Unbroken

Sinopsis: Lila había cumplido su propósito; los amigos de Marinette le habían dado la espalda a su compañera, ahora ella se encontraba sola, o esa era lo que pensaba; Adrien jamás creyó en la mentira de Lila y ahora estaba dispuesto a no dejar sola a Marinette… pero… jamás pensó que la azabache aceptaría en cambiarse a otra escuela. Nuevas amistades, nuevos comienzos y nuevas aventuras harán que el alma de la heroína sea inquebrantable..

Hola mis Ladies y mis Lords,

He aquí el tan esperado capítulo que han estado esperado con tanto esmero.

Lamento mucho la tardanza, últimamente he estado bloqueada para seguir escribiendo los capítulos. Y ha decir verdad ya había tenido escrito algunos capítulos para ser publicados, pero hubo un enorme incidente; mi computadora no guardo el documento y se perdió todo el escrito y tuve que volver a comenzar desde el principio. La verdad es que ya no tenia fin y estuve casi de poco tirar la toalla y abandonar el fic, pero no quería defraudarlos así que continúe escibiendo con sudor, lágrimas y sangre este capítulo.

Perdón por el drama, sólo los escritores saben lo que se siente esto.

En fin, no les quito más de su tiempo.

Así que... comencemos con la lectura.


Nieve de Verano

Collège Privé Notre Dame Épée Sacrée

Lunes en la mañana.

Kagami aún no podia creer lo que había pasado aquel día sábado después de que el akuma había sido derrotado por los héroes de París y del nuevo compañero de ellos. Pensó que después de haber sido testigo que Adrien Agreste no era más ni nadie menos que Chat Noir iba a pensar que aquello sería una mala broma o un simple sueño, que ella seguiría durmiendo en su cómoda cama para luego ser despertada por algunos de los sirvientes, pero no. No era así. Aquello fue real y si no fuera por los videos en los cuales grabaron el momento en que Adrien/Chat Noir estaba luchando contra Botanique seguiría pensando que estaba loca y traumada.

La japonesa se dirigía a su salón mientras caminaba por el pasillo escuchando con mucha atención las conversaciones de los estudiantes sobre la pelea pero más se centraron en el nuevo héroe, la chica dio un respingo mientras sintió sus mejillas arder cuando recordó aquel momento en el que fue salvada por Viperion. Un chillido de exclamación quedó atorado en su garganta mientras que el bochorno empezó a invadirla. Podía jurarse que aun escuchaba la voz del héroe llamándola en ese absurdo apodo que le puso, no sabía que era más molesto para ella: en seguir imaginando la voz de Viperion llamándola Petite Impératrice o recordar esa mirada de ternura que le había dedicado cuando la salvo de una muerte segura.

Esto es peor que descubrir la identidad heroica de Adrien. – se quejó mentalmente Kagami.

– ¡Kagami! – la chica se volteó por instinto al escuchar que alguien la llamaba.

Era Marinette.

– Marinette, buenos días. – saludó la japonesa a su amiga.

– Buenos días. ¿Ya llegaron los chicos?

– Aun no lo sé. Apenas voy llegando. – respondió Kagami a su amiga.

– ¿Cómo te encuentras Kagami?

– ¿A qué viene esa pregunta?

Marinette se mordió el labio y con un voz baja, que sólo Kagami alcanzo a escuchar, dijo.

– Sobre… el ataque de akuma. – Kagami sintió un respingo nuevamente al recordar aquel suceso inesperado de descubrir la identidad del rubio y, además, de que aquel nuevo héroe comenzó a coquetearle.

– ¿Qué hay con eso? – siseó Kagami para ocultar aquel nerviosismo en su voz.

– Umm… bueno… eh… uh… yo…

– ¡Hola Mari-Mari, Mimi! – el grito de Jennifer hizo distraer a las dos asiáticas, mientras que la irlandesa-japonesa corría hacia a ellas.

– Hola Jennifer. – saludaron ambas a su amiga.

– Mimi, me alegro que te encuentras bien. Vaya susto que nos diste cuando te separaste de los chicos. ¿Por qué no nos buscaste? ¿O por qué no contestabas nuestros mensajes o llamadas? – dijo hiperventilada Jennifer.

– Jenni, respira y tranquilízate. – repicó Kagami tratando de tranquilizar a su amiga ante su fuerte ataque. – Prometo que les diré a ti y a los chicos sobre lo que me paso.

– De acuerdo. – asintió la irlandesa-española.

Las tres chicas se dirigieron hacia el salón, donde ahí mismo las miradas de Orestes y Minerva se centraron en ellas, más en especial en la japonesa.

– ¡Kagami! – gritaron los dos amigos.

Orestes abrazó a la Tsurugi mientras que Minerva no dejaba de decir cosas en portugués que ni Marinette o Kagami lograron entenderle. Sólo Jennifer fue la única quien logró calmar a la pobre brasileña quien ya se encontraba en un colapso nervioso.

– Orestes… estás invadiendo mi espacio personal. – dijo la japonesa un tanto incomoda.

– A la mierda con eso, Kagami. Ahora vas a responder, ¿En dónde mierda estabas o por qué no contestabas nuestras llamadas? – preguntó molesto el argentino, dejó de abrazarla pero se mantuvo frente a frente con ella cruzados de brazos y el ceño severamente fruncido.

Kagami iba mencionar algo al ojigris pero un comentario de Alba, quien estaba acompañada de las tres arpías, se le adelanto.

– Vaya Orestes con ese carácter tuyo uno pensaría que eres un abusador o peor aún un machista sin vergüenza.

– Tú cállate y no te metas, tapón de alberca. – gruñó molesto Orestes.

– Oye tu patán sin neuronas a mi amiga me la respetas. – defendió Georgina a la morena menor.

– Tranquila Gina, no hace falta que tu o las chicas gasten su saliva con estos perdedores de poca gracia. – sonrió zorrunamente la Muñes. – Es más, hasta ya hemos perdido nuestro valioso tiempo con estos.

– 'Estos' a quien dices llamar tienen sus nombres, Alba. – gruñó furiosa Jennifer.

– ¿Y? A mí que me importa si tienen o no. Vámonos chicas, que nos hace un retoque para resaltar nuestra belleza. – comentó Alba a sus nuevas amigas junto a una sonrisa burlona.

Mientras las chicas salían del salón, Dominique apenas iba entrando de paso. Se hizo a un lado y miró confundido a las muchachas y después a sus compañeros.

– ¿Me perdí de algo? ¿Qué paso? – preguntó el americano.

– No tiene importancia, Dominique. – replicó Minerva.

– Uy, algo me dice que Alba y las arpías hicieron de las suyas. ¿No es así?

– Ahora no, Dominique. – respondieron sus amigos de mala gana, a excepción de Marinette quien estaba atenta por si acaso algún akuma estuviera cerca de ella o de sus amigos.

Este sería un largo día.

Cafetería

Hora del Almuerzo.

Después de cinco clases seguidas al fin la hora del almuerzo había comenzado, algunos estudiantes estaban formados para comprar su comida; otros simplemente trajeron la suya para sentirse como si estuvieran en casa.

En la mesa donde se encontraba Marinette y sus amigos disfrutaba los graciosos y divertidos comentarios que hacían Dominique, Jennifer y Orestes. La franco-china sabía en lo más profundo de su corazón que sus tres amigos intentaban llenar ese hueco que Alba había abandonado semanas atrás, ellos hacían todo lo posible con tal de divertir y hacer sonreír tanto a Kagami como a Minerva; después de todo la latina era muy unida con ellas dos, más en especial con la japonesa y su difícil carácter por intentar en liberar aquella parte divertida que se le hacía muy complicado en demostrar.

De pronto la diversión y los comentarios divertidos de los tres amigos murieron en segundos, al pasar a un lado del grupo de amigos caminaban Alba y sus compinches mientras que sus fuertes carcajadas divertidas y contagiosas retumbaron a los oídos de uno que otro estudiante. Marinette sintió como si se hubiera tragado una piedra entera cuando la mirada café de la latina se dirigió hacia la mesa donde ella y sus amigos se sentaban; era una mirada llena de burla y triunfante, que hizo temblar a la pobre portadora de la mariquita. Rápidamente la ojizarca desvió su mirada de aquel grupo de chicas y miró a sus amigos. Ellos parecían caer en el embrujo de la latina, la miraban con añoranza y a su vez con ansiedad.

Después de unos minutos de un incómodo silencio, Minerva rompió el silencio.

– Muy pronto nos darán los permisos para el viaje, ¿Van a ir?

– Es cierto el viaje. Con toda esta presión de proyectos y exámenes ya se me había olvidado. – dijo sorpresivamente Jennifer a su amiga.

– ¿Viaje? ¿Cuál viaje? – preguntó confundida Marinette a sus compañeros.

– No me digas que ya se te olvido, Mari-Mari. – rió divertido Dominique.

– Perdón… es que yo… – la franco-china intento recordarlo pero era imposible, ya que su trabajo como estudiante, representante de la escuela y heroína se había olvidado ese detalle.

– Ay mija tan chula. – dijo Orestes mientras extendió su brazo para pellizcarle tiernamente la mejilla de su amiga. – Mine, Mimi háganle saber.

– Estamos hablando de la excursión de verano Marinette. Por lo que sé cada fin de cursos el colegio organiza un viaje fuera de la ciudad. – comentó Minerva.

– Eso dependiendo del grado y en qué tipo de educación estés: si en secundaria o en preparatoria. – confirmo Kagami.

– ¿Y eso tiene mucho que ver? – preguntó anonadada la Dupain-Cheng.

– ¡Por supuesto que tiene que ver Mari! – dijo emocionado el americano haciendo respingar a la ojizarca. – Te voy a dar un ejemplo: a los de nivel de preparatoria se les da la oportunidad de hacer su propio viaje, eso dependiendo del grado donde estén, o puede que también se les pueda dar la "oportunidad" de hacer un baile en un crucero. Entre tanto, a nosotros, de la sección de secundaria la escuela nos ofrece un viaje a "X" lugar del mundo sin que nos den otra opción… ya que aún somos "menores".

– ¡Wow! ¡Tanto así! – exclamó Marinette.

– Sí. – afirmaron los chicos.

– Vaya, en mi anterior colegio solamente hacíamos una pequeña fiesta en Le Grand Hotel, ir al zoológico, o recaudar fondos para ir a algún concierto de Jagged Stone o Clara Nightingale. – rió nerviosamente la azabache, pero, luego se arrepintió de haber dicho ese comentario. Porque luego de recordar los agrios momentos que tuvo que pasar "gracias" a cierta mentirosa las viejas heridas se abrieron. – Digo… eso fue antes de…

– Hey. – llamó el argentino a la franco-china. – Si esos inútiles buenos para nada no te valoraron, allá ellos y sus putrefactas consciencias. Porque aquí entre nos, vos sois la piba más divertida y a todo dar. Ellos tarde o temprano se darán cuenta de su puto error, y cuando vean lo que perdieron será muy tarde para esos pibes de mierda.

– Ah… gracias Orestes. Enserio. Agradezco todo lo que dices… pero… ¿Es necesario que digas esas palabras fuertes? – dijo apenada Marinette.

– Lamento mucho por mis groserías, pero, así soy yo. – guiñó divertido Orestes. – Y cambiando de tema. ¿Vos iras a Canadá?

– ¿Canadá? – preguntó confundida.

– Sí a Canadá. – asintió emocionado Dominique. – Es a donde iremos de excursión. Estaremos en Canadá por tres semanas; la primera semana estaremos en la ciudad de Calgary, y después de los que resta de las dos semanas la pasaremos en Alberta.

– ¿Tanto así? – parpadeó sorprendida Marinette. – ¿Y qué vamos hacer en esos dos lugares?

– En la ciudad de Calgary iremos a visitar lugares como tiendas departamentales, parques, museos o dependiendo a dónde quieras ir, tendrás la libertad de hacer lo que quieras en la ciudad. – explico Jennifer muy ilusionada.

– Mientras tanto en Alberta, iremos a esquiar en uno de los parques de esquí del lugar. – habló esta vez Minerva.

– Sorprendente. – murmuró la Dupain-Cheng. – Pero… debe ser muy caro el viaje, el hospedaje de hotel, el transporte y…

– De eso no te preocupes Marinette. – dijo Dominique. – La escuela cubrirá todo los gastos. Es más, hasta los padres de los estudiantes darán su granito de arena para que nosotros, los alumnos, disfrutemos de nuestras pequeñas vacaciones.

– ¿Y eso no sería abuso? – preguntó la portadora de la mariquita.

– No lo creo. – rió Orestes. – Esos hijos de papi y de mami harán lo que sea para que ellos vistan de seda y que sus vacaciones sean dignos de un rey.

– Pero solo serán para sus hijos e hijas. No para nosotros Orestes. – comentó la ojizarca.

– En parte tienes razón Marinette. – habló Kagami. – Los padres de nuestros compañeros harán un depósito a sus hijos, pero, aparte también harán un depósito de emergencia a la escuela para los alumnos por si acaso les hace falta pagar algo.

– ¿Algo así como un apoyo? – la japonesa asintió. – Vaya. Eso no lo sabía.

– ¿Entonces iras a Canadá con nosotros y el grupo, Mari-Mari? – preguntó Jennifer con ojos tiernos y emocionados.

– Pues yo… – Marinette se sintió contra la espada y la pared. Por una parte quería ir con sus amigos a esa atrayente excursión en el extranjero, pero luego recordar su deber como la heroína de París le impedía ir a ese viaje. – Lo pensaré.

– Si tienes algún problema Marinette, nosotros podemos ayudarte. – dijo Kagami.

– No tengo ningún problema, Kagami. Es sólo que… – Marinette intentó morderse la lengua para no seguir hablando, pero le resultaba bastante imposible ya que ella se sentía muy abierta con esos muchachos quienes resultaron ser buenos amigos. – No le he pedido permiso a mis padres.

– Che para eso está el permiso, Mari. Vos no tenés que preocuparte por eso, piba. – dijo Orestes en un tono tranquilo y divertido.

– Habla por ti mismo Orestes. ¿Qué tal si los padres de Marinette no le permitirán ir al viaje? – habló Dominique.

– Buen punto. – asintió el argentino. – Marinette si tenés problemas con tus jefes para no ir al viaje, no te preocupes que yo puedo convencerlos para que te dejen ir.

La chica se auto-golpeo mentalmente por aquel comentario que hizo su amigo. Claro que sus padres le darían y firmarían ese permiso para que ella fuera a ese viaje; si de por sí cuando la Reina de la Moda Audrey Bourgeois la idolatro por su trabajo en aquel bombín en el desfile de modas de Gabriel y que además quería que ella fuera con la madre de Chloe a Nueva York sus padres le dieron su consentimiento de ir tras sus sueños.

– Gracias Orestes. – sonrió nerviosa la Dupain-Cheng. – Ay Marinette, ¿Y ahora en qué lio te has metido?

Boulangerie Dupain-Cheng

Esa misma tarde.

Después de una larga de deberes escolares, Marinette había arribado a su hogar con una expresión exhausta en su rostro. Cosa que esto no pasó por desapercibido por sus padres, quienes inmediatamente se preocuparon por su hija, pensando que su unigénita habría tenido algún tipo de problema en su escuela. Cuando Sabine le pregunto a su hija sobre su estado, la joven azabache simplemente le respondió que todo estaba bien, y que debido a su estado era solamente por las entregas de sus próximos trabajos para los siguientes días y de una reunión de emergencia por parte del comité estudiantil.

Tanto Sabine como para Tom dejaron escapar un largo suspiro de alivio, desde que se enteraron que Alba ya no era amiga de su hija aquello les mortifico. Pues. Temían que en cualquier momento la latina atacaría a su hija de la peor forma, tal como lo hizo aquella chica italiana en involucrarla en algo que Marinette nunca hizo… o eso era lo que algunos pensaban de su pobre unigénita ya que ella aún se encontraba bajo la mira de los Rossi y de sus ex-compañeros de seguir "molestando" y "acusando" a Lila.

Marinette llego a su habitación y lo primero que hizo fue en desplomarse bocabajo en el chaise-longue dejando escapar un largo suspiro de relajación.

– ¿Le dirás a tus padres sobre el viaje, Marinette? – preguntó Tikki a su portadora.

– Sí, pero no ahora. – murmuró cansada. – Lo más probable es que sí me van a dar su permiso de ir a Canadá. Pero. Temo que tendré que rechazarlo porque mi deber de proteger París de Hawkmoth es mucho más grande e importante que ir a ese viaje.

– ¿Por qué no se lo consultas al Guardián? – agregó la kwami roja mientras Marinette la miró confundida. – Tal vez, tenga una solución para esto.

– ¿A qué quieres llegar Tikki?

– Cuando estuviste hablando del viaje con tus amigos se notaba mucho que querías ir a ese viaje.

Marinette no pudo evitar sentir ternura hacia pequeña amiga. Era su apoyo, su confidente, su positivismo hacían que su espíritu se elevara después de tener tantos problemas en su vida. ¿Qué haría sin ella?

– Sabes Tikki. Esta noche hablaré con el Mtro. Fu, veré si hay alguna solución en poder ir al viaje y no dejar a un lado mis deberes como heroína.

Tikki sonrió mientras veía a su portadora levantarse con buenos ánimos para luego dirigirse a su escritorio para hacer su tarea. Saco de su mochila sus libros y cuadernos pero al momento de sacarlos una hoja se deslizó de unos de los libro y cayó suavemente al suelo. Marinette al notar esto se agachó y tomo la hoja del suelo. Ella lo miró y comenzó a leerlo. Era el permiso para el viaje a Canadá.

Ante su curiosidad Marinette comenzó a investigar los lugares donde su grupo iría a visitar en esa excursión. Se maravilló tanto al ver los dos lugares en que visitarían, por primera vez en su vida la franco-china deseaba ir a ese viaje. Imploraba a todos los dioses existentes y a los astros que tal vez y solo tal vez le dieran una oportunidad de salir fuera de la ciudad y que Hawkmoth no tuviese que akumatizar a alguien para así poder disfrutar de ese viaje junto con sus amigos.

Hogar del Mtro. Fu.

Esa misma noche.

El cielo ya había oscurecido y las estrellas y la luna reinaban sobre la hermosa Ciudad Luz, para cierta Portadora de la Creación se le había hecho eterno a que la noche llegara; ya que el pasar de las horas se le hizo largo, tuvo que distraerse haciendo la tarea o también realizando algunos bocetos para matar el tiempo. Tuvo que decirles a sus padres que iba a acostarse temprano ya que había sido un día largo para ella y así aprovechar en transformarse para ir al hogar del Mtro. Fu. Obviamente sus progenitores le creyeron y así Marinette aprovecho en hacer su labor.

Había llegado al hogar del Mtro. Fu, tocó la ventana y un "adelante" alcanzó a escuchar.

– Buenas noches, Ladybug. ¿Qué trae por aquí? ¿Un ataque de akuma? – preguntó el Guardián calmadamente.

– Buenas noches, Mtro. Fu. No hay ningún ataque de akuma, pero hay algo que debo hablar con usted. – respondió ella también calmada.

– ¿Y de qué se trata? – volvió a preguntar el sabio hombre mientras le ofrecía una taza de té a la heroína, quien había roto su transformación.

– Vera, mi colegio organizara una excursión fuera del país por tres semanas y… bueno… yo…

– ¿Quieres no es así? – el Mtro. Fu esbozo una calmada sonrisa mientras vio asentir a Marinette.

– Sí, pero el detalle es que no pudo dejar solo a mi compañero ni tampoco dejar atrás mi deber como Ladybug.

– Mmm. Entiendo. – el Guardián acarició su barba.

– Mtro. Fu, necesito una opinión. Su opinión. ¿Cómo le puedo hacer para no dejar mi responsabilidad como Ladybug si tengo que me tengo que ir fuera de la ciudad? – preguntó Marinette en un tono preocupado.

– Es una excelente y sabia pregunta. – dijo Fu. – En todos mis años esto nunca había pasado, ni siquiera cuando ocurrió el inicio de la Segunda Guerra Mundial. Dado ese caso en un principio yo sugeriría en que tendrías que entregarme el prodigio de la creación y entregárselo a otra persona quien se tomara en serio su responsabilidad. – aquello había dejado en shock y en pánico tanto a Marinette como para Tikki. – Pero como dije eso es lo que pensaría en un principio, puedo hacer algo al respecto con lo que estás pasando, Marinette.

– ¿Enserio? – preguntaron la azabache y la kwami asombradas junto a una mirada esperanzadora.

– Así es. Y todo eso es gracias al libro que me entregaste aquel día y, bueno, después que yo mismo empecé a traducir descubrí algo interesante.

– ¿Y qué es Maestro? – preguntó Tikki emocionada.

– Descubrí una forma en cómo se puede purificar el akuma sin utilizar el yo-yo. – ambas féminas abrieron los ojos sorpresivamente. – Afortunadamente poseo los ingredientes para crear la fuente de poder de esta "purificación".

Marinette estaba sorprendida y emocionada a la vez, pero solo duro algunos segundos pues había algo más que le preocupó y eso era…

– ¿Y qué hay de la cura milagrosa? – preguntó ella. – Quiero decir, los ataques de akumas son bastante desastrosos y también puede afectar a las personas, dependiendo el poder que posee. Y para que esos desastres desaparezcan y todo regrese a la normalidad tengo usar el poder del "Lucky Charm" para repararlo.

– Bien sí es en ese caso. Tendré que buscar en el Libro de los Miraculous, si ya encontré una solución para poder purificar el akuma sin la necesidad del yo-yo también puedo encontrar la solución para reparar los daños que hace el akuma sin la necesidad del "Lucky Charm".

– Entiendo. – asintió ligeramente la cabeza la Dupain-Cheng.

– ¿Hay algo más que quieras preguntarme, Marinette? – preguntó el viejo hombre.

– No por el momento.

Fu asintió ligeramente su cabeza. Habían cambiado de tema, esta vez habían hablado sobre temas muy serios acerca del Ladyblog; aquello había dejado a Marinette confundida, pues, después de haber roto sus lazos con sus ex-compañeros también había dejado de interesarle todo lo relacionado con Alya incluyendo su blog. Cuando el Guardián le mostro el blog a través de su Tablet la sangre de la franco-china se helo a la vez que sintió como si su alma dejara su cuerpo cuando vio un video en el que Alya echaba pestes hacia la azabache de su culpabilidad por no haber estado activa ese tiempo en el que fue castigada por haberla golpeado e insultado. La pobre chica estaba en shock sintió una rabia combinada de tristeza por lo que veía. ¿Cómo podia hacerle eso Alya hacia a ella?

Pero lo que más le sorprendió fue otro video en el que se hablaba sobre Vulpix, Minerva, ella tampoco se salvaba de las fuertes críticas de la bloguera. Haciendo comentarios negativos hacia su persona, aunque Alya quería dar un "buen" criterio sobre la nueva portadora del zorro su lenguaje corporal decía otra cosa; estaba furiosa y su mirada parecía estar inyectada de sangre. Se hacía comentarios positivos hacia su persona, como Rena Rouge, sobre tener más experiencia en batalla y en tener buenas habilidades y estrategias que han "ayudado" a Ladybug y a Chat Noir para vencer los akumas mientras que a Minerva, como Vulpix, no tenía ni una pisca de lo que estaba haciendo.

Aquello había molestado a Marinette.

¿Cómo se atrevía Alya en ofender a su amiga?, ¿En qué estaba pensando que ella en ser mejor portadora del zorro que Minerva?

¡Por favor sí Alya hasta le reprochó que quería quedarse con el prodigio aun sabiendo que Marinette, o más bien Ladybug, le había dicho en un principio que debía entregárselo cuando terminara de desakumatizar a las gemelas!

¡Era una descarada!

¡Minerva era mejor que Alya! ¡Ella le entregó el prodigio del zorro sin insistir en quedárselo!

Pauso el video y cerro la pestaña del Ladyblog.

Estaba furiosa.

Tenía unas hartas ganas de tomar su teléfono y reclamarle por lo que había comentado sobre Minerva y de ella. Contó hasta diez pausadamente. Debía mantener la calma, por el bien del Mtro. Fu y su identidad como Ladybug, porque si no lo hacía probablemente Hawkmoth aprovecharía esto y la akumatizaría.

– Veo que no te habías enterado de esto. Lamento esto, Ladybug. – se disculpó el Guardián ya bastante arrepentido.

– No se disculpe, Mtro. Fu. Hizo bien en mostrármelo, no puedo creer que Alya haya echo eso. Pero no dudo que esto no lo hizo sola. – dijo con una extrema seriedad Marinette algo que hizo preocupar al Guardián.

– ¿Por qué lo dices? ¿Acaso hay algo que te inquieta? – preguntó él.

– De seguro esto también es obra de Lila. Ya le había contado de ella, lo más seguro es que le haya dicho a Alya que hiciera estos videos sobre Vulpix y de mí.

– Entiendo. Es por eso su rabia y negatividad hacia la nueva portadora.

– Mtro. Fu, estaba claro que a partir de aquel día en que le entregué el prodigio del zorro a Vulpix sería un reemplazo de Rena Rouge, pero ahora que veo que Alya conocida como Rena Rouge me ha dejado claro que no es digna de portar más el prodigio. A partir de ahora en adelante Vulpix será la nueva portadora del zorro y, a su vez, la nueva heroína honoraria. – dijo con claridad y seriedad Marinette sorprendiendo al Mtro. Fu y a Tikki.

– ¿Estás segura de tu elección, Ladybug?

– Completamente. – sonrió ella con seguridad. – Además, Vulpix me dijo una vez "Sólo tienes que dar un salto de fe".

– Muy sabias palabras. – sonrió con agrado el viejo hombre. – No sé la identidad de esta jovencita pero al decirme esto creo que has escogido una excelente portadora, es muy sabia para decirte cosas cuando tienes problemas.

– Así es, Mtro. Fu. – asintió Marinette. – Ella es una gran amiga y es bastante sabia para solucionar los problemas con tan solo utilizar sus palabras.

Fu sonrió y asintió.

Tal vez algún día, no tan lejano, conocería en persona a la nueva portadora del zorro. Porque si Marinette confía plenamente en ella, probablemente él también lo haga.

Colegio Privado Notre Dame Épade Sacrée

3 días después.

La clase de Marinette se encontraba alborotada de la emoción, en dos días comenzarían a partir hacia su viaje a Canadá. Las chicas empezaron a organizar su lista de los lugares donde harían sus compras más exclusivas, los chicos hablaban de quien sería el mejor esquiador cuando pisaran el centro de esquí y así ser el mejor deportista. Entre tanto, Dominique les comentaba a sus amigos de las cosas interesantes que había en la ciudad de Calgary, ya que él había visitado aquella ciudad hacia un tiempo atrás cuando una de sus primas había organizado su boda en uno de los hoteles más exclusivos del lugar y el americano aprovecho el tiempo de su estadía en la ciudad para conocer cada rincón de Calgary.

Minerva, Marinette y Jennifer estaban impresionadas por las anécdotas que contaba Dominique.

Orestes simplemente simulaba tranquilidad cuando en realidad en sus adentros imploraba a todo ser divino que pasara rapido los días para ir de una vez a Canadá.

Kagami miraba y escuchaba atentamente a su compañero mientras que una pequeña sonrisa se asomó en sus labios.

Ninguno de ellos presto atención a Alba quien veía su celular con desinterés mirando un episodio de "iZombie". No obstante cuando estaba viendo la mejor parte del capítulo la puerta del salón se escuchó abrirse, ella fijo su mirada hacia la puerta mientras que sus compañeros se sentaron en sus lugares y guardaron silencio cuando la directora había entrado al salón junto a la prefecta Feraud, quien tenía una mirada letalmente acida y molesta que hizo incomodar a cada alumno, a excepción de Alba; Minerva; Dominique; Jennifer y Kagami.

– Buenas tardes jóvenes.

– Buenas tardes, Directora Kickette y Prefecta Feraud.

– Como ya todos sabrán, sólo faltan dos días para el viaje a Canadá. – dijo la Directora Colette mientras los aullidos de emoción de los alumnos retumbaron el salón. Cosa que esto hizo irritar a la anciana prefecta. – También vengo a informarles que el horario de la salida del autobús que nos llevará al aeropuerto será a las 9:00 a.m., y también quiero que vengan bien desayunados. No olviden que hoy o el día de mañana deben entregar sus permisos a su profesor o profesora titular, de lo contrario no se les podrá anotar en la lista para el viaje.

Para en ese momento los alumnos se hablaron entre ellos despreocupados y, a su vez, emocionados de haber entregado sus permisos a su profesor; lamentablemente para ellos habían sido víctimas de la fuerte rudeza de la prefecta, quien los había silenciado con un fuerte y claro "SHHH" y aparte con un "la directora está hablando tengan respeto a su superior.", cosa que había molestado e irritado a cierto grupo de chicos quienes la miraba retadoramente con molestia. Y por supuesto esto no había dejado desapercibido por la anciana mujer.

– Tranquila Prefecta Feraud, no lo hacen a propósito. – dijo con voz calmada la directora. – Bien jóvenes, que tengan un excelente día. – antes de retirarse la Directora Colette ella dirigió su mirada hacia Marinette y Alba que hasta les llamó. – Marinette, Alba. Hoy se quedarán para otra junta con el consejo estudiantil.

– Sí, Directora Kickette. – asintieron ambas chicas mientras que las dos mujeres se retiraron del salón.

Cuando la directora y la prefecta salieron del salón Madame Feraud arrugo su anciano ceño fijándose en Alba, quien continuó mirando su serie desinteresada, apretó con fuerza su mandíbula mientras seguía a la directora. Madame Feraud nunca le agrado a la latina, antes de que esa mugrosa mocosa india llegase a pisar el colegio el lugar era bastante disciplinado, o al menos para el grupo donde se encontraba la Muñes, se respetaba las horas de clase, aunque los profesores se retrasaban unos minutos para llegar a su salón los estudiantes repasaban sus apuntes o simplemente leían algún libro. Ese salón era el más tranquilo y disciplinado. "ERA" porque cuando el día que llego aquella estudiante de intercambio todo cambio de la noche a la mañana. Esa mocosa era bastante extrovertida, además de contestona también era una maldita orgullosa y entrometida, siempre rompía las reglas de clase, era una maldita influencia para los estudiantes y para todo el colegio. Pero. Lo que más le molestaba a la prefecta Feraud era que esa india había puesto de cabeza todo el colegio cuando se le ocurrió la "fantástica" idea de que todos los viernes sería el único día en el que podían usar ropa casual.

Y eso sería sólo la punta del iceberg, porque si todo aquello era un grano en el trasero para Madame Feraud lo peor que no podia tolerar fue que esa ingrata estudiante quedo en el consejo estudiantil como la Vice-Presidenta.

Para ella Alba Muñes no era más que una desconsiderada chiquilla de un continente inferior y pobre, y asquerosamente mestizo que le causaba una fuerte repugnancia. ¡Cuánto odiaba a esa india de poca importancia! Por culpa de esa basura humanoide el colegio más importante y prestigioso no era más que una burla para los ojos de sociedad. O eso era lo que pensaba la anciana prefecta, ya que dentro su retorcidamente mente era lo que pensaba, porque la realidad era otra; el colegio siempre contó con mucha libertad de expresión, pero cada vez que ella recorría los pasillos y se asomaba por las ventanas de las puertas de cada salón, como vieja de vecindad, los alumnos siempre se hacían señas cuando ella se encontraba cerca y se hacían los santos para no recibir una reprimenda de esa loca anciana. Entre tanto, cuando Alba piso por primera vez aquel colegio sería el nuevo el inicio de un nuevo comienzo para el lugar; pues, para la latina ya estaba acostumbrada de lidiar con personas como la prefecta Feraud y ella sabía a la perfección como defenderse y no dejarse manipular o sentirse inferior a las personas poderosas y creídas. Y cuando todos los estudiantes de los niveles escolares vieron como ella se defendió de todos los criterios ácidos y manipulantes de Madame Feraud, el nombre de Alba sería el nuevo significado y sinónimo de "libertad", "poder", "liderazgo", y el favorito de todos la "rebeldía".

Es por eso el odio de Madame Feraud hacia la latina. Porque aquella anciana mujer vio algo en la joven estudiante de intercambio que la dejo temblando de miedo, y eso era: una llama de valentía, de seguridad y de coraje en su mirar. La prefecta había quedado humillada frente a todos los estudiantes y de algunos maestros, y todo por culpa de esa chiquilla latosa y pocos valores. Parecía un animal salvaje.

¡Cuánto la odiaba!

En ese momento, la mirada de la mujer cambio repentinamente cuando algo le llegó a la mente, haciendo que ella sonriera de una manera retorcida y macabra.

Madame Feraud tenía un plan macabro y ruin que de seguro arruinaría la vida de Alba.

Y eso se encontraba en el archivero de la Directora Kickette.

Hogar del Mtro. Fu

Esa misma noche.

Después de una intensa y larga jornada en la escuela y, más sobretodo, en el consejo estudiantil, Marinette había llegado finalmente a casa. La pobrecita se sentía más cansada mentalmente que físicamente, pues, jamás se imaginó que el consejo estudiantil tendría un error en uno de los reportes de los balances del mes; cosa que no además mortifico a los estudiantes sino que hizo enfadar a Alba, ya que ella les había mencionado a tres alumnos encargados de realizar ese importante reporte. Todo el consejo estudiantil tuvo que llamar a sus familias en que llegarían tarde a casa debido a ese enorme problema. En un principio todos ellos casi iban a perder la cabeza porque no se acordaban del balance del mes, después de casi tres horas en recordar sobre el balance del mes; uno de los estudiantes se había acordado que se había anotado dicho reporte perdido en un cuaderno que se solía utilizar para anotar reportes y documentos importantes.

Había sido una enorme odisea para ellos. Pero. Se habían quitado un peso menos de encima y ya todo estaba controlado.

Afortunadamente la Directora Kickette o la prefecta Feraud no se habían enterado de ese catastrófico accidente, porque sí una de ellas se hubiera enterado de lo sucedido probablemente no además el consejo estudiantil se metería en un enorme problema sino que por ese pequeño descuido suyo el colegio tendría que haber cancelado el viaje y/u otras actividades de los otros grupos de los dos niveles escolares.

Marinette había regresado a casa a las ocho de la noche, muchos de sus compañeros se ofrecieron a llevarla a su casa pero ella se rehusó educadamente diciendo que preferiría caminar un rato a despejar su mente y luego tomaría un taxi. Al principio sus compañeros no quisieron eso para ella, pues, ya era muy tarde y temían que algo malo le ocurriera a su compañera, pero ella los había calmado diciéndoles que no tenían nada de qué preocuparse pues los héroes de París estarían vigilando la ciudad como cada noche. Aquello les calmo sólo un poco, pero aun así ellos les dijeron a la franco-china que le enviara un mensaje al grupo cuando llegase a su casa.

Y así lo hizo.

Marinette estiró todo su cuerpo mientras que los huesos de sus brazos, piernas y espalda tronaban, haciendo que la franco-china soltara un suspiro de relajación. Había terminado su tarea y, a su vez, había empezado a realizar algunos bocetos para el proyecto que les dieron en el club de costura. Tikki comía una deliciosa galleta de chocolate mientras escuchaba el nuevo álbum de Clara Nightingale.

– ¿Irás a ver al Guardián, Marinette? – preguntó la kwami.

– Sí, Tikki. En cuánto mis padres ya se vayan a acostar iré inmediatamente a donde está el Mtro. Fu. – replicó Marinette con una calmada sonrisa. – Hoy mismo me dará el remedio para purificar los akumas. Y sí me encuentro a Chat Noir en el patrullaje se lo daré y, también, le diré sobre ausencia.

– Aun no me puedo creer que no se la hayas dicho. – negó Tikki con la cabeza haciendo que su portadora se ruborizara de la pena.

– Entiéndeme Tikki he tenido muchas cosas en la cabeza que se me ha olvidado decirle a Chat Noir que me iré de viaje.

Nuevamente la kwami negó la cabeza, pero no podia tampoco culpar a la chica. Es verdad que Marinette ha tenido una carga tan pesada sobre sus hombros que se sentía culpable en no poder ayudarla con sus responsabilidades.

Sólo esperaba a que el portador de Plagg no se lo tome tan mal y no sea duro con su amiga en dejarlo, ahora, con una responsabilidad enorme.

Hogar de Mtro. Fu

Una hora más tarde…

Marinette, ya transformada en su alter-ego, salió de su casa con dirección al hogar del Guardián de los Miraculous. Al momento en que la heroína arribó al lugar, Fu y Wayzz le dieron la bienvenida a la vez que el hombre le había ofrecido una taza de té de jazmín justo cuando la chica había roto su transformación.

– ¿Estás lista para tu viaje con tus compañeros, Marinette? – preguntó el Mtro. Fu.

– Sí lo estoy, Mtro. Fu. – replicó ella emocionada con una amplia sonrisa.

– ¿Y Chat Noir lo sabe? – aquella sonrisa desaprecio de los labios de la heroína.

– Ah, sobre eso… aun… no se le he dicho. – dijo muy avergonzada. El Guardián la miró y asintió levemente. – P-Pero no se preocupe. Que hoy mismo se lo diré una vez que le entregue la pócima que usted hizo.

– Bien. Ahora mismo voy a decirte las instrucciones de su uso. – dijo Fu colocando una caja de tamaño mediano color negro para luego abrirlo. Dentro de esa caja se encontraba dos frascos grandes de vidrio transparente con un color diferente cada uno. El hombre saco uno de ellos; el cual era de un color rosa-champagne con destellos ligeramente dorados. – Este frasco es para purificar al akuma. Para su uso una vez que rompan el objeto y liberen al akuma: se debe abrir la tapa, meter la mano para tomar un pequeño puñado de esta fórmula y tomar cuanto antes al akuma antes de que se escape.

– Suena sencillo. – comentó la heroína.

– Lo es. Pero también hay algo más importante. Esta fórmula fue algo difícil de hacer y no se debe usar en mayores excesos. Solo un pequeño puñado y con eso basta.

– Entiendo. – asintió ella. – ¿Y para restaurar los destrozos del akuma?

– No nos precipitemos, Ladybug. Ten paciencia, a eso vamos. – rió el sabio anciano haciendo ruborizar vergonzosamente a Marinette. – Ahora para el restauro.

Nuevamente Fu saco el otro frasco de la caja, solamente que, éste tenían un color distinto al anterior. Este lo tenía de un color fucsia con un destello blanco a su alrededor.

– Este frasco es para el restauro. Al igual que con el otro frasco sólo se necesita un pequeño puñado y nada más.

– Entiendo. Pero Mtro. Fu, ¿Y si Chat Noir necesita ayuda? Digo, ¿Qué pasaría si él se enfrentará a un akuma más poderoso que el anterior? – preguntó preocupada la Portadora de la Mariquita.

– Bien, si en ese caso pasara. – el anciano hombre se levantó y se dirigió al gramófono donde ahí mismo sacó la caja de los miraculous. – Puedes elegir temporalmente a tus aliados.

Marinette se estremeció en su lugar, sintió su corazón latir a mil por hora.

– Mtro. Fu, no creo que esto sea una buena idea. – habló la azabache. – Como usted sabrá he perdido la confianza de Rena Rouge y Carapace.

– ¿Qué hay de la nueva portadora del zorro? ¿Vulpix?

– Digamos que ella no estará tampoco disponible. – el anciano alzó una ceja sin entender por lo que Marinette empezó a tartamudear nerviosamente explicándole lo siguiente. – N-No l-lo malinterprete, Mtro. Fu. L-Lo que pasa es que… Vulpix es alguien cercano a mí… y… b-bueno ella estará ausente en la ciudad.

– Oh, entiendo. – asintió levemente.

La chica bajo la mirada muy afligida, por un momento pensó que tendría que cancelar su viaje hasta que su mirada se fijó directamente en el prodigio que anteriormente había tomado.

– Espere Mtro., sé de alguien quien puede a ayudar a Chat Noir.

– ¿Y quién es Ladybug? – preguntó Wayzz.

– El Portador de la Serpiente. Viperion. – respondió decidida.

– Entiendo. Sólo hay algo que quiero que me respondas con sinceridad Ladybug, ¿Crees que él sea de confianza de entregarle por completo el prodigio de la serpiente?

– Completamente segura.

– Bien. En ese caso, toma el prodigio y entrégaselo a tu aliado.

La azabache tomó algo nerviosa el prodigio y lo guardo en la caja hexagonal.

Río Sena

Después de algunas palabras más Marinette, ya transformada en Ladybug, se retiró de ahí. Tuvo que saltar cuidadosamente en cada edificio, pues, ella carba una bolsa negra de tamaño mediano que dentro de ésta se encontraban los frascos. Había dejado un mensaje, por si acaso, a Chat Noir antes de llegar a la residencia de los Couffaine, como si la suerte estuviera de su lado, Ladybug vio en la cubierta a Luka; quien tocaba su guitarra relajadamente. Con sumo cuidado de no hacer el menor ruido posible o de no llamar la atención de Madame Couffaine o pero de Juleka, ella, se dirigió a Luka con mucho sigilo.

– Luka Couffaine. – llamó su nombre en un tono quedito.

Luka detuvo su tonada mirando extrañado y sorprendido a la heroína.

– Ladybug, ¿Qué haces aquí? ¿Ocurrió algo malo? – preguntó más extrañado el guitarrista.

– Tranquilo, no ocurre nada malo. Al contrario vengo aquí porque necesito de tu ayuda. – respondió calmadamente posible la azabache.

– ¿Mi ayuda? ¿En qué puedo ayudarte?

– Verás… – Ladybug le explicó lo más detallado posible a Luka sobre la situación en lo que estaba ocurriendo, desde su ausencia fuera de la ciudad hasta los frascos en lo que contenía el poder de la "restauración" y "purificación". – Y es por eso que te he elegido a ti para esta misión. Bueno. Si tú quieres hacerlo, comprenderé tu decisión si no…

– Acepto. – aquella respuesta había dejado sorprendida a Ladybug. – Acepto ayudar a ti y a Chat Noir en esta misión.

– ¿Estás seguro? – él asintió. – Bien. Luka Couffaine, te confió el Prodigio de la Serpiente. Usa sus poderes para el bien, si sientes que ya no puedes más con tu deber entrégale a Chat Noir el prodigio.

Luka asintió nuevamente antes de tomar la caja, cuando la abrió la luz apareció al igual que Sass; quien tuvo una mirada de emoción al ver nuevamente a su portador.

– Ten por seguro Ladybug, que daré todo de mí por proteger a Paris y a los civiles. – juró solemnemente el Couffaine.

La Portadora de la Mariquita asintió, se despidió una vez más de Luka y se fue.

A unos cuantos edificios la heroína recibió una llamada de su compañero, avisándole que la esperaría en el Arco del Triunfo, una vez que la Portadora de la Mariquita había llegado ahí; Chat Noir la recibió caballerosamente con una rosa roja en mano.

– Recibí tu mensaje, ma Lady. Y déjame decirte que está noche luces radiantemente hermosa, Bichito. – elogió a su compañera de batallas quien soltó una risa divertida.

– Gatito bobito, ¿Cuántas veces tengo que decirte que no Bichito? – Chat Noir encogió sus hombros sin dejar aquella sonrisa radiante y gatuna de sus labios.

– He perdido la cuenta. Una flor para la rosa más hermosa de todas. – las mejillas de Ladybug se sonrojaron hasta combinarse con el color de su antifaz, apenada tomó la rosa; cosa que su compañero le emociono.

– Dejemos los elogios y los regalos a un lado Chat Noir. Porque hay algo que tengo que decirte.

– Bien, soy todo oído. – el Portador del Gato Negro se acercó a sus cuatro oídos a su compañera.

– Espacio personal, Chat. – ella lo alejó cortésmente. – Pero en serio, hay algo importante que debo decirte. Y quiero que te lo tomes con calma. ¿Si? ¿Me lo prometes?

– Lo prometo. – sonrió tiernamente. – Dime, ¿Qué es eso importante que me tienes que decir, mi Lady?

– Chaton, dentro de dos días voy a salir fuera de la ciudad por algo personal.

– Con que era eso. – la voz del chico sonaba normal con un toque juguetón. – No le veo nada malo, mi Lady. Te mereces un descanso después de tanto luchar contra los akumas.

– Espera. ¿Qué? ¿No estás enojado o desilusionado? – miró sorprendida a su compañero.

– ¿Por qué debería de estarlo? Todos merecemos unos días de descanso, Ladybug. – se encogió de hombros el rubio. – Ve. Disfruta las oportunidades que te da la vida. Un descanso no te hará daño. Confía en mí, Ladybug.

Ladybug se sintió aliviada, confiada y sobre todo, por primera vez en meses, comprendida. Sin aguantarlo más se abalanzó hacia su compañero abrazándolo con fuerza y transmitiéndole a él una inmensa alegría.

– Gracias. Gracias, Chat Noir. Eres el mejor compañero del mundo. – la voz la sintió quebrarse mientras que Ladybug podia sentir como las lágrimas estaban por salir de sus ojos. Pero esas lágrimas eran de felicidad.

– Tú también eres la mejor compañera que un felino puede tener. – dijo él ocasionando que la chica soltara una risa de sus labios.

– Gatito bobito. – la heroína se retiró de su compañero y lo miró eternamente agradecida y feliz.

– ¿Hay algo más que deba saber, Ladybug?

– Oh, sí. – se alejó de su compañero y se retiró la bolsa, que por mera curiosidad Chat Noir miró, y de ahí saco los dos frascos.

– ¿Qué clase de mermelada es esa, mi Lady? – preguntó el héroe cosa que para la Portadora de la Mariquita rió.

– No es mermelada Chat Noir. – corrigió ella. – Esto te ayudará a purificar a los akumas y a restaurar los destrozos de las peleas.

Ladybug le explicó detalladamente a su compañero el uso de cada contenido de aquellos dos frascos, cada vez que el héroe de traje de látex negro le hacia una pregunta a su compañera ella le respondía con paciencia. Cuando finalizo de explicarle a su compañero sobre los contenidos también agregó que él tendría el apoyo de un compañero.

Al principio Chat Noir pensó que sería un nuevo portador o que tendría la ayuda de Carapace, de Rena Rouge o de Chloe; o mejor dicho de Queen Bee. Aunque probablemente la hija del Alcalde sería una excepción de que tuviese en sus manos el Prodigio de la Abeja puesto a que Hawkmoth ya tenía su mirada en la chica. Pero cuando el héroe felino escuchó el nombre del Prodigio de la Serpiente no pudo evitar mirar confundido a su compañera.

– ¿Viperion?

– Ya sé que él uso sólo una vez el prodigio. Pero él fue la única opción que mantuve en mente. – respondió algo apenada la chica.

– ¿Y sólo es él? – preguntó Chat Noir por lo que Ladybug asintió.

– Sí. Tenía pensado en llevarle el prodigio a Chloe también… pero… temía que si se lo daba Hawkmoth podría…

– Entiendo a lo que dices y piensas, Ladybug. – dijo él. – Si yo también estuviera en tu lugar pensaría lo mismo.

– Gracias por comprender Chat Noir. – sonrió ella agradecida.

– No tienes nada que agradecer, mi Lady. Somos un equipo, ¿Recuerdas? – Chat levanto su mano y el cerro haciendo el puño. – Tú y yo contra el mundo.

Ladybug lo miró y sonrió.

– Tú y yo contra el mundo. – ella también cerro su mano y chocó su puño contra el de su compañero.

Boulangerie Dupain-Cheng

Marinette había llegado a su casa con una enorme sonrisa en sus labios y, sobretodo, en su mirada. La chica se había desplomado en su cama dejando escapar un largo suspiro de alegría, estaba tan contenta que quería gritarlo a los cuatro vientos. No sabía con exactitud si se debía porque iría a ese viaje o porque había recibido el apoyo de su compañero al comprender de lo que estaba pasando, o un poco de ambas. En ese momento, una de sus manos toco un bulto, fijo su mirada y vio el familiar objeto; era el peluche de Chat Noir.

La chica lo tomó entre sus manos y lo miro.

Con la yema de sus dedos recorría cada partícula de la tela cocida del muñeco, y con una sonrisa en sus labios lo abrazó acurrucándolo sobre su pecho.

Esa misma noche Marinette durmió en paz y en tranquilidad.

La mañana siguiente había llegado, Marinette se había levantado de buen ánimo mientras desayunaba junto a su madre en el comedor-cocina, esa misma mañana había hablado con Sabine sobre del viaje a Canadá; al principio la mujer estaba en duda si en dejar a su hija ir a ese viaje, pues, le había preocupado en los gastos elevados del viaje pero luego de que su hija le explicara que la escuela cubriría los gastos se calmó sólo un poco. Había firmado el permiso pero eso no quería decir que la chica se salvara de la pregunta de oro que toda madre haría "¿Por qué no me dijiste desde un principio?" cosa que Marinette le respondió nerviosa: "tuve muchas cosas en la cabeza que se me olvido decírtelo." Típico que todo hijo diría a su madre y después recibiría una fuerte reprimenda de su progenitora, a excepción de Sabine ya que ella sabía lo "olvidadiza" que era su hija.

La azabache se despidió de su madre una vez que su padre la llamó desde la panadería para dejarla a la escuela.

En el trayecto del camino Marinette le contó a su padre sobre el viaje, Tom estaba muy fascinado que casi se iba a pasar una calle antes de la escuela de su hija sino fuera por ella. Habían llegado a la escuela, Marinette se despidió de su padre plantándole un beso en su mejilla junto con una alegre "adiós" antes de bajarse del vehículo.

Ya dentro del colegio Marinette se encontró a sus amigos en la entrada mientras platicaban sobre lo emocionados que estaban por el día de mañana, todos ellos le dieron los buenos días y entraron dentro del edificio rumbo a su salón.

Sin imaginar el gran escándalo que se armaría ese mismo día.

Horas más tarde.

El grupo de Marinette se encontraba ya en el cuarto periodo de clase cuando la bocina se escuchó nombrando así a Alba, quien alzó una ceja junto a una mirada llena de confusión. Dejó a un lado lo que estaba haciendo mientras salía de la clase; los compañeros de la chica miraron preocupados y curiosos a ella mientras comenzaron a murmurar cosas sin sentidos sobre la latina, claro que el profesor no le agrado nada en lo absoluto que sus alumnos hablaran en clase cuando estaban haciendo un ejercicio difícil.

En la oficina de la Directora Kickett ya se encontraba Alba con el semblante muy tranquilo y sereno, mientras escuchaba a la mujer explicándole que su permiso se encontraba extraviado.

– Déjeme ver si entendí. Mi permiso esta extraviado y por lo tanto tendré que esperar hasta mañana, que es el mismísimo día en que nos vamos a ir a Canadá, para que lo encuentren. – repitió lo que le dijo la directora.

– Lamento mucho en darte esta inesperada noticia Alba. Pero no te preocupes, estoy segura que el permiso aparecerá, probablemente lo haya puesto en otros documentos sin que me hubiera dado cuenta. – la pobre mujer soltó un suspiró y miró apenada a la joven.

– Directora Kickett no se culpe. Mantengamos la calma de seguro aparecerá, dejemos a un lado los pensamientos negativos si no queremos ser akumatizadas por ese intento de villano del Hombre Polilla versión pirata.

La Directora Kickett soltó una risa divertida seguido por la joven estudiante.

– Ay Alba eres tan ocurrente. – dijo la mujer. – Haré todo en mis manos para que ese permiso aparezca.

– Le agradezco mucho, Directora Kickett. – sonrió educadamente la latina. – ¿Hay algo que quiera decirme antes de irme?

– Eso debería preguntártelo yo. Pero sí, si el documento no aparece para el día de mañana lo más probable es que no vayas al viaje.

Alba ni se musito al escuchar eso, es más, ella mantuvo la calma y asintió.

– Entiendo.

– Lamento mucho que escuches eso Alba.

– No lo lamente. Y manténgase positiva Directora Kickett, como le dije anteriormente; de seguro aparecerá, no nos adelantemos. Es más, no es la primera vez que estas cosas me suceden a mi. – dijo Alba aun manteniendo la calma al igual que su sonrisa. – Bueno, gracias por avisarme de este asunto Directora. Si no le importa ya me voy a retirar a continuar con mis deberes.

– Por supuesto. Nos mantendremos en contacto entonces.

– Sí, Directora Kickett.

Alba se levantó de su lugar y se retiró de la oficina, soltó un suspiro silencioso mientras su vista se dirigió discretamente hacia la vieja prefecta quien la miraba burlona y descaradamente. Ahí Alba se dio cuenta de lo que estaba pasando. La maldita vieja probablemente sacó su permiso del archivero y sabrá Dios que hubiera hecho con el dichoso papel.

– ¿Todo bien, Mademoiselle Muñes? – preguntó la prefecta Feraud con una descarada voz disfrazada de preocupación, aquello le dio tanta repulsión a la latina quien tuvo que contar hasta el infinito para no atacar a la anciana mujer.

– Sí, Prefecta Feraud. – respondió con una forzada tranquilidad al igual que de una deslumbrante sonrisa fingida en sus labios. – Todo está bien. Con su permiso.

– Propio. – Alba pudo escuchar la voz forzada de la mujer antes de retirarse de la dirección.

Al salir por completo de ahí, la chica soltó un largo suspiro mientras soltaba una leve risa y una sonrisa zorrunamente astuta decoró sus labios.

– Maldita vieja, con que ese es tu propósito. Bien. Quien ríe al último, ríe mejor.

Alba con un aire despreocupado se dirigió nuevamente a su salón mientras silbaba la canción de la banda Twist Sis "We're not gonna take it".

Boulangerie Dupain-Cheng

Más tarde esa noche.

Marinette se encontraba preparando las maletas para el viaje, mientras cantaba a todo pulmón una de las canciones de Clara Nightingale; una vez que ella termino por guardar el ultimo conjunto que eligió, llamó a su padre avisándole que las maletas ya estaban preparadas para luego llevarlas abajo en la entrada del living. La franco-china estaba ansiosa y emocionada que no podia esperar para el día de mañana, su celular timbro y ella lo reviso; era su grupo de amigos enviándoles fotografías de sus rostros brillantes y sonrientes junto con sus maletas por el WhatsApp. Marinette rio divertida, se tomó una foto y se la envió a sus amigos también. Después de dos horas platicando con ellos la chica ya se encontraba dispuesta a dormir cuando escuchó unos leves golpes en la ventana de su habitación.

Su corazón saltó de emoción y de alegría al ver que era Chat Noir. Cosa que ella dejo pasar sin tomarle importancia.

Abrió la puerta del tragaluz y salió de éste para recibir a su fiel amigo.

– Hola Chat Noir.

– Hola Princesa. – Marinette fingió disgusto pero una sonrisa traicionera se asomó en sus labios. – Te veo reluciente. ¿Acaso te pusiste una mascarilla antes de dormir?

– ¿Reluciente? ¿A qué te refieres con eso? – preguntó confundida.

– Te veo radiante. – el héroe se sentó en la barandal de hierro sin dejar de mirarla. – También te veo más feliz.

– De hecho sí. Mañana me iré de viaje con mi grupo de escuela. – confesó emocionada Marinette, Chat Noir la miró con mucha curiosidad hasta había alzado sus orejas moviéndolas con una ternura que enterneció a la chica.

– Oh, puedo saber a dónde irán. – preguntó con interés el felino.

– Que no sabes que la curiosidad mata al gato. – replicó ella en un tono juguetón.

– Lo sé. Pero este gato tiene nueve vidas. – guiñó él juguetonamente.

– Gato mañoso. – Marinette rió mientras se dirigió hacia el barandal, junto a un lado de su compañero. – No te lo diré.

– ¿Ni un que sea una pista pequeña? – ella negó. – Bueno, al menos lo intente. Pero sabes Marinette, me alegro que hayas regresado.

– Chat Noir ni siquiera me he ido a ningún lado. – pero Chat negó con la cabeza.

– Tal vez no me haya explicado. A lo que quiero decir es que me alegro que la antigua Marinette este de regreso; feliz, con esa radiante sonrisa que hace contagiar y alegrar a todo quien la vea. Pensé que jamás volvería a ver esa otra parte de ti. La verdadera "tu".

El corazón de Marinette se agito mientras que un cálido y tierno sentimiento despertó dentro de ella. La chica miró sorpresivamente a su compañero, éste la miraba de una forma tan diferente como otras noches que la visitaba; es más; esa mirada nueva y a la vez diferente jamás la había visto cuando se transformaba en Ladybug. Sintió sus mejillas arder y se juro que probablemente hasta se habían tornado en un intenso y llamativo color carmesí.

– Chat Noir. – mencionó su nombre con cariño y sorpresa. – ¿En serio eso es lo que ves de mi?

– Eso y mucho más, Marinette. – sonrió con profunda sinceridad el héroe.

– Chat… ¿Gustarías unos pastelillos y dulces?

– Me encantaría, Marinette.

Un rato después Marinette le confesó a Chat Noir sobre su viaje a Canadá y su estadía de 3 semanas ahí, el felino casi hizo un mohín cuando él le pidió si podia ir con ella (claro que era para robarle una risa junto a la sonrisa que la acompañaba) pero claro que ella no lo podia llevar; pero eso no quería decir que le podia traerle un recuerdo de ese lugar. Los dos chicos ni siquiera se habían dado cuenta que las horas se habían pasado volando; ellos estaban tan entretenido platicando, riendo y reviviendo los momentos más cómicos y asombrosos de sus vidas (tanto civiles como heroicas, o en este caso de Chat Noir). Fue en ese momento cuando el héroe de traje de cuero negro vio la hora del reloj de pared, el cual marcaba las 3:40 de la mañana.

– Vaya, ya es muy tarde. – anunció Chat Noir a su amiga, quien vio también la hora del reloj.

– Es cierto. Con todo lo que hablamos hasta me siento que han sido minutos y no horas.

– Concuerdo contigo, Princesa. – el chico se levantó del cómodo chaise-longue mientras se daba un estirón haciendo tronar unos cuantos huesos. – Será mejor que me vaya y te deje descansar, dentro de unas horas tendrás que levantarte.

– Tienes razón. Aunque, la verdad… no tengo nada de sueño. – dijo Marinette mientras un travieso bostezo escapó de sus labios.

– Pues ese bostezo dice todo lo contrario. – el chico se puso a un lado de su amiga y acto seguido la cargo estilo nupcial.

– Chat… pero qué…

Marinette ya debería estar acostumbrada a esto, no sería la primera vez que Chat Noir la cargaba de esa manera… pero… una cosa era que el héroe la cargaba así cuando su vida corría peligro con algún akuma como: EvilIlustrator, Gamer, Befana, Glaciator, etc. Aunque aquella vez cuando él la visito aquella noche antes de ser atacada por la versión akumatizada de André, el heladero, su compañero la había cargado de esa misma manera cuando la invitó a ver la decoración que hizo para Ladybug… pero… ahora esta vez era muy pero muy diferente.

Le agradaba estar así que no quería que él la soltara.

Se sentía protegida y confiada de sí misma.

Cuando la franco-china estaba a punto de dejarse llevar por aquella sensación de su compañero, en ese preciso instante su cuerpo había tocado una superficie blanda y fría. Era su cama. Al momento en que Chat Noir depósito a la chica en la comodidad de aquel colchón, la sensación cálida desapareció del pecho de Marinette al no sentir más el cuerpo de su compañero sobre de ella.

– Buenas noches, Princesa. – se despidió de ella pero antes de que el héroe saliera por el tragaluz, Marinette lo detuvo tomando su mano. – ¿Marinette?

– ¿Puedes quedarte un rato más? – preguntó ella un tanto apenada. – Al menos hasta que me duerma.

– ¿Estás segura? – la azabache asintió. – Mmm… no lo sé. ¿Qué pasaría si tus padres nos encuentran juntos y podrían malinterpretar las cosas?

– Eso no sucederá.

– Uno nunca sabe Marinette. – rió divertido el rubio.

– Está bien, si eso llegase a pasar, cosa que no será así, le diré a mis padres que estabas muy hambriento y suplicabas por unos cuantos dulces y pastelillos que hasta te quedaste dormido.

– Trato hecho. – extendió su mano para estrecharla con la de Marinette. – Aunque yo tenía pensado otra cosa.

– ¿Cómo qué?

– En que estuvimos platicando toda la noche sin siquiera darnos cuenta que nos habíamos quedado dormidos. – dijo en un tono juguetón el Portador del Gato Negro.

– Bueno, tampoco eso sería mala idea. Pero aun así me quedaré con mi versión.

– Eso no es justo.

– Lo siento, Chat. Mi casa, mis reglas. – la Dupain-Cheng rió infantilmente cuando vio a su compañero hacer un mohín.

Apagaron las luces y en cuestión de minutos la chica se había quedado dormida mientras era abrazada por el héroe de París.

Sábado.

7:30 de la mañana.

El despertador de no paraba de sonar escandalosamente desde el celular, una Marinette muy desvelada tanteó torpemente su cama en búsqueda del aparato para apagarlo y tomar unos minutos más de descanso. Pero al no encontrarlo la chica gruñó bajo mientras se descubría de las sábanas y colchas, empezó a buscar su celular cuando se dio cuenta de que éste se encontraba en el escritorio aun cargándose. Bufo molesta y miró a un lado contrario de su cama, no era sorpresa que Chat Noir ya no se encontraba más en su cama, probablemente, como ella se lo dijo; se había retirado cuando ella se había quedado profundamente dormida. Se sintió afligida por unos minutos, quería al menos verlo esa mañana y despedirse de él antes de irse a su viaje.

Marinette bajo las escaleras y se dirigió a su escritorio para apagar la alarma de su celular.

Para su sorpresa debajo del aparato se encontraba una hoja con un mensaje que le robo una sonrisa más a la joven Portadora de la Mariquita, el cual decía:

"Me quedé hasta que tu alarma sonó, lamento en no despedirme como es debido pero aun así disfruta y haz hermosos de tu viaje con tus amigos.

Atte: Chat.

P.S.D.T.: Tráeme un recuerdo, por favor."

– Gatito bobito. – rió ella mientras acurrucaba en su pecho aquella hoja.

La Dupain-Cheng tomó un delicioso y nutritivo desayuno mientras escuchaba una pegajosa canción que le había enviado Jennifer. Marinette revisaba los mensajes en su cuenta de Facebook hasta que vio un recordatorio de una fotografía de ella con Adrien, recordaba ese día del momento; esa fotografía había sido tomada en la Galerie des Glaces uno de los salones más majestuosos y visitado en el Château de Versailles, cuando ella aun estudiaba en el Colegio François Dupont, ella se había quedado atrás de su antiguo grupo porque había tenido una gran inspiración por las hermosas y elegantes estructuras estilo barroco, hasta que la voz de Adrien captó su atención; ella compartió sus ideas sobre sus diseños y él simplemente la observaba trazando lo que sería sus bocetos. No supieron por cuánto tiempo se habían quedado en la galería cuando Adrien recibió un mensaje de Nino, ya que su grupo los estaban buscando. Antes de que se fueran de ahí, el Agreste le ofreció a Marinette en tomarse una foto para recordar ese lindo momento, lo cual ella acepto.

La chica sonrió ante ese recuerdo maravilloso.

Fue en ese momento en que la Dupain-Cheng decidió dejarle un mensaje a Adrien sobre su viaje a Canadá, se sintió algo culpable en no haberle dicho eso en su momento y esperaba en el fondo de su corazón que el chico que amaba con todo su ser no la odiara por eso. Para sorpresa de ella, Adrien le había devuelto su mensaje diciéndole que él ya lo sabía por parte de Kagami, pero que él estaba esperando a que ella se lo dijera a su momento y que no la culpaba ni tampoco estaba molesto en no habérselo dicho a tiempo. Y que aun así él le deseaba un feliz viaje junto a sus compañeros.

Aquello había enternecido a la franco-china que una amplia sonrisa se amplió en sus labios.

Al dar las 8:30 de la mañana, la familia Dupain-Cheng se retiró de la panadería y a dejar a su hija a la escuela. Tom y Sabine estaban tanto emocionados como ansiosos de que su unigénita estaría fuera de la ciudad, cuando llegaron al colegio; Marinette vio a algunos de sus compañeros sentados en los escalones de la entrada mientras que sus rostros reflejaban la emoción y alegría, luego sus miradas se dirigieron hacia la camioneta de la familia de panaderos para luego gritar el nombre de su compañera emocionados.

El matrimonio había estacionado su camioneta y luego empezaron a bajar algunos bocadillos recién hechos de la panadería y chocolate caliente. Marinette y sus padres habían entrado a las instalaciones del colegio para luego ir a la clase de la franco-china, donde ahí fueron recibidos con agrado y emoción por parte de los alumnos; para matar el tiempo de sobra Tom les contaba a los jóvenes estudiantes sobre cómo preparar algunos dulces y postres, cosa que los alumnos veían con emoción y, a su vez, comenzaron a anotar o grabar en sus celulares lo que el panadero decía.

Al dar las 9:00 de la mañana, la Directora Kickette junto con la prefecta Feraud y el profesor de grupo; Monsieur David Sagnier (quien fue asignado como el encargado de cuidar del grupo) daban un pequeño anuncio sobre el viaje al aeropuerto; que tenían que estar todos juntos en grupo, decir "presente" cuando pasaran su nombre de lista, mantener sus teléfonos activados y con sonido para cuando se les llamara, etc. Mientras que la Directora decía ese anuncio, Madame Feraud vio con una discreta y descarada burla hacia a Alba, al principio pensó en detener a la chica cuando la vio en el pasillo y decirle que se retirara inmediatamente de la escuela porque no asistiría al viaje, pero claro para su mala fortuna la Directora Kickette había llamado a la anciana mujer para avisarle que ya era tiempo de reunir a los alumnos y conducirlos al autobús.

Los alumnos se formaron y salieron del salón para ir justamente fuera del colegio donde ya los estaba esperando el autobús. Cuando Alba estaba a punto de salir, la anciana mujer la detuvo del brazo y le dijo.

– Mademoiselle Muñes, usted no debería estar en este viaje. Su permiso no fue encontrado.

– Madame Feraud tiene razón, lamento mucho en decirte que no nos podrás acompañar en este viaje. – dijo apenada la directora.

Pero Alba simplemente sonrió divertida y fingidamente apenada.

– Ah, sobre de eso. – las dos féminas miraron confusas a la chica cuando saco un papel doblado a la mitad y blanco de su bolso. – Al parecer tuve todo este tiempo el permiso, Directora. Probablemente había pensado que lo entregue a Monsieur Sagnier cuando en realidad era todo lo contrario, lamento mucho este malentendido y también por su tiempo en buscar el permiso, Directora Kickette. – la chica desdobló el papel y se lo entregó a la mujer, Colette lo tomó y lo revisó; miró a la chica y asintió ligeramente.

– Disfruta tu viaje Alba.

– Gracias, madame. – agradeció Alba, luego miró a la anciana prefecta quien tenía una mirada incrédula y, a su vez, una expresión como si hubiera visto a un muerto en vida. – Madame Feraud, ¿Podría soltarme por favor?

La anciana mujer apretó con fuerza a la chica sin importarle que sus uñas penetraran su carne, pero ante la mirada de Colette; ella; soltó de inmediato a la chica.

Madame Feraud comenzó a maldecir a la maldita ingrata de la india esa, que hasta sintió su boca saborear un sabor asquerosamente metálico y en la boca de su esófago empezó a hervirle como una lava del mismo infierno.

Alba se despidió de ambas féminas y camino directamente hacia la salida del colegio, una sonrisa satisfactoria y triunfante se plasmó en su rostro. Mientras recordaba el día en que ella había imprimido tres copias de aquel permiso y hacer que su tutora los firmara con la única excusa de que cada hoja se la quedaría su profesor de grupo, la directora y ella misma. La latina no era estúpida, ella sabía de las malditas intenciones que la vieja esa le tenía contra ella, una victoria había ganado la Muñes y ella disfrutaría su triunfo en aquel viaje a Canadá.

Aéroport de Roissy-Charles-de-Gaulle

Los estudiantes ya se encontraban dentro del edificio, habían comprado sus boletos y algunos aperitivos para el viaje. Habían esperado media hora para ya arribar el avión, cuando los alumnos y su profesor ya se encontraban formados Marinette vio a sus padres y los abrazo, a su vez, prometiéndoles que una vez que ella llegara a Canadá los llamaría. La chica estaba a punto de formarse a la fila con su grupo cuando de pronto una voz la llamaba a todo pulmón. Al principio pensó que había sido su padre pero éste parecía no ser la persona correspondiente de aquella misteriosa voz, por lo que ella supuso que probablemente había sido su imaginación; dejo a un lado aquello y se enfocó en la plática de sus amigos cuando otra vez escuchó su nombre, sólo que esta vez ya se encontraba cerca. Al momento en que la franco-china se giró grande había sido su sorpresa cuando vio a Adrien Agreste unos metros de distancia, corriendo a todo pulmón.

– ¡Marinette! – gritó su nombre.

La chica estaba impactada de ver a su amor platónico y llamándola a todo pulmón.

– Adrien. – susurró bajo su nombre.

Sin importar las miradas de las personas Adrien se había detenido a unos cuantos centímetros de la azabache, se inclinó un poco mientras apoyaba sus manos sobre sus rodillas intentando recuperar el aliento. Había ignorado algunos cuantos flashes o aquellos sonidos de las cámaras cuando tomaban fotos de aquel modelo.

– ¿Adrien? ¿Qué estás haciendo aquí? – preguntó Marinette entre sorprendida y confundida al rubio.

– Yo… quería… despedirme… de ti… – respondió con dificultad Adrien mientras intentaba recuperar el aliento perdido.

– ¿Cómo? – un sonrojo apareció en las mejillas de la Portadora de la Mariquita.

– Permite… un minuto… – respiró y exhaló acelerado el pobre muchacho, tomó una gran bocanada de aire y dijo. – No quería que te fueras sin saber que quería despedirme de ti. Porque… ¿Qué clase de amigo sería yo si mi mejor amiga se iba del país sin recibir un "hasta pronto" de mi parte?

La chica no sabía que pensar o que sentir en esos momentos, por una parte quería sentir aquella incomodidad y desilusión después de escuchar la palabra "mejor amiga"… pero… simplemente sintió cariño y ternura hacia a él. ¿Por qué su corazón no sintió aquella punzada de incomodidad como otras veces?

– Yo… no sé qué decir Adrien. – y era verdad, no sabía que decir ella en esos momentos. Probablemente era por la inesperada sorpresa de ver a su crush frente a frente con el único motivo de despedirse de ella.

– No tienes nada que decir Marinette. – dijo él con una sonrisa brillante y un poco cansada. – Soy yo el que tiene que decirlo. Te deseo un buen viaje, Marinette. Espero que te diviertas mucho en Canadá junto con tus compañeros y amigos. Nos veremos pronto.

– Gracias, Adrien. Y sí, así lo haré. – sonrió ella.

Para sorpresa de todos, Adrien le dedico un abrazo mientras le decía al oído un "te extrañaré estas semanas". Entre tanto, Marinette correspondió también al abrazo y le respondió con un "yo también, y prometo llamarte y mensajearte."

El rubio no quería soltarla, no quería que su princesa se fuera y lo dejará solo cuando tuviera alguna situación que le haría poner triste o preocupado. En imaginar en no tener a su Princesa o a su Lady lo ponía triste, pero, tenía que aprender a dejar ir aunque fuera doloroso para él.

Ambos chicos se despidieron y se prometieron en llamarse cuanto pudieran.

Marinette comenzó a entrar en el túnel (una vez que enseño su boleto y pasaporte a la encargada) para arribar el avión.

Y Adrien simplemente la miró con el único deseo que las semanas se pasaran lo más rapido posible.

En el largo viaje en el avión, algunos estudiantes ya se encontraban dormidos o simplemente viendo algunas películas (entre éstas se encontraba la nueva película de Ladybug y Chat Noir) o escuchando música en sus aparatos en el modo avión. Marinette se encontraba platicando amenamente con Minerva y Catleen sobre viajes o recetas culinarias favoritas cuando escucharon al capitán avisarles sobre de querer comprar algún aperitivo o bebida y, a su vez, decir sobre las orbitas en las que se encontraban. Los estudiantes empezaron a sacar algo de dinero cuando volvieron a escuchar al hombre desde su cabina, pero, en vez de decir algo sobre el reglamento de viaje dijo una cosa que dejaría a los jóvenes junto a otros pasajeros con un buen sabor de boca y un momento inolvidable por el resto de sus vidas.

– Como desearía un buen café y que me dieran una buena mamada. – hubo un minuto de silencio en el avión cuando un fuerte estallido de risas reino en el lugar.

Algunas personas observaron indignadas o incomodas en el momento cuando el hombre en cargo había dicho eso.

Justo en ese momento una azafata apareció corriendo en el pasillo, con su rostro totalmente rojo de la pena, con dirección hacia la cabina del capitán para avisarle que había dejado el micrófono encendido. Cuando de pronto la voz de uno de los estudiantes alcanzo a gritarle a la mujer.

– ¡Te falto el café! – las risas no faltaron en su momento, mientras que algunas miradas incomodas e indignantes se dirigieron hacia la persona quien dijo eso.

Después de unas largas horas de aproximadamente de 8 horas de viaje en el avión, los pasajeros finalmente habían llegado a su destino.

Cuando el avión había tocado suelo un grito eufórico se escuchó por todo el avión, habían sido los estudiantes del Colegio Notre Dame Sacrée Épade, una vez que todos los pasajeros abandonaron el transporte dicho grupo de alumnos se encontraban reunidos en el punto de reunión donde los estaban esperando un sujeto de elegante traje con un cartel blanco que decía el nombre de la escuela. Aquel sujeto los llevo fuera del aeropuerto donde ya los estaba esperando un enorme autobús color negro que lo llevaría al Hotel Fairmont Palliser, los alumnos empezaron a arribar el transporte debido al frío clima.

Marinette se sentó junto Minerva y Jennifer mientras que Kagami le había tocado sentarse con Orestes y, para su mala fortuna, con Alba; quien ni siquiera le había dirigido la palabra hacia los dos chicos. La franco-china empezó a tomar algunas fotografías de su grupo antes de que el autobús prendiera rumbo al hotel para luego enviárselo a sus padres y, por supuesto, a Adrien.

Esas semanas en Canadá serían inolvidables para la Portadora de la Mariquita.


Espero que les haya gustado el capítulo de hoy.

Debo admitir que siento que este ha sido el capítulo más largo que he escrito de todo este fic, espero que me disculpen de mis errores ortográficos o que me haya comido algunas letras si es que ven el error.

Cambiando de tema...

Como ya todos sabrán Thomas Astruc anda moviendo el tapete a todo el fandom; ese sujeto me llena de orgullo ya que nos ha dado la oportunidad de ver algunos cuantos spoilers sobre los nuevos poderes, transformaciones, nuevos personajes, la temporada S4 y de los dos especiales de: Miraculous Shangai y Nueva York. Dios si esto sigue así voy a terminar en el hospital de un paro cardiaco de la impresión.

Ya quiero ver/leer sus teorías sobre la temporada 4 y los dos especiales: Shangai y Nueva York.

Y dejenme decirles que yo también tengo mis propias teorías, sólo que ahora no lo publicare hasta previo aviso.

También hay una cosa más que debo decir: he visto que Thomas Astruc se ha metido en una enorme bronca con el fandom al no dar mucho "crédito" a Chat Noir y tener "favoritismo" hacía Ladybug. La verdad en mi opinión siento que ambos personajes tienen sus diferencias y, por supuesto, aunque éstos sean ficticios siento que deben tener la misma equidad de genéro; es decir; deben tener el mismo respeto y derecho ya que los dos son importantes en la serie. Lástima que esto no lo quieran ver algunos productores de la serie.

Por cierto, quiero su opinión sobre de este capítulo.

Ahora que Marinette está fuera de París, Chat Noir tiene una enorme responsabilidad junto a Viperion/Luka de cuidar la ciudad de los akumas.

¿Alba hará de las suyas en arruinar las vacaciones a sus antiguos amigos?

¿Cumplirá Adrien la promesa que le hizo a Marinette?

¿Qué expresión pondrá Paris y Hawkmoth cuando sepan que Ladybug no está en París?

¿Sabrá Alya y sus compinches que Marinette está de mini vacaciones?

¿Qué aventuras tendrán la clase de Marinette en Cánada?

Todo esto y más en el próximo capítulo de "Unbroken"

Que tengan un tranquilo día, tarde o noche.

Atte.: Queen-Werempire.

P.S.: NO SALGAN DE SUS CASAS, POR FAVOR.