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XV

Antártida II

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15 años antes

Al Coronel Engel le molestaba que las armas nucleares las trataran como si fueran una enfermedad, como algo que no se debía ni siquiera mencionar. Su experiencia con ellas le demostraron que tenían su uso en el momento justo.

Si hubiera podido el mismo hubiera liderado la misión de bombardeo, pero por culpa de las heridas que sufrió en la misión en Siberia hacia unos meses se le había retirado su licencia de piloto, pero preparó a conciencia las armas que se iban a utilizar.

Dos Valkyrie fueron cargados con una bomba GBU-1030N de 3 kilotones cada uno guiada por satélite. Serian escoltados cada uno por un Valkyrie armados con misiles polivalentes Stiletto B.

Se dividirían en parejas y volarían a baja altura, levantando la nieve del terreno.

"Escuadrilla," dijo el piloto del Valkyrie numerado 701. "Viren a la derecha, dirección cero-cuatro-tres. Cincuenta kilómetros del blanco. Alertas a misiles tierra-aire y fuego antiaéreo. Pasaje a alta velocidad y lanzamos los GBU a diez kilómetros, de allí irán solas."

El plan era entrar en la cordillera de montañas y seguir el valle, luego empezar una trepada seguida de un picado supersónico para soltar las bombas, las cuales caerían sobre el grupo de naves a alta velocidad. En ese momento el satélite de reconocimiento estaba sobre el horizonte, dando imágenes ópticas, radar y sirviendo para guiar las bombas hasta sus objetivos.

Se elevaron y entraron entre el grupo de montañas, pasando más debajo de los picos. Los picos de las montañas estaban cubiertos de nieve, y el valle entre las montañas era un parche de roca desnuda y nieve. Las laderas de las montañas estaban desnudas dejando al descubierto las rocas.

A varios kilómetros de distancia veían como empezaban a disparar la artillería, y diez o doce misiles tierra-aire que parecían postes de alumbrado voladores, venían hacia ellos a mach tres. El piloto del Valkyrie 701 se ladeó a la derecha y empujó la palanca, zambulléndose hacia tierra seguido de su escolta, la otra pareja se ladeo a la izquierda igualmente con su escolta. Pero los misiles no pudieron seguirles. Niveló apenas a diez metros del hielo, siempre dirigiéndose hacia los Zentradi a una velocidad de 1000 kilómetros por hora.

El piloto del Valkyrie 701 se metió en el valle seguido de su escoltas, apenas se nivelaron venía un enjambre de pequeños misiles. Cuatro misiles les siguieron, a tres kilómetros de distancia. Viraron siguiendo el contorno del valle y descendieron hasta el fondo del valle. Eso despistó a tres, pero el cuarto les siguieron hacia abajo. Estalló un momento después, a treinta metros de su avión escolta.

El Valkyrie de escolta pareció haber sido arrojado de una patada a diez metros de distancia. El piloto manipuló los mandos hasta nivelarlo, pero no pudo evitar golpear la ladera del valle, intentó cambiar de modalidad pero era demasiado tarde, cayendo en una breve barrena terminó estrellándose contra las rocas sin tiempo siquiera de eyectarse.

El piloto del 701 echó un vistazo y sintió un escalofrío al ver a un grupo de Regult apareciendo desde un sitió en las rocas, esperando, incluso tenían una capa de nieve encima. Empezaron a disparar, el piloto intentó evadirlos. Se elevó para intentar salir del valle. Varios sectores del ala izquierda estaban hechos añicos. Las señales de advertencia informaban de un desastre múltiple, en sistemas hidráulicos, la radio y la turbina izquierda. Pero aún tenía los mandos manuales. En ese instante vio a sus atacantes a menos de 200 metros de distancia.

El piloto descendió y perdió velocidad tanto como se lo permitieron sus mandos dañados y cambió a modalidad Gerwalk para voltearse y centrar cuidadosamente los blancos en su mira. Al verlos mas cerca abrió fuego, parecía no haber salvación posible pero los Zentradi se dispersaron, sin disparar. Sonrió al pensar que se salvaría, pero uno de los Regult regresó, y el piloto disparó y dio en algunas partes de su estructura, pero este siguió al parecer una carga suicida y le disparó, dándole en la dañada turbina izquierda. El Regult siguió recibiendo disparos y explotó.

El Valkyrie empezó a estremecerse. Cuando tiró de la palanca para regresar, la turbina explotó. El Valkyrie se desintegró en el aire. En pocos segundos, los restos se estrellaron contra las rocas de la ladera semicubierta de nieve.

Los Valkyrie 703 y 704 no tuvieron mejor suerte. Se aproximaron por el lado contrario del valle, pero se encontraron con una formidable fuerza de Queadlunn-Rau. Dos Valkyrie a pesar de estar bien armados y pilotados no tuvieron oportunidades contra las pesadas armaduras Meltran.

De los cuatro aviones de la escuadrilla, ninguno regresó y ninguno cumplió su misión.

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Engel había golpeado sus nudillos repetidamente del borde de la mesa hasta hacerlos sangrar. Sentía una rabia tremenda, al igual que una impotencia que no podía soportar. Si hubiera estado solo hubiera volcado su ira destruyendo el mobiliario, pero ni eso podía en ese momento.

"¿Dónde esta Doherty?" preguntó Global luego de escuchar el reporte del Coronel.

"He tomado el mando de la operación, señor. Doherty la estaba dirigiendo muy mal."

"Gennadi..." dijo Global con voz calma. "Eso es algo que no te creo. Lamento decirlo, pero me ha decepcionado, sino que no creo que pueda volver a confiar en ti."

Los golpes de Doherty no le dolieron más que lo que acababa de decir Global. El hecho de fracasar ya había sido suficiente, pero que ahora Global perdiera la confianza en él...

"Has esperado hasta las cinco de la madrugada para llamar y decir que un ataque y una operación de rescate han fracasado," dijo Global, perdiendo la paciencia como pocas veces. "¿Pensabas que si procrastinabas las cosas se solucionarían solas? ¿Sabes todo lo que puede pasar en el tiempo que estas retrasando?"

Engel no contestó.

"¿No dirás nada?" exigió Global, en un tono de voz que muy pocos humanos conocían. "Entonces escucha las ordenes que te daré: cancela todo ataque y prepárate para aceptar las condiciones de Zarn y traerás a esa gente de regreso. No vamos a sacrificar vidas en una operación que no puede funcionar."

El Coronel sentía una humillación absoluta, porque el Comandante Zentradi había exigido la retirada de las fuerzas y el soltaría el cerco sobre las tropas atrapadas.

"¿Eso mismo piensas cada vez que mandas a soldados a morir para mantener pacificados a los Zentradi?" gritó Engel, sin poder contenerse. "Eres culpable de esas muertes, mas que los políticos."

"Exijo que me respetes, si te he dado mi confianza no es para que abuses de ella."

"No es falta de respeto, he sido realista. ¿Acaso es diferente a lo que hicimos luego de la guerra para librarnos de esas bandas de mercenario y ladrones? ¿Acaso es aceptable hacerlo con humanos que con Zentradi?"

"No podemos matarlos sin una razón, eso seria un crimen."

"Tenemos un modo extraño de catalogar lo que es la ley, ¿no?" gruñó Engel.

"Pero vas a desobedecer ordenes, los objetivos de esta operación fueron discutidos y aprobados," dijo Global a ver si lograba a asustarlo.

"¿Y los ataques contra ciudades y los miles de civiles muertos que son? Ellos no se van a sentar cómodamente a esperar que pase el tiempo, no se van a sentar a escuchar discursos diplomáticos. Ellos no quieren escuchar."

"¿Quieres la guerra, Gennadi? ¿Quieres empezar otra guerra que puede durar años?"

"La guerra nunca terminó. Nunca vi a los lideres Zentradi sentarse a firmar ningún tratado. Además, la puedo terminar en solo unos instantes."

"Pudiste hacerlo y no lo hiciste. De nada serviría hacerlo de nuevo."

"No me dieron las herramientas suficientes."

"¿Cincuenta bombas? ¿Quinientas? ¿Cinco mil? ¿Todo el arsenal? ¿Crees que la victoria significa que queden dos humanos y un Zentradi?"

"No me voy a rendir."

"Que Doherty te dé un fusil y solo ve contra ellos, pero nadie mas ira al combate allí. Te retiraras."

Por unos momentos los dos se quedaron callados, como si pensaran que decirse uno al otro.

"Dime con honestidad Bruno," dijo Engel con lentitud. "¿Por qué maldita razón mandaste esta operación si no es para acabar con el enemigo?"

"Dañar al enemigo y obligarlo a rendirse."

"Mentira. Lo hicieron para justificar el hacer algo por Ciudad Oasis, los políticos quieren mostrar que se esta haciendo algo."

"¡Oasis fue tu culpa! ¡Igual que San Petersburgo!"

Si Global pensó que esto lo haría retroceder, tuvo el efecto contrario.

"Lo lamento mucho," dijo Engel en voz mas calmada. "Siempre te he respetado y he cumplido tus ordenes, pero son nuestros enemigos, y no puedo seguir las ordenes de un líder que no los combate."

"Gennadi"

"No. No soporto ese doble rostro de todos. Tu, Yelena, Lessa No, ni ahora ni nunca. Usare todas las armas que hagan falta para acabarlos. Iré detrás de ellos y voy a acabarlos."

A pesar de decir esas palabras con odio, Engel estaba asustado, no por lo que le pudiera pasar aquí y ahora, sino por el futuro al que esta conversación le estaba llevando. Le harían regresar, puede que a prisión o directo a un pelotón de fusilamiento. Puede que si se da la vuelta para regresar, no tenga otra oportunidad.

"Por favor..."

"¡No! Aun puedo..."

"La retirada, no la rendición, lo intentaremos mas tarde," dijo Global con calma. "Estamos en desventaja y no quiero perder a nadie mas, ni siquiera a ti. No es el momento, solo eso."

Engel se quedó mirando los controles de la consola, como si le fueran a dar una mejor opinión de todo.

"¿Me has entendido?" dijo Global, arriesgándose.

La rendición de Engel fue tan total como inesperada.

"Esta bien," dijo Engel, con voz temblorosa. "Ciertamente eres el jefe. Solo estaba intentando hacer lo que pensaba que era lo mejor. Naturalmente, seguiré todas tus órdenes, aunque sean estupidas y equivocadas," dijo poniendo un furioso énfasis en esas ultimas palabras.

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La celda era una jaula aislada de las paredes de la sala. Las paredes eran de barrotes pintados de negro, y una de las paredes constaba de una mezcla de barrotes y mallas de alambre, que servía de ventana para mirar con detalle todo el interior.

La prisionera estaba sentada en un rincón de la celda, encadenada de pies y manos. No lo sabia, pero luego de ser capturada la habían llevado al destructor Tou Redir. Se trataba del componente más pequeño de la flota Zentradi, utilizado como explorador... o carne de cañón porque siempre son los primeros en morir en un asalto. Esa nave había sido traída como apoyo para las labores de captura de los Zentradi rebeldes. Estaba equipada con tres cámaras de micronizacion, con objeto de reducir a todos los Zentradi capturados y poder llevarlos de manera más eficiente.

La Meltran se acomodó con mano temblorosa el ancho cuello de la bata para cubrirse el hombro. Fue un esfuerzo casi simbólico por mantener su dignidad, ya que la mala condición de su ropa deja de nuevo al descubierto su hombro.

"Abra la puerta," ordenó Zaria al Marine que le había estado observando.

"No puedo, el Coronel me ordeno que nadie debe entrar."

"¿Pero si para hacerle esto?" preguntó Zaria, gruñendo mientras cerraba mas sus manos en la malla de alambre.

"No puedo," dijo el Marine, cuyas palabras por alguna razón suenan temblorosas, nerviosas.

Zaria se le acercó. El Marine levantó su arma pero la Zentradi no se detuvo y de un fuerte tirón le quitó la llave que llevaba colgada del cinturón. Sin más, se acercó a la puerta y la abrió.

Zaria se sintió renuente a acercarse a la prisionera, pero sus ojos se pasearon por todo su cuerpo, pasado por su desarreglado cabello, paseándose por su extremadamente pálida piel, terminando en sus pies descalzos. Sintió un escalofrío al detallar sus manos. Zaria con cuidado se le acercó y se arrodilló a su lado, y la prisionera parecía indiferente a su presencia. Las manos de la prisionera temblaban como si sintiera un intenso frío o si sufriera de una crisis nerviosa, posiblemente lo último intensificado por lo primero ya que cuando Zaria se arrodilló, el frío metal, a pesar de llevar pantalón, le hizo estremecerse.

"¿Estas bien?" preguntó Zaria en Zentradi. "¿Qué te hicieron?" preguntó mas para sí misma que para la prisionera.

Zaria trató de revisar sus heridas, pero la otra Zentradi le apartó las manos.

"¡Un medico!" Zaria ordenó al Marine, que se sobresaltó.

"No debería estar aquí," dijo a voz de Engel apenas traspasaba la puerta. Por el ángulo de la puerta y la celda era difícil que la hubiera visto nada más entrar.

"Global dijo..." empieza a explicar Zaria.

"Global no esta aquí," le interrumpió Engel entrando a la celda, y se queda un momento mirando a la prisionera, que apartó la mirada.

"No debería tratarla así," dijo Zaria, apartándose de la prisionera. "No la puede tener en este estado..."

"Las comodidades de... esta mujer no me interesan."

"Pude ser que ella..." dijo Zaria.

"¿La esta disculpando, Zaria?"

"Todo lo contrario. Pero no justifica lo que le ha hecho. No se lo merece."

"Se lo merece, es mas, creo que no le he enseñado lo suficiente, parece que le empieza a gustar..."

"Todo esto es por su relación personal con ella."

Engel le dio un fuerte empujón en el hombro. Si no fuera por su preparación, Zaria hubiera caído. En respuesta ella lo empujó contra la pared con más fuerza, y lo mantuvo pegado contra ella con una fuerza superior a la que aparentaba su delicado cuerpo. Zaria le dio una fuerte bofetada, cargada de la rabia. Engel la empujó para apartarla, pero ella lo retenía con fuerza contra la pared dándole otro golpe, esta vez con el puño cerrado.

Él le devolvió el golpe con la mano abierta, ahora si haciéndole caer. Zaria estaba arrodillada y Engel terminó de tumbarla en el suelo poniéndole un pie en el hombro haciendo que se golpeara la cabeza con el suelo, entonces se le hecho encima poniéndole una rodilla en el pecho y poniendo sus manos alrededor del cuello.

El Marine era el único ser vivo cerca, y Zaria lo vio parado en la entrada de la celda, agarrando su fusil con ambas manos, como si lo usara de escudo para defenderse. En el breve instante que Zaria lo vio, se dio cuenta que solo era un muchacho, muy joven que apenas debía tener 19 años.

Del otro lado la prisionera estaba aun en su rincón, y Zaria pareció ver que tenía una mirada divertida.

La mujer trató de abrir la boca por aire, tratando al mismo tiempo de quitarse a Engel de encima. Tiró manotazos al aire para golpearlo, pero estaba demasiado levantó su rodilla todo lo que le pudo y logró hacerla llegar hasta él estomago del Coronel y lo empujó de nuevo contra la pared.

Mientras Zaria se ponía de pie tosiendo, Engel la levantó del suelo halándola por el cuello de la camisa como si fuera una muñeca, rompiéndole la camisa y la empujó contra la pared, manteniéndola allí sosteniéndola del cuello con una mano.

Se veía exhausto, y de hecho uno de los golpes de Zaria fue suficiente para que su ya herido sentido del equilibrio se afectara, al punto de dificultarle mantenerse en pie. En cambio Zaria tenia un moretón en la mejilla y cuello, y su uniforme desarreglado.

"Dejemos esto hasta aquí," dijo mientras se limpia la sangre que le salía de la nariz.

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Siguiendo las órdenes del Almirante Global, se aceptó la retirada de las tropas a cambio de soltar a los soldados cercados. Nunca en todo este conflicto una batalla había culminado en un acuerdo entre los comandantes de las fuerzas opositoras. Todo hubiera terminado allí sino hubiera sido porque el Comandante, siempre hablando en su idioma nativo obligando al General Doherty a usar a Zaria como intérprete, dijo:

"Tengo las dos armas de reacción con las que iban a atacarnos, y tengo la capacidad de destruirlos a todos, sin tener que cumplir sus ridículas demandas. Pero cumpliré mi parte y dejare ir a sus tropas, no haré nada si ustedes no hacen nada mientras se retiran de mi territorio."

"Usted no..."

Doherty no dice nada más, porque la comunicación se corta abruptamente.

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Fue chocante la precisión de la retirada. Exactamente un minuto para la medianoche del 31 de diciembre. Los Battlepod simplemente levantaron el vuelo para perderse en dirección a las montañas.

Un avión de reconocimiento ES-11D Cat's Eye estaba viendo en su radar como los contactos se movían en la misma dirección. Cumplían con el acuerdo... o estaban haciendo campo para disparar una de las bombas termonucleares.

El VC-33 VTOL tenia entera protección NQB (nuclear, química y biológica) encontrándose herméticamente cerrado, pero aun así el frío del exterior se colaba por la estructura y hacia que la aeronave se sintiera más pequeña e incomoda.

Zaria iba acurrucada en su asiento. El Coronel a su lado miraba por la ventanilla, hacia las planicies heladas. Justo al frente de Engel, estaba la prisionera. La Zentradi llevaba las manos atadas. A pesar de sus negativas, Zaria se las arregló para poder curar, en parte, sus heridas. El cabello revuelto, los ojos enrojecidos, su piel marcada de moretones, y ese insistente temblor en sus manos.

Así como el Coronel miraba sin parpadear hacia el exterior, él mismo se encontraba bajo la mirada de la prisionera. Los ojos de la Zentradi ni siquiera parpadeaban, manteniendo el rostro inexpresivo. Había fuerza en esa mirada, la fuerza que pudiera haber en un depredador, una fuerza que estaba en oposición al estado de su cuerpo. Parecía mirar a una presa y preguntarse como alcanzarla.

Cuando se volvió para mirar a Zaria, esta se sobresaltó. Estaba tan absorbida por su mirada que el aterrizaje le tomó por sorpresa. El Coronel continuaba mirando al exterior, a pesar de que la nave quedó envuelta en una nube de nieve y vapor.

El Coronel se desabrochó el cinturón de seguridad, pero no se levantó.

"Dígale a la escolta que le disparen al primero que se quiera hacerse el gracioso," dijo aun mirando al exterior.

"Si, señor," contestó levantándose el Sargento que les acompañaba.

"Teniente, usted también," ordenó luego de unos segundos.

Zaria no dijo nada, mientras se quedaba mirando al Coronel, que seguía mirando por la ventana. La Teniente Zentradi se levantó, a pesar de la orden de Doherty de no dejarle solo con la prisionera.

Por fin se apartó de la ventana y observó a la prisionera, quien respiraba con pesadez.

"¿No me dirás nada? ¿Una despedida?"

La Zentradi le seguía mirando con firmeza, recuperando parte de la dignidad que le habían arrebatado.

"Ni aun ahora quieres hablar."

Ella tenía ganas de decir muchas cosas, pero sabia que, en realidad, nada importaba. Ni siquiera ganaba algo maldiciéndolo.

"Es una lastima que no te despidas. Nunca mas nos volveremos a ver," dijo regresando a mirar por la ventana.

El cielo era rojizo, pero extrañamente no llega a teñir de ese color el campo de nieve debajo.

"Todos estos años... ¿Como pudiste todos estos años?"

"Nos volveremos a ver."

El Coronel se sobresaltó al escuchar la voz. La Zentradi tenía los ojos cerrados.

"Tienes razón. Nos vamos a volver a ver," murmuró recobrando la compostura.

Se sorprendió más al ver una pequeña sonrisa.

"¿Qué te hace tanta gracia?"

"Sobreviví. Y tú vivirás para que veas como convertimos esta tierra en cenizas..."

No la dejó terminar de hablar, se inclinó hacia ella y la agarró del cuello con una mano y empezó a apretar.

"Me engañaste y me usaste," dijo mirándole a los ojos, la Meltran estaba sofocada e intentaba defenderse, pero le agarró las manos, aun juntas por la ligadura.

Por un momento la sostuvo así hasta que de repente dejó de apretar, y la Meltran empezó a toser y le salieron lágrimas de los ojos, que ella intento quitarse sacudiendo la cabeza con fuerza. Pero él le tomó de la barbilla e hizo que se quedara quieta. La prisionera cerró los ojos mientras él le acariciaba los labios con el dedo pulgar. Pudo haberle mordido pero decidió solo sentir.

Justo en ese momento se escuchó el sonido de motores acercase y el golpe seco sobre la nieve de vehículos de varias toneladas.

"Llegaron," dijo el Sargento, algo confundido de ver al Coronel acariciando a la Meltran.

"Déjeme a mí," dijo el Coronel apartándole.

Ella no se movió mientras le desabrochaba el cinturón de seguridad. La Zentradi no se resistió, ya lo había hecho en el pasado y estaba cansada. Aunque sentía una mezcla de odio y adoración por él, su esperanza de regresar con los suyos era suficiente para mantenerse.

Sobre la nieve, a unas cuantas decenas de metros estaban un trío de Queadlunn-Rau grises con franjas de un color rojo muy vivo en los Valkyrie en modalidad Gerwalk estaban a los lados del VC-33, mientras otro trío estaban en el cielo en modo VTOL vigilando.

Al abrir la rampa trasera el viento helado entró y se escabulló por cada rincón de la aeronave. El Coronel fue el primero en bajar, mirando a las tres armaduras enemigas dando pasos en la nieve. Había mucho viento, y levantó la mano para poder protegerse los ojos.

El Sargento bajó a la Zentradi, ayudándole a caminar. El joven vio a la Zentradi tan débil y herida que llegó a sentir compasión por ella. Pero el Coronel lo empujó apartándole de la Zentradi, que resoplaba ante el frío y el esfuerzo de mantenerse en pie. La desató y sin ninguna palabra la empujó, sin hacerla caer, en dirección de sus camaradas.

Iba descalza, y sentía que la nieve le quemaba la planta de los pies. Vestía un overol gris que le quedaba grande. Deseaba empezar a correr, pero a pesar de intentarlo sus piernas no se movían con suficiente rapidez, tropezando a medio camino cayendo tendida en la helada nieve. Intentó levantarse, pero sus fuerzas no fueron suficientes ni para levantar la cara del suelo.

Clavó sus heridas manos en la nieve, sintiendo como el dolor de su cuerpo desaparece ante el frío, y ante la gran impotencia que sentía empezó ha hacer algo que había aprendido con los humanos: llorar.

Ante un ruido alzó la vista, para ver a su Comandante a solo unos pasos de ella. Había bajado de su armadura de combate para ir a recogerla. Con ambas manos esta la levantó con delicadeza. Podía sentir la calidez de sus manos a través de los guantes de la gigante, le miró mientras aun sollozaba, terriblemente avergonzada de que ella le viera en ese estado. Pero esa calidez le hizo sentirse segura, iba a regresar a casa.

La Comandante miró a la diminuta Meltran. En todo el tiempo que había vivido en la Tierra había asimilado muchas cosas, entre ellas el concepto del afecto. Los años que habia convivido junto a sus comandantes, Alma y Zarn, se había creado un instinto de una familia. Eran como padres para ella. La Comandante sentía un gran afecto por ella, y al ver su estado, se sintió llena de ira y levantó la mirada para ver a Engel, que también le miraba. Quería correr hasta él, agarrarlo entre sus manos y despedazarlo... pero debía ser práctica. En este momento odiaba ser práctica, pero llegaría el momento.

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El cerco visto desde arriba parecía un verdadero campo de batalla. Uno de los Frandlar Tiluvo tenía parte del casco en la parte superior agujereada y desgarrada. Por doquier descansaban decenas de Destroid y Valkyrie dañados. El personal medico se encargaba de atender a los heridos graves, mientras los que se encontraban ilesos o menos graves, sin que nadie les ordenara nada, ayudaban.

El otro Frandlar Tiluvo estaba siendo preparado para despegar, embarcando a los heridos y al personal, mientras varios equipos de Valkyrie sobrevolaban el área.

Cerca el General Doherty estaba impartiendo órdenes, mientras que en otro lugar se encontraban ordenados los siniestros bultos formados por los que no sobrevivieron. A falta de bolsas adecuadas, se estaban cortando trozos de paracaídas para envolver a los muertos, creando un surrealista paisaje de rectángulos rojos, blancos u algunos con franjas blanco y rojo.

Al llegar al sitio el Coronel Engel miró como cubrían a alguien cuyo rostro solo era una masa informe de carne y hueso, y una de sus manos había desaparecido dejando un muñón del que sobresalía un hueso astillado en la punta. Se entristecía al pensar que estaba tan acostumbrado a esto que esa visión le hubiera hecho vomitar hacia un tiempo, pero ahora no le inmutaba en lo más mínimo. Miraba en todas direcciones, encontrándose con todo tipo de daños, en personal y en equipo.

Al fin encuentro lo que buscaba.

Kikyo estaba sentada en la nieve con las piernas estiradas, con Steffi acostadas boca arriba sobre su regazo. Se acercó, y tomó a Steffi entre sus brazos, levantándola delicadamente del regazo de Kikyo. La sostuvo como una muñeca arrodillándose para colocarla en el helado suelo. La joven tenía los ojos cerrados, parecía dormida y al tocarle la mejilla estaba helada. Kikyo no dejaba de llorar, mientras que el Coronel se quitaba su chaqueta y cubría a Steffi, tomándose mucho cuidado de abrigarla bien, a pesar de que era completamente inútil.

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Fin Capitulo 15


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