Cucharadas
Durante la cena de esa noche hubo alarma en el grupo Gryff. Cuando terminaron de leer, Lily se vinculó con Sev y le dijo:
-Cariño, tengo algo grave que contarte.
("Buf… la rata.") Pensó Sev.
-¿Nos vinculamos con Deborah?
-¿Ya le has contado lo que ha pasado esta tarde en el prado?
-Ya lo sabían, se ha enterado todo el colegio. Pero sí, hemos hablado de ello viniendo desde casa.
-¿Y qué valoración te ha dado?
-Nada, que he debido mantenerme frío y no dejarme llevar por el arrebato.
-¿Y qué opinas tú?
-Que estaba en mi derecho de desquitarme.
-Soy de tu misma opinión. Entonces no te vincules con ella, ya se lo contarás a tu manera.
-No, prefiero vincularme, así me apoyas. Ya sabes, Deborah es magnífica en muchos aspectos pero tiene un grave defecto que no soluciona, y es que cuando alguien le lleva la contraria, nunca da su brazo a torcer. Vale para segunda, pero no valdría para Comandante en Jefe, porque no escucha cuando está equivocada y arrastraría a todos con sus errores.
-Pues en esta ocasión va a tener que ceder. Vinculémonos con ella entonces.
Se vincularon con Deborah.
-Deborah, ¿estabas ocupada? – le preguntó Sev.
-No, Prince, estaba cenando tranquila – respondió Deborah.
-Muy bien, entonces escuchemos, tranquilos, a Lily. Tiene algo que contarnos.
-Ya me huelo sobre qué – de malos modos.
-Deborah, he dicho tranquilos – tajante - Dejémosla hablar y luego valoramos.
-Tú mandas, Prince – despechada.
-Habla, Lily.
-Buenas noches, Deborah – dijo Lily, seca.
-Buenas noches, Lily – dijo Deborah.
-No olvides que tienes un Vínculo de Pareja con Sev, debe estar sintiendo tus malas vibraciones.
Deborah bufó.
-Cierto.
-Entonces mantente, al menos, fría, eso que tan bien se te da, y no me interrumpas hasta que termine.
-Está bien, Lily.
-Allá voy. Hemos leído a Pettigrew, como de costumbre. Ya se le ha pasado por la cabeza hacerse Mortífago al salir de Hogwarts.
Deborah y Sev respiraron profundamente para mantener la calma.
-¿Puedo continuar? - preguntó Lily - ¿Os habéis recuperado del susto?
-¿Tú, Deborah? – le preguntó Sev.
-Sí, continúa si quieres, Lily – respondió Deborah.
-¿Tú, Sev? – le preguntó Lily.
-Sí, Lily, sigue – respondió Sev.
-Muy bien, motivación de la idea. Vengarse de James, Sirius y Remus por no haberlo defendido de ti. La motivación no has sido tú, Sev, ya estaba latente.
-Desde luego.
-Hemos profundizado en relación con eso, lleva mucho tiempo teniéndoles unos celos terribles por ser buenos magos, y en especial a Sirius y James por tener mucho dinero y ser apuestos y él no. Tal y como sospechabas desde hace tiempo, Sev.
-Claro.
-Pienso que lo que ha pasado esta tarde no ha sido más que el desencadenante. Tarde o temprano se habría vuelto contra ellos, y mejor que lo hayamos sabido desde ya. ¿No os parece?
-Desde luego. ¿Tú qué dices, Deborah?
-Que tenéis razón – respondió Deborah.
-Bueno… a ver si a la próxima no te pones como te pones.
-Perdona, Prince.
-¿Algo más relevante, Lily?
-Sí, sobre ti – respondió Lily - No se volverá contra ti, te tiene pavor.
-¡Toma ya! ¿Se chivaría a Voldemort de algo sobre mí?
-En absoluto. Piensa que sabrías que ha sido él e irías por él. Lo has hecho perfecto.
-Bien, Lily... Quizá podamos salir a la luz antes de que se marche del colegio.
-Sí, quizá sí. Siempre que te aclares, claro.
-Hay algo que tengo muy claro, Lily, y es que, aunque no seamos una pareja convencional, quiero estar cerca de ti toda mi vida. Si tú quieres viviremos juntos en el castillo, aunque sólo seamos amigos.
-Claro que sí, Sev.
-Y en ese caso, le llamo salir a la luz a poder andar juntos por ahí, como lo hacíamos antes, sentarnos juntos en clase, la Biblioteca y el Comedor.
-Claro, Sev, perdona por haber dudado. Ya ha sido un gran paso que hayas recuperado mi Patronus.
-¿Has recuperado el Patronus de Lily? – preguntó Deborah, sorprendida.
-Sí.
-¿Habéis estado juntos?
-Sí, nos hemos escapado al claro.
-No me lo has contado.
-Porque te has enfadado y no me has dado ocasión.
-Perdona, Prince.
-¿Algo más relevante, Lily? ¿Pettigrew se ha dado cuenta de que he sido yo quien le ha devuelto la varita a los demás?
-No, Sev – respondió Lily.
-¿Y las chicas?
-Tampoco, estaban admirando el espectáculo.
-¿Cómo le han explicado a Pettigrew lo de la varita?
-Que la habías dejado tirada en el suelo.
-Bien, está bien. ¿Alguien ha sospechado de vuestra escapada?
-No, Sev, el resto, todo en orden. ¿Qué debemos hacer?
-Avisar a Sirius, por supuesto. Pero no lo hagáis hoy, mañana tenemos Transformaciones.
-Bueno… sabes que Sirius es un as en Transformaciones.
-Cierto, pero no quiero que sufra y duerma mal. Ya hablaréis con él mañana o yo el sábado en el partido de Quidditch. Así también tenemos tiempo de pensar cómo planteárselo y cómo avisar a James sin que sospeche que leemos. No le digáis nada por el momento.
-Está bien.
-Pienso que sí hay algo que podéis hacer.
-¿Qué, Sev?
-Que Cecile y Remus se escapen a Oesed y miren si la premonición de la familia de guerreros ha cambiado. ¿Estaba reservada la Sala de Menesteres para alguien para esta noche, Deborah?
-Sí, Prince, pero lo cancelo – respondió Deborah.
-No lo canceles, simplemente retrásalo. ¿A Cecile y Remus les llegará con una hora, Lily?
-Sí, Sev, y también con media– respondió Lily.
-Ya has oído Deborah, libre a partir de las ocho y media.
-Estupendo – dijo Deborah.
-¿Te apetece seguir charlando, Lily?
-Si tú quieres, Sev – dijo Lily.
-Me gustaría tomarme un rato para aclarar las cosas con Deborah si ella quiere, después de cenar voy a ir a la Biblioteca a echarles un cable a los de tercero.
-Quiero, Prince – dijo Deborah.
-Vale, cariño, entonces hasta mañana – dijo Lily.
-Hasta mañana, mi amor – dijo Sev - Gracias por todo.
Se desvinculó de Lily.
-Bueno, Deborah, ¿qué tienes que decirme? – le preguntó Prince.
-Que siento mucho haberme puesto así – respondió Deborah.
-Deborah, no es la primera vez que nos ocurre, y aunque ya no sienta lo mismo por ti, te sigo teniendo mucha estima y me hace mucho daño. Pienso que hay cuestiones en las que debo dejarme guiar por mi propio criterio, no estabas ahí para aconsejarme lo que debía hacer y ya has visto que esta vez he acertado de pleno. Estoy de acuerdo en que ha sido un arrebato, pero simplemente me he defendido de una pretensión de agredirme, no he sido yo quien ha comenzado, no pensaba hacerle nada, lo habría dejado en paz. Y no sólo me estaba defendiendo a mí mismo, Pettigrew estaba poniendo en apuros y aprietos a quienes ahora considero buenos amigos, incluso insultándolos por no secundarle y defenderme, y ante eso, no mantengo la sangre fría, defiendo a quienes me defienden. ¿Te queda claro? ¿Tú habrías mantenido la sangre fría si se hubiera tratado de una agresión hacia mí?
-No.
-Entonces que tu razón para disculparte no sea que el resultado ha sido inmejorable, sino el propio hecho de pensar que he hecho lo que debía hacer. ¿Piensas ahora que he hecho lo que debía hacer aunque no conociera el resultado de antemano?
-Sí, Prince.
-Pues a la próxima deja que me explique sin afrentarme. ¿Tienes algo más que decirme?
-No urgente, Prince.
-Vale, entonces retrasa la cita de la Sala de Menesteres y mientras tanto le hago un poco de caso a Hipólita. Cuando acabemos ambos volvemos a vincularnos y me dices eso que no es urgente.
-Está bien.
Se desvincularon. Sev habló con Hipólita, que estaba a su derecha, entre Valerie y él.
-¿Te está gustando el segundo, cariño?
-No mucho – respondió la chica.
-Ya, a mí tampoco.
-Me gustan más los primeros.
-Cierto, a mí también, son más ligeros. Pero tú necesitas comer más de los segundos, para coger peso.
-Ya, ya lo sé, ya me lo explicaste.
-Para el próximo año vamos a mejorar la comida del colegio, va a estar mucho más rica, ya verás. ¿Te gusta la pasta?
-Sí, me encanta. Cuando me la hace mi madre me la como toda.
-A mí también me gusta mucho y en el colegio nunca comemos pasta. El próximo año comeremos, ya verás.
-Qué bien.
-¿Qué otras comidas te gustan?
-Los huevos.
-Vaya que sí, a mí también.
-En casa muchas veces me los dan para desayunar.
-Claro, en lugar de tanto dulce, que no te hace bien. Cómelos aquí también.
-La verdad es que ya me estoy aburriendo un poco de los postres, ¿eh? Los echaba tanto de menos porque nunca podía tomarlos, pero saben todos igual.
"Vaya… estupendo."
-Claro, porque tienen mucho azúcar y no saben al resto de ingredientes. Pues si hoy no te apetece tomar postre intenta acabar el segundo, ¿vale? Pero sin llenarte demasiado, que no te siente mal.
-Vale.
-¿Qué otras comidas te gustan?
-El pollo frito.
-De eso también nos dan.
-Sí, pero aquí no lo hacen tan rico como mi madre. A ella le queda muy churruscadito.
-Claro, a mí también me gusta así. ¿Y el pescado no te gusta?
-No, el pescado no me gusta nada.
-Pues el pescado es más sano que la carne. Has de comerlo aunque no te guste.
-Ya, ya lo sé.
-Cuando te acostumbres te gustará más.
-Es que no me gusta tener que quitarle las espinas. En casa me las quita mi madre.
-Pues cuando nos pongan pescado te las quito yo, ¿vale?
-Vale.
-¿Y las ensaladas te gustan?
-Sí, un montón, en casa me las como.
-Vaya… Es otra cosa que no nos dan aquí y son muy sanas. Hay que cambiar la comida del colegio urgentemente.
-Vaya que sí.
-Te dejo terminar tranquila, ¿vale?
-Vale, Prince.
Se vinculó con Deborah y le preguntó:
-¿Has terminado?
-Sí – respondió Deborah.
-¿De qué más querías hablarme?
-Preguntarte por los Patronus. ¿Has probado los demás?
-Sí.
-¿Y?
-Buf, Deborah… son cosas muy personales. Si hemos hablado del de Lily ha sido porque ella ha sacado el tema.
-Bueno, perdona. El jueves pasado me lo contaste por propia iniciativa.
-Ya, ya lo sé.
-Y yo misma te dije que no te preocuparas, que tus Patronus y tus deseos cambiaban continuamente.
-Ya, ya lo sé. Pero son cosas que me descolocan, no me gusta nada ser inconstante y menos todavía en mis afectos. Es algo que estoy descubriendo en mí que no me gusta.
-En lo que realmente importa no eres inconstante, Prince. No abandonas, no dejas a nadie en la estacada. Que ya no sientas deseo no tiene importancia, ahora estás a otra cosa, fue una breve temporada que has superado, estás muy por encima de todo eso, y eso es amar de verdad. Como me pasó a mí con Anthony, que no lo abandoné a pesar de ya no desearlo, y gracias a eso seguiremos teniendo una relación muy especial y siendo amigos de por vida.
-Vaya…
-Si cambias tanto no es porque seas inconstante, es simplemente porque todo el tiempo te están pasando cosas que te sacuden, que te hacen descubrir nuevas facetas de ti mismo. Estás forjando tu personalidad, lo que toca hacer a nuestra edad.
-Claro. Ya me apetece contarte lo de los Patronus.
-Adelante entonces.
-También he sido capaz de conjurar el de Lauren. El tuyo y el de Valerie no.
-Justo lo que esperaba. Ésos son tus verdaderos afectos, los que has cultivado durante largo tiempo. No eres inconstante en absoluto, todo lo contrario. ¿Ya se lo has contado a Lauren?
-No, porque a ella no llegué a contarle que había perdido su Patronus.
-Vale, mejor. Sigue atendiendo a tu chica, anda, que ya va a tocarle el postre.
-Me ha dicho que quizá hoy acabe el segundo y no tome postre.
-Vaya… ¿y eso? – sorprendida.
-Que se está aburriendo de los postres, le saben todos igual.
-Estupendo – satisfecha - Otra que está forjando su personalidad. A mejor.
-Cierto. De cualquier modo voy a atenderla. Como no he ido a la Biblioteca tras el examen, viniendo de casa he estado hablando contigo y después estaba disgustado, ni siquiera le he preguntado cómo le ha ido su examen.
-Claro, Prince, entonces hazle caso, anda.
Se desvinculó de Deborah y le preguntó a Hipólita:
-¿Ya has decidido si vas a tomar postre?
-Un poquito, Prince, pero es sólo porque me hace ilusión que me des del tuyo.
"Merlín, me la como."
-Vale, entonces como mi última cucharada.
La comió y apareció su postre.
-Sorpresa, pastel de calabaza.
-Buf… estoy aburrida del pastel de calabaza. Casi siempre hay pastel de calabaza de postre.
-Cierto. Sería mejor tomar fruta de postre, también es dulce pero no tanto, y cada fruta sabe diferente. ¿Te gusta la fruta?
-No mucho, la verdad.
-Quizá sea porque no has probado demasiadas frutas. ¿No hay ninguna que te guste?
-Sí, las uvas.
-A mí también me gustan.
"Mentira, nunca las he probado, no sé ni cómo son."
-¿Y las fresas no te gustan? – le preguntó él.
-Sí, también.
-¿Y las moras, las frambuesas, los arándanos?
-También.
-Entonces te gustan muchas frutas. A mí también me gustan todas ésas. Y crecen en el Bosque, las fresas en primavera y las demás en otoño, en septiembre te llevaré a comerlas.
-Buaaah… genial.
-¿Y los frutos secos te gustan?
-¿Qué son los frutos secos?
-Las nueces, las castañas, las avellanas.
-Nunca los he probado.
"Buf… porque son muy caros."
-También crecen en el Bosque, te llevaré en septiembre, estoy seguro de que te van a gustar.
"Y recolectaremos una buena provisión de ellos para todo el año."
-¿Te has dado cuenta de que nos gustan las mismas comidas? – le preguntó ella.
-Sí, claro que sí.
-Algo más en común.
-Tu frase favorita. Este verano probaremos muchas frutas para descubrir cuáles te gustan. La fruta también es muy sana.
-Genial.
"Y algo que podremos tener a la mesa en cuanto volvamos en septiembre, eso no es necesario que aprendan a cocinarlo los elfos."
-Anda, no comas más de eso, ya has comido suficiente, deja sitio para el postre.
-¿Me lo das tú?
-¿Cómo a las niñas pequeñas?
-No es por eso, es porque me gusta que me lo des tú.
-Vale…
"Y pensar que hace una semana le daba apuro que le diera de mi postre, y ahora parezco su padre en lugar de su futuro novio." Cogió una cucharada de pastel de calabaza. Hipólita abrió la boca y se la metió. "Ay… cuando te meta otra cosa…" Rio. "Mira que soy malo."
-No te he preguntado por tu examen – le dijo él.
-Buaaah… genial, ya sabes que la teoría la sabía perfecta.
-Sí, claro que lo sé. ¿Has intentado expresarlo con tus propias palabras?
-No, Prince, no me he arriesgado a eso, me ha dado miedo hacerlo mal.
-No pasa nada, has hecho bien, un examen no es buena ocasión para probar cosas de las que no estás segura.
-Eso he pensado yo.
-Toma otra cucharada - se la dio - ¿Y la pócima?
-Creo que también me ha salido bien, tenía el color y el aspecto que debía tener.
-Estupendo. Entonces quizá saques Extraordinario también en ésta.
-Puede que sí.
-Tus padres se van a poner muy contentos con tus notas.
-Seguro. Y más cuando sepan que quiero hacer también el EXTASIS de Astronomía.
-Claro. El sábado después del partido les escribes contándoselo y hablándoles de nosotros para que nos dejen ir a visitarte en cuanto volvamos a casa.
-Vale.
-Toma otra cucharada - se la dio - Les pides permiso para darnos tu dirección. Si no te lo dan, no pasa nada, iremos a Diagon a la tienda de tu padre y hablaremos con él.
-Sí que me lo van a dar, porque voy a contarles lo buenos que sois conmigo.
-Vale, pero no les cuentes por carta tus problemas con la comida, que no se preocupen antes de hora. Queda menos de una semana para que estés en casa y te estás comportando muy bien.
-Vale.
-Y tampoco se lo cuentes tú cuando llegues a casa, deja que seamos nosotros quienes hablemos con ellos. Si te dan permiso, iremos el primero de julio, y si no, iremos ese mismo día a la tienda de tu padre.
-Vale.
-Toma otra cucharada - se la dio - Si te dan permiso, iremos a tu casa cuando tu padre ya haya terminado de trabajar, para hablar con los dos. ¿A qué hora llega a casa tu padre?
-Cierra la tienda a las siete. Llega a las siete y diez o así.
"Jo… qué poco tiempo tienen para estar juntos, esta chica necesita un padre y es así como me ve a mí."
-¿Y a qué hora cenáis?
-A las ocho.
-Entonces quizá sea mejor que vayamos después de cenar. Pregúntales eso también.
-Vale, Prince.
-¿Quieres más?
-Sí, llevo cuatro, quiero seis, múltiplo de tres.
Prince rio. "Está bastante obsesionada con los números."
Le dio otra cucharada.
-¿De qué te ríes? – le preguntó ella.
-De nada, de nada…
-Anda, di.
-No… que quizá te enfades.
-Venga, que no me enfado.
-De que lo cuentas todo y quieres que todo sea múltiplo de tres.
-Claro, para tener suerte.
Volvió a reír.
-Eres genial, Hipólita.
-Es porque el tres es mi número de la suerte también por otra cosa.
-¿Por qué?
-Porque en mi familia somos tres, mi madre, mi padre y yo.
"Y seguramente no tiene hermanos porque sus padres no podían permitirse económicamente tener más hijos. Pobres…"
-Claro… no había caído en la cuenta. En mi familia también somos tres, pero a mi padre no lo cuento, como podrás imaginar, así que sólo somos dos.
-Ya…
-Venga, la última.
Le dio una cucharada más.
