Disclaimer: Los personajes de Twilight pertenecen a Stephenie Meyer y esta trama a content1. Yo solo traduzco con su autorización.


Capítulo dieciséis

BPOV

—Lo digo en serio, Edward. Haré lo que sea necesario para asegurarme que el tío Deme caiga.

Mirándome atentamente, preguntó:

—¿Por qué?

—Ordenó la muerte de mis padres. —Parecía una respuesta bastante simple.

Él acercó su silla a la mía, y tuve que contenerme para no gemir de placer cuando su aroma me inundó.

—Sólo porque pensó que estaban en su contra.

La ira, no por las palabras de Edward sino por las acciones de mi tío, me hizo enfurecer.

—¿Habrías recurrido a matar a Emmett si pensabas que estaba haciendo algo en contra de tu negocio familiar?

Por el rostro de Edward pasó un dolor tan profundo que hizo que sus ojos se volvieran negros. Quería retractarme las palabras que dije apresuradamente, pero su única reacción a mi crueldad fue apretar mi mano un poco más fuerte.

—No. —Su voz era áspera.

—¿Qué habrías hecho?

—Hablaría con él. Lo enfrentaría, y si fuera necesario, lo habría encerrado en algún lugar hasta que pudiera hacerle entrar en razón. —Sacudió levemente la cabeza—. Quizás eso fue lo que estaba ocurriendo cuando tomaron esas fotos de tu padre y Demetri que nos mostró Jake.

—No, no lo era. Eran ellos discutiendo, no mi tío tratando de ser razonable. Nunca ha sido razonable cuando las cosas no salen como él quiere. Se convierte en un dictador. Estoy empezando a entender que yo solo era una mujer débil, una mascota graciosa con grandes ideas, por eso nunca estuve en su lista negra.

La cara de Edward se contrajo y me di cuenta de que iba a discutir.

—Edward, mira, no he tenido nada más en qué pensar en los últimos días. Jake no me está mintiendo con tonterías. Mi tío hizo que mataran a mis padres, y creo que es porque mi padre quería salir de lo que sea que estaba pasando. ¿Creo que estaban vendiendo drogas? —Me encogí de hombros—. No lo sé. Quiero decir absolutamente que no, pero simplemente no lo sé. Es difícil para mí, ¿sabes? Mi padre era un buen hombre. —Hice una pausa y él no rellenó el silencio—. Era un buen hombre —dije nuevamente para enfatizar.

—¿Por qué me retuvieron en lugar de devolverme a Charlie? Ni siquiera quiero saberlo, pero te digo que mis padres fueron buenos padres. Me amaban y yo los amo. —Abracé la urna con más fuerza contra mi pecho.

—Sé que lo hicieron, Bella. Lo vi en los rostros de tu mamá y de tu papá. Puedes confiar en eso. También he estado pensando, y creo que lo que sea que pasó la noche en que mataron a Renée, Félix e Irina te salvaron la vida. Probablemente fuiste un regalo para ellos de alguien que intentaba subir de rango en la familia. Alguien lo suficientemente familiar para tu mamá o tu papá como para saber que una hermosa joven sería un tesoro invaluable.

—¿Crees que fui un soborno? —Jadeé. No sabía si sentirme insultada o no.

—No, un regalo. Un regalo perfecto y maravilloso para tu mamá que había deseado un hijo durante mucho tiempo. Gracias a Dios que lo hizo, Bella, porque probablemente es lo único que te salvó la vida. Fuiste testigo. Y en las manos adecuadas, incluso siendo lo joven que eras, habrías podido darles a las autoridades mucha información y detalles. Estoy agradecido con quien fue lo suficientemente codicioso e inteligente como para reconocer su potencial.

Las palabras no querían formarse en mis labios congelados. Lo que dijo Edward tenía mucho sentido. Pero, ¿era realmente posible que mi papá y mi mamá pudieran haberme amado tanto como parecía, incluso aunque yo no fuera realmente su hija biológica? Era como descubrir que me habían adoptado, y mi mente recordó algunos de los documentales que había visto a lo largo de los años sobre las emociones de las personas que se habían enterado ya de adultas.

—Basándome en lo que dijiste y en lo que hemos escuchado, no creo que Demetri tenga un vínculo emocional contigo como para querer salvarte la vida. Creo que está tratando de encontrarte por cosas que sabes.

Mi cabeza se sacudió como si me hubieran dado una bofetada, y él apretó su agarre en mis dedos. Mi reacción no fue por sus palabras, sino porque había estado pensando en algo parecido.

—¿Sobre esa noche? —pregunté, recordando por un momento la horrible escena de la muerte de mi madre. Mi respiración se atascó en mi pecho, y me tomó unos momentos respirar, durante los cuales Edward me sacó de la silla y me sentó en su regazo.

—Shh... Te tengo —murmuró contra mi cabello, sus brazos envueltos firmemente a mi alrededor.

—Recordé algo de eso cuando Charlie me abrazó. Mi mamá, lo que pasó, y la cara del hombre que me atrapó mientras trataba de huir.

Lo sentí tensarse un poco debajo de mí.

—¿Lo suficiente como para trabajar con alguien en un boceto?

—Sí.

Nos meció suavemente, el sonido de la isla flotando sobre nosotros.

—Quizás es por eso que Demetri te quiere, pero puede haber otra razón.

—¿Cuál? —Era más fácil hablar de esta manera, con mi mejilla contra su pecho, el sonido de su corazón latiendo suavemente, adormeciéndome.

—Jake cree que quizás conozcas a los principales actores en Estados Unidos. Jake espera que le des nombres o, al menos, caras.

Pensé en esto. Teníamos familia aquí, primos lejanos, y algunas personas habían venido a Italia y habían sido incluidas en asuntos familiares.

—¿Cómo exactamente ayudaría eso?

—Para cerrar el negocio.

—¿Pero eso no garantiza que Demetri morirá?

—No. —Hizo una pausa, su mano acarició mi cabello, sus dedos rozaron los mechones—. ¿Es eso lo que quieres? ¿Su sangre en tus manos?

Por un momento, el deseo por exactamente eso fue tan fuerte que me cegó.

—Sí. —¿Pero no me haría tan monstruo como él?—. No.

Edward me abrazó más fuerte.

—Prometo que Demetri enfrentará a la justicia, Bella.

Le creía; había una fuerte sensación de paz y seguridad estando envuelta en sus brazos, como si fuera a mover la tierra para protegerme. Su calidez me rodeaba, empapándome la piel. El costado de mi rostro descansaba contra su garganta, su barbilla descansaba contra la parte superior de mi cabeza. No podía imaginar que su padre hubiera pensado en empacar colonia para él, así que tomé el aroma en su piel como si fuera únicamente Edward. De cualquier forma, me intoxicaba. Quería estar enojada con él, pero en este momento no podía. Mi corazón dio un vuelco, dándome cuenta de lo rápida y profundamente que me preocupaba por él.

En algún lugar a lo lejos, escuché la llamada de un búho. El sonido de lamento debería haber hecho que mi piel se erizara, pero envuelta por la niebla y los brazos de Edward, encontré el sonido intrigante. Me recordaba que la vida había encontrado una manera de sobrevivir en la pequeña isla azotada por la tormenta, como si yo tuviera que aprender a sobrevivir en mi nuevo mundo.

Aunque fue reconfortante al principio, los suaves tirones de mi cabello comenzaron a enviar calor a través de mis venas. El aire se espesó con la electricidad bailando entre nosotros, y mi corazón comenzó a latir peligrosamente cuando Edward se movió debajo de mí, inquieto. Echándome hacia atrás, vi que el verde esmeralda se oscurecía al color de los mares tormentosos que rodeaban la isla.

—Bella —dijo a modo de advertencia, pero elegí ignorarlo.

Inclinándome, pasé mi lengua por su labio inferior, generando un gemido desde lo más profundo de su pecho. Con los dedos aferrando los mechones de mi cabello, Edward se abrió para mí, y gemí ante su sabor. Al principio los besos fueron reverentes, pequeños destellos de calidez y de afecto, pero luego se volvieron más hambrientos, su lengua envolvió la mía, atrayéndome y desafiándome. Dejando la urna que contenía a mis padres en el piso del porche, envolví mis brazos alrededor de su cuello. Moviéndome para enfrentarlo, deslicé mis rodillas hacia la parte exterior de sus muslos para acercarnos más. Gruñó cuando mi centro rozó su gruesa erección.

Maldijo suavemente, mordiendo mis labios. Envolviendo su boca alrededor de la mía, me aferró más contra él. Sentí su corazón latir salvajemente mientras su brazo se envolvía alrededor de mi cintura. Era más que un beso; era la unión de nuestras almas.

Entonces supe que había estado mintiendo, esa persona que había fingido ser durante los últimos días. Era más que un trabajo y darme cuenta de ello me hizo audaz. Pasando mis dedos por la seda de su cabello, tiré con fuerza y me levanté para inclinarme sobre él, obligándolo a retroceder contra la madera de la silla.

—Bella, tenemos que detenernos —murmuró contra mis labios, habiéndose alejado un poco de mí.

—Lo sé —admití. Besarnos en el porche delantero mientras nuestras familias estaban adentro probablemente no era un movimiento inteligente, pero se sentía tan jodidamente bien.

Mi admisión no me impidió presionarme contra él de nuevo, emocionada por el placer que me recorría y por la forma en que sus ojos volvieron a rodar hacia atrás. Cuando finalmente los abrió, no pude apartar la mirada. Pasando mi pulgar a lo largo de su pómulo, aprecié la belleza del hombre debajo de mí, queriendo tomar más, pero aquietando mi movimiento codicioso contra él. Permanecimos así durante un tiempo, sus manos envueltas alrededor de mi cintura, mis manos alrededor de su cuello jugando con su cabello, ninguno de los dos dispuestos a ser el que apartara la mirada.

Fue Jack que salió hacia al porche, rumbo a su escondite, lo que nos separó.

—Tu papá se está poniendo ansioso, Isabella.

—Es Bella, solo Bella.

Jack me sonrió.

—Está bien, solo Bella, será mejor que entres.

No pude evitar sonreír cuando me aparté de Edward, ganándome un gemido. Pero fue el tirón de nuestros dedos, que no estaban dispuestos a separarse, las yemas de los dedos colgando por el más mínimo de los momentos, lo que me hizo sonreír ampliamente cuando entré en la cálida cabaña.

~MF~

EPOV

La noche en el porche cambió muchas cosas.

Me resultaba cada vez más difícil fingir ser inmune a Bella. Ella me desafiaba en cada oportunidad, moviendo su culo contra mi polla, rozando sus pechos a lo largo de mis brazos, presionando sus muslos contra los míos mientras comíamos—sus caricias accidentales me volvían loco. Las miradas que me daba me quemaban la piel y me hacían caminar con una perpetua erección. Pero era su sabor lo que me llevaba al borde de la locura. Ella era la maestra en encontrarme solo y presionar sus labios pulposos contra los míos. Nuestros besos siempre terminaban conmigo sosteniéndola contra una superficie dura mientras mi lengua y mis caderas le mostraban exactamente lo que quería hacer. Si era ininterrumpida, ella siempre se corría contra mí, retorciendo su exuberante cuerpo sobre el mío y jadeando mi nombre, haciéndome doler y llorar dentro de mis bóxers. No había mucho que podía resistir antes de quebrarme y tomar lo que ella estaba ofreciendo. Mis sueños estaban llenos de imágenes donde me enterraba en ella, donde sentía sus paredes estrecharse a mi alrededor y me ordeñaba con dureza mientras gritaba.

Tan determinada como estaba Bella por romperme, su campaña personal todavía ocupaba un segundo lugar después de trabajar con Jacob. Se convirtieron en los aliados más extraños. Ella le escupía veneno en cada oportunidad, pero durante los pocos días que él permaneció en la isla, ella se mantuvo a su lado, estudiando detenidamente la recopilación de notas y observaciones adquiridas en todo el país. Él se fue con más de un objetivo, pero tenía el que realmente deseaba. Marcus Gambini. El primo lejano de Bella parecía ser el líder más probable del negocio. Vivía en Chicago rodeado de la familia de su padre. Sus hijos vivían en las principales ciudades de todo el país. Nunca esperábamos que estuviera conectado con los Rossi. Lo habían observado, por supuesto, por extorsión, pero lo habían considerado un jugador menor en la familia criminal de su padre. De alguna manera, su asociación con los Rossi no se había establecido: el hijo de un hijo de un hijo bastardo. Y ahora Jacob tenía un objetivo aún mayor: la familia paterna de Marcus. Iba a ser peligroso. Pero explicaba la cantidad de mercenarios y fuerzas que se unieron para encontrar a Bella.

Charlie era un regalo. Él y Bella se habían vuelto muy cercanos, pasando horas recreando sus vidas, el vínculo fue casi instantáneo, pero se fortalecía con cada momento que pasaba. A menudo él miraba con furia en mi dirección. Solo podía pensar que me veía como una amenaza para el tiempo que pasaba con su hija, porque cuando ella no estaba a nuestro alrededor, descubrí que era el hombre más intrigante e ingenioso. En una batalla, podría conseguir a alguien mucho peor que a Charles Swan. Había sido honesto acerca de sus errores después de perder a Renée y Bella, pero en lugar de permitir que lo perjudicara, usó sus experiencias para formar un hombre más fuerte y más sabio.

Nessie lloró el día que Jacob se fue, sabiendo que era poco probable que lo viera por algún tiempo. Mientras veíamos su bote desaparecer lentamente en la distancia, ella sollozó en mi pecho, aferrándose como un bebé. Bella podría haberme fulminado con la mirada, pero le hice una promesa a Jacob que tenía la intención de cumplir. Escoltar a Nessie de regreso a la cabaña equivalía a cargarla. Era un buen ejercicio, pero me dolía el hombro como la mierda. Colocándola en la habitación de Seth para que descanse, Bella me atrapó saliendo de allí después de haber dejado un vaso de agua y algunos analgésicos para Ness. La silenciosa demanda de Bella para que la siguiera fue una a la que pudiera negarme, así que me encontré siguiéndola desde la cabaña por uno de los senderos y hacia el bosque. De pie en un pequeño claro, me dio la espalda.

—Sé lo que estás haciendo —dijo.

Cuando no dije nada y me coloqué directamente detrás de ella, respiró hondo. El olor de ella me fascinó y tuve que meter las manos en los bolsillos de mis jeans para evitar tocarla.

—¿Por qué estás decidido a ser un idiota y poner obstáculos y gente entre nosotros?

—¿Eh?

Mi respuesta inarticulada hizo que ella girara sobre sus talones y me enfrentara.

—Nessie es la esposa de Jacob. ¡¿Cómo te atreves?!

De repente comprendí, y no pude evitar reírme, provocando su ira. Su puño me golpeó en el centro de mi pecho. No fue tan duro como ella podría golpear, pero dejó claro su punto. En lugar de hacerme enojar, su pasión alimentó la mía. La lujuria lamió la parte posterior de mi cuello, hundiendo sus dientes y poniéndome duro en segundos. Gruñéndole, me acerqué, provocando que sus ojos se oscurecieran.

—Renesmee es mi amiga, la esposa de mi jefe y está embarazada. Me ha pedido que la proteja, y lo haré con mi último aliento, como lo haré contigo.

Sus ojos se ensancharon y, de repente, Bella se asustó cuando me miró a los ojos. Debió haber visto al monstruo hambriento acechando allí, porque chilló y dio medio paso atrás. La seguí.

Sus ojos se movieron de un lado a otro en busca de un escape, pero su cuerpo la traicionó, sus pezones se endurecieron, asomándose por el encaje que estaba usando. Había visto la parte superior de algunas de sus elecciones, había tirado de la tela con mis dientes durante nuestras improvisadas sesiones de besos, pero la única vez que había visto a Bella vestida únicamente con lencería había sido en la habitación del hotel, cuando le había colocado una camiseta larga, usándola como cubierta para quitarle el sujetador y las bragas. Incluso inconsciente, había agitado mi sangre, pero ahora quería verla exhibida para mí, con las piernas abiertas en caos, el calor y el olor de su excitación rodeándome, sus tetas agitándose mientras las probaba.

Cuando se dio la vuelta para correr, fui más rápido, agarré sus brazos y la acerqué a mí.

—¿Sientes lo que me haces, Bella? Estoy tan jodidamente duro la mayor parte del tiempo que es difícil alejarme. Cuando frotas ese dulce trasero contra mí, es todo lo que puedo hacer para no echarte sobre mi hombro y llevarte a un lugar privado para follarte sin sentido. Cariño, no soy un niño de escuela que jugará juegos. Te deseo.

Ella jadeó. Una dulce bocanada de aire sobre sus labios ruborizados. Y me quebré.

Pasando una mano por su cabello para controlarla, la levanté para poder besarla, asegurándola con el otro brazo alrededor de su cintura. Mi polla palpitaba contra su calor mientras chupaba su lengua en mi boca. Envolviendo sus piernas alrededor de mi cintura, gimió. Sacudiendo su cabello ligeramente, mordí la piel de su cuello mientras ella jadeaba por el dolor.

La necesitaba... ahora.

BPOV

La humedad se acumuló entre mis piernas ante el escozor de los dientes de Edward mordiendo mi cuello. Mi centro palpitaba con la presión de su polla sobre mí, y era un dolor que no sería curado solo frotándome contra él. Apenas noté cuando nos bajó al suelo, pero sentí la presión de algo suave contra mi espalda. Un movimiento borroso y me quitó la camisa, sus labios sobre mi pecho por encima de mi sostén antes de que pudiera chillar.

Solté un gritito cuando su barbilla, cubierta por una barba incipiente, hizo a un lado el encaje y sus labios succionaron mi pezón, su lengua recorrió la tensa protuberancia. Era la primera vez que jugaba conmigo piel a piel, y no me había dado cuenta que se sentiría mejor. Chupando con fuerza, tironeó más de mí, mordiendo ligeramente. Las llamas ardieron dentro mí y mis caderas se elevaron contra él en busca de fricción. Mis manos se aferraron a su cabello cuando sus dedos comenzaron a torturar mi otro pezón. Era demasiado, pellizcaba y tiraba de uno mientras el otro era lamido y mordisqueado. Giró su lengua alrededor del uno, y pensé que me iba a correr.

—Tienes los pechos más hermosos —murmuró contra mi piel—. Tan perfectos.

Cambió su atención, lamiendo al que sus dedos habían torturado. Envolviendo su mano alrededor de la base de mi pecho, apretó ligeramente y vi las estrellas. El dolor hizo que el placer se elevara. Necesitando más, presioné contra la parte de atrás de su cabeza, animándolo.

Su risa fue oscura.

—¿Te gusta así, nena? No tienes idea de lo que puedo hacerte.

Ya lo estaba haciendo. El calor y la presión eran demasiado, el ardor entre mis piernas insoportable. Cuando soltó mi pezón, mordiendo suavemente la piel a su lado, mi mundo explotó. Las olas de calor me envolvieron mientras me retorcía frenéticamente en sus brazos. Meciéndome contra él, la presión de su polla contra mi clítoris fue suficiente para desencadenar otro orgasmo más suave. Sintiéndolo moverse, lloriqueé de placer, pero el aire frío en mi centro me hizo abrir los ojos. Me había quitado los jeans, su cara estaba entre mis piernas.

¿No podía querer…?

Grité cuando sus labios me tocaron, su lengua moviéndose sobre mi piel todavía palpitante.

—¡Edward! ¡Agh! No...

Mi quejido murió cuando el calor me atravesó de nuevo al arrastrar su lengua áspera a través de mis labios y hasta mi clítoris. La presión era demasiada mientras me devoraba, y traté de alejarme, pero sus manos se envolvieron alrededor de mis muslos, aferrándome, extendiéndome más.

—¡Edward!

—Mierda. Sabes tan bien —gimió contra la piel de mi muslo. Solo soltó la presión por un segundo, antes de agachar la cabeza nuevamente, chupando mi clítoris en su boca y mordiéndolo suavemente. El placer fue abrumador, y embestí contra su rostro, apretando mis piernas alrededor de él. Arqueándome y retorciéndome, grité cuando separó mis piernas, pero el aire se fue de mis pulmones cuando su dedo se deslizó dentro de mí. Un segundo se le unió cuando retrocedió un poco y empujó de nuevo.

Girando mi clítoris, dijo:

—Mierda, Bella, estás tan apretada, nena. Te vas a sentir tan bien alrededor de mi polla.

—Necesito... —Mi voz era un suave gemido.

—Sé lo que necesitas. —Llevó su boca hacia mí de nuevo, succionó con fuerza al mismo tiempo que sus dedos se curvaban dentro de mí, golpeando algo.

Ola tras ola del orgasmo más duro y fuerte que jamás había tenido me consumió y mis músculos succionaron sus dedos, mis caderas cabalgaban su rostro, mis dedos se enredaron en su cabello para sostenerlo contra mí mientras lo tomaba, lo usaba. Lágrimas caían de mis ojos mientras el pulso entre mis piernas continuaba, y lo sentí alejar sus dedos de mí suavemente. Una bocanada de aire fresco sobre mi clítoris me hizo retorcerme de nuevo, el pulso de mis paredes un poco más duro antes de que Edward apoyara su mejilla sobre mi estómago.

¿Era normal esto, correrse tan rápido y tan fuerte en los juegos previos? Yo era combustible con él, el más mínimo toque me hacía jadear. Me preguntaba si sería lo mismo para él. Las respiraciones profundas e irregulares sobre de mi piel y su temblor delataba su necesidad. Cada vez que lo atacaba, Edward se alejaba insatisfecho, y la necesidad de sentirlo desmoronarse debajo de mí era tan fuerte como la necesidad que había satisfecho. Tirando de su cabello, forcé su rostro hacia el mío, atacando sus labios, probándome en él. Gruñó de sorpresa cuando usé su distracción para darnos la vuelta. Que estuviera desnuda y encima de su cuerpo completamente vestido en medio del bosque jamás me detuvo.

—Quiero tocarte.

Sus ojos se agrandaron y la piel de sus pómulos se tensó por la lujuria.

—Bella, no es necesario…

Rápidamente lo besé, deteniendo sus palabras. No era necesario; era imperativo.

Ni siquiera comencé con su camisa, deslizando mis manos por la tela para tomar su erección a través de la mezclilla de sus jeans.

—Mierda... —gruñó contra mis labios, empujando sus caderas contra mi mano.

—Shh... —murmuré, besándolo suavemente mientras apretaba.

Temblando por la dureza que pulsaba contra mi palma, vi sus ojos volverse negros, sus labios abiertos dibujando profundas bocanadas de aire. Mi reacción incluyó una buena cantidad de miedo. No tenía ni idea de cómo demonios esperaba meterme eso. Mis muslos se tensaron ante el pensamiento, y debió haber leído mi reacción.

—La primera vez que te tome no estarás en medio del bosque sobre un lecho de musgo. —Su mano se deslizó para tomar firmemente mi muñeca.

—Está bien —acordé, apretando de nuevo y moviendo mi mano ligeramente hacia arriba y hacia abajo.

Con las caderas moviéndose hacia mí, la mano de Edward cayó inútilmente. El puro control que tenía sobre él en ese momento era intoxicante. Manteniéndolo concentrado en mis caricias, le desabotoné los jeans y le bajé la cremallera.

—¡Bella! ¡Oh Dios! —Los músculos de su cuello se tensaron cuando moví mis dedos a lo largo de su polla.

—Por favor, déjame hacer esto —le rogué, sin siquiera volver a mirarlo a la cara. Estaba fascinada con sentirlo, moviendo mi otra mano para envolverlo.

Mis amigas y yo habíamos visto porno en la fiesta de mi decimoctavo cumpleaños. Mientras las que habían tenido experiencia comentaban sobre las técnicas generales, yo observaba aturdida. Ver a los hombres y mujeres follando me había excitado... el sonido de la piel golpeando contra la piel era más erótico que los gemidos que asumí que eran falsos. Pero, más que las escenas de mujer con mujer y las escenas de varios hombres tomando a una mujer, el momento en que la rubia tonta le había dado una paja a un chico, mientras le daba una mamada a otro, me había puesto húmeda. Era el control absoluto que había tenido sobre ellos.

Apretándolo suavemente, le bajé los jeans y los bóxers cuando levantó las caderas en reacción.

—Mierda. —Tenía la polla más hermosa, pero no iba a decírselo.

Gruesa, era al menos del tamaño de los chicos que había visto en la porno, así que supuse que estaba por encima del promedio. Pasando mis dedos sobre la cabeza hinchada, me lamí los labios y vi aparecer gotas de humedad. Pasando mi pulgar sobre él, lo llevé a mis labios para probarlo.

—Bella... Mierda... Nena. —Su voz ahogada me llamó la atención y mis paredes se tensaron al ver la expresión en su rostro mientras me veía saborearlo.

Agarró mi brazo, tratando de apartar mi mano de él, pero sacando mi pulgar de mi boca, se la aparté.

—No. Te divertiste, ahora me toca a mí.

Su argumento comenzó como algo sin sentido mientras yo acariciaba mis manos a lo largo de él, pero terminó cuando mi nombre fue gritado al acercarme y envolver mis labios a su alrededor. Tarareando, lo que le hizo maldecir de nuevo, sonreí internamente. Era hora de ver si la rubia tonta y mi amiga Sophia, que se había apodado a sí misma la reina de las mamadas, me habían enseñado algo.