Takeshi, los anfitriones y el resto del personal; estaban agradeciéndose los unos a los otros por un buen día de trabajo. Paulatinamente uno a uno cambiaron sus ostentosas vestimentas, el maquillaje, los elaborados disfraces y antifaces por pantalones de mezclilla, camisetas y tenis. Algunos traían trapos, otros; escobas, recogedores y trapeadores. Grupos bien distribuidos, entraban en las áreas asignadas para limpiar y ordenar. Sin división de clases; anfitriones, animadores, personal de seguridad o jefes, todos por igual dejaron el lugar listo para el siguiente día. Una vez que terminaban su labor, se retiraban.

- ¡Buenas noches! –. Yukari se despidió efusivamente alegre de todos, traía una mochila de lona al hombro. Se había recogido el cabello en una coleta alta y al pasar por la barra, tomó un segundo para observarse en un espejo. Observó una figura solitaria sentada en una esquina del bar, jugaba con los hielos dentro de un vaso de cristal. Rodó los ojos, censurando los pensamientos que atravesaron su mente, suspiró largamente y finalmente se acercó hacia Shun.

- Pareces un cachorro abandonado –mencionó alegremente, encontrado un sitio libre en un banco a su lado.

- ¡Ah, aléjate de mí!, eres la maldad andando –advirtió cambiándose de lugar, poniendo distancia entre ellos.

- ¡Oh, vamos!. No fue tan malo ¿o sí? –dijo con fingida inocencia, Shun entrecerró los ojos.

- ¿Bromeas?, por casi dos semanas tuve que esconderme tras horrendos cuellos de tortuga. Solo así evité las preguntas indiscretas –mencionó señalándose a si mismo.

- Y, eso que olvidas los otros –señalo juguetona hacia los pectorales del chico –. Considéralo la próxima vez, que plantes a alguien.

- ¡Me disculpé!. Fueron muchas molestias por un desplante, no iba a repetirlo –. Yukari rio abiertamente.

- Una mujer despechada es peligrosa. Tuve que asegurarme que no tuvieras suerte esa noche. Ni conmigo, ni con nadie –. Miro con recelo como la pelirroja observaba sus uñas color carmesí descaradamente. Tomó un trago largo del vaso –. ¿Pensaste en mí unos minutos o preferiste el dolor? –mencionó divertida la pelirroja mirando su entrepierna, Shun escupió la bebida –Yukari rio con soltura –, ¿cuál opción fue? –. El peliverde volteó la cara molesto.

- Jamás te lo diré –. Afirmó decidido.

- Me siento halagada –dijo burlona, provocando un sonrojo en él. ¡Vamos, ven conmigo!, no me mires así, al igual que un cachorro abandonado eres completamente inofensivo y sin un lugar a donde ir –. Yukari tomó el vaso del peliverde desapareciendo todo el contenido, chocó con el la barra haciendo un sonido hueco, le dedicó una coqueta sonrisa antes de desaparecer. Shun tamborileó los dedos, observo la puerta por la que Yukari había desaparecido y fue tras ella.

La peliroja ya lo esperaba recargada sobre una motocicleta roja, al verlo se colocó el casco y montó el vehículo acelerando el motor, invitándolo a imitarla. Shun repitió la acción, en su propio vehículo, la siguió por mas de una hora, hasta llegar a un edificio alto. Enclavado en uno de los barrios más exclusivos de Tokio. Entraron a un conjunto de departamentos, hacia uno de los pisos superiores.

- En un día despejado puedes ver kilómetros y kilómetros de mar. Debes ver el amanecer, es increíble. Ponte cómodo –. Dijo la peliroja orgullosa–. Vuelvo en un rato –. Shun recorrió el lugar, estaba decorado con estilo y modernidad, aunque había detalles tradicionales. La luna llena se colaba por el ventanal, estaba por salir al balcón cuando la melodiosa voz de la chica llamó su atención.

- Bebe y olvida, o bebe y avanza –dijo Yukari saliendo de la cocina. Vestía ropa tradicional de cama. En su manos llevaba una botella de sake y un par de copas. Se sentó en un almohadón frente a una mesa –, esta noche tomarás una decisión –. Alzó una copa incitante, Shun suspiró acercándose a ella –. ¿Sabes qué es lo más atractivo en ti? –, preguntó sin esperar respuesta –, eres inalcanzable. Llegaste con un corazón roto y cuando al fin avanzaste, diste un paso hacia atrás.

- ¿Tan transparente soy? –interrogó apurando el líquido dentro del vaso.

- Solo para mi y alguien más –dijo por lo bajo, Shun enarcó una ceja – Takeshi te quería para otras cosas, teníamos que estudiarte.

- Me siento insultado. Me observaron, como un mono –mencionó con desdén, sentándose a su lado.

- Los hombres enamorados son demasiado complicados –rodó los ojos –. Y, yo soy una mujer sencilla. Seamos honestos, no necesitas esto, el club, las fiestas, el dinero. Tal vez no lo recuerdes, yo te recluté. Estabas muy ebrio, use a las mejores para acercarme a ti, a pesar de todo, nunca cediste. Ahí supe que serías bueno para este trabajo, no importó las bellezas a tu alrededor, no te interesaba ninguna o eso creí. Hay lineas imposibles de cruzar o esto perdería la razón de existir. Takeshi pensó lo mismo, por eso te ofreció el empleo. Mi sueño es convertirme en la idol más importante de este país, claro que eso traerá mucho drama y ya te dije que soy una mujer sencilla, por lo que he estado en busca de un compañero, alguien con quién iniciar mi carrera. Un misterioso galán con el que pudiera vivir un convincente romance que cualquiera envidiaría, aunque todo fuera falso. El amor trae problemas. Había decidido que fueras tú, a veces los planes no salen como deseas–. Suspiró –. Tenía una última oportunidad pero, no estabas en condiciones de negociar aquella noche –, sonrió con malicia.

- Entonces elegiste vengarte aventándome al jacuzzi –Shun bebió de nuevo, Yukari asintió riendo.

- Hubiera sido mejor una baño de agua fría pero, sirvió igual. Eso está en el pasado. Tengo noticias; seré la conductora de un programa de concursos, con mi primer adelanto pude pagar la renta de este departamento. Tendré que hacer algunos sacrificios, vestirme diferente y ocultar mi color de cabello –dijo con tristeza –, Takeshi prometió encontrar a mi pareja ideal, el romance se vende muy bien. Esta será mi última semana en el club.

- Mis felicitaciones –. Suspiró, con el índice delineó varias veces el borde del vaso –¿Estas consiente de lo que tendrás que pagarle a Takashi?. Se dice que, su comisión es muy alta –observó directamente a sus profundos ojos castaños.

- Aposté por una rebaja –. Yukari comenzó a comer de una bolsa de papas fritas –. Odio que Takeshi tenga razón... En menos de cinco años, mi fama será nacional, y no tendré que preocuparme más, hasta que quiera cobrar el favor, claro esta. Debo señalar que estas en deuda conmigo, una muy grande –, guiñó un ojo.

- Siendo así, debería encontrar una forma de compensarte. –menciono tomando con delicadeza sus manos –, podría redimir mi comportamiento.

- ¡Oh!, vamos, podría invitarte a mi ducha ahora mismo y no entrarías –señaló seductoramente.

- No soy tan inofensivo como crees –se acercó a ella, cuando rozó sus labios, ella volteó la cabeza sutilmente.

- Shun, deja de negarlo. Si ella no fuera importante, ya estaríamos en eso, en lugar de hablarlo –.El joven agachó la cabeza y se tendió a lo largo del piso, Yukari volvió a reír.

- Después de todo, no eres tan mala –estiró los brazos y cerró los ojos, mientras la peliroja apuraba a servir otra ronda.

- No me des tanto crédito, aún podría cambiar de opinión –finalizó la chica brindando al aire, guiñando un ojo.

Al día siguiente, Saori salió apresuradamente de su habitación al escuchar unos pasos por la escalera.

- ¡Ah!, Hyoga –murmuró monótona.

- ¿Esperabas a alguien mas?, me siento menospreciado –dijo falsamente ofendido. Saori echó una ojeada a la habitación de Shun y se sonrojó por el comentario del ruso –. ¿No regresó de nuevo, eh? –Saori asintió, él acarició cariñosamente su cabeza. La joven Diosa amaba ese gesto, tan protector y característico de Hyoga. El rubio sonrío con ternura y la rodeó con un brazo, consolándola –él estará bien. Sólo necesita más tiempo, después de eso será el mismo de antes, ya lo verás –. La chica regresó la mirada hasta la puerta cerrada, una parte dentro de ella necesitaba creer en las palabras de su amigo, sin embargo la ausencia de Shun la angustiaba. Durante días esperó ansiosa encontrar al menor de los Kido y aclarar lo sucedido en el parque.

- Vamos por algo dulce, ¿aceptas? –Saori sonrió, solo con ella, el ruso bajaba las defensas mostrándose; frágil y tierno. Después de pasar toda la tarde engullendo los más escandalosos postres de un café cercano evitaron por completo la cena, yendo cada uno hacia su habitación.

Al día siguiente fue despertada por unos insistentes golpes en la puerta. La mucama pidió permiso para entrar en su habitación.

- Señorita, alguien la busca –. Menciono con delicadeza Yui, corrió las cortinas, de la cómoda tomó un vestido grueso –. Ha dicho que solo a usted le dirá a que ha venido, ha sido muy insistente, pues le he dicho que no se sentía bien. Vístase apropiadamente, el tiempo esta cambiando, podría enfermar.

- Gracias, Yui –. respondió con voz ronca. Se incorporó, sintiendo el cuerpo pesado, estiró la mano hasta la mesita de noche para ver las 10:40 dibujadas en el reloj. Con el tiempo, la servidumbre aprendió a proporcionarles a todos discreción, incluso entre ellos. Salió de la cama lentamente, se vistió con desgano, entró al baño a cepillarse rápidamente los dientes y trenzar su cabello. Después de todo debía ser un asunto muy importante, salió de la habitación y antes de llegar a la puerta principal, Yui le señaló con una mano el salón principal. Saori entrecerró los ojos ante en atrevido intruso, que aprovechando la ausencia de Yui se había adentrado en la mansión.

- ¡Hola princesa! –saludo efusivamente Yukari, sentada sobre un mullido sofá blanco de tres piezas. Dejó la fotografía de Hyoga, que había estado observando, en su lugar– él también podría ser un gran anfitrión –, aseguró para sí. Pero dejemos los negocios de lado, me doy cuenta porqué no puede rechazarte. Vives en un palacio –, recorrió con la vista la habitación. Cruzó las piernas, subiendo varios centímetros la entallada falda que traía. Todo en ella parecía estar cuidadosamente elegido para resaltar su figura con elegancia –. A Saori le dio la impresión de estar frente a una estrella de cine.

- ¿Qué quieres? –. Preguntó con más rudeza de la que deseaba mostrar.

- La gatita muestra la garras –dijo conteniendo una sonrisa –, vengo en paz, nuestro chico salió tan apresuradamente esta mañana que lo olvidó –. Metió una mano dentro de su bolso y le entregó un teléfono celular. Sus ojos brillaban con arrogancia –. Estoy segura que aún no sabe donde lo dejó. Asegúrate de entregarlo.

- ¿Por qué no se lo das tu misma? –. Preguntó molesta.

- Escucha princesa, no soy del tipo de mujer que espera por la llamada de un hombre.

- ¿Cómo estas segura que podré entregarlo? Sería mejor que te lo quedaras.

- Esta exhausto, eventualmente tendrá que conseguir un lugar para solo dormir. Mi hogar no es precisamente para reposar, tú me entiendes –. Sonrió con malicia, Saori sintió teñir sus mejillas –. Te llamaré para corroborar que hayas tenido éxito.

- No tienes mi número –, replicó.

- Ahora sí –sonrió apuntando hacia al aparato –. No contestaré a nada más. Adiós, guapo –. La pelirroja se dirigió a Hyoga, tras levantarse, con un ademán de mano se despidió al cruzar caminos. Yukari salió de la casa satisfecha de si misma.

- ¡Wow!, ¿quién es ella? –. Preguntó deslumbrado Hyoga, persiguiéndola con la mirada.

- Se llama Yukari.

- ¿Es ella?, ¿en serio? –. Saori enarcó una ceja molesta.

- ¿Tienes alguna oración con más de 4 palabras?–. Interrogó con aspereza.

- E-esté –.Titubeó –. Significa que por allá esta Shun, ¿verdad? –. señaló con un dedo al piso superior –. Hay algo que necesito preguntarle –. Dijo nervioso tratando de alejarse de la joven.

- No, –la chica cruzó los brazos –vino a dejarle algo –. Salió del salón molesta. Hyoga suspiró aliviado.

Saori subió la escalera aún ofendida. Pensar en Yukari la irritaba, y no alcanzaba a entender el comportamiento estúpido de Hyoga. "Ella" era una mujer egoísta y con malos modales se dijo una y otra vez mientras estaba bajo la ducha, durante su desayuno y cuando salió a cabalgar. Feliz de alejar de su mente tan desagradable incidente entregó las riendas a un mozo. Acarició con gentileza el suave cuello del azabache purasangre y muy satisfecha de acabar el día, caminó lentamente hacia la mansión aspirando el olor a tierra mojada. A lo lejos escuchó el característico sonido de la moto de Shun. Volvió a sentir el fastidio de la mañana. Lo observó guardar el vehículo y despojarse del casco. El chico se abrió la chamarra de piel y jugando con las llaves se acercó hacia la mansión. Saori se recogió el cabello, bufó un par de veces y fue tras él.

- ¡Shun!– gritó un par de veces. Corrió al sentirse ignorada –. ¿Acaso no me escuchaste? –preguntó agitada al encontrarlo dentro de la casona. Shun hizo una mueca.

- ¿Creerías si dijera que no?, –contesto con desgano, visiblemente incómodo –disculpa estoy retrasado. Me tengo que ir –dijo siguiendo su camino.

- Espera, tengo que hablar contigo –afirmó siguiéndolo hasta su habitación.

- ¿No puede ser otro día?, apenas tengo tiempo –. Dijo con apuro. Echando una ojeada a su reloj de pulso.

- Descuida seré muy breve, dejaron esto para ti –dijo secamente, le enseñó el teléfono que ella había dejado en la cómoda y se lo dio con brusquedad. Shun la miro confundido.

- Gracias –. Volvió a dejar el aparato en el mismo lugar. De un cajón sacó ropa que puso dentro de una mochila.

- ¡Oh, no!, no tienes que agradecerme a mí, pero quizás ella sí este esperando una compensación –mencionó molesta.

- ¿Cómo? –interrogó confundido.

- Deberías llamarle –bufó con desdén –. Quizá podrías darle las gracias en persona, a menos que reserves la noche para ello – Shun suspiró.

- Honestamente. No entiendo. –frotó con fastidio la cara.

- Yukari –. Soltó iracunda –estoy segura que no será tan difícil. Considerando...

- ¿Considerando? –. Preguntó molesto.

- Tu historia con ella. Shun ni siquiera es tu novia –reprendió –. Además parece muy cómoda abandonándote cuando se le pega en gana, ¿no te das cuenta?. Te usa para su propio beneficio.

- ¡Oh vaya!, créeme nos beneficiamos mutuamente. No tienes por qué preocuparte –.Dijo con sorna.

- Descuida, no me preocupo.

- ¡Excelente!, ahora si no te importa –. Con un ademán le mostró la salida.

- ¿Me, me estas echando?, ¿de mi propia casa? –murmuro incrédula. Shun rodó los ojos.

- Primero, creí que este era mi espacio, segundo tengo muy poco tiempo para...

- ¿Para ir a pasar la noche con Yukari?, ¿es tanta la urgencia?.

- Si no te conociera lo suficiente –murmuró exasperado.

- ¿Qué?, si no me conocieras lo suficiente, ¿qué? –. Interrogó desafiante.

- Nada, no es nada. Es estúpido –. Dijo con fastidio.

- No. Adelante, quiero escucharlo. Tienes algo que decir. Pues, hazlo –. Desafió.

- Pues, pensaría que estás celosa. Pero, es una de mis estúpidas ideas –. Bufó irritado.

- Tienes razón, es una estupidez. ¿Celosa, yo? qué ridiculez –. Río nerviosamente –.¿Quién puede estar celosa de ella?. Nadie con un poco de dignidad actuaría así –. La chica salió ofendida del lugar, Shun volvió a suspirar con pesadez.

- Esa noche, Saori se incorporó de la cama tras dar varias vueltas en ella, eligió un libro de una pequeña estantería, regresó sobre sus pasos y estaba por cubrirse con la tibieza de las mantas, cuando un ruido en la ventana la sobresaltó, salió hacia ella apresuradamente.

- ¿Shun, qué haces aquí? –. Preguntó sorprendida.

- ¿Puedo pasar? –. La chica asintió y le hizo espacio. Shun se acercó con cautela.

- Iba a hablar contigo por la mañana, pero vi la luz encendida –. Cerró los ojos, como meditando sus palabras –. Yukari solo me ofreció un lugar para pasar la noche. Había estado ocupando la sala de descanso de Takeshi. Ayer salí muy temprano, necesitaba encargarme de algunas cosas, pensé que había perdido el teléfono –. Saori se quedó inmóvil –. Y, me iré, quería que fueras la primera en saberlo.

- ¿Es todo? –. Saori dijo a la defensiva.

- Tal vez, te debo una disculpa –. La joven se extrañó –mentí, Hyoga, nunca estuvo enterado de esa fiesta. Deliberadamente quería estar a solas contigo. Conforme pasó la noche, me convencí que era mala idea. Es tiempo de ser honesto y dejarte ir.

- Hace dos años, nunca tuviste intención de ir en busca de tu hermano ¿cierto? –dijo con dulzura sentándose en el borde de la cama. Shun negó con la cabeza –, fue un pretexto para alejarte de mi.

- Pensé, creí que sentía celos de quien es desplazado de su lugar, del amigo que debe ceder su lugar al novio. Eventualmente, me di cuenta que no eran esos sentimientos, no podía permanecer aquí. Hiriéndome de esa forma. Necesitaba dejar atrás lo que sentía, no se trató de ti –, aseguró.

- Escapaste –reprochó. Abordando abiertamente una situación pendiente que ambos habían rehuido.

- Estaba avergonzado, me dejé llevar por mis tontos sentimientos. Solo pensé en mi mismo. No puedo justificar mis actos, siento mucho cualquier inconveniente que haya provocado –. Dijo rascándose por debajo de un ojo.

- Desapareciste –murmuró –, pregunté por ti día a día, a todos. Hyoga me divulgó tu destino, al principio no estaba segura cuanto sabía. Luego apareciste, sin anunciarte. Esperando que te recibiera como si nada hubiera pasado, pretendiendo ser amigos, cuando no fuiste capaz de llamar y dejarme saber de ti, de tu bienestar –. Shun suspiró.

- En ese entonces, Eve acababa de marcharse. Nunca sentí nada parecido. Estaba confundido. Y quizás, como un viejo hábito, volví a pensar en ti y como era yo estando aquí. Creí que si regresaba, podría empezar de nuevo. Pero, después se complicó todo –se acercó a ella –. Necesitas un amigo y no puedo serlo. Me gustas mucho, no importa lo que haga para evitarlo. Estoy cansado de negarlo. Nunca fue mi intención incomodarte pero, no puedo hacer nada –la abrazó dulcemente, cerró los ojos. Era la primera vez que no censuraba tener esos sentimientos estando cerca de ella, sintiéndose libre. La soltó con lentitud, sin pensarlo besó su frente, acarició su mejilla a modo de despedida. Dio media vuelta hacia la ventana, Saori lo retuvo por la muñeca, extrañado volteó encontrándose con los brillantes ojos de ella y aunque su mente le gritaba que no lo hiciera, finalmente la besó.

Perdido en las sensaciones tomó su estrecha cintura acercándola hacia él. En el pasado quizás movido por la curiosidad había actuado irresponsablemente, pero ahora algo había cambiado era como si una descarga eléctrica recorriera cada centímetro erizándole la piel, algo que solo había experimentado con Eve.