Disclaimer: Los personajes no son míos, la historia sí.
.
.
.
-REVIEWS-
Wandd: Cuando miré que tu comentario fue el primero; me dije: carajo, ahora sí que está por FF. Mucho gusto saludarte y gracias por comentar, espero que sigas teniendo interés por la historia. ¿Nos leemos de nuevo?, Harry.
Ladi Jupiter: Yo creo que todos les tienes miedo a esos diablillos, gracias por comentar, espero leerte de nuevo. Afectuosos saludos, Harry.
A Frozen Fan: El Mericcup tiene lo suyo tanto como el Helsa jejeje, personalmente me gustan ambos, pero hay que admitir que el Helsa tiene un poco más tela de donde cortar, todavía no es tiempo que Merida tenga una criatura, aunque confieso que ya quiero que sucedaaaaaaa. Espero seguir leyéndote por aquí pequeñuela. Nos leemos pronto. Harry.
Karypriscilla: Gracias por comentar, nos leemos ¿no? Harry.
Aoba Ritsu: Muchas gracias por el review, no soy muy buena en el lemon y se hace lo que se puede lol, ojalá que esta actualización te guste, espero tu nuevo comentario. Harry.
Debs-1226: Esa es la idea, que piensen en las miles de posibilidades y digan: Ahhhh ¿Qué nos está haciendo esta vieja?, no desesperes que todo llega a su tiempo. Espero leerte pronto, un beso, Harry.
Hiccup.
Una bruma roja inundó sus pupilas cuando despertó, no pudo evitar sonreír al darse cuenta que tenía la cabeza enterrada entre los rizos de su esposa, ella se revolvió al sentirlo alejarse cuando un golpe en la puerta lo obligó a levantarse.
Encontró la prótesis y el pantalón tirados a pocos pasos de la cama, se los puso rápidamente y casi corrió hasta llegar a la puerta. Se arrepintió de abrir cuando encontró a Maudie, la nana de su esposa, mirándolo con sorpresa.
—Buenos días— saludó el rey, ocultando la satisfacción que le causó ver la incredulidad en su cara.
—Todo está listo para regresar a Berk— comunicó después de recuperar la compostura—, solo faltan usted y Merida, así que debo...
Hizo amago de entrar, pero Hiccup fue más rápido y le cortó el paso.
—Yo la despierto— dijo—, ya sabe que mi mujer detesta levantarse temprano y no me gustaría que descargara su ira contra usted.
La mujer titubeó durante un segundo, alternando la mirada entre lo poco que se veía dentro de la habitación y el torso desnudo del castaño, carraspeó y finalmente asintió antes de girar sobre sus talones para irse.
—Y Maudie— la mujer regordeta se detuvo cuando él la llamó.
—¿Señor?
—Prepárele a Merida más de ese té violáceo que siempre está haciendo que beba, mucho más.
Hiccup la dejó sola en el pasillo de inmediato para no reírse de la cara que había puesto, cerró la puerta con suavidad y se acercó a la cama donde su esposa dormía. Besó lentamente el pecoso hombro expuesto y trazó un camino hasta llegar al cuello femenino, la bermeja se revolvió al contacto y soltó un ligero gemido cuando él la hizo girar para cubrir su delgado cuerpo con el suyo.
—¿Qué estás…? —preguntó Merida, adormilada.
—Despertándote sin que te molestes conmigo— susurró contra su cuello y la pelirroja gimió en respuesta, levantó los brazos para atraerlo hacia ella y besarlo profundamente, se separaron un momento para recuperar el aire—. Me gustaría mucho seguir por este camino, pero ahora que estás despierta debemos vestirnos para irnos a Berk…
—No vas a dejarme así Haddock, ¿me oíste? —masculló sobre sus labios―, así que cállate.
Hiccup sonrió ladinamente mientras su esposa le abría el pantalón, liberando su miembro totalmente listo para la acción, el castaño gimió al verla introducirlo en su interior y dejó salir otro sonido de satisfacción cuando ella acarició la parte que quedaba fuera.
―Hazlo― jadeó, aferrándose a sus brazos. Hiccup obedeció al instante.
Terminaron varios minutos después que él se empujara dentro de ella rápidamente.
—¿Ahora sí podemos levantarnos? ―preguntó cuando se recuperó.
Merida se lo quitó de encima y se encaminó al baño, Hiccup la siguió de inmediato.
—No hay que tardarnos— dijo en respuesta a la pregunta no formulada pintada en la cara de su esposa.
Se reunieron con sus amigos y Maudie, quienes los esperaban para irse, una vez estuvieron bañados y vestidos. Se abstuvo de sonreír cuando los vikingos lo miraron de forma sugerente al verlos llegar juntos y definitivamente no dejó que su rostro revelara ninguna expresión al ver la cara de Merida cuando su nana le alcanzó una taza repleta de líquido violeta.
—Tengan mucho cuidado— dijo su suegra mientras los abrazaba.
—Cuídala, chico— Fergus le apretó la mano con más fuerza de la necesaria.
Los trillizos abrazaron a su esposa antes de dirigirse a él, ni siquiera poniéndose alerta por si los pequeños mocosos trataban de jugarle una mala pasada impidió que su bestia interior rugiera cuando Robin apretó a la colorada en un abrazo que se le antojó demasiado largo.
—Hora de irnos— anunció con seriedad a sus amigos.
Patán ayudó a Maudie a subir a su dragón y el rey hizo ademán de hacer lo mismo con Merida, aunque ésta había logrado montarse en Chimuelo con agilidad, Hiccup subió de inmediato, pegándose a ella y rodeándole la cintura posesivamente sin despegar los ojos verdes de los de Hood, que se vaciaron de toda emoción de un momento a otro.
—Visítennos pronto— dijo Merida a su familia mientras se elevaban en el amanecer.
—Lo haremos— prometió uno de los trillizos con un brillo macabro en los ojos azules. El rey dragón fingió que no lo notó.
Cuando Merida no trató de alejarse de él en todo el camino y después de tantos meses, Hiccup se permitió sentir un poco de esperanza.
Merida.
Si bien partieron con los primeros rayos del amanecer, los últimos del atardecer cubrían sus espaldas como un manto cuando los dragones aterrizaron en tierras berkianas, un grupo de vikingos─ su suegra entre ellos─ los esperaban con pequeñas sonrisas pintadas en las caras que se ensancharon al verla a ella y a su esposo tan cerca.
"De verdad les agrada que él y yo estemos juntos" pensó no sin cierta fatiga, le resultaba cómodo estar cerca de Hiccup, había llegado a asustarse cuando, durante esos meses de lejanía, se dió cuenta que extrañaba tenerlo a su lado, rondándola y tocándola.
—Me da gusto que estén en casa otra vez— les dijo Valka mientras bajaban de la espalda de Chimuelo. Hiccup le rodeó la cintura con una mano y sujetó una de las suyas con la que tenía libre, ejerciendo presión como si temiera que se alejara de él—, hice que prepararan comida para ustedes, un banquete pequeño…
—Gracias, mamá— el tono de su esposo indicaba que no se sentía cómodo con la insistente mirada de felicidad que les lanzaba su suegra—. Pasemos ya porque muero de hambre y mi mujer también.
—Lleven el caballo de la reina a los establos— ordenó Valka.
—Maudie—su nana se acercó a ella para que pudiera susurrarle—, por favor lleva mis cosas a…
—A nuestra habitación— se metió Hiccup, susurrando también—, acomode las cosas de mi mujer junto a las mías.
Maudie alternó la mirada entre ambos, la pelirroja suspiró y asintió, dándole permiso a hacer lo que Hiccup decía.
Se vió guiada hasta el gran comedor, donde el castaño la sentó entre él y Valka, Merida se permitió relajarse al ver a Maudie muy sonriente con un vikingo pelirrojo y de buena gana entabló conversación con los amigos de Hiccup, con los que no había cruzado demasiadas palabras desde el pleito.
El rey de Berk, recargado en la mesa, la miraba con una sonrisa que abarcaba la mayor parte de su cara y que ella no se molestó en corresponder.
Brutilda y Patapez sugirieron que bailaran cuando dió la medianoche, pero Merida se excusó alegando estar muy cansada e Hiccup la secundó de inmediato.
—Te agradezco por esta… bienvenida— le dijo a Valka mientras se ponían de pie.
Se llevó las manos a la cabeza, fingiendo que se recogía los rizos para evitar que Hiccup tratara otra vez de tomar una, estaban saliendo del comedor cuando se toparon de lleno con Astrid, Merida levantó la nariz con altivez y evitó mirarla pasando de largo, pero miró de reojo a su esposo, quien le lanzó un vistazo furibundo a la rubia antes de seguirla.
Que un par de vikingos lo detuvieran para decirle algo de unos dragones le dió ventaja, llegó a la habitación primero, tomó un baño rápido y se enfundó en una túnica larga. Estaba secándose el cabello cuando Hiccup llegó.
Merida dejó la toalla de lana en una silla y se acomodó en el lado opuesto al suyo de la cama, Hiccup se desnudó solo el torso antes de saltarle encima, atacando su cuello y paseando las manos fuertes por su figura, se detuvo después que trató de besarla y ella giró la cara.
—¿Pasa algo? —preguntó.
—No voy a acostarme contigo— declaró.
—¿Qué? ¿por qué no? —se incorporó ligeramente, apoyándose en los antebrazos—. Creí que… nosotros ayer…
—Fue solo una vez— lo interrumpió.
—Toda la noche y por la mañana no se califica como una vez— replicó con una sonrisita pícara, ella arqueó una ceja—. Pensé que ya estábamos bien— carraspeó —, supongo que es tiempo que hablemos definitivamente sobre lo que pasó esa noche…
—No quiero que toques ese tema en este momento, pasé medio día montada en Chimuelo contigo muy pegado a mi espalda, lo último que necesito es que hablemos de esa… esa mujer antes de dormir— volvió a interrumpirlo—. Voy a decirte una cosa— enredó su dedo índice en un rizo castaño en tanto rozaba sus labios con los masculinos—, puedo abrirme de piernas para ti durante toda esta noche y mañana me mudo a otra habitación— el ronroneo que su esposo estaba haciendo se detuvo abruptamente—, o te haces a un lado y duermo contigo todas las noches. Es lo que hay así que piénsalo bien, Hipi.
El castaño soltó un largo suspiro, depositó un beso rápido en su boca y se quitó de encima pesadamente.
—Por lo menos vas a volver a dormir conmigo— masculló, enterrando la cara en la almohada y entrelazando los dedos con los suyos.
—No has parado de tomarme de la mano en todo el día— se quejó mientras trataba de soltarse, pero su esposo ejerció presión en el agarre.
—Me dejas tocarte después de varios meses, no voy a detenerme— declaró—. Por cierto…
—¿Qué?
—Estás en mi lado de la cama.
—Ahora es mi lado.
—Lo voy a dejar pasar porque por fin volviste a nuestra alcoba— la colorada agradeció que su marido estuviera boca abajo para que no la viera sonreír—. Y Merida…
Rodó los ojos.
—¿Qué quieres?
—No me digas Hipi.
—Soy tu esposa, voy a decirte como quiera.
—Prueba con cariño.
Le enterró las uñas en el brazo e Hiccup siseó, pero no la soltó.
—No abuses.
—Está bien, si no quieres pues no me digas así, no hace falta que seas tan agresiva.
Durante la noche logró que le soltara la mano, pero cuando los rayos del sol que anunciaban la mañana se colaron por entre las cortinas, sus cuerpos estaban totalmente entrelazados.
Astrid.
Las siguientes semanas después del regreso de la reina fueron buenas, Merida e Hiccup volvieron a dejarse ver juntos por el reino, caminando tomados de la mano y sentados muy cerca en el gran comedor.
Los habitantes de Berk parecían contentos con aquello, incluso habían llegado a mirarla con molestia, advirtiéndole en silencio que retrocediera.
—Eret dice que necesita esto para pasado mañana— dijo mientras dejaba caer varios pergaminos sobre la mesa de Bocón.
—Pudo venir él mismo— masculló en tanto examinaba los pergaminos.
Astrid arqueó una ceja.
—¿Ya no quieres que venga a la herrería o cómo?
—Nunca dije eso…
—Pues parece que sí.
Bocón soltó el aire.
—Es solo que parece que todo está bien entre nuestro amigo en común y su señora esposa, entonces tú vas de aquí para allá con esa cara de molesta, arrugando la nariz cada que los ves juntos y yo solo puedo rezarles a los dioses para que no seas tan estúpida de nuevo.
—Me equivoqué… fue solo una vez y nunca volverá a pasar.
—La reina…
—La reina es arrogante y orgullosa.
Bocón dejó de examinar los pergaminos de inmediato, miró hacia todos lados para cerciorarse que nadie la hubiera escuchado y se acercó peligrosamente a ella.
—No vuelvas a decir nada como eso otra vez ¿de acuerdo? —declaró en voz baja.
—¿Por qué?, no creo que vayas a decírselo a nadie.
—No, yo no— aceptó—, pero estoy seguro que si alguien más te escucha, no va a dudar en decírselo a Hiccup y él…
—¿Él qué? —retó.
El vikingo rubio la miró con seriedad.
—Él fue muy benevolente la primera vez, enviándote lejos sin echarte. No va a ser igual de bueno, no dos veces.
—Ay por favor, Hiccup no sería capaz de exiliarme.
—Yo no dudaría que va a aplastarte.
Astrid tragó seco, quiso debatir aquello, pero ya no estaba tan segura de contar con la gracia del rey dragón. Abrió la boca para hablar y la cerró cuando el castaño─ acompañado de Merida─ salió de su oficina privada, la sonrisa que la mujer tenía en la cara se esfumó e Hiccup apretó la mandíbula.
—Eret necesita unas flechas— explicó Bocón a una pregunta no formulada.
Hiccup asintió en tanto Maudie apareció, susurró alguna cosa en el oído de la pelirroja y ésta hizo lo mismo con el castaño, quien asintió de nuevo y finalmente la reina se marchó, no sin que la nana le dirigiera una mirada que estaba lejos de ser amable.
—Hay una exploración hoy ¿no? —preguntó Bocón.
—La hay, sí— contestó el rey.
—¿Los chicos irán contigo?
—Sí.
"No hables, no digas nada" se ordenó.
—Deja que vaya con ustedes— pidió, desobedeciéndose a sí misma.
—Trabajas con Eret, él puede necesitarte— respondió con seriedad. El resto de sus amigos llegaron.
—¿Qué pasa? ¿ya nos vamos? —preguntó Brutilda, rodeando los hombros de Hiccup bruscamente.
—A pesar que me gusta mucho tomar descansos, la verdad no puedo esperar para volver al trabajo— comentó Patapez.
—Astrid quiere ir con ustedes a la exploración— la rubia miró de inmediato a Bocón. El resto la miró a ella.
—Pues que venga— Patán se encogió de hombros.
—Sí, sabe volar en curvas— apoyó Brutacio.
—¿Entonces? —preguntaron en coro al rey.
Hiccup rodó los ojos.
—Nos vamos en cinco minutos— anunció y salió de la herrería.
—Gracias— sonrió en dirección de sus amigos.
Hiccup.
Ajustó el asiento en la espalda de Chimuelo y el dragón soltó un siseo.
—Lo siento Opa Opa*— masculló.
No podía creer que sus amigos lo arrinconaran para obligarlo a permitir que Astrid los acompañara, pero ya tendría una plática con ellos y su manía por cuestionarlo.
—¿Cuándo vuelves? —la voz de su esposa lo sacó de su ensimismamiento, llevaba varios pergaminos en las manos.
—Esta noche o mañana temprano— contestó, la pelirroja asintió distraídamente en tanto leía el contenido de uno de ellos—. A ver, te lo voy a decir antes que te enteres por ti misma— Merida le prestó atención, estaba por hablar cuando los gemelos, Patán y Patapez llegaron acompañados de Astrid. Su esposa aspiró con fuerza.
—Así que ella irá con ustedes— comentó con molestia.
—Los chicos prácticamente la metieron en la exploración— explicó en un susurro apresurado, ella elevó las cejas rojas como si no le creyera
—Eres el rey, la última palabra la tienes tú.
—Créeme, no quiero que nos acompañe…
—Déjalo así— lo cortó.
—¿Te veo más tarde?
Merida no le contestó, giró sobre sus talones y se marchó sin mirar a nadie más. Hiccup echó un vistazo en dirección de sus amigos, quienes reían y charlaban amenamente.
—Quiero irme este año, por si les interesa— espetó.
El grupo paró de inmediato al notar la rabia helada en sus ojos esmeraldas, montaron sus dragones y se elevaron en el cielo, volaron durante unas horas hasta llegar a la pequeña isla marcada en el mapa.
—Brutacio encárgate del noroeste— indicó—, Brutilda al suroeste, Patapez el sureste, Patán el noreste y Astrid el sur. Yo cubriré el norte.
No dejó que dijeran nada más, tomó sus cosas y se dirigió hacia el norte. La escuchó antes de verla.
—El sur es hacia el otro lado, en el extremo opuesto de mi dirección.
—Quiero hablar contigo.
—¿Sí?, porque yo no.
Astrid lo tomó fuertemente del codo, obligándolo a detener su caminata.
—Sé que estás enojado y tienes todo el derecho a estarlo— Hiccup rodó los ojos—, pero ya basta, me eh hartado de que me ignores, que me mires como si fuera nada menos que… basura.
—¿Terminaste?
—¡A eso me refiero! —exclamó—, ya nunca me hablas y cuando lo haces es como si te dirigieras a una idiota. Entiendo que ahora es demasiado tarde, que estás casado y lo que sea, lo entiendo de verdad…
—Ese es el problema, que dices que lo entiendes cuando es claro para todo el mundo menos para ti que no, soy yo quien te dice a ti que estoy harto de que me mires como si te perteneciera porque no es así. Nunca lo fue y nunca lo será.
Astrid tensó la mandíbula.
—¿Estás diciéndome que jamás me quisiste?
—Estoy diciendo que ninguno de los dos amó de verdad al otro. No lo suficiente.
—Pero sí amas a tu esposa ¿no?
Hiccup no supo que contestar, no estaba seguro de la respuesta así que se limitó a mirarla.
—Ella no te ama— declaró Astrid casi con resignación.
—Lo hará y va a quererme tanto como la quiero a ella.
—Pero no te quiere— insistió la rubia.
—Yo tengo suficiente cariño para ambos.
Los ojos azules de Astrid se inundaron de dolor, pero Hiccup no se arrepintió de lo que había dicho.
—Trabajar con Eret no te mantuvo lo suficientemente lejos y ocupada— dijo después de un rato de silencio—, quizá te vaya mejor con los pescadores.
—¿Eso harás? ¿alejarme hasta que decidas que eres capaz de pasar de mí? ¿hasta qué creas que puedes verme sin sentirte mal por…?
—Tienes que dejarme ir, Astrid.
—No, tu déjame ir a mi— le pegó en el pecho con el dedo índice repetidamente.
—Ya lo hice, desde que supe que no quería amarrarme a ti, mucho antes que Merida apareciera.
Astrid sopesó lo que le dijo y finalmente asintió.
—Como gustes— musitó antes de comenzar a alejarse.
Hiccup abrió la boca para decir más, pero el sonido de una rama rompiéndose y el siseo del viento lo detuvo, entrecerró sus orbes esmeraldas para mirar con más claridad entre los arbustos y jadeó al notar el borrón blanco de una cola que solo conocía en un tipo de dragón.
—Astrid— la llamó con quietud.
—Ya se acabó la charla.
—Astrid.
—Deja de hablar— continuó caminando.
—Astrid— vió con horror como la bestia se preparaba para lanzarse sobre ella.
—¡¿Qué demonios quieres ahora?! —gritó, girándose bruscamente para encararlo.
"Al demonio" pensó antes de abalanzarse en dirección de la rubia, Astrid jadeó de sorpresa cuando su arremetida la lanzó lejos de su posición al tiempo que la criatura hacía lo mismo sobre él.
Un dolor ensordecedor y caliente le recorrió el brazo derecho, arrancándole un alarido, los gritos de Astrid mezclados con las voces de fondo de sus amigos acercándose y el rugido de Chimuelo combinado con otro desconocido fueron lo último que escuchó antes que la inconsciencia se lo llevara.
ACLARACIONES:
Opa Opa: En HTTYD Hiccup llamá así a Chimuelo en la parte final, antes que él se vaya con la Furia Luminosa.
Entonces qué... ¿Review? ¿No? Ok.
Harry.
