"La paz sería solamente una palabra bonita, saludable, que los Tenientes Políticos usan en sus discursos y los curas en las misas".

-La catedral del Mar-

Ildefonso Falcones

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Capítulo XXI:

Marco Bott, un interesantísimo joven político americano, caminaba con rumbo fijo y firme hacia la puerta de la mansión Rivaille. Antes de lo que anticipó el mayordomo hizo aparición ante él dándole la bienvenida, tal hecho le rememoraba la boda de su amiga hacía apenas dos semanas atrás sin imaginarse que volvería tan pronto allí por otra razón: una sencilla explicación que la encontraba de nuevo al saludar.

—Vaya que puntual Marco—escuchó la voz de aquella mujer madura con lentes finos y sonrisa amplia, casi pícara. Estaba sentada sobre el brazo de un mueble, quien comía frituras directo de la bolsa que era de tamaño fiesta. — Mira… como te conozco, ya unos buenos años, entonces creo que Gretchen estará en buena compañía.

—Buenas noches, señora Hanji. ¡Pues por supuesto! —. Extendió la mano a la mujer y la apretujó.

Un perceptible aroma a vainilla le caló las fosas nasales por lo tanto dejó vacía la mirada a Hanji y se concentró en perseguir el rastro de aquel aroma inhalando suave cada partícula que flotaba en el aire en su intento de atraerlo.

—¡Oh! ¡Hola! —. Sentada en un mueble contiguo le sonreía, podía deducir emoción en ella a través de cada gesticulación de su rostro y el movimiento de cada parte de su cuerpo.

Se levantó y le besó la mejilla haciendo un gran intento de ponerse de puntillas en sus zapatos de tacón por lo cual Marco se inclinó hacia ella, su baja estatura le producía sensaciones asemejados a la ternura creyendo que genuinamente, también, parecía una muñeca de porcelana por su delicadeza.

—Hermana no me dormiré hasta que regreses—. Dave se encontraba cerca de Gretchen, habló de manera tal que Marco no dudara de sus palabras.

—Bueno, supongo que ya debes de saber que ella debe regresar antes de las diez de la noche. ¿Tienes algún problema con ello? Levi se puso un poco estricto—. Hanji alzó un poco los hombros y las manos con su bolsa de frituras en una señal de rendición, su tono de voz resultó ser uno más bien: jocoso y burlón.

—No, no tengo problema con ello—. Aclaró, rascándose un poco la nuca a la vez que sus labios delataban una sonrisa nerviosa.

—¡Excelente! Pues no pierdan más tiempo…— exclamó para dejar la bolsa de fritura y empujar muy discretamente a ambos a la salida—. ¡Aprovechen su juventud! Pero no se excedan recuerden que no tienen mucho tiempo—. Fue lo que dijo, luego se cernió a observarlos caminar hasta el Nissan Murano negro de Marco.

Y mientras ellos se marchaban en el interior de Hanji fulguraba un sentimiento asemejado a la alegría de una madre cuando presencia la primera cita de su hija. Que supiera, aquella era la primera formal de Gretchen y aquello por muy extraño que pareciera a ella la hacía feliz: quizá por el hecho de que Hanji deseó en algún momento de su vida tener una niña.

Dave se abrazó a ella por el costado y ella correspondió su abrazo peinándole los cabellos con los dedos hasta que se percató que le estaba dejando ciscos de doritos en el cabello negruzco.

Confirmó la reservación para dos en el ONE IF LAND, TWO IF BY SEA y fueron ambos direccionados hasta su mesa seleccionada. Gretchen notó unas miradas discretas posarse en ambos, pero más en Marco: hombres de etiqueta le alzaban la mano a manera de saludo y él respondía de la misma manera ofreciendo calidez en su rostro.

Por un instante se concentró en la pintura de una mujer que se alzaba en el recibidor como brindando bienvenida, y que ella desconocía si acaso era algún personaje relevante o una musa anónima. El piso del lugar era de madera barnizada y poco tiempo de fijarse en mostrador del amplio bar en dónde reposaban varias botellas de licores finos necesarios para el deleite de los clientes ¡Ah! Y el no tan largo pasillo entre el recibidor y el bar que los condujo a una sala más amplia dónde habían las mesas respectivas, alrededor de dos candelabros colgando del techo con numerosas velas encendidas que proporcionaban luz.

Gretchen se dejó vislumbrar por el lugar, era cálido y las luces tenues facilitaban el armonizar las relaciones. Avanzaron un poco más hasta un área más reservada y tomaron lugar junto a uno de los ventanales que permitían visualizar un jardín.

En la pared frente a ellos guindaba una pintura de unas ovejas reposando en el pasto, Gretchen miró a Marco luego de decantarse con todo el sitio que tenía un estilo asemejado a la época de la Ilustración.

De camino al restaurant no se detuvieron de conversar: alguna pregunta rutinaria "¿Cómo te encuentras?" o también algo más impropio "¿Tu padre que piensa?" Gretchen no pudo responder con certeza porque no lo sabía, más bien no sabía que quería en verdad Marco saber.

—¿Puedo preguntar algo? —. Alzó sus ojos buscando afirmación en los de él. Se limpió los labios con la servilleta de tela para luego dejarla reposar de nuevo en su regazo.

—Por supuesto.

—He de imaginar que en tu vida has comido varios pasteles, pero tengo curiosidad por saber: ¿Por qué dijiste " … creo que éste pastel es el mejor que he comido …"? No me lo creía a decir verdad.

—Bueno si he comido varios, quizá demasiados y por ello puede reafirmar lo que dije. Es decir: he encontrado en algunos el excesivo sabor a licor en las frutas añejadas, que creo es demasiado licor usado que al final me resulta un poco pesado, ¡y la masa! he encontrado pastosas, no es que estén mal elaboradas a todo el mundo le gustan, me refiero a las grandes pastelerías, pero a mí no.

—Exigente—. Comentó con burla Gretchen, tomado la copa con vino y llevándosela a los labios.

Marco se sonrió, casi como si hubiese recibido un gran halago.

—El punto es… son buenas pero no puedo decir "quiero volver a comerla" y fue eso justo lo que me provocó tu pastel—. Sus ojos se abrieron un poco más fecundando la emoción de sus palabras. — Tu pastel fue muy equilibrado tanto en el licor usado como en la textura, recuerdo que era pastosa pero agradable no como las pastosas que no me resultan de agrado. Creo que me enredé. ¡Ah! Y el dulce de leche… fue bueno que estuviese allí.

—Adoro el dulce de leche.

—Veo que la repostería también.

—Ajá. También me fijo en cuan exigente es tu paladar y tu lengua—. Marco volvió a reír, a Gretchen le resultaba un tipo que para su edad y estatus político gozaba de ternura: sus distinguibles pecas favorecían ese pensamiento.

—Hablando de lengua… — relajó la sonrisa y entornó un poco sus ojos— dominas bien el inglés.

—Lo comencé a estudiar desde niña. Mamá también hablaba inglés así que fue en parte que ella me enseñó y estuve en cursos: inglés, italiano y español, todo de pequeña.

—¡Wao!

—Me gusta aprender idiomas. Hace dos años terminé uno de portugués. Quiero aprender ruso ahora—. Habló con una sonrisa sincera dibujada en sus labios.

—¿Me enseñarás?

—¿Qué?

—Ruso

—¡Ah! Tal vez.

—¿Entonces me puedes enseñar algo de francés? También me gusta aprender —. Bebió vino casi sin despegar su mirada de Gretchen, ella le extendió una risa estridente a lo que se tapó los labios con el dorso de la mano. «Delicada» pensó Marco, rememorando las palabras de Mikasa por teléfono: "Ella es delicada y muy dulce. Aunque no te fíes…" Marco la llamó por un poco de información, no demasiada.

Delicada le favorecía esa palabra como adjetivo; tenía hombros estrechos y delicados logrando apreciarlos por el escote de hombros caídos de su vestido entallado en un corte imperio, tenía piel blanca al parecer suave y delicada logrando apreciar todo cuanto podía observar desde la piel de sus dedos hasta la escondida debajo de su mentón.

Delicada creía que sí lo era. Ella destilaba esa palabra con cada parte de su cuerpo visible a sus ojos, con cada movimiento que hacía lleno de garbo cuando se recogía el mechón de cabello en la frente que se le escapaba del recogido bajo y también cuando empuñaba los cubiertos sobre el plato.

Marco creía que también era inteligente e interesante, de a poco descubrió que es autodidacta (claro también tomando cursos) también le dejó muy en claro que dominaba a plenitud los conocimientos en su carrera universitaria, la administración nunca fue de gran agrado de Marco pero ella se lo había explicado como algo súper relevante para la sociedad tanto como lo sería la política o la religión: todo cuando se escaparon de la fiesta en el matrimonio de Mikasa para caminar más cerca a la playa aún con tremendo frío.

—Oui— le respondió ella extendiéndole la mano en forma de saludo por encima de la mesa. —Salut! Je m'apelle Gretchen, et vous? —. Mantenía su boca ensanchada en una risa cordial mientras recibía la mano de Marco para estrecharla en un buen asentimiento.

Alrededor de ellos, las personas que observaban el acto, se mostraron un tanto perplejos sin poder comprender con exactitud lo que se desarrollaba en aquella atmósfera.

—Marco—. Solo atinó a decir sin estar completamente seguro si aquello era una presentación. Rieron como si a ambos les causase gran chiste los continuos fracasos de él para imitar la pronunciación correcta de aquel pequeño diálogo mientras compartían a la vez opiniones sobre el pastel de queso con arándanos que tenían como postre.

Una vez estaban en el vehículo de Marco rumbo a la mansión, como todo buen caballero de palabra debía cumplir en regresarla a la hora pactada quizá con un poco de antelación puesto que apenas pasaba de las nueve de la noche y aquello podría facilitar una plática un poco más mientras conducía sin apuro alguno.

Gretchen se hizo de la oportunidad que Marco le brindó para colocar música a su preferencia, giraba el botón despacio en busca de una emisora que estuviese transmitiendo baladas ya que pensaba sería más armónico mientras disfrutaba del camino.

«Chayanne», pensó ella al escuchar la voz del hombre y dejó de mover el botón y se percató de cómo su acompañante movía ligeramente la cabeza y sus ojos expresaban gusto por la escucha. De inmediato Marco ajustó la calefacción por lo cual Gretchen prefirió quitarse el abrigo y dejarlo en la parte trasera.

—Gracias por la invitación. Supongo debes tener muchas cosas también que hacer.

—Puede ser—. Respondió mirándola apenas unos segundos para regresar la vista al frente. El aroma a vainilla parecía condensado por el aire tibio que circundaba y lograba a ambos despojarlos de sus perfumes, creía firmemente ahora que ella olía en realidad a vaina de vainilla y no a esencia de vainilla. Sí, era demasiado amplio el aroma entre ambas comparaciones y él podía dar fiel argumento de ello. Bajó la velocidad al acercarse a unos vehículos que estaban parados por el semáforo en rojo. Volteó de nuevo a verla. — Me divertí aprendiendo un poco de francés hoy, no es algo que haga casi nunca.

—Tu me flattes beaucoup—. Le dijo echando su mano sobre el sitio donde nacen sus senos. Observó la expresión interrogativa que el hombre se manejaba siendo cambiada por una de sorpresa al escuchar la bocina del vehículo de atrás al querer avanzar.

—Eso tendré que aprender también—. Empuñó las manos en el volante y continuó manejando desviándose a una calle más desolada al no ser una avenida concurrida.

—Aún es temprano para ser sábado. ¿Qué harás luego?

—Una pequeña reunión con mis amigos me espera, los conoces: Jean, Sasha, Conny… y los demás.

—Suena interesante.

—Este año faltará Mikasa, aunque Eren y Armin ya llevan mucho tiempo viviendo lejos y bueno… todos estamos felices por ellos. En realidad pensaba invitarte a esto después de la cena, pero creo que debes cumplir con las reglas del señor Rivaille.

—No quiero.

—¿Eh?

—Que no quiero cumplir.

—Es normal. Sin embargo, creo que por ser la primera vez debes cumplir con eso.

Gretchen ladeó la cabeza hacia el lado de la ventana, intentando ver a través del vidrio oscuro sin dejar de pensar en su cumplimiento a la regla: a sus veintidós años no había experimentado alguna reunión como aquella dónde los amigos se reúnen y rueda un poco de licor. Sus abuelos le inculcaron que no debía frecuentar esas amistades y ella por no hallarle el gusto prefería emplear su tiempo en estudiar, evadiendo aun así algunas reuniones que había sido invitada en la hermandad a la que pertenecía: ciñéndose a cumplir obligaciones estrictamente académicas y lo que se relacione, como las ferias y eventos de gran importancia.

Aquello de adolescente, pero ahora que era una adulta joven pensaba que tal vez aún estaba a tiempo, sentía que quería experimentarlo por lo menos una vez y por supuesto cerciorarse de quienes estarían porque una característica suya era la desconfianza: por lo menos de quienes no conocía lo cual no ocurría con Marco o los demás amigos de Mikasa.

Pensando en su cometido a futuro y si Marco seguía frecuentándola quizá ocurriese. Quizá esperaría una oportunidad en que Mikasa estuviese de visita, sí, sería más seguro aun cuando conocía a ese círculo cerrado de amigos mencionados en la familia por años y a los que había saludado en alguna fiesta o situación circundante a Mikasa, como sus fiestas de cumpleaños.

Sí, esperaría y haría caso a la puntualización de Marco.

—Tu hermano dijo que no dormiría hasta que llegases, así que creo que es válido que cumplas—. Intentó bromear, ella lo miró casi como queriendo reírse de su elocuencia.

—¡Bien! Creo que igual yo veré alguna película con mi hermano ya que cada sábado lo hacemos ¡él es tan lindo! —. Alzó el índice derecho dándose un énfasis corporal hacia su plan—.Creo que esta noche he hablado mucho de mí.

—¿Qué sugieres? — Preguntó, desviando la vista hacia el vehículo a gran velocidad que pasó en el carril contiguo, ganó una gran distancia al frente y las luces traseras señalando que frenaba se encendieron.

—Podrías hablar un poco de ti. Mm… ¿Por qué ingresaste a la política?

—…— escuchó la pregunta pero no pudo articular la respuesta al ver hacia al frente cómo el vehículo empezaba a retroceder con una velocidad inquietante—. ¿Qué le sucede? — Murmuró Marco mientras bajaba la velocidad y se iba deteniendo al ver que el vehículo seguía en retroceso sin bajar su velocidad.

—Retrocede.

—Sí— Marco notó la perturbación en la voz de Gretchen. Siguió el consejo de ella.

Un segundo vehículo apareció por detrás, lo notaron cuando desde aquel vehículo encendieron las luces y pitaron largo y tendido: también se acercaba a una velocidad inquietante. En unos instantes ambos vehículos negros encerraron a Marco, a ese minuto supo que algo no andaba nada bien.

—¡¿Qué les sucede?! —Exclamó Gretchen aferrándose al cinturón de seguridad al momento que Marco frenaba a raya.

Se escuchó unos alaridos de hombres que bajaban del vehículo de enfrente: cuatro encapuchados sin oportunidad para distinguir algo en sus rostros y portando un arma en mano la cual apuntaron directamente hacia el parabrisas del carro de Marco.

—El botón de pánico —.Susurró Marco, espabilando para sí mismo dispuesto a buscar el botón de su lado cuando escuchó:

—¡Manos arriba! Muévete más y disparo.

Marco buscó la mano de Gretchen, la sujetó y la instó a que ambos alzaran las manos. Notó un poco de temblor en ella. Sintió sobre sí mismo el golpeteó de su corazón contra el tórax, la gota de sudor que se escurría por su frente como respuesta al miedo.

—¡Baja Bott!

—¡No! — Gretchen le apretó la mano cuando él intentó soltarla.

—¡Baja por las buenas Bott! ¡Lo lamentarás! ¡Sin movimientos misteriosos!

Marco soltó la mano de la mujer y dijo:

—Debo hablar con ellos y saber que quieren. Quédate aquí.

Apenas Marco bajó un sujeto apareció desde atrás y le embistió un fuerte golpe en el abdomen logrando doblegarlo y llevarlo con facilidad hasta el frente casi arrastrándolo.

Gretchen se tapó la boca con sus manos escondiendo un grito. Miró apenas alrededor: todo parecía desértico a esa hora de la noche.

—Que baje la señorita.

—Déjala— Con dificultad habló, sintió como poco a poco el aire volvía a circular en él. Se sujetó el estómago y trató de incorporarse cuando recibió un golpe en el rostro con la culata del fusil.

—Vigílala— Ordenó quien al parecer lideraba al grupo a uno que se encontraba justo frente a Gretchen, el hombre asintió y posó sus ojos en ella. —Bien Bott ¿Por dónde debo empezar? No seas estúpido —rió con sarcasmo y le propinó un golpe seco con el puño cerrado sobre el ojo. El hombre se agachó al nivel de Marco en el suelo y lo miró con burla marcada en su boca. — Bien sabes lo que estamos pidiéndote ¿Por qué se te hace tan difícil el aceptarlo? Mira a lo que el señor ha llegado a hacer por convencerte.

Marco observó a los tipos mofarse de él por no querer acceder a tal petición que figuraba más como una imposición. Se pasó los dedos por el labio, sangraba y dolía. Se levantó con dificultad y se cercioró del número total de hombres:cinco, uno de ellos tenía los ojos puestos en Gretchen.

—¡Esto es un delito! lo que ustedes y su grupo pretender hacer—. Exclamó lo más alto que pudo dando a entender su repudio.

—¡Muchachos! — su voz resonó, tres hombres se acercaron, uno de ellos inmovilizó a Marco agarrándolo por los brazos, intentaba zafarse sin éxito alguno cuando los demás comenzaron a golpearlo a puño limpio—No entiendes Bott…

¿Por qué toda la calle parecía tan vacía?

El sonido de una puerta abrirse y los tacones sobre la calzada hicieron que algunos volteasen a ver:

—¡Son unos cerdos! —exclamó enojada sin dejar de ver a todos los hombres, incluido el que ahora le apuntaba con el fusil. Apretó los puños al divisar a Marco golpeado. ¡Injusticia! — ¡Solo porque llevan armas y son algunos se creen que tienen derecho para actuar así!

—Vaya fiera—. Comentó con lascivia el tipo, recorriendo con los ojos los hombros de Gretchen.

Ella caminó decidida, los ojos irradiaban dureza y mal genio. Su puño, que estaba cerrado, se abrió dejando la palma libre y la arremetió contra la cara del tipo y de inmediato se abrió paso intentando llegar hasta Marco pero el hombre la agarró con firmeza del brazo haciéndola voltear a él.

—¡Suéltame! —. Apretó los dientes.

—Qué mujer tan osada eres—. Entrecerró los ojos, examinando mejor su escote.

Gretchen notó aquellos ojos en dónde los tenía posados, se sacudió violentamente al ver cómo el tipo osaba en querer tocarle el seno cuando se sintió jaloneada hacia atrás. Marco se interpuso ante ella tapándola con su cuerpo, lo observó desacomodarse el saco rodándolo por su espalda.

—Póntelo— le dijo, lo tomó y se lo colocó encerrándose en el calor de allí.

—Aparte de terco, mezquino.

Gretchen no se detuvo a pensar en cómo hizo Marco para zafarse del tipo que lo tenía agarrado puesto que una mano se escabulló al lado de él y la agarró de la muñeca intentando halarla pero Marco empezó a apretar hacia atrás.

—Déjala— apenas podía hablar, la respiración la tenía entrecortada—. Deja que se vaya.

—Yo creo que eso no se va a poder Bott—. Tronó los dedos y se alejó un poco.

Lo siguiente fue solo el sonido del fusil puesto en acción, la bala se instaló en el abdomen de Marco; el dolor sumamente agudo hizo que se desplomara en el suelo, escuchó como lejanos los gritos de Gretchen.

Lo último que recordaba antes de perder la consciencia en el pavimento fue ver cómo se llevaban a su acompañante, dos hombres tuvieron que alzarla en peso porque ella se oponía terriblemente a ingresar al vehículo negro y blindado.

Jean estaba camino a la casa de Marco con Sasha cuando fue notificado del estado de su amigo. Giró en U y se dirigió al hospital dónde sabía estaba Marco siendo trasladado para una pronta intervención. Después de un camino en silencio llegaron: el lugar se estaba llenando de camionetas con el logo de los distintos canales de televisión, CNN entre ellos, de donde bajaban camarógrafo y reporteros, alistaban los cables, el micrófono y se dirigían a las puertas del hospital en busca de información del Secretario de Estado.

Jean y Sasha bajaron y se escabulleron entre la multitud, ya podían escuchar las voces de los reporteros hablando sobre lo sucedido mientras que en las puertas del hospital se prohibía entrada alguna de la prensa.

—¡Jean! — Exclamó Reiner desde un metro de distancia en el pasillo—. Marco está ahora en cirugía, no sé qué tan grave es. Presenta golpes; signo de forcejeo.

—¿Asalto? —. Preguntó Sasha.

—Todas las pertenencias están completas; en el auto estaban las llaves, el teléfono y la billetera está completa con todas sus tarjetas. No podría ser un asalto lo que nos lleva a pensar que fue extorsión. Es lo que hasta ahora me comunicaron.

—¿Sabes si encontraron algo más en la escena? —. Preguntó Jean frotándose la barbilla.

—¿Marco estaba con alguien? —. Reiner entornó sus ojos en Jean.

—Él le dijo a Jean que iba a cenar con Gretchen, la prima de Mikasa, y de ahí iría a la reunión.

—¡Cierto! ¿Qué pasó con esa chica? ¿Dónde está?

—Hay un abrigo de mujer en la parte trasera, además de un teléfono que no es de Marco en la calzada, es como si se le hubiese caído y aparte está pisado.

—¡Demonios! Sasha llama a Mikasa.

—¡Eh! Seguro debe estar durmiendo en París.

—¡Inténtalo! Quizá la despiertes. Tiene que saber la familia lo que está pasando. Vamos Reiner, hay que investigar. Sasha quédate aquí, necesito que me mantengas al tanto de Marco.

La mujer castaña sacó su teléfono móvil y marcó el número de Mikasa sin éxito alguno. Volteó la mirada y ya aquellos hombres no estaban a la vista. Dio dos vueltas sobre sí misma, nerviosa, llamó de nuevo a Mikasa y al tercer timbre ella contestó, su voz se notaba agitada.

—¡Mikasa! Oye… siento despertarte. Hay algo que tienes que saber—. Se sobó el estómago, solo pensando en la comida que ahora se echaría a perder en la casa de Marco por todo lo sucedido.

Pasaron a su lado varios hombres enfundados de negro hablando presurosamente entre sí, entre ellos el asesor político de Marco.

Faltaba menos de once minutos para la diez de la noche y Hanji sentía los nervios titilar hasta en las uñas. Hacía pocos instantes que revisó su teléfono y tenía un mensaje de emergencia que provenía del teléfono de Gretchen, no lo había notado porque estaba jugando con Dave y el gato.

Llamó a Gretchen pero el teléfono estaba fuera de servicio, no tenía el número de Marco ni el de Jean para pedírselo. Estaba totalmente desconectada de lo que acontecía.

Alzó el teléfono fijo y marcó al 911 reportando el mensaje automático de emergencia de Gretchen, sin embargo no pudieron hacer demasiado por el momento.

La señora Clarisse ya se encontraba al tanto, al igual que Dave y el mayordomo. La tensión era cuantiosa cuando sonó el móvil de Hanji y ella casi temblando contestó la llamada.

—¿Mikasa? — susurró, luego alzó su voz de manera estrepitosa—. ¡¿Mikasa?!

Cálmate, sucede algo. Sasha me acaba de llamar y no es nada bueno. Marco fue atacado hace menos de una hora, y de Gretchen hasta ahora no saben nada. Está desaparecida. Jean asume que los agresores la tienen con ellos. Los murmullos de Eren llegaron hasta el oído de Hanji.

—¡Esto es terrible! — exclamó llevándose la palma de la mano a la frente. — ¿Qué debo hacer? Levi llamará pronto.

Miéntele. Hanji protestó. — Solo hasta que tengamos alguna noticia. Ten todos los teléfonos con sonido alto si acaso llegan a llamar los agresores.

—Mikasa, ¿Qué debo hacer?

Te mandaré el número de Jean, él ya tiene el tuyo ahora: apenas él sepa de algo serás a la primera en comunicárselo.

—Eso no me deja tranquila.

Es lo poco que podemos hacer por ahora. Jean está al mando de la investigación, voy a tratar de hacer algo desde aquí; mover contactos, tú sabes. Tranquilízate. Estaremos hablando.

La llamada finalizó y Hanji se quedó unos segundos con el teléfono pegado al oído casi temiendo en girar y ver la cara a las personas expectantes detrás de ella.

—Mamá, ¿pasa algo? —. La jaloneó del brazo, forzándola a que le respondiera. El silencio solo dio paso a la desesperación.

El teléfono fijo sonó, ya eran las diez.

—¿Hola? —. Hanji carraspeó casi como si se hubiese atorado con su saliva. — Diga…— Sabía que era Levi.

—Hanji… ¿Gretchen? — Su voz sonó pesada para la mujer—. Pásame con ella.

—¡Oh! ¡Ah! Gretchen jajaja bueno, ella ahora se está cambiando, acaba de llegar y está muy cansada ¡Muy cansada! que me ha pedido le prepare algo caliente. ¡Sí! Hasta luego Levi, podrás hablar con ella en la mañana. Buenas noches—. Azotó el teléfono contra la base, sintiéndose un poco mal al mentirle, ya no sabía si estaba medianamente bien.

Luego de ello explicó la situación a su hijo y los demás, claro hubo exaltación y preocupación.

Transcurrió una hora y media difícil, en la que al final Hanji decidió que debía hacer algo, no podía estar simplemente sentada en el sillón esperando una llamada, hasta había ignorado un mensaje de Levi que rezaba: "Dile a Gretchen que encienda su teléfono, por favor". Hanji se mordió las uñas y se levantó en busca de un vaso de agua antes de salir de la casa.

Su teléfono sonó, era Jean.

—¡Dios! ¡Iré enseguida! —. Exclamó alto gesticulando en el aire con la mano libre, su hijo la escuchó.

—Yo también voy mamá.

—No, te quedas aquí con la señora Clarisse. Cariño, no puedes ir conmigo—. Respondió guardando el teléfono en su bolsillo y dirigiéndose a la puerta, el señor Sebastián le extendió el abrigo—. Usted venga conmigo por favor—. Le dijo Hanji al hombre.

—¡Pero mamá! —. Protestó a espaldas de ella quien se giró y se le acercó un poco.

—Ella ya apareció, está bien el hospital. Cuando esté con ella te llamaré—. Le apretujó el rostro y besó su frente, notó como los ojos de Dave se abrían mesuradamente.

Se marcharon, ella decidió conducir ya que creía que el señor Sebastián era muy lento y también muy callado.

«Oh no… no» pensó Hanji cuando llegaron al hospital que estaba atestado por la prensa, no pasaría demasiado tiempo para que empiecen a transmitir la noticia, si es que acaso ya no lo habían hecho en vivo por lo cual Levi no tardaría en enterarse y sabría que de nuevo le ocultó algo.

Dejó el carro mal estacionado, se bajó y caminó presurosamente entre las personas, el señor Sebastián trataba de seguirle su paso. Cuando estuvo en la puerta, divisó la figura de una mujer joven.

—¡Por aquí! —. Exclamó Sasha casi gritándole por el ruido de la prensa, agitaba su mano en el aire.

—¡Sasha! — Hanji se acercó a la mujer castaña. — ¿Dónde está Gretchen? Dime por favor.

—Está siendo revisada por un médico, además tiene que rendir su versión de los hechos. La prensa está inquieta, aún no se ha hecho oficial ninguna noticia y esto parece un poco complicado a decir verdad.

Atravesaron el lobby y siguieron hasta el pasillo directo al ascensor.

—Pero… ¿Cómo tan pronto dieron con el paradero de ella?

—No lo sé, aún es información clasificada. Jean lo sabe pero no he podido hablar con él directamente. Solo sé que fue traída aquí por la policía, no hay más detalles.

—¿Y Marco?

—Aún está siendo intervenido, creo que la bala se alojó en el intestino.

Hanji hechó al aire un tremendo resoplido de cansancio cuando se detuvieron en la sala, a esperar a que el médico que estaba con Gretchen terminara la revisión. Hanji pensó en llamar a Levi y contarle la verdad cuando la puerta se abrió y de ella salió un hombre de cabellos grisáceos ya, les brindó una sonrisa para tranquilidad de los expectantes.

Se apresuró a caminar hacia el consultorio, el hombre le tendió una mano en el hombro y Hanji agradeció; dentro estaba Gretchen de espaldas a ella y terminando de colocarse el saco que creía era de Marco.

—¡Gretchen! —, exclamó Hanji, la encerró en sus brazos aún cuando no la había mirado. Sintió como la joven la tomaba de los antebrazos y dejaba caer su cabeza en el brazo de Hanji. — ¡Que susto! Llamaré a Dave está muy preocupado—. Dijo, su voz sonó muy fina, rayando la dulzura.

—Sí, quiero hablar con él—. Finalmente deshizo el abrazo con Hanji y se volteó a ella, enseguida captó la molestia de ella ante los golpes que tenía en su rostro. — Quiero hablar con mi hermano.

—¿Qué te han hecho? — Su voz manejaba un tono tétrico. Acercó sus dedos y acarició el labio que asumía estaba roto pero cubierto por una crema, a Hanji le dolió el pecho el seguir mirando; su pómulo derecho, la seña de un golpe que se estaba tornando morado por los vasos sanguíneos rotos debajo de la piel.

—A más de ésto—, señaló su rostro — aquí en los brazos… son unos salvajes—. Tenía señas de moretones por la fuerza con la que la habían apretado. — Nada más que eso. Hanji, ¿puedo hablar con mi padre?

—¡Eh! Claro… pues, yo le mentí él no sabe lo que está pasando pero seguro no demorará en saberlo así que mejor antes.

—¡Señorita Rivaille! — Se escuchó desde la puerta a un hombre que vestía traje negro—. Acompáñenos por favor, necesitamos testifique los hechos. Me presento: Soy Nac Tius asesor del Secretario Bott. Debo decirle que todo este asunto es un poco controversial y necesitamos de usted la mayor prudencia posible con su confidencial—. El hombre se acercó a ellas, aún manteniéndose un poco distante.

—Sí, ya lo entiendo señor Tius—. Le respondió, levantándose de la silla.

—Acompáñenos por favor—. El hombre hizo un ademán con la mano hacia la puerta, invitándola a salir.

—¿Me dirá cómo se encuentra él?—. Preguntó caminando a unos pasos detrás del hombre. Hanji la seguía a poca distancia.

—Claro.

Hanji se fue quedando un poco atrás para avisar al señor Sebastián de lo que harían. Sasha se encontraba a unos pasos más adelante hablando por teléfono.

—Sasha— llamó Hanji, quería despedirse—. Creo que nos retiramos, gracias por tu ayuda.

—De nada. Me quedaré aquí por Marco un poco más—. Le dijo tapando con la mano la bocina del teléfono, vio a Hanji irse y continuó su plática—: Deberías guardarme algunos bocadillos, no te los comas todos tú solo ¡Conny!

Te guardaré, entonces… con que Marco tenía una cita ¿eh? — a través de la bocina se podía denotar el timbre pícaro de la voz del hombre, quien estaba solo en la casa de Marco esperando a los invitados para una celebración que no pudo llevarse a cabo. — ¿Con quién?

—La prima de Mikasa.

¡¿Ah?! !?La francesa?!

Miró su reloj en la muñeca, todo apuntaba que pronto sería media noche. Estaban en la jefatura de policía, esperando a que Gretchen rindiera su versión de los hechos, además que ella argumentaba tenía notas importantes y de gran relevancia para la investigación.

Habían podido eludir con gran éxito a la prensa que estaba interesadísima por sacar respuestas a la mujer joven que acompañaba al reconocido político, además de que fueron reveladas un par de fotografías de ambos saliendo del restaurant en el que estuvieron esa noche.

No había notado miedo en Gretchen, más bien en sus ojos destilaba firmeza. Hanji creía que esa característica la hacía lucir como Levi. A breves rasgos le contó lo que sucedió cuando fue obligada a irse con los individuos: ella en el carro había dado algunos manotones a los individuos por repudiarlos y en respuesta había recibido bofetadas y un par de golpes fuertes que dañaron su labio inferior y el pómulo.

La amenazaron de muerte si contaba algo antes de dejarla botada en una calle desolada con una moneda para que pueda realizar una llamada. Pero Gretchen estaba haciendo exactamente todo por lo cual la amenazaron: testificando todo lo que escuchó.

Hanji sabía que Levi al enterarse enfurecería de manera descomunal, aunque no estaba segura de que podría llegar él a hacer ante lo que sufrió su hija. Era bien sabido para la mujer madura de cuanto repudio Levi tenía hacia la violencia física más específicamente en mujeres, él lo considerable abominable y perverso algo tan bajo.

Llamó a casa para tranquilizar a Dave, el pobrecillo aún no dormía por la angustia que sentía. Cuando descolgó la llamada con su hijo, marcó a Levi quien de inmediato atendió a su llamada.

Hanji…—escuchó su pesada voz contra el micrófono.

—Levi ahhh ¿tú has visto las noticias? —. Se rumió los labios inferiores con los dientes a la espera de una respuesta, escuchó un resoplido por parte de Levi en la línea.

No. No es necesario. Ya sé todo lo que sucedió. Y si me preguntas a éstas horas no veo el noticiero, solo leo el periódico por la mañana.

—Levi yo…

No Hanji. Mikasa ya me explicó todo. Te dijo que me mintieras porque ella así lo creyó mejor y no lo sé a decir verdad qué era lo mejor.

—Quizá debí decirte.

No importa ya. ¿Está Gretchen contigo? Quisiera hablar con ella.

—Aún se encuentra dando su declaración, no sé qué tiempo más tomará todo este asunto. ¿Te parece si ahora descansas y la llamas mañana?

No me parece, no puedo dormir. Hizo una pausa para exhalar aire fuertemente. — En camino se encuentran los miembros de una agencia de seguridad que acabo de contratar, ellos las escoltaran hasta cuándo sea necesario. Sin objeciones, es todo.

—Estás muy preocupado.

No te lo puedo negar. De nuevo surgió un breve silencio. — Gracias por preocuparte por mi hija, ahora que ella vive contigo supone otra responsabilidad para ti.

—Ay Levi… no le digas de esa manera… — Se apegó a su teléfono móvil aún más, seguía hablando con Levi con naturalidad después que a los niveles de tensión ya nos les asediaban tanto. Era increíble que volvieran a retomar una charla por teléfono después del corte tajante que él le dio a sus sentimientos, aquel suceso que logró en Hanji desbalancear la efímera quietud que se había formado que por meses llevaron ambos.

Aunque ahora no era el preciso momento de pensar en ellos, Hanji lo hacía casi de manera inconsciente. Se estaba atendiendo a ceñirse a la objeción de Levi de solo mantener comunicación por Dave, pero era Gretchen ahora también su conexión.

Hanji se levantó y caminó unos pasos hacia adelante aún con Levi en la línea, casi como si los dos estuviesen obligados a seguir hablando lo cual fue productivo hasta que Gretchen apareció acompañada de Nac.

—Es tu padre—. Hanji se acercó a ella y la rodeó con un brazo sobre el hombro y le acercó el teléfono al oído.

Nac se despidió con una seña en las manos y se marchó.

—Padre…— susurró y sostuvo el teléfono usando el hombro mientras se arreglaba un botón del saco. — Quiero preguntarte algo. Mm, cuando éstas personas supieron que tú eras mi padre y que el tío Kenny es tu pariente ellos simplemente me dejaron "libre". Pero estoy muy enojada, son personas horribles. Pero nada de eso dije en mis declaraciones.

¿Ah? ¿Kenny? Pues no lo sé, debería pregúntaselo a él. Lo haré si quieres. Pero dime: ¿Qué te hicieron?

—Mi cadena—. Se llevó los dedos hasta el lugar dónde debería estar. — Me la arrancaron, la cadena que me regalaste.

Tsk, tonterías. Puedo darte otras. Te pregunto si a ti no te hicieron algo.

Gretchen miró a Hanji y ésta le tendió su mano y la apretó. Parecía dubitativa en el teléfono ante la pregunta de Levi. Se mordió la uña del dedo índice que solo estaba cubierta por una ligera capa de barniz transparente y pensó una oración corta y calma para decir:

—No padre—. Era curioso el que Gretchen no tuviera temor alguno en abofetear al líder de la banda de malhechores o declarar todo lo que sabía, pero sí tenía temor de las reacciones de su padre al otro lado de la línea.

Levi estaba enervado de que le ocultaran ciertas cosas que ocurrían cuando no se encontraba en Nueva York, en razón de Hanji respecto a las recaídas de salud de Dave y ahora su hija se sumaba a todo ese embrollo que ellas comentaban era sin la intención alguna de hacerlo de lado.

Cómo lo es lógico Levi exigió fotografías de Gretchen dónde observó su labio roto, el pómulo que para el siguiente día se había tornado morado con el centro verdoso y los moretones en sus brazos. ¡Ah! Tremendo estallido en bramidos de ese hombre con Nifa cerca de él quien le facilitó una pelota anti estrés que logró estallar.

Levi no sabía contra quién primero saltarse en puños: si con Marco por invitarla a salir, aunque su parte racional apelaba a que él no tendría culpa, además de encontrarse en recuperación tras una intervención quirúrgica. Pero a la primera oportunidad que tuviera de tenerlo en frente suyo: le alzaría la barbilla hasta dónde pudiera para hacerle saber que era un inútil.

Eso pensaba él.

O, en segunda: con los desgranados de los cuales no sabría nada hasta cuándo Kenny se encargara ya que esa misma noche lo había llamado e informado de lo sucedido a lo que el hombre se mostró interesado y halagado de que su nombre resonaba fuerte aún en el bajo mundo.

Y que él se encargaría de hacerlo fulgurar.

Oi oi enano—. La voz de Kenny tras el auricular fue tal que podría fácilmente pasarse por un extorsionador— Tengo algo aquí que te podría interesar ¿quieres hablarle?

—No tengo tiempo que perder con estas tonterías. ¿Responde a las características que dio Gretchen?

No podría ser otro, de todos los que tengo aquí. Kenny ojeo se refilón a los hombres amaneatados y con una mordaza en la boca. — Éste encaja bien. ¡Hey rata! Tienes llamada que atender.

Se escuchó un murmullo del otro lado de la línea, Levi interpretó que sería el tipo aquel, y empezó a hablarle:

—Pedazo de mierda—. Hizo su tono de voz sumamente tétrico en dónde no escondía ni un milímetro su palpitante odio y aberración. — Escucha bien, espero no tengas tanta basura en los oídos: fue a mi hija a quien golpeaste. Espero tengas igual suficientes huevos para desafiar al tipo que está allá, a él tampoco le tiembla la mano para golpear, peor aún para apuñalar. Púdrete.

¿Qué quieres que haga con él? ¿Lo rajo del cuello?

—Tan solo no lo mates. Kenny. Mikasa está resentida contigo porque no fuiste a su boda—. Solo dijo y cerró la llamada.

Kenny se quedó un breve segundo escuchando el pitido de la llamada terminada, dejó el teléfono de lado y empuñó la daga hacia el hombre que le temblaban las cejas.

—Este enano malagradecido. Bueno, ¿en qué estábamos? No te rebanare el cuello a cambio debes enviarle este mensaje a Foster: "No me interesa en lo más mínimo lo que hagas con Bott pero por ahora mantente tranquilo. Tú sabrás que te conviene: si el puesto politiquero ese o tu pellejo". No lo voy a repetir.

—¿Demorarás?

—No— lo acercó a su cuerpo en un inopinado abrazo. — Ven conmigo, así no esperarás aquí—. Estrujó su nariz contra la de él y le pellizcó las mejillas a lo que sintió como su hermano delineaba con la yema del índice su pómulo golpeado que ahora lo llevaba empolvado en base de maquillaje.

—Esto me molesta mucho. Lo detesto. Si yo pudiera…

—¡Hey! Aún estás muy pequeño para que pienses en lo que creo que estás pensando—. Con su índice punzó varias veces el entrecejo de Dave, logrando con ello desvanecer el ápice de amargura que le amenazaba al menor en salir.

—Si yo pudiera los golpearía—. Completó la línea de su pensamiento irrumpido y arrugó la boca.

Ante aquella aseveración la mujer joven se mordió el labio inferior y su rostro se volvió un cono de algodón de azúcar ante lo que ella consideraba una muestra de protección que si bien era cierto; sonaba imposible y ridículo, permitía evaluar el amor a través de la intención.

—Me siento tan pro-te-gi-da— deletreó con un tono agudo de voz, visiblemente burlona y que Dave aún más se encandiló. — Y querida… por ti, mi hermanito tan pequeño y tan dulce—. Lo tenía aferrado con ambas manos en ese bello rostro de niño, la ternura que sentía era inmensa: tanta que la descargó con él robándole un tierno beso en los labios, apenas se los tocó con los suyos y se alejó de él para abrir la puerta del vehículo.

—¿Por qué me besas? — Dave rodó hasta la puerta abierta, su hermana se quedó parada ahí con una caja en las manos.

—Porque te quiero hermanito. ¿No es claro? — Se rió ante el rostro de él, no era la primera que lo hacía pero Dave parecía siempre sorprendido.

Lo dejó a él en el auto con el señor Sebastián quien ahora conducía acompañándolos a donde sea que fueran. Y atrás había un vehículo estacionado del cual se bajó un hombre por lo cual Gretchen se sintió perseguida por aquel alto sujeto pero no le molestaba para nada aquella seguridad que su padre le impuso puesto que ella también seguía un poco asustada. El hombre caminaba a unos pasos detrás de ella por todo aquel complejo hospitalario en el que estuvo tres días atrás, ahora respiraba casi con tranquilidad a plena luz del día.

Ya se había anunciado para la visita que realizaría por lo cual tocó la puerta de aquella habitación 104 no podía equivocarse, ésa era. Además de que era muy notorio de quien adentro se encontrase por los dos custodios a los lados de la puerta la cual se abrió y dejó entrever a Jean, el gran amigo de Marco y ex compañero de Mikasa.

—Iré por un café— había dicho Jean, la sonrisa de medio lado claustrada en su boca y la parsimonia al caminar.

Gretchen cerró la puerta detrás de sí, dejando al guardaespaldas fuera al cual le pidió esperase.

—Hola— escuchó a Marco hablar aún con un poco de dificultad, estaba recostado en la cama: un suero guindaba a su lado, además de un aparato en el cual se reflejaban sus signos vitales.

Gretchen avanzó unos pasos quedando cerca a la cama, no podía no dejar de verle el rostro apaleado y a su memoria le sobrevino la angustia que experimentó cuando no sabía que había sido de él después del disparo, lo peor que pensó fue que habría muerto por hemorragia.

Depositó la caja que llevaba consigo en la mesita pequeña al lado de Marco.

—Hola—, manoseó la tapa de la caja y devolvió la mirada al hombre en frente suyo: notó lo resecos que estaban sus labios—. ¿Cómo te encuentras? Ah… ¿Sabes? Creo que fue mi culpa que te dispararan. Si yo no hubiera sido una imprudente…

—No. Creo que ya querían hacerlo igualmente.

— ¿Cómo te encuentras?

—Espero que me den el alta esta semana. No me agradan los hospitales—. Gretchen rió ante aquella aseveración y él se reprimió ante el leve dolor en su herida que pendía a cicatrizar.

—Vaya… — fue interrumpida.

— Aún con maquillaje se nota—. Marco se llevó la mano a su pómulo indicándole a ella que la observaba en ese espacio pronunciado.

—Sí, desaparecerá. Mi familia está muy enojada por estos morados cuando lo más importante es que aún seguimos aquí—. Desvió su mirada de él y se concentró en los pies que se movían debajo de la sábana azulina.

—Tienes razón, además me pongo en la posición de tu familia: entonces, siento molestia—. Gretchen regresó su vista hacia él, notó el desagrado que se impregnaba en sus ojos el mirarle la cara. — Me preguntaste antes por qué ingresé a este mundo político.

—En efecto— ella se acercó aún más a la cama quedando muy cerca a Marco— Pero ahora me pegunto: ¿Por qué alguien está forzándote a abandonar tu cargo? ¿Sabes quién es?

Marco llevó su mirada hacia sus propias manos, visualizaba las tiras de esparadrapo que mantenía fijo el catéter a su vena metacarpiana.

—Cuando empecé a estudiar ciencias políticas solo me enfoqué en mi futuro trabajando en beneficio para las demás personas. No había otra cosa que quisiera hacer, en realidad sí quizá ser paracaidista en la fuerza aérea—. Ensanchó sus ojos miélenos ante el recuerdo de uno de sus objetivos. — Ahora siento que tomé la mejor decisión pero en este medio la corrupción es abundante como ahora lo ves, quieren que deje mi cargo libre; primero me enviaron una carta anónima, la cuál está en posesión de inteligencia no hace menos de unas tres semanas, ahora lo del sábado.

—¿Qué piensas hacer? Es grave—. Mantenía sus ojos entornados en él: lo observó apretujarse los labios entre sí y volvió a hablar:

—No pienso dejar mi puesto libre para quien sea que esté detrás de todo esto, si eso hace para tratar de conseguirlo: definitivamente no puede ser una persona de bien. No sé quién es o lo que busca llegando a éste puesto—. Marco estaba consciente de que existían quienes pensaban que él no estaba listo para un cargo tan importante como el ser el Secretario de Estado de los Estudios Unidos a una edad relativamente joven, pero que sin duda alguna él había ido escalando de una manera limpia y completamente entregado a todo por su trabajo que se creía estaba en posición para asumir su responsabilidad.

A sus ojos le llegó la impresión ligerísima de que Gretchen estaba demostrando una disimulada sonrisa: algo que él tomó como satisfacción por parte de ella.

—Valiente—. Salió de sus labios a la vez que enarcaba una ceja, aquella declaración evidentemente le caló información del sistema de valores que él manejaba.

Una sonrisa nerviosa se dibujó en el rostro de Marco quien ahora se distraía en la caja que ella había puesto en la mesa; deshacía el lazo y levantaba la tapa.

—¿Qué es?

—Lo preparé ayer, si no vine antes fue porque mi padre me prohibió salir— dijo sin despegar la mirada del fondant—. Creo que ahora solo podrás verlo, no quiero que interfiera con tu dieta. Además en esta cajita se conservará bien.

Grerchen alzó el pastel de quince centímetros de diámetro, aquel propio del que hablaron el sábado y que fue el que facilitó que ahora hablasen. El fondant solo tenía encima una rosa natural entallada en el pastel con papel aluminio en el tallo, muy simple que resultaba extremadamente delicioso al igual que el aroma de la pasta dulce se entremezclaba con la vainilla no tan dulcísima que expedía Gretchen como aroma en el instante.

—Lo guardaré bien—. Fue lo que le dijo, sus ojos estaban envueltos en caramelo y deseo de probar.

Caramelo.

Al final Gretchen dedujo lo siguiente: era mentira que ella preparase el "mejor" pastel de novia, la verdad sin embargo, era distinta para Marco, para él sí lo era en términos indiscutibles al igual que su aroma a vaina de vainilla, aquella que no le molestaba la nariz y que hacía respirase a gusto, o eso él creía.

—¿Friends o Full House? — quiso saber Gretchen, antes de despedirse: un acto tan superfluo en el arte de conocer a una persona antes de internarse en temas de mayor complejidad.

!Muchas gracias a todos quienes leen esta historia!

Publicado: 27/06/2020