Disclaimer: Ever After High no es de mi autoría, es autoría de Shannon Hale, y pertenece a Netflix y Matel
La Reina, El Caballero Y La Damisela
By: LupitaAzucena
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Capítulo XVI: Unión
Darling había regresado al reino con seguridad, a su regreso hizo lo propio, ir a reportarse con su ahora rey.
Si alguien le hubiera dicho hacía un año que estaría en un reino extranjero siendo un caballero, estando con la chica que siempre amo probablemente se hubiera pensado que aquella persona estaba completamente loca y fuera de sí.
Pero allí estaba caminando por los pasillos de roca oscura, de alfombras rojas y cuadros que adornaban el palacio hasta el salón del trono, donde la reina y rey estaban hablando.
Se presentó ante ambos con una reverencia y el hombre se levantó de su lugar para ir hasta la muchacha.
—De pie Darling… Que gusto ver que has regresado sana y salva.
La muchacha lo obedeció y cuando estuvo de pie este la abrazó fuertemente.
—Lo hice su majestad…
— ¿Y al menos viste a la chiquilla White?— Le miró la reina con tranquilidad.
—Lo hice…
— ¿Y?— Le interrogó el rey como si fuese un padre curioso.
—Fue maravilloso…
—Me alegra, en ese caso, ve y descansa un poco del viaje y en la comida podremos hablar un poco— Le sonrió.
Darling sonrió antes de retirar con una reverencia y solo escucho a la reina decirle al rey "te dije que ella estaría bien" con una sonrisa, al saber que gracias a la reina malvada ella pudo ir a ver a su amada.
Se encaminó a sus aposentos no sin antes acercarse a la habitación de Raven, su amiga, para poder mirar su estado, el cual parecía mejor pues esta se encontraba dibujando en un diario.
—Hey…— Sonrió Darling llamando su atención.
—Darling, volviste— Le sonrió alegremente— Temía lo peor de ese encuentro tuyo… ¿Cómo salió todo?
La rubia se fue acercando a la cama de la princesa y acercó una silla a un lado de la cama para sentarse.
—Pues… No puedo describir lo feliz que soy ahora mismo— Sonrió.
—Entonces parece que alguien tuvo un desfogue muy bueno— Bromeó la peli morada haciendo que la otra se sonrojara profusamente.
—Si… Pero dejemos de hablar sobre mí, hablemos sobre ti ¿Cómo te sientes?— Le sonrió.
—Bien… Pues, creo que he mejorado, ya soy capaz de levantarme por pequeños momentos— Admitió continuando con su dibujo— Pero es un poco aburrido estar solo postrada en cama.
—Créeme, te entiendo, pero pasará pronto, lo importante es que puedas descansar, te hará bien— Le sonrió.
—Espero regresar a la normalidad con mi magia, eso es lo más importante creo.
—Mejorarás, lo prometo…
Darling continuó charlando con la hechicera antes de dejarla para que pudiera descansar más rato y se marchó a su habitación a hacer lo mismo, no sin antes escribirle a su amada.
"he llegado bien al reino, espero que tú también a la escuela, espero tu respuesta"
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Los Charming salieron esa misma mañana camino al reino blanco, del reino Encantado al Reino Blanco había aproximadamente dos días de viaje, mismos que los reyes emplearon para charlar con sus hijos seriamente.
—Dexter, Daring… ¿Ustedes sabían lo de Darling?— Preguntó seriamente el hombre.
— ¿A qué te refieres exactamente padre?— Le preguntó mirando distraídamente por la ventana el mayor de los chicos.
—Nos referimos a porque Darling, su hermanita menor la cual ustedes debían de cuidar expresamente, beso a Apple White, rompió el hechizo, se entrenó como caballero y ni su padre, ni yo lo sabíamos— Enunció fuertemente la mujer.
—Bueno, respecto al beso… No fue un beso como tal, solo fue RCP, uno que funcionó muy efectivamente— Habló Dexter rascándose la parte posterior de la cabeza.
—Fue un beso Dexter, tú hermana tuvo el descaro de confirmármelo cuando hablé con ella— Sentenció el hombre— Lo que quiero saber, es porque ninguno de ustedes mis hijos mayores, pudieron decirme que su hermana se estaba desviando tanto de su camino y estaba desafiando a Snow White de esa manera al osar amar a una mujer— Suspiró pesadamente.
—Padre…— Habló por primera vez Daring— Lo que ocurre con Darling es normal, es amor, un amor más puro que el quizás ninguno de nosotros conocerá, yo mismo que debía estar destinado a ello con Apple lo acepté, no era su príncipe, y si Darling resulta ser su príncipe ¿Qué problema hay con eso?
—Pero… De ustedes dos no me esperaba semejantes tonterías, ¿La apoyan?
—Claro que si padre, Darling siempre ha estado luchando duro, porque ella no es una damisela en apuros y te lo demostró en el campo de batalla, puede defenderse sola— Le contestó Dexter.
—No puedo creer que ustedes mis hijos, mis perfectos hijos, apoyen esto…
—Padre, es amor, solo eso— Trató de hacerlo comprender Daring— Yo no estaba destinado a Apple, mi destino estaba con Rosabella Beauty… No con Apple, aunque les duela aceptarlo a ambos.
—Daring…
— ¿Qué esperabas madre? ¿Qué fuera infeliz solo porque me correspondía ser el príncipe de Apple aunque ni ella ni yo sentíamos amor?— La miró seriamente— Claro que no, porque seguiría siendo el mismo egocéntrico que me permitieron ser y no un príncipe noble y capaz.
—Nosotros los criamos según su rol real— Afirmó su madre.
—Lo sentimos, pero Darling no está haciendo nada malo, a la única que deberíamos de temer realmente es Snow White, misma persona que la torturó— Los miró Dexter— No nos hablen de lo que corresponde según nuestros roles si no saben lo que ha sufrido Darling.
—Yo mismo la cargué en mis brazos cuando la rescatamos de las mazmorras de Snow White— Afirmó el rubio— Yo mismo miré como curaban las interminables heridas que recorrían cada centímetro de su piel, yo miré como durante los primeros días era un ente que no sabía lo que pasaba a su alrededor y solo podía quejarse de dolor y fiebre— Relató con unas lágrimas amenazando salir de sus ojos— Si ustedes hubiesen presenciado eso, dejarían de creer que la hizo mal fue Darling, y condenarían a la verdadera villana de esta historia…
Estas últimas palabras escupidas incluso con rencor por el príncipe hicieron que los adultos guardaran silencio el resto del viaje obteniendo un viaje incomodo en el que no se volvió a tocar el tema e incluso se ignoró que había salido a la luz.
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Apple nunca había sentido tanto dolor en su vida, en realidad nunca había sentido el verdadero dolor físico, nada más allá de pequeñas cortadas, o raspones cuando esta era pequeña, nada comparado a lo que había sufrido con ese terrible látigo castigándole la espalda golpe a golpe.
Lo peor de todo fue el recordar cada una de las palabras denigrantes e hirientes que su madre le lanzaba con cada uno, lo que le dolía realmente era saber que las cosas habían tenido que terminar así porque no aceptaba a Darling como un pretendiente para ella.
Aunque en un principio ni ella misma terminaba de aceptarlo, pero cuando entendió que aquella muchacha de cabellera rubia podía hacerla igual de feliz que un hombre, que un príncipe, fue cuando pudo enamorarse de ella, de su trato tan fino e ideal para una dama.
Suspiró pesadamente cerrando los ojos de nuevo, la luz de aquella habitación donde había despertado lograba cegarla, aunque en realidad esperaba no estar en casa, ante aquella idea que le inundaba de temor abrió los ojos de golpe de nuevo y se concentró en saber su paradero, encontrándose por fortuna en la enfermería de la escuela.
Sonrió agotadamente y supo que si estaba allí alguien la había encontrado y la había auxiliado y estaba bien con ello en realidad.
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Snow White había comenzado los preparativos para que sus invitados llegaran al palacio, habitaciones para que se quedaran y sobre todo una suntuosa cena para darles la bienvenida al palacio.
Claro que cuando todo estuvo perfecto su primera reacción fue ir donde su pequeña hija, de igual manera, Daring seguía siendo el perfecto pretendiente de su hija, su príncipe dorado.
Una sonrisa, ese pequeño gesto había bastado para que aquel hombre perfecto Arturo hiciera honor a su apellido, Charming, el príncipe azul de su historia. De la historia de su hermana, pero ahora de la suya.
Caminaba por los pasillos de Ever After volviendo de sus vacaciones, donde desafortunadamente había muerto su hermana menor, aunque los rumores afirmaban que la muerta había sido ella misma, mismos que desaparecieron cuando la vieron por los pasillos igual de hechizante que siempre.
Claro que nadie sabía la oscura verdad detrás de todo. Pues sus amigos de confianza vieron en el féretro a la hermana menor de Snow White.
—Oh cariño— Se acercó el príncipe. — No puedo imaginar lo devastada que debes estar con todo esto.
—Lo estoy, y aunque debo mantener una sonrisa, mi corazón sufre por mi pequeña hermana— Admitió dolida.
Se encaminó por los pasillos perdida en sus memorias y llamó un carruaje que la llevara a la enfermería de la escuela, porque era claro que estaría allí, de lo contrario buscaría debajo de cada maldita piedra y la atraparía para cumplir su destino así tuviera que destruir cada reino del mundo de cuentos de hada, pensó mientras un destello verde dominaba sus ojos.
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Apple estuvo un rato pensando, aprovechando el estar postrada en cama para ello, lejos de un espejofono, de un libro o algo sobre que quemar sus nervios y ansias solo le quedaba enfrentar con honra sus demonios.
Escuchó como la puerta de la enfermería se abría revelando a los directores que se acercaron a ella lentamente.
—Es bueno verla despierta señorita White— Afirmo Milton.
—Sobre todo luego de su estado— Agregó Giles— Sabemos que su madre ha sido quien ha causado esto y… queremos que sepa que no consideramos que sea correcto, sobre todo por los motivos detrás de los actos de la reina.
—Ciertamente, tememos de la salud… mental de su madre y como termine esto para usted y para la señorita Charming— Admitió el más alto.
Apple miró a aquellos dos hombres con ternura antes de suspirar pesadamente, sabía que podía confiar en ellos con lo que habían dicho.
—Tengo miedo, el mismo que vosotros, pero, es todo tan incierto ahora— Admitió— Solo puedo decirles que no dejaré que mi madre dañe a Darling de nuevo.
—Nos alegra saberlo, porque tenemos la teoría de que usted y la señorita Charming tienen un amor verdadero, si continúan así ambas podrán contra todo— Afirmó Giles.
El director desvío la mirada a su espejofono, donde contesto una llamada, contestó algunas preguntas ante la atenta mirada de su hermano y la chica para decir luego.
—La reina viene en camino… Y viene por ti Apple.
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Snow White cruzó aquellos pasillos con determinación hasta llegar donde la enfermería, encontrándose a su hija más pálida que de costumbre tumbada en la camilla de la enfermería aparentemente durmiendo.
Se sentó a un lado de esta y con calma acaricio el cutis perfecto de su pequeña vástago, sonriendo.
—Mi perfecta hija… Debemos irnos— Afirmó.
Se levantó y se aclaró la voz.
—Arriba, pequeña dormilona— Canturreó alargando la última vocal de la frase— Tenemos que volver a casa, los Charming nos acompañarán esta noche.
Apple abrió los ojos con cansancio al escuchar todo el escándalo de su madre y hubiese deseado voltearse y no hacerle caso por lo que solo hizo un gesto cansado.
— ¿Pero por qué vendrán?— Preguntó con cansancio.
—Para hablar de adelantar tu compromiso con Daring, claro, así que en cuanto volvamos al palacio tú te vas a arreglar y te comportarás ¿O No?— Miró con cierta advertencia en sus ojos a la rubia.
Apple se puso nerviosa ante la actitud amable de su madre y al mirar sus ojos destellar en un color verde esmeralda un escalofrío cruzo su columna vertebral sabiendo que algo no estaba bien, por lo que solo asintió mansamente, lo mejor que podía hacer era hacerle creer que ella estaba dispuesta a obedecerle ciegamente luego de aquel severo castigo.
—Claro que si madre— Contestó con cierta condescendencia.
La reina satisfecha se acercó a la puerta de la enfermería esperando a que su hija le siguiese a pesar de su estado físico, Apple hizo un gran esfuerzo al levantarse y sentir como si todo su cuerpo clamara por calma y tranquilidad.
Así pues solo resolvió encorvarse levemente para que el dolor no fuese tan grande y le permitiese al menos llegar al carruaje sin desplomarse.
—Oh no cariño, parece que acostarte con una sucia exiliada te ha hecho olvidar tus modales— Dijo venenosamente la reina— La postura de una reina es siempre la carta de presentación… Erguida como el fuste un vigoroso roble y altiva como para atemorizar a un dios…— Entonó con orgullo.
—Solo así los que no conozcan tú nombre, podrán saber con solo mirarte que eres de la realeza. — Entonó la entonces reina Margaret White.
—Entiendo— Enderezó su columna. — Seré digna de todo lo que implica nuestra ascendencia.
—Con la muerte de Snow, no te queda de otra Griselda— Mencionó la mujer con cabello cano— Nuestro cuento jamás debe de morir, somos los guardianes de que la historia siga viviendo para mantener la magia de nuestro mundo intacta.
— ¿Si alguien no la sigue que pasará?— Preguntó curiosa.
Su progenitora solo hinchó el pecho como si fuese a gritar y abrió los ojos sorprendida antes de exclamar.
— ¡Nunca vuelvas a siquiera pensar en ello! Aquel que no cumpla con su destino desaparecerá y condenará a todos los personajes de su cuento al mismo cruel destino— Le advirtió— Todos somos piezas de un valioso destino a cumplir para asegurar el equilibrio.
Sentenció causando el silencio de la impostora.
Apple solo irguió su espalda recuperando su habitual porte aunque con solo realizar dicha acción sintiera como en su campo visual aparecían pequeños destellos a causa del dolor y por su cuerpo bajara lentamente un sudor frío.
Caminó con la frente en alto como toda una reina, pero por dentro su porte real se destruía poco a poco, algunos maestros observaban a la reina y la princesa, sin saber la situación, pero la realidad era que prácticamente nadie sabía que sucedía entorno a los White últimamente
La rubia comenzó a sentir como sus piernas comenzaban a debilitarse y el dolor la atravesaba como un rayo intenso, hasta que lo inevitable sucedió, Apple cayó al suelo abatida por el dolor. Al escuchar ese golpe seco Snow White que ya sabía lo que había sucedido solo resopló con cansancio y continuó su camino.
—Te espero en el carruaje y más te vale que llegues por tu propio pie…
Así quedándose sola Apple se impulsó con sus brazos sintiendo sus brazos escocer mientras de sus piernas cansadas a su abdomen un hormigueo recorría por completo, no fue hasta que un par de brazos fuertes la ayudaron a ponerse de pie, mirando felizmente que Cerise fue quien le levantó, al ver a más personas Madeline y Cupido la miraban con una amable sonrisa.
—Nos enteramos por los directores que no estabas bien— Habló con certeza Cerise— Venimos cuando supimos, para ayudarte.
—Y qué bueno que los helicópteros acudieron al manzano— Constató la hija del sombrerero loco.
—Además, se de buena fuente que ese misterioso caballero debe tratarse de Darling ¿No es SÍ?— Le sonrió cupido para ayudarle a Cerise a que Apple no hiciera tanto esfuerzo al caminar.
—Chicas…— Las miró con alegría— Muchas gracias, no sé cómo pagarles si quiera— Entonces pudo caer a cuentas de lo dicho por la peli rosa— Si…— Se sonrojo—Bueno… es que Darling y yo, somos novias pero, creo que eso no le sentó nada bien a mi madre.
—Créeme que lo noté, pero anímate Apple— La ánimo mientras le ayudaban a llegar a la entrada— Yo pude notar algo en ti y en Darling… Confía en su amor y ni habrá nada imposible para ustedes dos.
—Gracias, cupido, Cerise, Maddie— Sonrió.
Las chicas le ayudaron a llegar hasta la entrada, y de ahí Apple avanzó conteniéndose para lograr llegar erguida hasta el carruaje, donde su madre le miraba con tranquilidad.
—Créeme, ese compromiso será lo mejor para ti y tu perfecto destino
—Seguro que si madre— Asintió en silencio la muchacha para concentrarse en el camino al castillo.
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Darling despertó de su siesta por un par de golpes contra su puerta llamando insistentemente mientras que se levantaba de su lecho a regañadientes por haber sido despertada con tal abruptitud.
— ¿Qué ocurre?
Murmuró adormilada mientras bostezaba logrando escuchar de nuevo los golpes contra la madera. La rubia suspiró pesadamente y abrió la pesada puerta mirando a una muchacha de cabellos rojizos.
—Señorita Charming, la princesa demanda su presencia en su alcoba de inmediato.
—Eh…— No acostumbrada a aquel tipo de demandas solo sacudió levemente la cabeza antes de conectar nuevamente los cables en el interior de su cabeza para contestar con propiedad— Disculpadme, ¿a dicho de que se trataba el asunto?
La cortesana miró al caballero y negó en silencio sosegando un poco los humos de la rubia.
—Lamento molestarla, la princesa me ha dicho que esperara despertarla, pero es un asunto de urgencia según la princesa me pudo comunicar.
—Está bien— Suspiró al ver el rostro avergonzado de la pelirroja— Discúlpame a mí por mi rudeza— Se arrodilló y besó el dorso de su mano— Estaré con la princesa cuanto antes, muchas gracias por el aviso.
La muchacha pelirroja se sonrojó violentamente y asintió con una breve reverencia antes de marcharse por el pasillo. Darling sonrió al ver que en el reino ella podía dejar salir su caballero interno sin asustar a las mujeres, las cuales en el reino negro parecían estar habituadas y abiertas a la posibilidad de que una mujer pudiese ser más masculina o un hombre más femenino.
Darling se cambió con un nuevo pantaloncillo de piel negro, con una camisa azul lustroso de seda, se calzó las botas de montar y se dirigió a la habitación de su amiga llamando a esta con un par de golpes, antes de recibir una respuesta de que pasara.
— ¡Al fin Darling!— Exclamó la peli morada— Te has demorado demasiado.
—Lo lamento, dormía un poco— Admitió.
—Cómo sé que no lo has visto, debes ver esto en blog del espejo de Blondie— Exclamó.
Darling se acercó hasta la cama de la hechicera y esta le entrego su espejofono dejando ver el video donde Apple subía a su caballo con ella aun con su yelmo de caballero.
—Demonios…
—Lo más seguro es que Snow White ya se percató de esto y vaya a tomar medidas contra Apple— Anuncio Raven.
—Todo porque Blondie siempre mete sus narices en lo que no le importa— Exclamó con cansancio— Esto es malo, muy malo.
Dijo con nerviosismo descolgándose el diario del cuello comenzando a escribir.
— ¿No has recibido respuesta de Apple?— Le preguntó Raven.
—No, y me preocupa aún más por lo que me has mostrado.
—Las cosas se complicaran aún más ahora…
Darling solo asintió escribiendo furiosamente sobre el libro.
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Llegaron al palacio en breves, de manera en la que Apple aprovechó esto aunque adolorida para subir a su habitación y poder comunicarle a su amada todo lo que había sucedido desde su llegada al reino hasta ahora que era casi de noche.
Al abrir entonces su diario encontró una nota de la Charming;
"Quiero creer que desde tú llegada e has mantenido ocupada, pero espero una respuesta tuya pronto, estoy muy preocupada de que te haya sucedido algo"
"debes estar atenta, Blondie ha subido al blog del espejo un video donde bajas de mi corcel… me preocupo por ti"
Apple sonrió tiernamente, tenías varias notas más, casi como si Darling supiera que algo le había sucedido tras haber pisado el suelo real. Suspiró pesadamente y comenzó a escribir
"Llegué con bien, pero mi madre ya sabía sobre el video, me ha castigado y esta noche tendrá una cena con tu familia completa…"
"¿Qué podría querer tu madre con mi familia?"
"Reforzar su lealtad comprometiéndome oficialmente con Daring"
"¿Qué? No puedo creer que hayamos peleado una guerra y aun piense en lo mismo…"
"Estaré escribiéndote si pasa algo, por ahora debo prepararme para la noche"
"te amo, se prudente"
Apple solo sonrió con dulzura y encogió de nuevo el diario antes de poder hacer algo más, se dio una ducha, se volvió a vendar las heridas de forma torpe y se colocó el vestido que su madre había elegido para ella, los Charming no tardarían mucho en estar allí.
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Si Dexter debía ser sincero, a él nunca le gusto el reino blanco, lo suponía como una zona demasiado pretenciosa, su propio reino era un tanto más libre, sobre todo por las leyes que no lo obligaban a tomar un destino. Dexter solo sabía una cosa concisa de su destino; debía ser un príncipe.
En verdad, nunca pensaron que quizás el quisiese forma parte de alguna otra historia, pudiera ser que a él le gustara solo ser una sabio, quizás un hechicero en lugar de un príncipe, un caballero o un guerrero, todo lo que lo colocase en el papel de apuesto, valiente, fuerte y extremadamente varonil ¿Cómo estaría en aquel papel si él era más un ratón de biblioteca?
Al ver su carruaje abriéndose paso por las calles del reino blanco solo recordó lo infeliz que le hacía su destino, su obligación familiar, en la que Daring encajaba bien, misma en la que incluso Darling, su hermanita encajaba mejor que el mismo, y no tenía nada que ver con machismo su opinión (cómo en el caso de sus padres) no, para nada, él estaba orgulloso de saber que Darling era mejor caballero que él y su hermano juntos y que incluso, está ya había estado pelando en una guerra defendiendo sus ideales, el valor, el coraje y la nobleza que ella poseía era algo que superaba en demasía a muchos de los príncipes de Ever After High. Su problema estaba en que sus hermanos le ponían demasiado alta la vara ante sus padres.
Era humillante para Dexter admitir que él no tenía madera de héroe, así de sencillo, él era diferente, un espécimen único en su familia sin lugar a dudas.
Pronto salió sus cavilaciones para bajar del carruaje, arrastrado prácticamente por sus padres por los pasillos del palacio para presentarse ante una Snow White sonriente en la sala del trono, esa mujer nunca le agrado del todo al muchacho, siempre la creyó como una muñeca perfecta, pero vacía, sin alma, sin corazón, solo con la misión de ser en sí misma "la mejor" y lo era, pero ahora, siendo sincero, no tenía una forma muy concisa de cómo actuar ante ella, más que desprecio, sin embargo debía actuar agradecido, galante, noble, al servicio de ella como buen caballero, que no era.
Se encontró dichoso de que aquella bienvenida fuese rápida, sin más hipocresía de la que debía ser, hasta que le asignaron una habitación donde hospedarse y darse una ducha, celebrarían una cena en honor de su familia, a pesar del desastre de la guerra, ¿eso era al menos normal?
No lo sabía con certeza, pero algo le gritaba que no confiara en Snow White.
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Darling se mantuvo inquieta el resto del día, aquella noche su familia tenía una cena con Snow White, mujer que estaba de más decir que la odiaba, un suspiro tembloroso la recorrió tratando de no dejar volar demasiado su imaginación con el tema. No creía que Snow White fuese a dañar a uno de su aliados más valioso, si la intención era solo reafirmar el compromiso de Apple con Daring, quizás todo iría normal, tranquilo incluso.
No admitiría abiertamente nunca que una parte de ella anhelaba ser normal, por la comodidad que aquello le hubiera dado a sus queridos padres, por el bienestar que pudo haberle dado a su propia alma, por todos los hombres y criaturas que murieron en aquella horrenda guerra lanzada por su causa. Ser normal para no haber causado tantos problemas.
Una parte de ella se sentía tan bien de haberse liberado de estigmas y complejos ante su reino, la escuela y ella misma, pero otra pensaba que quizás, solo quizás las cosas pudieron ser diferentes. En otro universo ella era la princesa perfecta, se había enamorado de un chico y… firmaba el libro del destino por gusto.
Pero este no era ese mundo y solo iba a luchar por lo que su corazón creía correcto y ¡por todos los dioses! Estar con Apple se sentía tan correcto. Nada en su vida nunca se había sentido tan bien.
Se llevó una mano a sus cabellos peliblancos y soltó un gran suspiro, el frío de la noche esperaba y la calmara, pues de otro modo quizás no podría sobrevivir a aquella noche sin pegar pestaña.
Fue entonces que una presencia inesperada la hizo cambiar su mirada de las estrellas a buscar las pisadas sobre los suelos. Reconoció entre las penumbras a muchacha que la había llamado donde Raven y sonrió.
—Buenas noches…
—Buenas noches, señora— le devolvió el saludo con una leve reverencia. — ¿está usted bien si no es mucha indiscreción?
—Lo estoy, supongo— admitió— no conozco tu nombre…
—Soy Jazmín, mucho gusto.
La muchacha a una lado de ella que se había puesto a ver las estrellas igualmente era más baja que Darling, tomando en cuenta que Darling era una mujer alta, un poco más de metro setenta, por lo que la sirvienta en cuestión mediría metro sesenta, sus cabellos pelirrojos lucían un perfecto recogido y su rostro estaba impregnado de pecas pequeñas.
—El gusto es todo mío, señorita Jazmín— le sonrió la rubia besando caballerosamente su mano— Darling Charming…
—Conozco su nombre— se sonrojó la muchacha— es imposible no conocerla, desde que llegó su presencia ha conmocionado al reino.
—Espero no sea de mala manera.
—No lo es— aseguró— muchos y muchas han quedado cautivados con su belleza— admitió— se habla de su habilidad como guerrera, y su lucha contra Snow White.
—Me honra escuchar que no tiene mala impresión mía…— sonrió más tranquila. — ¿Puedo preguntarte por algo Jazmín?
—Claro, lo que sea.
—Por lo que he visto y me han dicho, ustedes no tienen… ¿cómo puedo explicarme?— se llevó una mano al rostro— ya sabes, prejuiciosos incitados por machismo u racismo.
—Debe ser más específica mi señora— afirmó la sirvienta.
—Verás, en mi reino, de donde yo provengo, sería impensable que una mujer marchara entre las filas de los caballeros, en realidad solo los hijos de la nobles pueden aspirar a ser caballeros— comenzó— ni se hable de una pareja homosexual, pero aquí— tomó aire— todo eso es tan normal, tan natural, sobre todo a las criaturas mágicas caminando libremente, siendo parte de su día a día, las mujeres en puestos importantes de guerra, parejas del mismo sexo, ¿todo ha sido siempre así?
—Lo ha sido siempre— sonrió— soy consciente de lo difícil que son los demás reinos, aquí, se nos inculca el amor y la lealtad a lo que dicta el corazón, se nos enseña a amar libremente y a demostrarlo cuando sea sincero— afirmó— las mujeres y los hombres tienen las mismas posibilidades y… bueno, las criaturas mágicas tienen el mismo derecho que nosotros a vivir en armonía, lo diferente de aquí para que estos principios funcionen están en que nuestra religión se basa en el amor y nuestras leyes no condenan a nadie más que al que hiera a los demás intencionalmente.
—Es hermoso— admitió Darling— quería escuchar todo eso de alguien que lleve su vida entera viviendo aquí, mil gracias Jazmín.
—Señora, no se preocupe por el futuro— le aconsejó la pelirroja— sé que ama a alguien, que las cosas no son potencialmente fáciles ahora, pero créame, la lucha del amor y la libertad es la única que vale realmente la pena— comenzó— las grandes riquezas se quedarán en este mundo si muere, el honor y la gloria son momentáneos, la aprobación de otros no pone el pan sobre la mesa y al final, lo único que prevalece sobre todo es la felicidad que pueda obtener del amor— le sonrió— tómelo en cuenta… yo debo dejarla, mañana comienzo temprano.
Se dio vuelta comenzando a caminar antes de ser detenida por la rubia.
— ¡Jazmín espera!— exclamó y cuando la joven volteó le sonrió— Mil gracias por tus palabras yo… en verdad lo necesitaba.
—No hay de qué, que tenga una buena noche señorita Darling— hizo un rápida reverencia siguiendo su camino
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Los Charming se refrescaron luego de su largo viaje y se colocaron algunos de sus trajes elegantes para cenar a la mesa de Snow White, un privilegio que a muchos les gustaría tener, pero que para los muchachos era su pan de cada día en algunas fechas importantes.
Snow White los miró con alegría, aunque tanto Daring como Dexter sabían que había una fuerte hipocresía tintando y llenando toda palabra o mirada que saliera de ella (más de lo normal), quizás una parte de ello por la guerra, porque eran hermanos de Darling o porque sospechaba que ellos contribuyeron a la fuga de la reina malvada y por lo tanto también de Raven.
—Me alegra que aceptaran mi invitación— sonrió complacida.
—Una invitación tuya siempre es un honor— Afirmó Lance.
—Somos aliados de cientos de generaciones — continuó la reina blanca— A pesar de las cosas sucedidas entre nuestros hijos— puntualizó la mujer.
—Qué puedo decir, no se puede culpar al manzano si la manzana que cae está podrida— agregó cantarinamente.
Apple quien apenas se iba incorporando a la mesa paró en seco al escuchar dicho comentario y solo miró a los presentes.
—Me disculpo por mi tardanza— hizo un leve reverencia— Rey encantador, reina blanca, mis disculpas, madre…
—Apple, que gusto verte— Se levantó el rey encantador de la mesa ayudándole a la doncella a tomar asiento empujando su silla.
—El gusto es mío majestad— habló respetuosamente.
Daring, Dexter y Apple intercambiaron miradas silenciosas, Apple tratando de comunicarles como su madre ahora mismo era algo engañoso y potencialmente peligroso para ellos, mientras que estos que trataban de disfrazar su incomodidad asintiendo silenciosamente a la charla, vigilando los movimientos de la reina, sin descuidar las vainas de sus dagas de ser posible.
—La guerra, a pesar de todo continua— suspiró pesadamente la reina— sobre todo porque de alguna manera la reina malvada logró escapar, ha sido una sorpresa que me dejó un mal sabor de boca, sigo buscando a los responsables de dicha traición a la corona.
Al escuchar esto Dexter se atragantó con su vino, fingiendo que no lo había hecho, Daring tomó una cuchará mirándose en el reflejo del cubierto de fina plata y Apple se concentró en un bocado de su ensalada.
—La reina malvada es un gran peligro— constató el rey— Ahora que está libre una cosa es segura, está en el reino negro y probablemente retomó las riendas de su monarquía.
—La cual nunca ha perdido, con Enrique al mando ella puede desaparecer y regresar a su antojo— agregó la reina blanca— Aun me cuesta entender como esos dos pudieron enamorarse… Enrique siempre ha sido un alma muy caritativa y benevolente.
—Hechizado, ¿cómo más?— preguntó con desdén Snow White— La magia es la especialidad de la reina malvada, con tal de tener una fuerza conquistadora pudo hechizarlo.
— ¿Y tú prisionera?— la miró Lance interesado.
—Liberada por su madre obviamente— Tomó un sorbo de su copa— tenemos que ponerle fin esta guerra ¿Y qué mejor manera que recordándole a nuestros súbditos que la casa Charming y la White siempre estarán hermandados?
— ¿Qué sugieres Snow?— Elevó una ceja la reina blanca.
—Adelantar el compromiso de Daring y Apple, por supuesto…
—Pero… ¿No son aún algo jóvenes?
Daring miró a sus padres y a la reina hablando de su libertad amorosa como si fuese una simple moneda de cambio y abrió un par de veces la boca consternado antes de atreverse a hablar.
—con todo respeto, sus majestades ¿No es eso una medida muy impulsiva?— Dijo respetuosamente siendo fulminado por la mirada de su padre— Creo que los súbditos mirarán esta unión y en lugar de sentirse seguros se sentirán con miedo ante la posibilidad de una amenaza tan grande que nos obligó a que adelantáramos nuestros destinos…
—Hijo, eso no pasará, además— lo miró con más firmeza el rubio mayor— te agradecería que nos dejes las tácticas políticas a nosotros, que tenemos la experiencia de nuestro lado.
Daring sabía que esa era su señal para no sobrepasarse y que su intento de postergar aquella unión no se mirase como un grito de negación que pudiese ofender a Snow White, quien a pesar de todo seguía siendo la mujer más poderosa de la tierra de los cuentos de hada.
— ¿Entonces que dicen?—Miro Snow a los reyes.
—Creo que… por la falta de nuestra hija y lo sucedido últimamente es una de las mejores soluciones posibles para ambos reinos— Suspiro Lance pesadamente.
— ¡No se diga más!— Celebró cantarinamente— Esto debe celebrarse, tendremos una boda en cinco días.
— ¿No es demasiado próxima la fecha?— Le interrumpió la reina blanca.
—Para nada, podría ser más pronto incluso— celebro la pelinegra — pero creo que es mejor así, para poder generar nueva soluciones a nuestros recientes problemitas
—Supongo…— Murmuró no del todo convencida la reina blanca.
—Llenen nuestras copas del mejor vino que tenga la cava— sonrió feliz la mujer— está gran noticia debe celebrarse con un brindis adecuado.
Los enanos ante la orden de la matriarca White se apresuraron a sacar las botellas y llenar las copas de todos los presentes, Lance y Snow White se pusieron de pie y fue Snow quien tomó prontamente la palabra.
—Por la dicha de una nueva era proveniente de la unión de nuestros reinos y la prosperidad bajo la mezcla de vuestras casas—Canturreó.
—Por una era de paz y alegría— Brindó el hombre.
"Salud" fue el grito que se hizo al derramar las copas unas con otras, aunque las únicas dos voces que no se unieron al coro fueron la de dos rubios que se miraron con angustia y preocupación al chocar su copas ante la atenta mirada de sus progenitores.
Todo pintaba muy mal ahora.
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Continuará…
