AQUI LES TRAIGO MI NUEVA ADAPTACION ESPERO LES GUSTE

Los personajes le pertenecen a Stephenie Meyer al final les digo el nombre del autor


Capítulo Dieciséis

Edward

Me siento malditamente viejo. Nunca he deseado a una mujer tanto como anoche a Bella. Deseo no se acerca a lo que sentí. Era más bien una urgente devoción, una necesidad, un anhelo. No podía cansarme de ella. No creo que alguna vez me canse de ella. La única razón por la que nos detuvimos fue por puro agotamiento y el inminente día de trabajo que ambos teníamos por delante.

Y ahora estoy pagando por ello. Pero tomaría las molestias, el dolor y la fatiga un millón de veces por tenerla en mi cama toda la noche.

He corrido ocho kilómetros, y he hecho una hora de entrenamiento físico con mis hombres y ahora estoy en una reunión que tomará cada gramo de la disciplina que poseo para estar alerta. Estoy mejor de pie. Ahora que estoy sentado, las últimas veinticuatro horas me están golpeando como una tonelada de ladrillos.

Dos reuniones más y un montón de papeleo están en el orden del día. No llegaré a casa hasta después de las siete de la tarde y no tengo ni idea de cuánto tiempo durará el turno de Bella en el restaurante.

Hoy es un día de un tipo especial de infierno reservado para las personas que deciden no equilibrar el trabajo y la diversión. Lo sé, pero no me arrepiento ni por un segundo de anoche.

Lo que si lamento es que lo que estamos haciendo ponga a Bella en una posición difícil. Sé que se siente incómoda mintiéndole a su hermano y escondiéndose. Yo debería hacer lo honorable y terminar con esto antes de que Riley se vuelva loco y Bella salga herida porque ambas cosas son inevitables.

Incluso si dedicara mi vida a Bella y renunciara a todas las demás mujeres para siempre, nada va a impedir que me quede ciego. Lo sé, Riley lo sabe, pero no quiero que Bella lo sepa nunca.

Si me alejo ahora, tendremos una increíble noche ardiente para recordar para siempre y ella nunca tendrá que saber mi problema.

Quiero que piense en mí en la forma que fui anoche, poderoso, dominante, en completo control.

Las discapacidades como la ceguera, generan compasión y debilidad, y tampoco puedo soportar la idea de serlo. Me enorgullezco de mi fuerza e independencia, sin ellas soy un peso muerto. Cuando esté ciego no podré servir a mi país y eso es todo lo que he conocido.

Debería alejarla y ponerle fin a esto que está pasando entre nosotros. Ella no lo entenderá, pero es por su propio bien. No puedo ser el hombre que necesito ser para una mujer como ella. Se merece a un hombre completo, uno que pueda darle un futuro lleno de seguridad y familia, un hombre del que pueda estar orgullosa de estar a su lado.

No a un hombre al que tenga que guiar. No a un hombre en la oscuridad.

Ya ha pasado mucho tiempo de la cena cuando estoy terminando mi papeleo y Riley llama a la puerta abierta de mi oficina.

—Capitán Swan, adelante.

—Sí, señor —dice entrando en mi oficina y cerrando la puerta tras él.

—¿Qué haces aquí tan tarde? —le pregunto.

—Quería hablarte de Bella.

He estado entrecerrando los ojos ante la fuente gigante en la pantalla de mi ordenador, pero cuando menciona a Bella, levanto la vista y le presto toda mi atención.

Esto podría ser malo si él sabe lo que pasó anoche, pero no recibo esas clases de vibraciones. Parece más preocupado que enojado.

—¿Qué tienes en mente? —Me recuesto en mi silla y él se sienta frente a mí al otro lado de mi escritorio. Abandonamos todas las formalidades militares tan pronto como se cerró la puerta como lo hemos hecho durante años, así que él habla libremente.

—Ella no vino a casa la última noche.

—¿Quieres decir nunca? —El pánico me llena cuando me doy cuenta que no me envió un mensaje de texto esta mañana. Supuse que se había levantado y se había ido a trabajar después de ponerle el despertador. Oh, Dios, podría estar durmiendo en mi cama, o peor aún, el chiflado que le ha estado enviando amenazas podría haber llegado a ella. Joder, debería haberla llamado.

—Sí, al final lo hizo. No sé cuándo, pero pasé por la casa esta mañana y ella se iba otra vez.

Coño, gracias a Dios. Espero que no pueda ver en mi cara el puro alivio que siento.

—Entonces, ¿cuál es el problema?

—No estuviste en casa anoche, ¿verdad? Mierda, aquí viene.

—No, cené en el restaurante. —Es mejor decir la verdad tanto como sea posible.

—¿La viste allí?

Ahora no tengo más remedio que mentir.

—Sí, ella llegaba cuando me iba.

—¿Con quién estaba?

Riley es astuto. Lo sé porque ha sido mi amigo durante mucho tiempo. No puedo decir si me está cebando para obtener información o tratando de tenderme una trampa para que caiga. Estoy seguro que ella le dijo que estaba saliendo con amigas, así que voy con eso.

—Un par de mujeres. Parecía que se estaban divirtiendo.

Se queda callado y rezo para que no me pida que las describa.

Cuando no dice nada durante un tiempo, rompo el silencio.

—¿Qué te pasa, Riley? ¿Todo está bien? No has sido tú mismo desde que llegó tu hermana.

Me mira largo y tendido antes de hablar.

—Ella está en problemas, tío. Alguien le está enviando mensajes de video inquietantes.

Bien, ahora estoy seguro que no está tratando de engañarme para que admita que estuve con ella anoche. Está preocupado y viene a pedirme consejo como amigo.

—¿Qué quieres decir?

—Quienquiera que se haya metido con ella en Nueva York sigue haciéndolo. Ella pensó que quien publicó esos videos estaba tratando de que la echaran del programa y cuando funcionó pensó que se había acabado.

—¿Pero no lo ha hecho?

—No. Ayer recibió un video críptico, sin filmaciones, sólo un mensaje de texto diciéndole que ellos saben lo que pasó y que necesita cuidarse la espalda o algo así. Al principio estaba asustada, pero después de lo de anoche no creo que se lo esté tomando en serio. Esta persona podría ser un total psicópata o algo así y ella está corriendo por ahí bebiendo con sus amigas poniéndose en una posición vulnerable.

—¿Cómo sabes que estaba bebiendo?

Arruga la cara y me mira como si fuera un idiota.

—Salió con sus amigas. Toda la noche. No podía conducir para volver a casa, vamos, hombres, ya sabes cómo va eso.

—¿Has hablado con ella de esto? Tal vez deberías decirle que se quede cerca de casa por algunas semanas hasta que sepas lo que esta persona va a hacer. —No creo que esa sea realmente una mala idea. Si ella no hubiera estado conmigo, creo que estaría tan conmocionado como él.

—Sí, pero es testaruda, hace lo que quiere.

—Ella es adulta, va a hacer lo que quiera, ¿no?

—Si yo pensara que alguien anda buscándome, aceptaría el consejo de mi hermano.

—¿Incluso si eso significara renunciar a tu vida y quedarte sentado en casa todo el tiempo esperando que algo suceda?

—Bueno, no, yo no quiero eso. Sólo quiero que tenga más cuidado y duerma en casa.

—Suena como si tuvieras que hablar.

—¿Sigue enfadada contigo? Los vi hablando por el sendero. ¿Qué estaba diciendo?

—No, creo que me ha perdonado casi todo. Pero al principio, quería quejarse y decirme que buscara mi propio sendero para correr en el futuro.

Él resopla y un lado de su boca se levanta en una sonrisa de complicidad.

—Sí, eso suena propio de ella.

—Tiene todo un genio.

—Pero, ¿ahora se hablan?

—Creo que sí.

—¿Crees que podrías animarla a que me escuche para que sea más cuidadosa? O hablarle algo sobre un secuestrador en la zona o algo así para que vuelva a casa por la noche.

Esto es bueno. Él me está pidiendo que hable con su hermana, que está fuera de los límites, para que no esté fuera toda la noche. Esencialmente, le estaría advirtiendo que se mantenga alejada de mí. No es tan mala idea.

—No voy a inventar mentiras, pero me encantaría dar algunos consejos de seguridad en una conversación con ella. Si alguna vez vuelvo a hablar con ella, lo haré. —Esto es casi como pedir permiso para hablar con ella. Es muy extraño.

—Gracias, tío. Eres un buen amigo. Pero no le pongas las manos encima. No vayas a encandilarla ni nada de eso. Sólo adviértele que simplemente porque esto no sea la gran ciudad, no significa que sea seguro.

Una forma de clavarme un cuchillo en el corazón y retorcerlo con el comentario del buen amigo.

—Por supuesto.

Él se inclina hacia adelante para mirarme más de cerca.

—¿Cómo está tu visión?

Odio hablar de mi vista, especialmente aquí en la base, en mi oficina, donde alguien podría estar escuchando y saberlo. Una extraña sensación de que hay una razón subyacente para su pregunta me molesta.

—Bien.

—¿No hay más cambios?

—No, estoy a punto de terminar. ¿Quieres tomar una cerveza? — digo, cambiando la dirección de la conversación abruptamente.

—Sí, claro. ¿Nos vemos en el Sam?

—Estaré allí en quince minutos —digo.

Cuando se va, deslizo mi mano sobre el teléfono que yace en el escritorio a mi lado. Le doy la vuelta y busco el número de Bella. Cuando está en la pantalla, paso el dedo por encima del botón de llamada y discuto conmigo mismo si debo hacerlo y contarle la conversación que acabo de tener con su hermano.

Si voy a mantenerla a distancia, llamar es una mala idea, pero todavía no he decidido qué hacer. Doy vuelta al teléfono y lo pongo boca abajo en el escritorio. No, déjala en paz, me repito. Sin embargo, las imágenes de ella apretujada contra la pared de mi ducha deshaciéndose en mis brazos, esposada debajo de mí jadeando, y retorciéndose en el éxtasis, con los ojos vendados y atada por sus muñecas con un cuerda gritando mi nombre una y otra vez… Mierda.

Le vuelvo a dar la vuelta al teléfono y presiono el botón verde de llamada. Me recuesto en mi silla y miro hacia abajo a mi polla dura como una roca que gotea dentro de mis pantalones de uniforme. Sólo de pensar en todas las cosas que todavía quiero hacerle me vuelvo loco.

—¿Hola? —responde al cuarto tono.

—¿Cómo fue tu primer día en el nuevo trabajo?

—¿Edward?

—Sí. —Ella deja escapar un suspiro de alivio—. ¿Esperabas a alguien más?

—No, es solo que no recibo muchas llamadas, así que no apagué el timbre y sigo en el trabajo.

—¿A esta hora? ¿Por qué? Necesitas ir a casa y descansar.

—Me lo dices, me estoy muriendo. No veo cómo Sue puede hacer esto sola.

—¿No cerraron hace una hora?

—Sí, pero hay trabajo extra que hacer, casi he terminado. No puedo esperar a ir a casa y a desmayarme durante las próximas diez horas.

—¿Trabajas de nuevo mañana?

—Sí, pero creo que Sue siente pena por mí, me dijo que viniera al mediodía para el almuerzo. Es vergonzoso, ella tiene más de sesenta años y puede correr en círculos a mí alrededor.

—Sí, pero estoy dispuesto a apostar que ella tampoco la esposaron a una cama hasta las cinco de la mañana. —Puedo sentir su sonrisa al otro lado de la línea.

—Cierto, aunque, es bastante juguetona, nunca se sabe.

Ahí me tiene, nunca hubiera pensado que la dulce y pequeña señorita Clearwater estaba metida en el mismo tipo de sexo que yo. Me río cuando me imagino a Sue colgada en un marco de suspensión.

—Quería que supieras que tu hermano acaba de pasar por aquí.

—Oh, Dios mío, él no sospechará…

—No, no, pero está preocupado por ti. Tan preocupado que me pidió que te animara a quedarte en casa por la noche. No cree que estés tomando en serio los videos ya que saliste toda la noche.

Ella se ríe.

—¿En serio? ¿A ti? ¿Le pidió a su ardiente vecino con el que no quiere que me involucre que me diga que no estoy a salvo?

—Ardiente, ¿eh?

—No debería haber dicho eso. Nunca me vas a dejar vivir con eso, ¿verdad?

—¿Quién, yo?

Silencio.

—Oh, rayos, me tengo que ir, Sue me está llamado, pero también tengo algo que decirte.

—¿Quieres llamarme más tarde?

—Sí, saldré de aquí en unos treinta minutos, ¿estará bien?

—Estaré en el Sam, tomando una cerveza con tu hermano. Ella grita a Sue con su mano sobre el teléfono.

—Sólo un segundo, Sue, ya voy. Lo siento, me voy a desmayar tan pronto como mi cabeza golpee la almohada, así que te lo diré ahora.

Tu madre vino esta mañana cuando estaba preparándome para irme. Subió a tu habitación. Nos encontramos y vio la cama, estoy bastante segura que sabe lo que está pasando.

¡Maldita sea, madre! ¿Qué demonios estaba haciendo? Voy a tener que cambiar las cerraduras. ¿Cuándo aprenderé? Debí haberla llamado.

—¿Todo fue bien? —le pregunto.

—Aparte de estar atrapada en la habitación de su hijo que olía a sexo, sí, fue bastante bien —responde Bella.

—Estoy seguro que ella te quiso y lo siento si te asustó. Me ha estado molestando últimamente para que la llame.

—Bueno, ella es tu madre, deberías devolverle las llamadas. Yo daría mi mano derecha por hablar con mi madre otra vez.

Si antes no me sentía culpable, ahora lo estoy. Aquí estoy actuando como si estuviera demasiado ocupado para llamar a mi madre mientras Bella no puede volver a ver a la suya. Soy un completo imbécil, no la llamo porque cuanto menos interacción tengo con ella, menos probable es que se entere de lo de mi visión… de momento.

—Tienes razón, créeme, de ahora en adelante haré un punto de ello.

—Tengo que irme, Sue me necesita. Ella no es la única.

—¿Cómo vas a volver a casa si tu hermano está aquí?

—Caminaré.

—No lo harás. Tal vez Riley tenga razón. No te lo estás tomando lo suficientemente en serio, consigue un Uber. —Juro por Dios que si ella se niega, plantaré a Riley e iré a buscarla.

—Vale, tengo que irme.

—Bella, prométemelo. Uber.

—Te lo prometo. Dios mío, eres tan malo como Riley.

—Oh, cariño, no tienes ni idea. No pongas a prueba mi paciencia.

Clic. La línea telefónica se desconectó. Ella no me colgaría. Me quito el teléfono de la oreja y miro la pantalla que dice que la llamada ha terminado. Ella colgó. Ese pequeño jodido petardo colgó.

Abro un cuadro de texto y presiono la opción de mensaje de audio y le envío un mensaje mientras salgo de mi oficina.

Gran error.

No me tomo bien las groserías, por no mencionar la desobediencia. Esa mujer acaba de presionar mi botón más grande y ahora va a ver qué pasa cuando me rechaza. Y tanto por romper las cosas hoy, tendré que hacerlo mañana.