15
Hermione.
—Apenas tiene dos meses y ya se está poniendo enorme, Moody ha insistido tanto con que se quede a hacer trabajo de oficina que no le ha quedado de otra que aceptar. Dice que solo sería un estorbo pero no me engaña, está preocupado por ella… No me lo creerás, pero cuando se lo contó casi casi se pone a llorar, ¡y yo que pensaba que no tenía sentimientos! Se ve que la quiere mucho.
—Pero si a ustedes también les tiene estima, ¿no fue él quien los motivo a hacerse policías?
—Nones—dijo él negando con la cabeza—. Bueno, quizá si nos tenga algo de estima, ¡pero siempre nos encarga el trabajo más pesado, Hermione! Extraño a Kingsley, él era un jefe mucho más razonable.
Ella se rio y Harry la miró con reproche pero no se quejó.
Estaba anocheciendo ya y ambos estaban ocupando una banca en una plaza que habían encontrado en el camino. Llevaban todo el día andando por ahí, metiéndose en distintos centros comerciales y tiendas para pasar el rato. Había sido idea de Harry salir con ella, pues tenía el fin de semana libre y muchas ganas de pasar el día con su mejor amiga. Le habría encantado que Ginny y Ron los acompañaran, pero su novia tenía que hacer guardia en la redacción y su mejor amigo estaba haciendo rondas por la ciudad.
—¿Y cómo esta Lupin?
—Contentísimo, ya lo creo—contestó Harry sonriente—. Puede que haya insinuado que… bueno, parece que quiere que sea el padrino de su hijo.
Las mejillas de su amigo se encendieron mientras él miraba hacia otro lado, Hermione tenía el presentimiento de que se le habían llenado los ojos de lágrimas. Se sintió increíblemente conmovida.
—¿Sabes? Pensé que se lo pediría a Sirius o a papá… pero a mí—continúo Harry sonriendo—. Es genial, claro. De verdad, es muy genial. No me lo esperaba en absoluto.
—Ya lo creo que serás un muy buen padrino—dijo Hermione apretándole con suavidad el hombro con una de sus manos.
—Yo, padrino… Es…
—¿Es ahí cuando te das cuenta de lo viejo que estás?—bromeo Hermione.
—¡Pero si aún no llegamos ni a los treinta!—contestó Harry riendo—. ¡Ah! Parece que Cedric y Cho se casaran pronto, también. Y cometí la imprudencia de decirlo en voz alta en una cena con los Weasley… ya te imaginaras.
Hermione sonrió y lo miró con complicidad.
—Seguro que no dejaron de lanzarles indirectas toda la noche.
—Claro y…
—¿Y cuándo se piensan casar?—lo cortó Hermione—. Llevan dos años conviviendo, ¿cuánto más tiempo se piensan conocer? Estoy segura de que Lily y James se mueren por tener nietos.
Le tomó el pelo por un rato más, disfrutando como el rostro de Harry se ponía cada vez más y más rojo. Su amigo lo aguantó por un rato, hasta que le tocó su turno de meterse con ella y Hermione se fue encogiendo más y más, completamente avergonzada.
—Nunca es tarde para probar con Tinder.
—O alcoholizarme en una discoteca haber con quien amanezco, que así se conocen ahora las grandes parejas.
—¡A Krum no lo conociste así!
—Dios… ¡eso fue hace mucho! ¿Cuántos años tendría? ¿Quince? ¿Dieciséis? ¡No puedo creer que aún lo recuerdes y te atrevas a sacármelo en cara!
La experiencia le había enseñado a Harry cuando era prudente detenerse, así que no añadió nada más y se concentró en dejar de reírse mientras que Hermione le lanzaba una mirada asesina. Probablemente se había pasado, ¡pero ella también se había divertido mucho a costa suya! Estaban a mano.
—Ya, ya, ha sido broma…—susurró Harry en tono conciliador—. Hermione… Vamos a comer algo que me muero de hambre, yo invito.
Hermione estaba encantadísima con la propuesta pero trato de disimular su alegría al mínimo. Harry, que la conocía demasiado bien, apenas si se inmutó, sabía de sobra que su humor volvía a ser el mismo. Entonces, él se levantó de la banca y le extendió una mano a Hermione que no pudo ocultar una débil sonrisa mientras la tomaba.
Los dos empezaron a andar tomados de la mano por la calle, probablemente muchas personas malinterpretarían el gesto, pero, la gente que los conocía bien, no vería otra cosa que una prueba más de la estrecha amistad que ambos mantenían.
—¡Ah! ¿Sabes de lo que se rumorea en El Profeta? Me lo ha contado Ginny y me apuesto que Rita Skeeter se muere por probarlo, pero solo es un chisme… muy divertido, he de admitir—dijo Harry mientras caminaban.
—¿En la vida de que desgraciado ha metido las narices Skeeter?—inquirió curiosa.
—La de Tom Ryddle, ni más ni menos.
Harry se detuvo en la puerta de un restaurante de comida rápida, empujo la puerta y se hizo a un lado para que su amiga entrara. Hermione lo miró con desaprobación y Harry sonrió, sabiendo cuanto detestaba ése gesto. Entró y ambos caminaron hacia la escalera, pues todas las mesas del primero piso estaban ocupadas.
—Pues bueno, al parecer Ryddle y Bellatrix Black… ¿La recuerdas? Es la prima de Sirius, la que un día se apareció en la cena de Navidad—continuó él. Hermione asintió—. Bueno, está casada y dicen por ahí que está embarazada, ¡en serio! Embarazada, sí, pero no de su esposo, sino del propio Ryddle.
—Me apuesto que Rita daría un ojo de la cara por confirmar esa información.
—Claro, Hermione, y la ciencia también—dijo Harry entre risas—. Mira que si ellos dos consiguen tener un hijo sería un milagro médico.
Hermione trato de mostrarse seria al principio pero no pudo resistirse a unirse a las risas de su amigo. Los dos llegaron al tercer piso soltando carcajadas y así ocuparon una mesa; la gente se les quedaba mirando pero a ellos no les preocupaba ser el centro de atención.
Fue el dolor en las costillas y la falta de aire lo que obligó a Hermione a parar de reírse, entonces una joven se les acercó y ella se levantó diciendo que iba al baño.
Harry y Hermione salieron del local casi dos horas después. Harry se había ofrecido a acompañar a Hermione a casa, así que los dos caminaban sin prisa hacia la avenida principal, buscando parar un taxi vacío. Iban tan entretenidos hablando entre sí que no dieron cuenta que alguien iba directamente hacia ellos hasta que choco con el hombro de Hermione y cayó en el piso de piedra.
—¡Lo siento! ¡Lo siento!—se lamentó Hermione agachándose para levantar a la persona que estaba en el suelo. Se llevó una sorpresa cuando descubrió quien era—. ¿Pansy? ¿Qué haces aquí?
—Buenas noches, profesora—su cara de enfado fue reemplaza por una de alegría al ver de quien se trataba. Acepto la mano que Hermione la ofrecía y se levantó—. Es un gusto verla, ¿se ha divertido esta noche?
—Claro, claro—murmuró Hermione mientras veía como Pansy se quitaba la tierra de la ropa dándose palmadas—. ¿Qué haces tan tarde por aquí?
—Son las nueve de la noche, profesora, no es tan tarde.
—Pansy, tienes clases mañana temprano.
—Y tú también, Hermione—intervino Harry por primera vez, dando un paso al frente para que Pansy lo viera mejor. Le extendió una mano a la muchacha y ella la cogió dudando—. Harry Potter, un gusto.
—Pansy Parkinson—murmuró ella con timidez y le lanzó una rápida mirada a Hermione—. ¿Es su novio?
Hermione se habría reído con ganas si no fuera porque la chica la miraba muy seria, con aire casi solemne. Carraspeo y miró a Pansy con la misma seriedad.
—No, Pansy, es mi mejor amigo.
—Oh—Pansy levantó las cejas—. Eso está mucho mejor. Un gusto, señor Potter.
Se sentía desconcertada por el comentario y sabía que Harry también, pues su sonrisa flaqueo un poco pero logro disimularlo fingiendo que se limpiaba los labios. Pansy les sonreía a ambos sin enterarse de nada.
—Y… ¿qué haces por aquí?
—Es que me he escapado de Malfoy y sus amigos—confesó la muchacha un poco avergonzada—. Me invitaron a cenar con ellos y me aburrí y me fui.
—¿Te escapaste otra vez?—resopló Hermione—. Seguro que están preocupados buscándote, ¡deberías avisar antes de hacer eso! ¿Y si te pasa algo?
Pansy se encogió de hombros y metió las manos en los bolsillos.
—Les enviaré un mensaje cuando llegue a casa—respondió—. Así que debería darme prisa, la veré…
—De eso nada—la cortó Hermione—. Te acompañamos, Pansy—miró a Harry y éste asintió—. Vamos… ¿Dónde vives?
A Pansy, según pudo apreciar Hermione, no le molestó la proposición. Su cara se iluminó mientras sonreía contenta. No tardó en indicarles donde vivía y los tres se pusieron en marcha hacia la avenida, en busca de un taxi.
Llegaron y Harry dio un paso adelante para parar un taxi. Hermione y Pansy se quedaron rezagadas, esperando. Pasaron varios minutos hasta que Harry pareció hacer un trató con un taxista y giró para indicarles que se subieran; primero lo hizo Hermione y Pansy la siguió, Harry cerró la puerta y se metió en el asiento del copiloto y el auto arrancó.
Entonces Harry y el chofer empezaron a hablar de todo, desde el clima, la política hasta el problema de recojo de basura de la ciudad. A veces Hermione intervenía para soltar uno que otro comentario mientras que Pansy estaba recostada en el asiento con los ojos cerrados. Estuvieron así un rato, hasta que la conversación murió y el chofer le subió el volumen a la radio.
Hermione sintió entonces que algo se recostaba encima de ella, volvió la vista y vio la cabeza de Pansy apoyada en el hueco de su cuello; tragó saliva con dificultad, estaba muy nerviosa. Sintió su aliento cálido y supo que estaba dormida así que se decidió a no molestarla. Miró hacia la ventana.
Sentía que alguien la miraba y basto con que le diera un rápido vistazo al retrovisor para ver que Harry tenía sus dos brillantes ojos verdes clavados en ella.
