Capítulo 15
Hunith tarareaba alegremente mientras prepara un poco de pan. Como cada inicio de semana, limpiaba la mesita del polvo y del cochambre que pudiera haber acumulado, colocaba un poco del trigo bien molido, agua, una pizca de sal, y comenzaba a preparar la masa. Una y otra vez, Hunith la golpeaba, la hacía un rollo y la aplanaba con una robusta vara hasta alcanzar la consistencia deseada.
Preparar pan era una de sus actividades favoritas, siempre la hacía sentirse más cerca de su hijo. Cuando Merlín era apenas un niño, y el Rey Cenred gobernaba Essetir, preparar pan era un lujo que apenas podía llegar a permitirse la pequeña familia. Pero cuando lo hacían, los pequeños y alegres ojos de Merlín brillaban más que nunca. Sin quejarse, el niño se paraba al lado de su madre sobre un banquito listo para pasarle los ingredientes necesarios o para amasar la masa con sus manitas. Sea como sea, Merlín siempre estaba listo para ayudar a su madre para hacer pan.
Mientras amasaba, Hunith sonrió recordando los años de infancia de su hijo, cuando el pequeño Merlín le decía con emoción una y otra vez que cuando creciera sería un panadero. Así, todos los días harían pan y ya no pasarían más hambre. Eventualmente, el sueño de la infancia de Merlín desapareció, pero nunca la costumbre de hacerlo juntos. Al menos así fue hasta que Hunith se vio obligada a enviar a su hijo a Camelot para que aprendiera a controlar su magia con ayuda de Gaius.
Desgraciadamente, el pasatiempo perdió su maravilla después de que los reyes Arturo y Guinevere Pendragon vinieran a Ealdor para anunciarle la muerte de su hijo en Camelot durante su enfrentamiento contra Lady Morgana.
Merlín era un héroe, Hunith siempre lo había sabido. Después de todo, eso fue uno de los tantos regalos que Balinor le había dejado a su hijo. Pero al final, ni siquiera el heroísmo de Merlín pudo frenar el dolor que la inundaba al saber de su muerte que lentamente se sumaba a un creciente sentimiento de culpabilidad por haber enviado a su hijo al corazón de la persecución mágica.
El dolor y la culpa eran tan grandes que Hunith comenzó a descuidar su persona. Se encerró en su casa, apenas manteniendo contacto con las personas del pueblo, con la excepción de su amiga Mary, la madre del difunto Will, quien entendiendo el dolor que estaba pasando Hunith, había tomado la tarea personal de ayudarla a superar estos duros momentos.
Durante el primer mes de duelo, Hunith apenas tenía noción de lo que ocurría a su alrededor. Todos los días, Mary entraría a la solitaria y oscura casita de Hunith con algo de comida recién preparada, se aseguraría de que su amiga se alimentara, hablaría de lo que estaba ocurriendo en el pueblo y después se marcharía para realizar sus tareas. Y así lo haría, una y otra vez a lo largo del día, y durante las semanas que Hunith necesitara para reponerse.
La primera reacción emocional que tuvo Hunith fue después de la llegada de los mensajeros de Camelot que venían cargados de dinero y suministros de parte del rey y la reina. A veces traían cartas de Gaius o de los mismos reyes. Pero ella rara vez las abría o les ponía atención, siempre perdida dentro de su propia mente.
Las primeras veces, fue Mary quien recibió a los mensajeros y los mandaba de regreso a Camelot con palabras de agradecimiento. Pero cuando le preguntaba que quería hacer con sus regalos, Hunith permanecía en silencio. Una y otra vez, Mary insistió buscando una respuesta de su amiga hasta que finalmente, ella reaccionó:
"¡No me importa, Mary! ¡Haz lo que quieras con eso!" gritó Hunith llorando de rabia.
"Cálmate, Hunith" respondió Mary temerosa por la reacción de su amiga.
"¿¡No lo ves!? ¡No quiero nada de Camelot!" continuó gritando "Lo único que podría querer de ahí…" la voz se le cortó ante el nudo en su garganta que sólo continuó creciendo hasta que apenas sentía que podía hablar "Lo único que podría querer…ya no está" dijo en un susurro apenas audible mientras miraba hacia donde estuvo alguna vez la cama de Merlín.
"Hunith" llamó Mary acercándose a su amiga lentamente con los ojos llenos de lágrimas entendiendo el dolor por la pérdida que había sufrido su amiga.
"Todo se fue" susurró Hunith sin dejar de mirar el mismo lugar de la habitación "Camelot me ha quitado todo. Todo".
Mary guardó silencio escuchando atentamente. Además de Merlín, ¿qué más había perdido Hunith?
"Llévatelo" pidió Hunith cerrando los ojos con dolor mientras volvía a sentarse frente al fogón "Quémalo si quieres. No lo quiero. No quiero saber de ello".
Sin una palabra más, Mary asintió antes de salir de la casa dejando a su amiga con su dolor.
Los días continuaron después del arrebato de Hunith, y Mary siguió ayudándola con los recursos que Camelot le mandaba como compensación por la muerte de su hijo. Si Hunith sabía de dónde venía el dinero o la comida, ella nunca lo mencionó.
Pronto el invierno llegó a Ealdor, y el pueblo se vio azotado por una epidemia de influenza. La enfermedad no tenía control y se esparcía por todas las casas afectando a familias enteras sin importar la edad. Mary acudió a Hunith instándola a levantarse a ayudar con sus conocimientos en hierbas y remedios. Pero no fue hasta que Mary le describió el mal estado de los niños cuando Hunith se levantó de su asiento frente al fogón, y comenzó a buscar sus hierbas para preparar infusiones y otros remedios para combatir la enfermedad.
Pasaron los días, algunos sobrevivieron, otros murieron, pero Hunith continuó trabajando por el bien de sus vecinos, apenas pensando en su propio dolor. "Están muy débiles" le dijo Hunith a Mary después de revisar a los niños de Katherine, la hermana de Matthew "No creo que puedan salir adelante".
"Ya no tenemos más, Hunith" respondió Mary con tristeza mientras le tendía una taza caliente de té "En mal momento llegó esta enfermedad".
"¿Y las reservas del pueblo?" preguntó Hunith mirando a su amiga con preocupación.
"Suficientes para el pueblo si no hubiera enfermedad" respondió Mary con tristeza.
"Pidamos al Rey Lot ayuda: medicamentos, alimentos, lo que sea" dijo Hunith negándose a rendirse.
"No creo que haya tiempo de mandar un mensajero a Durobrivae" respondió Mary con tristeza. El clima se hacía más frío y no había muchos que pudieran resistir el duro viaje a la capital.
Hunith se mordió el labio con preocupación preguntándose internamente sobre lo que podían hacer. Apenas contaban con hierbas medicinales para los tratamientos, no había dinero suficiente para pagar a un médico, y la comida no duraría. Mientras paseaba su mirada por la casita tratando de pensar en una solución, Hunith reparó en un par de sacos con el escudo de Pendragon en uno de sus anaqueles. Levantándose suavemente, la mujer lo abrió sólo para encontrarlo lleno de grano.
"¿Qué hiciste con el resto de los…pagos?" preguntó Hunith mirando a su amiga con curiosidad mientras jugueteaba con la semilla en sus manos.
"Los guardé" respondió Mary mirando con complicidad a su amiga al entender lo que estaba insinuando "No eran míos para usar".
"Ve a buscarlos y tráelos inmediatamente" ordenó Hunith mientras comenzaba a separar el grano en montoncitos.
Cuando Mary regresó a la casa, Hunith estaba moliendo el grano con un molino de piedra mientras las lágrimas corrían por sus mejillas al recordar lo que significaba esta tarea. '¡No volverá a pasar!' pensó furiosamente Hunith mientras se limpiaba las lágrimas con la mano '¡Vamos Merlín!'.
Sin una palabra, y pasando por alto el llanto de Hunith, Mary comenzó a limpiar la mesa para la tarea que les esperaba.
/ / / / /
Poco a poco, la enfermedad fue superada y Ealdor sobrevivió nuevamente. Los mensajeros de Camelot volvían con más apoyos para Hunith, que ahora ella los repartía con el pueblo, sólo quedándose con lo suficiente para vivir.
La vida en Ealdor continuó como siempre lo hizo. Hunith volvía a salir de su casa para ayudar en el campo, recolectar hierbas, y si no, se encontraba horneando el pan rústico que su hijo tanto amaba. Hasta que una noche, tocaron a la puerta de su casa. Sorprendida por la tardía visita, Hunith abrió la puerta con precaución rezando para que no fuera alguna persona indeseada.
Frente a ella, se encontraba un hombre cubierto con una capa de color oscuro con el rostro cubierto con una capucha. La forma desgarbada del hombre le era tan familiar que Hunith no pudo evitar sentir una fuerte oleada de dolor al imaginar que por algún milagro, su hijo hubiera sobrevivido.
"Hola madre" la saludó Merlín con una tímida sonrisa mientras descubría su rostro.
"Merlín" susurró Hunith con sorpresa antes de caer desvanecida al suelo.
Había voces en la casita. Hunith apenas podía entender lo que decían. Recordaba que era de noche…Alguien había tocado a la puerta, y cuando fue a abrirla ahí estaba…
"¡Merlín!" exclamó Hunith incorporándose rápidamente de su cama buscando a su hijo por todos lados. Había dos hombres dentro de la casa, a uno lo reconocía como uno de los caballeros del Rey Arturo, el otro le era completamente desconocido.
"Aquí estoy, madre" llamó Merlín acercándose a ella con precaución, como si temiera hacerle daño.
"¿De verdad eres tú?" preguntó Hunith mirando a Merlín como si no pudiera creer que fuera verdad "¿Eres tú, Merlín?"
"Lo soy, madre" respondió Merlín sentándose en la cama junto a ella con los ojos llenos de lágrimas.
Tentativamente, Hunith tomó las manos de Merlín maravillándose al sentir nuevamente la presencia de de su hijo. "¡Mi niño!" exclamó antes de abrazar a Merlín sin dejar de derramar lágrimas. "Dioses, gracias, gracias" decía una y otra vez maravillada por el milagro.
Merlín y sus amigos, Sir Gwaine y Blaise se quedaron unos días. El tiempo lo aprovecharon para ponerla al tanto sobre lo ocurrido con el brujo y el por qué de su muerte y también para disculparse por no haberla buscado antes para notificarle que su hijo estaba vivo.
"¡Merlín! ¡Ya basta! No hay nada que perdonar. Estás vivo, y eso es lo único que importa" dijo Hunith sonriéndole a su hijo que volvía a disculparse por todo lo que Hunith había pasado. "Gracias por cuidarlo" le dijo a Blaise tomando su mano con aprecio "Gracias".
"No fue nada" respondió Blaise con la voz cortada sonriéndole a Hunith con aprecio.
Poco después, Merlín, Blaise y Gwaine volvieron a Dyfed. Desde lejos, Hunith vio como su hijo se marchaba nuevamente del pueblo, pero esta vez, sabía que él regresaría.
-oOo-
Hunith colocó la masa en el fogón ya caliente. No tardaría mucho en estar preparado, o eso pensó Hunith hasta que de repente oyó un familiar golpeteo en la puerta que la sacó de sus pensamientos. Limpiándose las manos rápidamente con un paño, Hunith se apuró para abrir la puerta.
Frente a ella, su hijo se encontraba de pie cubierto con una capucha de color azul oscuro. A pesar de la capucha, Hunith pudo ver el rostro de su hijo que le sonreía ampliamente. "Bienvenido a casa, Merlín" saludo antes de abrazar con fuerza a su hijo.
N/A: Espero que no les moleste este pequeño capítulo de relleno, pero había que hablar un poco sobre Hunith antes de continuar con la historia principal. Así que, ¿qué les parece? ¿Estuvo bien la reacción de Hunith? ¿Muy fantasioso?
