Era diciembre y quedaba solo una semana para las vacaciones de Navidad. Hermione quería ir a desearle felices fiestas a Hagrid, hacía más de un mes que no se veían. Él temía el colegio por cruzarse con Bellatrix y ella recordaba con terror lo que sucedió la última vez que lo visitó. Sabía que Greyback estaba muerto y ya no se podía colar ningún hombre-lobo... Y desde luego una vez la habían pillado desprevenida, no iban a ser dos. Pero seguía sintiendo reparos de acercarse al Bosque Prohibido.

Aunque era pronto por la tarde y había luz, si se retrasaba caería la noche y nada bueno sucedía de noche. Deseó que estuvieran sus amigos, con ellos siempre se sentía más fuerte. Aún así, salió del edificio y echó a andar. Solo dio tres pasos, le angustiaba alejarse del amparo del castillo. Llevaba dos semanas de intentos. Estaba a punto de posponerlo de nuevo, cuando alguien murmuró:

-¿Dando un paseo, monito? Hace muy buen día.

De nuevo la gryffindor no estuvo de acuerdo con su valoración: niebla y más niebla. Pero en lugar de volver a ese debate le preguntó a dónde iba. Le contó que necesitaba un ingrediente del Bosque Prohibido. Hermione la notó más alegre de lo habitual y le preguntó a qué se debía. Bellatrix le contó que por fin había terminado con el castigo de vigilar el aula de detención.

-Además he acumulado un montón de redacciones maravillosas con temas cómo "Por qué Madame Black sería mejor directora que McGonagall" y "Elogio a la inefable belleza de la lugarteniente de Voldemort". Hice un concurso y a los que más me han gustado les he regalado fotos mías dedicadas y un vale de cincuenta galeones para que compren lo que quieran en Hogsmeade. Varios me han pedido que les cambiara el dinero por más fotos.

Hermione sacudió la cabeza y le preguntó si lo sabía la directora.

-Oh, ¡claro que lo sabe! Le he enviado copias de cada redacción a diario. Sospeché que las haría desaparecer, así que utilicé un hechizo fijador permanente y ahora las tiene colgadas en su despacho quiera o no -confesó encantada-. Me estoy teniendo que esforzar para no cogerles cariño a esos cachorritos...

-Tu sobrino se pondrá celoso.

-Bah le tengo cariño a Draco, pero el cobarde de su padre y la sensiblera de su madre no son buena influencia para él. Ha perdido mucho desde que no vivo con ellos.

-¿No irás entonces a pasar las Navidades con ellos? -inquirió la chica- ¿O es que McGonagall no te deja salir?

-Me deja siempre que "un adulto cuerdo y responsable" se haga responsable de mí. Como si fuese una cría de cinco años... Pero no, no iré a la Mansión Malfoy. Estoy muy bien ahora que la gente no sabe qué ha sido de mí y las fiestas de Cissy estropearían mi paz.

Hermione no se atrevió a preguntarle qué iba a hacer entonces. Le dio pena pensar que probablemente pasaría las Navidades sola en el castillo. La bruja oscura le preguntó por sus planes:

-¿Tú qué? ¿Tu apuesto y distinguido novio te llevará a algún sitio?

-Sí. Bueno, no. Me quedaré con Ron y su familia en la Madriguera, son como mi familia ahora.

Su compañera comentó que ella preferiría tener una familia de escregutos. Hermione iba a echarle la bronca por su falta de sensibilidad cuando la bruja le preguntó que a dónde iba. La castaña la miró confundida y Bellatrix le señaló la cabaña de Hagrid que casi habían dejado atrás. La sensación de seguridad que le infundía la duelista unido a lo absurdo y envolvente de sus conversaciones la había distraído de la realidad. Había andado sin darse cuenta y había llegado a su destino olvidando por completo sus temores. No obstante, echó un vistazo al Bosque Prohibido y sintió un aguijoneo de espanto. La morena ya le había dado la espalda y caminaba hacia la entrada.

-¡Bellatrix! -la llamó sin poder evitarlo.

La aludida se giró ladeando la cabeza en su gesto interrogativo.

-¿Te importaría esperarme? Voy a estar muy poco, solo saludar a Hagrid. Me da un poco de cosa volver sola y...

-Eh... -respondió ella dudosa- Bueno, vale. Estaré por aquí para que nadie ataque a mi monito.

Hermione no protestó por el apelativo, le pareció un milagro que aceptara y le dio las gracias. Se apresuró a entrar en la cabaña de su amigo. El semigigante se alegró mucho de verla. Ella obvió el dato de que su temida enemiga la había acompañado y estaba a pocos metros. Aunque su intención era estar poco rato, hacía tanto que no se veían que Hagrid insistió en que merendara uno de sus pasteles y le pusiera al día de todo lo acaecido en la escuela. La chica lo hizo con gusto y cuando se dio cuenta pasaban de las siete.

Comprobó por las ventanas que había anochecido y maldijo en voz alta. Bellatrix se habría ido sin esperarla. O peor: la estaría esperando muy cabreada por hacerla perder tanto tiempo. Se despidió al instante de su amigo y salió a toda prisa. Miró a su alrededor y no vio a nadie. Hasta que al poco distinguió a Bellatrix tumbada en la hierba. Ese día no había nevado y el suelo estaba seco, aún así hacía un frío notable. Se acercó a ella y le preguntó qué hacía.

-Tomar el sol -respondió la slytherin levantándose.

-Aún a riesgo de que me insultes por destacar lo evidente, no hace sol, Bellatrix. Solo oscuridad, frío y niebla.

-Cogí la costumbre en Azkaban. Al cerebro le cuesta mucho distinguir la realidad de la ficción, así que el mío está seguro de que hace sol. Venga, te acompaño un tramo al castillo y luego vuelvo al Bosque.

-¿No has ido en este rato? -preguntó la chica sintiéndose culpable por retrasarla.

-No, me has dicho que tardarías poco y el ingrediente que busco es bastante raro, hay que adentrase para encontrarlo.

-Te acompaño entonces, no quiero que tengas que hacer dos viajes -aseguró la chica.

Bellatrix frunció el ceño y le preguntó si estaba segura. Hermione asintió. No iba a dejar que sus miedos la vencieran, era una gryffindor. Y además no creía que hubiese nada en el Bosque que diera más miedo que la mortífaga. Así que entraron las dos. La castaña sacó su varita dispuesta a no bajarla en ningún momento, mejor prevenir. Para evitar pensar en otras cosas, empezó a contarle tonterías de sus clases y la bruja oscura la escuchó distraída.

Cuando llevaban veinte minutos andando, tuvo la impresión de que la slytherin no tenía claro a dónde iban: de vez en cuando se paraba en algún árbol o se agachaba en el suelo y murmuraba "revelio". En ningún momento sucedió nada. Las plantas y hongos que creían en el Bosque Prohibido eran extremadamente difíciles de localizar. Además resultaba fácil perderse y todos los caminos parecían igual de siniestros.

-¿Estamos muy lejos? ¿Dónde crece exactamente ese ingrediente?

-No creo que estemos muy lejos... -murmuró oteando el panorama- El problema con este ingrediente es que se mueve y es bastante escurridizo.

-Eso es absurdo. No hay ninguna planta que se mueva, como mucho el hongo saltarín, pero aún así no...

-¿No oyes algo? -inquirió la bruja mirando a su alrededor.

-No, aquí no... -empezó a responder la joven- ¡BELLATRIX, CUIDADO!

De un intrincado árbol había descendido a toda velocidad una acromántula descomunal que se abalanzó sobre ellas. En un acto reflejo, Hermione apartó a Bellatrix de un empujón y cayó sobre ella. La bestia falló en su primera embestida. Cuando volvió a intentarlo, la chica alzó su varita y gritó: "¡Arania exumai!". Una potente luz blanca emergió y golpeó al animal que salió disparado a muchos metros de distancia. Suspiró aliviada. Se giró con cierta vergüenza al comprobar que la mortífaga seguía debajo de ella mirándola sorprendida. Hermione se separó ruborizada y le preguntó si estaba bien. La morena asintió lentamente sin dejar de mirarla.

-Eso hubiera sido... desagradable -murmuró la bruja oscura-. Así que... bien hecho, monito.

-¿Crees que podrías llamarme Hermione? -preguntó contemplándola.

-No lo creo. Una cosa es que acabes de salvarme y estemos las dos tumbadas en el suelo mirándonos a la luz de la luna... Y otra muy distinta llamarte por tu nombre. ¿No te gusta monito?

-Sí me gusta -reconoció la chica- Pero mis amigos... la gente me llama Hermione.

-Yo no soy como el resto de la gente, monito -susurró la bruja mirándola a los ojos.

La joven asintió nerviosa. Los seductores labios rojo oscuro de Bellatrix estaban muy cerca de los suyos. Y parecían tan apetecibles... Por la forma en que la miraba su compañera, sospechó que estaba pensado lo mismo. La morena escrutó su rostro con detenimiento y comentó:

-Hay algo que me gustaría hacer, pero no sé si a ti te parecerá bien.

-Pru... prueba... -respondió Hermione nerviosa.

La bruja oscura asintió.