CAPÍTULO 15

Aquella mañana, Ino se encontraba en el despacho de la Hokage junto a Naruto Uzumaki, Kakashi Hatake y al Shinobi al que conocía como Sai. Estaba nerviosa ya que, como ya le anticiparon, aquella mañana formaría parte de una misión mucho más compleja de lo habitual.

- Ino. – Le llamó la Hokage haciendo que se centrara. – Se que acabas de ascender a Jonin y que esta misión es más propia de shinobis de la unidad de elite o de Jonins muy experimentados, por eso mimo no espero de ti que participes activamente en las batallas que se sucedan. Tu rol en este equipo, por ahora, será proporcionar apoyo con tus habilidades sensoriales y médicas, no lo olvides.
- Si Hokage-Sama, no lo haré. – Contestó ella rápidamente.
- Es responsabilidad vuestra que ella vuelva de una pieza. – Dijo después mirando a Naruto, Kakashi y Sai.

Sin duda estaba nerviosa, junto a sus compañeros más de una vez había realizado misiones de rango A. Sin embargo, hoy se enfrentaba a una misión de rango S que solo escuadrones del ANBU o de Jonins de Elite estaban autorizados a realizar.

Aquello la hacía sentir pequeña, para ella Naruto era el Shinobi más poderoso que conocía y al que más respetaba. Pero también sabía que Kakashi Hatake había sido el maestro de su maestro, Jonin desde los 13 años y había pasado casi una década en el ANBU. De Sai no sabía demasiado, aunque sin duda aquello implicaba que el chico debía de estar relacionado con los escuadrones más confidenciales de la unidad de elite.

Aunque ella también era Jonin, al lado de ellos tres se sentía como una principiante. Las palabras de la Hokage tampoco ayudaban demasiado. Desde hacía ya unas semanas ya le habían anticipado que aquello podía ocurrir, pero no esperaba que fuera tan pronto.

Por un lado, estaba emocionada, sin duda aquello era dar un importante paso hacia delante en su carrera como Kunoichi en Konoha. Sin embargo, por otro lado, no podía evitar pensar que todavía no estaba preparada.

Sin embargo, si su maestro y la Hokage creían que podía hacerlo, debía hacer todo lo posible para que no cambiaran de opinión.

Recientemente, un alto cargo en el gobierno del País del Rayo había sido acusado de espionaje al descubrirse que era un informador al servicio del Daymio del País del Fuego. El espía huyó y encontró refugio en Takigakure no Sato, quienes le proporcionaron protección previo pago por parte del País del Fuego.

Como era de esperar, el Daymio del País del Rayo contrató los servicios de Kumogakure no Sato para interceptar y asesinar al espía, quien portaba información confidencial que no querían que acabara en manos del País del Fuego.

Como también era de esperar, el Daymio del País del Fuego ahora quería su información y había pagado a Konohagakure no Sato para encargarse de ello.

La misión era sencilla en realidad, debían acudir a Takigakure donde se encontraba el espía y escoltarle hasta el mismísimo Palacio Real en la capital del país. Si la misión era de rango S era porque el servicio de inteligencia de la villa daba por hecho que Kumogakure había enviado un escuadrón completo de la unidad de asesinos del cuerpo de elite.

Kakashi, como líder del escuadrón, les indicó que viajarían sin descanso durante todo el día y solo harían una pausa por la noche para dormir unas pocas horas. De esa forma, podrían llegar a Takigakure a media mañana del día siguiente.

Una vez recogido el paquete, ese mismo camino les llevaría cerca de cuatro días al tener que hacerlo junto a un civil. El viaje de ida sin duda iba a ser tranquilo, el enemigo no les atacaría hasta que estuvieran con el objetivo.

Realmente, la misión empezaría cuando abandonaran Takigakure.

Tal y como se predijo, el viaje de ida fue rápido y aburrido, antes de darse cuenta ya habían recorrido casi la totalidad del País del Fuego y se estaban preparando para pasar la noche al raso. Estaban en uno de los múltiples escondites que Konohagakure tenía dispersos por todo el país.

Se trataba de emplazamientos bien escondidos, preparados para albergar trampas y muy sencillos de defender. Habitualmente, eran usados por los shinobis del ANBU que se encargaban de patrullar las fronteras. Hoy, les serviría para poder descansar tranquilamente.

Estarían allí un total de cinco horas y se turnarían para las guardias. La primera se la dejaron a Ino, para que al terminarla pudiera limitarse a dormir el resto de la noche. Ese rato fue profundamente aburrido, aunque a la vez paso a la velocidad de la luz por los nervios que estaba sufriendo.

- Deberías ir a dormir. – Le dijo una conocida voz poniéndose detrás de ella.
- Naruto… ¿Ya es la hora? – Preguntó mirando a su relevo.
- Si, por lo que deberías aprovechar, mañana será un día largo. – Contestó Naruto sentándose a su lado.

Cuando lo hizo, Ino apoyó su cabeza en el hombro de su novio, después de todo había estado todo el día fingiendo, no iba a mostrarse así frente a Kakashi y a Sai, después de todo ella no sabía que ellos dos conocían la relación que estaban manteniendo.

- ¿Cómo estás? – Preguntó él.
- Bueno, expectante.
- Estoy seguro de que al final la misión será más aburrida de lo que esperas. Recuerda las ordenes de la Hokage.
- Lo hago, no me expondré. – Contestó Ino.

Sin duda, aquella era la parte de la misión que no le gustaba. No era muy partidaria de quedarse detrás mirando, pero sabía cuál era el rol que estaba supliendo durante aquella misión y no iba a desobedecer a la Hokage.

De ella se esperaba que tuviera la capacidad de evitar emboscadas, facilitar la comunicación entre el equipo y poder sanar cualquier herida que no sea fatal. No era algo sencillo o nimio precisamente, pero sabía que podía dar más.

Naruto paso un brazo rodeando la espalda de ella quien, ante el contacto, ladeó su rostro para mirarle a los ojos. Un instante después se estaban besando. Cuando terminaron, Ino sonrió de forma amarga, una sensación agridulce volvió a inundarla.

Le encantaba estar así con él, pero al mismo tiempo le recordaba la amenaza de su padre. Si no borraba los recuerdos de Naruto y le hacía olvidarse de todo aquello, el Clan Yamanaka se encargaría de hacerlo desaparecer, aunque eso implicara desafiar a la mismísima Hokage.

Sabía que esa amenaza no era vacía y sabía que todos los clanes de Konoha y todos los detractores de la Hokage se unirían a la causa del Clan Yamanaka con mucho gusto.

No era que no supiera lo que tuviera que hacer, no tenía dudas. Conocía perfectamente la única solución. Simplemente no tenía fuerzas para hacerlo, no quería hacerlo. No podía evitar preguntarse si estaba dispuesta a ver el mundo arder con tal de poder estar con él.

- Ve a dormir, creo que hoy será la última noche que podremos dormir bien en los próximos días.

Eso le resultó gracioso, ese tipo de misiones sin duda no eran normales si su novio consideraba que dormir casi cuatro horas seguidas iba a ser un regalo en comparación con lo que vendría los próximos días.

- De acuerdo. – Contestó Ino, pensaba que si seguía un poco más con él iba a costarle disimular que algo no iba bien.

Se besaron una vez más y, luego, Ino se levantó del lugar desde el que estaba haciendo la guardia. Fue directamente hacia la tienda de campaña que ya tenía preparada para descansar, entró dentro y se tumbó sobre el saco de dormir.

Intentaría dormir, aunque sabía que era muy probable que no lo consiguiera. Después de todo, tenía su mente dividida entre la misión que tenía por delante y la última conversación que mantuvo con su padre.

Reanudaron el viaje a las cuatro de la mañana, si querían llegar a la hora acordada no podían dormir demasiado. Abandonarían el País del Fuego por la parte noroeste de la frontera y se adentrarían en el País de la Cascada lo suficiente hasta llegar a Takigakure no Sato.

La relación entre ambas villas no era demasiado buena, pero se les había concedido un salvoconducto al tratarse de una misión conjunta para un mismo empleador, el País del Fuego. Después de todo, Takigakure había sido la encargada de proteger al espía hasta la llegada de los shinobis de Konohagakure, quienes le escoltarían de vuelta a la capital.

No les dejaron entrar en la villa, por lo que deberían esperar a que les entregaran la custodia de su protegido.

- Por lo que sabemos, el equipo que ha enviado Kumogakure es especialista en asesinatos. – Dijo Kakashi aprovechando los últimos minutos que tendrían para planificar.
- Si fueran a luchar directamente contra nosotros no me preocuparía demasiado. – Contesto Naruto suspirando.
- ¿A qué te refieres? – Preguntó Ino con curiosidad.
- Lo más probable es que el enemigo intente asesinar al objetivo y luego escapar, su misión no somos nosotros después de todo. – Respondió Kakashi. – Ahí entras tu Ino, necesitamos tus habilidades sensoriales para evitar una emboscada. Se que será agotador, pero deberás mantenerte concentrada todo el viaje, por eso no debes gastar Chakra en nada más.
- Entendido. – Contestó Ino rápidamente, su capacidad de detectar al enemigo iba a ser clave en el éxito o fracaso de la misión.

Kakashi dio las últimas ordenes al equipo y, antes de que se dieran cuenta, el espía ya estaba allí con ellos escoltado por varios Shinobis de Takigakure. Se trataba de una mujer joven que no llegaría a los 26 años, era especialmente hermosa. Por lo que ellos sabían, había estado cuatro años infiltrada en palacio como una de las concubinas del Daymio. Ino pensó que aquella mujer estaba realmente entregada a su trabajo si estaba dispuesta a tener una tapadera como aquella.

- Mi vida debe correr mucho peligro si Konohagakure envía al Ninja que Copió Mil Técnicas a escoltarme. – Dijo la mujer al verlos.

Ino se sorprendió, sabía que el maestro de su maestro era conocido mundialmente por sus hazañas en la Tercera Guerra Ninja, pero no imaginaba que hasta una civil conociera su leyenda. No pudo evitar preguntarse si algún podría ella alcanzar semejante fama.

- Seguro que no ha sido más que una exageración, no se preocupe. – Respondió rápidamente el Ninja Copia.
- Me gustaría creerlo. – Contestó ella. Parecía nerviosa, teniendo en cuenta que se había contratado a lo mejor de lo mejor para garantizar su muerte, lo raro sería que no le temblaran las piernas.

Comenzaron el viaje a partir de allí, a la velocidad que podrían permitirse con alguien que no era Shinobi tardarían cerca de cuatro o cinco días en alcanzar la capital del País del Fuego, donde culminaría la misión.

Habían pasado ya dos horas y todavía continuaban en el extenso bosque que rodeaba Takigakure y que se convertía en una estupenda barrera natural. A aquella velocidad tardarían un par de horas más en llegar a las llanuras que unían ambos países.

Kakashi iba al frente de la formación, mientras que la espía estaba en el centro con Naruto y Sai a diestra y siniestra respectivamente. Ino se encontraba justo detrás de todo cuando sintió que algo no estaba bien.

- ¡Cuidado! – Grito la Kunoichi.

Antes de que pudieran reaccionar, una flecha que medía medio metro de largo entró por el cuello de la espía, empujándola violentamente y ensartándola contra el suelo. Ino se sintió frustrada al no haber podido localizar el enemigo a tiempo.

La espía, tras una tímida explosión, se deshizo en una nube de humo. Se trataba de un clon de Naruto con el que habían logrado engañar al enemigo, pero realmente no esperaban un ataque como aquel.

Kakashi levantó su bandana y activó el Sharingan.

- El tirador está al frente, dos kilómetros de distancia. – Dijo tras seguir la trayectoria del disparo.
- Está fuera de mi alcance… - Dijo Ino frustrada.

Lo que había sentido no era el enemigo, era el proyectil que estaba imbuido en Chakra para maximizar su capacidad destructiva. Ser capaz de sentir aquellas flechas cuando quedaba menos de un segundo para el impacto no era muy útil.

A la velocidad del relámpago, Kakashi desapareció de la vista de Ino cuando se abalanzó en dirección a aquel enemigo, no podía permitir que alguien con semejante puntería les acosara de lejos.

- Nos están rodeando. – Dijo Ino al sentir al resto del escuadrón de asesinos. – Detecto por lo menos a cinco enemigos entre medio y un kilómetro de distancia a nuestro alrededor. - ¿Por qué no vienen?
- Buscan al objetivo, están esperando nuestra reacción. – Dijo Naruto. – Ve. – Dijo después mirando a Sai.

Sai se marchó en la dirección opuesta a la que se fue Kakashi y, por lo que Ino pudo sentir, tres de los Shinobis que los rodeaban empezaron a seguirlo dando por hecho que había ido en busca de la espía para protegerla una vez desaparecida la distracción.

- ¿Los otros dos? – Preguntó Naruto.
- Al oeste, cuatrocientos metros. – Contestó Ino rápidamente.
- Sígueme.

Ambos comenzaron a moverse justo en aquella dirección, debían aprovechar que el enemigo se había separado para intentar acabar con aquellos dos rezagados mientras que Kakashi eliminaba al tirador.

Mientras tanto, Sai, el verdadero, se encontraba sobrevolando la zona en un enorme pájaro hecho de tinta, a su espalda se encontraba la espía sujetándose a los hombros del artista.

- Ya ha comenzado. – Dijo él.
- ¿Por qué no hemos viajado directamente así a la capital? – Preguntó ella frustrada y asustada.
- No puedo mantener este Jutsu tanto tiempo, solo debemos esperar a que acabemos con el equipo de Kumogakure. – Contestó Sai fríamente.

El plan había salido a la perfección. Dieron por hecho que el ataque lo recibirían poco después de abandonar Takigakure, habría sido muy imprudente atacar cuando ya hubieran llegado al País del Fuego y estuvieran en su propio territorio.

Con dos clones de Naruto disfrazados de Sai y la espía habían hecho que el enemigo saliera a la luz y se dividiera, convirtiendo una batalla en desventaja en pequeñas escaramuzas. Ahora solo faltaba que pudieran vencerlas.

Naruto e Ino llegaron rápidamente a donde estaban los dos ninjas rezagados de Kumogakure. Se trataba de un hombre de unos 24 años y una mujer de poco más de 30. Él llevaba dos pequeños y afilados tantos mientras que la chica portaba un ninjato.

Ino se sorprendió cuando su maestro se abalanzó a gran velocidad contra el chico, normalmente no era tan directo en las misiones. Sin embargo, sabía que debían matar a aquellos dos antes de que pudieran reagruparse. Los otros tres iban a regresar en el momento en que interceptaran el clon de Naruto.

Lanzó dos Kunais al chico, provocando que los detuviera fácilmente con sus tantos. Era una distracción, Naruto utilizó su Sunshin no Jutsu más rápido para colocarse frente al asesino a una velocidad que no pudiera detener.

- ¡Rasengan! – Gritó impacto una esfera perfecta de Chakra contra el pecho de su rival que, violentamente, salió disparado en dirección contraria.

Casi a la misma velocidad, la Kunoichi se posicionó a la espalda de Naruto y amenazaba con hundir su ninjato entre las costillas de su enemigo. Se vio forzada a cancelar su ataque cuando una lluvia de Shurikens lanzados por Ino la obligaron a saltar hacia atrás. Frustrada, comenzó a hacer sellos a gran velocidad. Al acabar, colocó sus manos en el suelo y varios relámpagos comenzaron a propagarse por la tierra destrozándolo todo y dirigiéndose hacia Ino.

Ino la imitó y comenzó a realizar sus propios sellos. Antes de recibir el ataque se vio envuelta en un gran manto de agua que, gracias a su capacidad conductora, absorbió y detuvo los rayos que la amenazaban. Cuando el agua se esparció por el suelo, no quedaba nada de la técnica de aquella chica.

Ella, frustrada, colocó su mano sobre su espada y se recubrió de rayos, aumentando así su rango de amenaza y su afilado, lo que volvería inútil cuando intento de defenderse y les obligaba a esquivar todos los ataques.

Naruto e Ino se reagruparon observando cual sería el siguiente movimiento de su rival, era muy rápida y un simple error de cálculo podría propiciar la muerte de cualquiera de los dos. Naruto se colocó frente a Ino.

- Si haces de escudo… ¡Morirás el primero! – Grito ella abalanzándose hacia los dos.

A una velocidad casi inhumana, la chica recorrió la distancia que los separaba y clavó su espada en el pecho de Naruto. Sin embargo, este pareció sonreír al mismo tiempo que sujetó con fuerza los brazos de ella.

Ino comenzó a hacer sellos y utilizó el agua que había creado antes para rodearla en una prisión de agua de la que no podría escapar. Naruto explotó en una nube de humo, habían hecho el cambio en el momento en que la técnica de Raiton de la asesina chocó con el Suiton de Ino.

El verdadero Naruto apareció de entre los árboles portando en su mano una de sus técnicas más devastadoras. Gracias a la prisión de Ino el ataque sería totalmente certero.

- ¡Fuuton: RasenShuriken! – Gritó lanzando la técnica hacia la Kunoichi atrapada en la prisión de agua.

Aquella terrible explosión la aniquiló por completo, solo un monstruo podría sobrevivir a algo así. Ino se sorprendió, normalmente Naruto no era tan demoledor en las misiones y no solía acabar con los ninjas rivales salvo que fuera totalmente necesario. Pero esta vez se enfrentaban a un equipo de asesinos expertos que les superaban en número, no podían vacilar.

Se notaba que habían hecho gran cantidad de misiones juntos, habían trabajado en equipo a la perfección y sin necesidad de cruzar una sola palabra. En todo momento ambos sabían lo que iban a hacer.

No pudieron celebrar demasiado aquella victoria, fueron rodeados por los otros tres shinobis que habían engañado con el clon. No obstante, Kakashi Hatake hizo acto de presencia antes de que pudieran iniciar su ataque.

Ino se fijó en que el brazo de Kakashi estaba manchado de sangre desde su mano hasta el codo, por lo que seguramente habría utilizado el legendario Raikiri para acabar con el tirador. Al final, gracias a la estrategia que habían urdido habían logrado no librar ni un solo combate en inferioridad numérica.

El Ninja Copia puso sus manos en el suelo provocando que este se resquebrajara, como si de un potente terremoto en miniatura se tratara. Naruto aprovechó que los enemigos estaban desestabilizados para acabar con uno de ellos utilizando otro Rasengan.

Enseguida, los otros dos comenzaron a hacer sellos y lanzaron técnicas Raiton de media distancia contra Naruto. Un enorme muro de piedra fue levantado por Kakashi mitigando los dos ataques. Ya que Raiton vence a Doton, el muro fue totalmente destrozado.

Naruto aprovechó la polvareda generada por el choque de técnicas para acortar distancias con los dos enemigos y entablar un combate de Taijutsu con dos enemigos que, por lo que había deducido, eran especialistas en combate a larga y media distancia.

Ino quería ayudar, pero se le había dicho que únicamente podía participar en la batalla para defenderse. Debía confiar en Naruto y Kakashi para solventar el combate. Mientras observaba a su maestro luchar con dos enemigos, se sorprendió al escuchar un intenso sonido que venía de Kakashi.

Pudo ver por primera vez el Raikiri en manos de su creador, quien estaba esperando una apertura en el combate para asestar un golpe mortal a uno de los dos shinobis restantes.

Naruto pateó el pecho de uno de los ninjas, alejándolo de él un par de metros. En ese instante, como si de un simple parpadeo se hubiera tratado, Kakashi recorrió veinte metros de distancia y atravesó el pecho de aquel ninja. Ino no lo vio, el ojo humano no podía ver semejante velocidad.

El último enemigo fue sometido por las técnicas físicas de Naruto, el combate había terminado. Dos enemigos estaban inconscientes y gravemente heridos tras recibir un Rasengan directo, otro había sido dejado atado y amordazado después de que Naruto le partiera los brazos en el combate directo. Los otros tres habían muerto, el equipo de Konohagakure se había impuesto.

- Buen trabajo. – Dijo Kakashi contento, la ejecución de la estrategia había sido casi quirúrgica.

Sai aprovecho para aterrizar al lado de ellos, ya no había peligro después de todo. La espía observo el resultado de la batalla, sin duda se alegraba de contar con Shinobis tan poderosos protegiéndola.

- ¿No habrá más? – Preguntó preocupada.
- No consta que se haya enviado más de un equipo, pero tendremos cuidado. – Contestó Kakashi rápidamente.

Tras aquel breve e intenso combate, los cuatro Shinobis y su protegida reemprendieron la marcha a pie. Al ir con una civil no podrían limitarse a desplazarse todo el día y hacer un breve descanso por la noche, por lo que tuvieron que ir haciendo paradas regulares para comer y descansar.

A las pocas horas lograron salir por fin del bosque, el camino por la llanura sería mucho más agradable. Antes de continuar harían una pequeña pausa para comer.

Ino aprovechó ese pequeño momento para recapitular todo lo que había pasado. Debía reconocer que habrían fracasado completamente la misión de no ser por el engaño urdido por Kakashi.

Los enemigos tenían la capacidad de ejecutar a la espía incluso desde fuera de su alcance de detección. Sin embargo, por terrible que fuera esa habilidad, Kakashi había podido asesinar a ese Shinobi que estaba a dos kilómetros de distancia. Tras analizar la situación, Kumogakure habría tenido más suerte enviando un equipo especializado en combate y no en asesinatos.

En menos de media hora ya habían terminado de comer y el viaje debía continuar.

Salvo la primera, el resto de las noches las pasaron en diferentes posadas que se encontraron por el camino hacia la capital. Tal y como Kakashi predijo, el resto del viaje no fue más que una escolta aburrida.

Al anochecer del cuarto día, el equipo ya se encontraba subiendo la gran escalinata del palacio del Daymio. Ino ya había estado antes en la capital, pero nunca había entrado en el palacio. Debía reconocer que era una construcción increíble y muy lujosa.

Sin duda, la experiencia que tuvo durante aquella misión había sido similar a la de su primera misión medianamente complicada o aquel fatídico día en que por fin se ganó el respeto de su Sensei.

Había luchado contra Shinobis tan experimentados que, a pesar de que el combate duró pocos minutos, cada segundo que pasó podría haber sido fatal para ella o para sus compañeros. Para rematar, había podido conocer al cliente más importante de Konohagakure, el propio Daymio en persona fue quien les recibió en palacio y les agradeció su éxito en la misión. Parecía muy satisfecho.

Una vez dejaron a la espía bajo la custodia del Daymio, se marcharon hacia Konoha. Llegaron en poco más de una hora, se dieron prisa pues tenían ganas de llegar a casa. Su primer destino fue la Torre Hokage, debían anunciar el éxito en la misión.

Tras un breve reporte con la Hokage, era hora de descansar de verdad. Sai y Kakashi desaparecieron velozmente, querían marchar a casa. Naruto e Ino se quedaron un momento a solas.

- Naruto. ¿Vamos un rato a tu casa? – Pregunto Ino extrañamente seria.
- ¿Segura? Llevamos cinco días sin pasar por casa.
- Claro, me apetece estar un rato contigo. – Confeso ella haciendo que Naruto sonriera. – Ya iré a casa luego.

Naruto asintió, después de todo él también tenía ganas de estar con ella. Habían pasado cinco días bastante distantes, no podían permitir que afectara a su profesionalidad durante la misión.

Además, por ahora Naruto prefería ocultar a Ino que Kakashi y Sai conocían su relación. Después de todo Ino tampoco sabía que tenían secuestrado a Yui Yamanaka y, por ahora, Naruto creía que Ino no sabía que Inoichi ya estaba al tanto de su relación. Aunque en eso se equivocaba.

- ¿Qué tal la misión? ¿Qué te ha parecido? – Preguntó Naruto mientras caminaban.
- Ha sido raro. El primer día lo pasé nerviosa. Luego, el combate fue mucho más intenso de lo que esperaba. Y los cuatro días de viaje final han sido aburridísimos.
- Bueno, no es la primera misión de escolta que haces. La diferencia era que los rivales eran más fuertes. Por cierto, reaccionaste bien cuando te atacó esa Kunoichi, fue inteligente absorber el Raiton usando agua.
- Fue obvio. – Respondió ella. – Aunque quería darte las gracias por confiar en mí. Pensé que saldrías corriendo a protegerme. – Añadió después haciendo reír a Naruto.
- Sabía qué hacía falta más para ponerte en un aprieto.

Cinco minutos necesitaron para llegar al apartamento de Naruto. A pesar de que llevaban media hora en Konoha, tuvieron la impresión de no haber terminado la misión hasta haber llegado allí.

Antes de que Naruto pudiera hablar, Ino se abrazó a él y lo besó. El beso fue muy intenso, tanto que Naruto solo pudo limitarse a dejarse hacer y que fuera su alumna quien marcara el ritmo. Aprovecharon cuando se separaron para sentarse en el sofá, aunque no tardaron mucho en seguir besándose.

Ino había pasado una de sus piernas por encima de su novio, sentándose encima de él y dejándole entre sus piernas. Naruto se limitaba a sujetarla por la cintura y a besarla, tampoco había muchas más cosas en ese instante en las que quisiera pensar o que quisiera hacer.

- Ino… - Dijo Naruto cuando se separaron, recuperando el aliento.
- ¿Sí? – Preguntó ella profundamente sonrojada.
- Deberíamos parar…
- ¿Por qué?
- Ya lo hablamos… tenemos que esperar a tu cumpleaños. – Respondió él. – Si sigues así no podré controlarme.

Ino volvió a acortar la distancia entre ambos y lo besó. Le encantaba estar besándose con su novio mientras él la sujetaba de aquella forma. Podía parecer inofensivo, pero le encantaba como la estaba sujetando por la cintura, cada movimiento de sus manos.

- No quiero que te controles Naruto. – Respondió ella. – Ya no puedo esperar más.

Naruto se quedó sorprendido por aquellas palabras. Parecía querer luchar por controlar la situación, no podía. Su cuerpo no le dejaba. Quería replicar, de verdad que si quería. Haber prometido que esperaría al decimoctavo cumpleaños de su novia era lo único que le había permitido aceptar aquella relación.

Ahora, con Ino encima de él, los dos meses que todavía faltaban parecían demasiado lejanos. Naruto hizo fuerza y se levantó, llevándose a Ino con él. Se dio la vuelta y la depositó sobre el sofá, siendo él ahora quien estaba encima de ella.

Una vez aceptó que ya no iba a poder echarse atrás, dejarse hacer no era suficiente y quería poder ser él quien, por un rato, llevara el control de la situación. Su mano izquierda seguía en la cintura de su novia, mientras que la mano derecha ahora estaba sobre su cuello mientras la besaba.

Esa mano, la derecha, comenzó a moverse recorriendo el cuerpo perfecto de su querida alumna, quien estaba perdiendo el sentido por aquella situación. Naruto evitó las zonas más erógenas de su novia, las estaba reservando para el final.

- Naruto… - Susurró ella totalmente excitada. Había pasado ya demasiado tiempo controlando el deseo que sentía. Tener a su novio explorando por fin su cuerpo era más de lo que podía soportar y, al mismo tiempo, le sabía a poco. Quería más.

Naruto por fin se digno a dejar de hacerla sufrir y dejar de evitar selectivamente ciertas zonas cuando llevó su mano a uno de los pechos de ella, sujetándolo con suavidad.

Aquel gesto arrancó en Ino otro suspiro de placer. Todo aquello era completamente nuevo para ella y, aunque amenazaba con desbordarla completamente, solo quería seguir cada vez más. Sabía que aquella era la noche en la que debía estar por primera vez con su novio.

Cuando tocarla a través de la ropa dejó de ser suficiente, Naruto empezó a quitarle lentamente el top que cubría la parte superior de su cuerpo.

Había tardado en reconocerlo, pero sin duda ella era realmente hermosa y atractiva. Tener en aquel instante el cuerpo de ella a su disposición era demasiado excitante. Como si se tratara de una fruta prohibida que no tenía permiso para probar y que estaba a punto de degustar.

Solo se separó de ella en el momento en que le quitó aquella prenda, quería poder echar un vistazo y disfrutar esa gloriosa imagen. El primer impulso de Ino fue mover sus brazos para taparse, pero al final no lo hizo.

Aunque se sentía profundamente avergonzada y sobrepasada por esa situación, lo último que quería era que Naruto pensara que estaba incomoda y eso le hiciera parar. Puede que estuviera avergonzada, pero eso no reducía en lo más mínimo el deseo que sentía por él.

De nuevo, las manos de Naruto fueron hacia los pechos de Ino, pero al no haber esta vez ropa de por medio la sensación fue mucho más agradable y excitante, sobre todo para ella, quien sentía que estaba cayendo al vacío a pesar de estar sentada en un sofá.

Naruto continuó esta vez con la lengua, lamiendo los rosados pezones de su novia y arrancando diversos gemidos de placer. Aquello era música para sus oídos, animándole a continuar. Ino llevo sus manos hacia la cabeza de Naruto, enredando sus dedos entre su pelo, evitando así que pudiera separarse. Solo quería disfrutar un poco más de esa cálida sensación un poco más.

Al final, las manos de Naruto llegaron hasta la falda y los shorts de su alumna. Solo en ese momento fue cuando se permitió detenerse una vez más. Se separó de los pechos de ella y hundió su rostro en su hombro.

Llegado a ese punto, Naruto estaba tan excitado que incluso le dolía.

- Si quieres que pare solo tienes que decirlo. – Dijo Naruto en un último esfuerzo.
- Si paras te asesino. – Respondió Ino tan rápido que Naruto no pudo evitar reír por un instante.

Naruto se levantó, cargando en brazos a Ino en el proceso. La llevó hacia el dormitorio, estarían más cómodos en un colchón que en un sofá viejo. Después de dejarla en la cama, se incorporó para quitarse la sudadera y la camiseta, dejando desnuda su mitad superior.

Volvió a inclinarse sobre ella para volver a besarla. Ino aprovechó la situación para llevar sus manos sobre el torso de Naruto, siendo ella ahora quien, tímidamente, recorría el cuerpo de su amante.

Ella sabía que, como en casi todo, su Sensei tenía más experiencia que ella, por lo que decidió simplemente dejarse hacer, que Naruto guiara la situación. Esa situación que la intimidaba y excitaba a partes iguales.

Desde que entrara en la adolescencia, Naruto Uzumaki se había vuelto el máximo exponente de lo que a ella le gustaba, de todo lo que podía querer en un hombre. Después de tanto tiempo deseándolo y fantaseando con él, estar en aquella situación simplemente amenazaba con enloquecerla.

Naruto por fin volvió a llevar su mano a la poca ropa que a Ino le quedaba, haciendo que ella enrojeciera rápidamente. Sin duda, aquel iba a ser el último paso hasta que todo aquello explotara.

Por mucho que quería negarlo, su inexperiencia provocaba que de nuevo la diferencia de edad que existía se remarcara. Sin embargo, si algo tenía claro es que no quería detenerse, no lo pensó ni una sola vez.

Poco a poco Naruto se deshizo de la vestimenta de su alumna, dejándola finalmente con una única prenda, su ropa interior. Naruto dedicó los siguientes minutos en volver a besar a su alumna, al pobre le estaba costando no dejarse llevar.

Si hubiera seguido sus instintos más primarios, seguramente él ya habría terminado hace tiempo y habría convertido la primera vez de su novia en una experiencia deplorable.

Poco a poco, comenzó a bajar por el cuerpo de Ino, haciendo algunas paradas estratégicas para besar su cuello, sus pechos y su vientre. Finalmente, llegó a su destino. Puso su mano derecha sobre la rodilla de ella, para, con suavidad, separar sus piernas.

Naruto sonrió cuando vio que hasta la ropa interior de Ino estaba mojada, era evidente que ella estaba excitada, pero poder verlo directamente le había subido la autoestima.

Utilizó su mano izquierda para tocar su parte más íntima, provocando que ella tuviera un pequeño espasmo y arqueara ligeramente su espalda. Antes de que se recuperara, Naruto acercó su rostro para besarla provocando que aquella sensación se multiplicara y arrancándole un nuevo gemido.

Naruto sujetó la pierna izquierda de Ino y, con su otra mano, la sujetó por la cintura haciendo un poco de fuerza para acercarla hacia él. Mientras tanto, comenzó a mover sus labios y su lengua, provocando que Ino se sujetara con fuerza a la colcha que cubría el colchón, si no lo hacía parecía que iba a caerse al abismo.

Aquella sensación era lo más intenso que nunca había sentido, no había el más mínimo punto de comparación a cuando ella se desfogaba en solitario. Sin duda pensó que no podía existir nada mejor que aquello, se equivocó.

Naruto utilizó su mano derecha para mover unos pocos centímetros la ropa interior de Ino hacia un lado, luego se limitó a repetir lo que había estado haciendo hasta el momento, pero sin ninguna barrera de por medio.

Ino ya no podía controlarse, el placer que Naruto le estaba brindando simplemente la estaba volviendo loca. Los movimientos involuntarios del cuerpo de Ino y sus gemidos estaban haciendo lo mismo con Naruto.

Por la forma en la que Ino movía sus caderas y como le estaban temblando las piernas, Naruto supo que era el momento de parar. Ella le miró desafiante, parar en aquel momento era hasta cruel.

Sin embargo, cuando Naruto se situó entre sus piernas y vio que él ya estaba completamente desnudo comprendió que no lo hizo para hacerla sufrir, había llegado el momento de dar el último paso.

Naruto la miró directamente a los ojos. Aunque no lo dijo, era evidente que le estaba dando la última oportunidad de echarse para atrás. No iban a hacer nada que Ino no deseara e Ino lo deseaba todo en aquel momento.

De la misma forma que él había logrado hacerle una pregunta sin decir nada, ella respondió sin articular palabra. Llevo sus manos al pecho de Naruto al mismo tiempo que se acomodó sobre el colchón, abriendo sus piernas todo lo que su flexibilidad le permitió.

Él, quien realmente no podía aguantar más, llevo una mano a la cintura de Ino y comenzó a acercarse hacia ella. Sus deseos más internos le suplicaban que entrara en ella con todas sus fuerzas y se desfogara por fin, pero no lo hizo. Haciendo gala de un increíble autocontrol, se adentró en Ino despacio, tratando de evitar el máximo daño posible.

A diferencia de los últimos minutos, ella se quedó totalmente muda, no era capaz de emitir ningún sonido. Cuando ya estaba totalmente dentro, Naruto se reclinó sobre ella, apoyándose sobre su propio brazo izquierdo y poniendo su mano derecha entre el rostro y el cuello de Ino, mirándola fijamente a los ojos.

Naruto suspiró de placer, pero se quedó totalmente quieto, dándole a Ino tiempo para que se acostumbrara a aquella situación, después de todo el dolor la había abordado y le había robado parte del placer que estaba sintiendo.

Cuando ella por fin pudo volver a respirar, él comenzó a moverse muy lentamente haciendo por fin lo que llevaban semanas reprimiendo.

Ino no era la única que había perdido el control, Naruto necesitó hacer más fuerza con los brazos para no caerse sobre ella cuando le comenzaron a temblar las piernas, haber alargado tanto los preliminares le habían dejado al límite.

Los movimientos cada vez se aceleraban más y, al mismo tiempo, el dolor que Ino sentía se reducía y era totalmente eclipsado por el placer que Naruto le daba.

Por su parte, Naruto tuvo que esforzarse varias veces para no terminar antes de tiempo, la situación era, simplemente, demasiado excitante.

Finalmente, la respiración de ella comenzó a agitarse todavía más y sus gemidos se volvieron incontrolables. Junto a los espasmos que estaba teniendo, fue suficiente para que Naruto entendiera que por fin podía dejarse llevar también.

Naruto se reclinó todavía más, hundiendo su rostro en el hueco formado entre el cuello y el hombro de Ino y, junto a ella, explotó por fin.

Cuando terminaron, Naruto tuvo que hacer el mayor esfuerzo de su vida para moverse y quitarse de encima de ella para dejarla respirar. Se recostó a su lado, quedándose también bocarriba y tratando de recuperar el aliento.

Ella movió su mano, para sujetar la de él.

- Te quiero. – Dijo ella, no hacía falta decir más,
- Y yo a ti. – Respondió Naruto haciendo algo de fuerza para apretar su mano.

Ino sonrió satisfecha y feliz, había pasado tanto tiempo deprimida y sumida en la tristeza pensando en que jamás sería correspondida por el amor de su vida que, estar ahora en aquella situación, hacia que pudiera olvidar todo lo demás.

Ese pequeño momento en el que por fin pudo asumir que realmente estaba con la persona que amaba y ver correspondidos todos sus sentimientos la hizo incluso más feliz que lo que habían hecho minutos atrás.

- ¿Qué quieres hacer? – Preguntó Naruto, era obvio que se refería a si quería quedarse con él o marchar a casa. Después de todo, su padre ya debía saber que la misión había culminado.
- Quiero quedarme aquí, dormir un poco contigo. – Respondió Ino sonriendo.
- Suena… bien… - Dijo Naruto, parecía estar sucumbiendo al cansancio.

La misión le había agotado mental y físicamente por lo que, sumado a lo que acababan de hacer, simplemente estaba demasiado cansado.

Cuando Naruto por fin se durmió, Ino se incorporó quedándose sentada sobre la cama. Soltó la mano de Naruto y, acarició el rostro y la frente de su novio. En ese momento ella estaba llorando en silencio.

Finalmente, había llegado el momento de destruir en la mente de Naruto todos los recuerdos que, como pareja, habían construido en las últimas semanas. Empezaría por aquella accidentada confesión bajo la lluvia, no podía dejar rastro alguno.

Al final, solo ella sería capaz de recordar lo que acababan de hacer. Un recuerdo que atesoraría en su corazón por toda la eternidad.

CONTINUARÁ…