Saludos a todos :D bienvenidos y gracias por pasar por acá, aquí les traigo el episodio de este mes, espero no haber tardado tanto aunque ya no estoy siendo tan prolija en cuanto a las fechas ;u pero ya me ordenaré mejor. Espero disfruten del episodio tanto como yo al escribirlo, recuerden pasar por mi página de FB porque a veces ando regalando comisiones de dibujo y subo las ilustraciones o covers de cada episodio para quien quiera ver.

Ya, ahora sí los dejo, disfruten :) hasta la próxima~


Nota: No al plagio por favor, copiar una historia que no es tuya y ponerla en otro sitio bajo tu nombre es plagio. Si ven mis obras en algún lado sin mi permiso ni mi nombre... avisen y/o denuncien al autor, gracias ^^


NADIE, SOY YO

Capítulo 20 – Él -no- Merece Ser Feliz


Todo desvarío ha desaparecido, cualquier latido de su corazón se contuvo y está ahí, lado a lado con el hombre al que desea engañar, él no la ha mirado desde lo sucedido la noche anterior, tan sólo la lleva de vuelta a la ciudad en un auto rentado que pudieron encontrar en aquel pueblo del que hablaron el día anterior.

Conduce mirando al frente, con aquella ropa que ella misma ha creado con su quirk, ¿por qué se siente especial? Es como si hubieran estado juntos de otra manera, sabía que él era un hombre recto, porque ni por un instante se le pasó usar aquella oportunidad para tocarla, incluso al verla desnuda se portó digno, fue casi como un médico*, eso la hizo… no sabía la palabra, ¿sentir bien? Sólo era una sensación, algo que hacía su cuerpo vibrar de alegría, era un buen día, pensó cuando las montañas y el bosque blanco ya no los seguían.

— Tienes buen gusto —dijo Endeavor un poco socavado por el detalle.

— No es nada —se ajustó el abrigo y estornudó cubriéndose con la manga.

— Salud —respondió y sintió cosquillear su nariz, como si fuera un espejo el estornudo llegó pero al no poder evitarlo resonó aún más extrañamente haciendo que Momo riera— ¡aaaagh! —gruñó.

Casi medio día y aún no llegaban a la parada más cercana, necesitaban pañuelos, algo para sus resfriados y quizás agua para hidratarse. Momo era la más afectada, quizás si no hubiera pasado lo del lago helado después del problema en la planta eléctrica hubiera respondido más fuertemente, pero luego de comer algo, abrigarse y retomar su camino hacia su hogar, las fuerzas poco a poco se reponían.

— Allá hay una estación —dijo viendo una parada de autos.

—Eso creo… —dijo agachándose y viendo de reojo, la luz del sol le cegaba.

Endeavor detuvo el auto y giró hacia su compañera, le preguntó lo que quería, ella de inmediato pidió sus respectivos medicamentos, luego de ello puso su mano en la manija y antes de girarla sintió el toque de unas manos sobre sus hombros, él volteó y dejó su intención de salir.

— Por favor no olvide comprar algo para usted también, su nariz está roja y ha estornudado tanto o más que yo —dijo sin dejar de tocarle el brazo.

— ¿Por qué haces esto? —le preguntó luego de dar un largo suspiro.

— ¿Uhm? —se mostró confundida.

— Lo de anoche, no debes repetirlo, te he dicho que-

— ¿Lo de anoche? —lo interrumpió para luego hablar en tono más bajo— ¿por qué?

— Sí y no quiero que se repita, no te hagas eso a ti misma —parecía ser más consciente de las intenciones de la joven.

— Dijo que no me despediría y no dijo que le desagrada.

— ¡Geeehz! —hizo un gesto y giró para otro lado mientras volvía a abrir la puerta—. Eso que hiciste fue peligroso y poco profesional, si te mandara a otra agencia, ¿lo repetirías?

— Me niego a contestar —respondió divertida.

— Estás… eres… ¡aaahg! —salió del auto como si no quisiera seguir con el berrinche mientras se dirigía a la farmacia.

Momo lo vio caminar delante del auto, le había creado una bufanda, esta combinaba con sus ojos, así que cada vez que le hablaba dejaba de pensar, sólo podía reír, estaba cómoda, sabía que él no la veía de un modo perverso y eso aliviaba un poco su molestia con esa misión. Era un hombre digno, a eso se refería.

Quizás eso le atraía de Shoto, su dignidad pero más su mirada, era calmada y le hacía volver sobre sus pasos, ahora con su padre, era casi lo mismo, sólo que cuando se veían a los ojos, ella se perdía en estos, como si… él viera a través de sus intenciones y estuviera preparado para frenarla en cuanto pasara la barrera.

— Bueno, pude comprar agua y algunas cosas más —dijo Endeavor entrando al auto.

Definitivamente perdió el sentido del tiempo, sus pensamientos viajaron tan lejos de ese momento y ahora estaba de nuevo en la misma situación.

— Toma —le extendió el brazo, en su mano tenía una bolsa de papel con el logo de la farmacia— procura tomar todo lo que hay dentro.

— ¿Eh? —miró curiosa dentro de la bolsa— ¿y la medicina para usted? —preguntó.

— Estoy bien —le dijo con amabilidad, aún resistía la fiebre— ahora toma las pastillas con el agua antes de arrancar de nuevo.

Momo hizo lo que le pidieron y volvió a acurrucarse en su asiento viendo hacia el frente, su cabeza se acomodaba contra la ventanilla, de pronto se dio cuenta de que el pelirrojo la miraba fijamente, quizás preguntándose por qué se comportaba así de relajada. Habían pasado una noche infernal, entre la calentura, el agua helada y la oscuridad del bosque y ahora estaba fresca como una lechuga.

— ¿Pasa algo? —preguntó ella.

— Nada —respondió de inmediato y empezó a conducir.

Claro que no era nada, así que ese sentimiento que despertó como un fugaz pensamiento de buena voluntad, quedó como un cariño adverso a sus propios deseos. Momo había entrado. (**)

Un periódico cubría su rostro, llevaba gafas y tomaba un café mientras parecía esperar algo. Resopló de inmediato cuando escuchó a alguien tomar un asiento en su mesa, elevó los ojos por encima de los anteojos oscuros y descubrió a su compañía.

— Es el mejor café de la ciudad —dijo esta persona.

— Siempre que se sirva caliente —respondió Amalaba.

Así que ahí estaban, dos cómplices esperando las señales, claro que su contacto se veía extrañamente diferente, de hecho era una persona con un rostro sospechoso.

— ¿Quién eres?

— Dabi me envió —dijo la joven de cabello rubio— soy Toga —le guiñó un ojo.

— ¿Qué quiere ese mocoso? —entrecerró los ojos molesta.

— La cura —resopló la joven mientras tomaba una cucharilla, la remojaba en el café de aquella extraña y chupaba la misma con una expresión emocionada.

— Era de suponerse —miró cada acción y alejó la taza con una cara inexpresiva— pero no la tengo, además yo hago tratos personales.

— Es que… —giró sus ojos a otro lado— si Dabi llega a poner sus manos en ti, no podrá contenerse, terminarás hecha cenizas —volvió a verla.

— Jojo~ —rió Amalaba— aquel jovencito no podría poner sus manos en una vieja inofensiva como yo, ¿qué dices? Estás exagerando —se cubrió la boca y tomó su periódico para ponerlo sobre la mesa.

— ¿No crees que somos capaces? —preguntó toda seria Himiko.

— Mira niña, él necesita la cura, si interrumpe algo de lo que yo hago, no la tendrá jamás.

— Ya basta, Toga —dijo una voz en otro asiento cercano.

Dabi se puso de pie y caminó hacia la mesa, hizo un amague con su mano toda floja y la rubia se apartó para irse de puntillas, como si le hubiera hecho gracia aquella entrada. Amalaba elevó la mirada y notó algo diferente en el muchacho, sus cicatrices eran invisibles a la vista, quizás efecto de algún quirk, uno para hacerlo parecer una persona normal, con piel sana, lisa, perfecta.

— Salir a dar un paseo te sienta bien, ¿no? —dijo burlona la mujer.

— Eres una gran cómica, me pregunto si dirán lo mismo en el hospital cuando te haga cenizas las manos, piernas y cara.

— Ya lo dije, me necesitas.

— ¿En qué parte de mi cara se ve que yo necesito algo de una vieja inútil?

— Me pediste una fórmula para detener un quirk de una persona brevemente, no preguntaste de los efectos secundarios.

— Mala mía, no leer las letras chicas, ¿cierto? —dijo Dabi con cara impasible, casi como si le diera igual estar frente a ella, ni si quiera la miraba.

— ¿Por qué me buscaste en primer lugar? Si querías matar a aquel muchacho, lo hubieras hecho, ¿por qué quitarle sus poderes momentáneamente?

— Creo que sabes la respuesta —dijo y giró sus ojos hacia la mujer, la cual tiritó de miedo sin saber por qué.

— No es cierto —negó.

— Sí lo es. Mira, yo sé de tu pequeña obsesión y también sé que no me ayudarás a dañarlo pero, piensa en rehacer nuestro contrato. No dañaré físicamente a Endeavor, sólo quiero arruinar su imagen y a aquella familia que sólo necesita un pequeño toque para destruirse por completo. Él aún tiene hijos por los que se preocupa —señaló en tono suave—, yo sólo quiero que no tenga NADA.

— Tengo un… plan —dijo algo tímida.

— ¿Me gustará? —dijo con una sonrisa en su rostro.

— Sé cómo destruir su imagen, sólo necesito recursos y tiempo.

— Detesto esperar.

— Valdrá la pena —afirmó Amalaba—. Tendrás la cura sin ningún esfuerzo y Endeavor perderá a su familia.

— Tengo algo de tiempo, cuéntame más —puso su codo sobre la mesa y apoyó su barbilla en su mano.

Llegada la tarde, el sol comenzó a cubrirse con nubes pero no dejaba de hacer calor, un suspiro se dejó escuchar al tiempo que Hawks veía a su ángel tomar un vaso de agua y beberlo.

— Gracias —dijo el rubio.

— ¿Por? —preguntó curiosa.

— Jeje… es sólo que no pensé que aceptaras ir a tomar algo conmigo, digo —la miró encantado— no sé qué decir.

— No es malo que conversemos, creo que tenía sed —añadió divertida.

La bebida que Hawks había pedido estaba intacta, quizás por observar a Fuyumi desde un inicio. La cafetería de la agencia estaba igualmente llena, ahora que Hawks estaba a cargo, no había día en que no se trabajara, era un hablador pero también alguien muy eficiente.

Los casos más importantes de la agencia no habían tenido ningún avance y aquellos casos regulares fueron tomados por los demás agentes disponibles, después de todo, no era necesario que Endeavor los tomara, siempre y cuando pudiera supervisarlos, no habría problema.

Entonces, algo llamó su atención, su teléfono comenzó a vibrar mientras se decantaba por una plática amena, a regañadientes tuvo que contestar y para variar, era un asunto que no podría evadir.

— El tiempo ha sido corto pero muy valioso —posó su mano sobre su pecho, se puso de pie y caminó al lado de la sorprendida peliblanca— tengo que marchar.

— Ten un buen día, Takami —le sonrió y él pasó de largo.

Eso… sonó hermoso en sus oídos, ¿y cómo no podía? Lo llamó por su nombre y no como "Hawks", por una vez en su vida, sentía que alguien abrazaba su verdadera identidad. La estaba idealizando y odiaba hacerlo porque no podría quitarse de la cabeza el sonido de su voz en todo el día.

Ahora, de nuevo en el plano de la vida de este héroe salía a la luz otra historia que no lo dejaba en paz.

¿Hola?

¿¡Dónde demonios estabas Hawks?! Llevo como media hora intentando contactarte…

Endeavor-san, ¿qué sucede? Dijiste que ibas a regresar por la noche, no creí que necesitaras nada.

Llamé a la oficina, te llamé a ti y volví a llamar, ¿te parece que estabas en posición para dejar la agencia?

Salí a comer, ¿pasó algo?

Necesito que vayas a mi oficina, tomes la ropa de emergencia que guardo en uno de los casilleros y nos encontremos, ehm… —se distrajo y preguntó a otra persona la dirección— ¿dónde dices? —preguntó de nuevo, estaba comenzando a estresarse.

Bien, creo que conozco un lugar, te enviaré la dirección, cálmate.

¡No me calmaré! —dijo en un grito y colgó.

Había una razón para estar molesto, necesitaba saber el estado de la agencia, si habían recibido llamadas de UA por el evento al que no participó, por si había nuevas pistas del caso del asesino de la bahía o una llamada del jefe de policía, pero sobre todo porque necesitaba ropa suya, propia y no lo que… esa niña le había creado.

Era la sensación más incómoda que pudiera imaginar y no podía encontrar en su cabeza la respuesta de por qué. Quería negarse al principio, pero si seguía de ese modo, agarraría un resfriado también, y no era momento para el Nº 1 de distraerse con debilidades tales como un resfriado.

— Lo siento —se disculpó la joven a su lado.

Sí, era su culpa pero tampoco iba a decirlo en voz alta, quizás debería también disculparse por enviarla sin compañía, ¿qué estaba diciendo? ¿Desde cuando protegía tanto a un interno? Debía aprender a cuidar de sí misma, pero exigirle algo así en este momento podía ser contraproducente, dadas las circunstancias de su anterior discusión, además no quería darle otra excusa para pegarse a él.

— Uhm —respiró hondo y puso total atención al camino— no importa ya. Quiero que cuides de ti. Te daré libres un par de días y no quiero verte trabajando.

— ¿Puedo ir a la agencia?

— NO —respondió de inmediato casi en grito pero se recompuso— digo, es preferible que no. Después del incidente de la planta eléctrica y de caerte en aguas heladas, creo que lo mejor es guardar distancia. Es como si el desastre te siguiera como una sombra —murmuró lo último.

— De acuerdo, pero deme la cantidad exacta de días —Momo se acomodó más, estaba tan cálido ahí dentro.

— 5 días.

— 2 —respondió ella.

— 3 y no se diga más —replicó Endeavor.

— ¿2 y medio? —añadió intentando molestar al pelirrojo.

— No me presiones —advirtió pero ya no molesto, parecía entrar en el juego aunque su rostro permanecía serio.

— Bien, creo que me quedaré en la esquina —dijo viendo una intersección.

— Claro.

Varios autos tras ellos les pasaron mientras él estacionaba, tal vez el día soleado era más que eso, ambos lucían de buen humor, tanto Endeavor como Momo, así mismo lo demostraron con sus amables acciones el uno con el otro. Ella abrió la puerta suavemente mientras se giraba hacia la ventana antes de cerrarla.

— Quisiera poder compensar su amabilidad —dijo la pelinegra sin dejar de apoyarse en el borde de la ventana del auto.

— No, no, no, no —repitió el pelirrojo como si supiera que eso sólo significaba peligro.

— Sé que se siente embarazoso, pero ¿no es esto un buen inicio para un par de amigos?

— "¿Amigos?" —pensó crudamente Enji mientras intentaba extraer el significado de tal palabra, como si nunca la hubiese escuchado o como si nunca se hubiera interesado en algo así—. Basta.

— ¿No podemos serlo? —preguntó animada y con una pequeña sonrisa.

— Yo…

— Si me pregunta, creo que eso haría que deje de pensar en lo que me dijo antes de ir a la planta eléctrica —parecía querer usar la culpa y es que realmente necesitaba acercarse a él sin que la rechazara cada dos segundos.

Si ella lo notara, habría visto que él había dado un ligero salto, no era sólo su consciencia sino su falta de coordinación entre su cerebro y su boca lo que había provocado una avalancha de reprimendas internas. El problema con Momo era que siempre perdía el control en cuanto a su interacción. Así que sí, pensó que tal vez eso podría aplacar las culpas, incluso aquellas de las que ella misma tenía consciencia.

— Es-Esta bien, podemos ser…

— Amigos —abrió su boca mostrando sus dientes y cerrando sus ojos, estaba conforme con ese avance que dejó la ventanilla—. Hasta pronto, amigo —se despidió agitando su mano y avanzando en dirección contraria al tránsito.

El cuerpo del Nº 1 estaba tenso desde el instante que mencionó el asunto pero cuando ella se fue, estuvo respirando más fuertemente, era como haber contenido el aire dentro de sí para luego soltarlo de golpe, ¡oh por Dios! Quería calificar aquella interacción pero le era imposible, como si quisiera minimizar el hecho de que ellos habían pasado momentos difíciles pero íntimos, esto los convertía en 'amigos', nunca había tenido a alguien a quien llamar así.

¿Qué debería de hacer? Pensó en primer lugar.

Hawks era un compañero de trabajo y colega pero no había pensado en él como un "amigo" nunca, así que no podía preguntarle eso, tal vez incluso podría ofenderlo, ¿estaba mal? ¿Estaba mal ser amigo de esa muchacha? Al final no podía ser nada malo, después de todo los amigos son personas confiables y ella, ¿lo era?

¿Confianza? Pensó la pobre Momo, apretando las manos, insegura, inquieta y por sobre todo, odiándose a sí misma, ¿de dónde había salido esa actuación de niña adorable? Recordaba que en el pasado podía lograr muchas cosas por su apariencia, todos los adultos a su alrededor se derretían, si no era por su cultura, por su dinero o por su elegancia, era por su ternura.

Quería pensar que tal vez era momento de usar una careta, ya que ser ella misma, había causado todos esos problemas, creía también que eso era un paso a la villanía, claro, fingir animosidad, alegría, ternura y también, torpeza.

Lo recordaba, la noche anterior, cuando estuvo ahí, en aquel lago congelado, sabía lo que pasaría si seguía pisando hielo fino, así que decidió arriesgarse. Suspiró. Era tan obvio que el pelirrojo la salvaría que le dolía imaginar el tipo de mente macabra que planeó aquel acercamiento.

Tocó sus muñecas, todavía le dolían, estaba hastiada del comportamiento de Shinsou, quizás lo único que no fingió o planeó con Endeavor era el miedo que le había causado aquel enfrentamiento. No sabía cómo decirle a Shinsou, pero él la obligó a decir la verdad con su quirk, fue tan… desagradable, realmente odiaba esa sensación y más cuando la aplastó contra el piso, quería vomitar…

Caminó un par de cuadras más hasta que se sentó en una banca, era de una parada de autobús, tan sólo quería pensar, porque hasta ese momento, ella estaba sola consigo misma, deseaba tanto haber ido con Endeavor, estar en la agencia trabajando podría distraerla, oh no… también podía ser una contradicción.

— ¡Boo! —llegó de repente ese niño.

— ¿Eres tú? —preguntó Momo por la sorpresa.

Parecía haber salido de la escuela, tenía un sombrerito y pantaloncillos cortos, su camisa tenía una raya, que parecía haber sido hecha con un marcador.

— ¿Qué haces aquí? —dijo la joven pelinegra poniéndose de pie.

El niño giró su cuerpo y señaló a su madre, quien iba corriendo de una media calle de distancia, Momo agitó su mano y le sonrió, quizás aquella mujer había tenido el susto de su vida al no tener a su hijo a su lado.

— Señorita… aafff… —saludó con la respiración agitada— realmente es usted… aaafff-affff disculpe, de verdad, yo…

— No hay problema, ¿su escuela queda cerca? —preguntó Momo.

— Sí, es la más cercana que tenemos en el área —se sentó en la banca a descansar— ¿qué hace usted por aquí?

— Esperaba a alguien —mintió, parecía cohibirse por estar en un área que ni si quiera estaba cerca de su casa— ¿cómo va todo? —preguntó.

— Ah… tengo un problema por resolver, precisamente salíamos porque iba a la agencia, iba a tomar el autobús aquí —dijo la mujer un poco agobiada.

— Ya veo, ¿no quiere que la acompañe? —preguntó Momo.

Era obvio que no podían hablar de ese asunto frente al pequeño que giraba su pequeña cabeza de una persona a otra.

— Estaremos bien, usted parece que regresó de viaje —la mujer veía a Momo muy bien abrigada en un clima tan de verano.

— La agencia me envió a la inauguración de una escuela rural, allá hace mucho frío —todavía sentía escalofríos recorriéndole.

— Beba mucha agua, señorita —interrumpió el pequeño, la pelinegra le tocó la cabeza con cariño y le sonrió.

— Eso haré —le dijo y el niño se distrajo con un anuncio en una pared, ahí mismo— ¿qué problema tiene? Yo podría llamar a la agencia y pedir una reunión, de ser necesario.

— Cuando eres madre, hay cosas que antes creías que no serías capaz de hacer —agregó en tono bajo— pero que debes —murmuró.

Un automóvil se detuvo muy cerca de la parada, la ventanilla bajó y el rostro de un hombre se asomó.

— Cielo, te estuve buscando, ¿qué haces tan temprano por aquí? —le preguntó aquel.

La mujer se retrajo ligeramente, Momo pudo notar cómo ésta se descompensó por unos segundos.

— ¡Paaapi! —gritó el niño y aquel hombre le abrió la puerta para luego ayudarlo a subir.

— Disculpe, señorita —se puso de pie y dando una reverencia se subió al automóvil junto al niño sin decir nada más.

Eso se sintió tan extraño, pensó la pelinegra, quizás había sido sólo impresión suya pero esa mujer había ido a la parada para tomar un autobús e irse a la agencia, mas al instante cambió de idea, ¿sería por el marido? ¿Habría algún problema entre ellos? Era cierto que la hora de salida de los pequeños escolares era un poco más tarde, y la mujer había estado corriendo un buen rato con su hijo, cuando éste se adelantó a la parada cuando la encontraron.

Tal vez debía llamar luego a Endeavor para pedirle permiso de hacer otra visita, con la excusa de saber más del testigo o de sus testimonios.

— "Debe ser un problema doméstico" —dijo dentro de sí apretando los puños.

La policía debía ocuparse de ese asunto, era algo simple, algo que ellos podían manejar, ella era una heroína, ella debía ocuparse de asuntos aún más peligrosos, no de problemas domésticos…

Pero.

Más tarde ese mismo día, al haber regresado ya a su hogar, haberse bañado adecuadamente, bebido un té caliente, y haberse acostado un momento a revisar su teléfono, notó que tenía un mensaje de audio pendiente, así que decidió escucharlo, incluso si se tratara de Todoroki.

— ¿Hola? —se aclaró la garganta tosiendo ligeramente— soy yo, creo que sólo quería dejarte un mensaje, saber si estás bien, espero hayas llevado algo abrigado, escuché que la nueva escuela inaugurada está cerca de unas montañas. Sólo eso, adiós —colgó.

Esperaba que nadie pueda escuchar ese suspiro que había dejado en ese instante, Todoroki era tan, era… no sabía cómo describirlo, su pecho se inflaba con esa clase de sensaciones cada vez que escuchaba su voz, esperaba que él nunca lo supiera, que ese corazón suyo era un traicionero, que temblaba al son de sus palabras, que palidecía al simple acto de sus cuerpos, odiaba tener que esconderlo, quería gritarlo o tal vez sólo que él supiera de su cariño perpetuo.

Luego de escuchar aquel mensaje, se acostó por completo, con piernas y brazos juntos, como si estuviera en posición fetal, intentando sobrellevar esos sentimientos, estaba al borde de un colapso, no sólo eso, al borde de una miserable existencia, pronto suspiró resignada, no había nada que hacer. Ese cuerpo ya no era suyo, ahora le pertenecía a Amalaba como una simple incubadora, capaz de traer aquella vida que le prometió a cambio de la seguridad y existencia de la persona que más le importaba.

Tomó su teléfono otra vez y marcó el número de la oficina de Endeavor, todavía eran las 10 de la noche, él estaba ahí, era un adicto al trabajo, no iba a abandonar su puesto, incluso si tenía un resfriado o fiebre o lo que sea.

El ring de aquel viejo aparato lo hizo despertar de su lectura, el pelirrojo alzó la mirada y respondió al instante.

¿Quién habla? —preguntó.

Yaoyorozu, esperaba poder hablar de algo con usted.

¿No te dije que descansaras? ¿No estabas en UA? —volvió a preguntar.

Ya no iré a los dormitorios, además, sólo quedan los internados en agencias, no hay otra actividad que algunos cursos extra.

¿En serio? La escuela ha cambiado —dijo como si recordara algo.

Eh, sí, llamaba porque hoy encontré a la testigo del crimen en la bahía, estaba muy extraña, quería saber si podía permitirme visitarla otra vez, ¿no pasó por allá?

Ningún testigo ha venido, ¿dices la mujer de la bahía? La que tenía al esposo fuera, ¿no?

Sí, ese mismo.

Yaoyorozu —pausó por un momento— descansa de una vez —pidió serio.

No podía dormir pensando en eso.

Ya lo dijiste, ahora puedes dormir, ad- —decía a punto de despedirse pero se detuvo.

¿Endeavor? —lo llamó por su nombre pero él no contestó— ¿hola? ¿Pasa algo? ¿Hola?

Sí, sí, estoy aquí, de pronto recordé algo —dijo con un poco de pena.

¿Qué es?

¿Podrías enviar la dirección de la mujer del testimonio?

Está en el expediente, está con mis notas, tal vez si busca en el archivero…

Sí, lo encontré. Bueno, hasta pronto.

Endeavor…

¿Sí? —preguntó con el teléfono en su oído, distraído por aquel silencio.

Uhm… por favor descanse también, hasta pronto —se despidió y colgó.

¿Qué había sido eso? Se preguntó él, no lo dejó despedirse pero ella luego lo hizo rápidamente, tal vez el hecho de que estuvo a punto de estornudar la hizo pensar en algo más, no podía evitarlo, por lo menos ella no lo escuchó.

Buscó un pañuelo en su bolsillo y pudo sonarse la nariz también, volvió entonces a su trabajo, revisar todo lo que dejó pendiente durante ese día y el anterior, quizás si terminaba antes de las 3 de la mañana podría irse a casa y desayunar tranquilamente, eso… si es que nadie lo interrumpía.

La fatiga de los días llegaba a ser tediosa, las pastillas lo estaban ayudando mucho, le daban la energía suficiente para funcionar pero no tanto para hacer sus debidas rondas, había abusado de Hawks en ese aspecto. Él se hacía cargo de todo, cuidaba de su reputación, haciéndose cargo de todos los problemas más prontos en su región y también atendía los pendientes.

No podría aguantar ese ritmo si no pensaba en una forma de alejarse de todo, tal vez debería realmente tomar un tratamiento, arriesgarse en una operación o quizás darlo todo en una última pelea.

Él no merecía una redención o el milagro de una operación exitosa, no merecía la esperanza o algo bueno en aquella vida, luego de todos los males desatados a su alrededor, lo único que parecía querer heredar, era su voluntad por compensar aquellos errores con su vida.

Los nervios, la pesadumbre, el dolor regresaron, cosas que ni si quiera las drogas más fuertes podrían quitarle, se agachó en su escritorio tomando su cabeza nuevamente.

— "Ya pasará, ya pasará, ya pasará" —se decía mientras el zumbido interminable de su karma se alimentaba de su pasado y presente…


Fin de Episodio 20


Nota de la Autora:

(*) La mirada de un médico es neutral, ellos no te ven (o no deberían) con miradas morbosas, ellos actúan en pos de tu salud, así que la mirada de un médico se refiere a que no hay nada sexual en el asunto.

(**) Con eso de que "Momo ha entrado" hago referencia a que de alguna forma ella ha logrado entrar en los pensamientos de Endeavor, algo así como una pequeña grieta en el gran muro de rechazo. De alguna forma, estar en sus pensamientos implica un punto de inicio o uno en el que podría escalar.