—¿Cómo puede ser posible que nadie sepa quién fue? —dijo Erwin, alarmado. Jean y Hitch le contaron a él y Hanji lo del asesinato de Zeke Jeaguer. Hitch, con los brazos cruzados y recostada en uno de los brazos del sofá de la sala, tomó la palabra por su novio.
—Fue encontrado muerto con una lobotomía casera en un patio de un grupo de edificios semi - abandonados. Y al parecer el que lo mató uso guantes, no se encontraron huellas dactilares en la escena
En respuesta, Hanji se levantó y miró a los demás:
—Yo sé quién pudo ser.
—Hanji no creerás que… —habló Erwin.
—Mike Zacharias. Pudo haber sido él.
—¿El británico del bar? —preguntó Jean. Hanji asintió con la cabeza.
—Desde Madrid no me ha perdido de vista. Siempre ha querido ir delante de mí, demostrarme superioridad... él también buscaba la lista, no sería de extrañar que él hubiese ido antes que todos nosotros.
—Creo que sé quién nos podría aclarar las dudas —dijo Erwin, refiriéndose a Nanaba.
—Es verdad. Hablaremos con ella.
—Iremos esta tarde —dijo Erwin, y se levantó—, recuerda que hay que ir también a por Levi y Mikasa.
—Eso es cierto...
—Antes de ir a por Nanaba iremos a por Levi y Mikasa. Les sacaremos y que se queden a buen recaudo Hasta que volvamos a Estados Unidos.
—Pueden quedarse aquí si eso —sugirió Jean. Hanji y Erwin asintieron con la cabeza.
—Si no os importa...
—¡Para nada! -espetó Hitch.
—Entonces ya está todo planeado. Hanji, llama a Leonhardt —dijo Erwin, mirándola. Hanji agarró el teléfono, se sentó al lado del rubio y marcó el número de la chica. No tardó en contestar.
—¡Hola Lorraine! —saludó Annie, asumiendo su "papel". Hanji hizo lo mismo.
—Hola Carolina. Te quería preguntar... ¿la idea de quedar tu novio y tú sigue en pie?
—¡Claro que sí!
—¿Te apetecería que quedásemos esta tarde?
—Obvio que sí. ¿Nos vemos los tres a las siete?
—Ahí estaré. ¡Nos vemos! -se despidió y colgó. Ahora miró a Erwin.
—Creo que por fin entramos en acción.
*HORAS MÁS TARDE*
El trío los tenía perfectamente planeado. Hablaron con Gabi, Falco y Colt y llegaron a un acuerdo.
En ese mismo momento Eren había salido. Pusieron el plan en marcha. Colt y Falco se quedaron en la puerta de la habitación esperando a que llegase Gabi con la llave y la clave numérica que desbloqueaba la puerta. Asimismo, Levi, Mikasa y Reiner esperaban impacientes a la chica pegados a la rejilla de la puerta.
Tras unos largos minutos alguien abrió la puerta. El dúo de hermanos automáticamente y tensos se levantó. Cuando Gabi entro a la habitación con la llave y la clave escrita en un papel los chicos se relajaron y sonrieron levemente. Los espías también.
—¡Volví! —saludó la chica, dirigiéndose a la cerradura.
—¿Cómo conseguiste la llave? —preguntó Falco mientras que Gabi introducía está en la cerradura y la giraba.
—Eren guardaba una de repuesto en la jamba de la puerta de esta misma habitación —contestaba mientras desdoblaba el papel con la contraseña y tecleaba el número.
—¿Y el número cómo lo conseguiste? —preguntó Reiner. Gabi abrió finalmente la puerta y habló mientras que Reiner, Mikasa y Levi salían como tanto habían ansiado.
—La última vez que Eren entró me fijé en que números marcaba y mientras hablaba con vosotros lo apunté —Gabi se acercó al escritorio, sacó un pequeño botiquín y se lo entregó a Mikasa.
—Toma. Es para la herida de tu novio —Mikasa, después de lo dicho por Gabi, ligeramente se sonrojó.
—N-no es mi novio —dijo, apretando contra su pecho el botiquín.
Ahora fue con Levi y comenzó a curar su herida.
—Agh. Gracias mocosa... —agradeció Levi, sentado en la silla del escritorio. Mikasa bajó la cabeza, avergonzada.
—No es nada Levi.
Ahora Reiner de brazos cruzados habló:
—Bueno. ¿Cuál es el plan?
—Un ataque sorpresa —habló Levi—, y yo sé quién se lo puede dar
Ahora, Levi miró a Mikasa. En realidad, todas las miradas se posaron en ella. Mikasa asintió con la cabeza. Sabía perfectamente que hacer.
Se ajustó la falda y el jersey frente al espejo. Nadie podía notar que llevaba un micrófono en el pecho. Erwin apoyado en el marco de la puerta observaba como Hanji se vestía con la mirada perdida. Deseaba que nunca acabase.
Hanji se dio cuenta y después de colocarse el cuello del jersey le miró—: Tierra llamando a Erwin —rio.
Él, de golpe, dejó de estar embobado y ahora la miró a los ojos. Hanji se acercó a él y apoyó sus brazos en sus hombros y sonrió. Erwin agarró su cintura, se miraron mutuamente y, sin querer, evitarlo juntaron sus labios. Erwin aprovechó para pegar más a él a Hanji, haciendo que su pecho se pegase al suyo, cortando cualquier distancia entre ella y él.
Hanji por su parte enredó sus brazos en la nuca de Erwin. Deseaba que ese momento nunca acabase. Adoraba como sus labios teñidos de rojo se sincronizaban con los de Erwin en perfecto ritmo. La gloria de esos besos no tenía precio. Sus lenguas jugaban y se movían juntas en un compás. No olvidaban lo que pasaba entre ellos. Ese deseo y amor que tenían por el otro era imposible de ocultar. Tras un tiempo se separaron en busca de aire, quedando con la mirada del otro clavada en ellos.
—No quiero que te pase nada —dijo Erwin, y acarició la mejilla de Hanji—. Te lo ruego, no te separes de mí, no te vayas.
—No lo haré. Pase lo que pase te querré y estaré contigo —agarró la mano de Erwin y la puso en su pecho. Asimismo, en el rostro de Erwin se formó una media sonrisa.
—La verdad es que estos días han sido únicos. Conocer a la mujer perfecta, enamorarme, hacer el amor... Hacía mucho que no me ocurría algo así, olvidé como se sentía ¿sabes?
—Es cierto que hace mucho que no me enamoro. Olvidé como se sentía —respondió Hanji. Entrelazaron sus dos manos— Ojalá después de esto nos volvamos a ver.
—Hanji por favor no pienses en "después de...". Esto es aquí, esto es ahora —Erwin decía esto como sinónimo de: "me importa una mierda lo que vaya a pasar. Yo en este momento solo quiero estar contigo y pensar en ti", Hanji lo notó.
—Entendido.
Eren, con todas las prisas tras ir a su casa y meter sus maletas en el coche, decidió volver un momento al sótano a recoger una de sus cosas. No podía quedarse nada suyo allí.
Al bajar las escaleras y entrar en el sótano se encontró con Levi y se quedó petrificado. El Ackerman se encontraba sentado en el escritorio cargando una escopeta semi - automática Hatsan. Para ser exactos, era la escopeta de Gabi.
Tras insertar la recarga, Levi miró a Eren:
—Qué bien que hayas llegado. Ya era hora.
Eren estaba nervioso. Al lado de Levi estaba Reiner apoyado en la pared y con los brazos cruzados, y al otro lado estaban Gabi y los hermanos Falco y Colt. La única que faltaba era Mikasa.
—¿Qué es esto, una fiesta sorpresa? —dijo Eren con autoridad, como si pensase que podía ganar.
Levi rió—: No, payaso. La fiesta sorpresa te la va a dar mi amiga
Y Levi miró a su derecha. Él miedo corrió dentro de Eren en escasos segundos. Dirigió su mirada a donde miraba Levi y lo único que alcanzó a ver fue a Mikasa pegando un salto de carrerilla y estampando su pie en su cara. Eren cayó al suelo y cuando miró hacia arriba se encontró con todos los presentes y con Levi apuntándole con la escopeta enfrente suya.
—Y ahora, bastardo, colaborarás con nosotros —Levi metió la punta del cañón de la escopeta en la boca de Eren, de la cual salía sangre—. Mocosos —indicó con la cabeza a Gabi y los hermanos—, atadlo. No os preocupéis, yo no alejaré la escopeta de él.
—¿Cuál es el plan, Levi? —preguntó Mikasa con los brazos cruzados mientras que Levi apuntaba a Eren y los tres más jóvenes ataban al castaño (atontado) a una silla. Levi miró a la chica azabache.
—De momento nos quedaremos aquí hasta que sepamos qué hacer con el pedazo de mierda este —miró a Eren y le dio en el brazo con la punta de la pistola—. Supongo que no tardaremos mucho en decidir algo. Por cierto, en la patada que has dado se notaba el sentimiento —bromeó Levi—. Muy bien dada.
Mikasa rió levemente—: ¿Gracias?
