Capítulo 17. A un paso de la meta

El fuerte sonido de la puerta de la planta baja de la pequeña casa en la que se hospedaban sacó a Seiya de sus pensamientos. Cruzó la estancia para darse cuenta de que Shiryu estaba en el suelo, limpiando y los demás estaban pensativos.

—¿Que sucede?.—Seiya buscó a Saori por todos lados.—¿Donde esta Saori?

—En su habitación.— Contesto Shun.

Seiya se dirigió a la puerta y la tocó con delicadeza, casi la acariciaba, él sabia que había pasado algo y sus amigos estaban callados.

—…¿Saori?

Nadie contestó y Seiya volvió a dirigir su mirada a sus amigos, pero nadie decía nada, solo Shun tenía su mirada clavada en aquella puerta, pero sus ojos reflejaban una mezcla entre confusión y preocupación. Seiya insistió tocando la puerta, pero esta vez lo hizo con mas fuerza.

—¡Saori! ¿Qué esta pasando?

—Ya basta, idiota.—Se acercó Ikki y lo detuvo.

Ikki se llevó a Seiya a la cocina tomándolo a la fuerza por la muñeca.

—Shun ¿Qué rayos pasa?.—Seiya se frotaba la muñeca con dolor.—¿Ella esta bien?

—Fisicamente si, supongo.—Respondió Shun

—¿Qué se supone que significa eso?.—Le dijo Seiya, molesto, él odiaba la condescendencia.

—Significa que no me corresponde a mi decírtelo, es ella con la que tienes que hablar.—Shun bajo la mirada.—Pero no ahora, espera a mañana, quizá se haya calmado un poco.

—¿Calmarse? ¿Por qué habría de calmarse?

Hyoga y Shiryu entraban a la cocina en ese momento.

—Ya te lo dije, espera hasta mañana y podrán hablar. ¿Quieres?

—Puedes usar mi cama en la habitación con Hyoga, yo me quedaré para cuidar de ella.—Se ofreció Shiryu, quien creía que había entendido lo que había pasado.—Alguien debe hacer guardia y tu debes estar muy cansado, yo lo haré.

—No necesito a nadie para hacer mi trabajo.—Seiya estaba muy confundido.

—Escucha, Seiya, solo come algo y ve a dormir.—Ikki se puso de pie de forma autoritaria a su lado.—Mañana podremos hablar todos cuando estemos mas tranquilos y lúcidos.

Seiya tomó uno de los platos al azar envueltos en papel aluminio y se lo llevó para comer a solas en su cuarto. Se sentía confundido y enfadado a la vez, no sabia en que se había equivocado para que todo el mundo se comportara de esa manera, pero ya no era aquel muchacho visceral, había madurado, aunque con Miho las cosas habían sido tan perfectas que jamas habían tenido ninguna pelea, estaba perdido en esos temas, solo le restaba hacerles caso a sus amigos y guardar su distancia, solo por esa noche.


—¿Saori? Debes comer algo.—Era Shun en la puerta de Saori intentando que abriera para hablar con ella y darle aquel platillo que tanto la había emocionado apenas un par de horas antes.—Solo come algo, te sentirás mucho mejor.

Solo había silencio. Shun lo sabía, ella se había equivocado con respecto a Seiya, pero por el momento no podía hacer nada si ella no salía de su encierro.


—¿Qué fue lo que sucedió?.—Pregunto Hyoga a Shun cuando el Andromeda volvía de hacer su tercer intento de lograr que Saori abriera la puerta.

Ikki, Hyoga y Shiryu estaban en la estancia, sentados en el sofá, apenas habían tocado su comida a pesar de que hace unas horas todos estaban tan hambrientos que habrían devorado todo el festín en segundos.

—No me siento cómodo hablando de eso, esto no es cosa mía.—Suspiro Shun.—Y no podemos elegir un lado, ambos son amigos nuestros.

—De verdad pienso que este no es momento para dramas de esos dos.—decía Ikki.

—No podemos hacer nada, este no es nuestro problema.—Dijo Shiryu.

—Creo que es nuestro problema si estos conflictos interfieren con nuestra misión.—Exclamo Hyoga con fastidio.

—Oigan, todos estamos muy estresados, hemos tenido que cambiar nuestras vidas por completo en apenas un par de días, pero todo se solucionará, estoy seguro.—Shun siempre quería ver el lado positivo de las cosas.


De cualquier forma, Seiya no durmió nada aquella noche.


Comenzaba a salir el sol y los pájaros cantaban con alegría a un lado de las ventanas, la vibra seguía sintiéndose con un grueso espesor debido a los sucesos de la noche anterior, Seiya fue el primero en salir de su habitación, no entendía que es lo que estaba pasando pero decidió ir por el desayuno para enmendarse, habían pasado tantas cosas desde que eran unos niños hasta el momento en el que llegaron a aquel lugar que ya casi no podía reconocer su vida sin las personas que estaban en aquellas habitaciones, los quería a todos y cada uno de ellos, y sabia que no había ningún obstáculo que los pudiera separar. En cuanto a Saori, el estaba consciente de que no importara lo que hubiera pasado, todo debía ser un mal entendido, lo arreglarían, con sus armaduras vencerían y les esperaría un gran futuro juntos.

Con esa idea en la cabeza salió de la casa dispuesto a qué aquel fuera un gran día.


—Que bien huele, muero de hambre.—Decía Shiryu apenas apareció Seiya en la puerta con comida y café.— Déjame ayudarte.

Los caballeros comenzaron a despertar y a preparar todo para tener un pacifico y amigable desayuno entre amigos, sin embargo, las horas pasaban y la comida se enfriaba.

—Debería ir a buscarla, no comeremos nada y perderemos ese avión.—Dijo Seiya, que no había dejado de mirar a su puerta ni un segundo esperando ver que saliera con esa sonrisa dulce y tímida.

—Déjame ir a mi.—Se levantó Shun.

Shun se aproximo a la puerta, estaba dubitativo, sentía algo de incertidumbre ya que ella no había querido escucharlo la noche anterior, acercó su mano para tocar a su puerta y esta se abrió. Shun estaba sorprendido, ahí estaba frente a el, Saori, Athena, esperaba ver un rastro de lagrimas, tal vez cansancio, sin embargo vió a una chica limpia, fresca, hermosa, aunque con una expresión vacía.

—Saori, venia a preguntarle si quería desayunar con noso…

—Debemos irnos.—Saori le dedico una sonrisa fingida a Shun.

Tomó sus cosas y se dirigió a la puerta. Los caballeros la observaron desde el pequeño comedor y se quedaron quietos, no sabían si debían corresponder a su forzada condescendencia.

—Saori, tenemos aún unos minutos, deberías comer algo.—Dijo Seiya ofreciéndole su silla.

—Eres muy amable, Seiya, pero preferiría que nos fuéramos ahora, debemos llegar al santuario.—Saori le respondió con la misma sonrisa que a Shun y luego se dirigió a la puerta con lentitud.

—Espera un momento, el día de ayer te fuiste y estuviste en tu cuarto sin hablarnos… y no cenaste y hoy no planeas desayunar.—Seiya suspiro.—Se que solo soy un caballero de bronce pero puedo decir que eso no es bueno, seas una diosa o no, ¡Ja!

—No debes preocuparte, tu título de caballero será relevado apenas toda esta locura termine, y así no tendrás que sentirte en la obligación de tener que volver al santuario.—La mirada de Saori cambio automáticamente, tenia una acallada furia, apenas termino de hablar y continuo su camino hacia la puerta, se colocó su gorra roja para ocultar su cabello y se percató de que todos la miraban estupefactos.

—¿Quitarme mi título de caballero?.—Seiya estaba demasiado confundido, casi no podía hablar, se sostenía de uno de los sofás y se aproximo a Saori en medio de tropiezos.— Pero…¿por qué?

—Si prefieres quedarte aquí, puedes regresar ya mismo a tu casa.—Saori volteo a verlo por un segundo y Seiya distinguió autentico desprecio en su mirada.— A tu patética y miserable vida.

Seiya sentía una mezcla de confusión, tristeza y enojo.—¿Crees que mi vida es patética?.—dijo.—Si he pasado esa vida partiéndome la espalda por ti, sangrando, ¡Peleando! Así estuviera cansado o herido, así estuviera lloviendo o si tuviera que pasar entre un volcán con lava ardiendo, yo todo lo hacía y lo hago por ti y aún así…¿piensas que soy un miserable?

Saori no contestó y siguió caminando, Seiya no podía soportar sus palabras, él había sacrificado todo por ella, incluso sus sentimientos y ahora ella arremetía contra su título de caballería, que era todo lo que le quedaba. Y encima de eso, ella caminaba hacía la puerta como si no le importaran todos esos años de lealtad y servicio, como si no le importara el amor que siempre le había profesado. Seiya se aproximó a Saori e intentó tomarla del brazo para que ella lo mirara a los ojos y le dijera que todo eso era real y así saber que ella lo quería fuera de su vida para siempre, pero cuando puso su mano en su brazo, su delicada piel estaba ardiendo, provocando que el Pegaso se quemara al contacto, se tomo la muñeca con dolor y vio que su palma estaba enrojecida.

—Yo siempre estuve ahí para sacrificar mi vida para que tu estuvieras bien… y ahora tu llegas y de la nada me haces todo esto, Saori.—Seiya miraba esa pequeña herida que tenía en la mano con demasiado dolor.—¿Por qué?

—Yo no te pedí que me protegieras.—Saori seguía caminando hacia la puerta de salida.

—No, pero eso era lo que querías.—Dijo Seiya que estaba más dolido que furioso.—Porque eso es lo que quieren todos los dioses, carne de cañón humana para resguardarse mientras cobardemente pelean entre ustedes matando a miles de inocentes.

Saori entonces se detuvo a un lado de la puerta y le prestó atención a su caballero y vió la mirada llena de enojo que tenía Seiya.

—Creí que tú eras diferente de todos ellos, y por eso siempre he peleado por ti.—Seiya quería llorar por tanta rabia que sentía.—¡Yo creía en ti! Pero eres igual de despreciable y altanera que toda tu familia. No, tu eres mucho peor, porque al menos los otros dioses nos hablan y nos tratan como gusanos, pero tú nos trataste como amigos, como tu familia, solo para después pisotearnos. ¡Solo eres una hipócrita que usa a la humanidad para su conveniencia!

Seiya sintió una bofetada seca en la mejilla izquierda. Saori tenía la respiración agitada y lágrimas en los ojos.

—Tu no sabes nada.—Saori miraba al piso con una expresión sombría.—Si quieres salir de aquí solo debes servir en esta última misión, luego de que regresemos… no quiero volver a verte, nunca.


La llegada al aeropuerto, el registro, la espera, todo fue un proceso tortuoso, nadie hablaba, nadie se miraba, en ese momento todos parecían unos desconocidos, Seiya estaba callado y muy enojado a causa de los desplantes de Saori contra él, se sentó en el último lugar que les asignaron, lejos de todos, no quería hablar con nadie, ella quería quitarle su armadura, su título, su vida entera, Seiya estaba convencido de que el había nacido para ser el caballero de Pegaso, para salvar a Athena y a la humanidad, si le quitaban eso, no tendría nada. Al igual que sus amigos, el no tenia una educación adecuada para ejercer una profesión que le diera cuando menos una vida digna, él solo sabia pelear y defender, ¿Podría aprender? Por supuesto, pero le costaría demasiado reponerse de una derrota de esa magnitud. Aunque ella lo rechazara, él debía sacarla con bien de ese horrible lugar en el que se encontraban, porque había hecho una promesa: su deber antes de su felicidad. Cuando las cosas se calmaran estaba seguro de que quizá podrían arreglar las cosas, aunque, nunca había visto a Saori con una actitud semejante, ella parecía odiarlo de verdad. Estaba tan sumido en sus pensamientos que no se percató del momento en el que despegaron, ni tampoco del momento en que Shiryu se sentó a su lado, él solo quería salir de ahí y recuperar la confianza de Athena.


—¿Saori?.—Shun llevaba algunos minutos intentando atraer su atención, pero ella parecía estar demasiado sumergida en su propia mente.—Yo seré tu escolta.

—Claro, adelante.

Pasaron algunos minutos, las azafatas pasaban una y otra vez ofreciéndoles bebidas y alimentos, pero Saori parecía estar lejos de ahí, en medio de las nubes, quizá. Shun no sabia muy bien como manejar una situación similar, pero lo que si sabia era que de todos los caballeros de Athena, él era probablemente el único que de verdad poseía "el don de gentes", en el hospital el había intentado sanar a los pequeños niños que llegaban llorando a sabiendas de que su enfermedad les arrebataría la vida antes de tiempo, había calmado la ansiedad de las madres desesperadas, había sopesado el dolor de aquellos que perdían la esperanza, el había cargado con mucho peso en su espalda, y aun así, siempre tenia una sonrisa para todos ellos.

—Se que este no es mi problema, Saori.—Dudó.—Pero… lo que ocurrió ayer fue un mal entendido, todo estaba fuera de contexto.—Se detuvo un segundo a esperar la respuesta de su amiga, pero ella seguía mirando a la ventana sin moverse, así que decidió proseguir.—Si tu pudieras hablarlo con Seiya, se que el te explicaría toda la situación, después de todo somos familia y no debemos estar solos, ya viste la situación que planteó Eros y es difícil que…

—Tienes razón, Shun.—Dijo Saori sin mirarlo.—Este no es… asunto tuyo. Así que ya puedes… cerrar la boca.

Shun estaba tremendamente sorprendido ante esa respuesta, Saori no era así, ella era una dama. Se sentía un poco herido, ella se estaba desquitando con todos los demás a causa de su injustificado enojo. Así que, con tristeza, decidió mantenerse en silencio y no volver a meterse en asuntos que no le correspondían, no importando que involucraran la felicidad y el bienestar de sus propios amigos.


El vuelo fue considerablemente mas corto que todos los que habían hecho en su aventura, así que por fin habían llegado a la ciudad de Atenas, la ciudad estaba resplandeciente y con mucho movimiento, la vida parecía avanzar para todas las personas a su alrededor, sin embargo, para los caballeros y para Saori, la vida se había vuelto un concepto difícil de entender, ¿La vida tenia que ver con felicidad o sacrificio? ¿Sus vidas estaban ya decididas desde el principio o eran guiadas por las decisiones que habían tomado en el camino? Saori suspiro, tenía muchas preguntas, pronto vería a su hermana y las cosas mejorarían, la necesitaba mucho, la extrañaba.

Iban saliendo por las puertas del aeropuerto, Saori iba caminando algunos pasos por delante de Shun, rompiendo la formación en parejas que ellos mismos habían acordado tomar para pasar desapercibidos de cualquier persona, cuando una sombra bien conocida para Saori apareció.

—No puedo creerlo, tenia una corazonada que resultó ser verdad.

Julian Solo.

El alto hombre de pelo azul se acercó a Saori para abrazarla por sorpresa, ella estaba tan pensativa y tan sumergida en sus dudas existenciales que no se percató de qué Julian se estaba acercando.

—Julian.—Dijo Saori con fastidió cuando se dió cuenta de que Julian le había quitado la gorra que sostenía sus largos cabellos lilas.

Shun lo reconoció de inmediato, él sabía su historia con Saori en ese mundo, decidió actuar de forma tranquila y pacifica. Así que solo se quedo de pie junto a Saori.

—¿Sí? ¿Puedo ayudarte?.—Dijo Julian con desdén hacia Shun.

—¿Qué estas haciendo aquí, Julian?.—Dijo Saori.

—¿Qué estoy haciendo aquí? Llevo casi 3 semanas buscándote, te fuiste el día de nuestra boda sin decirme nada, creo que al menos merezco una explicación. ¿Y mira nada más como estas? ¿Pero que te paso en el cuello?

—Tienes razón, te pido la mas sincera de mis disculpas, pero tenia que irme, además te deje una nota con la encargada del restaurante que esta a un lado de la carretera…se que la encontraste.

—La encontré, y solo dejo mas preguntas en mi cabeza, Saori.—Dijo Julian tomándola de las manos.—¿Cómo crees que dejaría de buscarte?

Los otros cuatro caballeros aparecieron unos instantes después, todos sabían quién era Julian Solo en esa realidad, tal parecía que no era una amenaza.

—Saori.—Hyoga carraspeó.—Ya debemos irnos.

—¿Disculpa?.—Dijo Julian.—¿Quienes son ustedes y que es lo que quieren con mi prometida?

—Son… amigos.—Saori se libero de las manos de Julian.—Y Hyoga tiene razón, debo irme.

—¿De qué rayos estas hablando, Saori? No puedes dejarme así otra vez. ¿Ellos son los responsables de las heridas que llevas en el cuello?

—¡No! Yo…—Suspiro.—Julian… yo… lo lamento, en verdad espero que puedas encontrar la felicidad que te mereces, pero yo… debo seguir mi camino.

Julian se quedo callado, mirándola, analizándola, Saori reconoció esa mirada, él era un hombre mezquino, sabia cómo manipular a su antojo a las personas que lo rodeaban, era todo un hombre de negocios, persuasivo y astuto.

—Déjame llevarte… yo puedo llevarte a donde tú quieras y así me darás tiempo de hablar.—La tomo de la mano.—Yo no he olvidado lo que mi corazón siente por ti. Tus amigos… bueno, ellos pueden seguirnos en otro de mis autos.

Saori sabía que todo era una trampa, lo supo desde el momento en que vió que mas y mas guardaespaldas de Julian se acercaban a ellos, así que se dejo llevar, estaba claro que Julian no era Poseidon, pero no tenia claras cuales eran sus verdaderas intenciones con ella.

Avanzaron, él la tomaba con fuerza de la muñeca, aunque con una expresión dulce, no podía creer lo buen mentiroso que era.

—Yo me adelantare al santuario.—Dijo Seiya en el fondo.—Quizás encuentre algunas pistas, ustedes síganla y asegúrense de que este bien.

—¿Qué estas loco?.—Le dijo Hyoga.

—Ella no me quiere cerca, así que sirvo mejor si tomó mi distancia, yo los esperaré allá y analizare el terreno, quiero decir, que este libre de enemigos.

—Pero Seiya…—Dijo Shun.

—El no es Poseidon… estarán bien.—Dijo Seiya tomando su maleta y alejándose.—Los veré allá.


«¡Diablos!» Pensó Saori mientras veía cómo sus caballeros se subían a la camioneta que iba detrás de la de ella. No podía perder tiempo con los juegos de Julian, tenia que salir de esa situación y hacerlo rápido, cuando todas las 5 camionetas que acompañaban a la de Julian estuvieron listas, arrancaron.

Seiya vió a las camionetas alejarse cuando guardaba sus cosas en la cajuela del taxi que lo llevaría a las afueras del santuario, ella se alejaba, ella ya estaba muy lejos de él. Recordó aquella noche que pasó junto a ella, no podía recordar un solo momento en su vida que fuera mas dichoso, tal vez si existía otro momento así, el momento en el que Saori lo besó podría ser uno, no era tan difícil escoger, la verdad es que los dioses eran mas generosos al repartir momentos miserables que momentos felices en la vida de los humanos, pero la recordó riendo cuando intentaban despertar a Hyoga, la recordó feliz cuando estaban todos reunidos por fin, pero sobre todo la recordó en sus sueños, en la playa, libre de dolor, de tristezas y preocupaciones.

Sin embargo, ese no era el único sueño que él había tenido con ella, habían otros, las manos que la jalaban hacia el oscuro vacío, el ya las había soñado cuando la volvió a ver y quiso llevarla a un hotel cerca de su casa con Miho, Ícaro finalmente la había salvado pero… también estaba aquel sueño que ni siquiera quería recordar, su peor pesadilla, en donde ella moría con sangre en su vientre. ¿Y si esos sueños eran señales de que algo pasaría? ¿Y si la próxima vez no había nadie ademas de sus cinco caballeros de bronce para rescatarla?

No importaba lo que sintiera Saori, él era su caballero más fiel, no se quedaría de brazos cruzados. Subió al taxi decidido. No iría al santuario, no aún.

Seiya estaba concentrado, el paradero de Saori y sus amigos era lo que mas le importaba, no se percató de la sombra que paso por enfrente del taxi en el que iba.


—Entonces… amigos tuyos.—Dijo Julian sacando una botella de champán y dos copas de un compartimiento refrigerante de su camioneta de extremo lujo.—¿De dónde los conoces?

—Solo vine para que me digas qué es lo que quieres.

—¿De qué hablas, linda? Yo estoy para servirte hoy.—Le ofreció una copa, ella la rechazó.

—¿En serio? Entonces.. ¿por qué no me has preguntado a dónde me dirijo? Solo nos movemos. Y sé exactamente cual es el camino a tú mansión.

—Vaya, sí que has cambiado.—Se tomo todo el contenido de su copa de un solo trago.—Y debo decir que me agradabas más antes, eras más callada y menos altanera. Sonreías mas.

Julian hizo un movimiento de cabeza y miró a su chofer quien pareció entender la señal. Saori vio lo que Julian estaba por hacer y miro hacia atrás, la camioneta con sus amigos se estaba alejando.

—Esto es un secuestro. Quiero que pares tu maldita camioneta ¡Ahora mismo! Es un delito.

—¿Delito? Bueno, también es un delito robar, extorsionar, lavar dinero y cometer fraude, linda.

Saori lo miraba sin entender qué es lo que intentaba decir.


—¿A dónde llevan a nuestra amiga?—Dijo Shiryu.

—Agradezcan que el señor Solo esta de buen humor hoy, los dejará ir.—Dijo uno de los guardaespaldas.

La camioneta se detuvo en medio de la autopista, los autos pasaban velozmente y tocaban el claxon esperando que la camioneta se moviera, entonces ahí, sin previo aviso, los aventaron hacia afuera y aceleraron.

Ellos eran caballeros al final, su velocidad impidió qué salieran heridos, Ikki estaba furioso ante tal humillación pero Shun lo detuvo de ponerse su armadura y perseguirlos, lo único que lograrían sería llamar la atención.

—¿Dejaras qué se vayan? ¿Y Saori?.—dijo Ikki

—Escuchaste a Eros, necesitamos ser discretos.—Dijo Shiryu.—Busquemos una forma de movernos sin llamar la atención.

—¿Y Saori? No sabemos a dónde se dirige, y con ese idiota.—Protesto Hyoga.

—Ella nos va a guiar, es la diosa Athena.—Dijo Shun con plena seguridad.


—Te dije que te explicaría todo al llegar, debo decir que fue refrescante no escuchar como te quejabas todo el camino.—Decía Julian entre risas cuando se quedaron solos en la estancia de su enorme mansión.

Saori sabia que sus caballeros la estaban buscando, así que dejo un rastro con su cosmo, suficiente para que sus amigos la encontraran pero imperceptible para sus enemigos.

—¿Qué es lo que quieres? ya dímelo de una vez para que pueda irme.—Se sentó en un enorme y mullido sillón blanco.

—Lo que siempre he querido. Una boda de ensueño, una vida juntos y… tu nombre.

—¿Mi nombre? ¿Por qué? Aquí mi nombre no vale nada, soy solo una camarera.

—Tu nombre es perfecto, es anónimo y sobre todo, es multimillonario.

—¿Que dices?

—Necesitaba a alguien como tu para que fungiera de mi prestanombres, tu te encargas de asumir los problemas financieros mientras el dinero es mío, claro. En resumen, eres una estafadora qué hace empresas para recaudar fondos para construir orfanatos para niños huérfanos, pero ese dinero se va a una cuenta en el extranjero.

—Desgraciado infeliz.

—¡Por favor, Saori! El dinero no les devolverá sus padres a esos niños, además, tu nunca te habrías dado cuenta.—Julian se reía.—Creí que eras mas… como decirlo con respeto… estúpida.

—Solo por eso querías casarte conmigo. Para enviarme a la cárcel mientras tu desfilabas con la siguiente con todo ese dinero.

—¡Oh no! Yo soy un caballero, jamás te enviaría a la cárcel, por eso debías ser mi esposa, porque así yo podría manejar tus cuentas bancarias sin que nadie sospechara. Y si alguien te descubría, bueno, al menos yo no tendría que testificar en contra tuya.—Hizo una pausa para servirse un trago y bebérselo.—Pero lo averiguaste, te enteraste de todo el dinero que poseías, por eso escapaste y esos imbéciles que venían contigo te ayudaron.

—No todos somos unos asquerosos seres despreciables como tú. Yo no sabia nada.

—Eso no lo sé, el caso es que ahora lo sabes todo, eres culpable y no eres mi esposa así que podría llamar a la policía en este momento y estarías encerrada por al menos… ¿10 años?

—Si quieres todo el dinero, tómalo, es tuyo, en esas cuentas no falta un solo centavo. Solo déjame tranquila.

—Soy un hombre de negocios, me gano la vida cerrando tratos, así que te propongo uno bueno.—Julian miro a Saori con una expresión que denotaba que sus intenciones no eran buenas.—Cásate conmigo, vive una vida llena de lujos y de todo lo que el dinero pueda comprar, yo no te amaré, tu no me amaras pero al menos nos divertiremos juntos…o me encargare de meterte en la cárcel por todo el tiempo que la corrupción pueda costear y no solo eso, haré que tu vida ahí sea el peor de los infiernos, querida.

—Si ya tienes tu maldito dinero para que quieres que me case contigo, no dire nada si eso es lo que temes.

—¿Sabes lo difícil que es hacer un nombre que sirva de fachada para esta clase de operaciones?

—Ese no es mi problema.—Saori se puso de pie.—Yo me voy, ya perdí mucho tiempo contigo. ¿Quieres llamar a la policía? Adelante, no estaré mucho más tiempo por aquí.

Saori iba hacia la puerta, sin miedo, sin querer quedarse a negociar, para Julian amedrentar y amenazar a sus enemigos siempre había sido la receta perfecta para conseguir lo que quería. Al principio Saori se sintió mal por haberlo abandonado de esa manera en el día de su boda, pero ahora se iba sin remordimiento y sintiéndose tranquila y liberada, abrió con seguridad la puerta de la habitación para buscar la salida cuando de inmediato sintió como una fuerza física muy superior a la de ella cerraba la puerta con brusquedad.

—Creo, tesoro… que no me has entendido.—Julian se encontraba recargado con el brazo derecho en la puerta que acababa de cerrar, su mirada era la típica de un niño mimado que se estaba desesperando por no conseguir lo que quiere.—Esto no es una pregunta y se acabaron las negociaciones, tu te vas a casar conmigo y viviremos MUY felices. ¿Me entendiste?

Julian la tomó del brazo con violencia.

—Alguien como tu debería estar muy agradecida con lo que te estoy ofreciendo, es lo mejor que tendrás en toda tu vida como una triste mesera de una cafetería tan patética que ni tu propia hermana iba a comer ahí.

—Si me tocas un solo cabello, te juro que te arrepentirás.

Julian la aventó al suelo, Saori cayó sobre una bella alfombra color crema que amortiguo el golpe. Había un teléfono en la mesa de centro de la estancia, se puso de pie y corrió hacia él, si llamaba a la policía ella desaparecería y el se iría a prisión, que es donde siempre había pertenecido. Pero él era más rápido así que volvió a aventarla, esta vez contra la pared y colocó su mano derecha en su cuello, inmovilizándola.

—Voy a perdonarte por tu desplante de haber escapado y haber aparecido con varios hombres, pretendiendo llevarte todo mi dinero.—Se lo decía en un susurro muy cerca de su cara.—Voy a perdonarte por no ser mas que una cualquiera, y no pediré mucho, solo quiero que tu…

Un golpe por un costado de Julian lo hizo volar hasta la pared contraria de la habitación, a unos 4 metros de distancia.

—No importa en que dimensión te encuentres Julian, siempre tienes que ser un maldito sociopata, y te juro que hoy no estoy de humor.—Era Seiya, con su brillante armadura, siempre siendo un héroe salvando a la damisela en peligro en el último segundo.

Saori estaba en el piso, tomando aire. Estaba tan furioso, sentía una ira indescriptible, se sentía asqueado hacia ese cruel mundo que los había orillado a todos a cambiar, demostrando sus mas bajos instintos, haciéndolos egoístas. Julian Solo ya había secuestrado a Saori una vez, sin embargo, él no la había lastimado de ese modo, como intentando denigrarla, pero había escuchado todo y con eso era suficiente.

Seiya se dió cuenta de como Julian se estaba levantando del suelo, sucio y desorientado, no podía entender como alguien había pasado toda su seguridad. Había sangre en su boca, pero Seiya sospechaba que lo que realmente tenia herido era su ego. Él no podía controlar sus sentimientos en ese momento, Saori estaba en el suelo con las viejas marcas de su cuello que ahora se volvían alarmantemente visibles una vez más, sin embargo, ella no lo miraba, a pesar de todo, seguía odiándolo. ¿Cómo podía ser posible? ¿Qué es lo que había hecho mal? ¿Por qué estaba viviendo todo eso? Ver a un Shiryu cobarde, a un Hyoga y un Ikki desinteresados, y sobre todo a una Saori sin corazón. Todos se habían transformado en tan solo un año. Seiya escuchó cómo había un arma cargada preparándose para disparar a pocos centímetros de su cara. Seiya se quitó su armadura, mientras los pedazos caían, estos se iban guardando en la placa de su pecho que Saori había adaptado para sus caballeros.

—Te doy la oportunidad de largarte de mi casa ahora mis…—Julian no alcanzó a terminar la frase.

Seiya se abalanzó con violencia hacia Julian, este cayó sobre su espalda y Seiya estaba encima de él, lo miro con desprecio, deseaba golpearlo, lastimarlo, sin embargo, no lo hizo, se sentía demasiado hastiado de todo lo que estaba viviendo, solo quería que parara y para eso necesitaba que Saori estuviera bien, suspiro profundamente para tranquilizarse, estaba comenzando a ponerse de pie cuando se dió cuenta de que el arma había caído a un lado de él y que Julian la había ocultado en su saco. ¿Acaso planeaba matarlo por la espalda o solo planeaba amenazarlo para se fuera? Cualquiera que fuera el caso Julian era un cobarde. Su furia aumentó mucho más que antes. Seiya lo golpeo una vez con el puño cerrado en la cara, un pequeño hilo de sangre se asomó por su boca, Julian sonrió y estaba a punto de hablar y Seiya lo golpeo de nuevo y de nuevo y una vez más. Lo golpeo múltiples veces, Julian sangraba por todas las heridas que se habían juntado en su cara, para ese momento Seiya sentía que no podía detenerse.

—¡Seiya, aguarda!.—Saori se levantó.

Saori corrió y vió como Julian estaba sangrando y estaba inconsciente, tomó a Seiya del brazo para que se detuviera.

—¡Ya basta, basta!.—Saori gritaba con miedo detrás de Seiya.

Seiya se soltó de las manos de Saori y miro sus nudillos llenos de sangre.

—No tienes por qué desquitarte con él, Seiya.

Seiya fijó su mirada en Saori y observó cómo ella estaba a un lado de Julian tomándole el pulso en su cuello. El Pegaso se puso de pie, no dijo nada.

—Hay que irnos… solo vámonos y ya, Saori.

—Seiya.—Saori tenía ganas de llorar al ver el comportamiento iracundo del Pegaso, estaba muy asustada.—Tu no eres así.

—Tu tampoco.—Seiya siguió avanzando sin mirarla.

—¡Saori! ¡Saori!.—Eran Hyoga, Ikki, Shiryu y Shun, llegaban corriendo buscando a Athena, no llevaban puestas sus armaduras.

—¿Qué rayos pasó aquí?.—Dijo Hyoga al mirar la habitación hecha añicos.

—Seiya ¿Estas bien?.—Le dijo Shiryu en voz baja.—Vimos a todos esos hombres inconscientes afuera.

—Yo… lo lamento tanto, el quería hacerle daño, el quería obligarla a…

—No te conviertas en eso que odias.—Ikki se acercaba.—o tu vida perderá todo el sentido.

Hyoga y Shun se aproximaron con Saori, pero de nuevo nadie dijo nada. Todos deseaban que todo terminara de una vez. Saori dejó que sus amigos la guiaran, ya estaba muy cansada de pensar.


El santuario estaba en ruinas, apenas se podían distinguir las 12 casas del zodiaco, caminaron hacia los aposentos de Athena, mas allá de la cámara del patriarca.

—Llegamos al fin.


Al fin llegamos tambien al capítulo 17 de esta aventura, quiero darles las gracias por sus comentarios, hacen mas fácil esta cuarentena. Les adelanto que este es el penútimo capítulo de la primera parte de este final. Y me siento muy feliz de tenerlos como lectores, me retan y me hacen mejor cada día, he estado muy ocupada y por eso no he podido atender a sus sugerencias y comentarios pero los aprecio muchísimo y les estaré contestando a la brevedad.

Gracias por su paciencia y seguimos avanzando, cuidense mucho de esta pandemía y cuiden a su familia.

Gracias, amigos.