-Eso de que va a ser bueno no lo sabes- respondió Meiling.

-Lo será, vosotros os encargareis de que lo sea. Además, tal vez esta vez las cosas sean diferentes y yo consiga sobrevivir-.

Meiling se cruzó de brazos.

-Mi primo no va a aceptar eso, te lo va a sacar por la fuerza si hace falta. Para él, tu vida está por encima de todo-.

-Si me obliga a hacerlo lo odiaré para siempre, nunca volveremos a estar juntos- respondió Sakura con voz dura.

Meiling bufó con cansancio.

-Ya te he dicho que eso a él le va a dar igual. Preferirá que sigas viva y odiándolo a que estés muerta-.

Sakura suspiró y miró a Meiling fijamente.

-¿Cuántos años tenías cuando nació Syaoran?-.

La vampira hizo una mueca y se sentó en la cama junto a las dos humanas.

-Tenía 10 años humanos, aunque aparentaba ser una chica de casi 20 años. Me acuerdo perfectamente de todo lo quepasó, y recuerdo lo mucho que sufrió mi tía. Debes pensarlo bien, Sakura- respondió Meiling.

-Yo tampoco quiero perderte- murmuró Tomoyo, apoyando la cabeza en el hombro de Sakura.

-A lo mejor sobrevivo- repitió ella, intentando convencerse a sí misma.

-No lo harás- sentenció Meiling con voz enfadada.

-Es un riesgo que estoy dispuesta a correr- contestó Sakura.

No podía matar al hijo de Syaoran, no podía hacer eso.

Nunca había pensado en ser madre, pero por el simple hecho de ser de él ya sentía que amaba a ese pequeño bebé que se estaba formando dentro de ella.


Dos atardeceres más tarde, en cuanto se puso el sol alguien golpeó con fuerza la puerta del apartamento de Tomoyo y Meiling.

Sakura estaba allí dentro con su amiga, se estaba quedando a dormir con ellas desde que sabía que estaba embarazada y no había vuelto a ver a Syaoran.

Quería evitar encontrarse con él, pero sabía que el vampiro iba a ir en su busca.

Tomoyo suspiró y, tras echar una mirada significativa a Sakura, se acercó a abrir la puerta.

Un Syaoran con ojos rojos y furiosos estaba en el umbral.

Entró al apartamento y clavó su mirada en Sakura.

-O lo hacemos en el hospital con ayuda de los médicos o lo hacemos aquí, Sakura. Tú decides-.

Ella dio varios pasos hacia atrás hasta que chocó contra la pared.

-No, no quiero hacerlo. Voy a tenerlo, Syaoran. Él no tiene la culpa de nada, es inocente- respondió, llevándose una mano al vientre.

-¿Él?- preguntó Syaoran.

-O ella, no quiero saber lo que es. Prefiero que sea sorpresa-.

Syaoran apretó los puños y su mirada se volvió tan dura como el acero.

-Va a pasar quieras o no. No pienso dejar que mueras- gruñó acercándose a ella.

Sakura dio un salto hacia la izquierda, y con un gesto rápido cogió su arco y una flecha de madera.

Apretó los labios y apuntó a Syaoran.

-No te acerques- le advirtió.

Syaoran soltó una risa amarga.

-¿Vas a matarme? No te lo crees ni tú- contestó sin dejar de andar hacia ella.

Sakura tensó la cuerda de su arco.

-¡He dicho que no te acerques!- gritó, enfadada.

Syaoran gruñó y se abalanzó sobre ella.

Cuando Sakura soltó la flecha esta se clavó en la pared de enfrente, Syaoran era tan rápido que había conseguido esquivarla y agarrar a Sakura de los dos brazos.

Tomoyo corrió hacia ellos y abrazó a Sakura por la espalda.

-¡Déjala!- chilló.

Syaoran empezó a temblar de la rabia que sentía.

-Suéltala, Tomoyo- gruñó, enseñando los colmillos.

Una sombra atravesó la habitación y golpeó a Syaoran, haciendo que cayera al suelo.

-A Tomoyo no te acerques- gruñó Meiling.

Sus ojos estaban rojos como la sangre y miraba a su primo con odio.

Syaoran la miró, sorprendido y dolido.

-¿Vas a apoyarla en esta locura?- preguntó, incrédulo.

-No dejaré que toques a Tomoyo, y Tomoyo no piensa separarse de ella. Es su decisión, Syaoran. Sakura sabe que no va a sobrevivir si sigue adelante- respondió ella.

-¡También es decisión mía!- gritó, levantándose de un salto.

-Me dijiste que soy libre. Pues esta es mi decisión de mujer libre y debes aceptarla- murmuró Sakura en voz baja.

Syaoran la miró con el ceño fruncido y los ojos todavía rojos.

-¡No pienso aceptar tu muerte!-.

-¡Si me lo sacas por la fuerza te odiaré para siempre!- chilló Sakura, temblando de rabia.

-Al menos seguirás viva, eso es lo que importa- respondió él, algo más calmado.

Miró a su prima muy serio.

-Oblígala a que me deje llevarla al hospital, Meiling. Y después oblígala a olvidar todo esto-.

-¡No!- gritó Sakura.

Sentía tanta rabia que no iba a poder evitar las lágrimas mucho tiempo más.

Tomoyo miró a Meiling con mala cara.

-Si haces eso no te lo perdonaré nunca- le advirtió con voz dura.

Meiling resopló.

-Yo haré que tú también olvides todo esto- murmuró Syaoran.

Sakura apretó los puños y miró a Syaoran con decepción.

Pensaba que nunca iba a tener que decirle lo que estaba a punto de salir de sus labios.

-Aléjate de mí, no quiero volver a verte ni a tenerte cerca. Este bebé va a nacer y tú no podrás impedirlo. Y si tengo que morir, moriré. Es mi vida y yo decido como quiero que termine-.

Se sorprendió al ver que Syaoran, a pesar de ser de piel muy clara, había palidecido aún más al escuchar sus palabras.

A los pocos segundos el rostro del chico se recompuso y gruñó mientras daba unos pasos hacia ella.

Meiling se puso delante de Sakura y Tomoyo.

-Quieto, primo. No te voy a dejar acercarte a ellas, y no voy a permitir que borres la memoria de Tomoyo. Le prometí que nunca haríamos eso y pienso cumplirlo-.

Syaoran gritó con rabia, Meiling era la única vampira que tenía tanta fuerza como él y que podía hacerle frente.

Se lanzó contra una de las ventanas, atravesándola y rompiéndola en mil pedazos.

Sakura se quedó sin respiración al verlo saltar hacia abajo y se asomó, pudo ver como él bajaba por la fachada del edificio agarrándose a las cornisas de las ventanas y llegaba al suelo de un salto, eran más de veinte pisos de altura.

Syaoran miró un momento hacia arriba y sus ojos conectaron por última vez.

Suspiró y se alejó a toda velocidad, necesitaba irse lejos de la ciudad.

No podía ni quería ver a Sakura morir.

Y, por supuesto, no pensaba ni acercarse a esa cosa que le iba a robar a lo mejor que le había pasado en más de un siglo.

Tal vez hasta lo mataría si alguna vez tenía la ocasión.

Sakura se abrazó a Tomoyo, llorando.

¿Por qué se tenía que haber jodido todo?

Había estado haciendo cuentas y supo que el error había sido suyo.

No tuvo en cuenta que octubre tenía 31 días cuando hizo el cálculo de ese mes, un error demasiado estúpido.

Y ahora por culpa de eso estaba embarazada, probablemente moriría y además había perdido a Syaoran, tal vez para siempre.


Los días pasaban y nadie sabía nada de Syaoran.

Sakura se asombraba al ver que cada día podía notar que su barriga había crecido un poco.

A ese paso en cinco o seis semanas ya tendría el tamaño de un embarazo de 9 meses.

Siguió yendo a los entrenamientos militares, aunque ahora tenía más cuidado con los movimientos que hacía delante de sus alumnos.

Empezó a usar ropa más ancha para que nadie notara nada, se acercaba el invierno y la temperatura había bajado por lo que podía disimularlo por el momento, pero Meiling le había advertido que en un par de semanas todos se iban a dar cuenta.

Al menos Syaoran estaba lejos, porque sin duda Touya iba a querer matarlo en cuanto lo supiera.

Sakura tenía el corazón roto, al estar tan enfadada le había dicho cosas a Syaoran que en realidad no pensaba.

Y seguramente el chico había hecho lo mismo, ella sabía bien que cuando la rabia inunda tu mente no sabes lo que dices.

Le angustiaba no saber dónde estaba Syaoran ni si volvería a verlo.

Meiling había llevado un colchón extra a su apartamento y Sakura seguía viviendo con ellas, tal como estaban las cosas no quería estar sola.

Además... echaba demasiado de menos a Syaoran.

Para empeorarlo todo, Yue sabía que Syaoran se había marchado y había empezado a acercarse más a Sakura otra vez.

Ella ya no sabía qué tenía que decirle a ese vampiro para que se diera por vencido.

Pero al final no hizo falta decirle nada.

Era jueves, Syaoran llevaba semana y media desaparecido y Sakura caminaba hacia el apartamento de Tomoyo con una bolsa llena de fruta que había estado recogiendo en un parque al terminar los ejercicios con sus alumnos.

Yue, como casi todas las tardes desde que Syaoran se había marchado, volvió a acercarse en cuanto la vio.

-Estás muy sola, Sakura. ¿Seguro que no te apetece mi compañía?-.

Ella gruñó, ya no tenía ganas ni de contestarle.

De repente Yue la sujetó de un brazo, obligándola a pararse.

Estaban prácticamente solos en la calle y nadie más podía verlos.

Pero Sakura no temió, Syaoran le había asegurado muchas veces que Yue no se atrevería a tomarla por la fuerza.

Miró fijamente sus ojos rojos con una mueca de desagrado en su rostro.

-Yue, por favor... déjame en paz- murmuró con cansancio.

Yue no decía nada, estaba recorriendo a Sakura con la mirada y se detuvo en su barriga.

Sakura se removió, incómoda, y Yue la soltó.

-No me jodas... estás embarazada, puedo escuchar cómo se mueve en tu interior- dijo Yue con voz divertida.

-Eso no es asunto tuyo, a nadie le importa- respondió Sakura con ira.

Yue levantó las dos manos.

-Tranquila, no pienso decir nada. Pero acabas de dejar de ser interesante-.

Sin decir nada más se alejó tranquilamente, camino del centro de la ciudad.

Sakura bufó y siguió su camino.

Algo bueno iba a sacar de ese embarazo... Yue no volvería a acercarse a ella.

Cuando iba a subir las escaleras del edificio, Meiling apareció a su lado y la cogió en brazos.

Sakura suspiró mientras la dejaba en el suelo, ya arriba del todo.

Entró en la habitación y se tumbó en la cama.

Meiling dejó la bolsa con fruta en la cocina y se acomodó junto a ella.

-Tomoyo y tú me cuidáis demasiado- susurró Sakura mientras miraba una ventana con gesto triste.

Aún estaba rota de cuando Syaoran había saltado, todavía no habían ido al taller de cristal a repararla.

-Necesitas reservar todas tus fuerzas para lo que se te viene encima- contestó Meiling, tocando la barriga de Sakura.

Sakura empezó a llorar y Meiling la abrazó, suspirando.

-Volverá, ya lo verás. Aunque esto no le guste no podrá estar mucho tiempo lejos de ti- dijo ella mientras le acariciaba el pelo con cariño.

Sakura se limpió las lágrimas y resopló.

-Me da igual, que no vuelva. Ya se arrepentirá- gruñó, enfadada.

Meiling puso los ojos en blanco.

-Los dos sois igual de cabezotas, es insoportable-.

Sakura no pudo evitar soltar una pequeña risita al escucharla.

Le gustaba saber que Syaoran y ella se parecían, aunque fuera un poco.

La puerta se abrió y Tomoyo entró.

Sonrió al ver a las dos chicas tumbadas y saltó a la cama para acompañarlas.

-¿Se te ha pasado el mareo?- le preguntó a Sakura.

Ella asintió.

-Sí, ya me siento mucho mejor-.

Esa mañana había tenido que abandonar los entrenamientos porque empezó a sentirse muy mareada, y había terminado vomitando en los baños de la escuela.

Por suerte ya habían reparado las tuberías y pudo usar el agua que extraían del río para arreglar ese desastre.

-Vamos fuera, es mejor que ella descanse- dijo Meiling, levantándose.

Tomoyo le dio un beso a Sakura y siguió a la vampira al salón, cerrando la puerta al salir.

Sakura suspiró y se puso de pie, acercándose a la ventana.

Sacó los prismáticos de Eriol del mueble que había junto a ella y empezó a observar el bosque que se podía ver al sur.

Todas las noches lo hacía durante un buen rato, con la esperanza de ver unos ojos ámbares que volvían a la ciudad.

Y todas las noches se llevaba una decepción al no ver nada.

Una hora después, resopló y volvió a guardar los prismáticos en el cajón.

Se tumbó de nuevo en su cama, abrazando la almohada, y se durmió pensando en Syaoran y en si estaría bien.

¿Estaría él pensando en ella?