Cuando las linternas que iluminan todo con velas en su interior explotan a la hora de la cena, un montón de hechizos son lanzados en dirección a los niños con la intención de protegerlos, y después todos se quedan en silencio mirando a la pequeña infante que apenas es capaz de mantener la cabeza derecha y llora a causa del susto en los brazos de Harry.

Harry la aprieta en su pecho, susurrando mil palabras de consuelo mientras la arrulla en un intento de tranquilizarla, mientras Draco toma a Prince de su silla alta.

—¿Ha sido ella? —el susurro de algún Mortífago da voz a las sospechas de todos, Harry la aprieta a su pecho pensativo, después de todo había estado molesta toda la tarde, pero se niega a creerlo. Emerald tiene poco menos de un año y aunque sea la hija del Lord Oscuro es practicamente imposible que empiece a dar señales de magia, así que mira a Prince, preguntándose si no ha sido él quien ha roto las lámparas.

Luce bastante molesto, y empuja las manos de Draco lejos a pesar de que está terriblemente apegado al rubio, lo que ya es bastante para decir que tampoco está de muy buen humor.

Lo tiene bastante claro, no porque Emerald estuviera llorando significa que ella fuera la causante de ese desastre, más bien está seguro que ha sido su deslumbrante primogénito quien, bastante celoso de la atención a su hermana ha terminado por hacer una demostración de ese temperamento tan especial que ha heredado de su padre.