Nota: Este es un capítulo que escribí hace como diez años, por lo tanto el Origins no existía y por lo tanto, nadie sabía bien qué era exactamente lo que pasaba con Saga. La teoría que pongo aquí era una de las famosas por aquellas épocas, y pues la verdad es que siempre me ha gustado y no lo iba a cambiar porque a Don Kuru se le ocurrió explicar esto muchas décadas después... así que esa es la razón por la cual esto ya no es canon compliant.
De cuando me contaste tu historia por primera vez
Alfa terminó de subir las escaleras y se adentró en el Templo de Géminis. Pasaban de las ocho de la noche y había bajado a la ciudad a hacer unas compras de emergencia: llevaba una bolsa de papel en los brazos. Algunas luces estaban encendidas.
—¿Saga? —llamó al llegar a la sala.
—Aquí.
El Santo salió de la cocina con una botella de agua entre las manos. Alfa dejó la bolsa en la mesa de centro.
—¿Tienes algún plan para esta noche?
Saga enarcó una ceja, miró la bolsa y luego a la chica. Terminó por negar con la cabeza. Alfa tomó asiento y le hizo un gesto para que él también se sentara. El Santo ocupó el sillón frente a ella.
—¿Qué sucede? —preguntó al fin.
—Tenemos que hablar.
—¿De qué?
—De ti.
Saga sonrió con ironía.
—¿De mí?
Alfa asintió y sacó el contenido de la bolsa: eran dos botellas de whiskey. La joven procedió entonces a abrir una de ellas, ante la mirada de Saga.
—¿Y para hablar de mí me piensas emborrachar?
—No hay manera que digas lo que tienes que decir estando en tus cinco sentidos.
Alfa le dio un trago a la bebida y se la pasó a Saga. Él dudó un momento, aunque por otro lado, sabía que algo de razón había en las palabras de la chica. Extendió el brazo y tomó la botella, la miró, suspiró y también le dio un trago, luego la dejó sobre la mesa. Alfa lo miró a los ojos.
—¿Cuántos años tenías cuando te convertiste en Patriarca?
—Quince.
—¿Quince? Eras un niño.
Saga se encogió de hombros.
—Cuando vives en el Santuario toda tu vida, y estás destinado a ser un Santo Dorado, a los quince ya eres un adulto aquí dentro.
Alfa volvió a tomar la botella y le dio otro trago. El Santo la imitó.
—Sé que es diferente para ustedes que para el resto de las personas que entrenan aquí, pero a esa edad eres apenas un adolescente... y los adolescentes no son conocidos por tomar las mejores desiciones.
—No había muchas opciones, Shion era demasiado mayor en ese momento.
—Y hace poco más de tres años que volvieron a la vida. ¿Le temes a la muerte?
—Algún día volverá a suceder, no puedo hacer nada para evitarlo. Tampoco son sensaciones que me guste recordar, en especial bajo las circunstancias en que… morí. —Saga volvió a tomar la botella y le dio otro trago. —Suena extraño, ¿no?: morí. Pero así fue, y en dos ocasiones.
—No puedo siquiera llegar a imaginarlo.
—No lo hagas. No es agradable.
—Pero luego de ambas ocasiones te consideraron un héroe. —Saga sonrió con ironía. —Y tú no te consideras tal cosa.
—No.
—¿Por qué no? —preguntó Alfa luego de dar otro trago, Saga también tomó uno antes de contestar.
—Porque no hice nada extraordinario.
—¿Seguro?
—Hice lo que debía hacer.
—Tomaste tu propia vida para frenar al Dios de la Guerra. Te enfrentaste a tus amigos y hermano para ayudar a tu diosa. ¿Eso no te parece heroico?
—No considero el suicidio como un acto de heroísmo. Heroico hubiera sido el detener a Ares sin necesidad de suicidarme. Después me enfrenté a mis amigos y maté a uno de ellos usando la más despreciable de las técnicas. Lo único que demostré en ese momento fue mi cobardía.
—¿Es así como te ves a ti mismo? ¿Como un cobarde? Porque como yo lo veo, hiciste todo lo que fue necesario para llegar a la diosa. Eso incluyó dejar todo tu orgullo de lado, y eso, no es algo que cualquier persona haría.
Saga dio otro trago.
—Hacer todo lo que estaba en mis manos en ese momento tampoco es heroico, es mi trabajo.
—También mantuviste la farsa, a sabiendas de que ibas a lastimar a tus amigos y a Saori mientras lo hacías, pero fue por una buena razón. Lo repito, Saga, no cualquiera hubiera podido lograrlo.
El hombre sonrió con ironía antes de beber de nuevo, luego suspiró y le pasó la botella a la chica.
—Para ese momento tenía años de experiencia haciéndole creer a las personas que era una persona completamente diferente. No fue especialmente difícil tampoco.
—No dudo que la tuvieras, tampoco el que hayas mantenido la farsa mientras fuiste Patriarca, pero al final detuviste a Ares.
—No fue solamente detener a Ares, también fue no enfrentar las consecuencias de todo lo que sucedió en esos trece años.
La chica se quedó en silencio un momento.
—Entonces lo que estoy pensando tiene fundamento —dijo al fin.
Miró la botella, le dio otro trago y se la pasó a Saga. Él la miró y enarcó una ceja.
—Ares.
El joven le dio un par de tragos al whiskey.
—Todavía no estoy lo suficiente ebrio como para hablar de eso.
Alfa sonrió, tomó otro trago.
—Bien, no llegaremos aún a "eso". Pero permíteme preguntarte: ¿cómo fue? ¿Qué sentiste? Y no me refiero a las cosas que llegaste a hacer, sino a las sensaciones. El hecho de que alguien más controle tu cuerpo.
Saga dio otro trago mientras recordaba. Abrió la boca pero lo pensó un poco más. Al fin asintió, mientras giraba la botella entre sus manos.
—Es muy extraño. Es decir, tú estás sola aquí. —Señaló su cabeza. —Eres una entidad, una consciencia. Ni siquiera tienes que pensar de forma consciente que quieres levantar la botella o dar un paso. En aquel tiempo me sentía invadido de cierta manera que no podrías imaginar.
—¿Estabas consciente?
—A veces. Veía lo que Ares hacía y era frustrante. Tenía que usar una gran parte de energía para recuperar el control, y no siempre lo lograba, aunque no siempre lo intentaba tampoco. Y algunas veces prefería sumirme en un estado de inconsciencia. Terminé aprendiendo cómo.
Volvió a dar un trago y le pasó la botella a Alfa quién también bebió.
—¿Podías escuchar los pensamientos de Ares?
Saga negó con la cabeza.
—No si él no quería que me enterara.
—¿Y él los tuyos?
—Al principio sí. Ares sabía todo lo que pasaba por mi mente, pero aprendí a bloquearlo luego de algún tiempo.
—Pero había momentos en que Ares te regresaba el control, ¿no?
—Sí. Supongo que le divertía el ver qué es lo que haría.
Ambos se quedaron en silencio un momento. Saga ya se imaginaba a dónde quería llegar la chica. El alcohol ya estaba en su cerebro y su subconsciente gritaba porque al fin la joven hiciera la pregunta. El hombre tomó la botella, volvió a dar un par de tragos y se la pasó a Alfa. Ella lo vio a los ojos, dio un trago y se apoyó en el respaldo del sillón sin alejar su mirada de él.
—¿Por qué tú? ¿Lo sabes?
Saga volvió a sonreír con ironía.
—No tenía mucho de dónde elegir. La gran mayoría de los Dorados eran niños de no más de 7 años, Shura, Afro y Deathmask eran un poco mayores, pero aún así muy jóvenes, y los únicos considerados para ser el sucesor del Patriarca éramos Aioros y yo.
—¿Por qué no Aioros?
Silencio. Saga volvió a beber. Quería evitar la pregunta y no. Quería olvidar la respuesta. Quería mentirle, pero no lo iba a lograr.
—Porque Aioros no ansiaba, deseaba, ni quería el poder tanto como yo. Y el hecho de que yo estuviera loco supongo que ayudó a la causa —dijo con ironía antes de dar otro trago.
Alfa sonrió, tomó la botella y bebió. Saga la miró a los ojos.
—Haz la pregunta —le dijo.
Alfa bajó la mirada, jugó con la botella, se mordió el labio inferior y terminó exhalando un suspiro. Volvió a verlo a los ojos, luego se levantó de su lugar y fue a sentarse junto a Saga. El Santo tomó la botella de manos de ella y se dedicó a examinarla.
—Estuviste de acuerdo en que Ares usara tu cuerpo como contenedor para su alma.
Saga sintió un vacío en el estómago cuando escuchó la afirmación de la mujer y asintió con la cabeza.
—¿Cómo fue?
El joven dio otro trago, suspiró mientras recordaba. Alfa tomó la botella y bebió.
—Sucedieron demasiadas cosas en muy poco tiempo. Shion nos habló a todos de la próxima llegada de Atenea. Ese mismo día nos dijo que pronto dejaría su cargo y que sólo había dos candidatos. Shion eligió a Aioros como su próximo sucesor y Atenea reencarnó. Kanon entonces me habló de su plan para asesinar a la diosa y yo lo encerré en Sounión. Ahora te diré algo: casi todo el Santuario, menos Atenea y Shion, creen en una mentira. Todos creen que no fui yo quien mató al Patriarca, si no Ares. La verdad no es esa. Subí a Star Hill como yo mismo. De verdad quería saber por qué Shion había elegido a Aioros y no a mí, siendo que yo era mayor y más poderoso. Me dijo que había algo en mí, algo que no le gustaba, algo a lo que le temía. En pocas palabras no confiaba en mí. Y tenía razón en no hacerlo, pero no puedo llegar a explicar las cosas que pasaron por mi mente en ese momento. Cosas como que aquél hombre que consideraba mi padre fuera incapaz de confiar en mí cuando jamás le di motivos para dudar. El hecho de que fuera un viejo incapaz de ver la realidad. Sentí coraje, rabia, impotencia. Me sentí como un niño de cinco años. Pero sabía que no lo era. Así que lo maté. Yo. No Ares. Él no tuvo nada que ver con la muerte de Shion. Fui yo quien en un arranque lo asesinó, a sabiendas de que era una pelea desigual. Lo maté y cuando vi su cuerpo sin vida, por un momento al menos, no sentí arrepentimiento. Y Ares estaba enterado. El muy desgraciado llevaba años vigilándome. Años. Y yo nunca lo noté. Hasta más tarde esa misma noche. Fue la primera vez que oí su voz. Me dijo que yo era poderoso, que sin el Patriarca, yo podría ocupar su lugar. Un lugar que por derecho me correspondía. Me dijo que ser Patriarca era mi destino, que estaba escrito en las estrellas. Me dijo que juntos podríamos esclavizar a los humanos y rivalizar con Poseidón y Hades y así dominar la Tierra. Y acepté. Acepté no por las burdas promesas que me hacía, si no porque yo tenía la convicción de que sería capaz de dominarlo. Lo que quería era su poder, el poder de un dios. Entonces sí sería invencible: mi poder combinado con el suyo. Tampoco me interesaba mucho la promesa de "tener al mundo a nuestros pies", sabía perfectamente que pronto Hades regresaría a esta Tierra y tenía la convicción de que nadie más que yo sería capaz de detenerlo. Atenea sería aún demasiado joven, ¿qué podría hacer una niña en contra del dios del Inframundo? Nada. Fui ingenuo. La verdad de las cosas es que es un dios y tiene un poder inimaginable. Quería lograr que lo que quisiera hacer Ares tuviera que pasar por mi primero, y muchas veces se la puse difícil, pero muchas otras fui derrotado. Esa es la verdad de las cosas.
—Y por eso te arrepientes. Por eso cargas aún con la culpa de lo que sucedió en el pasado.
—¿Cómo no hacerlo? Yo le di el pase a Ares. Yo accedí por la misma búsqueda de poder por la cual había encerrado a Kanon en Sounión. ¿Cómo volver a verlo a los ojos luego de lo que pasó? ¿Cómo ver a nadie a la cara? ¿Cómo seguir portando la armadura de Géminis luego de todo aquello?
—Pero ninguno de los otros te culpa.
—Pero no saben toda la verdad. Conocen sólo una verdad a medias, matizada con una mentira.
—Shion conoce toda la verdad y sé que no te culpa. Y aún si lo llegó a hacer, ya te ha otorgado su perdón, ¿no es así? Lo mismo sucede con Atenea. Tienes el perdón de tu diosa, y eso debería ser muy importante.
Saga asintió con la cabeza.
—También Kanon ya te ha perdonado, así como tú a él, ¿no? Me dijo que tuvieron una larga plática y que se habían perdonado el uno al otro.
—Así fue —contestó antes de dar otro trago.
—Pero el problema no es el perdón de los demás, si no el perdón hacia ti mismo.
—Sí.
—¿Qué te lo impide?
Saga sonrió con ironía.
—Si lo supiera, ya hubiera buscado una forma de solucionarlo.
—Me parece que lo sabes. Quizá de una manera subconsciente, o tal vez no quieres decírmela, y está bien. Pero creo que sí lo sabes. Acéptalo. No para los demás, si no para ti.
Alfa se levantó. Para llegar a su habitación, debía pasar por detrás del sillón, cuando lo hizo, puso su mano sobre el hombro de Saga y le dijo al oído:
—Y si quieres, acábate la botella, pero la otra la dejas para otro día.
Saga volteó a verla, la tomó de la mano un segundo y sonrió.
—Gracias.
Alfa le respondió la sonrisa, luego lo dejó a solas y Saga se quedó ahí la mayor parte de la noche, y se acabó la botella. Habían muchas cosas dando vueltas por su cabeza, y la ilusión de la chica y la falta de arrepentimiento que había sentido, no estaban ayudando a su situación. Esas cosas lo mantuvieron despierto toda la noche, aún después de que la habitación en la que se encontraba empezara a dar vueltas. Se fue a acostar luego de ver el amanecer.
Durmió hasta tarde, despertó cuando los rayos del sol insistieron en darle de lleno en la cara. Se levantó con cuidado, sólo para irse a tumbar al diván. Miles de hombrecitos martilleaban su cerebro. Cerró los ojos, quería seguir durmiendo. Sus planes se vieron frustrados cuando escuchó que llamaban a su puerta. Murmuró un "adelante" y Alfa entró. La chica mostraba una irónica sonrisa.
—¿Resaca?
Saga abrió apenas un ojo.
—No se la deseo ni a Ares.
—Voy a ver a Vivien. Hay comida en la cocina por si te da hambre. Te dejo un Gatorade para la cruda y un par de aspirinas. Regreso al rato.
Saga asintió. Alfa salió de la habitación y él no tardo en destapar el Gatorade y tomarse las pastillas. Maldita sea la hora en que decidió que terminarse la botella él solo era buena idea.
