Lacrimosa

Rin se abrocho el cinturón de seguridad en cuanto dieron la orden, la aeronave emprendió su marcha haciendo que su cuerpo se echará hacia atrás por la velocidad implementada para su arranque, poco a poco las ruedas se despegaron del pavimento emprendiendo la sublime subida al cielo. La ciudad se contemplaba cada vez más lejos, más pequeña. Cada segundo se alejaba más de ese lugar donde había cometido la peor estupidez de su vida; confiar en Sesshomaru Taisho.

Con un suspiro se relajó en el asiento luego de quitar el cinturón de su cintura. A esa hora Londres estaba sumido en los sueños, por lo que ella también se permitía dormir. Claro sino fuera porque la persona que se sentaba justo delante de su asiento roncaba como si quisiera imitar el rugido de un león.

—Las personas que roncan deberían ser aisladas.

Rin sonrió de manera forzada ante la declaración del pasajero a su derecha.

El resto del viaje fue un conjunto de tortura física y mental. Por un lado estaba su martirio mental sobre lo estúpida que había sido al confundir las cosas, al confiar en el enemigo y entregarse más allá de lo que para él significa: sexo. No es que ella hubiese puesto su alma o algo así, simplemente había dado su confianza y lo había visto como su aliado, cuando simplemente, para Sesshomaru, era solo una transacción más. Bastante cruel, de hecho. Pero a estas alturas, ella sabía que lo del magnate por ella era algo más y, tal vez eso tenía bastante que ver con la desconfianza que le había mencionado Helen, estaba más que segura de que lo que Helen le diría, tenía que ver con ella.

Rin intentaba rememorar en su pasado que cosa pudo haber hecho contra algún Taisho, ¿Qué venganza estaba cobrando Sesshomaru? Porque si, esto tenía toda la pinta de ser una venganza, no contra la empresa, su hermano o su padre, era contra ella. Sin embargo, no lograba visualizar nada.

Londres estaba envuelto en un diluvio cuando aterrizo.

Lo primero que hizo Rin fue ir a un cajero automático, dado que lo que tenía no le alcanzaba para nada. Todo se lo tuvo que dar al taxista en Japón y ni hablar de trueque que tuvo que hacer para conseguir yenes para comprar la pastilla del día después. Por ningún motivo pensó en dejar que sus debilidades dieran frutos.

Cuando consiguió el efectivo busco un taxi, su destino era su oficina. Necesitaba buscar la copia de las llaves de su apartamento, por ningún motivo regresaría a casa de sus padres donde lo único que le esperaba era una reprimenda de su madre por abandonar a Sesshomaru. A esa mujer lo único que le interesaba era el dinero.

El piso estaba vacío, la mayoría no trabajaba los domingos y los que lo hacían ya se habían ido a sus casas. Lucy era la única en la gran oficina.

—Espero haber llegado a tiempo y no retrasarte— se disculpo Rin por haberla hecho venir un domingo por la noche.

—Oh, no te preocupes. No tienes idea de lo mucho que quería que volvieras.

—¿Qué demonios?

—Alexander.

Por amor al cielo. La puerta de su oficina estaba rota, el cristal resquebrajado, un agujero cerca del pomo. Alexander estaba loco.

—Me negué a darle la llave y entonces él se volvió loco e intento entrar a la fuerza. Seguridad llegó antes de que lograse entrar.

—Mañana será un largo día — suspiró. Como si ya ese no hubiera sido suficiente.

Después de un rato de ponerse al tanto con lo del día, Lucy la dejo en la entrada de su edificio. Con parsimonia abrió la puerta de un clásico edificio de apartamentos londinense de cuatro pisos de altura, ella vivia en el último. Un apartamento de un solo piso con tres dormitorios, dos salas y una cocina comedor.

Los muebles estaban cubiertos por sábanas blancas, no se molestó en descubrirlos, ya mañana tendría tiempo de hacerlo. Conecto los electrodomésticos y tras darse una ducha salió a comprar algo para cenar. Al regresar reviso su teléfono tenía 9 llamadas perdidas de Sesshomaru, desde que llego a Londres había comenzado a llamarla. Al igual que con las primeras llamadas, lo ignoro. A esas alturas le importaba muy poco lo que él pudiera hacerle.

Después de comer, se colocó la pijama y tras su ritual para antes de dormir se metió en la cama.

No pudo dormir durante la hora siguiente o la siguiente a esa.

Para cuando miró el reloj eran las 2:48 am. Las llamadas se habían detenido hace rato. Tenía varios mensajes de texto que no quería abrir. Ni siquiera quería escuchar la cinta que yacía en el medio de la sala. En todo lo que podía pensar era en la forma en la que estúpidamente había caído en las garras de Sesshomaru.

¿Por qué?

—Joven Sesshomaru, no creo que sea buena idea sobornar a ese hombre. Los Salenko son sumamente importantes, un desvío y quedará comprometido hasta el cuello.

Por supuesto, él ya sabía eso. Lo supo incluso desde que Rin le dijo aquella tarde antes de casarse en donde estaba el dinero robado. Al principio él había pensado que era una farsa, un cuento de ella para hacerle creer que era inocente y ponerlo de su lado. Sin embargo, no pudo estar más equivocado. En todo el asunto la única víctima había sido ella. Y él había arremetido contra ella sin piedad.

Sesshomaru maldijo en su interior por haberse descuidado.

—Se lo que estoy haciendo — respondió secamente.

—Si alguien se entera de su participación será terrible para sus bancos — volvió a advertirle.

—No pasará nada, Jaken.

La réplica del anciano se quedó en medio de una mirada fría y dura. Gimió por lo bajo y se quedó mirando como su jefe arriesgaba su pellejo solo por devolver el dinero de la mujer que lo tenía embrujado.

A Sesshomaru lo traía sin cuidado, cuando le escribió el día anterior para negociar la liberación del dinero no se esperó que respondiese tan rápido. Su plan era recuperar el capital y mantenerlo en su poder para que Alexander no pudiese acceder a él. Tras una larga charla Salenko había aceptado, con ciertas condiciones de por medio, se las había enviado mediante un archivo encriptado, por supuesto, no lo había abierto en su oficina sino en el penthouse.

Su mirada volvió al anciano.

—Revisa las últimas transacciones.

—Enseguida, joven.

Maldición.

¿Por qué tuvo que imprimir esa página?

¿Por qué no había guardado inmediatamente ese papel?

Toda su vida había sido precavido, siempre cuidándose de no cometer errores. Y ahora, cometía una equivocación tras otra.

Dejar la página de confirmación de Salenko a la vista de Rin era su mayor error.

Claro que ella se enojaría, tenía toda la razón en hacerlo. Pero él no podía decirle que tenía el dinero, no todavía. No podía regresárselo antes de asegurarse de que ella sintiera algo por él. Su plan había sido ganarse su confianza primero, utilizar el tiempo que podía ganar junto a ella para hacer que se enamorara de él. Esa mañana pensó que iba por buen camino, así no fuera algo más que deseo carnal, sabía que ella reaccionaba a él, le gustaban sus caricias y disfruto hacer el amor.

Y sin embargo, todo se fue al traste por un maldito descuido.

Al final, Inuyasha tenía razón en algo: Rin lo volvía un completo idiota.

—Joven, el dinero está en nuestras cuentas. Tal y como lo señaló el Sr Salenko, no hay forma de rastrearlo. Lo ha hecho desaparecer.

—Bien. Quiero lo pases a una cuenta de Rin en nuestro banco. Solo ella podrá tener acceso a él.

Jaken abrió la boca.

—Joven...

—Llama al aeropuerto. Que preparen el avión. Te dejo a cargo.

Jaken se quedó de piedra.

Otra vez se iba, le daría el dinero que podía perjudicarlo seriamente a esa mujer y le dejaba de nuevo la dirección de los bancos.

Esa mujer iba a acabar con el joven Sesshomaru.

Rin gimió al momento en que las puertas del ascensor se abrieron.

—Alexander, deja de hacer escándalos — ordenó, firme. Bajo ningún motivo iba a seguir permitiendo el comportamiento de su hermano —. Te agradecería que te retires inmediatamente.

—Rin... — musito confuso —. ¿Qué haces aquí?

—Trabajar. Soy yo quien está al mando y, si mal no recuerdo, fuiste destituido de tu cargo, así que vete antes de que llame a seguridad.

—No puedes hacer eso — desafío parándose frente a ella.

—No me retes — respondió, secamente.

—Tengo más de un mes sin recibir un centavo — reclamo, cogiéndola por el brazo.

—Y seguirás sin hacerlo. Si eso es todo lo que tienes que decir... — se deshizo de su agarre con fuerza, Alex la tenía hasta la coronilla —. Lucy, llama a seguridad. Que acompañen a Alexander a la salida.

—Rin no puedes.

—Lárgate.

—Maldición, esto no se va a quedar así. Te juro que no.

Después del altercado se dedicó a ponerse al día con las últimas operaciones, tenía que aumentar la producción a como dé lugar. En su visita había pedido a los ingenieros que idearan un plan para producir en menos tiempo. Todos se mostraron dispuestos e incluso emocionados ante la idea. Les dio el plazo de dos semanas para que prepararán sus estrategias.

Estaba cansada y apenas iba la mitad del día. Lucy le trajo el almuerzo a su oficina. Tras darle las gracias, la chica la dejo sola. Su triste destino, estar completamente sola.

El teléfono sonó.

—Hola.

"Se puede saber ¿qué haces en Londres?"

—Estoy bien mamá, gracias por preguntar— respondió, sarcástica.

"¿Por qué no has ido a tu casa?"

—No tuve tiempo — no era una mentira.

"Espero que se dignen a visitarnos, o mejor deberían quedarse en la mansión. No es muy bueno vivir en un hotel"

Su madre pensaba que ella había venido con Sesshomaru. Por los momentos sería mejor no sacarla de su engaño.

—Haremos lo posible, madre.

"Bien, los esperaremos"

Y colgó.

Vaya la madre que le tocó.

La última reunión fue con los creativos de la empresa, a decir verdad le resultó desestresante sacar toda la mala vibra con el elocuente equipo creativo.

De nuevo cogió un taxi hasta el departamento. Ni loca iba a ir a buscar su propio auto en la casa de sus padres.

El lugar estaba vacío, como siempre. Alguna vez se preguntó si tenía vecinos. Sonrió ante la idea mientras subía las escaleras.

Al igual que el día anterior, los muebles seguían cubiertos por sábanas. Hoy si los descubriría, más por tener algo que hacer que por la estética misma.

Cuando termino de organizar eran las nueve. A simple vista parecía un lugar decente, libre de polvo y habitable. Se quedó un rato sentada recordando... La primera vez que entró allí, el día que decidió mudarse, cuando firmó el contrato de compra-venta, e incluso, el día en que su padre vino a ella para pedirle perdón y se reconciliaron.

Durante todo el tiempo que había vivido allí, su calma era aquella grabación. Desafortunadamente, eso ya no era así. La cinta no la había calmado ni por un segundo, ya no se sentía reconfortada o apoyada. Era como si una parte de ella hubiese roto la conexión que tenían.

Su conexión con Kamui estaba rota e increíblemente, ya no era doloroso. La sensación era de algo más que no sabía cómo describir.

Tener la cinta en sus manos y no sentir el anhelo, la nostalgia, el desgarre en su corazón, era algo completamente nuevo.

Por el contrario, los pensamientos que la torturaban eran los de la traición. Se sentía traicionada, usada, estúpida... Tal vez, este era su castigo.

Mientras tanto, haría todo lo posible para pagar la deuda. Recuperar el dinero ya no le era posible puesto que en este momento ya debería de estar en manos de Sesshomaru. Ahora, si él insistía en llevársela o alguna otra cosa, pues bien, aceptaría ir a la cárcel y arrastrar a Alexander con ella, ya vería la forma de que su padre no saliera perjudicado. Ella bajo ninguna circunstancia pensaba en volver a estar bajo su yugo.

Su estómago gruñó de hambre, se le había olvidado comer.

Dejó la grabadora sobre la mesa y se fue a la cocina.

Estaba rellenando unos panes en el momento que la puerta sonó.

¿Quien...? Se preguntó en su mente.

Dejo todo sobre el mesón. Se arrepintió un segundo después de haber abierto la puerta.

— ¿Qué hiciste? —gritó, Alex, furioso. La empujó de la puerta para poder entrar.

—¿Qué demonios te pasa?— se defendió, intentando recuperar su equilibrio.

—Mi dinero no está.

—Woo ¿A penas te das cuenta? Lo perdiste hace meses —hincó con sarcasmo.

—No, porque hasta hace unas horas sabía perfectamente dónde estaba — replicó tambaleándose. Uso el respaldo de una silla para mantener la compostura.

—Alexander por amor al cielo. ¿Has estado bebiendo? — su hermano apestaba a alcohol.

—¿Ahora serás mi mamá?

Lo que le faltaba; lidiar con un hermano borracho.

—¿Qué haces aquí? Pensé que estarías en el hotel de tu maridito.

—Sabes que... Lárgate. No voy a permitir que vengas borracho a hacerme escándalos.

—Dame mi dinero y me voy.

—No tengo tu maldito dinero. Ojalá lo tuviera, si no fuera por ti, jamás tendría que haberme casado.

—Si, se que pretendías ser la solterona. Tantos años desperdiciados. Toda tu belleza a la basura por estar suspirando por un don nadie.

—Alexander, vete—amenazó.

—¿Qué vas a hacerme? Llamar a seguridad —se burlo. El sabía perfectamente que la única seguridad era un hombre un tanto mayor que no representaba ninguna amenaza.

— Voy a sacarte yo misma.

—¿Y tú maridito? ¿No está? Ah sí, llegaste sola, ayer y hoy. ¿Qué tipo de acuerdo hiciste con el bastado?

—No hice ningún acuerdo, y si tu dinero desapareció no tengo nada que ver con ello.

En cierto sentido era la verdad, ella no tenía nada que ver con lo que Sesshomaru había hecho. Que Alexander hubiese venido a patalear significaba que la transferencia ya se había hecho. El dinero que su hermano robo e invirtió mal, estaba en manos de Sesshomaru y ella no tenia la menor idea de lo que él pensaba hacer.

—Si lo sabes, el único con poder de hacer desaparecer mi dinero es él. Ni siquiera Seishiro pudo devolvérmelo.

—¿También estaba enterado?

—¿Eres tonta o qué? Por supuesto que lo sabía. Él nos ayudó a Kev y a mí las primeras veces.

Rin sintió ganas de vomitar.

—¿Dónde está? — volvió a preguntar Alexander.

—No lo sé.

—¿Te acostaste con él para que te lo devolviera?

—Por supuesto que no —chilló indignada —. Por Dios, ni siquiera me has preguntado cómo estoy, o como me ha tratado el hombre al que me vendieron.

—No te vendimos Rin.

—Ah no, entonces ¿Qué hicieron? Obligarme a casar para recuperar la empresa.

—¿Y la recuperaste o no?

—Eres insufrible.

— Y tu una idiota mojigata.

—Si ser una mojigata es negarse a vivir con un hombre que solo está empeñado en usar tu cuerpo y humillarte de todas las formas posibles, pues sí. Lo soy.

—Ese hombre tiene más dinero del que podríamos tener jamás.

—Sí, tiene mucho más de lo que tu alguna vez tendrás. Ah y por cierto, será mejor que te vayas preparando —agregó, ofendida, sin pensar —. Me fui de Tokio en contra de su voluntad, su amenaza fue que si no hacía lo que él quisiera haría el embargo público. ¿Sabes lo que eso significa?

Alexander la miro fijamente, su rostro se veía cada vez más descontrolado.

Si decirle eso había sido una mala idea, ya no había tiempo se arrepentirse. Se había dejado llevar por la calentura y, ofendida por lo que le dijo, le soltó eso. Tarde o temprano se iba a enterar.

—No pudiste hacer eso. Maldita puta.

Rin se mudó ante lo agresivo de sus palabras.

—No voy a ir a la cárcel por ti. Vas a regresar y le vas a pedir perdón. Tu... —la señaló con el dedo —. Tu vas a ir y te vas a hacer todo lo que él te diga.

—No lo haré — declaró, firme.

—Si lo harás.

Los ojos de Rin rodaron hasta la puerta que seguía abierta, puso su mano sobre la superficie de madera e hizo el intento de cerrarla. Sus manos se congelaron al darse cuenta de lo que él estaba viendo.

—Esto — señaló —. Esto es lo que no te deja acostarte con él —la grabadora plateada se agitó en sus manos.

—Alexander, suelta eso.

—No, por esto es que no te acuestas con Sesshomaru. Si lo hicieras, ya el dinero sería nuestro.

—Querrás decir tuyo.

—Yo lo compartiría contigo, como un buen hermano.

Que gran tontería, llevaba años gastando sin darle un solo centavo y ahora decía que lo compartiría. Que gran mentira.

—Dame eso y vete. Ya no hay nada que hacer.

—Si no lo llamas y le dices que te perdone lo romperé, Rin. No me importa si te le tienes que arrodillar o dejar que te folle por el culo. Lo vas a hacer.

—Estás demente. ¿Cómo demonios puedes decirme eso?

Sus manos habían comenzado a temblar y para ese momento unas cuantas lágrimas habían salido de sus ojos.

¿Cómo podía ser tan cruel?

Su vista estaba obnubilada a causa de las lágrimas. Alexander había retrocedido en lo que ella se acercó a él. A esto se reducía todo: dos hermanos peleando por una grabadora.

Alex tiro el objeto al piso. El sonido sórdido replicó en sus oídos deteniendo su corazón.

Ambos corrieron por el pasillo. Si alguien pasaba por afuera, podría ver a los hermanos arrastrándose en el piso de la sala contigua al recibidor puesto que la puerta al exterior seguía de par en par.

Rin la cogió primero pero él tenía más fuerza y se la arrebato de las manos lanzándola lejos con un empujón y, lo siguiente que hizo la golpeó como mil espadas atravesándola. Su peor acto de crueldad.

Se levantó del suelo, sacó el casete y halo la cinta; arrugándola y machacándola. El golpe final; un crack del plástico que recubría la delicada cinta marrón.

— ¡No! — gritó intentando recuperarla de sus manos.

—Ya es tiempo de que dejes de sufrir por un hombre que ni quiera debe acordarse de ti —Rin se paró en seco —. Yo mismo escuché como papá le decía a mamá que tu bastardo había desaparecido… En un vuelo a España. Madre me rogó que guardara silencio. Por eso me encabrona que sigas llorando por él.

Alex volvió a empujarla aprovechándose de su desconcierto por sus palabras. Sin embargo está vez Rin no cayó contra el suelo, sino que, una fuerte figura masculina la sostuvo.

Ella lo reconoció de inmediato.

—Si no te largas en este mismo instante, voy a matarte — la voz a su espalda sonó peor que una amenaza.

Rin no necesito de ninguna confirmación para saber que estaba hablando en serio y, por la palidez de su hermano, supo que había surtido el mismo efecto en él.

—Deberías agradecer que te estoy haciendo un favor.

El brazo de Sesshomaru se tensó alrededor de su cintura. Estaba haciendo un esfuerzo monumental para no sacarlo a patadas.

—Fuera — gruñó.

Ante su mirada asesina Alexander salió, el portazo retumbó en sus oídos.

Sus brazos se aferraron más a ella.

— ¿Quién eres? — musito, Rin, sin mirarlo


Hola... Siento mucho la demora, me paso algo y he estado triste esta semana :(.

Con respecto a la historia, les contaré que el siguiente capitulo tendremos una conversación intensa donde Rin se va a sacar una que otra espinita.

Besos y gracias enormes por comentar y estar al pendiente de esta historia.

Nos leemos el fin de semana