•NotitaDeLaAutora:
Capitulo en universo alterno, con OoC y varios debrayes más. Tardé un poco en subirlo pero aquí está.
Disclaimer: Ni Bleach ni sus personajes me pertenece, solo los uso para satisfacer mi imaginación.
- 16 -
Lo primero que sintió Rukia fue el fresco de la mañana. Había caído una nevada durante la noche dejando una fina capa de nieve sobre las cosas y sobre los árboles que se vestían de blanco. Al asomarse por la ventana la imagen le hizo sonreír por todas las veces que había salido a jugar en la nieve y segundos después se transformó en un escalofrío al recordar lo blanco del cuarto donde había estado encerrada.
Cerró los ojos para espantar esa memoria y tratar de que no empañara su día. Respiró el aire frio que refrescó su cuerpo y le dio calma. Sonrió de nuevo y se dispuso a arreglarse antes de comenzar el día.
El estómago le gruñía con cada paso que daba al bajar las escaleras de La Fortaleza hacia la planta baja. El elevador estaba ahí pero ella no lo usaba, le gustaba más caminar, era como su ejercicio de la mañana y realmente no sentía prisa por llegar aunque el estómago le doliera por el hambre.
El ruido en la cocina la hizo sonreír. Ahí estaba Orihime comiendo y viendo como los gemelos estaban peleándose por la comida. Era algo que le costaba asimilar, llevaban días comportándose así, como si tuvieran mucha hambre y ella también.
- Rukia-chan – Orihime la saludó dándole un espacio junto a ella y dejándole ver un plato con comida completamente lleno que supuso se lo había apartado. – Separé esto para ti por si los gemelos se lo terminaban todo.
- Me sorprende que aun quede comida – Murmuró Ulquiorra a la nada haciendo sonreír a las chicas y protestar a los gemelos que estaban enfrascados en una pelea por la ultima hamburguesa.
Los desayunos siempre habían sido medidos de manera que pareciera que un nutriólogo los preparaba de tal manera que no importara cuanto o qué comieras, todo estuviera bien en ti; pero desde hacía unos días el desayuno eran carnes, carbohidratos, azucares y café. Todo en cantidades industriales y todo se acababa.
- ¿Isshin-sama y tu papá comen antes, verdad? – preguntó Rukia pensando en si quitarles o no la hamburguesa en cuestión. Los desayunos se habían vuelto más relajados y poco a poco se abría la comunicación entre todos menos con Ichigo.
- Si, ellos comen antes o en su cuarto… lo que queda aquí es para nosotros – confirmó su amiga antes de morder un pan enorme con mermelada.
- No te atragantes, no quiero llegar tarde – volvió a decir Ulquiorra a la nada pero Orihime asintió y los gemelos lo ignoraron porque no era su asunto.
- ¿Van a salir? – preguntó Rukia curiosa porque se suponía que ellas iban a salir ese día a comprar cosas para la cena de navidad el día siguiente.
- Ulquiorra-san se ofreció a acompañarnos a comprar lo que necesitemos. Él también comprará cosas para él – respondió de forma natural.
La expresión neutra del pelinegro no cambió en nada pero los gemelos se quedaron en silencio como si hubiese pasado algo importante.
- ¿Quién eres y qué le hiciste a Ulquiorra? – preguntó Ichigo con una salchicha en un tenedor a medio camino a su boca. Kaien se levantó rápidamente y le tocó la frente comprobando que no tenía temperatura.
- ¿Nos traerás chocolates? Deja te encargo unos adornos divinos – Kaien empezó a decir porque lo que había pasado ahí jamás en su vida se lo hubiese imaginado.
Ulquiorra solo los ignoró y se levantó de la mesa dejando los trastes en el fregadero con la voz de sus primos haciendo comentarios y burlas. – Las veré afuera. – Se limitó a decir y se fue dejando de nuevo a los gemelos sorprendidos.
- No entiendo qué tiene de malo en que él salga a comprar. – Habló Rukia molesta por la actitud de los gemelos. Ulquiorra no hablaba mucho pero había sigo cortés con ellas en los últimos días.
- No, no lo entienden – explicó Kaien porque Ichigo volvió a su comida ignorando a la pelinegra como si ella no existiera. – No es el hecho de que salga a comprar. Él es muy capaz de hacerlo y tengo que admitir que le encanta comprar libros cuando salimos. Lo extraño es que él salga con ustedes. ¿Si me explico?
Las chicas solo se le quedaron viendo como si estuviera diciendo cosas sin sentido. Kaien soltó un suspiro buscó la manera de cómo explicar mejor.
- Ulquiorra no se ofrece a salir. Piensa que es una basura salir a comprar y de preferencia evita a las personas. Odiaba el tema incluso cuando Riruka se lo mencionaba. Nunca salió con ella aunque ella se lo pidiera, menos él se habría ofrecido.
Habló Ichigo dejando sus platos sucios en el fregadero para salir de ahí sin pena ni gloria. El tono que usó fue como si ellas fueran estúpidas. Como si ellas ya lo debieran de haber sabido. Eso enojó a Rukia pero no le pudo decir nada. Solo de pensar en pegarle los musculos se le tensaron y sintió como el dolor le recorrió todo el cuerpo.
- ¿Estás bien, Rukia-chan? – preguntó Orihime preocupada al verla hacer una mueca. Kaien que aún seguía ahí se preocupó por eso y se acercó a ella.
- Si, es solo que… no se pasa el dolor. Me duele el brazo y todo el cuerpo como si hubiese levantado algo muy pesado – explicó a su amiga bajo la atenta mirada de Kaien que seguía ahí pendiente. – Desde hace días estoy así…
- ¿Desde hace tres días? – Preguntó Kaien en un tono serio y Rukia asintió sin saber cómo eso podría ayudarla. – Toma, esto te va a ayudar. – Le ofreció una taza de café sin azúcar. Rukia no sabía cómo reaccionar a eso ni en cómo le ayudaría pero la insistencia de Kaien la hizo beberlo.
Poco a poco el dolor fue pasando y se empezó a sentir mejor. La tensión en el rostro de Kaien se relajó y se despidió de ellas saliendo de ahí.
- Si quieres no salimos – se ofreció Orihime pero Rukia negó con la cabeza. Se sentía extrañamente bien después de beber el café. De haber sabido antes que el café le iba a quitar el dolor lo habría tomado antes en vez tomar pastillas para el dolor.
La cena de navidad era tranquila. Rukia pensaba que quizás invitarían a alguien pero no fue así. Solo estaban ellos y cuando se volvieron a sentar en la mesa se sentía más grande. La ausencia de las burbujas se notaba y quizás era lo que hacía que todo estuviera en calma.
- No estamos todos pero estamos con amigos y que mejor manera de estar esta noche si no es con las personas que son importantes para nosotros. Salud.
Brindó Isshin antes de que iniciara el banquete. Era una noche para estar con los seres que una quería más allá del significado religioso que se le daba y agradeció el estar ahí y no tener que pasarla sola ese año.
También agradeció que no la dejaran sola porque ella no hubiese sabido que hacer y todo era gracias a Orihime.
- Yo tengo un regalo para ti, Rukia – habló Sora dándole una pequeña caja cuando estaban en la sala abriendo los regalos. Ellas habían comprado varios el día que salieron con Ulquiorra además de los pastelillos que estaban comiendo en ese momento. Rukia lo miró curiosa y empezó a abrirla después de agradecerle a su tutor legal. – Tómalo como un regalo de cumpleaños adelantado.
Comentó al ver la confusión en la mirada de Rukia. Eran las llaves de su casa, en la que había vivido con Kouga.
- Es tu casa, así que no te estoy regalando nada propiamente pero yo volveré a la capital en un par de días. Te trajimos a esta mansión para cuidarte pero no te puedo obligar a quedarte, si lo deseas puedes volver a tu casa. Lo mismo para ti, hija mia – habló mirando a Orihime con una sonrisa. – Y si quieren pueden vivir juntas. Sea cual sea la decisión que tomen estará bien, solo quiero que se cuiden.
- Yo… yo no sé que decir… Gracias Inoue-sama – respondió Rukia confusa pero agradecida.
- Esperen… yo también tengo un regalo para ti. No me dio tiempo de envolverlo pero sé que te gustará.
La voz del padre de los gemelos tenía ese todo alegre de las festividades y el ponche en su voz. Se fue por un segundo y volvió con un pequeño porta retrato en las manos que le dio a la pelinegra. No estaba envuelto así que adivinó lo que era.
- Yo… yo… - murmuró un par de veces sin encontrar las palabras para seguir hablando. Se quedó perdida en la imagen de las personas en la foto.
- Byakuya e Hisana Kuchuki. Tus padres – agregó Isshin pero eso era algo que ella ya había deducido. Reconocía a la mujer porque era la misma que Orihime le había dicho que era su mamá. – Esa foto fue tomada cuando ellos vinieron un verano de visita. Tú estabas en el vientre de tu madre, sales en la foto – Dijo señalando la forma en que Hisana se tocaba el vientre y los ojos se le llenaron de lagrimas.
- Es el mejor regalo que pude haber recibido.
Orihime la abrazó con fuerza. Ulquiorra solo estaba comiendo con su expresión neutra. Kaien parecía haber recibido el mejor mensaje de texto de su vida e Ichigo estaba molesto por todas las atenciones que le daban a la pelinegra.
La indignación lo recorría por completo solo de pensar que el trato que le daban a ella y a Orihime nunca lo habían demostrado con Nelliel y sus primas.
Era sábado, como el día que ella había escapado por primera vez de su casa y salido con Orihime. Como el día que a ella la habían secuestrado para casi matarla. Eso la perturbaba un poco pero todo el día se la había pasado pensando en eso.
Quizás era porque le dijeron que podría volver a su casa si ella quería. En el fondo tenía miedo de volver porque tenía miedo de que le volvieran a hacer daño. Durante la noche soñó que volvía a la casa de Kouga y que él estaba ahí, esperándola con una sonrisa y un regaño por ausentarse tantos días pero sabía que eso no iba a pasar.
Todo el día sintió el cuerpo agotado, el dolor no la había dejado en paz, era como si todas sus articulaciones se hubiesen salido de su sitio y luego regresaran a su lugar con mucho dolor. No había visto a Orihime desde el desayuno y todos los integrantes de la casa estaban actuando raro, incluso le pareció ver a Ichigo todo sucio y con sangre por el cuerpo cuando pasó por la ventana que daba a la terraza pero cuando volvió a ver él ya no estaba.
Sentía que se estaba perdiendo de algo pero no entendía qué.
Orihime volvió en la tarde cuando ya todos parecían haber vuelto a la normalidad. Había salido con su padre y regresó con pasteles y pizza para todos. Le contó lo que estuvo haciendo pero igual ese día le parecía todo tan irreal que no le había prestado tanta atención como lo haría normalmente.
Incluso cuando se fueron a acostar, ella no pudo dormir.
La casa estaba oscura pero ella deambulaba por el lugar como si estuviera perdida. Había empezado a escuchar las cosas con más nitidez conforme caía la noche y eso le estaba causando dolor de cabeza.
Decidió salir a la terraza que tenía su sendero al bosque y en donde había creído haber visto a Ichigo en la tarde. La nieve se había derretido pero el aire frio había quedado y pensó que eso la ayudaría. Y así fue.
Sonrió cuando ya se sentía mejor y aguantó una pequeña risa al darse cuenta que estaba sola afuera de su casa y viendo la luna. Kouga hubiese puesto el grito en el cielo por eso y eso la hizo sonreír un poco más.
En ese instante se sintió libre y levantó la mirada a la luna con una sonrisa, contemplándola por primera vez ente aires de libertad. Pensaba en las noches que se lo había perdido por el temor de Kouga pero que en ese instante disfrutaba.
La luz de la luna le parecía intensa y el dolor del cuerpo le llegó de golpe.
- Despierta…
Escuchó pero no había nadie ahí. No resistió más el dolor y la presión en el cuerpo, soltó un grito tan fuerte que todos en la mansión se despertaron. A ese grito le siguieron varios más y ella terminó en el piso retorciéndose de dolor.
El primero en llegar fue Isshin y sus hijos. Al verla revolcándose en el piso no se movieron. La transformación era brutal.
- ¿Qué está pasando, viejo? – preguntó alarmado Ichigo al ver a la pelinegra cambiar hasta convertirse en un lobo casi tan grande como ellos.
- Lo que acabas de ver. – Fue su respuesta sin más – Ven, pequeña. No tengas miedo…
Empezaba a decir para calmar al lobo que estaba frente a él, desorientado y agresivo. Ichigo pensaba que lo podría matar si se movía mal pero no pasó ni una cosa ni otra. El lobo salió corriendo hasta perderse en el bosque justo cuando Orihime, su padre y Ulquiorra llegaban con ellos.
- ¿Y Rukia-chan? – preguntó Orihime al no verla ahí.
- En el bosque. Kaien, Ichigo. Vayan por ella. No dejen que llegue a la ciudad o podría pasar algo que lamentaría toda su vida.
- Yo también quiero ir.
- No, tú no puedes ir. – Le respondió su padre poniéndole una mano en el hombro – Es mejor que vayan ellos. Son mejores en esto y además ella está fuera de control. Estuvo suprimida desde que llegó con Kouga. No sabemos si en fase ha ganado el lobo.
Explicó y no insistió más. Isshin parecía estar de acuerdo y Ulquiorra salió tras ellos para encontrarla. No volvieron hasta un par de horas después. Kaien la traía en brazos ya en su forma humana.
Estaba cubierta por la camiseta del gemelo mayor y los tres estaban llenos de heridas y tierra.
- ¿Está bien? – preguntó Isshin ansioso haciendo que la dejaran recostada en el sofá mientras tomaba el teléfono y le llamaba a un viejo amigo.
- Está bien. Nos dio pelea pero al final se agotó. – Respondió Kaien dejando que Orihime la cubriera con una sábana que había traído de quien sabe dónde.
- La encontramos comiéndose un venado en medio del bosque de una manera un tanto… - empezó a decir Ichigo de una manera desagradable.
- De una manera natural. Como lo has hecho tú, yo y cualquiera que entra en fase alguna vez en su vida. – Habló Kaien enojado con su gemelo. Ya lo tenía cansado con su enojo a la pelinegra que era por la forma en que le había puesto a Nelliel.
Ichigo solo se cruzó de brazos y después de un momento se dejó caer en el sofá. Para él, su hermano y su primo eran un par de traidores por tratarlas tan bien a pesar de que ellas fueran las que trataran mal a sus prometidas.
- EL doctor viene en media hora – informó Isshin a Sora después de terminar la llamada por teléfono.
- Maravilloso. Ahora explícanos viejo, por qué tenemos a una loba descontrolada y cómo fue que nunca supimos de ella o de ellos – señaló a Orihime y su padre. Porque él también había llegado a la conclusión de que Orihime era como ellos pero nunca se los habían dicho, ni siquiera tenía el aroma de un lobo hasta hacía unos días.
Sora no dijo nada, estaba más preocupado por Rukia que por el berrinche de un adolescente. Isshin solo lo miró serio y luego volteó a ver a Kaien preguntándose por qué eran tan diferentes.
- Rukia es la última miembro del Clan Kuchiki, un clan de lobos muy antiguo, tanto como el nuestro… - Comenzó para luego sentarse y dejar de mirar a su hijo para ver a la joven inconsciente en el sofá. – Ese clan tenía un don, para ellos no existía la semana peligrosa, ellos podían entrar en fase cuando ellos quisieran. Eran peligrosos y poderosos y con el paso del tiempo mucha gente entró al clan por matrimonios. El don se pasaba de padres a hijos hasta que hubo problemas, como siempre. Algunos clanes estaban celosos, añoraban ese poder y durante mucho tiempo intentaron tenerlo. Fue así que el clan poco a poco se fue acabando. La foto que le di a Rukia fue de cuando ellos vinieron aquí, un par de años después murieron. Fueron atacados. Su tío se hizo cargo, sintetizó una droga que suprimía el lobo en ella, pensaba que si no se transformaba su vida no correría peligro pero no fue así. Lo mataron también. Drenaron a Rukia. Lo que les importaba era su sangre. El supresor salió de ella por eso se transformó. Ella no sabe nada del mundo. Estábamos en contra de lo que la hicieron pero él no quiso ayuda sin embargo se quedaron aquí. Supongo que porque éramos los únicos que conocía y le podríamos ayudar si realmente sentía peligro alguno. No pudimos.
Terminó de hablar y se levantó. Afuera se escuchaban las llantas de un carro. El doctor había llegado. Ichigo se quedó callado por esa historia pero nadie más le puso atención. Todos estaban más preocupados por Rukia.
- Kaien y yo ya lo sabíamos. – le dijo Ulquiorra antes de irse de ahí.
- Hermanito. Tal vez… solo tal vez… deberías de tratarlas un poco. Te aseguro que no son como tu prometida te dijo. – Kaien se fue tras Ulquiorra.
Ichigo solo los vio y también se fue de ahí. A él no le interesaba Rukia.
- Maldita sea, ahora sé por qué los cazadores de monstruos no han respondido a los llamados – soltó Grimmjow mientras avanzaba por el lugar esquivando charcos de sangre vieja y cadáveres de gente que técnicamente no existía.
- Parece que los hicieron pedazos. Alguien tuvo una cena de navidad muy movida – habló Loly con asco.
- Este está completo – señaló a uno que parecía haber muerto por la mordida en el cuello y que hizo a un lado como si fuera un costal.
- Sé que no fuimos nosotros, ni los nuestros… ¿Crees que hayan sido los lobos? Los de la otra vez.
- Tal vez… pero… - se quedó mirando el lugar. – No es nuestro trabajo.
- Entonces… ¿Por qué estamos aquí? – Preguntó curiosa mientras encendía un monitor que mostraba una casa en tiempo real – Estaban vigilando tu casa. Seguro sospechan que ahí se reúne el aquelarre.
- Sospechan… en vez de vigilarnos a nosotros deberían de haber vigilado a los lobos – soltó con molestia pero se quedó en silencio al ver como un hombre se paraba en la entrada de la casa y se transformaba en lobo ante la mirada atónita de ambos. Luego llegaron otros dos más.
No podían creerlo. No se movieron de ahí hasta que el ataque acabó. No era luna llena, se suponía que no podían hacer eso. Se suponía pero ellos tres acabaron con el aquelarre.
- ¡Maldición!
- Fin -
•OtraNotitaDeLaAutora:
Esta historia me dio vueltas por todos lados, la subí, la baje, la volví a subir pero al fin terminé la primera parte como tal. Dudo que haya una segunda parte pero decidí darle una conclusión a una parte de la historia. Quizás la escriba y la suba en otra plataforma. No lo sé pero sé que si lo hago será cuando ya esté completa.
Se despide... La Lunática.
