Disclaimer: Esta historia no me pertenece, los personajes son de S. Meyer y la autora es iambeagle, yo sólo traduzco.
Disclaimer: This story doesn't belong to me, the characters are property of S. Meyer and the author is iambeagle, I just translate.
Thank you iambeagle for trusting me with your story!
Capítulo 19
Acción de Gracias transcurre sin acontecimientos.
Paso la festividad con Charlie, a pesar de la invitación de Esme de ir a cenar con los Cullen. Supongo que después de que Edward le dijera que yo no iba a ir, ella me mandó el correo para asegurarse de que yo supiera que era bienvenida. No creo que él le haya contado todo, pero debió ser suficiente para dar a entender el punto: lo que sea que estuviera pasando románticamente entre nosotros ya no existía. Le contesté, rechazándola amablemente con la excusa de que mi papá me estaría esperando.
Pensé que estar en Forks sería una buena distracción. Y lo es, durante la primera hora. No hay mucho que hacer y no significa que Charlie no sea un gran anfitrión. Es sólo que… él prefiere ver fútbol y beber cerveza, lo que me da mucho tiempo a solas para pensar. Y ya he hecho suficiente de eso.
He pasado semanas repitiendo en mi mente mi pelea con Edward. He tenido una infinidad de noches sin dormir ya sea reprochándome por cómo manejé las cosas o enojándome de nuevo con él por todo el asunto.
Quizá sí me precipité al terminar con él. Lo sé. Pero en la realidad… ¿no iba a pasar eso tarde o temprano? Una relación a larga distancia ya es lo suficiente difícil, súmale mis problemas de confianza y su deliberada mentira… de ninguna forma habríamos durado.
A pesar de todo eso… lo extraño. E incluso si lo perdono, sigue siendo confuso.
Luego de la cena, Charlie no se retira a su sillón como asumí. En lugar de eso, sugiere que juguemos Scrabble.
Jugamos como siempre lo hacemos, la forma en que hace que Scrabble sea divertido de verdad – usando solamente jerga. Charlie baja sus letras, formando la palabra "chido" y me suelto riendo. Alza las cejas a modo de reto y le da un trago a su Rainier.
—Tal vez debamos empezar a usar nuestras palabras en una oración. Tengo la sensación de que sería increíblemente gracioso escucharte usar la palabra chido.
—No intentes avergonzar a tu viejo.
—No lo hago —replico sonriendo—. Tú solito lo logras.
—Sí, sí. —Se ríe entre dientes—. Y dime, ¿cuánto tiempo te quedarás?
—Sólo hasta mañana. La novia de Em me prestó su carro, así que debo regresárselo.
Charlie sonríe tras su bigote.
—¿Em tiene una chica?
—Sí.
—¿Qué hay de Edward?
Mantengo la vista en las letras.
—No que yo sepa.
—Huh.
—Se mudará en enero, estoy segura de que tendrán un montón de rubias excéntricas en LA para elegir.
Charlie sonríe.
—Apuesto a que no si de ti depende.
—No es así. No depende absolutamente de mí. De hecho, depende tan poco de mí que ni siquiera sé por qué hablamos de esto.
—No tienes buena cara de póquer, niña.
Ignoro su conocedora mirada y deletreo la palabra "onda".
—Debí heredar eso de ti —digo, agarrando la bolsa de letras.
—Ciertamente no lo heredaste de tu madre. Ella es difícil de leer.
—Sí. Es muy buena en eso de no tener emociones. —Charlie se queda callado y bebe su cerveza—. ¿Por qué nunca saliste con nadie después de que ella se fue?
—Pues sí lo hice. Sí lo he hecho.
Agrando los ojos.
—No lo sabía.
—Pues no voy a andar presumiéndolo por el pueblo. No es mi estilo.
—Cierto. Sólo pensé… no sé. Tal vez Renee te afectó emocionalmente y decidiste estar solo para siempre. —Como yo.
—¿No es eso un poco dramático?
Una vez más, como yo.
—No sé —digo.
—Eso está en el pasado. Si siguiera aferrándome a lo que sucedió con Renee, no sería saludable.
Evito su mirada.
—Cierto.
—¿Todavía tienes… problemas por su partida? —Puedo ver que no es fácil para él navegar este tema. Y no necesariamente quiero entrar en detalle de todo, pero aprecio que lo intente.
—Pues no es como que llore todas las noches ni nada así. Es fácil quitarle importancia, pretender que todo está bien, pero… esa fachada sólo pude durar cierto tiempo. —Sigo con la vista baja—. En definitiva, creo que me afectó más de lo que me doy cuenta. Especialmente cuando se trata de… relaciones —admito con reticencia—. Como sea. Confiar en la gente es difícil supongo, así que básicamente estaré sola para siempre.
—No estarás sola, tienes a tu viejo.
—Lo sé. Pero… —le dedico una mirada— es diferente.
—Te entiendo. —Bebe su cerveza—. ¿Algo de esto tiene que ver con Edward?
—Tal vez.
—¿Qué sucedió?
—No lo sé. —Reorganizo mis letras y murmuro—: A veces me da miedo que algo bueno no sea duradero.
Charlie me estudia por un momento.
—Esa no es forma de vivir, Bells.
—Ni de mierda.
—¿Has pensado en hablar con alguien?
—Estoy hablando contigo.
—Alguien con un título elegante —aclara, y me encojo de hombros—. Hay ciertas cosas que yo también he tenido que superar. Todos tienen sus mierdas. Sólo tienes que estar dispuesta a hacer el esfuerzo y enfrentar tu trauma. Tienes que confiar en ti lo suficiente para saber que puedes escarbar a fondo. Al final, creo que todos nos debemos eso a nosotros mismo.
Eso es muy inesperado.
—Bien, Dr. Phil, ¿has visto a mi papá? Es más o menos de tu altura, tiene un bigote enorme y típicamente no dan tan buenos consejos.
Charlie se ríe y sacude la cabeza.
—Dame algo de crédito. Escucho un podcast de ayuda personal de vez en cuanto. Está chido.
Sonrío y sacudo la cabeza.
—Nunca más vuelvas a usar esa palabra, por favor.
Su sonrisa es tímida cuando dice:
—Sólo intento mantenerme en onda.
XXX
Cuando apenas pasan de las diez, Charlie y yo nos retiramos a nuestras habitaciones. Vago por Instagram un momento, luego lo cierro rápidamente. Las publicaciones de todos son felices y brillantes, están llenas de familia, amigos y comida. Sé que es sólo en redes sociales y que la gente sólo comparte el carrete con los momentos destacados de sus vidas. Sólo que preferiría no ver todo eso esta noche.
El que no quiera estar en Instagram no significa que no me sigo sintiendo un poco masoquista. Abro mis mensajes y bajo hasta el nombre de Edward. No tengo que leer su último mensaje para saber que dice porque he pasado una vergonzosa cantidad de tiempo releyendo nuestras conversaciones. Son lindas y coquetas con expresiones de amor y simplemente no puedo.
O tal vez sí puedo. Tal vez mi charla con Charlie me hace sentir vulnerable, obligando a mi orgullo a retroceder por un momento. Así que le envío un mensaje.
¿Emmett intentó llevar su salsa de marihuana de nuevo este año?
Es un patético intento de comenzar una conversación, pero es todo lo que tengo. Responde inmediatamente.
Nah.
Es todo. Nada más. Estoy dividida entre aceptar el hecho de que probablemente no merezco nada más de él y molestarme porque eso es todo lo que él está dispuesto a dar. Pero entonces la burbuja de sus mensajes aparece de nuevo.
Parece que Rose lo cambió para bien.
Si está intentando lanzarme una pedrada a mí o a nuestra efímera relación, no funciona.
¿Qué tal Forks? Escribe.
Aburrido. ¿Qué tal el clan Cullen?
Te extrañan.
¿Eso te incluye a ti? Escribo, luego lo borro. No es justo de mi parte preguntarle eso. Probablemente ni siquiera es justo que le haya mandado el mensaje en absoluto. Apenas hemos hablado desde nuestra pelea. Ha estado muy callado en la casa con ambos escondiéndonos en nuestras habitaciones o simplemente no estando ahí para evitar encuentros incómodos. Cuando nos hemos visto, ha sido muy tenso. Algo raro. Y para ser honesta, carajo, lo detesto.
¿Sigues ahí? Pregunta.
Sigo aquí.
Y entonces me está llamando. No es sólo una llamada, es FaceTime.
—Oh, qué bueno. —Suspira dramáticamente, está acostado en su cama en casa—. Sí eres tú.
—¿Qué? —mi parte de la pantalla está algo oscura, así que enciendo la luz junto a mi cama matrimonial.
—Supuse que alguien había secuestrado tu teléfono o que fuiste abducida por extraterrestres.
Le ofrezco una sonrisa tímida.
—¿Por qué?
—No estaba seguro de por qué repentinamente me habías contactado.
Sus palabras llenan de remordimiento mi corazón.
—¿Y los extraterrestres eran una posibilidad?
—Más que el que tú entraras en razón, sí.
—Golpe bajo, Cullen.
Se pone un poco serio.
—¿Es raro que te haya llamado por FaceTime?
—Sí y no —respondo con honestidad. Nos miramos el uno al otro un par de segundos antes de que yo diga—: ¿Qué fue lo mejor que comiste hoy? Explícamelo con muchos detalles, por favor. Entre más adjetivos, mejor.
—¿Asumo que no tuviste el mejor Acción de Gracias?
Me acuesto de lado, apoyando el celular en mi otra almohada para no tener que sostenerlo.
—Pues Charlie no es el mejor cocinero, así que básicamente yo estuve a cargo de todo.
—Entonces, ¿estás diciendo que no había nada comestible?
Aprecio el sarcasmo porque, por un segundo, hace que las cosas se sientan normales entre nosotros. Y no normales románticas, sino la forma en que siempre hemos sido el uno con el otro – mejores amigos con un poco sarcasmo entrelazado con coqueteos.
—Dios. Otro golpe bajo. ¿A qué debo este honor?
Sus labios se presionan en una sombría sonrisa.
—¿Qué puedo decir? Soy un hombre despechado.
Estoy a punto de disculparme, pero me detengo. Porque también estoy despechada. Él no es el único afectado por esta situación.
—También estoy lastimada —susurro.
Su mirada su suaviza por un momento.
—He extrañado esto.
Mi corazón se salta un latido.
—¿Qué?
—Hablar contigo. Bromear contigo. Tan sólo… a ti.
Sus palabras tiran de mi corazón. Con fuerza.
—También te extraño.
—Bien. ¿Ya terminaste de ser ridícula?
—Edward.
—¿Qué? Es una pregunta válida.
—Pues me hace sentir de mierda. —Mis ojos se apartan de la pantalla—. Estás menospreciando la forma en que me siento, y no lo aprecio.
Una mirada de sorpresa se posa en su cara.
—Lo siento. Esa no era mi intención. En absoluto.
Suspiro.
—Tengo permitido estar enojada, ¿de acuerdo?
Asiente.
—Supongo que es porque… me voy a ir pronto. De verdad no quiero que mis últimas semanas en Seattle sean así entre nosotros.
—Pues yo tampoco quería que esto pasara.
—¿Y bien?
—Y bien, ¿qué? ¿Qué esperas qué haga?
Su cara se ve abierta, seria.
—Perdóname.
—No se trata de que no te haya perdonado ya, es que… tenía miedo antes, ¿imagínate cómo me siento ahora? —exhalo otro suspiro—. Me mentiste. Es como… es la única jodida cosa que necesitaba que no hicieras, Edward.
—No hay nada que pueda hacer para arreglarlo, ¿cierto? —pregunta, todo trazo de esperanza se ha ido de su voz.
—No lo sé —digo honestamente—. No sé qué necesito. ¿Tal vez tiempo? —exhala y asiente—. Pero, ¿puedo preguntarte algo?
—Por supuesto —dice tranquilamente.
Aparto la mirada de la pantalla por un segundo.
—Cuando estábamos peleando y me pediste que me mudara contigo a LA… ¿hablabas en serio?
—Cien por ciento serio.
—¿Por qué no lo mencionaste antes?
—Porque estaba preocupado.
—¿Acerca de qué?
—Que sería mucho, muy pronto. No para mí, para ti.
—Oh.
—Pensé que te espantaría. Finalmente tenías un trabajo nuevo; estábamos en una relación nueva con planes de mudarnos juntos dentro de un año. No estaba seguro de cuánto más estabas dispuesta a… ceder.
—¿Y creíste que soltarlo de golpe durante una pelea era un buen momento para mencionarlo?
Vacila, inseguro.
—Supongo que estaba desesperado. Sentía que era la única forma en que podía mostrarte lo serio que me sentía respecto a nosotros.
Pienso en ello.
—¿Así que fue como un pase Ave María*?
Su sonrisa es pequeña.
—¿De verdad estás usando referencias de fútbol?
—Estuve con Charlie todo el día; dame un descanso.
—En cierto sentido, sí. No tenía nada que perder aparte de ti. Y eso ya estaba pasando, así que… sí.
—Yo… yo lo siento.
—No, Bella. Yo…
—No, en serio. Lamento estar tan, tan jodida emocionalmente para estar contigo.
—No estás jodida emocionalmente.
—Lo estoy. Tenías razón al decir que estaba esperando que algo pasara. Estaba esperando la gota que derrama el vaso y eso… no es justo para ti. En absoluto. —Mis ojos escuecen y presiono la cara contra la almohada por un segundo—. No me malentiendas. Sigo enojada porque me mentiste. Sé que en el fondo no intentabas ser malicioso. Pero… sigue doliendo.
—Lo siento, Bell. De verdad.
—Lo sé.
Sostiene mi mirada hasta que tengo que apartarla.
—¿Puedo preguntarte algo a ti? —pregunta.
—Sí.
—Si estás tan consciente de por qué te estabas alejando de mí… ¿por qué no intentas trabajar en ello?
Una pregunta jodidamente buena.
—¿Porque no sé dónde comenzar? Y eso es sólo una parte de este desastroso rompecabezas. Tú te vas a mudar. Va a ser difícil.
—¿No crees que estar juntos valga la pena?
—Eso no es lo que estoy diciendo —replico.
—Pues… esencialmente sí. —Frunce el ceño—. Si la distancia te asusta, entonces ven conmigo. La oferta sigue en pie. La oferta siempre estará en pie.
—Tengo un trabajo nuevo aquí; uno que de verdad me gusta. Finalmente me siento parte de un equipo. Y… soy jodidamente buena en esto, Edward.
Asiente mientras hablo.
—Lo entiendo. De verdad. Me pone muy feliz escucharlo, Bell. En serio.
—Gracias —digo suavemente.
—Pero… tengo que ser egoísta. De verdad desearía que vinieras conmigo. —No sé qué decir ante eso—. No intentaré presionarte a nada. No me sentaré a aquí a intentar convencerte de que estés conmigo de nuevo. Es demasiado humillante. Te mostré todas mis cartas y sabes cómo me siento. Ahora lo que sea que pase depende de ti.
—Eso es mucha presión.
—No tiene que serlo —dice con facilidad—. Pero quiero que las cosas sean normales de nuevo. Si no puedes estar conmigo de esa forma, entonces al menos me gustaría que sigamos siendo amigos. Odio intentar evitarte. No me hace feliz.
—A mí tampoco —murmuro—. ¿De verdad crees que podemos ser amigos después de esto?
—Sí. Sé que yo puedo. Pero tú vas a tener que descubrir qué es lo mejor para ti.
—Yo… creo que podemos volver a ello lentamente. —Un alivio llena mi pecho—. No quiero perderte por completo.
Nos quedamos en silencio unos momentos, pero no es enteramente incómodo.
—Escuché que no has confirmado para mi fiesta de despedida. ¿Estás intentando no ir?
Me muerdo el labio.
—No estaba segura que debiera ir.
—Literalmente eres la única persona a la que quiero ahí. Así que ve por favor.
—Bien.
—¿Bien? —repite.
—Ahí estaré. Por supuesto que estaré ahí, carajo.
—Muy bien. —Cuando sonríe, es una pequeña y no llega a sus ojos. Se ve como el epítome de un hombre que aceptará lo que pueda tener y eso lastima mi corazón—. ¿Cómo está Charlie?
—Está bien. Regresa a trabajar mañana, así que regresaré a la ciudad.
—¿Vendrás con nosotros a cortar un árbol?
—No sé si regresaré antes de que oscurezca.
—Iremos el sábado entonces.
—No cambies tus planes por mí.
—¿Por qué no? Es una tradición. Además, cambiar un plan no es algo tan grande para mí. Especialmente cuando te involucra.
—¿Vas a seguir haciendo eso?
—¿Qué?
—Haciéndome sentir culpable.
—No. Perdón. —Se aclara la garganta, se rasca la mandíbula—. Supongo que es mejor que te dejé.
—¿Qué? No. Quiero platicar.
—¿De qué? —pregunta con gentileza.
—De cualquier cosa. De todo.
Así que lo hacemos. Hablamos hasta las dos de la mañana, hasta que estoy bostezando e intentando con todas mis fuerzas no quedarme dormida. Edward me anima a dormirme, recordándome que el viaje de regreso será horrible mañana – hoy – si no duermo un poco. Tiene razón, así que nos despedimos. Y cuando accidentalmente le digo que lo amo, él lo dice también con todo su corazón.
*Un pase Ave María se refiere a cualquier pase largo hacia adelante en la desesperación de tener una pequeña posibilidad de éxito para anotar, es usado cerca del final de un tiempo.
Estos dos me apachurran el corazón. Me los imagino perdidos en un laberinto, intentando encontrar su camino el uno al otro, pero primero debiendo superar los obstáculos que los separan.
Espero que les haya gustado el capítulo, como siempre no olviden dejarme sus comentarios. Me encanta leer lo que piensan 😉
