Capítulo 17: Único testigo.

La cena se desarrolló en un ambiente ameno y tranquilo. Hacía mucho tiempo que los cuatro no habían coincidido; así que, compartir un momento tan especial fue inolvidable para todos ellos. Ron pronto olvidó su enfado, que había amenazado con agriar la reunión, y disfrutó como un enano viendo a su hermana y a su mejor amigo juntos y felices. Aunque fingió no dar importancia al asunto, bajo la mirada divertida del resto.

—Bueno… Os comunico que, si queréis, ya podéis ir contratando a la streaper. Las chicas y yo hemos programado mi despedida de soltera para dentro de dos sábados —Hermione anunció tranquilamente, llegados los postres.

Harry y Ron intercambiaron una mirada alarmada, antes de devolver a ambas otra de reproche.

—No va a haber streaper que valga —Harry sentenció, categórico—. Y vosotras no lo tendréis, tampoco.

—¡Por supuesto que no! —Ron lo apoyó con todas sus fuerzas.

—¿Cómo que no? —Hermione objetó, aparentemente indignada—. El propio Harry nos aseguró que vosotros tendríais una. Nosotras ya lo hemos contratado —informó con candidez.

—¿Quéeeeeeee? —ambos gritaron al unísono, sin dar crédito a aquello que acababan de escuchar.

Por un instante, Ron quedó pensativo, mientras Harry lo apremiaba, con la mirada, a que "prohibiera" a Hermione hacer semejante cosa.

—Pues... tío, será cuestión de que contratemos una, nosotros también; no veo nada de malo en ello —en cambio, Ron declaró con un ademán de obviedad.

Harry lo observo con ojos desorbitados, como si no lo conociese.

—No es que haya nada de malo en ello; los ojos están para admirar la belleza, esté donde esté. Pero, ¿es necesario? ¿De verdad? ¿Dedicarse a mirar a otros y a otras, desnudos, como celebración anticipada de una "boda", es realmente necesario? —objetó, con voz de reproche—. Si yo fuese a casarme con Ginny, tan sólo desearía verla a ella, desnuda en mi cama, antes de mi boda, la verdad —dejó bien claro, haciendo alarde de una sinceridad que no solía emplear, en cuanto a cuestiones íntimas se trataba.

Ron, sin poder evitarlo, lo atravesó con una mirada de indignación.

Pero antes de que pudiese abril la boca, siquiera, para pedir a su futuro cuñado que guardase respeto a su hermana, al menos en su presencia, ambas mujeres se pusieron en pie con los brazos en jarras, amenazadoras; justo como él esperaba. Pensándolo mejor, finalmente, rompió a reír.

—¿Pero, no te das cuenta de que estas dos manipuladoras nos están tomando el pelo? —preguntó a Harry, entre risas—. ¡He estado apunto de creérmelo! ¡Te lo juro!

—¡No me j…..! ¡Pues ahora la contrataremos de verdad! ¡Por listas! —Harry gritó con indignación.

Ginny se sentó a su lado y acarició su barbilla, sensual.

—Ah... Haz lo que quieras. Podrás tener a una chica guapa desnuda frente a ti; pero mientras la mires, será conmigo con quien sueñes. Y cuando regreses a casa, seré yo a quien no tendrás —aseguró con voz suave— ¿Te gustan los sofás?

Hermione comenzó a reír. Y Ron negó con la cabeza, a modo de rendición.

—¿Y esta arpía es mi novia? —Harry preguntó, fingiendo incredulidad.

Sin previo aviso, Ginny se abalanzó sobre él y comenzó a hacerle cosquillas. Sorprendido con la guardia baja, se hizo una bola sobre uno de los sofás, donde ella y él se hallaban sentados alrededor de una mesa de te. Pero ella conocía demasiado bien sus puntos débiles, y pronto él se halló riendo a mandíbula batiente, sin ser capaz de parar.

—¡Para! ¡Para! ¡Por favor! ¡No habrá streaper! ¡Te lo juro! ¡Detente! —él suplicó, casi sin respiración.

Satisfecha con su juramento, Ginny lo liberó. Y él exhaló con fuerza, intentando recomponerse de un modo patético.

—¿Veis qué fácil es? —ella aseguró, sonriente.

—No creas que todo ha terminado, señorita —Harry respondió, una vez recuperada su dignidad—. Voy a seros totalmente sincero: en los tiempos que corren, no creo conveniente que las chicas salgáis de fiesta, solas, un sábado por la noche. Tenemos intención de atrapar al violador mucho antes de esa fecha. Pero si, por desgracia, no lo hubiésemos logrado, no deberíais salir sin nosotros —argumentó.

No había ni rastro de jocosidad en sus palabras. Y su mirada era solemne y sumamente preocupada.

—Sobre este tema, Harry y yo no admitiremos réplica alguna —Ron añadió seriamente, lejos ya de bromear—. Si hay que celebrar una fiestas conjunta, se celebrará. Pero, por ningún motivo, vamos a arriesgar vuestra seguridad.

—Por supuesto, cariño —Hermione aceptó, comprensiva—. Pero no será ni la mitad de divertida que la fiesta que nosotras tenemos en mente.

—¿Ah, no? ¿Y qué pensabais hacer solas, si se puede saber?

—Ponernos verdes, sin duda —Harry aseguró, convencido—. Las mujeres nacen con un gen experto en poner verdes a los hombres a sus espaldas. Nosotros pasaremos la noche entre cervezas de consolación, como idiotas enamorados, echándolas de menos y contándonos entre nosotros cuánto las queremos; como siempre hacemos, digamos lo que digamos después. Y mientras tanto, ellas reirán a nuestra costa. Siempre lo hacen.

—Pero qué mono es… —Hermione le dio un beso en la mejilla, enternecida.

—Sí, qué mono… —Ginny lo besó también.

Él dedicó un gesto sarcástico a ambas.

—¿Qué te acabo de decir? —insistió a Ron, con un ademán de obviedad—. Estas dos, tienen más peligro que un centenar de ashwinder en una mansión hecha completamente de madera.

—Va, no os hagáis los inocentes, que vosotros tampoco sois angelitos —Hermione le reprochó, siguiendo la broma.

Y ambos la miraron como si no tuviesen la más remota idea de lo que ella estaba insinuando.

—Será cuestión de ir marchándose a dormir —Ron opinó, intentando reprimir un bostezo.

—Ese tema ya no les interesa —Ginny declaró, dando un codazo a Hermione. Y ambas sonrieron de un modo cómplice.

—En serio, chicas. No sé a vosotras, pero a nosotros, mañana nos espera un día duro —Harry lo apoyó—. Gracias por venir a cenar. Ha sido una magnífica idea —dijo a la pareja, sonriente.

Ron y Hermione se dirigieron una mirada alegre, satisfechos.

Mientras las mujeres caminaban hacia la chimenea y Harry se disponía a seguirlas, el moreno escuchó a su espalda, para su infinita sorpresa: «Cuidado con lo que haces a mi hermana pequeña». Girándose, observó al pelirrojo con estupor.

—¿A estas alturas de la vida, me vienes con esas? —le reprochó, incrédulo.

—Tenía que decirlo —Ron afirmó, con cara de circunstancias.

Harry negó levemente con la cabeza, dándole por un caso perdido.

—Voy a tomar tus palabras como una petición, para que trate a tu hermana pequeña como a una reina, que es lo que ella es. Y no por un intento de inmiscuirte en otros temas más… íntimos. —Sonrió, mirándolo con sarcasmo—. Y por mi vida, te juro que así será.

Al llegar ante la chimenea que devolvería a la pareja a su casa, palmeó su espalda con fuerza. Y Ron le devolvió la palmada del mismo modo.

—Hombres —Hermione afirmó con obviedad, al ver lo que ambos acababan de hacer.

—No hace falta que digas más —Ginny la apoyó, comprensiva—. Hasta mañana y… gracias. Ya te contaré.

—Por supuesto que lo harás.

Ambas sonrieron con complicidad.

Cuando la pareja se hubo marchado, Harry abrazó a Ginny con mimo. Y ella se dejo hacer, encantada entre sus brazos.

—¿Dónde vas a dormir esta noche? —Harry preguntó, prudente.

Sin embargo, Ginny fijó su mirada en él, incrédula.

—¿Qué clase de pregunta es esa, Potter?

—Mi amor... No deseo presionarte para que hagas algo que tú no desees. He pensado que, necesitarás tiempo para volver a acostumbrarte a mí, para volver a desear estar conmigo de un modo más íntimo.

—No puedo creerlo… —aseguró, buscando sus labios para acariciarlos con un cálido beso—. Tú… estás…tonto —afirmó, entre beso y beso, mientras le acariciaba el pecho sobre la camisa, llena de deseo.

—Vaya… Gracias por acusarme de querer facilitarte la situación —él le reprochó, molesto.

Pero continuó besándola, volviéndose más y más loco por ella por momentos, sin dejar de perderse en su mirada.

—Quizá seas tú, quien necesita tiempo…

—¿Estás loca? —él casi gritó, apasionado.

—Loca… por ti.

Al escucharla, Harry no se vio capaz de poder contener sus ansias de volver a poseerla durante más tiempo. En absoluto silencio, pues sobraban ya las palabras, la levantó en brazos y se encaminó hacia su habitación, aquella estancia íntima y espaciosa que, desde un principio, él concibió en su mente para que perteneciera a ambos. Y que para ello fue construida. Sus músculos, poderosos, se intuían bajo su camisa. Y Ginny, mirándolos maravillada, exhaló llena de deseo, anticipando con deleite lo que iba a suceder. Al llegar ante la magnífica estancia, se detuvo para besarla con pasión mientras, con una mano, intentó hacerse con el pomo de la puerta para abrirla. Consiguiéndolo no sin dificultad, traspasó el umbral rápidamente y cerró la puerta tras de sí de forma impetuosa, dejando a la noche como único testigo de su amor.


COMENTARIOS DE LA AUTORA.

Hola a todos. Por el momento he conseguido no dejar pasar más de una semana entre capítulo y capítulo e intentaré que así siga siendo.

En esta ocasión, dedico todo mi agradecimiento a Natesgo, quien me ha dejado un review al capítulo anterior y de quien, por cierto, acabo de leer un fic que me ha encogido el corazón, por lo bueno que por y de lo bien escrito que está. Si alguno de vosotros es fan del magnífico manga y anime "Card Captor Sakura", le recomiendo que lea "Heavenly Forest", de Natesgo. No se arrepentirá. Muchísimas gracias por tu fidelidad y paciencia, amiga.

Hasta muy pronto.

Rose.