CAPITULO 16.

PATRONUS

El amanecer llegó pintando los terrenos de los Weasley de un color dorado. La mañana se sentía refrescante y con algo de esperanza. Los demás entraron a la Madriguera para descansar y dormir un poco. Ron, Harry y Hermione, se quedaron afuera para tomar algo de aire fresco.

– ¿Qué haremos ahora? –Cuestionó Hermione a Harry.

– ¿No es obvio? Nos iremos de aquí para buscar los Horrocruxes. –Afirmó Harry con la mirada fijada en el amanecer.

– ¿Cuándo nos iremos? –Ron se vendaba el brazo que se había lastimado.

–Después de la boda, tú madre jamás nos dejaría marchar antes. Pero debo confesarles algo, no sé por dónde empezar, ni a dónde ir para conseguir los demás Horrocruxes. Hasta ahora lo único que sabemos de los Horrocruxes es que son 6, el diario de Tom Riddle, que yo lo destruí en la Cámara de los Secretos, el anillo de los Gaunt, que Dumbledore lo destruyó y la Diadema de Rowena Ravenclaw que aún sigue intacta. –Indicó con poca fe. Hermione y Ron, se miraron confundidos.

–Pero nos dijiste que en la última misión que tuviste con Dumbledore, habían conseguido otro Horrocrux, el Guardapelo de Salazar Slytherin. –Comentó Hermione intrigada.

–Eso pensábamos, pero Dumbledore solo se debilitó y murió en vano. –Harry se descolgó un amuleto del cuello. –No es de verdad, es solo una réplica. –Dijo sin ánimos y se lo entregó a Ron.

– ¿Quién es R.A.B? –Ron admiró el guardapelo con detenimiento.

–No tengo idea, pero supongo que él es quién tiene el guardapelo real. –Murmuró.

–Iré por algo de desayunar. ¿Ustedes no comerán nada? –Ron se levantó del césped y se estiró un poco. Ambos negaron con la cabeza.

–Harry ¿Puedo preguntarte algo? –Hermione aguardó hasta estar a solas con su amigo. –Nos dijiste que tú presenciaste todo lo que pasó en la Torre de Astronomía. –Harry asintió. – ¿Draco en verdad tuvo la intención de asesinar a Dumbledore? –Le preguntó con voz ronca.

–En realidad, no. Bajó su varita en cuanto Dumbledore se lo pidió. –Harry añadió. –No creo que pudiera hacerlo.

– ¿No pasó otra cosa? ¿No le dijo nada a Dumbledore o le explicó porque lo hacía?–Hermione volvió a interrogar con clara intención.

–Cuando Dumbledore lo trataba de convencer de que no lo asesinara, Malfoy dijo que si no lo hacía, Voldemort lo mataría y a sus padres también. Pero no sé si sea verdad, los Malfoy siempre han sido leales a Voldemort. ¿Por qué me preguntas sobre eso? –Le cuestionó su mejor amigo.

–Por nada. –Hermione se levantó y se limpió una lágrima que bajaba por su mejilla antes de que Harry se diera cuenta. –Iré con Ron a desayunar. –Antes de entrar a la casa, se detuvo y se volvió hacia él. –Y feliz cumpleaños, Harry. –Harry le devolvió la sonrisa.

Cuando entró a la casa, la primera escena que vio, le dejó con una grata sorpresa.

Remus se encontraba todavía recostado en el sillón de la sala y Tonks estaba sentada en el suelo muy cerca de él. Ella tenía su cabeza apoyada en su pecho y le acariciaba el rostro con mucha gentileza. Tonks le miraba dormir embelesada, en ningún momento lo dejó solo, no durmió ni quiso desayunar, solo para estar al pendiente de Remus.

Ron se acercó a Hermione con una taza de té y se la entregó, ambos siguieron mirando la tierna escena que sucedía en la sala.

–Es muy extraño. –Murmuró Ron. –Se ve que Tonks le quiere, pero ¿Crees que Remus sienta lo mismo? –Hermione se encogió de hombros. –A mi parecer, son demasiado diferentes. –Le dio un sorbo a su taza de té.

–No creo que sus diferencias sea un impedimento, Ron. –Afirmó.

–Son demasiado opuestos, una pareja debería de tener cosas en común para poder llevarse bien. ¿No crees? –Continuó. –Vayamos con Harry.

–Iré a dormir un poco, Ron. Tú madre aún quiere que ayudemos con algunos detalles de la boda y no tengo nada de energía. –Le sonrió y subió por las asimétricas escaleras de la Madriguera.

–Hola. –Ginny estaba acostada en su cama cuando Hermione entró. –Debo decirte algo. –Ginny se sentó para que Hermione se acercara a ella. –Recuerdas que ayer dije que logré salir con vida gracias a algo. –Ginny asintió. –Ése algo fue Draco. El atacó al Mortífago que estuvo a punto de lanzarme la maldición asesina. –Tomó una gran bocanada de aire. –Se veía terrible, tenía un ojo morado y el labio roto. –Ginny le miró con pena. –Además, Harry me dijo que cuando estaban en la Torre de Astronomía, Draco le dijo a Dumbledore que debía asesinarlo o si no Voldemort lo mataría a él y a su familia, Harry dijo que Draco bajó la varita en cuanto Dumbledore se lo pidió.

– ¿Tú piensas que sea verdad? ¿Qué en realidad estuviera forzado a hacerlo? –Ginny le cuestionó.

–Tal vez. –Le contestó con una sonrisa forzada. –Él me dijo que su madre era lo que más amaba, de ninguna manera creo que él jugaría con esas palabras.

–Hermione, él no mató a Dumbledore, no es un asesino. –Ginny le dijo por centésima vez.

–No lo asesinó pero eso no cambia todo lo que hizo. –Bajó la mirada. –Quisiera no haber preguntado nada, porque ahora empiezo a justificar sus fatídicas acciones. –Murmuró. –Ahora comienzo a verlo como una víctima cuando en realidad, no sé si sea así. –Hermione se tocó la mano con dolor.

– ¿Estás bien? –Ginny interrogó.

–Sí, supongo que me lastimé al volar o no lo sé, ayer tuve un terrible dolor en la mano, hoy solo me duele un poco. –Se empezó a quitar las vendas para revisarse.

–Déjame ver, mamá tiene un ungüento mágico para cualquier herida, déjame ir por él. –Ginny salió en busca del remedio mágico de su madre.

Al quitar por completo las vendas, ambas se dieron cuenta de que lo que tenía Hermione no era algo usual. La cicatriz que había sanado en la mano de Hermione, ahora estaba resaltada con un sutil color verde.

–No se ve bien. ¿Crees que esté infectada? –Preguntó de manera alterada.

–No creo que esté infectada, creo que es algo más. –Le puso el ungüento mágico. Pero como era de esperar, no pasó nada. La herida físicamente estaba bien. – ¿Con que rayos te hiciste esa herida, Hermione? –Dijo Ginny desconcertada. –Le diré a mamá.

– ¡No, espera! –La detuvo. Sí Molly intervenía, no sabría qué mentira decir para evitar revelar con que objeto se hizo la herida. –Tal vez no sea nada, aparte tu madre está muy estresada con la boda, no la molestes. Dormiré un poco y posiblemente se mejore. –Ginny le miró con desconfianza pero al final aceptó.

La Mansión Malfoy lucía deprimente, lúgubre y en ruinas. Se había convertido en un lugar recurrente para que Voldemort y los Mortífagos, pudieran usarla como guarida. En el centro del salón principal se encontraban sentados en una gran mesa, Voldemort y varios de sus seguidores, Snape, Bellatrix y los Malfoy.

– ¿Cómo fue posible que no pudieron atraparlo? ¡Son unos malditos inútiles! –Espetó con furia.

–Señor, nos tendieron una trampa, no sabíamos en realidad quién llevaba a Potter. –Intervino Bellatrix con miedo.

– ¡Cállate! –Gritó con furia.

–Señor, yo debo decirle algo. –Uno de los hermanos Carrow elevó la voz. –Creo que tenemos a un traidor.

–Esa, es una acusación grave. –Arrastró las palabras. – ¿Se puede saber de quién estás hablando?

–Del hijo de Lucius. –Todos en la habitación voltearon a ver a Draco. –Ayer estuve a punto de matar a la amiga de Potter, a ésa sangre sucia y fui derribado, pero la única persona que estaba atrás de mí, era él. –Dijo con severidad.

–Eso no puede ser. –Intervino su padre. –Señor, mi hijo siempre ha sido y siempre será leal a usted. –Continuó impertérrito. Voldemort miraba fijamente a Draco quién lucía nervioso y alterado.

– ¿Es cierto, Draco? –Voldemort se acercó junto a él. – ¿Atacaste a uno de los tuyos? –Continuó con un frío siseo.

–No, Señor. –Arrastraba las palabras, tratando de dominar sus emociones.

–Sabes Draco. –Comenzó a caminar lejos de él. –Te hice uno de mis seguidores para que enmendaras los errores de tu padre, pero eres más débil que él. No pudiste llevar a cabo la misión que te pedí, fallaste terriblemente, Snape tuvo que intervenir por ti. –Draco continuaba mirando a la nada. –Yo te dije que no me gustaba cuando me fallaban y tú me has fallado dos veces. Creo que te dejaré ir. –Draco le miró confundido. Los presentes estaban atónitos. –Ustedes –Señaló a los magos tenebrosos que tenía a su derecha. –serán los encargados en escoltar al joven Malfoy. Llévenlo a que los Dementores acaben con él.

– ¡No! ¡Por favor os suplico! –Se arrodilló ante Voldemort. – ¡Déjame tomar su lugar! –Exclamó con un grito desgarrador.

–Bellatrix, controla a tu hermana. –Le miró con disgusto. Pero fue Lucius quien le ayudó a levantarse.

–Ya no tengo más asuntos pendientes aquí. –Miró de soslayo a dónde se encontraba Lucius y Narcissa Malfoy. –Ya no ocuparemos su casa para mis asuntos, está cayéndose en pedazos, Lucius. Deberías de hacer algo. –Los demás Mortífagos comenzaron a reír.

Voldemort desapareció y poco a poco los demás comenzaron a abandonar la Mansión Malfoy. Los Mortífago que Voldemort había seleccionado, aprovecharon la distracción para tomar a Draco y desaparecer.

– ¡Bella, Snape! Tienen que hacer algo. ¡Por favor! –Narcissa estaba deshecha, trataba que alguien pudiera ayudarla a salvar a su hijo.

– ¡Por favor Cissy! Ten un poco de dignidad, un Black jamás suplica. –La miró con aire despectivo y desapareció.

Antes de que Narcissa pudiera decir algo, Snape intervino.

–Ya no hay nada que hacer Narcissa. –Snape desapareció rápidamente. Dejando a los Malfoy devastados.

Draco y los Mortífagos encargados en llevarlo a su destrucción, aparecieron en un campo sombrío lejos de la Mansión Malfoy. En el cielo se podían visualizar varios Dementores que flotaban sin rumbo.
Draco estaba desarmado, pues le habían quitado su varita al igual que a su padre para humillarlos, no podía defenderse, estaba solo.

– ¿Qué se siente saber que eres un cobarde al igual que tu padre? –Un Mortífago lo aventó hacia el suelo y le miró con asco.

–Jamás entendí como él pudo vivir tantos años rodeado de lujos, cuando otros como yo, se pudrían en Azkaban. –Le dijo el otro con rabia. – ¡Crucio! –Draco se retorció en el suelo con mucho dolor. –Pero eso ya quedó en el pasado. ¿Qué no? –Caminó hacia él y le golpeó en la cara con su bota. – ¡Hey! Aquí hay alguien que necesita de ustedes. –Dijo entre risas, atrayendo a los Dementores que se encontraban ansiosos. Poco a poco comenzaron a bajar algunos Dementores, Draco estaba a punto de aceptar su fatídico final.

– ¡Depulso! –Snape apareció atacando a los Mortífagos. –Toma Draco. –Snape estuvo a punto de arrojarle la varita, pero el otro Mortífago se lo impidió, haciendo que la varita cayera a unos metros del cuerpo de Draco.

– ¡Traidor! Eres un maldito traidor. –Movió su varita y comenzó el duelo entre ambos Mortífagos y él. – ¡Crucio! –Pero Snape esquivaba cada hechizo que le era lanzado.

Draco trataba de llegar a su varita a pesar del inmenso dolor que le había provocado la maldición Cruciatus. Se arrastraba lentamente pero era demasiado tarde, los Dementores ya habían llegado a él y estaban succionándole el alma. Solo podía mirar de soslayo a Snape, que continuaba batiéndose en duelo con los Mortífagos.

– ¡Draco hazlo! ¡Toma la varita! –Snape gritó vehemente. Debía evitar a toda costa que los Mortífagos huyeran de él, si regresaban con Voldemort, descubrirían que Snape era un traidor. – ¡Hazlo!

Draco podía sentir como la vida se le escurría lentamente, solo escuchaba la voz de Snape como un tenue susurro en el oído. Pero escuchó otra voz que lo llevó de nuevo a la realidad. De un momento a otro, Malfoy escuchó que Hermione lo llamaba, que le pedía que volviera hacia ella. Eso por alguna razón lo hizo reaccionar. Tomo coraje y se arrastró lo más que pudo hasta coger su varita. Con la poca fuerza de voluntad que aún le quedaba pudo levantarla y apuntar a sus verdugos.

– ¡Expecto Patronum! –Espetó con fuerza, pensó en todos los momentos que había sido feliz realmente y en la mayoría, veía el rostro de Hermione Granger. De la punta de su varita comenzó a salir una luz plateada en forma de una nutria que logró ahuyentar a los Dementores que le robaban el alma. Su Patronus fue tan poderoso, que cegó por un momento a los demás que estaban presentes.

– ¡Petrificus Totalus! –Exclamó Snape aprovechando la transitoria distracción. Se acercó a ellos y les apuntó con su varita. –Obliviate. –Exhaló y se acercó a Draco. – ¿Estás bien? –Lo ayudo a reincorporarse, se encontraba muy lastimado, pues desde que huyó de Hogwarts lo hacían pagar por su fallo en el asesinato de Dumbledore.

– ¿Por qué? –Draco se tambaleó. – ¿Por qué me ayudaste?

–No te mereces esto. ¿Recuerdas lo que te dijo Dumbledore? –Draco asintió, tratando de controlar la sangre que salía por su nariz. –Él dijo que podías empezar de nuevo y con quién quisieras, y por lo visto, ya sabes con quién hacerlo. –Afirmó, señalando el Patronus corpóreo que aún seguía flotando cerca de él. Draco se le quedó mirando. – ¿Crees que no sé por qué tu primer Patronus es una nutria? –Malfoy le desvió la mirada.

–Sí se dan cuenta de que me ayudaste, te mataran. –Dijo con voz ronca.

–Nadie sabrá que eso pasó, les he borrado la memoria a esos dos. –Apuntó a los Mortífagos que yacían inconscientes y petrificados en el suelo. –Será mejor que todos crean que haz muerto, trata de ser discreto cuando te escondas.

–No tengo a dónde ir. Me encontrarán y me matarán. –Arrastró las palabras, seguía retorciéndose de dolor.

–Tú sabes a dónde debes de ir. –Añadió decidido. Draco le miró con enojo.

– ¡Ella me odia! No puedo solo aparecer. Además, si intento acercarme a ella, lo más seguro es que Potter me asesine. –Dijo con expresión fatídica.

–Debes hacerlo, si vas con ella tendrás al menos una oportunidad de sobrevivir, si no lo haces, es muy seguro que mueras. Entiéndelo Draco, no mereces nada de esto. Dumbledore creía en ti para una segunda oportunidad y yo siempre he creído que aún tienes algo más grande que hacer. –Malfoy le miró con admiración y lágrimas en los ojos. –Toma, esta pócima te ayudara con algunas de las heridas pero es muy poca, así que trata de administrarla hasta que llegues con Granger. Y Draco, no le menciones a nadie de que yo te ayudé, aún me quedan más cosas que hacer. –Snape fue directo hacia los Mortífagos y desapareció junto con ellos.

Draco miró alrededor y desapareció. No sabía que haría o a dónde iría, pero debía alejarse lo antes posible de ahí, no podía arriesgarse a ser visto.
Encontró una casa abandonada a las afueras de Londres, muy lejos de la Mansión Malfoy y decidió ocultarse ahí, mientras pensaba bien en lo que haría.

Hermione durmió todo el día, estaba agotada después de haberse enfrentado a varios Mortífagos ése mismo día por la madrugada. Se despertó por la mañana del día siguiente y visualizó a Ginny que estaba tendiendo su cama.

–Espero no haberte despertado. –Hermione negó. –Mamá ya hizo el desayuno, será mejor que bajemos por algo de comer.

Harry, Ron, Fred, George, Lupin y la Señora Weasley, estaban en la mesa comiendo tostadas y café. Remus ya se miraba mejor, su brazo había sanado con la medicina que le dio la Señora Weasley, pero seguía luciendo un poco pálido, algo que era normal para él.

– ¿Dónde está papá? –Preguntó Ginny sentándose en la mesa.

–Fue al Ministerio, Kingsley le pidió que fuera y también se lo pidió a Tonks. –Molly miraba de reojo el reloj de la familia Weasley.

–Están sobre nosotros. –Intervino Remus dejando su taza sobre la mesa. –Los seguidores de Voldemort saben que somos la resistencia y el Ministro cree que somos una amenaza porque no seguimos sus órdenes.

–Será mejor que descanses otro poco, Remus. –Molly le miró con compasión.

–Estoy bien, Molly. Solo fue un brazo roto. No es algo grave. –Remus siguió comiendo. –Y la siguiente luna llena será dentro de un mes, estoy bien.

– ¡Exactamente por eso te lo digo! –Arremetió contra él. –Fue luna llena unos días antes de que todos fueran por Harry, no descansaste nada, Remus. No saldrás de aquí hasta que tu condición mejore. –Continuó con un tono reprobatorio.

Los hijos de Molly, Hermione y Harry, miraron la escena y rieron un poco discretamente, pues a pesar de que Remus ya fuera un hombre de unos treinta años, Molly Weasley le regañó como si fuera uno de sus hijos cuando se portan mal. Durante el resto de la mañana, todos ayudaron a la Señora Weasley con los últimos detalles para la boda. Se dedicaron a hacer labores del hogar, ahuyentaron a los gnomos que aún estaban escondidos en el jardín y limpiaron algunas ventanas que todavía seguían sucias. Terminaron de hacer lo que les pidió Molly y después entraron a la casa para descansar un poco.

– ¡Hola a todos! –La voz de Nymphadora Tonks entró por la puerta principal.

– ¡Tonks! ¿Cómo te fue, querida? ¿Qué ha pasado en el Ministerio? –Molly se acercó con unos guantes de cocina puestos.

–El Ministro sigue estando un poco a la defensiva, será mejor que nadie falte a ninguna hora laboral o será puesto en investigación. –Se quitó su gabardina y la colocó en el perchero que se encontraba cerca de la entrada. – ¿Dónde está, Remus? –No lo visualizó en el sillón.

– ¡Estaba ahí! –Dijo Molly Weasley con preocupación. – ¿No creerás que se haya ido? –Tonks comenzó a buscarlo con la mirada.

–Estoy aquí. –Todos voltearon. Lupin estaba saliendo de un pequeño cuarto. –Quería tomar un baño, eso es todo.

– ¿Oigan y si volamos un poco? –Comentó Ron a su hermana y a sus amigos.

–Sí. Estoy harta de solo limpiar. Vamos antes de que mamá se dé cuenta. –Añadió Ginny. Todos salieron por la puerta trasera y tomaron sus escobas del garaje.

– ¿Cómo te sientes? –Le preguntó Tonks con angustia.

–Estoy un poco mejor, pero Molly quiere que pase el día descansando. No sé porque se preocupan tanto, siempre he tenido estos problemas después de luna llena. –Dijo Lupin mirando por la ventana de la cocina.

–Remus. –Le dijo con tono firme. –Si podemos ayudarte, lo haremos. No tienes por qué pasar esto tu solo, ya no. –Le tomó la mano con fuerza.

–Salgamos. Necesito caminar un poco y tomar aire. –Tonks le pasó su bastón y ambos salieron hacia el inmenso jardín.

Decidieron sentarse debajo de un árbol y mirar como los demás volaban en sus escobas, riendo y pasándola bien.
Remus miraba de soslayo a Tonks, quién le tenía sujetada la mano y cada vez más se acomodaba junto a él. Tonks se tomó unos segundos para bostezar y a Lupin le dio ternura verla.

–Si tienes sueño, deberías de ir a tu casa a dormir. –Le dijo Remus mientras le apartaba el cabello de la cara.

–Estoy bien. Solo que ayer no dormí nada. Después de estar todo el día contigo, tuve turno nocturno en el Ministerio y debía acudir o sospecharían. –Le dijo con una sonrisa tímida.

Remus se le quedó viendo con adoración y se levantó rápidamente del suelo. Tonks se sorprendió por su rápido movimiento y ella también se levantó.

– ¿Qué sucede? –Tonks le dijo con mucha confusión.

–Nymphadora. –Le tomó las manos con lentitud. –No debes de ocupar tu tiempo en mí, esto no puede pasar. –Le dijo con pesar.

–Solo eres unos años mayor que yo. –Contestó con tristeza.

–Esa no es la razón principal. –Lupin negó con la cabeza.

–Admítelo de una vez. ¡Te avergüenzo! Piensas lo mismo que los demás, que soy un desastre y no me tomo las cosas en serio. Adelante, solo dilo. –Con un nudo en la garganta y a punto de llorar.

– ¿Perdiste la cabeza? –La tomó por lo hombros. –Eres la mejor Aurora que he conocido, eres autentica y muy valiente para no dejar que nada te afecte. Por eso no puedo dejar que te estanques conmigo. Soy un hombre lobo, nadie en su sano juicio querría relacionarse conmigo, no puedo hacerte pasar por esa vergüenza, no haré que el mundo te excluya por mí. Tienes toda la vida por delante, Tonks, olvídame. –Contestó vehemente.

–Remus, eso no es cierto. Eres el mago más excepcional que conozco y podemos lograr que la gente vea en ti, lo que yo veo. –Continuó Tonks con voz trémula. Remus se dio la vuelta para regresar a la Madriguera. –Te amo, Remus y siempre lo haré.

Caminó hacia él, le tocó el hombro, Remus se volvió hacia ella y le acarició el rostro con ternura.

–Yo me enamoré perdidamente de ti, pero jamás pensé que alguien como tú, podría fijarse en alguien como yo. –Murmuró cerca de ella. –Siempre te he amado, Tonks.

Le miró con devoción y Lupin se acercó a ella para besarla, sentía que con un solo beso podría explicarle todo lo que jamás le pudo decir.

Nymphadora rió entre lágrimas y volvió a besar al único hombre que ha amado. Se quedaron toda la tarde afuera, tomando aire libre y hablando de todas las cosas que harían cuando la guerra acabara. Al momento de que terminó el atardecer, Tonks y Remus regresaron a la madriguera.

Molly se encontraba en la cocina, apuntando su varita a los sartenes y ollas que estaban humeando. Varios platos iban y venían volando gracias a la varita de Ojo Loco Moody, que también estaba ayudando a preparar la cena.

De pronto todo el movimiento que estaba pasando en la cocina se detuvo, pues Molly fue la primera en ver que Tonks y Remus, se sostenían la mano.

– ¿Están? –Preguntó Molly con seriedad y Tonks asintió con alegría. – ¡Por fin! –Molly sonrió ampliamente y fue directo a ellos para abrazarlos. –Estoy muy orgullosa de ustedes. –Dijo con voz cándida.

Moody también se acercó a ellos, Tonks se puso un poco nerviosa, pues ella lo consideraba un segundo padre, su ejemplo a seguir como el mejor Auror que el Ministerio había tenido.

–Estoy muy feliz por ti, Tonks. –Le tocó el hombro. –Qué bueno que Tonks está con alguien decente como tú, Remus. –Se estrecharon la mano, pero Moody le aplastó la mano con mucha fuerza. –Igual te estaré vigilando. ¡Siempre alerta! –El ojo mágico de Moody comenzó a mirar a Lupin de pies a cabeza.

– ¡Oh basta, Alastor! –Le miró mal. –Déjalos disfrutar, no ves que llevan mucho ocultándolo. –Se volvió con la recién formada pareja, Tonks estaba ruborizada y su cabello ahora era de color rojo intenso. –Vengan a sentarse, ya está lista la cena. –Molly visualizó el reloj que colgaba en la pared y la manecilla que tenía la foto de su esposo, Arthur, apuntaba al apartado que decía ''Viajando'', caminó hasta la ventana de la cocina que daba al jardín y gritó: – ¡Ya vengan a cenar! Su padre está en camino y quiero que todos cenemos juntos.

– ¡Ya vamos, mamá! –Ron gritó pasando fugazmente en su escoba.

Ciertamente, Arthur Weasley llegó a la Madriguera unos segundos después, junto con Kingsley Shacklebolt. Ambos lucían decaídos y serios. Los demás asumieron que había malas noticias provenientes del Ministerio.

Terminaron el partido improvisado de Quidditch que se estaba llevando a cabo en el jardín de los Weasley y todos entraron con mucha energía. Pero conforme iban acercándose a puerta, escucharon murmullos, cuando entraron a la casa, los adultos voltearon a verlos y rápidamente se callaron.

– ¿Qué pasa? –Preguntó Harry al ver la cara de angustia de los que antes estaban hablando.

–No deberían decirles nada. –Intervino Moody. –No creo que sea relevante para ellos. Hermione, Ginny, Harry y Ron, se miraban con desconcierto.

–No, deben saberlo. –Dijo Remus Lupin. –Tal vez no fue relevante para ellos, pero fueron compañeros, merecen saber.

– ¿Qué sucede? ¿Por qué nadie nos dice nada? –Harry añadió con molestia, estaba harto de que le ocultaran cosas.

–Ayer por la tarde, unos Aurores capturaron a un Mortífago que había convocado la marca tenebrosa. Cuando lo interrogaron, admitió que estaba en ése lugar porque su amo le había encomendado matar a un mago cerca de ahí. –Todos se quedaron en silencio, escuchando las palabras del Señor Weasley con atención. –El caso es que, el mago que dice haber asesinado fue un compañero suyo en Hogwarts, –Se les erizó la piel al pensar que alguno de sus amigos había sido asesinado por órdenes de Voldemort. –era Draco Malfoy. –A todos les sorprendió escuchar lo que el Señor Weasley decía.

Hermione dejó caer su escoba de lo impactada que estaba, sentía que le habían arrancado el alma. Llorando salió corriendo de la casa, Ginny la siguió. Tonks miró como Hermione corría, alejándose de todos.

–Bueno, se lo merecía. –Dijo Fred.

–Eso le pasa por ser un traidor. –Añadió George.

– ¡Que les sucede! El solo era un chico, tenía la misma edad que su hermano Ron. Jamás vuelvan a decir eso. –Su madre les reprimió.

– ¿Por qué reaccionó así Hermione? –Intervino Ron. –Sé que las cosas se ven mal y aunque siempre odié a Malfoy, no se merecía morir, pero creo que no es para tanto.

– ¿Cómo puedes decir eso, Ron? –Comentó Tonks con enojo.

–Es la verdad, siempre fue nuestro enemigo, pero no queríamos que muriera. Pienso que Hermione si puede estar exagerando un poco. –Contestó Harry.

– ¡Hermione estaba enamorada de Draco! –Todos los presentes estaban muy sorprendidos, en especial Harry y Ron. –Deberían de ser más comprensibles con su amiga, acaba de perder a alguien que ama. –Les dijo con tono reprobatorio y se desvaneció en el aire.

– ¡Qué! –Ron gritó exaltado, a punto de salir de la casa en busca de Hermione. Pero la puerta se cerró frente a él. Al voltear, su madre tenía la varita levantada apuntando a la puerta.

– ¡Alto ahí, Ronald Weasley! No saldrás de esta casa, ni tu Harry. Sí Hermione no les contó nada, sus razones deberá de tener. La está pasando mal y no quiero que la presionen. Si me entero que no me hacen caso, los pondré a lavar de nuevo todas las ventanas. –Molly estaba molesta y parecía que su amenaza iba enserio. A regañadientes, ambos subieron a la habitación de Ron.

– ¿Desde cuándo crees que Hermione salía con Malfoy? –Preguntó Ron febrilmente.

–No quisiera hablar de eso, Ron. –Harry se metió a la cama y siguió con su mal humor hasta quedarse dormido.

Tonks apareció fuera de la Madriguera y comenzó a buscar a Hermione junto con Ginny. Se tardaron unos minutos para después encontrarla detrás de un árbol, llorando sin consuelo. Con cautela, ambas brujas se acercaron a Hermione.

–Lo siento mucho, Hermione. –Tonks le dijo con mucho pesar.

–Nos quedaremos aquí, si así lo quieres. –Le dijo Ginny y Hermione asintió. Ambas se sentaron a un lado de Hermione.

– ¡Él no se lo merecía! –Dijo entre sollozos. –Él solo trataba de proteger a su familia es por eso que lo consideran un traidor. –Ginny apoyó su cabeza sobre el hombro de Hermione. –Me preguntaste que si lo amaba. –Ginny la miró de nuevo. –Si lo amo, pero ahora ya nada de eso importa porque lo han asesinado y yo no estuve ahí para ayudarlo. –Volvió a romper en llanto.

–Debes entender que nada de esto fue tu culpa. –Intervino Tonks. –Si dices que se convirtió en Mortífago para proteger a su familia, entonces murió haciendo algo bueno. Tú no pudiste hacer nada para ayudarlo.

Hermione estaba destrozada, en ningún momento dejó de llorar, sintió que se le había ido la vida. Ya no sentía que podía seguir, no sin él.
Ya muy entrada la noche, Hermione se quedó dormida de tanto que lloró. Tonks la cargó y la llevó a su cama. Después ella bajó para despedirse de Lupin e ir a dormir a su casa.

– ¿Cómo está ella? –Preguntó Lupin con preocupación.

–Devastada. No me imagino como es perder a la persona que amas. –Dijo Tonks con tristeza.

– ¿Tú sabías que ellos dos...? –Cuestionó el licántropo.

–Sí, era obvio. –Afirmó. –Me tengo que ir, vendré mañana después del trabajo. –Se despidió con un cálido beso.

Hermione despertó al día siguiente con los ojos terriblemente hinchados y rojos. Quiso levantarse pero no pudo, de golpe llegó a ella su realidad y volvió a llorar sobre su almohada. Se pasó todo el día en la cama, llorando y sintiendo culpa por haber abandonado a Draco, pensando en que si lo hubiera ayudado, él seguiría vivo. La Señora Weasley entró a la habitación con un plato de sopa, se sentó al pie de la cama en dónde estaba llorando Hermione y colocó el plato de sopa en una mesita que estaba cerca.

–Lo siento mucho, querida. –Le acarició su cabello maternalmente. –Ginny me contó todo. Sé que se querían, pero quiero que entiendas que no fue culpa tuya el destino que tuvo ése joven. Debes de comer un poco y después puedes seguir aquí, pero trata de comer algo. –La Señora Weasley logró que Hermione un poco de sopa y después salió de la habitación.

Hermione duró los siguientes días así, solo salía de la habitación de Ginny para ducharse, no lograba comer más de dos bocados y solo porque la Señora Weasley le obligaba.
Por otro lado, Harry y Ron, seguían muy enojados con ella. Por un lado, odiaban haber sido engañados por Hermione, ella les mintió por mucho tiempo y por el otro lado, estaban muy molestos porque la persona con la que tenía una relación, era Malfoy, él ser más despreciable de Hogwarts, según ellos.
De vez en cuando, Tonks también iba al cuarto de Hermione para tratar de sacarla de su depresión, pero no lograba nada.

Él estaba con demasiado dolor, la pócima que le había entregado Snape ya se había terminado. Tenía miedo de cada ruido que escuchaba, pues pensaba que en cualquier momento podrían encontrarlo y matarlo.
Todos los días se preguntaba por su madre y por Hermione, trataba de convencerse a sí mismo que ambas estaban a salvo.

De pronto sonó la alarma antiintrusos que había activado desde el día que llegó a esa casa. La había colocado para que sonara cuando algún mago tenebroso llegara a ése pueblo muggle.

–Voldemort dijo que consiguiéramos más información. –Yaxley le decía a otro mago tenebroso.

Draco escuchó lo que decían, pero no se explicaba por qué unos Mortífagos estaban ahí. Con mucha cautela, trató de seguirlos para escuchar lo que decían.

– ¿Por qué son tan importantes esos traidores a la sangre? –Le cuestionó el otro.

–Hoy se llevará a cabo la boda de uno de los hijos de Arthur Weasley. –Se recargaron en la pared de una casa. –El Señor Tenebroso nos dijo que consiguiéramos a alguien para que nos ayudara a entrar. Y así poder matar a todos los que estén ahí.

– ¿Crees que Potter esté ahí? –Interrogó.

–Es lo más seguro, por eso no debe fallar nada. –Contestó Yaxley. – ¡Confringo! –Explotó la puerta que estaba frente a él.

–Les pagaré en cuanto tenga dinero. ¿Quién los manda? –Mundungus Fletcher salió de la casa obligado por Yaxley.

– ¡Cállate! No vinimos por dinero. Lord Voldemort nos ha mandado, tú vas a ayudarnos a entrar a la boda del hijo de Arthur Weasley. –Yaxley le tenía la varita apuntándole en el pecho. –Pero si te niegas, podemos matarte en este momento. –Rió con maldad.

–No es necesario, de verdad. –Con mucho nerviosismo le contestó. –Si los puedo ayudar a entrar a la boda. –Después de que él aceptara, los Mortífagos desaparecieron con él.

– ¡Maldito traidor! –Dijo Draco febrilmente.

Draco regresó cojeando a la casa en dónde estaba pasando sus días. Tomó una mochila perteneciente a las personas que vivían ahí y tomó ropa muggle para cubrir su apariencia. Salió de la casa y desapareció sin dudarlo.

Después apareció en una parte a las afueras de Gran Bretaña, sabía que los Weasley vivían cerca de ahí porque su padre se lo dijo, Lucius le comentó que la gente pobre vivía a las afueras de la ciudad e hizo el comentario de que Arthur Weasley se había establecido ahí. Draco no sabía en dónde vivían exactamente los Weasley, pero podía hacer un hechizo de rastreo para encontrar a Hermione, sabía que ella estaría en la boda de los Weasley.

–Solo espero que funcione. –Se dijo así mismo. Se desabrochó el reloj de su muñeca, el mismo que le había regalo Hermione en navidad y le apuntó con su varita. – ¡Avenseguim! –El reloj comenzó a brillar y Draco lo siguió.

En la Madriguera, todos estaban preparándose para la boda, todos vestían sus mejores ropas. En el jardín había una carpa gigante de color blanco que serviría para la boda.

Ginny subió a su habitación para coger su bolso y cuando entró, vio a Hermione que ya estaba arreglada y tenía puesto un vestido azul.

–Hermione. –Intervino Ginny. –Pensé que no bajarías a la boda. –Se acercó para tomar su bolso.

–No tengo nada de energía para una boda, pero tu madre me necesita para ayudar a acomodar a los invitados que lleguen. No la puedo defraudar. –Dijo Hermione con los ojos leventemente rojos y un poco hinchados. Tomó su bolso de cuentas y se lo colocó encima. –Bajemos, ya casi llegarán los invitados, debo estar en mi puesto.

Ambas bajaron al jardín y se encontraron con la Señora Weasley.

–Hermione. ¿Estás bien querida? –Le dijo con tono preocupado. –Si no quieres estar aquí, no pasa nada, no te voy a obligar.

–No, Señora Weasley. Estoy bien, guiaré a los invitados. –Forzó una sonrisa. Molly le tomó por los hombros y le sonrió.

–Papá. ¿Qué haces? –Arthur estaba lanzando un hechizo a la carpa de la boda.

–Estoy protegiendo la boda, Ginny. Estos hechizos hacen que la Madriguera y la boda, sean invisibles para todos, magos y muggles. –Afirmó el Señor Weasley.

–Señor Weasley, si la boda es invisible para todos. ¿Cómo llegarán los invitados? –Le cuestionó Hermione con voz ronca.

–Los invitados saben que deben acudir aquí, pero no podrán ver la carpa ni la Madriguera, a menos que sus intenciones sean buenas. –Dijo con orgullo. –Si sus intenciones no son buenas, no podrán ver ni entrar a la boda. ¿Muy inteligente cierto? –Rió y después se fue para seguir ayudando a su esposa.

Hermione caminó a la entrada de la carpa para tomar su lugar y recibir a los invitados conforme iban llegando, pero su ánimo volvió a caer al suelo, pues adentro de la carpa estaba Harry y Ron, y en cuanto la vieron ambos le hicieron mala cara y se fueron de ahí. A pesar de ya haber pasado casi una semana sin hablarse, seguían muy enojados con ella. Harry salió de la carpa para estar en el jardín y Ron entró a la Madriguera.

–Harry. –Le llamó Remus. –Debo de hablar contigo. –Ambos se alejaron de la carpa para hablar en privado. –Tengo entendido de que éste año no regresarán a Hogwarts. ¿Qué no? –Harry asintió. – ¿Es por la misión que les dejó Dumbledore?

–Sí, Remus. ¿Cómo lo sabes? ¿Te lo dijo la Señora Weasley? –Le contestó Harry con tono confuso.

–No. Dumbledore me lo dijo. Dijo que iniciaste una misión por sus órdenes para acabar con Voldemort y que solo Ron y Hermione, podían saberlo. Albus me pidió que los mantuviera a salvo y es lo que haré. –Remus sacó del interior de su saco un pergamino y se lo entregó. –Esta es la ubicación de la casa que Sirius compró para que pudieran vivir juntos. –Dijo con voz trémula, aún le dolía mucho recordar a uno de sus mejores amigos. Harry tenía los ojos vidriosos. –Cuando lleven a cabo su misión, aquí pueden resguardarse. La casa está oculta para todos, yo soy el guardián secreto. Cuando sea prudente o lo necesites, la Orden puede ir a ayudarlos, pero recuerda, solo tú tienes el poder para que alguien entre. Así estarán a salvo y estoy seguro de que Sirius hubiera querido que tú vivieras ahí. –Remus continuó con voz afable.

–Gracias, Remus. –Harry no pudo detenerse y lo abrazó. Aunque Harry creció con los Dursley, quienes jamás le demostraron amor o bondad hacia él, pudo encontrar el amor paternal en los mejores amigos de sus padres.

–Y Harry. Sé más compresible con Hermione, tal vez para ti sea algo extraño y hasta algo absurdo creer que tu mejor amiga estaba enamorada de alguien que no te caía bien, pero ponte en su lugar un momento. Ella perdió a alguien que amaba y ahora sus mejores amigos no están para apoyarla. –Le dio una palmada en el hombro y entró de nuevo a la Madriguera. Harry solo se quedó mirando a Hermione de lejos, queriendo comprender el por qué ella estaría con Malfoy.

Luego de un rato, los invitados comenzaron a llegar a la boda. Remus entró a la ceremonia de la mano de Tonks, el lucía un traje usado y Tonks vestía de rojo. Ambos contrastaban demasiado, pero se veían muy felices juntos.

La ceremonia terminó y comenzó la fiesta. Los invitados bailaban y reían, junto con los novios. El ambiente era estupendo. Pero del otro lado de dónde Hermione se encontraba, estaba Ron y Harry, mirándole mal.

– ¡Maldita sea! –Exclamó Draco con furia. – ¡Vamos! No tengo tiempo para esto.

Aunque Draco había lanzado un hechizo de rastreo para encontrar a Hermione por medio del reloj, los encantamientos del Señor Weasley eran muy poderosos e interferían con la magia de Draco.

Conforme Draco se iba acercando, escuchó mucho bullicio proveniente del otro lado de la colina que estaba cruzando. A lo lejos visualizó una gran casa de apariencia extraña y una gran carpa de color blanco que arrojaba luces de colores. Se desapareció y volvió a aparecer enfrente de la casa. Pero no podía llegar y entrar como si nada pasara, posiblemente si lo veían, no dudarían en matarlo. Draco fue al árbol más cercano y tomó algunas hojas.

Avifors. –Dijo Draco con su varita apuntando a las hojas del árbol. Las hojas se convirtieron en pequeños pájaros y los guió adentro de la boda.

Hermione estaba sentada sola, tratando de verse feliz, no quería que su tristeza se hiciera notar e incomodara a alguien. De pronto sintió que algo le estaba jalando el cabello, se dio cuenta que había unos pequeños pájaros volando sobre su cabeza y después salieron de la carpa.

–No puede ser. –Murmuró para sí misma. Sacó su varita y salió de la carpa con mucho cuidado. No se había dado cuenta de que Ron y Harry, seguían mirándola y se percataron de eso.

Continuó siguiendo a los pájaros y estos se desvanecieron rápidamente, de pronto, se vio inmersa en la oscuridad de la noche y se sintió estúpida al creer que esos pájaros habían sido una señal de Draco. Sintió como alguien se acercaba a ella y se volvió hacia esa persona apuntándole con la varita. Pero quedó paralizada al ver cara a cara a Draco, con aspecto terrible, estaba muy delgado, ojeroso y por toda la cara tenía moretones y heridas.

– ¿Eres tú? ¿Eres real? –Hermione le tomó de la cara, dudando de lo que estaba pasando fuera cierto.

–Sí. –Dijo con un hilo de voz. Con la mano temblorosa, Hermione bajó su varita.

Draco no dudó ni un segundo y la tomó para besarla con fuerza, sentía que el alma le regresaba al cuerpo, se comenzaba a sentir vivo de nuevo.

–Hermione vine aquí para advertirte, para advertirlos. –Dijo con voz ronca. –Uno de los invitados los va a traicionar, fue reclutado por Voldemort y traerá a los Mortífagos.

– ¡Expelliarmus! –La varita de Draco salió volando hacia la mano de Harry. –Sabía que no habías muerto, las plagas como tú no se extinguen. –Ron, Harry y Ginny, estaban de frente a ellos.

– ¡Espera! –Hermione le gritó con furia. Ron se acercó a Draco apuntándole con la varita en el pecho.

– ¿Qué sucede aquí? –Remus, Tonks y Arthur, salieron a ver que sucedía y los tres se asombraron al ver a Draco con vida.

– ¡Ha venido aquí para advertirnos! –Hermione lo defendió. –Dile lo que me dijiste a mí.

– ¡Él es un traidor! ¿Por qué hay que creerle? –Ron le encajó la varita en el pecho con furia.

– ¡Por qué yo le creo! –Intervino Hermione.

–Suficiente –Exclamó Remus. –Entremos a la Madriguera, ahí podremos hablar. –Los ocho entraron a la casa y comenzaron a interrogar a Draco. – ¿Por qué has venido aquí?

–Me mantenía escondido y escuché que unos Mortífagos intentaría entrar a la boda para asesinar a los que pudieran. Yo estuve ahí cuando reclutaron a uno de ustedes, uno llamado Mundungus. Él dijo que los ayudaría a entrar. –Terminó Draco.

– ¡Por favor! ¿No le estarán creyendo de verdad? Es obvio que entró aquí para tendernos una trampa. –Ron decía con rencor.

–No te tengo miedo comadreja. –Se dirigió directamente a Ron. –Dame mi varita y tengamos un duelo. –Le contestó con una ira interna.

–Basta los dos. –Intervino el Señor Weasley. –Malfoy, Mundungus no llegó a la boda. ¿Cómo creerte?

– ¡Los hechizos! –Exclamó Hermione. Todos voltearon a verla. –Señor Weasley, usted dijo que nadie podía ver o entrar a la casa si no tenía buenas intenciones y él encontró la boda. –Dijo esperanzada, tratando de convencerlos. –Sus intenciones son buenas.

– ¿Eso es cierto, Arthur? –Dijo Remus. Arthur asintió. – ¿Pero qué hacemos? Mundungus no se presentó.

–No debemos correr riesgos. Hay que desalojar a la gente. –Arthur se dirigió directo a Draco. –Creeré en ti, muchacho.

–Iré a decirle a Molly. Hermione, Ginny, vengan conmigo. –Dijo Tonks y Remus también la siguió.

Harry, Ron y Arthur, se quedaron dentro de la casa, vigilando a Draco. Mientras tanto, los demás se encargaban de enviar a la gente a su casa. Ya con ningún invitado en la casa de los Weasley, los miembros de la orden, comenzaron a cuestionar las advertencias de Draco.

– ¿Dónde están tus Mortífagos, Draco? –Dijo Fred con gran sarcasmo. George rió.

–Basta, los dos. –Arthur los reprimió.

–Acéptalo papá, le creíste a alguien que no lo merece. –Ron miró con furia a Draco.

Pero antes de que Ron pudiera seguir quejándose, escucharon unos ruidos que provenían del jardín. Salieron a ver qué pasaba, y como Draco lo advirtió, Mundungus llegó con unos veinte Mortífagos aproximadamente.
Gracias a los hechizos protectores del Señor Weasley, ellos podían ver a los Mortífagos, pero los Mortífagos no podían ver la casa.

– ¡Nos mintió! –Gritó Alecto Carrow. – ¡Aquí no hay nadie!

– ¡No! Aquí era la boda, lo juro. –Mundungus chilló.

–Yaxley, tal vez les avisó a los Weasley y huyeron. –Intervino el Sr. Crabbe.

–No creo. Estuvo con nosotros en todo momento. –Yaxley se acercó un poco y se quedó mirando a un terreno vacío en donde se suponía estaba la casa de la familia Weasley. Alzó su varita y lanzó un hechizo, el cuál para sorpresa de todos rebotó cuando golpeó en el escudo invisible que había creado el patriarca de la familia. – ¡Está escondida! ¡Atáquenla!

Los Mortífagos comenzaron a lanzar hechizos hacia el escudo invisible para poder entrar a la casa.

–Prepárense. Debemos mantenerlos lejos. –Dijo Arthur. Todos los demás alzaron su varita.

Con unos golpes más, los Mortífagos por fin rompieron los hechizos protectores. El combate mágico comenzó, todos los que estaban en el jardín de los Weasley, comenzaron a defender la casa.

– ¡Expelliarmus! –Harry corría tratando de desarmar a todos los magos tenebrosos que pudiera.

– ¡Las escobas! –Ron gritó. – ¡Accio escoba! –Su escoba salió volando y la tomó para montarla.

Los demás hicieron lo mismo y los que no tenían escoba, seguían combatiendo en el suelo.

– ¡Confundus! –Gritó Ron hacia uno de los hermanos Carrow, pero al tratar de atacar a Mundungus que estaba detrás de un árbol escondiéndose, no se dio cuenta que otro Mortífago lo iba siguiendo, hasta que lo tiró de la escoba.

Ron cayó y en el suelo seguía lanzando hechizos para defenderse. Ginny estaba mano a mano contra Alecto Carrow y lo pudo desarmar pero detrás de ella estaba Yaxley a punto de lanzarle un hechizo. Draco al ver esto, corrió para tomar la escoba de Ron y subirse en ella.

– ¡Oye! –Gritó Ron con disgusto tratando de evitar un hechizo que le lanzó el Sr. Goyle.

– ¡Crucio! –Yaxley apuntó a Ginny pero Draco con la rapidez que le permitía la escoba, llegó hasta ella y la sujetó para evitar que le diera el hechizo en la espalda.

Arthur, Remus y Moody, combatían con dos Mortífagos cada uno. Tonks trataba de desarmar a Antonin Dolohov y Molly Weasley peleaba contra Amycus Carrow. Fred, George, Bill y Charlie trataban de que los demás Mortífagos no destruyeran la Madriguera. Ron y Harry, batallaban contra Yaxley y Hermione, que seguía en duelo con Alecto Carrow.

– ¡Confringo! –Draco llegó junto a Hermione para ayudarla.

–Son demasiados. ¡Váyanse todos! –Gritó Arthur Weasley. – ¡Primero ustedes Ron!

Ron y Harry, miraron a Hermione y corrieron hacia ella, Hermione tomó la mano de Draco y corrió hacia sus amigos. Tomó la mano de Harry y los hizo desaparecer.
Al segundo en que ellos se fueron, todos los demás comenzaron a desaparecer, primero lo hizo Molly junto con Ginny, le siguieron Fred y George, Bill y Fleur.

–Vete Tonks, debo ayudar a Arthur. –Dijo Remus. –Son demasiados.

–No me iré sin ti. –Dijo firme. Aún quedaban algunos Mortífagos que hacían que ninguno de los que quedaban se pudiera ir. – ¡Detrás de mí, rápido! –Gritó Tonks y todos los que aún quedaban en batalla comenzaron a retroceder. – ¡Devasto!

El hechizo devastador de Tonks fue tan potente que no solo dejó fuera de combate a los Mortífagos que restaban, si no que arrancó parte de la propiedad de los Weasley. El silencio se hizo llegar, Moody, Arthur, Remus y Charlie, se acercaron para observar los daños que provocó el hechizo.

–Tonks, eso fue. –Remus estaba maravillado por el poder que ella tenía.

–Mi madre me enseñó algunos hechizos de los Black. –Sonrió ruborizada.

–Mejor vámonos. –Dijo Moody. Desapareció y los demás lo siguieron.

Hermione, Draco, Harry y Ron, aparecieron frente a una casa con un adorable buzón.

Lumos. –Su varita se encendió. – ¿Dónde estamos? –Preguntó Ron. Mirando a todos lados.

–Es la casa de mi abuela. –Contestó Hermione. –Ella murió el año pasado, ahora vive aquí una joven pareja.

–No podemos quedarnos aquí. Estamos muy expuestos, debemos ir… –Se quedó callado mirando fijamente a Draco. –Debemos irnos.

Draco seguía muy lastimado y Hermione lo recargó en su hombro para ayudarle a mantenerse de pie, pero en un instante él cayó al suelo desmayado por todo lo que había pasado, estaba demasiado débil. Hermione se puso de rodillas a un lado de él para auxiliarlo.

–Debemos ayudarlo. –Hermione comentó con firmeza.

–Los llevare a un lugar. Pero él no puede venir con nosotros. –Dijo Harry con tono frío.

– ¿Qué? Harry, él nos advirtió sobre el ataque. –Intervino Hermione. –Mira como está, no podemos dejarlo aquí, morirá.

–Si bueno, pues debió pensarlo antes de traicionar a Dumbledore y a Hogwarts. Él no puede venir. –Hermione miró mal a Ron.

–No podemos dejarlo aquí inconsciente. Harry por favor. –Hermione le suplicó. Harry dudó por un par de segundos.

–Bien. Lo llevaremos con nosotros, pero no confío en él, así que no podrá saber a dónde vamos. –Harry se acercó a Draco y le apuntó con su varita. – ¡Muffliato! ¡Obscuro! –Una venda oscura apareció sobre los ojos de Draco. –Ahora no podrá escuchar ni ver nada.

Volvieron a desaparecer y aparecieron en medio de una calle de Londres, lo único que alcanzaban a ver en medio de la noche eran casas muy grandes. Harry camino un poco más y murmuró algo que fue inaudible para Ron y Hermione, quienes llevaban a Draco aún inconsciente. De pronto una puerta apareció frente a sus ojos y Harry entró, pero cuando entró, la puerta volvió a desaparecer.

–Yo, Harry Potter, doy permiso para que Hermione Granger, Ronald Weasley y Draco Malfoy, puedan entrar a esta casa. –Harry dijo en voz alta.

Frente a los ojos de Hermione y Ron, la puerta por la que había entrado Harry hace un momento, volvió a aparecer.

–Entren. –Dijo Harry. –Rápido.

– ¿De quién es esto Harry? –Hermione comenzó a caminar.

–Espera Hermione. –Ron apuntó con su varita a Draco. –Mobilicorpus. –El cuerpo de Draco flotó y Ron lo dirigió con su varita.

–La compró Sirius, para que después de todo esto, pudiéramos vivir juntos. –Dijo Harry con tristeza. –Remus me dio la ubicación para que pudiéramos estar aquí, Dumbledore le pidió que nos mantuviera a salvo y que mejor lugar que la casa de mi padrino.

–Aunque Sirius ya no esté aquí, te sigue cuidando Harry. –Le dijo Hermione y Harry le entregó una sonrisa cálida.

– ¿Qué hacemos con éste? –Preguntó Ron, aún mantenía suspendido en el aire a Draco con su varita.

–Supongo que en la parte de arriba están las habitaciones. Hay que revisar. –Continuó Harry y los tres subieron al siguiente piso de la inmensa casa.

Se encontraron con un piso lleno de habitaciones, por lo menos había ocho cuartos, grandes y fríos. No había mucha luz y la decoración era muy diferente a la de Grimmauld Place. Cada quién escogió una habitación y dejaron descansar a Draco en una de las grandes habitaciones. Comenzaron a explorar la casa y miraron todos sus alrededores. En el primer piso estaba una sala de estar con una chimenea y un gran comedor, en el sótano estaban las cocinas y el almacén de comida, pero en él no había nada.

–Creo que a Sirius siempre le gustaron los colores oscuros. –Dijo Ron sentándose en un sillón de la gran sala.

–Remus siempre me dijo que aunque Sirius ya estaba afuera de Azkaban, aun luchaba con eso. Tal vez para él, le era mejor tratar con lugares que no mantenían mucha luz. –Dijo Harry con tono sombrío.

– ¿Estás bien? –Intervino Ron. Harry se sentó a un lado de él en el sillón.

–Sí. Hermione, siéntate. –Hermione no entendía. –Ya que estamos todos aquí, debes de contarnos todo acerca de lo tuyo con Malfoy. –Hermione se puso nerviosa.

–Harry, no creo que ahora sea el mejor momento.

–No quiero que nos digas que no puedes contarnos, somos mejores amigos, nos decimos todo. Además, ya no hay vuelta atrás, él está aquí, en la única ubicación segura que tenemos, no confío en él pero si tú lo haces, yo trataré de hacerlo, pero… –Harry suspiró profundo. –déjame entenderlo.

Hermione se tomó su tiempo para explicar todo lo que había pasado entre Draco y ella, durante todo un año, en como poco a poco creció su relación para bien, en como pasaron de odiarse a quererse. Al terminar, se quedó en total silencio la sala de estar y Harry y Ron, solo intercambiaban miradas.

–Hermione tengo que ser sincero contigo. No me gusta esto y no confío en él, perdón. –Ron se levantó del sillón y subió a su habitación.

–Dale un poco más de tiempo. –Contestó Harry. –No todos los días tu mejor amiga te dice que está con la persona que odiaste durante seis años. –Harry también se levantó del sillón.

– ¿Tú que piensas? ¿Qué pasará con él? –Hermione preguntó con tono de preocupación.

–Ya te lo dije, no confío en él, pero trataré de darle una oportunidad, por ti. Se quedará hasta que esté mejor, supongo. –Harry caminó a las escaleras.

Después de unos segundos asimilando todo lo que había ocurrido en un solo día, Hermione fue a ver a Draco a la habitación que lo habían dejado. Entró y como era de esperarse, seguía inconsciente, sacó unas gotas de díctamo de su bolso y las colocó en las heridas que eran visibles. No quería dejarlo solo así que se quedó en el sillón individual que había en la habitación para estar al pendiente de él. Para evitar el quedarse dormida, de su bolso sacó el libro antiguo que le había prestado Draco y lo empezó a leer, pero poco después de 3 horas, Hermione quedó profundamente dormida.

¡Hola! Gracias por seguir leyendo el fic. Éste capítulo ya lo tenía listo desde el miércoles, pero decidí subirlo hoy, 31 de Julio por el cumpleaños de Harry Potter y pues J.K. Rowling. El próximo capítulo estará más tardar para el próximo viernes. ¡Espero lo hayan disfrutado! ~Expelliarmus x.