tras un pequeño forcejeo, el vendedor recuperó sus dibujos y los guardó en el baúl.
—No están en venta.
Wei WuXian frunció el ceño.
—¿Qué no lo están? Pero si momentos atrás me los ofreció.
—Cambié de parecer —refutó el vendedor cruzándose de brazos—. Llévense todo menos estos dibujos. No dejaré que los queme solo porque no les gusta.
—¡Claro que no me gustan! —se quejó Wei WuXian—. No sabe dibujar.
—Olvídalo —dijo Lan WangJi, mirando fijamente el baúl.
Finalmente pagaron por todo —menos por los dibujos— y se marcharon. Wei WuXian se lamentaba por no haber podido rescatar sus horrendos retratos para quemarlos, pero se sorprendió cuando a lo lejos escuchó un grito del vendedor. Se abrió paso entre la multitud curiosa que rodeaba la tienda, y se soltó a reír cuando vio que los dibujos que el apático hombre había hecho del Patriarca YiLing parecían haber hecho combustión de forma espontánea y ardían ante sus ojos desorbitados.
No había forma de que algo así sucediera, a menos que fuera intencional. Pero para Wei WuXian era suficiente, y continuó riéndose mientras pensaba que un castigo divino había hecho su trabajo.
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Tras la compra de los artículos mágicos y deshacerse de la mayoría quemándolos, decidieron hablar de ello y de la implicación del vendedor mientras almorzaban en el comedor de la posada donde se hospedaban.
Sentados alrededor de una mesa en un apartado del primer nivel, Lan HuiYing miraba a Wei WuXian sin borrar la sonrisa de su boca. Había conocido una nueva faceta de su maestro luego de verlo discutir con el vendedor, y se sentía contento por ello.
Mientras sacaba verduras encurtidas y las untaba en salsa agridulce, se atrevió a preguntar por la conclusión a la que él había llegado.
—¿Está seguro, Maestro Mo, que el vendedor no es el responsable?
Le había sorprendido descubrir que, a pesar de las evidencias que apuntaban hacia el vendedor y la versión de los aldeanos, Wei WuXian explicó que no tenía relación con los incidentes. Pero si él no era entonces ¿quién estaba provocando la alteración de la energía resentida en las villas?
—Él no es cultivador —contestó Wei WuXian luego de tragar un poco de arroz—. Tal como dijo, no fabrica los artículos y talismanes porque alguien se los proporciona. —Se echó otro poco de arroz a la boca y, tras tragarlo, continuó. —En pocas palabras...
—No trabaja solo —añadió Lan WangJi.
—Exacto. —Wei WuXian asintió con una sonrisa—. Aunque parece que no sabe quién es realmente su proveedor.
Después de obtener la información de los aldeanos y compararlas con las diferentes versiones de las villas que visitaron y limpiaron, los rastros que dejaba el cultivador embustero parecían cada vez más evidentes. No fue difícil coincidir con la teoría de Wei WuXian tras el encuentro con el vendedor, por lo que ahora debían descubrir quién le estaba ayudando a engañar a las personas y atraer tanta energía resentida a las villas.
—De algún modo parece repetirse el patrón de concentración de energía resentida en determinados territorios —reflexionó Wei WuXian tras beber un poco de licor blanco—. Esto ha pasado en los últimos años, ¿no es así?
Lan WangJi asintió.
—La actividad de las sectas se ha incrementado debido a eso —contestó.
Con un resoplido, Wei WuXian se cruzó de brazos y dejó caer la espalda contra el respaldo de su silla.
—Es como si quisieran mantenerlos entretenidos. Desviar la atención tal vez...
Advirtió la expresión atenta de Lan HuiYing y continuó.
—¿No lo han notado? El cultivador en jefe aprueba leyes para facilitarles el acceso del mundo de la cultivación a las personas sin entrenamiento ni conocimiento, pero eso solo incrementa los incidentes como los que hemos visto en las últimas villas. —Hizo una pausa y luego concluyó: —Luchar contra las consecuencias de tus decisiones. ¿No es eso una contrariedad?
Lan WangJi asintió en silencio. Para él también era absurdo y una hipocresía por parte de las sectas el permitir que la cultivación dejara de ser un mundo secreto. Nadie se opuso, y quienes llegaron a hacerlo alguna vez ya no estaban en este mundo para protestar por ello.
—¿Qué podemos hacer entonces? —preguntó Lan HuiYing con preocupación—. Este no será el único caso que encontremos en el camino. Habrá más, así como incidentes debido al mal manejo de la energía espiritual.
—Lo interesante es que la aprobación del libre conocimiento de la cultivación solo ha generado el incremento de la energía resentida —insistió Wei WuXian—. La cultivación demoniaca pareciera más sencilla que la tradicional. ¿O ha habido casos positivos de cultivadores inexpertos?
—Ninguno —contestó Lan WangJi—. Todos de algún modo terminan mal.
Wei WuXian reflexionó sobre ello y sacó de entre sus ropas el talismán que consiguió de la villa abandonada. Con sus ojos teñidos en color rojo, lo comparó con los talismanes que recolectó de las últimas villas y de los que le compraron al vendedor. En ese momento descubrió que había trazos ocultos tras los originales y no dudó en enseñárselo a Lan WangJi.
—HanGuang-Jun, ¿cuántos trazos ves?
Él los contó en silencio.
—Quince —contestó.
Wei WuXian confirmó su teoría, y le enseñó el talismán a Lan HuiYing.
—HuiYing, ¿cuántos trazos ves?
Él contó la misma cantidad que Lan WangJi.
—Ahora ve con tus ojos de cultivador.
Lan HuiYing asintió y miró nuevamente el trozo de papel. Sus ojos se tiñeron de rojo y entonces los vio.
—Cinco —contestó sorprendido—. Hay cinco trazos más.
—Alguien ha dibujado trazos malditos ocultos —explicó Wei WuXian—. Y solo quienes practicamos la cultivación demoniaca somos capaces de verlos.
Lan WangJi permaneció en silencio con el semblante preocupado. En el pasado, Wei WuXian había creado talismanes demoniacos y eran fáciles de reconocer tras descubrir sus capacidades, pero los de ahora resultaban mucho peor pues las sectas no serían capaces de ello.
Wei WuXian continuó observando los talismanes y notó algo más que llamó su atención.
—No es el mismo trazo —pronunció preocupado.
Lan HuiYing se inclinó sobre ellos y los observó.
—Es un estilo algo ambiguo —concluyó—. Sutil, pero difiere al otro talismán. —Miró a Lan WangJi y Wei WuXian y pareció que en ese instante los tres llegaron a la misma conclusión.
Con un dejo de frustración, Wei WuXian se llevó una mano al rostro y soltó una carcajada.
—No puedo creerlo —murmuró mirando los talismanes—. Llegué a pensar en esta posibilidad, pero no creí que podría confirmarla de esta forma.
—Maestro Mo. —Lan HuiYing empuñó las manos sobre la mesa con preocupación. —Si los trazos no coinciden pero tienen la misma efectividad, significa que...
Wei WuXian apartó la mano de su rostro y alcanzó el talismán que tomó de la primera villa.
—Con este nuevo descubrimiento podemos estar seguro de una cosa. —Miró a Lan HuiYing y, tras regalarle una sonrisa, sus ojos se encontraron con los de Lan WangJi. —La persona que ha estado engañando a todos durante los últimos siete años, no trabaja sola.
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Luego de enterarse por los aldeanos que el vendedor de artículos mágicos se había adentrado al bosque con la intención de purificarlo, Wei WuXian y Lan WangJi decidieron ir tras él mientras Lan HuiYing les esperaba en la posada. Durante la estancia en la villa habían escuchado que al interior del bosque se concentraba energía resentida y que cada persona que entraba no regresaba. Y si bien ya había sido limpiado en su mayoría, les intrigaba las verdaderas intenciones del vendedor.
Siguieron por un pequeño sendero, observando los alrededores a la espera de corroborar la información, pero todo lucía tan tranquilo, que Wei WuXian había comenzado a pensar que solo se trataba de un rumor. Sin embargo, las sospechas de que el vendedor trabajaba con alguien peligroso estaban aún latentes, y necesitaban descubrir si en realidad era cómplice del impostor o no.
—¿Crees que el impostor está detrás de todo esto? —Wei WuXian rompió el silencio a la espera de terminar con el prolongado silencio que Lan WangJi estableció desde que dejaron la posada. Simplemente no podía soportarlo porque su mente no callaba sus pensamientos—. Incluso con la escasa descripción que nos dio el vendedor de quien le provee los artículos, si el impostor puede tomar la forma del Patriarca YiLing, puede tomar la de cualquier otra persona.
—Si los incidentes han aumentados, significa que él está cerca —contestó él con seriedad—. Y procura mantener a salvo su verdadera identidad.
Con un profundo suspiro, Wei WuXian cruzó los brazos tras la nuca.
—Si tan solo supiéramos qué es lo que en realidad busca ese sujeto —murmuró—. Porqué reúne con tanta desesperación energía resentida y qué pretende hacer con ella.
—Ha estado planeando algo durante siete años. Debemos ser cuidadosos.
Wei WuXian sonrió y asintió.
—Me siento tranquilo con eso —confesó—, porque sé que tú me protegerás.
Guiñó el ojo y Lan WangJi apenas sonrió.
Continuaron caminando por el sendero durante los siguientes minutos y, a medida que se internaban en el bosque, la penumbra y el silencio alrededor se volvían cada vez más espesos. Wei WuXian tenía un mal presentimiento pero no dijo nada al respecto; parecía concentrado en otra cosa, porque de cuando en cuando miraba a Lan WangJi con disimulo y se preguntaba si llegaría a ser perdonado por él cuando descubriera la verdad. Sabía que su mentira era imperdonable y no le parecía moralmente correcto fingir ser alguien más por conveniencia, pero en este punto ya no podía dar marcha atrás. Algo en su interior, más allá de la moral, le impedía alejarse y dejar solo a Lan WangJi.
Miró al cielo y suspiró resignado, intentando autoconvencerse de su decisión y de las consecuencias de sus actos, pero fue agarrado súbitamente del brazo y su rostro impactó contra el pecho de Lan WangJi. Por instinto se aferró a él e intentó apartarse, pero el aroma a sándalo llegó de golpe a su nariz, los latidos de su corazón resonaron en su oreja junto con el vaivén de su acompasada respiración, y su cuerpo se paralizó.
—No te muevas —le escuchó decir a Lan WangJi en un débil susurro.
Wei WuXian no entendía el porqué de su abrazo tan íntimo ni su actitud sigilosa, pero lo supo cuando volteó hacia su izquierda y vio a unos pocos metros más adelante la silueta de un hombre de pie sobre una gran mancha roja. Parecía haber algo dibujado en el suelo, y Wei WuXian no tardó en darse cuenta de qué se trataba.
—Una matriz de atracción de espíritus —susurró a Lan WangJi al reconocer los patrones pintados.
Él asintió e intentaron reconocer la identidad de la persona que yacía sobre la matriz, pero fue inútil. Vestía completamente de negro y una sombra cubría su rostro. Sus movimientos eran sigilosos pero resueltos, y a simple vista parecía ser alguien joven. Lan WangJi intentaba reconocer cualquier detalle que lo delatara o le diera alguna pista de su identidad, pero su mirada se endureció cuando advirtió el cuerpo de una persona tendida en el suelo, a un costado de un viejo abedul. Señaló en su dirección, alertando a Wei WuXian y su semblante también se endureció.
—Esa matriz fue trazada con sangre. —Miró a Lan WangJi con preocupación. —HanGuang-Jun, hay que impedir que la active o la villa sufrirá las consecuencias.
Él le devolvió la mirada y lo soltó despacio, como si hacerlo hubiera sido doloroso. Hizo un ademán leve con la cabeza y en un parpadeó se plantó frente al personaje sobre el pentagrama. Este al advertir su repentina presencia saltó nervioso y arrojó una ráfaga de energía resentida como defensa. Lan WangJi sin embargo desenfundó a Bichen y la hoja blanca bloqueó limpiamente el ataque.
—No intentes nada —le indicó.
El sujeto no pareció amedrentarse por su presencia ni mucho menos por su advertencia, sin embargo no se movió. Lan WangJi dio un paso hacia él y Bichen destelló amenazante en su mano.
—¿Quién eres? —preguntó—. ¿Por qué estás haciendo esto?
Negándose a revelar su verdadera identidad, el misterioso personaje permaneció callado. Sus planes habían sido arruinados, pero no pretendía irse con las manos vacías ni menos renunciar sin antes luchar. Sabía que Lan WangJi no lo asesinaría porque necesitaba obtener información, y esa sería su ventaja.
Con un súbito movimiento de su mano derecha, se atrevió a activar la matriz bajo sus pies. Un resplandor rojizo inundó el lugar y la tierra comenzó a temblar. Una fuerte corriente de energía resentida proveniente de todas direcciones se abrió paso entre los árboles y se concentró alrededor de la matriz. El aire se volvió espeso, casi irrespirable, y Lan WangJi retrocedió. Conjuntamente del suelo comenzaron a emerger cadáveres y del fondo del bosque criaturas malignas y espíritus resentidos.
Wei WuXian salió de inmediato de su escondite al ver que el enfrentamiento se había vuelto complejo para que Lan WangJi lo enfrentara solo y descolgó a ChenQing de su cintura. Se la había pedido prestada a Lan HuiYing antes de dejar la posada por si la llegaba a necesitar, y ahora era la ocasión. Un siniestro sonido resonó en medio del bosque cuando sus labios tocaron la embocadura de bambú negra y la energía resentida reaccionó a su llamado.
El sujeto dentro de la matriz se sorprendió al ver sus capacidades y trató de revertir la tonada, pero fue inútil. La habilidad de Wei WuXian había opacado la capacidad de la matriz y no tuvo más opción que renunciar a ella. De sus ropas sacó un talismán de teletransportación y, antes que Lan WangJi lograra detenerlo, lo activó y se desvaneció ante sus ojos.
—¡Olvidémoslo! —exclamó Wei WuXian mientras trataba de controlar a todas las criaturas atraídas por la matriz. Eran demasiadas y no estaban contentas con la presencia de ambos en el lugar.
Lan WangJi enfundó a Bichen y tomó a Guqin en su lugar. Un potente rasgueo de cuerdas logró aturdir a los cadáveres que rodeaban a Wei WuXian y permitió que él corriera hacia la matriz pintada con sangre. Si estaba dibujada con el propósito de atraer seres malignos y energía resentida, la aprovecharía para controlarlos.
Regresó a ChenQing a su cintura y, tras juntar las manos con las palmas abiertas, reactivó la matriz. Esta brilló y se dibujó en el cielo, tiñendo el lugar en un intenso tono rojizo. Los monstruos y cadáveres se reunieron a su alrededor y eso bastó para que Lan WangJi comenzara el trabajo de suprimirlos. Primero los monstruos: uno por uno los fue desmembrando con el filo de Bichen. Luego los cadáveres y los espíritus, a los que absorbió con la bolsa "atrapa espíritus".
Finalmente, la energía resentida fue contenida por Wei WuXian, disolviéndola junto con la matriz. Con un profundo resoplido de cansancio, acomodó las manos en la cintura y miró el trabajo realizado.
—Hacemos buen equipo —bromeó viendo cómo Lan WangJi terminaba de guardar a Guqin y acomodarla tras su espalda—. Ese sujeto se llevó el susto de su vida.
—No pudimos detenerlo —declaró él con tono frustrado.
Wei WuXian se encogió de hombros.
—Lo haremos en una próxima oportunidad.
Lan WangJi lo miró fijamente, pero no respondió. Parecía haber recordado algo, porque en su mente se dibujó una escena distante, cuando ambos eran jóvenes y salían juntos de cacería nocturna. El sentimiento resultaba lejano, pero para Lan WangJi parecía más vivo que nunca, y vibraba en su interior.
Wei WuXian se sintió incómodo por la forma en la que le veía y rompió el contacto visual. Miró en dirección al viejo abedul, donde estaba el cuerpo que reconocieron momentos atrás. Se acercó despacio a él, se inclinó y lo examinó.
Lo reconoció de inmediato.
—Es el vendedor —señaló preocupado, y miró a Lan WangJi—. Está muerto.
Él se acercó y confirmó su descubrimiento.
—Entonces el que escapó recién fue quien le vendía los artículos mágicos —concluyó Wei WuXian—. La única persona que podía delatarlo... y lo silenció. —Se puso de pie. —Quizá supo que estábamos preguntando por él.
—O el vendedor nos delató —añadió Lan WangJi.
Wei WuXian reflexionó sobre ello.
—Si nos apegamos a la idea de que el impostor sabe que estamos detrás de sus pasos, y cuenta con ayuda, esa ayuda sin duda también sabe de nosotros. Estamos acercándonos y eso los está molestando... o asustando. —Hizo una nueva pausa, mirando el cuerpo sin vida del vendedor, y una idea cruzó por su mente. —Hay que preguntarle a su espíritu la identidad de la persona que estaba aquí.
Lan WangJi descolgó a Guqin de su espalda y, tras un suave rasgueo de cuerdas, convocó al espíritu. El eco de la tonada se escuchó por todo el bosque, pero el espíritu del vendedor no respondió. Wei WuXian se inclinó sobre el cuerpo y descubrió el motivo.
—Tiene un sello —sentenció—. Un sello demoniaco que bloqueó su alma. No se puede llamar.
—¿Puedes romperlo? —preguntó Lan WangJi.
Wei WuXian observó la complejidad del sello dibujado sobre el pecho del vendedor y negó con la cabeza.
—Es demasiado complejo. No tengo el poder suficiente para revertirlo. —Miró a Lan WangJi. —Lo hizo alguien con mucha energía espiritual.
—El impostor —concluyó Lan WangJi con molestia—. Lo dejé escapar.
—Ya tendremos una nueva oportunidad —lo calmó Wei WuXian. Miró nuevamente el cuerpo y, tras resoplar molesto, concluyó: —Sin cabos sueltos...
Suspiró resignado al ver que no había mucho que hacer y se puso de pie.
—Hay que sepultarlo —sugirió—. No puede quedar aquí. —Miró a Lan WangJi y este asintió.
Prepararon una tumba bajo el abedul y depositaron el cuerpo del vendedor en su interior. Después de un breve ritual en el que purificaron cualquier resquicio de energía resentida, se marcharon. Él no había sido una mala persona, tampoco alguien que buscara hacer daño a otros; solo había sido una víctima más de una persona sin escrúpulos y con objetivos aún inciertos.
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Camino de regreso a la posada, Wei WuXian se había sumergido nuevamente en sus pensamientos mientras se cuestionaba los movimientos del impostor y su ayudante. ¿Realmente trabajaban juntos? ¿Se coordinaban de algún modo? ¿O simplemente eran dos extraños que coincidían con un deseo en común? Tuvo la intención de plantearle a Lan WangJi su nueva teoría, pero decidió que observarlo era mejor que romper el silencio que ambos habían establecido tras sepultar al vendedor.
Desde la noche en la que purificaron la primera villa y conversaron frente a la fogata, Wei WuXian había comenzado a observar a Lan WangJi más de lo que podía permitirse sin ser descubierto. Conocía el motivo, y aunque intentaba justificar esos impulsivos deseos, su mente confundida simplemente no lograba darle forma a sus pensamientos ni ordenar sus prioridades. En el pasado jamás tuvo esa clase de problemas —o al menos eso era lo que recordaba—, pero ahora tan solo quería permitirse dejarse llevar y así descubrir qué clase de sentimiento era el que había tenido por Lan WangJi.
Regresaron a la posada y, al cruzar las puertas y pasar por el comedor, Wei WuXian fue directo a una de las mesas. Llamó al casero y este envió a uno de sus meseros.
Lan WangJi aguardó de pie junto él, observándole de forma reprobatoria mientras le escuchaba ordenar una botella de licor.
—No deberías tomar a esta hora —señaló.
Wei WuXian se encogió de hombros.
—No hay horario para tomar —contestó—. ¿Por qué no te sientas y relajas un poco? —Hizo una pausa y reparó en lo avanzada que estaba la noche. —Oh, ya es hora de dormir. Lo había olvidado. Las reglas de tu secta. —Rio un poco. —Ve a dormir. Yo me quedaré bebiendo un rato. —Hizo un gesto con la mano. —No te preocupes por mí, HanGuang-Jun; estaré bien.
Como respuesta, Lan WangJi se sentó frente a él.
Wei WuXian lo miró sorprendido.
—¿No irás a dormir? —preguntó.
—No.
—¿Por qué? —Wei WuXian soltó una nueva carcajada. —¿Temes que me escape?
—No.
—¿Entonces?
—No quiero dejarte.
La seriedad con la que respondió y la expresión en su mirada, enmudecieron y borraron la sonrisa de Wei WuXian. Bajó la cabeza y, durante una fracción de segundos, tuvo la intención de salir corriendo y olvidarse de su decisión de confirmar sus sentimientos por Lan WangJi, pero respiró hondo y cruzó los brazos sobre la mesa, fingiendo tranquilidad.
El mesero llegó en ese momento con una vasija de la Sonrisa del Emperador y dos vasos. Los dejó sobre la mesa y se marchó. Una vez a solas, Wei WuXian se apresuró en vaciar licor en su vaso.
—Hace tiempo que no disfrutaba de esto —confesó—. ¿Vas a acompañarme con un vaso? —Se corrigió. —Es verdad, tu secta tiene prohibido beber.
Lan WangJi asintió.
—Pero no estamos en Gusu.
Con un suspiro, Wei WuXian llenó su vaso y se lo ofreció, pero al ver que no lo recibía, esbozó una sonrisa divertida.
—¿Qué pasa? —preguntó agitando un poco el vaso frente a él—. ¿Temes que le lleguen con el rumor y te castiguen?
—No.
Wei WuXian frunció el ceño; había olvidado que Lan WangJi podía ser una persona muy aburrida a la hora de beber, pero su compañía y la forma en la que lo miraba en ese momento le hacían pensar que quizá su personalidad como amante era muy diferente a la que conoció durante su juventud.
Bebió el vaso que Lan WangJi rechazó y lo llenó nuevamente. El jarrón de la Sonrisa del Emperador aún estaba lleno, y se aseguraría de desocuparlo antes que su mente enloqueciera de tanto pensar y le jugara una mala pasada.
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Despertó sintiendo el cuerpo adolorido y un intenso dolor de cabeza punzándole como si mil agujas se clavaran en ella. Ante sus ojos adormilados había un techo de madera relativamente familiar. Se frotó los ojos y bostezó, estirándose en el proceso. A pesar de tener el cuerpo algo acalambrado, se sentía cómodo. Parecía estar sobre algo blando, por lo que supuso se trataba de una cama. Miró hacia los costados, intentando enfocar el entorno, y confirmó que se encontraba en un dormitorio.
Volvió a bostezar y se incorporó despacio. Se estiró nuevamente y se dio cuenta de una extraña corriente que golpeaba su espalda, y entonces lo notó:
Estaba desnudo.
—¡Pero qué...!
Apartó las sábanas y vio que solo estaba vestido con sus pantaloncillos interiores.
—¡Dónde quedó el resto de mi ropa!
Se levantó con brusquedad, pero alcanzó solo a poner los pies en el suelo cuando se dio cuenta que el dormitorio en el que se encontraba era de Lan WangJi, y que estaba en su cama.
Preso del pánico, y con el aroma a sándalo impregnado en la nariz, se llevó las manos al rostro.
—¡¿Qué hice?! ¡No recuerdo nada! —Se sacudió en la cama. —¡Esto no puede estar pasando!
...Continuará...
