Capítulo 17 – El inicio y el final
—¿Por qué no quieres terminar este contrato?
Esa preguntaba podría estar de más en esta situación, ¡por supuesto que quería terminar con ese matrimonio! Sin embargo, yo no tenía el poder para hacerlo sin contraer repercusiones, aunado a eso, lo había prometido.
—Nuestras naciones estarían en problemas—fue lo primero que se me vino a la mente, sin que sonara a una mentira, puesto que no lo era—hay que darles un descanso y no por sentimientos egoístas los llevemos a un decliné.
Como primer punto, mi compromiso no debía de ser un tema relevante entre naciones, ni siquiera alguna mirada ante tales figuras de poder, sin embargo, al ser mi próximo esposo un futuro feudal de nación extranjera, mi matrimonio tomaba una relevación tan grande, que lograba hacer todo complicado para mí.
Mi prometido el cual estaba justo frente a mí, no cambiaba de semblante, de hecho, en ningún momento se le había descompuesto su gesto ante lo dicho con anterioridad, pero sabía bien que no creía tanto en mis palabras.
—Además, se lo prometí a mi padre, yo quiero cumplir mis promesas.
Al no escuchar ninguna respuesta de su parte, no podía confirmar si me crearía, así que, preferí dar por hecho que había acertado ante lo que dije.
El rostro de Naoko mostraba una quietud tan solemne que a simple vista no parecía que su edad fuera veintitrés años. Había en él una serenidad y madures un poco inquietante. Para ser exacta, su ojo izquierdo mostraba bastante sigilo y seriedad, y a pesar de lo perturbador que podría verse, su sonrisa lograba hacer que todo aquel gesto fuera completamente alejado de percepción.
Debía de aceptarlo, o confirmarlo, Naoko, mi próximo esposo era realmente agradable a la vista.
Unos sonidos escandalosos que procedían al toser del General y su cara rojiza, me mostraron que se había avergonzado.
«¿Avergonzado de qué?»
—¿Te encuentras bien? —Me mantuve quieta por un segundo, sin embargo, intenté levantarme a prestarle ayuda, pero al instante que noto mi cercanía a él, este levanto sus manos deteniéndome.
—Estoy bien—aclaro—Entonces, ¿Cómo empezamos esto?
Señalo el documento del contrato que estaba reposando sobre el escritorio.
—No tengo la menor idea—confesé avergonzada—por eso vengo a ti.
Suspiro bastante sonoro, cambiando por completo su semblante, y levantando una ceja a mi dirección en forma de interrogante.
Era demás decir que me sentía abochornada.
—Creí que tendrías alguna idea—comentó bastante serio.
No sabía que responderle, ya que tenía razón en cierta parte y eso hacía que me hirviera la sangre de que sus palabras tuvieran acierto. Mi idea al venir a visitarlo a él y no a su padre, había sido porque creía que tal vez entre los dos podíamos elaborar alguna solución para este conflicto, ya que a ambos nos inmiscuía, sin embargo, nunca hubiera creído que debía de haber planeado bien mi estrategia, me había confiado demasiado al pensar inocentemente en alguna clase de ayuda del próximo feudal.
—El contrato tiene regulaciones que no puedo modificar de primera mano—empezó a explicarme como si le hubiera pedido alguna respuesta, o a lo mejor excusándose—pero podemos modificarlo con facilidad mientras que la primicia mayor del contrato siga vigente, que en este caso es nuestro matrimonio, tal vez todo pueda salir bien.
Con total honestad, no sabría decir si sus palabras podían tomarla como positivas o quería hacerme sufrir de alguna manera, aun así, trate de verlas de la forma más positiva posible.
—Eso es un hecho, el matrimonio sigue firme—le asegure —lo único que pido es poder tener. . . libertad.
Libertad, aquella palabra sonaba tan pesada cuando salía de mis labios, ya que en cierta forma la libertad la estaba o la había perdido desde que acepte este matrimonio, pero a pesar de ello, necesitaba usar un poco de esa palabra, tener un poco de libertad en ese compromiso.
Sabía que tal vez mis palabras estaban sonando demasiado deprimentes, hasta tal vez muy suplicantes, pero había decidido que si iba a tomar aquella ruta debía de buscar la manera de poder sobrevivir a mi manera.
Estaba segura que mi semblante se había descompuesto al decir aquella oración, y muy posiblemente Naoko lo había notado, pero fuera cual la respuesta, él permaneció en silencio dejándome asimilar lo que estaba diciendo. Y esto me producía bastante gracia, yo que me consideraba lo bastante fuerte, me estaba sincerando frente a un desconocido que cuando recién nos habíamos conocido me había tratado fríamente.
«¿Qué pasa conmigo?» «¿Por qué estaba tan sensible últimamente?»
—No te puedo asegurar que esto de frutos, Sakura—Aquel tono de voz se escuchaba condescendiente y al mismo tiempo sincero—pero prometo intentarlo.
Sus palabras se escucharon profundamente honestas y sinceras, que al mirarlo comprendí que cumpliría su promesa, o tan si quiera, lo intentaría.
Por primera vez desde que lo conocí, entendí que él también era ser humano, a él también se le estaba quitando la libertad de amar como a mí, a él también lo estaban limitando desde su posición. ¿No era más despreciable eso? Tal vez a él se le había preparado desde pequeño, pero eso no dejaba que fuera aún peor.
Naoko sonrió gélidamente.
—Tienes mi promesa.
Esto era más de lo que podía pedir.
—De acuerdo.
Él estaba siendo amable, y algo en mi interior quiso creerle y confiar en él. Tal vez él también tenía algo que proteger.
Saliendo de la posada, gracias al cielo no me tope por el camino al coronel Hakum, ni a ningún samurái que conociera, ya que no necesitaba tener ninguna charla alguna.
Mi camino se hizo cada vez más y más relajado, sentía como mi cuerpo dejaba salir una carga pesada en el trayecto, en cierta parte, aquella charla me había dejado con un poco de esperanza y confianza, asimismo, me dejaba con el conocimiento de dos cosas primordiales, de las cuales debería de tener en cuenta de ahora en adelante; la primera cosa en la lista, se conformaba en que mi matrimonio, efectivamente, estaba elaborado por el mismísimo feudal de la nación del Sol, con la simple razón de realizar una coacción de nupcias, que por más extraña que sonara la idea, le urgía casar al próximo feudal, ¿Por qué? No tenía ni la más remota idea, pero ante todo lo que pude comprender, había sido que el feudal tenía la última palabra y esta unión parecía ser muy importante en lo cual, Naoko y yo, no teníamos muchas salidas sino trabajábamos juntos.
La segunda situación que llegue a comprender en esta reunión, había sido el poder conocer un poco más de mi prometido, que para mí sorpresa no parecía ser tan malo como lo había creído. De hecho, podía decir que resaltaba en él, amabilidad y caballerosidad, algo que me sorprendió, ya que parecía querer mandar a alguien a que me acompañara a mi casa, pero al negarme de inmediato solo dijo: "cierto, no eres cualquier chica" aceptando sin reproche mis palabras y dando por terminada nuestra política. ¿Qué lo había hecho cambiar tan drásticamente? No lo sabría decir. Había sido bastante incomodo aquel cambio de personalidad.
Sin embargo, aquel suceso y agregando los días anteriores que no había podido dormir en absoluto, resultaba ser totalmente suficiente para darle a mi mente la tranquilidad de querer conciliar el sueño.
De camino a mi casa, note como la aldea se encontraba muy tranquila, los peatones eran muy pocos en comparación a otras noches, no había ruido, pero tampoco se sentía vacío, simplemente el ambiente se presenciaba relajado, suponía lo suficiente para creer que las personas ya estarían en sus hogares. Tal idea me llevo a desear tan fuertemente mi cama, pero mi cuerpo protesto en respuesta, el deseo de algún alimento era tan fuerte o más que el mismo sueño. Hubo un sonido extraño en mi vientre.
—¡Sakura!
Ya estaba algunos pasos de llegar a mi casa cuando la voz de Naruto me había sorprendido algunos metros. Él se encontraba apoyado en poste de la esquina, mostraba en su semblante algunos signos de cansancio, pero no tan relevantes para poder decir que se encontraba en mal estado, se le veía un poco más delgado y al mismo tiempo más fornido. Esto me llevo a preguntarme ¿Hace cuánto no lo veía?
No moví ningún musculo y ante tal hecho, y mi amigo se fue acercando. En su rostro se encontraba un poco alivio, y al mismo tiempo preocupación.
—¿Qué haces aquí, Naruto?
Mis palabras habían salido en un instante, y lo peor de todo, era que se había escuchado en un tono de reclamo, lo que me sorprendió, porque no era así como lo quería preguntar.
Lo cansada que me encontraba, estaba realizando su trabajo en automático.
—Tú mamá me dijo que tal vez no regresarías a la casa—dijo y al parecer estaba pensando en que decir más adelante porque se quedó meditando durante un minuto—te iba ir a buscar al trabajo.
No sabía que era lo que quería Naruto que respondiera en estos momentos, así que me mantuve en silencio esperando que continuara con algo más.
—¿Estas bien?
El semblante de mi amigo mostraba preocupación, pero al mismo tiempo sigilo, esa pregunta parecía tener un doble sentido.
—Hoy tomé un descanso—dije lo más simple, ya que fue lo primero que se me ocurrió.
Y aunque traté de sonar lo más compuesta que podía, el sueño y el hambre no dejaban que lo hiciera, así que mis palabras sonaron cortas y tajantes.
—No quiero molestarte—dijo sorpresivamente melancólico, algo sumamente raro en él—Ya vi que te encuentras bien, así que me voy.
Naruto sonrió y con sus manos en los bolsillos dio giro con dirección a la calle principal, lo mire retirarse y esto logro hacer que me arrepintiera en un segundo y corrí directo a su dirección.
—¡Naruto!
Había venido a verme, se encontraba preocupado. La ultima vez que nos habíamos visto fue aquel día en la oficina de Kakashi sensei en frente de nuestros amigos, y ese día le había dado a conocer sobre mi compromiso y mi renuncia como médico, sin algún detalle de más, podía comprender su molestia si él hiciera lo mismo y yo no supiera la razón, sin embargo, él había venido hasta mi casa a verme y preguntarme cómo estaba. Su preocupación era por mí, en verdad me conmovía mucho. Naruto muchas veces era demasiado distraído, pero cuando la situación era importante podía ser el mejor observador de todo el mundo.
Al llegar hasta él, paro su caminata enfrentándome a los ojos.
—¿Qué sucede?
—Te pregunto lo mismo.
Naruto guardo silencio, y cuando estaba por decir algo, mi estomago empezó a realizar esos ruidos extraños que hace un momento había realizado. Ante aquel sonido, me cruce de brazos tapando el estómago, tratando infantil mente de opacar el sonido y claramente fracase, pero esto hizo que Naruto sonriera.
—Eso sonó a un gato gruñendo—comentó con una risa en su rostro—deberías entrar y descansar—comentó con ese mismo gesto cálido y acogedor que solo él poseía—pase solo a ver cómo te encontrabas, deberías dormir y platicamos después.
Con esas simples palabras se despidió con una gran sonrisa y desapareció de mi vista.
—¿Sakura?
La voz de mi mamá sonó bastante retirada de donde estaba, así que gire para llegar hasta donde se encontraba.
—acabas de llegar? Sabes, tu amigo Naruto vino hace un momento—siguió hablando aun desde la puerta de la casa— si hubieras llegado un poco mas temprano lo hubieras alcanzado.
Si lo alcance, quería decirle, pero el mismo ruido volvió en ese instante. Mi mamá solo se rio.
—Entra, la comida aún se encuentra caliente.
La miré con unos ojos tan esperanzadores que no perdí el tiempo y me fui a lavar. Después de haberme duchado, llegue a la cocina con el aroma tan apetecible que se me hizo agua la boca.
—Es un poco de pollo, pero sabe bien.
¿Qué si sabe bien? Cuando uno tiene hambre todo sabe perfectamente bien.
Lleve el primer bocado a la boca y lo saboree lentamente y la siguiente estocada era más deprisa, sabia delicioso. Por días había comido sin apetito, de hecho, podía asegurar que perdí algunos kilos, ya que muy poco alimento había atravesado por mi estómago, pero ahora podía sentir como cada probada la recibía con gracia.
—Come más despacio Sakura—dijo mi madre—te puede caer de peso toda la comida y puedes ahogarte.
La miré con reproche llevándome a la boca el ala de pollo crujiente y seguí masticando.
—Déjala Mebuki—me defendió mi padre, que se encontraba en el sofá de la sala—se ve muy delgada.
—Pero eso no le quita que se puede ahogar—le discutió mi madre.
Pero mi padre solo bufo levantándose de su lugar doblando el periódico que traía en sus manos dejándolo en la mesita, y camino en dirección al cuarto donde descansaba. Cuando los pasos ya no se escucharon y la puerta de su recamara se cerro mi madre me miro.
—Tu padre ha estado muy preocupado por ti—dijo sentándose a mi lado. —todos los días te esperaba, y pasaba largas noches ahí sentado—suspiro—por primera vez se va temprano a dormir.
Mire el lugar donde mi papá había estado y me produjo una picazón de melancolía.
—Fui a ver a Naoko—solté la noticia.
No servía de nada que no lo supieran tal vez mañana sabrían la noticia al final de cuentas, así que era más preferible contarle todo a mi madre.
El rostro de mi madre fue de sorpresa, pero aun así dejo que continuara hablando.
—Naoko y yo nos vamos a casar mamá, así que no deben mi padre y ni tú sentirse amenazados por lo que dijo el Coronel Hakum aquel día.
Recordaba perfectamente aquella amenaza hecha donde acusarían a mi padre de traición, y por supuesto eso no lo permitiría.
—¿Sakura, segura que es la mejor decisión? —me cuestiono con tristeza y toco mi mano que estaba libre sobre la mesa.
Si era la mejor decisión o no, ya ese cuestionamiento no podía estar sobre la mesa, la decisión ya se había tomado y ya planeaba hacerlo.
—Si mamá y tu no debes de decirle nada a mi padre sobre aquel contrato. Promételo.
Mi madre suspiro, pero aseguro con un gesto.
Después de unos breves segundos de silencio mi madre rompió el silencio.
—Hay algo que necesito contarte—empezó a decir—hoy vimos al joven Uchiha.
Ante aquella frase mi estomago empezó a revolverse y sentía como mis manos estaban húmedas, pero aun así no dije nada y mantuve mi vista en el plato.
—Estaba acompañado de. . .
Me empezaban a picar los ojos que no la deje terminar y no lo necesitaba.
—Él se va a casar mamá—sonreí con bastante dolor, pero sin mirarla—tal vez lo viste con su prometida.
Esta noticia pareció asombrarla.
En realidad, no sabía si esa chica fuera su prometida, pero Sasuke nunca caminaba a lado de una mujer porque sí, o se le veía con simpleza por las calles, así que probablemente era la chica.
—Pues no parecía.
No quise escucharla más y me levanté al instante.
—Bien, mamá gracias por la comida me iré a dormir.
No quise dirigirle ninguna palabra y me fui directo al pasillo para llegar a mi recamara.
—Sabemos que lo quieres.
Me detuve entre la entrada de la cocina.
Me estrujaba el corazón de solo pensarlo. Sí, si lo quería, pero de qué valía que lo quisiera tanto si veía como tanto cariño era ignorado.
—¿Y de qué sirve quererlo mamá? —mi voz sonaba frágil— si nunca quiso que lo quisiera.
No espere a que me contestará y camine con paso veloz hasta llegar a mi cuarto. No prendí las luces de mi habitación, no hacía falta que notara lo demacrada que me veía, es más yo lo sentía, no necesitaba comprobarlo. Llegué a tientas a la cama y sin cambiarme de ropa estrujé la sobrecama hasta que cubrió todo mi cuerpo, después de eso cerré los ojos con bastante fuerza, y sentí como el agua salada de mis ojos había llegado a mis labios.
—Quiero dormir, quiero dormir—me repetía constantemente.
«Quiero dormir, quiero dormir»
Se lo hice repetir a mis pensamientos.
Fue un murmullo o tal vez fue mis palabras, pero el sueño me estaba consumiendo, y no sabría decir lo que veía, pero había una silueta con el mismo semblante y aspecto de siempre.
—Sasuke...Kun
Me perdí en adormecimiento. Y un sueño, un sueño bastante inquietante se hizo presente.
