-LADY OSCAR NEWS DREAMS-

Arco I: "Rosas"

Capítulo XX: "La Última Esperanza"

-No, lo siento, pero no me puedo casar contigo, André. - Respondió con voz seria, dejando sin palabras al castaño frente a ella, y fue cuando una sola lágrima corrió por su mejilla mientras lo miraba fijamente a los ojos. André se puso de pie inmediatamente y le tomó por las manos, dejando caer la rosa que llevaba al suelo.

-¡¿Por qué no?! – Preguntó desesperado, sin entender el motivo de aquél rechazo. - ¡Dijiste que pelearías contra todos por nuestra relación! ¡¿Qué fue lo que cambió?! ¡Respóndeme! –

-André, entiéndeme por favor…no estoy lista para esta propuesta. – Respondió Fernanda, sin mirarlo a los ojos. – Hay mucho en juego, no solo mi relación con mi hermana…también está mi trabajo, además recuerda que soy una noble, su Majestad no aprobaría nunca este matrimonio y mucho menos mi madre. –

-¡Dijiste que no eras hija de la Reina Marie Teresa! – Reprochó André, sintiendo que algo no encajaba.

-¡Dije que había una posibilidad, jamás afirmé que fuera cierto. – Interrumpió Fernanda, mirándolo fijamente. – Mi madre me oculta algo, de esto estoy segura, pero todavía no sé qué es y no lo sabré hasta que hable con ella en Austria. – Explicó, con su mirada fija en él. – Así que te pido que me entiendas, por favor. –

-Al menos prométeme que lo pensarás. – Agregó Grandier, con súplica reflejada en su voz. – Prométemelo. –

Fernanda lo miró fijamente a los ojos, pensativa en lo que debería hacer. Un suspiro pesado salió de sus labios y asintió levemente en silencio, desviando la mirada hacia un lado.

-De acuerdo. – Murmuró, sin mirarlo a los ojos. – Ahora, por favor, déjame sola, necesito descansar, estoy agotada. –

-Está bien, buenas noches. – Respondió, dándole un beso en la frente antes de salir de la habitación, dejándola sola.

-Oh, Dios… ¿Qué debería hacer? – Murmuró para sí misma, dirigiendo su mirada hacia la rosa que yacía en el suelo, con algunos de sus pétalos esparcidos a su alrededor. La austriaca tomó la flor en su mano, notando cómo de su interior caía una delgada sortija de compromiso hecha de plata con una fina esmeralda pequeña en el centro de la argolla. – André… - Murmuró sorprendida, tomando el anillo en sus manos, sorprendida de que, a pesar de ser sencillo en consideración con la joyería de la nobleza, podría haber resultado costosa comparada con el salario de Grandier. – Has de haber gastado una fortuna en este anillo…y yo lo rechacé… - Dijo en voz baja, apretando la sortija contra su pecho. – Lo siento mucho, André…pero mis sentimientos no me permiten aceptarla…no puedo hacerte eso, no puedo…porque…yo, a Oscar… -

[…]

No sabía en qué momento se había quedado dormida, y se sorprendió de despertar en su cama con una sábana cubriéndola. El Sol que entraba por la ventana le lastimaba la vista y la obligó a levantarse para cerrar la cortina, notando que seguía vestida con aquél vestido azul y dorado que había lucido e la fiesta de Oscar. Su mano pasó sobre el collar de oro en su cuello, aquél preciado regalo que la Comandante le había hecho el día del cumpleaños 17 de su hermana, Marie. Después abrió su mano derecha, notando el anillo que había permanecido aferrado en ella desde la noche, y que había provocado una marca rojiza en su mano que comenzaba a arder.

Soltó un suspiro largo, intentando liberar la tensión de su cuerpo, dirigió su vista hacia el reloj de su habitación, soltando un grito altera al ver la hora.

-¡¿Ya son las 10 de la mañana?! ¡No puede ser! ¡Es demasiado tarde, Oscar debe haberse ido hace mucho! ¡Dios, ¿por qué no me despertó?! – Exclamó alarmada, dejando el anillo sobre la cómoda, pero se sorprendió de ver una nota ahí. - ¿Qué es esto? – Murmuró confundida, abriendo la pequeña hoja de papel.

Te quedaste dormida sentada en el suelo, eres el colmo, pero supongo que fue un día cansado para ti. Tienes permiso de faltar hoy al trabajo, quédate a reposar. Regresaré para la hora de la comida, y quiero que salgamos solas a pasear en caballo, así que prepárate.

-OSCAR

-Oscar… - Murmuró sorprendida, abrazando la nota en su pecho. – Tengo que decírtelo…tengo que decírtelo… -

[…]

Las horas habían pasado, y Oscar finalmente había llegado de Versalles. La joven Jarjayes se había cambiado su uniforme por su traje de estar: una camisa blanca de manga larga, un chaleco desmangado color cian claro, pantalón blanco y botas negras. Fernanda vestida un conjunto similar, pero su chaleco y pantalón eran de color lila y sus botas eran blancas, su cabello rubio estaba atado en una media cola con un listón lila con bordes violetas y dos mechones al frente.

La comida había sorprendido a Oscar, pues por primera vez en varios años André no se sentaba con ellas a comer como acostumbraba a hacer desde que era pareja de Fernanda. La austriaca, por su parte, había dejado a medias su plato, algo que sin duda la preocupó, pero decidió no decir nada en ese momento.

-¿Nos vamos? – Preguntó Oscar, con una sutil sonrisa en sus labios, mirando a Fernanda.

-Sí, vámonos. – Asintió Fernanda, poniéndose de pie.

-Tengan mucho cuidado, mis niñas. – Agregó Marrón, quien estaba recogiendo los platos de ambas chicas.

-Lo tendremos nana, no te preocupes. – Le tranquilizó Oscar, poniéndose de pie. – Iremos en mi caballo, el tuyo sigue en recuperación por la caída que sufrió. –

-De acuerdo, no tengo problema. – Respondió Fernanda, mirándola de reojo.

-Vamos. – Agregó Jarjayes, tomándola de la mano y llevándola consigo.

El transcurso del camino había sido silencioso, algo que sin duda preocupaba a la Comandante. Había notado que Fernanda tenía la mirada perdida y algo decaída, dos cosas poco comunes en una joven tan energética como solía ser la austriaca, sabía que algo la estaba atormentando, pero no lograba entender por qué. Las chicas llegaron al lago donde usualmente solían ir junto a André, aquél lugar que se había convertido en una zona de juegos en la infancia de Jarjayes y Grandier.

-Ven. – Dijo Oscar al bajar del caballo, ayudando a Fernanda.

-¿Qué hacemos aquí? – Preguntó la austriaca, hablando por primera vez desde que habían salido de la Mansión.

-Hace mucho tiempo que no paseábamos solas, recuerdo que te gustaba venir a comer aquí conmigo para ver el amanecer cuando recién te mudaste con nosotros. – Explicó Oscar con una sonrisa, dirigiendo su vista hacia el lago que resplandecía con hermosura por el fuerte sol de esa tarde. - ¿Lo recuerdas? –

-Sí, claro que sí. – Respondió Fernanda, imitando a la mayor. - ¿Por qué me trajiste aquí a solas? No lo entiendo. –

-Fui a buscarte esta mañana para irnos juntas a trabajar como habías dicho, te encontré dormida en el suelo recargada en tu cama, así que supuse que habías tenido una noche difícil. – Explicó, sorprendiendo a la menor, quien se giró a verla. – Te recosté en tu cama y te cubrí con una sábana, decidí dejarte dormir para que reposaras, dudo que descansaras tirada en el piso. – Prosiguió, soltando una risita inocente. – No sé qué es lo que te preocupa, pero puedo ver en tus ojos que hay algo atormentándote al grado de quitarte el hambre y el sueño, así que quería que te relajaras, por eso te traje aquí. –

-Oscar… - Murmuró, sin saber cómo responder ante aquellas palabras, desvió su mirada hacia el suelo y mordió su labio inferior, dudosa de lo que quería hacer.

Hubo un silencio por un momento, Oscar la miraba de reojo, respetando la duda de Fernanda y dejando que tomara una decisión de lo que diría o haría. Un suspiro pesado salió de los labios de la austriaca, quien volvió a ver el reflejo de la luz solar en el agua.

-André me pidió matrimonio. – Confesó al fin, dejando atónita a Oscar.

-¿André hizo qué? No puedo creerlo… - Murmuró Oscar, en shock ante aquellas palabras. - ¿Le respondiste? –

-Sí, dije que no. – Respondió Fernanda, bajando la mirada. – Me pidió que lo pensara, y la verdad tengo muchas dudas… - Agregó, apretando sus puños. – Sé que como noble no puedo tomar esta respuesta a la ligera, porque necesito la aprobación de su Majestad, y de mi madre…oh, mi madre, siempre me ha querido tanto y que yo le cause semejante dolor, no puedo… Marie, ¿qué diría Marie? Dudo que tome a bien que su hermana se case con un lacayo, y la Corte…la Corte despedazará a André con sus comentarios, son tan déspotas y superficiales que jamás lo aceptarían como parte de ellos, ¡y yo…! – Prosiguió alterada, dejándose caer en el pasto de rodillas. – Yo ni siquiera puedo entender mis sentimientos…esto que siento aquí adentro está oprimiéndome y me duele tanto que no me deja razonar, siempre he sido tan centrada en lo que quiero y ahora… ¡Ahora ni siquiera sé lo que quiero hacer! ¡Me está matando, Oscar! ¡Mi corazón me está matando con tantos sentimientos aquí enterrados! – Exclamó, apretando su ropa justo sobre su corazón. – Oscar, por favor… - Suplicó, girándose a verla. – Respóndeme… ¿Tú quieres que yo me case con André? ¿Realmente te gustaría que me casara con él? ¡Dímelo, por favor! –

Oscar, sin decir una palabra, caminó hacia ella y se inclinó para cargarla en sus brazos. Fernanda la miró esperando una respuesta y su mirada se cruzó con la de la mayor, quien la miraba fijamente en silencio. Unos minutos de silencio pasaron, hasta que la mayor puso a la menor de pie en el suelo y cerró sus ojos mientras soltaba un suspiro, algo que confundió a la austriaca.

-Sí, Fernanda. – Respondió con voz baja, como si le costara demasiado decir aquellas palabras. – Yo quiero que te cases con André. – Afirmó, sorprendiendo a Fernanda.

Los ojos de Fernanda se llenaron de lágrimas que rápidamente cayeron por sus mejillas, sus manos se aferraron al chaleco de Oscar y recargó su rostro en el pecho de la mayor, sollozando con claro dolor, como si su respuesta le hubiera herido profundamente. Oscar mantuvo sus brazos abajo, apretó sus puños intentando detenerse a sí misma, sabía que, en el momento en que rodeara a la austriaca con ellos para abrazarla, sus verdaderos sentimientos saldrían a flote y no podría detenerse. Y ella necesitaba liberarse de ese amor que sentía por Fernanda.

-"Lo siento, Fernanda…pero si quiero seguir adelante con mi vida, primero necesito sacarte de ese profundo rincón de mi corazón en el que te metiste." – Pensó Oscar, reteniéndose a sí misma y a sus ganas de retractarse de sus palabras. – "Y la única manera de hacerlo…es que te conviertas en la esposa de mi hermano, al que no traicionaría jamás." –

Algunos momentos pasaron hasta que Fernanda finalmente se calmara y se alejara de Oscar para limpiar sus lágrimas y recobrar la compostura.

-Entonces está decidido. – Murmuró la austriaca, soltando un suspiro, lleno de pesar. – Me casaré con André. – Agregó, dirigiendo su mirada al lago. – Primero hablaré con Marie, le diré todo lo que ha pasado entre él y yo todos estos años, una vez que logre convencerla a ella, no tendré problemas con los demás. –

-De acuerdo. – Asintió Oscar, sin mirarla. – Felicidades, Fer, te casarás con un maravilloso hombre. –

-Sí… - Asintió lentamente, sin mirar a Oscar. – André es un maravilloso hombre, el único hombre al que he querido con tanta intensidad en toda mi vida. –

-Bueno, ahora será el único también en tu futuro. – Agregó la ojiazul, mirándola de reojo. – Me alegro por ti. –

-Dijiste esas mismas palabras cuando te conté que aceptaría ser su pareja. – Dijo Fernanda, con una sonrisa irónica. – Me pregunto, ¿cuánta verdad habrá en ellas? –

-¿Por qué dices eso? – Preguntó Oscar, confundida por aquella cuestión.

-Nada en realidad, cosas mías, ah…que emoción tan intensa se siente al pensar en una boda. – Murmuró, apretando sus manos sobre su pecho. - ¿Me llevas de regreso a la Mansión? Creo que es hora de qué André obtenga mi respuesta. –

-Muy bien, vámonos. – Respondió Oscar, ayudándola a subir al caballo para volver a casa.

El trayecto nuevamente fue silencioso, pera esta vez de una manera incómoda, en un ambiente tenso donde ambas sabían perfectamente que la otra guardaba palabras que había querido decir, pero al final había decidido no hacerlo. Fernanda se aferraba a la espalda de Oscar con fuerza, no por miedo a caer del caballo, sino como un intento de evitar que se alejara de ella, una forma de quebrar la barrera que cada vez las distanciaba más.

Una vez que llegaron a la Mansión, Oscar se dirigió a sus aposentos sin decirle una palabra más a Fernanda, algo que la otra interpretó como un "ya dije todo lo que necesitaba decir", y eso era quizá lo que más le dolía. La austriaca, por su parte, subió a su habitación para tomar algo que había dejado ahí y después bajó a buscar a André en su cuarto.

-¿André? – Preguntó Fernanda, tocando a la puerta del lugar. – Soy Fernanda, necesito hablar contigo. – Agregó, y en poco tiempo la puerta se abrió.

-¿Qué sucede? – Cuestionó André, incitándola a pasar, la rubia caminó al interior de la habitación y Grandier cerró la puerta, girándose a verla casi al instante. - ¿Sucede algo? – Volvió a preguntar, notando el silencio de la austriaca.

-Quería enseñarte esto. – Respondió Fernanda girándose a verlo, al mismo tiempo que extendía su mano izquierda hacia él, mostrando la sortija de compromiso en su dedo anular. - ¿A que no es precioso? Me lo regaló una persona muy especial para mí. –

-Fernanda…la sortija…tú… - Tartamudeó André sin poder creerlo, su mano acarició con sutileza el anillo que la joven usaba y algunas lágrimas resbalaron por su mejilla al mismo tiempo que una sonrisa se dibujaba en sus labios. – Entonces… ¿Tú…? –

-Sí. – Asintió Fernanda, sonriéndole. – Acepto ser tu esposa. – Respondió acercándose a él, recargándose en un pecho. – Me casaré contigo. –

-Fernanda… - Murmuró André incrédulo, abrazándola con fuerza. – Muchas gracias… -

-No tienes nada qué agradecer. – Respondió la rubia, sin separarse de él. – Eres el único hombre con el que podría casarme… -

-Quizá no sea noble, pero te prometo que nada te faltará jamás, te lo prometo. – Agregó Grandier, aferrándola a su cuerpo. – Ni a ti, ni a nuestros futuros hijos. –

Aquellas palabras angustiaron a Fernanda, quien se separó de él para verlo a los ojos por unos segundos y después desvió la mirada hacia el suelo.

-André…solo hay una condición. – Murmuró Fernanda, dejando algo preocupado al castaño, quien guardó silencio esperando a escuchar lo que venía. – Nunca vamos a tener hijos. –

-¿Qué? ¿Por qué? – Preguntó sorprendido, sin entender aquellas palabras.

-Porque yo no puedo intimar contigo. – Respondió la joven, desviando la mirada, su voz temblaba, como si le pesara hablar. - Hay algo que sufrí desde muy pequeña, y no puedo dejar que nadie me vea jamás el cuerpo, ni siquiera tú… - Explicó con la voz ahogada, un nudo en su garganta cortaba las palabras que quería decir, pero prosiguió. – No quiero que me preguntes porque jamás te contaré, pero tenías que saberlo…y entenderé si después de esto ya no quieres… -

-No me importa. – Interrumpió André, sorprendiéndola. – No me importa si jamás puedo ver tu cuerpo y si tampoco me puedes dar hijos, yo quiero estar contigo a pesar de eso. – Agregó, tomándola de la mano con fuerza. - ¿Eso es lo que te ha atormentado todo este tiempo? –

-Sí… - Asintió lentamente, sin mirarlo.

-Entonces yo te ayudaré a superarlo, me quedaré a tu lado toda la vida sin importarme qué sea. – Dijo André, con una sonrisa cálida, digna de un Príncipe bondadoso. – Jamás te presionaré para que me lo digas, estoy seguro de que algún día me tendrás la confianza para contarme tu secreto. –

-André… - Murmuró, girándose a verlo. - ¿De verdad…? –

-Sí, de verdad. – Respondió.

-Gracias… - Agradeció Fernanda, abrazándolo nuevamente.

André no dijo nada, simplemente correspondió el abrazo en silencio, haciéndola sentir aquella sensación de protección y compañía que siempre le hacía sentir, haciéndola ver que él estaría a su lado siempre y para siempre.

Sí…eres el único hombre con el que podría estar…porque ella jamás me va a aceptar. Ya lo entendí…ese día, mi última esperanza de ser amada por la persona que yo amo fue destrozada. Me casaré con la persona que me ama, sé que algún día podré quererlo de la misma forma en que él me quiere. Adiós, mi verdadero amor…adiós, mi amada Oscar.


¡YAHALLO! xHimemikoYukix aquí~

¡Nuevo capítulo de LOND! ¿Qué les ha parecido? ¿Se lo esperaban o creían que sucedería algo diferente? Finalmente Fernanda decidió casarse con André, ya que Oscar así lo quiso, ¿realmente será el final del amor que ambas jóvenes sienten por la otra pero que se obligan a callar por el qué dirán? ¿O llegarán a confesarse mútuamente? Si eso pasara, ¿qué sería de André? Y bueno... ¡El siguiente capítulo serán muchas emociones mezcladas, sobretodo porque se viene un evento muy importante, ¿qué creen que será?

¡Dudas, comentarios y demás son recibidos en los reviews y respondidos en la siguiente actualización!

¡NOS LEEMOS!