Un año. Un año estaba por cumplir Takeshi, y era increíble lo rápido que había pasado ese tiempo. Y el niño estaba resultando prometedoramente travieso e inteligente, aunque nadie podía decir si eso sería bueno o no. Estaba aprendiendo a una velocidad sorprendente, y lo que más se notaba era su astucia. Aunque lo que estaba resultando un dolor de cabeza para su familia eran las rabietas que tenía cada vez más seguido. Directamente proporcional a su interés por descubrir y manipular nuevos objetos al alcance de sus pequeñas manos, era la cantidad de gritos y llantos que se le escuchaban cuando no le dejaban alcanzarlos. Había aprendido lo que era el "¡No!" y parecía entender cuando le negaban algo, pero eso no significaba que le gustara, y parecía tener mucho carácter.
Con los primeros pasos que había aprendido a dar, y una fuente de energía evidentemente heredada de su madre, no alcanzaban las manos y los ojos para tenerlo vigilado. Ya podía ponerse de pie solo, agarrándose de objetos, pero sin la ayuda de nadie, lo cual era tan adorable como peligroso. Le gustaba intentar seguir a sus padres y a sus hermanos, que jugaban con él y lo alentaban a que practique de caminar. Uno de sus juegos favoritos era el encontrar juguetes que le escondían, y también jugar a las escondidas con sus hermanos mayores, todo siempre dentro de la casa. Con lo cual el último mes el correteo infantil ahí dentro se había naturalizado.
Takeshi también estaba en la etapa en que no quería estar solo en ningún momento, con lo cual tenían que turnarse para cuidarlo, o llevarlo con él a donde sea que fueran. Y para colmo, a veces era quisquilloso con quién quería quedarse. Cuando Kohaku podía llevarlo a sus entrenamientos y el de sus hijos en la academia de Tsukasa, el niño terminaba pasando de mano en mano entre su familia y los amigos más cercanos. El pequeño había desarrollado un interés muy grande por el largo pelo del luchador, y se le prendía como un koala, pero si algo caracterizaba al castaño, era su infinita serenidad y paciencia. Ya se estaba acostumbrando a los bebés de una forma más personal, ya que el hijo que había tenido con Minami estaba cumpliendo nueve meses, así que no le incomodaba como al principio, que se sentía muy torpe e inseguro sólo de sostener a un bebé.
Senku también tuvo que llevárselo al laboratorio muchas veces, lo cual era un problema por la cantidad de frascos y materiales que se encontraban ahí. Un día le bastó descuidarse con dibujar sus planos unos cinco minutos, y cuando se volteó a ver el motivo de una sonora carcajada de su hijo, se encontró con que estaba completamente cubierto de carbón molido, y al científico se le cayó el alma al piso al pensar en cuánto iba a enojarse Kohaku por eso, aunque por suerte no era peligroso para la salud. Takeshi también estaba en la edad en que le encantaba jugar a sacar y poner las cosas de lugar, lo cual seguía siendo un problema en el laboratorio, así que Senku le pidió a Chrome que le llenara una gran cesta con muchas piedras y materiales bonitos y llamativos que atraigan la atención del bebé, para que pudiera sacarlos y ponerlos de ahí hasta cansarse, lo cual funcionó durante un tiempo.
Pero el episodio que hizo desear a Senku reinventar la filmadora, fue un día en su casa, que había desechado unos borradores de su nuevo proyecto, la imprenta, y su bebé los había encontrado. El científico tenía su atención puesta en lo que seguía escribiendo, cuando sintió que alguien le tocaba un hombro y giró la cabeza, para encontrarse con Kohaku mordiéndose los labios con los ojos muy abiertos, pero haciéndole un gesto de que no hablara. Siguiendo su mirada, vio lo que la había dejado pasmada: Takeshi estaba balbuceando, por supuesto que cosas ininteligibles y sin sentido, pero lo hacía con una entonación como si estuviera hablando con alguien, y al mismo tiempo señalaba con su pequeño dedito distintas partes de la hoja. Cada tanto sólo la observaba, y fruncía el ceño, para luego seguir hablando solo.
- La cámara…Usa tu ridícula velocidad y agilidad y ve a buscar la cámara de fotos, ahora mismo –susurró Senku, sin despegar los ojos de su hijo, con una tonta sonrisa en los labios.
- Sí…
Pero el niño estaba tan absorto en lo que estaba pasando por su cabeza, que el sigilo no era realmente necesario. Kohaku le pasó la cámara al peliverde, y él fue sacando varias, cada vez más cerca. Pero en un momento Takeshi sí notó su presencia, y lo miró, con curiosidad también al ver el gran objeto que estaba delante de la cara de su padre.
- ¿Qué tienes ahí, Takeshi? –Vio a su hijo fruncir el ceño ante la pregunta, evidentemente sin saber cómo llamar a lo que tenía en sus manos.
- Papa –Señaló con el dedo índice a su padre.
- Si quieres decir que yo lo hice, tienes razón ahí –le sonrió, valorando la observación del pequeño– ¿Me lo das? ¿Le das a papá esas hojas?
- Senku, ¿para qué se las quieres quitar? –Le preguntó Kohaku, apenada– Por algo las tiraste.
- No es que se las quiera quitar, sólo estoy haciendo que reconozca indicaciones, y actúe en consecuencia. Entiende mucho más de lo que puede expresar, y hay que alentar eso. Cuanto más le pidamos y le hablemos, más se va a desarrollar su cerebro –Volvió la atención a su hijo, y estiró la mano un poco hacia él– ¿Me das las hojas, Takeshi?
Los grandes ojos carmín del bebé se clavaron en los de su padre, luego en su mano, y bajaron hasta las hojas que sostenía, varias veces. Luego de parecer meditarlo un rato, estiró sus bracitos y apoyó las hojas en la mano extendida de Senku.
- ¡Muy bien, leoncito! Diez billones de puntos para ti –Le sonrió abiertamente, mientras lo seguía felicitando.
Una enorme sonrisa que le hizo entrecerrar los ojos cubrió el rostro del niño, que se emocionó más cuando vio a su madre aplaudirlo, feliz. Y él aplaudió también, imitándola.
- ¡Ooooooh! No puedo, es demasiado hermoso mi bebé –Kohaku se iba a derretir de ternura ahí mismo.
- Ten, Takeshi. Para ti –Enfatizando las últimas palabras, le devolvió las hojas.
Pero el pequeño disfrutaba de los halagos, y había entendido que hizo algo bien. Así que le volvió a obsequiar sus preciadas hojas a su padre, con esa angelical sonrisa de satisfacción en su rostro. Senku se rió con eso, y lo aceptó, felicitándolo, y le volvía a acercar las hojas diciendo "para ti" cada vez que lo hacía.
- Ti –Sólo eso logró articular, buscando imitar todo lo que podía a su padre, y lo dejó boquiabierto de la sorpresa.
- ¿Es en serio…? –No podía creerlo, era ridículo… ¿tan rápido había relacionado todo como para imitarlo? Tan sorprendido estaba, que tardó en tomar las hojas que le ofrecía. Kohaku tuvo que taparse la boca para no gritar de emoción.
- Aaaa tiii –Insistió el pequeño, cuando no vio la aprobación de Senku, pero sí la de su madre. Algo faltaba.
- Sí…si… "Para ti" –El científico sintió su pecho martillar de pura emoción, sin creer lo que sus oídos escuchaban. Logró decirle eso, pero apenas si podía hablar. Esos momentos eran los que le recordaban lo preciado que era ser padre, y sentía que todo estaba bien en el mundo.
Pronto esa acción pasó a ser la gracia favorita del pequeño. Le gustaban tanto las sonrisas y palabras bonitas que le dedicaban para felicitarlo, que se entusiasmó en "regalarle" cosas a todos, dejando un sendero de baba cuando lo acompañaba de ese "aaa tiii" con su aguda vocecita.
Cuando el día de su primer cumpleaños llegó, hicieron una gran celebración en la aldea a modo de festejo. Lo dejaron gatear y caminar libremente, pero había tantas personas que él no conocía, que en un principio se terminó aferrando a los brazos y piernas de su familia, parecía un cachorrito asustado. También era la primera vez que interactuaba a otros niños, como su primo Jittekou, el hijo de Chrome, y a Hiroki, el bebé de Tsukasa. Era demasiado adorable ver a los dos bebés jugar juntos, y que el hijo de Tsukasa gateaba atrás de Takeshi, porque todavía no había aprendido a ponerse de pie, y lo seguía a todas partes. El niño peliverde le daba todo lo que encontraba en el camino, y le "hablaba" en su intento de conversación sin sentido tan gracioso, y parecía que Hiroki sí le contestaba, sólo que sólo balbuceando vocales o sus primeras sílabas. Además, eran demasiado preciosos esos niños, el hijo de Tsukasa y Minami había heredado el color de pelo de su padre, y sus larguísimas pestañas, pero tenía los ojos de su madre, y sus rasgos delicados en la cara. Los pequeños estaban completamente perdidos en su juego, sin darse cuenta que un círculo de adultos se amontonaba y los rodeaban para verlos. No había duda, ese par continuaría la amistad de sus padres, y serían un dúo de lo más emocionante si heredaban sus rasgos más característicos también. La nueva generación que destacaba en inteligencia y fuerza era muy prometedora, y ni que hablar del excelente equipo que harían con Michiko y Byakko, todos esos niños de seguro estarían destinados a continuar el legado del restablecimiento de la sociedad de forma brillante.
La incorporación del sistema de imprenta llevó varios meses de elaborar, y volvió a la acción al viejo equipo de Chrome, Kaseki y por supuesto Senku. Comenzó siendo un sistema de sellos de metal en el que los caracteres japoneses se ordenaban y se mojaban con tinta, para luego pasarlo a papel. Pero finalmente decidieron construir un artefacto que era prácticamente una máquina de escribir, y fue tan complejo como emocionante. Como ya la mayoría de los habitantes de la aldea sabía leer y escribir, comenzó la idea de escribir cuentos e historias, y dar nacimiento a los primeros libros, aunque sólo había una copia de cada uno. Tanto éxito tuvo la máquina, que todos se unieron para colaborar a fabricar algunas más. La tradición de la transmisión oral seguía vigente, así como escribir con pincel, pero nadie podía negar las ventajas de tener la prolija escritura que todos podían entender y compartir con más facilidad, además de la velocidad que les otorgaba.
La nueva era de los libros despertó la fascinación de Michiko, que ya tenía cumplidos los siete años, y podía leer y escribir asombrosamente bien. Byakko con sus cinco años también podía leer bastante, pero todavía no tenía las habilidades motrices como para escribir. Tan entusiasmados estaban con ser parte de la "revolución" de la escritura mecánica, a pesar de su corta edad, que pidieron como regalo adelantado de cumpleaños conjunto tener una máquina propia. Como no podía ser de otra forma, todos sucumbieron a su pedido con ojos de cachorritos, pero la condición que les puso Senku para aceptar, fue que no dejen de practicar diariamente la escritura manual. Recordó que eso fue una de las mayores desventajas del alto desarrollo de la tecnología del mundo moderno, que la facilidad de apretar botones había hecho estragos en la precisión y el desarrollo de las habilidades motoras. Para un adulto quizás no sería tan grave, pero los niños necesitaban sí o sí desarrollarlas, aunque pese a todos los avances de los últimos años, el "mundo de piedra" seguía su curso, y faltarían unos cuántos años como para que la industrialización le preocupara en ese aspecto.
Senku no era bueno para imaginar historias, pero prácticamente todos los aldeanos sí lo eran, inspirados por sus cien historias, así que dejó que la creatividad corra libre por la aldea, era una buena motivación para todos. Muchos de esos libros contenían cuentos para niños, lo cual le trajo al científico una enorme nostalgia, de cuando Byakuya le leía de pequeño. Su interés por la ciencia comenzó desde que tenía memoria, ya que adoraba las historias del espacio, de extraterrestres y de exploradores, y recordaba cuando le pedía cientos de veces que su padre le leyera el mismo cuento, una y otra vez, y él siempre accedía con gusto y paciencia. Quizás era momento de pasar la antorcha y ser ahora él quien durmiera a sus hijos con una sonrisa y sueños de otros mundos. Así que, una noche, sorprendió a su familia diciéndoles que fueran todos a la cama grande, y no le había dicho ni siquiera a Kohaku de su plan, por lo que ella tenía la misma cara de curiosidad que sus hijos.
Cuando volvió con un libro en la mano, se recostó en el medio de la cama, con Kohaku a su lado acostada, jugando con Takeshi, a quien alzaba en el aire para luego acercarlo mucho a su cara, haciéndolo soltar carcajadas. Byakko se trepó sobre el pecho de su padre, y Michiko se acurrucó en medio de sus dos padres, aunque apoyando la cabeza sobre el hombro de él, mirando el contenido del libro. Senku había pedido a Mantle que le escribiera un cuento imaginando un ser vivo en el espacio, y como los aldeanos no tenían idea de cómo sería eso, ni tenían prejuicios ni conocimientos al respecto, su imaginación era tan libre como la de un niño. Sabía que el pequeño hombre hacía buenos dibujos e historietas, así que confiaba en su criterio para dejarlo escribir ese cuento.
Comenzó a leer con su voz serena y grave, aunque haciendo un esfuerzo por entonar de una forma más interesante y graciosa lo que leía, recordando la forma en que Byakuya lo hacía, y que a él le fascinaba. Tenía los grandes ojos de sus hijos clavados en él, que apenas había empezado la historia se los notaba muy atentos y expectantes, incluso Takeshi parecía interesado. Kohaku sonreía dulcemente, ella misma recordando cuando su madre les contaba las cien historias junto con Ruri, aunque ella era apenas tenía la edad de Byakko. Por más que el cuento estaba muy interesante, era inevitable que a esa hora la suave voz de Senku les diera sueño, y aunque luchaban con sus ojos por mantenerse despiertos, eventualmente los niños se quedaron profundamente dormidos. No quería despertarlos, así que le pidió a Kohaku que apague la luz de la bombilla, y se quedaron así dormidos todos juntos.
Para ese entonces, Takeshi ya tenía un año y medio, y comenzaba a ser más independiente. Todavía era un bebé, pero ya hacía notar lo que parecía ser una personalidad fuerte y segura, aunque eso no era una sorpresa. Ya casi no tomaba más del pecho de Kohaku, y estaba empezando a comer alimentos sólidos pero blandos. Le habían hecho unos vasos y cuencos de bambú, que eran muy ligeros y resistentes, y ahora él tomaba y comía por su cuenta. Claro que la mitad de las veces derramaba el contenido de lo que se llevaba a la boca, pero de todas formas lo dejaban practicar. Ahora podía hablar más que antes, y ya tenía sus dos frases favoritas: "no quiero" y "por qué", aunque no podía pronunciarlas bien todavía, y cuando las usaba en la misma conversación, era de lo más adorable, a pesar de que la primera era una clara negativa a hacer las cosas. Los berrinches por no querer separarse de sus padres eran moneda corriente, y en especial con Senku, que era el que más salía, y Kohaku se armaba de toda la paciencia que tenía para controlarlo:
- Ya, ya…yo me quedaré contigo, Takeshi. Deja a papá irse ahora.
- ¡NO QUELO!
- Ya sé que no quieres, pero papá tiene cosas que hacer, no se puede quedar ahora.
- ¡NO! Quelo a papa –haciendo un adorable mohín, estiró sus bracitos para abrazarse a la pierna de su padre, había aprendido que no se podía mover cuando hacía eso.
- Vamos, leoncito –Senku se arrodilló, y le acarició la cabeza, mientras suspiraba– No puedo quedarme contigo ahora. No puedo.
- ¿Po' qué?
- Porque me tengo que ir a trabajar.
- ¿Po' qué? –Murmuró, mirándolo con una mezcla de tristeza y enfado.
- Porque los demás me necesitan, y es lo que tengo que hacer.
- ¿Po' qué?
- Porque son cosas que tenemos que hacer para ayudar. Míralo así, cuanto antes me dejes ir, más rápido voy a volver.
- Quelo a papá –sus ojitos rojos comenzaban a brillar con lágrimas que parecía intentar contener.
- Lo sé, Takeshi…pero papá tiene que ir solo, no puede llevarte esta vez.
- ¿Po' favo'?
Ahí estaban, esos malditos ojos de cachorrito igual que los de sus hermanos mayores, el arma máxima que hacía tan difícil negarse. Senku no era ajeno al poder y los encantos de esa tierna mirada que le estrujaba el corazón, pero había aprendido a resistirse, aunque le costaba mucho hacerlo. Al final, Kohaku había resultado mucho más terminante que él, aunque eso era previsible por lo temperamental y directa que era.
- Perdona leoncito, pero no. Y ya sabes que no es no –Intentó ponerse firme– Papá se va a ir ahora, y vas a quedar con mamá y tus hermanos. Y serás un buen niño, ¿de acuerdo?
- No. No quelo.
- No te vas a ganar los diez billones de puntos así –Resopló– Escucha, si te portas bien y dejas a papá irse sin llorar ni gritar, te vamos a llevar a pasear con mamá, y vas a jugar con tu amigo Hiroki. ¿De acuerdo?
- …
- ¿De acuerdo?
- Tí.
- Ahora sí, diez billones de puntos para ti –Le revolvió el pelo otra vez– Mamá me dijo que quiere leerte un cuento, y mostrarte unos dibujos, si te gusta la idea.
- ¿Quieres eso, Takeshi? –Kohaku lo tomó de la mano, para llamarle la atención, y el niño la miró a los ojos– Díselo a mamá, a ver… ¿Quieres que te lea un cuento?
- Tí, po' favo' mama.
- Ese es mi bebé hermoso –Podía ser la que ponía más disciplina, pero también era la que caía rendida más fácil al peligroso nivel de ternura que mostraba el pequeño. Mientras abrazaba a su hijo, le hizo un gesto al científico para que se vaya de una vez.
- Hasta luego, nos vemos.
Senku finalmente se fue, y Kohaku decidió cumplir su promesa lo antes posible, y estaba segura que con eso mejoraría mucho el humor de su pequeño temperamental.
Unas horas después, Kohaku estaba ayudando a sus hijos a escribir, cuando alguien tocó la puerta. Pero ella estaba demasiado absorta tratando de entender lo que había escrito Michiko a mano, y no escuchó nada. Takeshi estaba sentado en el piso, jugando a apilar unas piedras con formas de bloques, y él sí miró hacia la puerta. Luego miró a su madre, que seguía haciendo lo suyo.
- A pueta.
Nadie le contestó, ni su mamá, ni sus hermanos. Se levantó del piso, y con sus pasos todavía tambaleantes, pero más seguros, se acercó a ellos.
- Mama, a pueta –Le dijo, jalándole del vestido.
Finalmente, Kohaku reparó en su hijo, pero no había escuchado lo que le había dicho.
- ¿Qué pasa, Takeshi?
- A pueta. To-to –Señaló la puerta con el dedo índice, y luego hizo un gesto al aire, como golpeando.
- ¿To-to…? –La rubia frunció el ceño, sin entender lo que podía significar "to-to" al principio, hasta que vio el gesto que hacía su hijo con la mano, y abrió mucho los ojos de la sorpresa. Su pequeño estaba tratando de decir "toc-toc", que era como le habían enseñado que se decía cuando jugaban a que repita gestos y acciones. Aunque estaba muriendo de amor por dentro, alzó la voz para que el invitado pase. La puerta era apenas una formalidad, ya que abría de ambos lados.
Una joven rubia entró, y los ojos de Kohaku casi se salen de sus cuencas de la sorpresa. Hacía más de dos años que no la veía.
- ¡SUIKA! –Corrió a abrazarla, y la joven se lo devolvió muy emocionada. Esa niña…no ya no era una niña, era como una hermana menor para ella.
- ¡Kohaku! Ha pasado tiempo, ¡los extrañé!
Suika era ya una jovencita de dieciséis años, y con sus ojos color miel y su pelo lacio a la altura del cuello, era toda una belleza, y desde que creció y dejó de usar la sandía en su cabeza, Senku le había hecho unos anteojos que le quedaban muy bien. Detrás de ella apareció Mirai, la hermana menor de Tsukasa, que era apenas unos años mayor que la aldeana. Además de congeniar mucho, bien podían parecer hermanas, porque las dos eran rubias y de ojos marrones claros, y tenían la misma energía chispeante y a la vez un poco inocente.
Las dos chicas habían decidido irse de viaje, querían recorrer parte de Japón a pie. Ya había muchos otros pueblos de gente revivida, así que de paso les servía para llevar información a la aldea de cómo estaban progresando esas personas. El viaje les tomó casi dos años, pero siempre estuvieron en contacto por teléfono, con los avances de la tecnología habían logrado hacer unos un poco más pequeños y livianos. Pero se habían guardado la sorpresa de que estarían de regreso, y las dos sonrieron con picardía. Aunque apenas luego de cruzar un par de palabras, sus ojos buscaron al bebé que sabían que Kohaku había tenido, y las dos se quedaron boquiabiertas cuando un mini Senku se acercó a ellas tímidamente, escondiéndose detrás de las piernas de su madre.
- Por todos los dioses…. ¿él es…? –Suika no podía creerlo, su corazón dejó de latir unos segundos.
- Sí, les presento a Takeshi –Alzó al bebé en sus brazos, y este se abrazó a su cuello– Ah, perdón, es bastante travieso y sociable, pero como nunca las vio, se pone tímido con los desconocidos. Pero en cuanto entre en confianza, no se lo van a poder sacar de encima.
- ¡Es hermosooo! –Casi gritó Mirai de la emoción– Felicitaciones, Kohaku. No puedo creerlo, es como una copia de Senku, sólo que con el pelo caído.
- Ah, sí…curioso, porque ahora que le creció, comenzó a ondularse, pero no parece como si se le fuera a parar como a Senku…por suerte, es más suave así –agregó con picardía.
- ¿Y dónde están Michiko y Byakko? ¡Habrán crecido tanto desde la última vez que los vimos! –Suika dijo emocionada, buscando con la mirada
- Aquí –Señaló hacia atrás con su dedo, mientras abría la puerta para que pasen.
Los niños miraron con curiosidad a las figuras que entraron a la casa, y en cuanto las reconocieron saltaron para correr a su encuentro y abrazarlas. Las dos mujeres siempre los habían mimado mucho, y eran las "tías" más divertidas, y también las más jóvenes. Al ver a sus hermanos recibir tan felices a las dos desconocidas, Takeshi se asomó con curiosidad, y cuando Suika lo notó y le sonrió, al bebé no le tomó más de dos segundos en devolverle una deslumbrante sonrisa con su boca con unos muy pequeños dientes blancos.
- ¡Ja! Te lo dije, se hace el difícil al principio, pero es el bebé más adorable que hay.
Suika extendió los brazos hacia él, para intentar cargarlo si quería, y Takeshi luego de mirarla unos segundos, la aceptó y pasó a sus brazos. El niño era todo curiosidad, así que comenzó a tocarle la cara con su dedo índice, y sus brillantes ojos carmín se abrieron mucho cuando se fijó en los anteojos. Seguramente a sus ojos captaban algo muy extraño, pero no podía saber qué. Mirai miraba enternecida detrás de su amiga, y había cargado en sus brazos a Byakko, aunque el niño empezaba a ser grande para sostenerlo sin cansarse.
- Están tan grandes y hermosos ustedes –Suika pasó su atención a los dos niños, para que no se sintieran desplazados por su hermano menor. ¿Aprendieron mucho estos años? ¡Tienen tanto que contarnos!
- ¡Sí! –Michiko dijo radiante– Yo ya sé leer y escribir. Papá nos enseñó mucha ciencia, y también aprendimos a entrenar con mamá, pero ahora Tsukasa es mi maestro…y mi padrino.
- ¡Woooow! ¿En serio? –Intercedió Mirai, sorprendida– No me dijo nada de eso mi hermano, se lo guardó muy bien. Me alegro mucho por ti, Michiko, no lo digo porque sea mi querido hermano, pero es el mejor maestro que puedas tener.
- Sí, lo sé –Dijo la niña, alzando la barbilla orgullosa.
- ¡Yo también aprendí a leer! –Gritó entusiasmado Byakko– Pero me cuesta escribir… papi dice que porque todavía soy chico.
- Yo aprendí a leer y escribir cuando tenía doce años recién –Recordó Suika con vergüenza– así que es increíble que hayan aprendido tanto a su edad.
- Bueno, todos en la aldea aprendimos de grandes, recién unos años después de conocer a Senku –La consoló Kohaku.
- La tía Mirai no, ella es del viejo mundo –Acotó Michiko, pensativa– Y muchos de los amigos de papá también. ¡Ah, y ya tenemos libros! Son muy divertidos de hacer.
- Sí, eso sí nos contaron, me muero por conocer lo que es esa máquina –Los ojos de Suika brillaban, había extrañado la emoción que le daban los nuevos "reinventos" – Y ahora que lo pienso, podremos escribir las historias de nuestro viaje, ¿no, Mirai?
- ¡Sí! Es cierto. Yo dibujo también, y tenemos fotos, así que podemos hacer un lindo libro con nuestras anécdotas.
- Oooooh, eso sería increíble –Kohaku sonrió emocionada– Ah, Mirai, ¿conociste ya a tu sobrino?
- Sí, fue lo primero que hice, no podía esperar. ¡Es tan precioso! Me perdí de verlo de bebé, pero mi hermano dijo que me mostrará fotos...al menos es algo. ¿Takeshi lo conoció?
- Son inseparables. Aunque me preocupaba que Hiroki sea demasiado inocente para él, no olvidemos que mi bebé ya tiene dos traviesos hermanos mayores para guiarse, y además nosotros tenemos más experiencia. En cambio, Tsukasa y Minami están lidiando con ser primerizos. Así que... me temo que Takeshi arrastrará a tu sobrino a todos lados, aunque creo que será un buen ejemplo, como un hermano mayor…se llevan unos meses de diferencia nada más.
- Me muero por verlos crecer, lo que serán esos niños –Los ojos de Suika brillaban emocionados– Y no hay que olvidar a Jittekou, aunque algo me dice que será la voz sensata en el grupo, es hijo de Ruri.
- Pienso lo mismo…Michiko al ser la mayor, y Jittekou por ser más tranquilo, serán la voz de la razón, aunque también hacen lo suyo, no son tan inocentes. Byakko ya es el rey de las travesuras, no quiero imaginarme cuando sea más grande…y de seguro arrastrará a Takeshi y a Hiroki con él –Kohaku suspiró con los ojos cerrados y una sonrisa, ya visualizando el equipo del desmadre que serían esos niños juntos.
- Pero estoy segura que el futuro estará bien asegurado con ellos. Son hijos de las personas más fuertes y determinadas, no podrán tener mejor corazón. Todos pasamos por mucho, pero aquí estamos, mirando hacia adelante –Reflexionó Suika, con una mirada cálida, y Mirai y Kohaku asintieron a su lado.
- Y ahora… ¡¿quién quiere comer helado y algodón de azúcar con las tías y mamá?! –Mirai dijo con una sonrisa de punta a punta, lista para malcriar a los niños que tanto quería.
Michiko y Byakko dieron saltitos de pura emoción, y Kohaku aceptó la invitación, llevando en sus brazos a Takeshi. Sí, definitivamente se vendría un futuro que quería ver, y por seguro que sería emocionante con todos ellos.
Buenaaas! Recibí un par de mensajitos que extrañaban este fic…no se preocupen, no lo olvidé xD. Pero sí que ahora me tardo más porque tengo vaaarios que ir actualizando. Aaaunque, así como "Todo por protegerte", este fic también está terminando, no sé si uno o dos capítulos más (me gusta más 18 capítulos que 19 jaja xD). (me gusta más 18 capítulos que 19 jaja xD).
Ya se está volviendo "Takeshi y sus (adorables) aventuras" jaja, y como no quiero meterle drama ni nada así, y siento que no tengo mucho más que escribir, le voy a dar un cierre pronto. Me encantaría hacer un one-shot de todos estos diablillos de más grandes, pero bueno… no prometo nada jaja, tampoco sé si les interesaría. Lo que sí, planeo hacer dibujos de estos peques, y los van a ver si me siguen en mi página de facebook, Kariwolf ( ), eso sí lo prometo!. Hasta el próximo capítuloooooo!
