n.a: para desgracia de todos aún no muero y por ende sugarbombs aún no acaba
n.a2: ¿he mencionado ya que apesto escribiendo romance? creo que vale la pena repetirlo, APESTO escribiendo romance
17.
Bakugou tarda un poco en darse cuenta.
No es que él sea particularmente un desastre en lo que respecta a ello, y es consciente asimismo de que le gusta conservar cierto orden— sino en su vida y emociones de foco a medio fundirse (que se prende y se apaga y se vuelve a prender pese a que está mejorando en predecir cuándo habrá un apagón y cómo controlarlo, en serio—) al menos sí en su habitación y dónde va qué cosa.
Le irrita sentirse desorientado okay. Incluso si es para encontrar un par de calcetines.
Así que para resumir: Bakugou se percata de manera vaga, porque no es idiota y es claramente obvio.
Pero tampoco piensa mucho al respecto.
—
Entre los ataques de villanos cada vez más recurrentes y las lecciones y tareas de Yuuei cada vez más exigentes y el tiempo que pasa en compañía del resto y Uraraka y luego sólo en compañía de Uraraka, Bakugou tiene el lujo, de algún modo, de olvidar momentáneamente que algunas de sus playeras y sudaderas no están donde él las puso. O en algún otra parte de su cuarto. O que sencillamente no están, punto.
Ocurre de una en una y al azar, sin orden específico, y como si... como si hubiesen cobrado vida propia y decidido huir al arrastrarse hasta la puta ventana y más allá, impulsadas únicamente por una inherente rebeldía entre sus hilos y canciones antiguas de rock n' roll. Si esto fuese cierto Bakugou podría cabrearse y maldecir un rato por las ridículas decisiones de su ahora sentiente ropa pero pronto olvidarlo al concentrarse en cosas Que Sí Importan otra vez. La cosa es que no sucede así.
Y si Bakugou se obliga a detenerse un minuto y pensar sobre el tema— puesto que el mundo no se irá a ninguna parte al contrario de su estúpida ropa— es porque vuelve a encontrar las prendas cuando las da por perdidas y decidido que comprará otras como reemplazo.
Empieza con su playera de "La antorcha humana" que Deku le obsequió a modo de broma a principios del segundo año por su reconciliación oficial pero que Bakugou igual usa con fastidio, doblada prístinamente encima de un par de libretas tras tres días de no hallarla. Luego continúa con una sudadera negra con calaveras en las mangas que tiene desde primaria tirada con algo más de descuido al lado de su alarma en el buró, habiendo desaparecido esta por una semana. Después es su otra sudadera con el estampado del EVA de Asuka, tras desaparecer dos semanas y medio, como burlándose de él colgada detrás de su puerta al dignarse a regresar.
Eventualmente Bakugou pierde la cuenta y deja de sospesar la posibilidad de que haya un ladrón en Yuuei o de contárselo a Uraraka, también.
Por principio Bakugou es alguien privado. Y una vez se asegura que no su ropa no desaparece permanentemente puede admitir para sí mismo que es algo medio ridículo.
(Uraraka no se reiría, pero a Bakugou le agradaría conservar cierta dignidad.)
Así que tras confirmar que nunca tienen manchas u hoyos en la tela ni están prendidas en fuego y tampoco parece que hayan vuelto por voluntad propia de un viaje a través de todo Japón habiéndose hartado de las maravillas fuera de la puta ventana y más allá, ni mucho menos se trata de una broma por parte de Kaminari y Sero "nunca entramos a tu cuarto hombre, por qué habríamos de mentir—" Bakugou deja nuevamente de prestarle atención a esta peculiaridad.
Ni siquiera lo hace con intención pero tiene todavía todas estas prioridades tocándole los cojones, hola.
(Si hay algo que le resulta imposible pasar por alto, no obstante, es el ligero olor de azucenas con azúcar y Algo Más que siempre desprende su ropa al reaparecer. Y de esto sí se percata de inmediato. Porque Bakugou no tiene detergente de azucenas, y detesta cualquier golosina.
Y aún así es... agradable.)
La gravedad que le cae encima.
—
En su defensa personal Bakugou no tiende a mirar.
A diferencia de los demás chicos del 3-A él no encuentra tan entretenida la simple acción de observar durante horas al objeto de sus afectos (ew) o fijarse en todo lo que las personas a su alrededor usan o dejan de usar. No es que esté ciego, tampoco, pero— pero las cosas o los nombres fuera de una batalla jamás han sido una de sus prioridades. Es bastante justificable, en su opinión.
No es sino hasta que Uraraka entra a su cuarto un día como cualquier otro y lo saluda de beso estando él en su escritorio al terminar unos apuntes y algunas hebras de su cabello le hacen cosquillas en la mejilla como brocha de pincel sobre papel nuevo que a Bakugou lo golpea la revelación. De manera metafórica, por supuesto.
Es el olor lo que se lo indica, el mismo olor.
No de azucenas pero sí de azúcar y Algo Más, sudor y mejillas arreboladas y perfume de fresa, un cosquilleo en la parte media del estómago. Su boca repentinamente seca, casi hirviendo.
Bakugou se deja besar por ella, un poco estupefacto, y sólo cuando Uraraka se aparta abre los ojos.
— Esa es mi playera —dice él de forma estúpida. Uraraka alza una ceja en confusión y Bakugou quiere propiciarse un golpe—. Estás usando mi playera —insiste, a pesar de todo. Y sería maravilloso si pudiese callarse.
— Ahá, eso hago —responde ella, pero suena más como pregunta.
A Bakugou le cuesta comprenderlo.
Es realmente una de sus playeras y Uraraka realmente la está usando y le queda realmente grande y el logotipo de una banda de metal luce realmente fuera de lugar en ella pero al mismo tiempo no porque es suyo y— y— Uraraka usa detergente con aroma a azucenas.
— Bakugou-kun–
— Nada, no es nada —interrumpe Bakugou en cuanto logra conectar sus neuronas a la fuerza, a base de presión y despotricando internamente—. No pasa nada mierda, es sólo... estás usando mi ropa.
— Bakugou-kun —repite Uraraka, con sólo un atisbo de exasperación, y de inmediato—. Oh. ¡Oh! No sabías– creí que– no es que lo hiciera en secreto o algo pero– simplemente asumí– Uhm. Ya.
— Ya.
Es incómodo de todas las posibles maneras porque no debería serlo. Es decir, pensándolo con detenimiento era una conclusión obvia, ¿no? Que Bakugou jamás se fijara no significa— ¿pero honestamente no se fijó—?
Todas las ocasiones en que Uraraka entró a su cuarto y tomó o devolvió una prenda—
— Si te molesta tanto puedo quitármela —sugiere ella, a la defensiva.
Bakugou se obliga a respirar hondo, ya considerando todas las piezas en el tablero.
Dignidad, muchas gracias.
— Si te quitas esa playera juro que me arrancaré la lengua en este instante —atina a decir, y sus orejan están rojas. Uraraka parpadea, dos veces, y no logra contener una risa incrédula. Pero la ansiedad abandona su postura. Y Bakugou quiere abrazarla—. Sólo. Ugh. Ignora que todo esto sucedió, maldita sea. Voy a abrazarte ahora, ¿okay?
Uraraka apenas tiene oportunidad de asentir.
(porque cabe la posibilidad de que Uraraka usando su ropa fuese algo tan natural a su modo de ver que Bakugou nunca notó la diferencia entre la transición de la tela rosa vibrante a los naranjas más opacos. Como libro siendo guardado en un estante y "Perdona por asustarte hace rato" y "Quién demonios se asustó, uh" y "Ropa sentiente, ¿en serio?" y "TedijequeloignorarásDios.")
Bakugou hunde el rostro en su cuello y su corazón no desafina ni una vez al confesar, bajito:
—...Te queda bien, sabes.
Uraraka le devuelve el abrazo. La sonrisa derritiéndose. Y azucenas.
— Lo sé.
