Después de la carta amor.
Preludio 16
Unos minutos después en Tomoeda, Tomoyo estaba lista fuera de su mansión. Tan sólo unos instantes más tarde, una hermosa limosina apareció.
De la puerta trasera, apareció Eriol muy bien vestido, con un traje azul marino y una flor adornando su vestimenta a la altura del pecho.
-Es un gusto volver a verla, señorita Daidouji- comentó Eriol, sonriente y amable, haciendo una reverencia.
-Buenos días joven Eriol…- sonrió Tomoyo.
El chico le hizo una señal con la que le invitaba a subir y ambos abordaron el lujoso transporte.
Una vez dentro, Tomoyo y Eriol guardaron silencio hasta que el auto encendió los motores y una vez en movimiento, sería Tomoyo quien iniciaría la conversación.
-Me sorprendió mucho tu invitación…- sonrió Tomoyo, serena, pero con un leve aire de nerviosismo en su voz.
Eriol le observó con calma, antes de sonreírle gentilmente antes de contestar.
-Es bueno salir de vez en cuando con las personas que te son gratas…-
Tomoyo lo observó con curiosidad.
-Sin embargo, en esta ocasión Sakura no fue invitada…- complementó la chica de ojos azules, ante la mirada curiosa de Eriol.
-No… no me mal interpretes…- corrigió Eriol levemente incómodo. –Yo también aprecio mucho a Sakura… pero…-
Ambos fueron interrumpidos por el motor deteniéndose. Pronto habían llegado a su destino.
-¡Eriol, hemos llegado!- se escuchó una voz femenina, que le resultaba familiar a Tomoyo.
Por fuera de la puerta, una señorita de cabellos negros y voz juvenil apareció para abrirla. En esta ocasión, vestía ropas formales similares a las que usa un conductor de limusina.
-Pero si es la señorita Akizuki…- comentó Tomoyo sonriente, mientras descendía del vehículo. Eriol le miraba levemente inconforme por haber sido interrumpido.
Tomoyo y Eriol se encontraban ahora frente a una mansión de fachada imponente, con jardines colgantes en su exterior.
-Este es mi nuevo hogar… Tomoyo…- comentó Eriol a su acompañante, que observaba todo con sorpresa.
-Es tan grande como mi propio hogar…- sonrió Tomoyo.
-Es la mansión más grande que encontramos en renta aquí en Tomoeda…- completó Eriol, haciendo una señal para que Tomoyo lo acompañara.
Mientras caminaban, los jardines adornaban toda la vereda, con enormes regaderas automáticas que refrescaban los pastos, así como esculturas y demás adornos.
Pronto llegaron hasta un par de sillas que descansaban junto a una mesa de vidrio y todo esto, cubierto por una enorme sombrilla que completaba el conjunto de mesa de jardín.
-Se bienvenida…- se escuchó una voz chillona e infantil, similar a la de Kero, pero sería Spinel, el que saludaría a Tomoyo a su llegada.
-Me da gusto volverlos a ver…- sonrió Tomoyo a Spinel y a Akizuki que caminaba en silencio tras ellos.
Tomoyo tomó asiento y Eriol hizo crecer su báculo frente a la chica japonesa, para la cual apareció una tetera de té caliente y unas galletas de mantequilla.
-Tu poder no ha cambiado…- sonrió Tomoyo.
-Es parte de lo que quería hablarte…- comentó Eriol guardando su báculo.
-Pero…- susurró Tomoyo para sí misma. –No pudiste aclararme por qué no has invitado a Sakura…-
Eriol sonrió, tomando una galleta y mordiéndola suevamente.
-Sakura es muy preciada para mí, Tomoyo…- comenzó el chico de ojos azulados. –Sin embargo, en esta ocasión es a ti con quien quiero contar primero…-
Tomoyo dio un respingo de sorpresa, sin comprender aun lo que sucedía. Eriol continuó explicando.
-Quiero que mires estas cartas…- comentó el chico, mostrando unas cartas, de color morado oscuro. Tomoyo abrió los ojos sorprendidos.
-Se parecen mucho a las cartas Clow…-
Eriol afirmó paciente.
-Después de mucho pensarlo, he decidido crear mis propias cartas…-
Tomoyó las tomó entre sus dedos y empezó a leer sus nombres.
-Es increíble…- susurró.
-Tú sabes que soy la reencarnación de Clow… sin embargo Tomoyo, Clow y yo somos personas distintas… o más bien, aunque somos la misma persona en alma, no así lo somos en cuerpo, en mente o en magia…-
Tomoyo escuchaba todo con atención.
-Es por eso, que pensé que aunque Sakura incrementó mucho sus poderes después del juicio final con Yue y también después de las pruebas que yo mismo le puse…-
Tomoyo le interrumpiría susurrando.
-Tienes miedo que algo más pueda suceder… algo con lo que Sakura no pueda luchar…-
Eriol afirmó suevamente.
-¿Recuerdas lo sucedido en Tomoeda en navidad?- continuó Eriol sonriente.
-La verdad es que no… olvidé todo tal cual les sucedió a todos los habitantes de la ciudad…- complementó Tomoyo, para después dar un sorbo a su té.
Un leve silencio se hizo en la charla, con una chica pensativa y un chico precavido.
-Pero… no me digas que tú sí recuerdas lo que sucedió…- comentó Tomoyo, sorprendida.
Eriol negó con la cabeza.
-Aunque no lo recuerdo… Tomoyo…- se aclaró la garganta un instante. –La presencia de Clow que vive en mí, me ha dejado entrever, en sueños y de manera muy poco clara, lo que sucedió ese día…-
Tomoyo le observaba con curiosidad.
-De lo que sí estoy seguro, es que no fue un meteorito lo que cayó en Tomoeda esa noche… yo… no estoy muy seguro de lo que estamos enfrentando, pero lo que haya sido, fue tan poderoso para borrarnos, a toda una ciudad, los recuerdos de esa noche…-
La chica abría sus ojos de par en par, la información que estaba escuchado valía oro.
-Es por eso que no has querido preocupar a Sakura… ¿no es así?- Tomoyo dedicó una tierna sonrisa a Eriol, aliviada de que no se tratara de una declaración de amor.
-Tú has sido como la mano derecha de Sakura por todos estos años y aún antes de que las cartas llegaran a su vida…-
Tomoyo afirmó, con una sonrisa.
-Es que yo quiero tanto a Sakura que… no me imaginaría un mundo sin ella…-
Eriol le observó, analizándola.
-Recuerdo el cómo le ayudaste, quiero decir, tanto a Shaoran como a Sakura, para que ellos pudieran declararse su amor…-
Tomoyo dio un respingo de sorpresa. ¿Por qué estaban hablando exactamente de esos temas? Eriol continuó tras una pausa.
-Esto me lo contó Sakura… y espero no estar siendo imprudente al decírtelo de vuelta… Pero, sé que tú crees que serás feliz siempre y cuando la persona que más quieres, sea también feliz, aunque no sea a tu lado…-
-Sí, creo firmemente en ello…- contestó Tomoyo, con una punzada en el pecho.
Eriol sonrió, afirmando en silencio. De nuevo, otro silencio incómodo aparecería en la escena.
-¿Te has preguntado, porqué estás en la vida de Sakura?...- Eriol observó con sus penetrantes ojos a la chica japonesa.
Tomoyo observaba el té de manera pensativa, tratando de resolver esa duda.
-¿A qué te refieres?...-
Eriol le miró con paciencia.
-Yukito llegó a la vida de Sakura, porque era la personalidad falsa del protector de las cartas. El propio hermano de Sakura, poseía enormes poderes mágicos hasta que decidió dárselos a Yue para evitar que desapareciera. Que los padres de Sakura sean exactamente sus padres, tampoco ha sido casualidad… así que vuelvo a preguntarte, Tomoyo… ¿tú crees que eres parte de la vida de Sakura, sólo por casualidad?-
Tomoyo permaneció en silencio, sin saber qué responder.
-Estoy en la vida de Sakura, para ayudarla en todo lo que necesite…- comentó la chica, pensativamente.
-Ese es un pensamiento muy noble Tomoyo…- comentó el chico con calma. –Pero tú, a diferencia de Kerberos o Yue, tú no eres su protectora… tú no sirves a Sakura… tú la guías…-
Tomoyo afirmó un poco confundida. Eriol continuó.
-Pero… ¿Qué hay de la vida de Tomoyo? Es probable que Sakura termine viviendo en China junto a el joven Li… ¿Qué pasa en la vida de Tomoyo después de eso?-
La chica de cabellos negros abrió los ojos aterrada. Es algo en lo que no había decidido pensar, porque no podía imaginar una vida sin Sakura.
-Eriol… yo no soy sólo la amiga de Sakura…- comenzó a explicarse Tomoyo. –También somos familia… su madre y la mía eran primas, así que ella y yo somos familia…-
Eriol sonrió afirmando sus palabras. Tomoyo continuó.
-Ahora que Sakura ha perdido su hogar, ella y yo compartimos la misma casa… no, quise decir, la misma habitación… y eso nos ha hermanado aún más…-
Tomoyo comentaba todo con un aire agitado.
-Los sentimientos que tienes por Sakura… ¿Son solo de amistad?-
Tomoyo abrió los ojos impactada. ¿Eriol tendría forma de saber de los sentimientos que ella sentía por Sakura?
Tomoyo se aclaró la garganta, buscando unos instantes antes de responder.
-No…- comentó cabizbaja.
-Es normal que los sentimientos cambien conforme vamos creciendo…- continuó Eriol pensativo. Tomoyo afirmó sin darle la mirada.
-Es que… yo me he dado cuenta desde hace un par de meses, que lo que yo siento por Sakura…-
-¿Es amor?- Eriol la interrumpiría, mirándola directo a los ojos.
Cuando Eriol pronunció aquella palabra, la galleta que descansaba sobre la mano de Tomoyo se convirtió en polvo.
-Eso aún no lo sé…- comentó la chica, faltándole el aire.
-Yo solamente quiero prevenirte Tomoyo…- continuó Eriol suavemente. –No puedo decirte, que soy completamente capaz de conocer el futuro… pero, al igual que Sakura, poseo videncia a través de los sueños…-
Tomoyo subió la mirada, curiosa.
-Sólo quiero que tengas cuidado con tus sentimientos Tomoyo…- sonrió Eriol. –Sakura se sentía atraída por la forma humana de Yue, pero sólo era por el parecido de Yukito y el padre de ella, así como por la magia que Yue emanaba…-
Tomoyo dejó caer el té sobre la mesa, en un movimiento involuntario. Rápidamente apareció Akizuki, para ayudarla a limpiar.
-¿Estás diciendo, que lo que siento por Sakura, es sólo debido a su magia?- Tomoyo parecía preocupada, los ojos empezaban a inundarsele.
-Eso solamente podrás determinarlo tú… Tomoyo…- continuó Eriol. –Pero yo te soñé muy triste, sosteniendo una imagen de Sakura y uno de los vestidos que tú creaste… Sé que después de que regresé a Inglaterra nuestra convivencia se redujo… pero…-
Tomoyo le observaba con calma, detrás de las primeras lágrimas.
-Pero… Esta vez quiero ayudarte… para que no sufras como te he visto sufrir en mis sueños…-
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Por otro lado, en China, Shaoran no había sido capaz de tomar una decisión frente al consejo, por lo que se había decidido posponer la decisión para la tarde de ese mismo día.
En ese tiempo, Shaoran había tenido la oportunidad de charlar con su madre, quien a pesar de no obligarle a tomar una decisión, sí le había explicado por qué había contratado los servicios de Ranma Saotome para ser su maestro.
Resultaba ser que Ranma era uno de los más impresionantes guerreros en Asia y su fama se había regado por todo Japón y los países circundantes. Tenerlo como maestro de Shaoran, aumentaba mucho las posibilidades de salir victorioso de los retos que los ancianos le habían hecho enfrentar.
Sin embargo, la madre de Shaoran sabía del deseo de su hijo para viajar a Japón, por lo que no podía imponer su idea.
El chico castaño, incapaz de decidir, había tomado el celular y llamó a Sakura para conocer su opinión.
-Buenas tardes… Sakura…- comenzó Shaoran, avergonzado. También tenía que explicarle lo del oso que había sido destruido en la última batalla.
-¡Shaoran!- contestó Sakura sonriente y también sorprendida.
-Disculpa que te llame en este momento… sé que no es el horario que solemos usar… pero…-
Sakura lo interrumpió de inmediato.
-¡No! No es ninguna molestia… me alegra mucho tu llamada…-
Shaoran se aclaró la garganta antes de continuar.
-Sakura… necesito tu opinión para tomar una decisión…-
Shaoran se tomaría unos minutos explicando toda la situación. Sakura decidió dejarlo explicarse sin interrumpirlo, pero en cuanto tuvo la oportunidad, preguntó por el dragón.
-Shaoran… es que yo te envié unos brownies que cociné para ti…-
El chico de ojos castaños parecía sorprendido.
-A la mansión llegó un dragón de felpa… y fue el que hizo todo el destrozo…-
Sakura se disculpó por los inconvenientes, pero se aseguró de confirmarle que ella no había enviado a esa criatura. Por fin, una vez conociendo todos los inconvenientes, dedicó su opinión a su chico especial.
-Shaoran… debes aceptar a ese guerrero que te entrenará… tú mismo lo has dicho, es mucho más fuerte que tú y tienes muchísimas cosas que aprender de él… así que quiero que lo aceptes-
-¿Pero eso no te hará sentir mal?- comentó Shaoran, confundido.
-Claro que sí, pero yo estaré bien… lo importante ahora es que logres ser el líder del Clan…- comentó Sakura con una sonrisa en su voz, pero bastante tristeza en sus ojos…
-Está bien Sakura… sí eso es lo que tu deseas, es lo que haré…- comentó Shaoran, tratando de sonar lo más tranquilo, pero tampoco era la decisión que él deseaba tomar.
Al finalizar la llamada, Sakura se recostó en la cama y empezó a llorar. Estaba muy triste de no poder ver aún a Shaoran. Sin embargo, debía hacer lo correcto, se lo debía a él y a su propio corazón…
Continuará…
