Posta de Idilia

Me doy cuenta de que a veces pierdo la noción del tiempo.

Viajamos sin apenas descanso, y no siempre puedo parar a escribir en el diario, no tanto como me gustaría. He perdido ya la cuenta de los días que hace desde que dejamos Kakariko en mitad de la noche, y me resulta complicado contabilizarlos, así que simplemente, voy a dejar de hacerlo.

Al fin llegamos a nuestro destino, a la Posta de Idilia, y a conocer a los tres hermanos.

No ha sido fácil establecernos aquí, porque Link no quería que Lobo se acercase a la Posta. Llamaría demasiado la atención, asustaría a los animales domésticos. Así que ronda los alrededores, aúlla en mitad de la noche arrancando escalofríos. Me gusta tan poco como a él esta separación.

Me acostumbré a nuestra vida solitaria, a nuestra hoguera crepitando en mitad de la noche. A tener a Lobo y a Link cerca.

Link reservó un par de camas para nosotros en la Posta. Como yo estaba a cierta distancia, pude leer en sus labios "tres noches", antes de dejar el saquito de rupias en manos de un tipo bajito y con las mejillas rojas. Después estuvo un buen rato hablando con los tres hermanos. El mayor es el que mejor me cayó, me enseñó un diario ilustrado por él mismo con cientos de especies de aves. El mediano nos miró con suspicacia, y en varias ocasiones reparó en la bolsa de rupias que Link lleva siempre al cinto. Ignora que acumulamos muchas más, escondidas en el equipaje. Avisaría más tarde a Link, para que pusiera las rupias a buen recaudo. El menor insistió varias veces para que probase el vino de la posta, y por lo que pude ver él lo había probado "demasiado". En más de una ocasión tuve que apartarle para que su aliento avinagrado no me azotase en la cara.

Desde la cama que me tocó no podía ver las estrellas ni oír el viento meciendo las ramas de algún árbol. No digo que sea incómodo, sé que Link siempre paga de más por buscar el mejor refugio posible, es sólo que fuera de la posta me sentía más en casa, es todo.

Tras la primera noche decidí hacer uso de unas tinajas que sirven a los viajeros para poder asearse y refrescarse un poco. Estaban situadas tras el cobertizo exterior, junto a las cuadras. Mi pelo era una verdadera maraña, ya no sabía qué hacer con él. Me lo había trenzado por completo para evitar que siguiese enredándose, y al destrenzarlo, lo descubrí seco y maltratado. Estaba vertiendo agua en una de las tinajas para tratar de deshacer ese caos que era mi cabello cuando oí la voz de Link cerca del cobertizo. Sabía que había dejado ahí a los caballos y… bueno, aunque no es lo correcto, me pegué al cobertizo y espié su conversación.

"Llevabas mucho tiempo sin venir, empezaba a pensar que te habías olvidado de mí."

Era la voz de una chica joven, aunque no había visto a ninguna en la posta.

"Eres la que mejor cuida a los caballos en todo Hyrule, no iba a olvidarme de algo así.", respondió él.

"No has venido solo esta vez."

"No."

"¿Y quién es ella? ¿Es tu hermana?"

Link soltó una carcajada ante la pregunta.

"Claro que no es mi hermana."

"No me juzgues, Link", ella también reía, "tenía que intentarlo. Lo mejor para mis planes es que si vienes por aquí con una chica joven, se tratase de tu hermana."

"¿Tus planes?"

"Mis planes hacia ti. No te hagas el sorprendido, si salgo corriendo a recibirte cada vez que te veo aparecer…"

"Pues hoy no has corrido lo más mínimo."

"¡Porque venías con una chica!"

Link volvió a reírse y también la chica.

"Las chicas siempre pensando en lo mismo…"

"¿Y los chicos no? ¿O eres el muchacho más extraño de todo Hyrule? Ahora que lo pienso… puede que lo seas."

Risas de nuevo. Tuve que alejarme unos instantes, porque había olvidado que había encendido el fuego para calentar un poco el agua de mi baño, pero no había puesto agua en absoluto. Cuando volví, la chica seguía preguntando por mí. Por supuesto que la conversación me incomodaba mucho, pero no podía dejar de escucharla.

"Es extraña, tiene esas viejas ropas sheikah, pero no parece de la tribu."

Oh, sí. Sólo disponía de dos mudas, la que llevaba puesta y otra que guardaba en el equipaje. Y… supongo que no había tenido tiempo de lavar mis ropas, así que no debían tener buen aspecto.

"Tengo que volver adentro, Rya"

"Vamos, Link, ¿quién es? ¿Quién viaja con esas pintas y apenas levanta la mirada del suelo?"

"Rya, cuida de los caballos. Mañana los vamos a necesitar."

"¿Es que no me vas a decir por qué viaja contigo?"

"No."

Nunca he llevado bien las habladurías que ha habido sobre mí. Supongo que soy débil en ese aspecto. Cuando era princesa nunca estaba a la altura que mis súbditos esperaban, por eso siempre los oía cuchichear a mis espaldas. Nunca eran buenos comentarios. Y no sé por qué, esa visión que una desconocida tenía sobre mi yo actual me resultó tan molesta. No debería haberle dado ninguna importancia.

La conversación terminó y yo volví a mi baño. Me mojé el cabello e intenté desenredar el enredo y… no pude. Después del enredo encontré otro, y otro, y una maraña tan espesa que era imposible de manejar. Llevaba un tiempo pensándolo y… qué diablos, de todas formas mi aspecto no tenía ninguna importancia, tal y como había dicho la tal Rya: ¿quién va por ahí con unas sucias ropas sheikah? Pues alguien a quien todo le da igual. Reconozco que se me escaparon un par de lágrimas cuando vi mi larga melena en el suelo, mi pelo era casi lo único que me quedaba de mi antigua yo. Lo superé de inmediato al poder limpiar bien mi pelo y descubrir que aún podía ser suave y brillante.

Me eché la capucha por encima al volver al interior de la posta. No tenía ganas de oír más observaciones ni comentarios sobre mí. Mejor que cada cual se ocupase de sus asuntos o de hablar sobre esa supuesta bruja que estaba provocando desapariciones. Link estaba sentado en una de las mesas de comedor junto a los tres hermanos, y la tal Rya servía vino al hermano ebrio. El tipo empezó a hacerme señales torpes con los brazos para que me acercase y… no. Sencillamente no me apetecía formar parte de eso.

Fui hasta mi cama y saqué algo de comida que había guardado del almuerzo y después fui a buscar a Lobo. Lo encontré dando vueltas al perímetro de la posta, y casi se me echó encima cuando me vio aparecer. Fue el único momento en que sentí algo de calidez en todo el día. Encendí un pequeño fuego y decidí comer mis sobras junto a Lobo.

Estaba terminando la comida cuando oí los pasos de Link aproximándose. Ni siquiera tenía que girarme para saber que era él. Lobo enderezó un poco las orejas con curiosidad y después volvió a apoyar la cabeza sobre mi regazo.

"Zelda, ¿dónde diablos te habías metido?", me preguntó, deslumbrándome con el farol que llevaba en la mano.

"Pues aquí, con Lobo."

"Aquí con Lobo", repitió. "Estaba preocupado, he estado buscándote."

"Estamos bien."

Él resopló y se dejó caer en el suelo, cerca de nosotros.

"He pagado una fortuna por la mejor cama de la posta y tú… tú prefieres estar aquí, con Lobo."

Aunque confesarlo me encogía el estómago, no podía mentirle. Nunca puedo mentir a Link.

"No me sentía bien ahí, con toda esa gente. Me miraban extraño, Link"

"¿Qué? No digas tonterías, nadie te miraba extraño.", dijo él, frunciendo el ceño y arrancando un poco de hierba que crecía entre ambos.

"Sí lo hacían, todos ellos. El tipo borracho que se acercaba demasiado y también tu amiga, la de los establos."

"Se… se acercaba demasiado", balbuceó, registrando en su cabeza por qué no se había dado cuenta de algo así.

"Con Lobo estoy mucho mejor, la verdad. A él no le importa si mis ropas sheikah están limpias o no."

"Oh, vaya, nos has escuchado…"

"Lo siento. Estaba afuera tomando un baño y… no lo pretendía."

"No debes hacer ningún caso de Rya. Sólo está celosa, ignórala, es lo mejor."

"¿Celosa?"

"Porque viajas conmigo. Y tus ropas no están mal, sólo están un poco sucias por todos estos días de lluvia. Compraremos ropas nuevas en el poblado orni, si vamos a adentrarnos en la Estepa necesitaremos buenas ropas de abrigo."

"No parecía como si estuviese celosa."

"Créeme, lo estaba."

"¿Por qué no le has dicho quién era yo?"

"Porque no es asunto suyo."

"Y… ¿y quién es ella?", pregunté. Esta vez sentí calor en las mejillas, pero no creo que él se diese cuenta.

"Alguien que se dedica a cuidar caballos en la posta y que me cae bien, pero nada más. ¿Más preguntas?"

Agité la cabeza negando. En realidad sí tenía más preguntas, pero no quería seguir ahondando sobre la cuidadora de caballos y sus supuestos celos. Ya había tenido suficiente por un día.

"Bien", Link se puso en pie y se sacudió el polvo y las hojas secas, "ya has cenado. Dormiremos en la Posta esta noche y mañana la dejaremos para seguir acampando al raso con todas las incomodidades posibles, como tanto le gusta a la princesa de Hyrule. No creo que nos vayan a devolver las rupias de los días de más que he pagado, pero bueno…"

Link tiró de mi brazo para que me incorporase. Me ceñí la capa y comprobé que no dejaba nada de valor atrás.

"Vamos, no es necesario que te sigas escondiendo debajo de esa capucha. Me enfadaré con Rya si vuelve a mencionar lo de tus ropas y respecto a Doric, ya me encargaré de que no se acerque demasiado."

"No, Link, espera…"

"No seas tan tímida, esos tipos no tienen ni idea de nada."

"Espera."

Antes de que pudiera hacer nada más él me quitó la capucha. Yo reaccioné de un modo ridículo, lo sé, ¿acaso pensaba que iba a estar escondiendo mi cabello a Link durante meses? En realidad no es que pretendiese ocultarlo, pero esa noche me sentía especialmente vulnerable, y juzgada, y todos los viejos recuerdos negativos sobre las habladurías de la corte me estaban atormentando y… y no quería saber qué pensaba él de eso. Lo que él pensase era lo único que me hacía dudar. Mi plan era mostrarme cuando tuviese la situación bajo control. Sólo esperaba que hiciese algún comentario jocoso cuando no le quedase más remedio que descubrirlo, pero debíamos estar viajando a caballo, y distraídos, y no daría tiempo a nada más.

"Zelda, ¿qué-

"Nada.", dije, intentando volver a echarme la capucha, pero él lo impidió. Suspiré e intenté no parecer una niña tonta que sobreactuaba acerca de algo tan poco importante como el pelo.

Link me miraba como si estuviese viendo algo extraño, como si hubiera descubierto una nueva especie de animal silvestre, y eso no ayudaba nada. Con la punta de los dedos agarró un mechón de mi pelo para tantearlo o algo así, y después lo soltó.

"Estás mejor así.", sentenció, y dibujó una especie de curva de sonrisa.

"Sólo lo dices para que no me sienta mal, ¿verdad?"

"Lo digo en serio."

"No te rías de mí, por favor."

Él soltó una carcajada y me agarró de la mano para tirar de mí hacia la posta. Lobo se quedó mirándonos con sus ojos brillantes, sabiendo que no podía acompañarnos.

"No podía desenredarlo, ¿vale? No sabes lo difícil que es viajar en estas condiciones con un pelo tan largo."

"Yo también tengo el pelo largo. Te puedo enseñar unos trucos si quieres, así no tendrás esos problemas la próxima vez."

"Te burlas de mí."

"¡No lo hago!", dijo, avanzando a zancadas pero sin parar de reírse, "estás guapa, en serio."

"Sólo lo dices para convencerme de que entre a dormir en la posta."

"Tienes, razón… me has pillado. Pero he conseguido mi objetivo."

"Todavía soy capaz de dar la vuelta e irme con el Lobo. Como he dicho, a él no le importa lo largo que sea mi pelo y nunca se ríe de mí."

"Si lo haces volveré otra vez a por ti y te cargaré sobre mi hombro como si fueses un saco para llevarte ahí adentro."

"No te atreverías…"

"Sabes de sobra que sí."

En la Posta de Idilia, soñando con dormir otra vez al raso, con la risa de Link aún retumbando en mis oídos, maldito sea,

-Zelda B.