Nos cedamus amore

Días después del paseo y de la advertencia que les dio Shmi, los tres reyes se dieron a la tarea de planear su ataque para impresionar a Roma, pero debían tener sumo cuidado ya que si ganaban con facilidad, podían darle el gusto a Palpatine de demostrar quiénes eran en realidad y eso no podía suceder.

- Genial – se quejó Caspio después de tres horas de entrenamiento con sus dos adversarios – nada más llegamos aquí desde hace cerca de tres meses o más tal vez y lo primero que tenemos que hacer es adentrarnos a un matadero por capricho del emperador para ver si no somos quienes el piensa que somos.

- Bueno señores, tanto ustedes como yo, sabíamos cuales serían los riesgos de venir hasta acá para darle libertad a nuestros pueblos – les dijo con la respiración entrecortada después del enorme esfuerzo que hacía al entrenar con sus aliados – Palpatine ya tiene años de experiencia engañando a la gente y además, se ha enfrentado a cientos de miles de traidores durante estos quince años desde que entro al poder – dijo bloqueando otro ataque de Pietro con su escudo – el hecho de que sospeche de nosotros es algo normal que no debemos pasar por alto, si le damos la más mínima sospecha de quienes somos en realidad, nuestro plan se vendrá abajo y lo saben – tres minutos después el trío de guerreros terminó separado de cada uno y respiraban con dificultad – ok, suficiente...si tienen algo que decir de una vez díganlo, porque no habrá otra oportunidad – les llamó la atención enojada, cansada de ver sus caras de incomodidad y de fastidio.

- ¿De qué hablas? – le preguntó Pietro sin verla a la cara, guardando sus armas y escudo en la roca que estaba atrás de él, Caspio estaba en el mismo plan a lo que Marina giró sus ojos, arrojó sus armas al piso y gruñó indignada.

- ¡Por el amor a los dioses, pareciera que tengo que soportar a niños! ¿Acaso he hecho algo que los moleste? ¡Díganme! Porque llevamos cerca de todo un día que los veo con sus expresiones de fastidio y cada vez que yo digo algo, es como si no existiera o si les molestara lo que digo – se cruzó de brazos, esperando el primer golpe de parte de alguno de ellos, pero ninguno habló, lo que le colmó la paciencia; afortunadamente, los tres se encontraban en el campo de entrenamiento donde su gente y los otros aliados germanos estaban entrenando, por hoy tuvieron los tres el área libre porque el resto se dirigió a las montañas a continuar con sus ejercicios de camuflaje y vigilancia, para que cuando llegara el día, pudieran distraer a los guardias lo más posible y que no descubrieran su plan, lo que les daba total libertad de expresarse a su gusto y sobre todo, de entrenar a su manera para evitar que alguien de la ludus los descubriera, pero ahora le servía a Marina para desahogarse de su ira y decidió retirarse - ¡BIEN! Si no van a hablar, entonces me regreso al palacio, tengo mejores cosas que hacer que intentar entender a dos niños que no quieren decirme qué pasa – se dirigió molesta a su caballo con su vestido en mano, pero la voz de Pietro la detuvo.

- Es todo – empezó apretando sus ojos, pero como no explicó más, Marina sólo se quedó detenida a mitad de su trayecto.

- ¿Es todo qué, Pietro? – preguntó frustrada, además de tener que aguantar a muchos de sus fieles que muchas veces dudan de su liderazgo, como para intentar adivinar lo que ambos hombres alfa intentaban decirle.

- La frustración de ver a nuestra gente sufrir, el tener que aguantar a Palpatine un día más, el ahora tener que presentarnos como gladiadores dentro del circo romano, como si fuéramos sus prisioneros, para que al final terminemos siendo realmente prisioneros – luego dio un respiro, para concentrarse otra vez, el rey Pietro, a pesar de ser un gran rey y bastante paciente con su gente, era conocido también por su temperamento y falta de paciencia en cuestiones personales o cuando hay problemas graves dentro su pueblo o de su familia – lo peor del caso, es que pueden suceder dos cosas, que nos descubra dentro de su espectáculo y nos obligue a firmar su tratado o que tengamos que morir para evitar que él y sus soldados nos maten, lo que nos deja en el mismo lugar – exhaló molesto, pero al menos logró descargar lo que estaba pensando.

- Sé que lo que decimos es muy egoísta, Marina – intercedió Caspio – pero considera que no sólo estamos luchando por nuestro pueblo, sino por nuestras familias y que sé que tú estás sola en estos momentos, no tienes a nadie por quien velar más que a tu reino, pero piensa que nosotros tenemos familia a la cual cuidar y que si algo pasara en ese momento no sólo el reino está en juego, sino la vida de nuestras familias que están justo aquí – eso fue la gota que derramó el vaso de Marina, quien los miró con ojos en forma de dagas, mientras hablaban los otros.

- Dejen los detengo ahí un momento, caballeros – interrumpió Marina de forma abrupta, haciendo caer en la cuenta a ambos jóvenes que lo que dijeron hizo enojar todavía más a su joven compañera - ¿acaso insinúan que sólo por el hecho de que no tengo una familia a la qué mantener, significa que estoy descuidando a toda mi gente y a la misión? – les preguntó entredientes, haciendo que ambos hombres se quedaran sin habla, nerviosos y cuidadosos de lo que siguiente que pudieran decir.

- Este...no...no fue así como lo dije – intentó reparar su error Caspio, pero sabía que si seguía hablando tal vez empeoraría más las cosas – mi intención fue que...fue...fue que...creo que estamos esperando demasiado tiempo para atacar – Marina giró los ojos de nuevo y bufó frustrada, esto ya lo habían discutido varias veces antes de zarpar a Roma, no entendía ¿cómo es que les había olvidado tan pronto?

- Bueno ya basta, Caspio – gritó Pietro – vamos a hablar directamente con ella – la voz del rey siciliano sonó más brusca de lo que pensaba – ya no quiero esperar más de la cuenta, me preocupa la seguridad de mis hermanos, ya perdí a mi hermana hace quince años, no quiero perder a nadie más y cada vez que intentamos acelerar las cosas, siempre terminas convenciéndonos de que debemos esperar y que no es lo que los dioses quieren... – se expresó de forma cortante y aunque le pesaba aceptarlo, Caspio también concluyó en lo mismo, ya sentía que debían actuar.

- ¿En serio? Después de todo lo que ha pasado creen que la mejor es adelantarnos a la lucha como lo llevan haciendo desde hace 15 años – les respondió con fastidio, la vez que los citó en la cueva de Sicilia donde actualmente se encontraban ambos reyes, se la pasó cerca de dos días intentando convencerlos de cambiar de opinión con respecto a sus luchas sin sentido – realmente yo entiendo la desesperación que ustedes tienen por acabar a Palpatine y liberar a sus países y familias de sus garras, pero como les dije hace meses señores, los dioses fueron los que dieron la orden de esperar y sobre todo, les dije que debíamos ser pacientes, los dioses no se equivocan jamás y si ellos dicen que tenemos que esperar un año más para poder derrotar a Roma entonces eso es lo que va a suceder.

- ¿Y si en esto se equivocan, Marina? – le refutó Caspio, quien tenía un nudo en la garganta con todo esto, ella era la que los había metido en esto y hasta ahora, han logrado llegar más lejos de lo que hubieran hecho en todo, pero con la presión que se les acaba de presentar sus tácticas de pelea dentro del circo romano donde debían demostrar poder vencer a los gladiadores romanos sin darse a conocer, era casi una tarea imposible - ¿Qué podemos esperar de esto si en medio combate nos terminan acabando antes de siquiera poder empezar? – le gritó dispuesto a hacerle entender su punto.

- Eso no va a pasar – contestó segura de lo que decía, una de las cosas que distinguían a la reina de Nápoles, era su fe incondicional que le tenía a sus dioses, gracias a ellos ha logrado sobrevivir después de la muerte de sus padres y a la invasión de su país – los dioses nos trajeron aquí por una razón, la cual es derrotar a Roma, pero para ello debemos seguir sus indicaciones, todo hombre que intente someter su voluntad contra los dioses, siempre terminará perdiendo contra la de los dioses, porque ellos saben porque hacen las cosas – les fue diciendo mientras se expresaba con furia – antes de aliarnos ¿cuántas veces ustedes y sus hombres habían logrado tan siquiera pasar las costas de Roma? – les preguntó deliberadamente, sabiendo claramente la respuesta.

- Sólo tres veces – le respondió Pietro algo avergonzado – pero a pesar de eso, al menos nuestros hombres sabían que estábamos haciendo algo por ellos, no que tuvieron que esperar años para ver que sí logramos ir a rescatarlos.

- Bueno, si ustedes consideran que entrenar a nuestra gente, ser espías dentro de las paredes del Imperio y ocultar a los enemigos de Roma para juntar armas y planear todo un ejército en contra de Palpatine y su ejército, no es hacer algo...entonces veo porque diablos nunca lograron pasar de los límites – eso fue un golpe duro para todos, pero en este punto a Marina ya le valía lo que ambos estaban sintiendo, porque estaba cansada, frustrada, estresada y mil más emociones que estaban rodeando su cabeza – y ¿saben qué? Si ustedes consideran que lo que estoy diciendo no sirve de nada, entonces...adelante – dijo subiéndose a su caballo gris – ustedes son los macho alfa de cada uno de sus pueblos, ustedes dicen haber logrado algo más que yo no pude durante estos quince años, entonces sigan haciéndolo, al menos ya los adentré a la capital del mismo Imperio...sólo espero no se arrepientan de lo que van a hacer – se fue sin voltear una segunda vez a verlos, dejando al par de reyes con diferentes emociones por su cuenta. Ella regresó sola al palacio, pero antes de eso, paso a una casa para cambiarse de ropa y arreglarse lo más posible para que la gente no pensara a dónde fue y sobre todo, que los soldados no empezaran a sospechar de sus salidas a campo abierto; cuando entro al palacio por uno de los pasajes ocultos, ella pudo desquitarse a su gusto, ya que ni siquiera la mayoría de los soldados sabía de la existencia de este pasillo – después de varios meses aquí, no puedo creer que aún tengan la necesidad de que querer atacar al palacio tan de pronto...se los expliqué una y mil veces en todo este tiempo y estaba segura de que estábamos todos de acuerdo, pero supongo que no puedo forzar mi opinión en su cabeza...además, es cierto que ambos están presionados por la nueva noticia que Shmi nos dio hace unos días, pero eso no quiere decir que deban acusarme de que no me importa lo que nos llegue a pasar si nos descubren en el circo – durante todo el trayecto hacia su habitación, estuvo hablando consigo misma sin que la descubrieran, fue hasta que salió del corredor secreto que puso más atención y se sorprendió que ya estaba empezando a anocher – (el día se fue más rápido de lo que pensé, el estar enojada hace que pierdas el sentido de lo que haces) – en eso, escuchó unos murmullos dentro de las paredes del palacio y decidió mantenerse en silencio para intentar comprender de donde venía el sonido o si era parte de su imaginación.

- Clovis, no seas tan atrevido – logró captar la voz de un hombre y el nombre del príncipe heredero, pero lo que se le hizo curioso y raro, era que la voz le hablaba al mencionado en un tono seductor o ¿divertido?

- No te hagas tan del rogar – ahora escuchó la voz del príncipe de la misma manera que el anterior y eso la intrigó a seguir el sonido de ambas voces, cuando llegó al origen ella se escondió detrás de una pared pero lo que vio, fue algo que hubiera deseado borrar de su memoria por el resto de su vida – tú sabes bien que eres el hombre de mi corazón – una persona del imperio romano diría ¿¡PERO QUÉ DEMONIOS!? Pero, Marina era una dama y lo peor del caso, es que a pesar de haberlo visto y de ser una noble e invitada del emperador, necesitaría más pruebas en contra del príncipe para destrozar poco a poco al emperador, pero de repente...la imagen cambió bruscamente a que ambos hombres se besaron en vivo y en directo de la reina de Nápoles y por más que ella estuviera divertida de lo que veía, su mente no estaba del todo preparada para la horripilante imagen de dos hombres besándose, ella no estaba en contra del amor homosexual, ella respetaba los gustos de cada quién, pero el estar aislada de su gente durante muchos años y más aún ver a su mayor enemigo besarse con alguien del mismo sexo, no era una imagen agradable que le hubiera gustado recordar.

- (Por lo menos, no estaban en pleno acto sexual) – ella tembló del asco que le hubiera dado el tener que presenciar una escena de esa magnitud, pero en eso, se le ocurrió una idea muy brillante...volvió a ver a la pareja "amorosa y sensual" porque estaban llegando al punto en que la pasión daba lugar a otro tipo de muestras de amor, lo que le daba ventaja para retirarse y tratar de no vomitar en el proceso – se me acaba de ocurrir una gran idea – habló en susurros, para evitar que los guardias o cualquier persona en el palacio la escuchara y entonces, decidió ir a su habitación para planificar todo lo que había sucedido en estas horas – de acuerdo, Padmé fue obligada a casarse con Clovis hace quince años ¿no? – se fue formulando ideas mientras caminaba en su baño, para evitar que la escucharan de afuera – Y por lo que entiendo es que Padmé no ha logrado dar a luz un heredero durante estos quince años, al menos eso es lo que se ha escuchado durante todo este tiempo en que hemos estado aquí y mis guardias trajeron la noticia desde hace años, pero el estar aquí confirmé las sospechas; pero ahora puedo entender un poco más el desarrollo de la historia – su sonrisa se volvió un poco más pícola, sabiendo que esto podría venir en favor de todos – por lo que veo, Clovis es a lo mejor, el factor faltante que impide la creación de un heredero...es decir, él es el infertil en lugar de la princesa Padmé, porque no creo que después de tantos años, una jovencita como ella hubiera sido infértil desde el inicio.

Caminó por al menos quince minutos sin descansar alrededor de su baño, sus aliados no habían llegado a ninguna de sus habitaciones, lo cual le garantizaba tiempo para pensar en todo lo que había visto, dicho y hecho; lo que le llevó a la conclusión de que posiblemente también ella se había vuelto insensible con respecto a las preocupaciones de su gente y aliados, pero ella sabía que los dioses eran sabios y que no le hubieran dado esas instrucciones si no supieran lo que hacían, pero regresando al tema en cuestión, Marina sabía muy bien que ahora necesitaba tiempo para tranquilizarse y analizar lo que estaba pasando, el hecho de ver que el príncipe fuera infiel con otra mujer, no hubiera sido suficiente prueba para demostrar la incompetencia del mismo hacia su linaje real...ya que las mujeres en todo el mundo, no tienen derecho a ser infieles a sus esposos, pero los hombres...ellos pueden tener las mujeres que quieran, incluso concubinas...sin embargo, un hombre no puede ser visto coqueteando con otro hombre, ya que sería visto como una infamia así como si se tratara de una mujer embarazada fuera del matrimonio.

- Al menos así, tenemos un arma en contra del susodicho príncipe para garantizar que dejé en paz a la princesa y que si se atreve a denunciar, si llegara el caso, la infidelidad de Padmé con Anakin, ellos estarían más que felices de denunciar su amorío homosexual en frente de toda Roma y de su padre, lo que haría que ambos quedaran mal...lo único que faltaría, sería encontrar pruebas de que Palpatine asesinó a Valorum y así no tendrá ninguna persona que lo apoye en cualquier otra cosa – en eso, escuchó la puerta a su habitación y decidió salir de ahí para evitar que la cacharan – adelante – dio permiso de entrar a su habitación.

- Alegra, ¿puedo pasar? – la joven princesa Lucinda preguntó antes de pasar bien al aula, lo que hizo sonreír a la napolitana.

- Claro Lucinda, tú puedes pasar cuando gustes, sólo con cuidado de que nadie nos esté vigilando – le respondió cansada, pero tampoco quería meter en tantos líos a su hermano y cuñado - ¿sucede algo, Lu? – la invitó a sentarse en uno de los sillones de piel de la sala.

- Pues digamos que la princesa a estado algo extraña últimamente – ese comentario le hizo extrañeza a Marina, sólo esperaba que no se hubiera embarazado tan pronto de Anakin – no está embarazada eso es algo seguro – habló Lucinda antes de que Marina pudiera preguntar, como si hubiera leído su mente – pero además del hecho de tener que ocultar su amorío con un soldado romano, creo que ella sabe algo que la tiene muy nerviosa con respecto a su esposo...o al menos, eso es lo que yo creo – le continuó explicando la joven siciliana.

- ¿Qué clase de información, Lucinda? – preguntó ansiosa, ¿será que Padmé ya habrá descubierto el amorío de su esposo?

- Creo que el príncipe Clovis quiere destruír a algunos aliados del imperio – eso sobresaltó a Marina, quien se sentó a la orilla del sillón – no estoy cien por ciento segura, pero creo que la princesa escuchó una conversación de Clovis con uno de sus generales que apoyan sólo al príncipe, que aunque no se ve un hombre tan corrupto, pero creo que Clovis es más astuto incluso que su padre – Marina asintió con la cabeza, tratando de asimilar cada gramo de información – tal parece que incluso es más peligroso que él, si Palpatine fue capaz de asesinar al emperador antes de él, habiendo sido un miembro importante de la Curia, creo que su hijo es incluso peor, por querer asesinar a su propio padre y obligar a Padmé a ser su esposa.

- Lo peor del caso, es que si Padmé sigue sin darle un heredero pronto, Clovis puede tomar la decisión de matarla por no cumplir con sus deberes de esposa – Lucinda asintió con ella, pero Marina suponía también que sentía desprecio por ese hombre – pero yo creo que no es Padmé la que es incapaz de producir un hijo – Lucinda se le quedó viendo confundida por su declaración.

- ¿A qué te refieres, Marina? – habló en voz baja, durante todo este tiempo estuvieron hablando discretamente, para evitar que los oídos en las paredes pudieran entenderlas - ¿Cómo puedes estar tan segura de que ella no es ya sabes qué? – la vio intrigada.

- Digamos que...hace una media fui testigo de un evento bastante interesante como escalofriante al mismo tiempo – Marina le platicó todo lo que vio durante ese tiempo que estuvo en los pasillos secretos del palacio y ella también puso cara de naúsea cuando se entero del beso apasionado que ambos caballeros se dieron.

- ¡OH POR LOS DIOSES! Creo que esto es una imagen que no podré quitarme durante mucho tiempo – Marina asintió con ella tratando de borrar de su mente el momento espantoso que tuvo que presenciar – pero regresando a los asuntos importantes ¿cómo sigue el entrenamiento entre ustedes? – en cuanto Lucinda depositó la pregunta, Marina regresó a su cara de seriedad haciendo caer en la cuenta de que algo había pasado entre estos tres y como conocía a su hermano, sabía perfectamente que Pietro podía sobreexagerar las cosas y lo peor del caso que también puede crear pleitos donde no los hay – dime algo, ¿Pietro y Caspio te hicieron enojar?

- No es sólo eso, Lu, entiendo que hemos esperado mucho tiempo por intentar "atacar" y tú más que nadie lo sabe – Lucinda asintió y empezaba a comprender el problema – pero ¿es acaso demasiado pedir que tengan fe en la voluntad de los dioses? – ella se levantó y empezó a dar giros de nuevo en su sala - ¿Es que acaso soy tan mala e incomprensiva como para hacer que la gente entienda que no podemos atacar así como así porque eso nos percudicaría más? – ella se hacía las preguntas mientras caminaba y Lucinda sólo podía escuchar lo que tenía que decir – Dime Lu, ¿en verdad me porto tan impaciente con todo esto? – Marina cayó rendida en su cama, sin darse cuenta de que había derramado lágrimas en su transcurso.

- Claro que no, Marina – se acercó a ella, ofreciéndole su hombro para desahogarse – tú has logrado que mis hermanos y mi cuñado hayan atravesado las barreras de Roma, después de años de ataques sin medida que les han costado armas, soldados y muchas más cosas, que es bueno que les dijeras todo eso – Marina sin querer le contó todo lo sucedido en el campo de entrenamiento, lo que hizo enojar a Lucinda – ellos deben ser todavía más pacientes con toda esta situación, el hecho de que estemos justo en el centro del mundo, no quiere decir que nosotros solos podamos vencer a un monstruo como lo es Roma...nuestra gente se está preparando para la batalla, pero tú lo dijiste, los dioses nos mandaron la señal de que Roma arderá desde sus adentros y no habrá nada ni nadie que pueda impedir su destrucción.

- Sólo quisiera que el resto del mundo tuviera también tu opinión, Lu – Lucinda le ofreció un pequeño pañuelo, lo que no sabían, era que alguien importante dentro de la familia real...alguien que está dispuesta a cubrirlas en todo lo que necesitaran, sobre todo, que sería su última oportunidad de escapar de este horrible lugar y del peor destino que le espera al lado de su esposo y al escuchar las actitudes de los otros dos caballeros, ella tenía en mente algo que podría ayudarlos a todos – no sólo son tu hermano y Caspio, sino también mi gente y tu pueblo y el de Caspio, entiendo que estén ansiosos por atacar a los que los torturaron, pero si hacemos lo que ellos quieren, lo único que pasará, es todo lo opuesto a lo que queremos que suceda.

- Y ellos lo saben Marina, pero la impaciencia y su terquedad, agregado con la presión que nuestro pueblo les da, al igual que a ti...más el hecho de que Palpatine los quiere poner a prueba, es algo que descontrola todo lo que llevamos de avance – le limpió las lágrimas que aún corrían por sus mejillas y continuó su discurso – diablos, ellos mismos entienden que deben esperar, pero el juego que está jugando el emperador es una prueba que sólo ustedes tres pueden resolver y la única forma en que lograrán superarlo en su propio juego, es unidos y estoy segura, de que los dioses los van a ayudar en todo lo que necesiten ese día – Marina exhaló exhausta y asintió con la cabeza, cansada de tanto hablar y discutir – mira, yo me encargaré de que escuchen razón, mi hermana Susanna también colaborará conmigo, pero ahora debes descansar, hoy fue un día agetreado para ti y necesitas...

- ¿Sabes qué es lo peor, Lucinda? – ella negó con la cabeza, sabiendo que había algo más que afectaba la mente de su amiga y aliada – Hay otra razón por la que no quiero regresar tan pronto a casa... – Lucinda y Padmé, quien seguía detrás de la puerta se quedaron confundidas – mi consejo lleva años desde que cumplí 16 que debo casarme con alguien y pronto para proteger a Nápoles... – hubo otro silencio – logré persuadirlos durante años para que me dejaran cumplir la mayoría de edad para empezar a ver pretendientes, cuando la cumplí empecé con dos, claro yo iba disfrazada para evitar que me reconocieran hasta no encontrar al marido o "pretendiente adecuado", pero ninguno lograba entrar...en mi corazón – Lucinda entendía perfectamente y Padmé también – cuando llegó la visión sobre el ataque en Roma, yo ya estaba en mis veintitantos años y mi consejo ya estaba desesperado porque escogiera a alguien...pero se me ocurrió la idea, de que esperaran hasta que pasara el plazo de la destrucción de Roma; pero el consejo se cansó de esperar y aceptó con la única condición de que al regreso, yo me casaría con quien ellos eligieran o que yo escogiera a alguien y pronto – las lágrimas estaban al borde de sus ojos, pero no quería demostrar debilidad otra vez.

- ¡Ay, Marina! No lo sabía – Lucinda la volvió a abrazar, mientras Padmé suspiraba comprendiendo la situación de Marina, pero con la diferencia de que a ella la obligaron a casarse con alguien por negocios, en cambio a la joven reina de veintiséis años, era su obligación contraer matrimonio para garantizar un heredero a su nación por ser la gobernante del mismo y proteger a su pueblo, no porque sólo fuera su tarea de mujer casada – pero tú y Arias ya habían hablado ¿no? – Marina asintió.

- Pero eso no significa que mi consejo lo acepte, porque no es de sangre noble...a mí me vale si no es de sangre noble o sí, mi corazón es de él y nada lo cambiará, pero para lograr que eso suceda de manera oficial, debe ser de algún rango muy importante para que ellos acepten que puede ser buena opción – ninguna lo sabía, pero a Padmé se le ocurrió una buena idea para esto.