Capítulo 17: Lengua de serpiente

Linus Cavenger se Apareció ante la imponente construcción que se alzaba en plena desolación, en las afueras de Cambridge. Alguna vez, había sido una fortaleza, con sus atalayas recortando el cielo amenazadoramente y sus muros de piedra inquebrantables. Había pertenecido a una importante familia de magos cuyo linaje, al igual que incontables otras descendencias sangre pura, había caído en el olvido y la extinción a principios del 1900.

Tras la muerte de su último dueño, la propiedad había quedado abandonada y olvidada. Los muros se habían debilitado, las torres habían empezado a desmoronarse, y la vegetación había reclamado posesión de la morada, invadiendo caminos, ventanas y habitaciones. Lentamente, el tiempo fue carcomiendo la opulencia del palacio, y la magnificencia que alguna vez había decorado sus pasillos fue desvaneciéndose. Las puertas enmohecidas, los cristales de los vitrales rotos, las tejas de los techos arrancadas. Eso era todo lo que quedaba de Aquilanest, el Palacio de las Águilas.

Pocos sabían que su último dueño había sido también el último descendiente de Rowena Ravenclaw. Pero algunas personas todavía recordaban que Aquilanest había sido, alguna vez, el hogar de una de las Fundadoras, antes incluso de que Hogwarts existiese en sus planes de grandeza.

Como solía pasar siempre que un mago moría sin dejar herederos ni testamento, Aquilanest había quedado bajo administración del Ministerio de Magia. Pero luego de la Primera Guerra Mágica, el gobierno inglés se había visto forzado a rematar varias propiedades para cubrir los elevados gastos que la guerra había provocado. Y Aquilanest había sido comprada a un valor absurdamente barato por un mago llamado John Lorne, que se dedicaba a comprar propiedades venidas a menos y refaccionarlas para luego revenderlas a precios estrafalarios.

Pero John Lorne nunca llegó a reparar la fortaleza. A poco tiempo de comprar la propiedad, murió durante un accidente mientras trabajaba sobre otra de sus recientes adquisiciones inmobiliarias. Un error de cálculos en los materiales sumado un hechizo explosivo demasiado violento resultó en un derrumbe de la vivienda. John Lorne y otro de sus empleados murieron en acto, y dos brujos resultaron gravemente heridos. Algunos meses más tarde, la Constructora Lorne se declaró en quiebra. La familia Lorne intentó vender la propiedad, pero les resultó imposible. No había mucha gente dispuesta a pagar el valor de Aquilanest, y el hijo de John Lorne no estaba dispuesto a regalar el palacio. Y Aquilanest quedó una vez más abandonada a su suerte.

Hasta que finalmente, unos meses atrás, Linus Cavenger se apareció en la casa de los Lorne con una oferta. Había un cliente interesado en comprar la propiedad. Estaba dispuesto a pagar en efectivo, y Linus tenía todos los papeles listos para firmar inmediatamente si accedían a la venta. La familia no lo dudó. El misterioso comprador ofrecía prácticamente el doble del valor real del castillo, el cual para ese entonces no era más que un montón de ruinas en la cima de un monte.

Los años trabajando como abogado le habían enseñado a Cavenger que el valor de las cosas no siempre se podía medir en galeones, sobre todo cuando se trataba de magia. Una varita mágica de Ollivander tenía un valor de 7 galeones, y sin embargo, ningún mago adulto entregaría la varita que lo había acompañado desde la tierna edad de once años por el valor de 7 galeones, ni por catorce, y posiblemente ni siquiera por cincuenta o cien galeones. Porque había algo más detrás de la varita, algo que la convertía en especial desde el momento en que era adquirida y nada tenía que ver con su valor en oro.

Aquilanest era como una varita. Su valor no estaba en la altura de sus torreones, o en la indemnidad de sus muros. Aquilanest tenía un valor que iba más allá de la piedra y el cemento. Ese lugar había visto nacer a una de las fundadoras de Hogwarts. E incluso en ese momento, caída en la desgracia, el Palacio de las Águilas seguía resultando intimidante. Linus lo podía sentir en la tierra bajo sus pies, en el aire soplando contra su cuerpo. Magia.

Linus introdujo una mano en el bolsillo interno de su túnica y extrajo un anillo. Se lo deslizó delicadamente sobre el dedo anular de la mano izquierda y durante unos instantes se limitó a apreciar su mano de dedos largos y delgados decorada por aquella única pieza de joyería. Era una argolla de oro dorado, en cuyo centro resaltaba una piedra roja, y en el interior de la misma danzaba un contenido de aspecto gaseoso, trazando espirales y figuras indescifrables. Linus lo encontraba hipnotizante.

Con el anillo firmemente sujeto entre sus dedos, el abogado avanzó cruzando el arco de piedra que marcaba la entrada al Palacio, sus puertas de hierro oxidadas y desvencijadas. Sintió las barreras protectoras cosquilleándole la piel, y su rostro habitualmente circunspecto se curvó en un tenue gesto de molestia. Efectivamente, habían reforzado la seguridad del lugar. La firma de El Camaleón estaba por todas partes. Era su trabajo, y como siempre, era un trabajo exquisito.

Sus zapatos lustrados e impolutos crujían sobre la grava del camino que llevaba hasta la fortaleza, reverberando en el silencio opresivo de la noche. El lugar parecía estar completamente desértico, pero Linus sabía que eso no era verdad. Podía sentir que lo estaban observando. Sus ojos se elevaron instintivamente hacia una de las torres del castillo, pero no logró divisar a nadie allí. La desagradable sensación de sentirse vigilado lo acompañó todo el camino hasta llegar a la puerta principal.

La puerta se abrió antes de que Linus llegase siquiera a tocarla. El hombre avanzó hacia el interior del palacio sin pausa. Se sintió gratamente complacido al comprobar que las mejoras en Aquilanest no se limitaban simplemente a las barreras mágicas, sino que también se extendían hacia el interior del castillo.

El pasillo principal se encontraba completamente despejado comparado con la última vez que Linus Cavenger había visitado el lugar. Los escombros habían sido retirados, y la maleza salvaje había sido removida. Alguien había colocado velas en los candelabros de las paredes, y las llamas titilaban en medio de la oscura humedad marcando el camino hacia la habitación contigua.

En el interior de la misma, ya aguardaban varias personas. Conversaba por lo bajo, en pequeños grupos, mientras aguardaban a que terminaran de llegar todos los invitados. Algunos se encontraban sentados en torno a una mesa rectangular, pero otros permanecían de pie. Había varios rostros conocidos, y algunos de ellos inclinaron sus cabezas en su dirección a modo de bienvenida.

Linus distinguió la figura de un hombre recortada contra la luz que entraba por una de las ventanas del salón. Los vidrios de la misma todavía no habían sido reparados, y la suave brisa de finales de verano se colaba por los agujeros, haciendo ondular la túnica del hombre. Se encontraba de pie y de espaldas al resto de los invitados, ambas manos sujetas por detrás y sus ojos fríos escudriñaban hacia el exterior. Sintió que un escalofrío le subía por la columna y le erizaba los vellos de la nuca. Había algo inquietantemente perturbador en ese hombre, allí de pie, observando en silencio la llegada de los visitantes.

Linus ocupó una de las últimas sillas que quedaban libres. Pocos minutos más tarde, hicieron su entrada un grupo de brujos jóvenes, sus rostros ansiosos y sus miradas encendidas. El hombre de pie frente a la ventana cerró la puerta con un movimiento de su varita, sellando el salón y dando a entender que comenzaba la reunión. Inmediatamente se hizo el silencio.

A pesar de que no era la primera reunión a la que asistía, Linus Cavenger seguía encontrando intimidante la figura de Octavius Genrich. No se trataba simplemente de su porte, enorme y orgulloso. O su rostro curtido por el tiempo y la batalla. Era la mirada en sus ojos. La forma en que las cuencas oscuras se posaban en él, atravesándolo como una estaca de hielo.

—¿Qué novedades tenemos del Ministerio? —preguntó Octavius Genrich, avanzando hacia la mesa, sus manos todavía entrelazadas detrás de su espalda. Su voz era grave, rasposa, y tenía un timbre hosco que recordaba que era extranjero.

Todas las miradas se posaron en Linus Cavenger. El abogado se enderezó en su silla y se aclaró la garganta.

—Hoy se llevó a adelante el juicio de Jack Hollow. Me complace informar que el Wizengamot lo ha declarado culpable. Seis años en Azkaban —respondió Linus expeditivamente.

Un murmullo recorrió la sala, y varios de los presentes se permitieron sonreír complacidos. Genrich descruzó las manos y se sentó en la silla ubicada en la cabecera de la mesa.

—¿Qué tan seguros estamos de que Hollow no se quebró y habló con los Aurores? —presionó Octavius. Linus negó con la cabeza, seguro de sí mismo.

—Los Aurores sospechan, por supuesto. Pero Hollow se mantuvo callado, y yo me encargué personalmente de presionar para que cerraran el caso de una vez por todas —aseguró Cavenger. Octavius aceptó su respuesta con un movimiento afirmativo de cabeza, y se torció hacia el hombre rubio y apuesto sentado a su izquierda.

—Supongo que debemos el silencio de Hollow a tu trabajo, Ford —le reconoció Genrich, y una sonrisa ladina y desagradable se dibujó en sus labios, mostrando sus dientes amarillos y carcomidos.

Duncan Ford también sonrió, pero la diferencia entre ambos hombres era abismal. La sonrisa de Duncan resultaba casi encantadora, de no ser porque ésta no alcanzaba sus ojos. Ford hizo un movimiento con la mano en un gesto de fingida humildad.

—De hecho, en esta ocasión, el mérito le corresponde al joven Heros Morgan, aquí presente —comentó Ford, y con una inclinación de su cabeza, señaló hacia uno de los jóvenes muchachos que había llegado a lo último—. El señor Morgan ha demostrado que puede ser muy persuasivo cuando lo desea —agregó, sus ojos relampagueando con un sádico deleite.

El rostro de Heros Morgan brilló complacido al escuchar las palabras de Duncan Ford, e hizo una tenue reverencia, agradeciendo lo que parecía considerar un cumplido.

—Es fascinante lo que las personas están dispuestas a hacer por sus hijos —comentó Heros, su voz aterciopelada desentonando completamente con el sarcasmo malévolo de sus palabras.

Linus Cavenger sintió que se le revolvía el estómago y frunció levemente la nariz. No quería saber qué había hecho exactamente Heros Morgan para convencer a un hombre común y silvestre como Jack Hollow de perpetuar un ataque violento en pleno Callejón Diagon. Sospechaba que debía de haber sido una muy creíble y horrorosa amenaza para que el hombre prefiriese pasar seis años en Azkaban. Linus no conocía al muchacho Morgan, pero sí estaba familiarizado con Duncan Ford y sus violentos métodos de persuasión. Y si Heros estaba aprendiendo de Ford, entonces sin duda Jack Hollow había hecho bien en mantener la boca cerrada y no hablar con los Aurores.

—Hay más… Godwin Bradshaw presentará la Ley de Vigilancia y Protección Avanzada de Zonas Mágicas en la próxima reunión de Comité de Jefes —agregó Linus, cambiando de tema antes de que Ford y Morgan pudiesen profundizar en los métodos de chantaje utilizados sobre Hollow. Un murmullo bajo recorrió el salón.

—Pensé que Granger estaba haciendo todo lo posible por evitarlo —intervino otro de los hombres sentados en la mesa. Linus lo reconoció inmediatamente: se trataba de Prometeus Reech, y trabajaba en el Ministerio, específicamente, en el ERIC.

—Oh, sí. Hermione ha hecho todo lo humanamente posible para dilatar el debate del proyecto, ganando tiempo para encontrar la forma de evadir los puntos más… polémicos de la Ley —confesó Linus sin poder esconder la sutil admiración que impregnaba sus palabras. Reech resopló, molesto. Genrich entornó la mirada y entrecruzó las manos debajo de su mentón.

—La Rebelión se podría beneficiar mucho con esa Ley, Linus —le recordó Octavius con voz pausada—. Sería una oportunidad para introducir a algunos de los nuestros dentro de las redes de los Aurores… Y no hace falta señalar que el Mago de Oz tiene especial interés en Camelot —agregó, y aunque su voz sonaba indiferente, sus ojos eran determinantes. Linus, sin embargo, estaba acostumbrado a ese tipo de miradas. Años de trabajar en el área de Legales y de pelear casos frente al Wizengamot le habían enseñado a mantener la compostura y la expresión inalterable.

—Estoy haciendo lo posible, Octavius —aseguró Cavenger con desdén—. Pero Granger es una mujer verdaderamente brillante. Incluso logró hacerse con una copia del testamento del mismísimo Rey Arturo con tal prevenir que Bradshaw pueda meterse dentro de Camelot.

—De seguro tú puedes encontrarle una vuelta legal a ese tema, mi querido Linus —rió Ford con una sonrisa plácida en los labios. Linus chasqueó la lengua.

—Por supuesto que puedo, Duncan. Incluso he sugerido un par de modificaciones que ni siquiera Granger puede negar —se ofendió Cavenger, lanzándole una mirada envenenada a Ford—. De todas formas, Bradshaw ha decidido ignorar todos los cambios, tanto míos como de Granger, y presentará la versión original del proyecto ante el comité.

—¿Crees que lo aprobarán? —lo incentivó a continuar Genrich. Linus frunció la nariz.

—Es difícil de saber… Granger votará en contra, eso es seguro. Y con toda seguridad McMillan también se opondrá… —comenzó a especular Cavenger.

—Pero nuestro amigo Norman va a votar a favor, ¿verdad, Norman? —interrumpió Ford, palmeándole la espalda al hombre regordete que estaba sentado a su lado.

Norman McKenzy, jefe del departamento de Regulación y Control de Criaturas Mágicas, se encogió en su silla bajo las palmadas de Ford. Su rostro se contorsionó en un gesto de terror, como si el solo contacto con Duncan Ford le resultase espeluznante.

—P-por s-supuesto —tartamudeó Norman Mckenzy nerviosamente, su voz inusitadamente aguda, casi un chillido.

—¿Qué hay del resto? —siguió insistiendo al respecto Genrich, interesado. Linus exhaló acompasadamente, meditando la respuesta.

—El ataque del Callejón Diagon fue una buena estrategia, y es probable que incline la balanza a favor de la Ley si es que la gente empieza a dudar de la capacidad de los Aurores para mantener las zonas mágicas bajo control… —respondió Linus evasivamente—. Pero no sé si será suficiente para convencer al resto de los jefes de departamentos. Y por supuesto, el ministro Shacklebolt jamás aprobará esta ley si el Comité no lo presiona a hacerlo.

—¿Tal vez otro ataque…? —propuso Prometeus Reech, encogiéndose de hombros.

—Es una alternativa… Pero no aún. No queremos forzar nuestra suerte con los Aurores —señaló inteligentemente Octavius—. Por ahora, esperaremos a ver qué sucede en la reunión del Comité.

—Van a rechazarla, Octavius. Potter tiene a todo el Ministerio metido en el bolsillo de su túnica —aseguró Ford, sin atisbo de duda.

—Si la rechazan, entonces nos veremos obligados de darles algún incentivo para que reconsideren la decisión —agregó significativamente Genrich, ladeando su mirada hacia Ford.

La sonrisa se amplió en los labios de Duncan Ford ante la perspectiva de un nuevo ataque. El hombre parecía deleitarse en el sufrimiento y la destrucción. Los ojos maliciosos de Ford cruzaron rápidamente la habitación para encontrarse con Heros Morgan, quien hizo un gesto casi imperceptible de asentimiento.

—Prepararemos todo por si acaso —afirmó Duncan, jugueteando con el anillo rojo de su dedo anular izquierdo, haciéndolo girar con la otra mano—. ¿Callejón Diagon otra vez?

—No… Hogsmeade —corrigió Octavius, sus ojos de piedra inclementes—. Tendremos que golpear allí donde más les duele. Les haremos sentir que ya ningún lugar es seguro… No les daremos más alternativa que aprobar esa maldita ley.

—¿Y qué deseas que hagamos con Bradshaw? —preguntó Reech, frunciendo los labios.

—Ha demostrado ser muy útil a nuestra causa sin siquiera proponérselo. Tal vez podríamos reclutarlo… —sugirió Duncan Ford, con aire aburrido, mientras se examinaba las uñas de su mano, pulcramente recortadas e impecables.

—Es un hombre codicioso y egoísta —se sintió en la obligación de informar Linus Cavenger. Nunca le había gustado Godwin Bradshaw—. Si lo reclutamos, será funcional a nuestra causa siempre y cuando la causa le sea funcional a él.

—Manténgalo vigilado. Si aprueban su maldita ley, entonces le pegaremos una visita —respondió Octavius. Reech asintió obedientemente, y Linus permaneció en silencio.

Los ojos fríos de Octavius se giraron hacia el grupo más joven, entre los cuales se encontraba Heros Morgan. Su mirada se detuvo en una de las muchachas. Linus también la reconoció.

Zafira Avery era dueña de una belleza distante y fría, como la que poseen las esculturas o las mujeres en las pinturas muggles. Era la descendiente de una conocida familia sangre pura que había estado históricamente vinculada a las Artes Oscuras y a la Purga de la Sangre.

La familia Avery se había enfrentado a varias dificultades tras la Segunda Guerra Mágica. El abuelo de Zafira se había mantenido prófugo durante dos años tras la Batalla de Hogwarts, y finalmente había sido capturado durante un enfrentamiento sangriento que resultó en la muerte de un Auror y su Aprendiz, y la ira del Cuartel de Aurores. El Wizengamot no tuvo piedad con él, enviándolo a Azkaban a cumplir cadena perpetua, sin posibilidad de revisión de la condena ni libertad condicional. La lista de crímenes que se le adjudicaban era aterradoramente extensa. Se remontaban a la Primera Guerra Mágica, y se extendían incluso hasta después de la caída de Voldemort.

Pero los padres de Zafira habían tenido mejor suerte. Ninguno de ellos estaba tatuado con la Marca Tenebrosa, y sin evidencia contundente que los señalara como culpables o seguidores de Voldemort, los Avery habían sido encontrados culpables de crímenes menores e intrascendentales. El padre de Zafira pagó la cuantiosa multa, y salió en libertad.

Durante los siguientes años, la familia Avery llevó una existencia discreta y educada. En un intento por mejorar la opinión pública que había hacia ellos, donaron una importante suma de galeones a la Fundación Hijos de la Guerra, una organización sin fines de lucro creada para ayudar a los huérfanos de aquellos que habían muerto durante la guerra. La donación resultó ser una estrategia efectiva, convirtiéndose en portada de varios periódicos. Después de todo, era de conocimiento público que la Fundación había sido creada por el propio Harry Potter, y el hecho de que los Avery eligiesen esa obra de caridad para colaborar era como levantar una bandera blanca de rendición y paz. Harry Potter había aceptado la donación y había estrechado la mano del Avery, deseando cerrar de una vez por todas ese capítulo en la historia del mundo mágico y seguir adelante.

Todos habían seguido adelante. Los Avery habían vuelto a su vida habitual, y el mundo mágico les concedió el beneficio de la duda. Nunca se volvió a escuchar un rumor que los vinculara con algo oscuro o peligroso, y todos los años, sin falta, la familia participaba de algún evento conmemorativo de la Guerra, o un acto para recaudación de fondos solidarios en un intento por enmendar el daño que habían causado, tanto al mundo como a su propio apellido. Y si bien las miradas de desconfianza y los susurros malintencionados nunca dejaron de perseguirlos, los Avery lograron reintroducirse a la vida londinense exitosamente.

Pero detrás de la fachada de magos reformados, detrás de las obras de caridad y las descomunales donaciones anuales para huérfanos y veteranos de guerra, todavía se escondía la misma familia que había defendido a capa y espada la pureza de la sangre. El Mago de Oz lo sabía, pues él era capaz de ver más allá de las caretas y las mentiras cotidianas. Y los había reclutado para su causa.

Zafira Avery se había unido tras terminar sus estudios en Hogwarts. Era una chica temperamental, de mal carácter y vanidosa. Pero sabía cómo esconder todos sus defectos y sacar a relucir falsas virtudes con una habilidad escalofriante. Había demostrado que era una excelente oradora, y el hecho de que fuese joven y bella habían sido determinantes al momento de elegirla como una de las caras visibles del movimiento.

Linus Cavenger la había elegido para esa tarea. La muchacha era capaz de pararse frente a una multitud de ojos y mantenerse erguida con todo su orgullo, hablando con firmeza y sin vacilación, incitando a la gente a escucharla incluso si no coincidían con lo que decía. Para bien o para mal, no puedes ignorar a una mujer como ella, había sido la explicación de Cavenger al sobre su elección.

Y hasta ahora, Zafira había demostrado que estaba en lo correcto.

—¿Cómo venimos con las manifestaciones en el Callejón Diagon, Avery? —le habló finalmente Genrich. Zafira dio un paso al frente, su mentón elevado en un gesto dignificante.

—Muy bien, señor. Tal como suponíamos, el ataque ha incrementado la curiosidad de la gente. Cada día más personas se detienen a escuchar lo que tenemos para decir —respondió ella expeditivamente, claramente satisfecha con los resultados de su trabajo. Duncan soltó una risa baja y burlona.

—Te hemos convertido en una mártir, niña —comentó Ford, guiñándole un ojo. Zafira curvó una sonrisa ladeada.

—Si seguimos a este ritmo, creo que muy pronto podríamos organizar una reunión privada… Y empezar a reclutar —se atrevió a sugerir Zafira, la ansiedad brillando en sus ojos celestes.

Octavius Genrich descansó los codos sobre los apoyabrazos de su silla, y entrecruzó una vez más las manos frente a él, apoyando cuidadosamente el mentón sobre las mismas.

—Debemos ser muy prudentes, señorita Avery. Recuerde que los Aurores están vigilando todos vuestros movimientos —intervino Linus, siempre precavido. Zafira frunció la nariz.

—No pueden impedirnos que nos reunamos a hablar… Dijiste que la formación de agrupaciones de debate político son completamente legales —se defendió Avery, dejando ver su lado más caprichoso. Linus suspiró, armándose de paciencia. No se le daba bien lidiar con los egos de los magos sangre pura.

—Sí, es completamente legal. Pero no queremos mostrar nuestras cartas antes de tiempo, y revelarle nuestro juego a los Aurores —le recordó Cavenger, entornando la mirada. Zafira resopló por lo bajo—. Podríamos, sin embargo, empezar a repartir los panfletos de propaganda —propuso como alternativa el abogado, y torció su cabeza hacia Genrich. El hombre permanecía en la misma posición que antes, con la cabeza apoyada sobre las manos, una expresión seria en el rostro repleto de cicatrices.

—Repartan los panfletos, pero no revelen fecha ni lugar para la reunión todavía —ordenó finalmente Octavius, enderezándose en la silla y descruzando la manos para dejarlas extendidas sobre el apoyabrazos. —Vamos a calentar este caldero hasta que explote… Y ahí, les vamos a dar una salida.


Albus sabía que quinto año en Hogwarts era, posiblemente, uno de los años más exigentes de toda la carrera. Aún así, no dejó de sorprenderse ante la abrumadora cantidad de tareas que los profesores les asignaban diariamente. Todavía no había pasado siquiera un mes desde el comienzo de las clases, y los deberes pendientes empezaban a apilarse peligrosamente en la mochila de Potter. Incluso Rose empezaba a encontrar difícil mantenerse al día con el estudio, una señal evidente de que todo aquello era excesivo.

Si bien Albus estaba decidido a convocar nuevamente a la Hermandad de Hogwarts para entrenar durante este año, fue recién hacia finales de septiembre que finalmente se decidió por concretar la primera reunión.

Después de semanas de debate, se decidió por mantener la Hermandad como un grupo selecto de personas. Potter estaba convencido que el éxito no estaba en la cantidad, sino en la calidad de sus seguidores. La Hermandad de Hogwarts se había creado bajo el fundamento de la confianza entre sus miembros, y Albus deseaba mantenerlo así. Portus podía reclutar a todos los alumnos que quisiera, pero nunca conseguiría el nivel de fidelidad y dedicación que había en la Hermandad.

Potter volvería a invitar a los mismos alumnos que habían formado parte el año previo, incluso Circe Zabini.

Su relación con Circe había sido un poco tormentosa durante el año previo. En varias ocasiones Albus se había encontrado inmerso en intensas discusiones con ella, sobre todo en lo que respectaba a Tessa Nott. Y tras el encuentro con su padre en la plataforma 9 3/4, se había vuelto evidente que la familia Zabini se encontraba a favor de la Rebelión de los Magos.

Pero Circe Zabini parecía estar cortada por otra tijera distinta a su familia. Estaba claro que los hermanos Zabini no tenían una buena relación, si es que tenían relación alguna. Albus no estaba seguro si contaba con fidelidad ciega de Circe. Pero sabía que la amistad que la unía con Tessa Nott era inquebrantable. Y si había tenido dudas sobre dónde se encontraba parada Circe en esta guerra, las mismas se habían erradicado completamente tras el asesinato de los padres de Tessa.

No había forma que Circe Zabini se uniera a la Rebelión de los Magos después de eso. Y eso la convertía, ineludiblemente, en una aliada indoblegable.

Solo habría unas pocas caras nuevas que se sumarían este año. Nyles Jordan, compañero de Gryffindor de Albus, prometía ser uno de ellos. Habían acordado que Lysander Scamander hablaría con el muchacho y tantearía el terreno para incluirlo.

Y Albus estaba también decidido sobre Keith Nox, un estudiante de padres muggles de Hufflepuff, que lo había sorprendido gratamente durante el Torneo de Merlín. Era un chico tranquilo y humilde, y a pesar de que habían competido en lados opuestos durante el Torneo, Keith siempre había jugado un juego limpio y honesto. Potter sentía que Nox podía ser una buena adquisición para la Hermandad.

Habían acordado reunirse en la Sala de Menesteres en siguiente domingo, y si bien Albus ansiaba comenzar inmediatamente con el entrenamiento, Scorpius le había aconsejado que lo mejor era aprovechar la primera reunión para ponerse al día después de los largos meses de verano separados. Generar un sentimiento de pertenencia y unidad entre los miembros era casi tan importante como el entrenamiento en sí, le había recordado Malfoy. Y tenía razón.

El día previo al encuentro, Albus logró por fin separarse de sus amigos y escabullirse por los pasillos hacia la biblioteca, solo. A pesar de que todavía tenía pendiente un ensayo sobre La Poción Matalobos que debía entregar el lunes, Albus estaba allí para buscar información sobre algo que nada tenía que ver con las clases de Hogwarts.

Además de la Hermandad de Hogwarts, Potter arrastraba otros asuntos pendientes. No se había olvidado de su charla con su hermana Lily sobre las visiones. Estaba claro que, a pesar de que la Oclumancia había demostrado ser una ciencia muy útil, no terminaba de ser la respuesta a las visiones de la chica. O al menos, ella no lo sentía así. Y Albus tampoco.

Y Albus podría haberlo dejado pasar, sobre todo teniendo en cuenta la charla que había tenido con Harry hacia finales del curso anterior. Pero Lily no parecía convencida de que bloquear sus visiones fuera la mejor solución. La pelirroja lo había deslizado de una forma muy sutil, pero el mensaje había sido perfectamente claro para Albus. Y Potter consideró que eso era motivo suficiente como para reevaluar la situación.

Lily había expresado la misma duda que invadía al propio Albus: ¿Y si, en lugar de bloquear las visiones, pudiesen controlarlas? ¿No sería sumamente útil si Lily pudiese usar sus visiones para ayudar a la Orden del Fénix? ¡Para ayudar a Felicity Fox, la hermosa mujer cuyo futuro parecía estar balanceándose peligrosamente sobre el filo de la muerte! ¿Y si Lily pudiese prevenirlo? ¿Era tan malo aprovechar esa oportunidad? ¿Era verdaderamente tan terrible intentarlo? Una ventana hacia el futuro, la sola idea era embriagadoramente tentadora.

Albus se había propuesto averiguarlo. Lily no era la primera Vidente en la historia de la magia. Tenía que haber información al respecto… Algo que pudiese servirles de guía, ayudarlos a entender mejor el talento natural de su hermana… Algo que pudiese servirles para aprender a dominarlo.

¿Habrían investigado al respecto sus padres? Tal vez habían insistido en la Oclumancia porque no existía una forma de controlar las Visiones. O tal vez, tenían simplemente miedo. Tal vez el camino era demasiado difícil, demasiado incierto, y ellos no estaban dispuestos a arriesgarse.

No les corresponde a ellos tomar esa decisión, pensó Albus, mientras recorría los pasillos de la biblioteca juntando libros sobre Adivinación y Profecías. Era decisión de Lily. Era su don. Su poder. Su riesgo. Ella debía hacer esa elección. Y si Lily estaba dispuesta a intentarlo, entonces Albus estaba dispuesto a ayudarla.

Con esa idea en mente, Potter se sentó en una de las mesas de la biblioteca y se dispuso a examinar los libros que había separado. Desechó el primero tras ojear las primeras hojas, decepcionado con su contenido absurdo e irrelevante. Su decepción sólo fue en aumento a partir de ese punto. Por lo visto, no existían muchos libros serios escritos sobre la Adivinación. La mayoría de las hojas estaban repletas de datos inútiles e imprecisos, carentes de cualquier relevancia científica. La mayoría de los escritos enfocaban la Videncia más como un arte que como una ciencia, y algunos autores se regodeaban en el concepto de que ese tipo de magia no podía ser enseñada, sino que era algo inherente al mago.

Luego de varias horas de intenso escrutinio, Albus se sentía frustrado y la cabeza empezaba a dolerle. Resoplando, lanzó su pluma con un movimiento brusco sobre la mesa, provocando que varias manchas de tinta se esparcieran sobre las escasas notas que había tomado y los libros. Se frotó las sienes con la punta de los dedos, intentando calmar el dolor palpitante que empezaba a incubarse en su cerebro, y su mirada vagó por la biblioteca.

Amadeus Relish lo observaba con expresión intrigada. El muchacho se encontraba encorvado sobre una mesa, con un brazo extendido sobre la misma sosteniendo estirado un trozo de pergamino mientras que en la otra mano sostenía una pluma. El exabrupto de Potter había captado su atención, interrumpiendo su escritura. Amadeus dejó la pluma a un lado para acomodarse los anteojos, los cuales se le habían deslizado hacia abajo en el puente de la nariz y estaban a punto de caérsele.

Amadeus pertenecía a Ravenclaw, y era un año más chico que Albus, compañero de su novia Tessa. Albus lo había conocido mientras participaban del Torneo de Merlín, y a pesar de que había interaccionado poco con el muchacho, una de las charlas todavía reverberaba en su memoria.

No existe ningún mago registrado en toda Gran Bretaña capaz de hablar pársel… Un talento muy peculiar.

Esas habían sido las palabras exactas que había dicho, y se habían quedado grabadas a fuego en la mente de Albus. Habían sido palabras pronunciadas con sorpresa, incluso con admiración. Y a Albus le había llamado la atención que Amadeus no parecía asustado ni perturbado por la capacidad de Potter de hablar con las serpientes, sino más bien intrigado.

Leo mucho, le había confesado Relish, a modo de justificación para su inusual conocimiento sobre la Lengua Pársel. ¿Qué otras cosas habría leído?

Instintivamente, Potter se puso de pie y caminó hacia la mesa de Amadeus. El chico de Ravenclaw se enderezó inmediatamente en su silla y desvió la mirada de regreso hacia sus deberes, tomando una vez más la pluma y fingiendo que retomaba la escritura.

—Hola, Amadeus —saludó Albus con una sonrisa suave, mientras se sentaba lentamente en la silla frente a él.

—Hola, Albus —susurró Relish.

Albus no dijo nada más, sino que dejó que los segundos se dilataran silenciosamente entre ellos. Relish volvió a acomodarse los anteojos en la nariz, a pesar de que no se habían movido de su lugar original. Estaba nervioso, pero una vez más, Potter se encontró con que el aire ansioso de Amadeus Relish no era temor o recelo, sino más bien era reflejo de su curiosidad… Y sí, Albus creía ver admiración.

—Quieres algo de mí, ¿verdad? —rompió el silencio Amadeus, una sonrisa insegura dibujándose en su rostro delgado. Levantó la cabeza y sus ojos se encontraron con la mirada verde y demandante de Albus.

—Sí —reconoció Albus, y se inclinó levemente sobre la mesa, acortando la distancia entre ambos para asegurarse que nadie pudiese escuchar la conversación—. ¿Puedes mostrarme los Registros Oficiales de Párselparlantes? —le pidió finalmente.

El rostro de Amadeus se iluminó ante el pedido. Asintió con un movimiento tan brusco que varios mechones de cabello se deslizaron sobre su cara y los anteojos prácticamente se le cayeron. Se puso de pie sin pronunciar palabra, y con un movimiento de su mano, le indicó a Albus que lo siguiera.

Caminaron hacia uno de los últimos pasillos de la biblioteca, y luego giraron hacia la izquierda, entrando en un corredor estrecho y polvoriento. La mugre que cubría los lomos de los libros y las estanterías hizo pensar a Albus que ningún alumno debía de visitar ese pasillo… A excepción de Amadeus, y bueno, tal vez Rose.

—Lo encontré mientras escribía un trabajo sobre la Segunda Guerra Mágica para Defensa Contra las Artes Oscuras... Normalmente correspondería al profesor de Historia de la Magia abordar este tipo de eventos, pero bueno, ya sabes que el profesor Binns rara vez se interesa por algo que haya tenido lugar antes del 1800 —balbuceaba Amadeus mientras deslizaba sus dedos sobre los libros, limpiando los lomos para leer sus títulos.

Estaba entusiasmado. Había una genuina emoción en el muchacho de Ravenclaw, como si la sola idea de haber revisado cientos de libros en búsqueda de detalles olvidados sobre la Segunda Guerra Mágica le pareciese una de las actividades más entretenidas del mundo.

—¿Sabías que Lord Voldemort tenía una serpiente gigantesca dotada de una sorprendente inteligencia y que obedecía todas sus órdenes? —siguió hablando Relish, sus ojos grandes y brillantes, la expresión en su rostro muy similar a la de un niño pequeño que se siente atraído y aterrado en partes iguales por un cuento de terror.

—Sí, Nagini. El tío Nev… Quiero decir, el profesor Longbottom la mató —le respondió Albus casi sin prestar atención a sus propias palabras.

Estaba claro que Amadeus no se esperaba que Albus verdaderamente respondiera a la pregunta, sino que la había formulado de una forma más bien retórica. Sin embargo, la respuesta de Albus lo dejó momentáneamente sin palabras, la boca levemente entreabierta y los ojos imposiblemente grandes, como si la inmensidad de la situación lo hubiese golpeado repentinamente.

—Claro que lo sabes… Eres el hijo de Harry Potter, por supuesto que lo sabes —balbuceó levemente avergonzado, y su atención volvió nerviosamente hacia la búsqueda del Registro.

Albus frunció levemente el entrecejo. No le gustaba cuando la gente decía algo así. No le gustaba que la gente asumiera cosas simplemente porque "era el hijo de Harry Potter".

Y lo cierto era que su padre rara vez hablaba de la guerra. Era su madre Ginny quien más compartía con ellos sobre esa época oscura en sus vidas. Sus tíos Ron y Hermione también se habían mostrado siempre bien predispuestos a hablar al respecto. No era un tema que se conversara frecuentemente, pues traía demasiados recuerdos dolorosos para toda la familia. Pero Albus y sus hermanos siempre se habían mostrado muy curiosos al respecto, sobre todo cuando eran pequeños y no terminaban de dimensionar la realidad de lo que la guerra había significado.

Pero Harry nunca hablaba de la guerra. Una sombra se filtraba en su rostro cada vez que el tema salía a colación y sus ojos se oscurecían con los fantasmas del pasado. Solo unas pocas veces habían logrado extraerle algunas palabras, pero las respuestas de Harry solían ser breves y impersonales, casi protocolares.

Albus suponía que debía de ser muy difícil para él hablar de ello. A veces, cuando Harry pensaba que nadie lo estaba mirando, una de sus manos viajaba inconscientemente hacia su frente, acariciando la cicatriz en forma de rayo que se escondía debajo de su alborotado cabello negro. Y entonces, el padre de Albus se perdía en algún lugar oscuro dentro de los recuerdos, lejos de todos ellos. Algunas veces duraba solo unos segundos, pero otras veces permanecía allí perdido por largos minutos, hasta que Ginny finalmente lo notaba y se acercaba para acariciarle los cabellos y besarlo suavemente en los labios. Y entonces, Harry volvía. Y sonreía. Y sus ojos recuperaban su brillo habitual.

—En fin, me resultó sumamente interesante que alguien pudiese controlar de esa forma a un animal, así que decidí investigar un poco más sobre el pársel… ¡Aquí está! —volvió a hablar Amadeus, obligando a Albus a volver a la realidad.

Extrajo un libro de los estantes y lo sostuvo en uno de sus brazos con sorprendente equilibrio mientras pasaba las hojas con la otra mano. Una exclamación victoriosa escapó de entre sus labios al encontrar la hoja que estaba buscando, y entonces giró el libro para que Albus lo pudiese tomar.

—Es éste: El Registro Oficial de Párselparlantes —agregó orgulloso de sí mismo, mientras se sacudía el polvo de las manos.

Efectivamente, era tal como Amadeus le había comentado y Rose le había confirmado posteriormente. La lista de personas registradas capaces de hablar la lengua de las serpientes era sumamente reducida. En el último siglo, solo había registro de cinco magos capaces de hablar pársel. Albus deslizó su dedo sobre la hoja y por sobre cada uno de los nombres de la lista:

Marvolo Gaunt (fallecido)
Morfin Gaunt (fallecido)
Merope Gaunt (fallecida)
Tom Marvolo Riddle (fallecido)
Harry James Potter (parlante hasta 1998)

Una vez más, Rose tenía razón: Harry había perdido la capacidad de hablar con las serpientes en 1998, por lo que Albus no había heredado esta habilidad de su padre.

—¿Qué más averiguaste de la lengua pársel, Amadeus? —preguntó Albus, sintiendo la boca repentinamente seca. Los ojos de Amadeus brillaron con anticipación ante la pregunta.

—Pues, es un don poco frecuente, y como todas las cosas excepcionales, siempre ha suscitado cierta desconfianza, sobre todo teniendo en cuenta que el primer hablante de pársel conocido fue Salazar Slytherin —comentó Amadeus, encogiéndose de hombros mientras hablaba.

—¿Hay alguna forma de… aprenderlo? —Albus no estaba seguro de cómo formular la pregunta que inquietaba su mente. Amadeus, sin embargo, captó perfectamente lo que deseaba saber.

—Puede aprenderse como cualquier idioma… Pero hablarla de forma natural, eso es algo que viene inherente con el mago —respondió cautamente el muchacho de Ravenclaw.

—¿Hereditario? —inquirió Potter, curvando una ceja dubitativa.

—Sí, suele ser un don heredado. Si buscas el Árbol Genealógico de las personas que figuran en el registro, es muy probable que puedas rastrear su descendencia hacia Salazar Slytherin en la mayoría de los casos… —Amadeus se animó a mirarlo a los ojos mientras hablaba. Había más detrás de esa mirada de lo que se expresaba en palabras.

—Pero existen excepciones —comprendió Albus. Relish sonrió misteriosamente.

—Sí, existen. Tu padre, por ejemplo —señaló el nervioso muchacho. Albus frunció la nariz y negó levemente con la cabeza.

—No… Él podía hablar con las serpientes porque tenía una especie de conexión extraña con Voldemort —razonó Potter pensativamente.

—Aún así, prácticamente todas las familias de magos se han cruzado en algún punto de la historia de la magia. No me sorprendería que hubiese sangre de Salazar Slytherin en tus venas —comentó Relish, y sus ojos se desviaron nerviosamente hacia sus manos, todavía manchadas con polvo.

—Si así fuese, entonces mis hermanos tendrían que poder hablar pársel también —señaló Potter, buscando una confirmación en la mirada de Amadeus.

—Pero nadie más en tu familia habla pársel, ¿verdad? —le preguntó Relish apremiante. Había cierta ansiedad en sus palabras. Llevaba un rato deseando formular esa pregunta y saciar su curiosidad.

—Nadie —confirmó Potter. Amadeus asintió con un gesto nervioso y se acomodó inmediatamente los anteojos con un movimiento reflejo.

—Interesante… —confesó el chico, abstraído en sus propios pensamientos. Albus alzó las cejas a modo de pregunta, llamando su atención. Relish se sonrojó levemente.

—En mi caso, no es hereditario —remarcó Potter, su mirada penetrante.

—No, no parece serlo —estuvo de acuerdo Relish.

—Pero tú tienes una teoría, ¿no es así? —siguió presionando Albus, dando un paso casi imperceptible hacia él—. Dime lo que piensas —le pidió, y si bien no había elevado la voz, el tono en que había pronunciado las palabras dieron a entender que Potter no se iría de allí sin una respuesta. Amadeus, sin embargo, no parecía tener intención de resistirse, sino todo lo contrario.

—He estado dándole vueltas al asunto desde aquel día en que hablaste pársel durante el Torneo de Merlín. He revisado prácticamente todo lo que hay en la biblioteca sobre Lenguas Mágicas, e incluso revisé la Sección Prohibida —empezó a explicar Amadeus de forma atropellada, envalentonado por poder compartir sus conocimientos con alguien que parecía igual de interesado que él en el tema. Era evidente que llevaba tiempo rumiando sus ideas, sin tener con quien hablarlas sin correr el riesgo de ser juzgado negativamente—. No encontré mucho en esos libros, pero en cambio, me topé con un libro muy interesante sobre Mágia Teórica Avanzada. ¿Estás familiarizado con el concepto de la esencia de la magia?

La pregunta tomó a Albus completamente desprevenido, y un cosquilleo nervioso le recorrió el pecho. Tardó unos segundos en darse cuenta que estaba conteniendo el aliento, y su rostro sin duda había dejado entrever la sorpresa, porque Amadeus Relish sonreía complacido con su reacción.

—Sí, estoy familiarizado —confesó Potter, recordando uno de los libros más preciados que guardaba en su biblioteca personal, un regalo que su novia Tessa le había hecho años atrás. La sonrisa se acentuó aún más en los labios de Amadeus.

—Entonces sabes que existe una teoría que plantea que la magia no puede ser creada… Ni destruida —puntualizó Amadeus, enfatizando las últimas palabras.

—La Magia es energía, y los magos somos conductores de esa energía —respaldó Potter, siguiendo la línea que Amadeus lentamente iba trazando.

—El pársel no deja de ser una forma de magia. Y como tal, se canaliza a través de aquellos magos capaces de manejar ese tipo de energía —continuó su explicación Amadeus, su mirada brillando con fascinación ante la posibilidad de que su teoría fuese, efectivamente, correcta—. Eso explicaría por qué es un don considerado comúnmente como hereditario, pues es lógico que los magos trasmitan a su descendencia la capacidad para controlar algo así. Pero erradicada la línea de descendientes de Salazar Slytherin… —Amadeus dejó la frase colgando en el aire, su peso cayendo sobre ellos como una cortina de plomo.

—La magia busca otro mago para canalizarse —completó la oración Potter, sintiendo un vacío en el estómago mientras lo decía. Relish asintió secamente.

—Otro mago apto para canalizarse —corrigió Amadeus con delicadeza.

Albus apoyó la espalda contra una de las estanterías, buscando algo firme para asegurarse, sus piernas sintiéndose repentinamente inseguras. Estaba levemente mareado, y las palabras de Amadeus revoloteaban en su cerebro como un enjambre de avispas agitadas.

¿Era esa la explicación de su inusitada capacidad para hablar con las serpientes? Luego de la muerte de Voldemort, sin ningún heredero que mantuviese viva la sangre de Slytherin, ¿habría la magia buscado un nuevo conductor? ¿Lo había buscado a él?

Tal vez te pareces más a Salazar Slytherin de lo que piensas, le siseó una voz maliciosa en su cerebro, y el malestar dentro de él se acrecentó, revolviéndole el estómago y provocándole que un sabor amargo ascendiera por su garganta y le impregnara la boca.

Las imagenes comenzaron a arremolinarse ante sus ojos, trayendo de regreso recuerdos que Albus prefería olvidar.

Tu no perteneces a Slytherin, Potter… con una familia como la tuya, no entiendo en qué pensaba el sombrero al mandarte aquídecía Portus Cardigan, con tan solo once años de edad, tras la Selección.

...

Sólo que muchos encuentran raro que hayas terminado en Slytherin, Albus.—confesaba Scorpius Malfoy durante su primer año en Hogwarts—Ya sabes… eres el hijo de Harry Potter… y terminas en Slytherin. Muchos piensan que… bueno, que el sombrero debe de haberte mandado aquí porque tú…

Piensan que te ha mandado a Slytherin porque tienes poderes oscuros—terminó la frase Hedda.

...

Todo el mundo lo dice… todos hablan sobre el chico Potter que terminó en Slytherin… y en que eso sólo puede significar una cosa… ¡que estas podrido por dentro!—James escupía las palabras con odio, sus ojos relampagueando amenazadoramente. Una discusión que por poco había arruinado el vínculo entre los hermanos.

...

¡Somos personas, Albus! ¿O te crees que el hecho de poder sostener una varita te convierte en mejor ser humano que un muggle? —estallaba Elektra. Estaban en la Masión Le Blanc, en St. Jean Baptiste. Era la primera vez que Albus la veía tan enojada, y era su culpa.

...

¿Realmente me vas a decir que no te das cuenta de cómo se vio eso desde afuera? Parecía una condenada sátira: de un lado la magia blanca de los chamanes, y del otro lado…—Scorpius se interrumpió antes de terminar la frase. Era un recuerdo más fresco. Malfoy lo estaba criticando por hablar pársel durante su duelo contra Asari.

Dilo, Scorpius —lo desafió Albus en ese momento—. Los dos sabemos cómo termina esa frase.

Y del otro lado estabas tú, Albus —respondió Hedda, una vez más pronunciado las palabras que Scorpius no lograba decirle.

...

Albus, estás jugando un juego peligroso —le advertía Rose.

Hace rato que esto se ha vuelto un juego peligroso, prima —le retrucaba Albus, con fría calma.

La gente te tiene miedo, Albus —intentaba hacerlo entrar en razón ella.

...

—Albus, ¿te encuentras bien? —le preguntó Amadeus, visiblemente preocupado. El muchacho extendió una mano insegura hacia Potter, pero se contuvo a mitad de camino y finalmente la dejó caer a un lado del cuerpo, comprendiendo que era mejor darle espacio.

—Sí, estoy bien —farfulló Albus, su voz inusitadamente ronca, mientras se enderezaba e recuperaba la compostura, agradeciendo mentalmente que Amadeus se había contenido de sostenerlo—. Es una teoría atractiva —agregó, aclarándose la garganta en un intento de eliminar el tinte rasposo que la decoraba.

—¿Verdad que sí? —coincidió el chico de Ravenclaw, sus ojos centelleando alegremente. Lucía verdaderamente emocionado de poder hablar sobre algo tan abstracto como aquello con alguien que no solo lo comprendiese, sino que además, lo valorase.

—Ha sido de mucha ayuda —le reconoció Potter, esbozando una tenue sonrisa. Amadeus chasqueó la lengua, restándose importancia, y tomó el libro del Registro para volver a guardarlo en la estantería a donde pertenecía.

Albus ya había empezado a recorrer el camino de regreso hacia la salida de la biblioteca cuando una idea se le vino a la mente, y se detuvo.

—Amadeus… —lo llamó, girando a mirarlo. El muchacho acababa de guardar el libro y se estaba limpiando la tierra de sus manos contra la tela de la túnica de Ravenclaw. Levantó la cabeza hacia él, expectante—. Mañana haré una reunión entre algunos alumnos… Si estás libre, me gustaría que vinieras —le propuso misteriosamente.

La invitación tomó a Amadeus completamente por sorpresa. Abrió la boca, pero no logró formular respuesta alguna, y tras unos segundos, volvió a cerrarla y simplemente asintió con la cabeza.

—Séptimo piso, a las 17hs. Espera junto al tapiz de Barrabás, el Chiflado —le indicó Potter, y con una leve inclinación de la cabeza, se despidió.


Thomas White se sentó en la silla frente a Lily y le sonrió amistosamente. A pesar de ello, la muchacha se sentía inquieta.

—Tengo que confesar que no soy particularmente hábil en Legeremancia, pero no podemos tener a tu tía Hermione entrando a Hogwarts todas las semanas para practicar contigo sin levantar sospechas, así que por ahora tendrás que conformarte conmigo, Lily —comentó Thomas, en un tono relajado.

—Yo tampoco soy particularmente hábil en Oclumancia, así que creo que estamos a mano —se animó a bromear Lily, devolviéndole una sonrisa nerviosa. Thomas soltó una carcajada, un sonido fresco y agradable. Y Lily se relajó un poco más al escucharlo.

A pesar de que se encontraban dentro de Hogwarts, esa mañana Thomas no vestía su habitual túnica de profesor, sino que llevaba ropa muggle. Era domingo, y por lo tanto, tenía el día libre, así que había optado por un estilo más informal que el que Lily estaba acostumbraba a verle.

En ese momento, resultaba sorprendentemente fácil olvidarse que Thomas White era el profesor de Defensa contra las Artes Oscuras, y por lo tanto, una figura de autoridad. Thomas siempre había mantenido un trato informal con sus alumnos, y sus clases eran entretenidas e impredecibles, saliéndose completamente del esquema tradicional al que los alumnos de Hogwarts estaban acostumbrados. Su rostro juvenil y su sonrisa sincera tampoco ayudaban.

—Eso no es lo que me han comentado —le contradijo gentilmente White.

—Mi tía Hermione me quiere demasiado como para decir otra cosa —insistió Lily, aunque se percibía que no era enteramente una broma. Thomas alzó las cejas.

—Draco Malfoy no parece ser el tipo de personas que reparte indiscriminadamente halagos —comentó con fingida ligereza el profesor, y la comisura de sus labios temblaron mientras hacía un esfuerzo por contener la sonrisa. Lily se sonrojó inmediatamente.

—¿El señor Malfoy le habló de mí? —preguntó Lily, sin poder esconder la ilusión de su voz.

—Sí. Supuestamente se comunicó conmigo porque quería ponerme al día sobre dónde te encontrabas en tu entrenamiento. Personalmente, creo que en realidad quería comprobar si yo estoy a la altura de sus expectativas —se permitió reírse de la situación Thomas.

Por lo visto, la actitud de Draco Malfoy no lo había ofendido en lo más mínimo. Pero Lily suponía que Thomas White no era un hombre fácil de ofender. La chica de Gryffindor sintió cómo un calor reconfortante le recorría el cuerpo ante la idea de que Draco hubiese hablado a su favor frente al profesor. Efectivamente, el padre de Scorpius no aparentaba ser una persona demostrativa, por lo que sus palabras eran aún más relevantes a los ojos de Lily.

—¿Has estado practicando? —le preguntó Thomas, repentinamente, todo negocios. Se había arremangado las mangas de su camisa, y sostenía la varita en su mano derecha lista para lanzar un hechizo. Sin embargo, su rostro seguía luciendo una sonrisa amena y suave.

—Ehm… Sí… —balbuceó Lily, tensándose en la silla a la espera de lo que iba a suceder. Thomas levantó una ceja, detectando la vacilación en la respuesta. Pero no dijo nada. Era el primer encuentro que tenían desde que Lily había vuelto a Hogwarts, y el hombre no deseaba presionarla más de la cuenta.

—Muy bien. Vamos, entonces. Legeremens —pronunció Thomas con delicadeza.

Lily sintió el hechizo abriéndose paso en su mente, buscando con mucho más cuidado del que Draco le había mostrado en las últimas clases. A pesar de ello, Lily descubrió que su capacidad para bloquear sus recuerdos estaba un poco oxidada después de varias semanas sin entrenar (porque si debía ser sincera con ella misma, no había practicado tanto como debía desde su llegada al castillo), y Thomas se abrió paso sin resistencia.

Estaban en el Expreso de Hogwarts… Nina y Hugo estaban con ella. Hugo le estaba contando a Nina sobre el entrenamiento feroz que habían recibido nada menos que de su madre, Scarlet. Nina lo escuchaba entre avergonzada y orgullosa, las mejillas levemente sonrojadas y la mirada atenta en Hugo.

Lily los escuchaba sin hablar. Se sentía aislada. Ella no había entrenado con Scarlet durante el verano. Su padre había querido que se concentrara en la Oclumancia. Mientras escuchaba a sus amigos conversar sobre todo lo que habían aprendido de la brillante (y un poco escalofriante) Scarlet Raven, un sentimiento ruin y amargo se asentó en Lily. Sentía envidia de ellos que habían pasado todo su verano adquiriendo fascinantes conocimientos de duelo mientras ella intentaba bloquear el único talento mágico que parecía poseer…

Recuperando el control de su propia mente, y haciendo un esfuerzo, Lily se obligó a bloquear el recuerdo, demasiado consciente de que no era bueno que Thomas supiese eso.

Volvían a estar en la oficina de Thomas, en Hogwarts. El profesor seguía sentado frente a ella, ahora sonriéndole indulgentemente.

—¿Cómo te sientes? —le preguntó White con serenidad.

El profesor la trataba como si fuese de cristal. No estaba familiarizado con ese tipo de entrenamientos, y lo incomodaba la posibilidad de estar presionándola demasiado, sobre todo teniendo en cuenta que era sólo una niña.

Pero Lily, acostumbrada a los duros e intensivos entrenamientos con Draco, apenas había sentido una la intromisión como leve molestia en su cerebro. Un hormigueo inofensivo.

—Bien. Puedo seguir —aseguró ella, enderezándose una vez más en la silla. Thomas rió entre dientes, y alzó una vez más su varita.

Esta vez, Lily sabía qué esperarse, y lo contuvo apenas intentó abrirse paso por sus recuerdos. Podía percibir la magia de Thomas golpeando contra sus barreras, y detectó sin dificultades el instante en que el profesor se aminó a presionar con un poco más de fuerza.

Lily cerró los ojos, concentrándose. Era importante que lo hiciera, se recordó a sí misma. Mantener su mente protegida, aislada. Tenía que aprender a dominar la Oclumancia.

¿Tenía que aprenderlo, verdaderamente?

Fue un instante de vacilación, de descuido, pero fue suficiente para perder la concentración. Y su mente desvarió inevitablemente hacia la idea recurrente que la ocupaba últimamente: ¿y si no lo hacía? ¿Y si liberaba su mente y dejaba que las visiones vinieran a ella nuevamente?

Lily prácticamente escuchó el chasquido dentro de su cabeza cuando Thomas logró derribar sus barreras y entrar una vez en sus recuerdos. Y a pesar de que intentó mantener la mente en blanco, ya era demasiado tarde.

Su cerebro estaba pensando en las visiones.

Fuego. Todo era fuego. La visión se alzó frente a sus ojos con la misma claridad con que la había visto la primera vez. Un mundo en llamas y Felicity Fox de pie ante el caos y la destrucción. Volvió a sentir el miedo desgarrador, un miedo arraigado a los instintos más básicos de supervivencia del ser humano. Y sin embargo, no había vacilación en la mirada de la mujer. Felicity giró una vez más su rostro hacia ella. Y una sonrisa de aceptación se dibujó en sus labios mientras todo colapsaba a su alrededor.

Lily jadeó, luchando por meter aire en los pulmones. Tardó unos segundos en comprender dónde estaba, y algunos más en asimilar que se encontraba fuera de peligro. El recuerdo del fuego se sentía demasiado vívido, demasiado real todavía. El aire quemaba en su garganta, y podía sentir su corazón latiendo dentro de su cabeza, martillando rítmicamente a una velocidad frenética. No recordaba en qué momento había cerrado los ojos, pero cuando los volvió a abrir, durante unos segundos, solo pudo ver cientos de luces titilando en su retina.

Las luces tardaron varios segundos en desvanecerse, aclarándosele la visión. Y entonces comprobó que la silla de Thomas White estaba vacía.

El profesor se había puesto de pie, y se encontraba de espaldas a ella, con una mano apoyada contra el marco de una de las ventanas de la habitación, como si necesitase aferrarse a algo sólido para no caerse. Su otra mano estaba firmemente apretada contra su frente; sus dedos prácticamente aferrándose con violencia contenida al nacimiento de los cabellos. Con cada profunda inhalación que tomaba, su pecho se expandía notoriamente, y luego volvía a caer con pesadez. Eran respiraciones forzadas y controladas, y Lily comprendió que Thomas White estaba intentando calmarse. La sonrisa que solía decorarle el rostro joven había desaparecido completamente.

—Usted la conoce… A la mujer de la visión. A Felicity Fox —susurró Lily, tras un silencio que se sintió una eternidad.

Al principio, pensó que Thomas no la había escuchado, porque no dio señales de entendimiento. Pero luego se enderezó, despegándose del marco de la ventana, y girando nuevamente hacia ella. La mano que tenía aferrada a su cabeza se relajó, y White la deslizó lentamente por entre los cabellos, peinándolos hacia atrás, despejándose el rostro.

Se humedeció los labios resecos, y carraspeó para aclararse la garganta antes de responder.

—Sí, la conozco —respondió con aire ausente, mientras caminaba de regreso hacia la silla frente a Lily. Lily percibió la inflexión dolorosa en la voz de Thomas, y por algún motivo que no podía terminar de explicar, se sintió culpable.

—Lo siento —fue todo lo que pudo articular, su voz temblando.

Thomas sacudió suavemente la cabeza, como si quisiera disipar los pensamientos que lo abrumaban, y las comisuras de sus labios se elevaron tenuemente, en un intento de sonrisa.

—Eso que vi… ¿Es la visión completa? —preguntó Thomas, pasándose nuevamente la lengua por sobre los labios deshidratados. Lily asintió.

—Sí… quisiera poder saber algo más… —confesó la pelirroja, derrotada.

—No —la interrumpió bruscamente Thomas, su voz ronca—. No, Lily. Esas visiones… No son solo imágenes. Son sentimientos… emociones… —insistió Thomas, sus palabras apagándose mientras hablaba, y la suave sonrisa desdibujándose una vez más mientras recordaba.

Tenía razón. No eran simplemente visiones. Podía sentir el miedo de Felicity. El calor sofocante del fuego. El humo metiéndose en sus pulmones. Y una parte de ella se preguntaba si también sería capaz de sentir el dolor de las llamas quemándole el cuerpo si presionaba lo suficiente a su mente y profundizaba en la visión de Felicity…

Se sacudió en su silla, abordada por un escalofrío ante la sola idea de lo que debía sentirse arder en vida. ¿Era ese el final que le esperaba a Felicity?

—Creo que es mejor frenar por hoy —volvió a hablar Thomas, aclarándose una vez más la garganta y sacudiéndose finalmente el estupor—. Dijiste que tenías una reunión de estudio por la tarde, y si continuamos sólo conseguiremos que darte un dolor de cabeza que no te permitirá hacer nada el resto del día.

Era una excusa. Pero Lily la aceptó sin quejarse, demasiado consciente del malestar que se perfilaba en el rostro del profesor White como para insistir con lo contrario. Y si tenía que ser sincera con ella misma, no estaba segura de querer continuar. Todavía le latía la cabeza, y no terminaba de sacarse de encima ese escalofriante vacío que había sentido durante la visión, producto de un terror visceral que no le pertenecía verdaderamente a ella, pero que se sentía como si lo fuera.

Antes de abandonar la habitación, Lily lanzó una última mirada por sobre su hombro hacia Thomas White. La imagen que vio la hizo sentir miserable. El profesor seguía sentado en su silla, pero había dejado caer la cabeza hacia delante, encerrándola entre las manos. Estaba temblando.

Tal vez Thomas tenía razón. Tal vez esas visiones eran demasiado. Demasiado crudas y violentas. Indomables y peligrosa. Un solo vistazo hacia el interior de su mente había bastado para que Thomas White se sacudiera hasta sus cimientos. ¿Qué chances tenía alguien como Lily de poder soportar un don como ese?

Recorrió el camino hacia la sala común de Gryffindor en piloto automático. Susurró la contraseña frente al retrato de la Dama Gorda, y se deslizó por la abertura en la pared hacia el interior de la torre.

Hugo y Nina no estaban allí. Pero ella ya lo sabía. Últimamente, su primo dedicaba todo su tiempo libre a entrenar quidditch. Planeaba presentarse a la audición para el puesto de Cazador vacante de su equipo. Esa mañana, antes de partir hacia la oficina del profesor White, Hugo le había informado que estaría en el campo de quidditch toda la mañana, aprovechando el buen clima. Nina se había ofrecido a acompañarlo y ayudarlo a entrenar, a pesar de que el quidditch no se le daba tan bien como el duelo.

Por lo visto, seguían allí. Pero Lily no se sentía de humor como para sumárseles. El entrenamiento con Thomas había sido más desgastante de lo previsto, y la idea de tirarse un par de horas en los sillones de la sala común sonaba terriblemente tentadora en ese momento.

La sala estaba prácticamente desierta, la mayoría de los estudiantes disfrutando de lo que seguramente sería el último fin de semana caluroso del año. Un puñado de estudiantes de séptimo año se encontraba enfrascado en la lectura de sus libros para los EXTASIS, dos chicos jugaban un partido de ajedrez mágico, tres muchachas conversaban animadamente en los sillones cercanos a la chimenea, y un muchacho solitario de cuarto año leía El Profeta. Lily leyó al pasar el titular de la portada: Sospechoso del ataque en Callejón Diagon es encontrado culpable por el Wizengamot y enviado a Azkaban.

Pero su mente seguía rumiando de forma obsesiva la visión de Felicity, reviviendo una y otra vez el fuego y el caos.

La puerta de la sala común se abrió, e inmediatamente las carcajadas inundaron el lugar, interrumpiendo la quietud y la tranquilidad que había reinado segundos atrás.

James Potter entraba acompañado por sus amigos. Louis Weasley estaba prácticamente llorando de la risa, encorvado sobre su propio cuerpo, sus brazos abrazando su estómago, como si le doliese de tanto reír. A su lado, Lorcan Scamander cargaba sobre el hombro una bolsa que parecía repleta de objetos redondos del tamaño de pelotas de tenis. Reía entre dientes, haciendo un esfuerzo por controlar los estallidos de carcajadas que pugnaban por salir mientras lanzaba miradas de reojo hacia Alexander Domich.

Alex era el único del grupo que no estaba riendo, sino que en cambio tenía el ceño fruncido y una expresión furibunda en el rostro. No era difícil deducir el motivo. Sus ropas estaban completamente manchadas de lo que parecía ser un polvo rojo brillante.

Lily pensó que era una imagen verdaderamente cómica y contrastaba simpáticamente con el aspecto habitualmente pulcro y correcto de Domich. Pero no se animó a decirlo, pues Alex parecía dispuesto a lanzar una maldición contra sus propios amigos si éstos no dejaban de reírse de él. Lo observó atentamente mientras que intentaba sacudirse el tinte escarlata del frente de su camisa y sus pantalones, sin éxito. La pintura parecía adherida a las telas, seguramente gracias a algún hechizo que ellos mismos habían colocado sobre ésta. A todas luces, esto tenía el aspecto de uno de los típicos experimentos de los Caballeros de la Mesa Redonda.

La risa de James se alzó por encima de la de sus amigos, alegre y despreocupada, mientras que uno de sus brazos se cerraba en torno al cuello de Alex, estrujándolo cariñosamente contra él.

—¡Mira el lado positivo, Alex! ¡Ahora sabemos que tu encantamiento funciona! —bramó James, burlándose de su amigo.

La risa de Louis se había profundizado tanto que ya ni siquiera producía sonido alguno, y parecía a punto de desmayarse, incapaz de respirar. Lorcan ya no pudo contenerse, y la carcajada escapó de entre sus labios como un bufido. Alex les dedicó una mirada asesina, mientras forcejeaba por liberarse de los fuertes brazos de James.

—¡No es gracioso, James! ¡Dijiste que eran para el partido de Gryffindor contra Slytherin! —gruñó Domich, sonrojándose ante su propia ingenuidad. James cruzó una mirada cómplice con Louis, quien por fin parecía estar recuperado el aliento, y con ella, parte de su gracilidad.

—Bueno, sí… Esas que tenemos ahí son para el partido de quidditch —reconoció Louis, señalando la bolsa que cargaba Lorcan sobre el hombro—. Pero teníamos que probar el producto al menos una vez antes del gran evento. Un simple testeo de calidad.

—¿Y no se les ocurrió mejor idea que testearlo conmigo? —se quejó Alex, poniendo los ojos en blanco.

—Sentimos que dado que tú fuiste la mente brillante detrás de la varita que las fabricó, merecías el honor de ser el primero en probarlas —concluyó James, encogiéndose de hombros, como si fuese obvio.

—¡Idiotas! ¡Podrían haberme lastimado! ¡Están pensadas para lanzarlas al aire, no a personas! —les recordó Domich inútilmente.

—Oh, Alex, todos sabemos que tus encantamientos son inofensivos… Nunca serías capaz de poner en nuestras manos algo potencialmente peligroso —aseguró Louis, guiñándole un ojo.

—¿Y nunca se han preguntado por qué es eso? —retrucó Alex, pero un atisbo de sonrisa empezaba a asomar en sus labios. Hizo un esfuerzo por contenerla, intentando mantenerse serio unos segundos más.

—Lo bueno es que ahora sabemos que podemos usarlas contra personas —comentó Lorcan distraídamente. Alex le lanzó una mirada de completa incredulidad.

—¿En serio, Lorcan? ¿Esa es la conclusión que has sacado de todo esto? —le preguntó, completamente estupefacto.

—Bueno… Estás vivo, ¿no? —justificó sus palabras Scamander, encogiéndose de hombros.

—Brillante premisa, colega —coincidió James, con un gesto de fingida seriedad. Alexander resopló, llevándose una mano a la frente mientras meneaba resignadamente la cabeza.

—Si McGonagall llega a descubrirnos, negaré a muerte cualquier participación en todo esto —les aseguró Alex, pero una sonrisa se dibujó finalmente en su rostro. James le palmeó el hombro.

—Por supuesto que lo negarás. Un buen Prefecto como tú jamás sería capaz de una fechoría semejante, ¿a qué no? —se burló de él Potter usando un tono particularmente meloso. Domich finalmente se rió.

—No te estreses, Alex. Minerva va a amarlas cuando las vea en acción —sentenció Louis, seguro de sus palabras—. Todos saben que su corazón sigue siendo de Gryffindor.

—Si no les importa, podemos seguir esta charla en la habitación. Esta bolsa me está matando la espalda —le preguntó Lorcan, balanceando el peso de la bolsa y girándola hacia el hombro contrario.

—Ustedes encárguense de guardarlas. Yo iré a darme un baño —decretó Alex, sin moverse de su lugar, aunque el mal humor se había evaporado para entonces.

James, Louis y Lorcan avanzaron hacia la escalera caracol que llevaba a las habitaciones de los hombres. Las chicas que habían estado conversando en los sillones los observaban atentamente. Una de ellas soltó una risa tímida y susurró un saludo casi inaudible cuando pasaron junto a ellas.

—Señoritas —les devolvió el saludo James, deteniéndose momentáneamente para hacer una leve inclinación frente a ellas, en un gesto sarcásticamente formal. La chica que lo había saludado en primer lugar se sonrojó completamente. Las otras dos rieron por lo bajo.

James y sus amigos siguieron su ruta hacia la habitación, sus risas todavía resonando en el lugar, y las chicas se apresuraron a cuchichear por lo bajo.

—Por Merlín —murmuró Lily, meneando la cabeza desaprobatoriamente ante la actitud de las muchachas. Se sorprendió al escuchar que alguien reía a su lado.

—Visto desde afuera, tu hermano es un maldito engreído —comentó Alex cómplicemente. No había maldad en sus palabras, sino que eran pronunciadas con cariño, e incluso con cierta admiración.

—Estoy convencida de que un día de estos va a anunciar que ha decidido casarse consigo mismo, pues no existe en todo el mundo alguien que esté a la altura del fabuloso James Sirius Potter —comentó irónicamente Lily. Una vez más, Alex rió mientras dejaba caer la cabeza hacia atrás. Su risa era contagiosa, y Lily se encontró sonriendo de su propia broma.

—No me sorprendería viniendo de James —coincidió Alex, dejándose caer en el sillón junto a Lily.

—¿Qué es eso, de todas formas? —preguntó Lily, señalando el polvo brillante escarlata que manchaba toda la ropa del muchacho. Una sonrisa derrotada se dibujó en los labios de Alex.

—Tu hermano y Louis dijeron que querían fabricar unas bombas de colores para el primer partido de Gryffindor. James quiere que su debut como capitán sea, y cito sus palabras textuales: una experiencia inolvidable —respondió Domich.

—¿Cómo funcionan? —preguntó la pelirroja, curiosa. Sorprendentemente, Alex Domich había conseguido captar su atención y distraerla de sus pensamientos oscuros.

—Bueno… Primero tuvimos que convertir la pintura de líquido a polvo. Esa fue la parte más simple. Bastó con un hechizo de transformaciones que aprendes en cuarto año, imagínate. Encapsularlas fue lo más complejo, porque tuvimos que ponerle un encantamiento temporalizador para que una vez activado, la bomba se abriera a 5 segundos liberando el contenido. Pero por supuesto, tu hermano no quería que la pintura simplemente cayera de las esferas, sino que quería una explosión. Así que le agregamos una pizca de pólvora y un hechizo explosivo que se gatilla en el momento exacto que se abre la cápsula… Y como si eso no fuese suficiente, Louis insistió en que teníamos que agregar un hechizo de permanencia sobre la pintura. Dijo algo de que "quería ver todo el campo de quidditch teñido con los colores de Gryffindor" —relató Alex atolondradamente. Parecía exasperado y fascinado en igual medida.

—¿Y funciona? —Lily no podía esconder su sorpresa. Alex alzó las cejas, y se señaló el pecho con ambas manos, marcándole el sitio donde su camisa había sido estropeada por pintura roja.

—¿Tú qué crees? —fue la respuesta de Alex, cierto orgullo personal filtrándose de forma sutil.

Una parte de Lily admiraba profundamente a los Caballeros de la Mesa Redonda. Eran ingeniosos y ocurrentes, y cuando se proponían algo, eran capaces de hacer magia sorprendente.

James y Lorcan solían ser los que tenían las ideas más disparatadas, y posiblemente, más peligrosas. Louis era a quien mejor se le daban los hechizos de Transformaciones, pero Alex era sin duda en más hábil con la varita, sobre todo cuando se trataba de Encantamientos. James bromeaba que Alex era quien volvía posible los sueños más imposibles del grupo, y después, se quejaba por tener que hacerlo.

Pero a pesar de que Alex Domich tenía un perfil mucho más tranquilo y muchísimo menos travieso que James, Lorcan y Louis, siempre los ayudaba. Y Lily tenía la teoría de que, a pesar de que refunfuñara al respecto y se negara a confesarlo en voz alta, Alexander Domich disfrutaba de las travesuras de sus amigos.

—Me recuerdan a mi tío George —comentó Lily.

—¡El dueño de Sortilegios Weasley! Siempre nos manda un montón de insumos. Y Louis y James lo consultan constantemente. ¡Él nos dio la idea de la pólvora y el hechizo explosivo! —reconoció Domich, pero se aseguró de hablar en un susurro para que nadie más escuchara. Lily se rió. Se imaginaba perfectamente a su tío enviándoles cajas de Sortilegios a Hogwarts e incentivando todas sus travesuras. —¿Y tú qué haces aquí sola? —disparó la pregunta de improviso, observándola con curiosidad.

La sonrisa vaciló momentáneamente en los labios de Lily, y el recuerdo de su entrenamiento con Thomas volvió, oscureciéndole la mirada. Alexander lo notó inmediatamente, pues se apresuró a aclararle que no tenía por qué darle explicaciones.

Por algún motivo, Lily quería contarle. Sentía que Alex era el tipo de persona que podía escucharla silenciosamente sin emitir opiniones o juicios de valor al respecto. Pero incluso mientras se debatía, Lily no lograba encontrar las palabras para explicar lo que le estaba pasando.

¿Por dónde empezar? ¿Por las visiones? Pues de seguro que Alex ya sabía de eso. James no tenía secretos con sus amigos. ¿Pero qué tanto sabia de las visiones? Podía hablarle sobre la intriga y el miedo que le producían… Esa mezcla ambigua entre deseos de ver más, y terror al hacerlo. Lo impredecibles que eran… Lo incontrolable que resultaban. Y el impacto que tenían sobre ella cuando llegaban. Cómo las visiones se escabullían en su cerebro, se entremezclaban con sus propias emociones hasta el punto donde no podía distinguir si el dolor, el miedo, las decisiones le pertenecían.

¡Quería decirle de la incertidumbre que sentía en ese momento, debatiéndose entre la posibilidad de bloquear para siempre el único Don mágico que le había sido otorgado y la hacía especial… o dejarlo ser, y embarcarse en un camino que le era completamente desconocido y descomunalmente peligroso. Las posibilidades que había del otro lado eran incalculables… Pero también lo eran los riesgos. Y ella no era fuerte como su hermano James, ni brillante como su hermano Albus. Y no estaba segura de poder hacer frente a las consecuencias de ese camino.

—He tenido una mañana difícil y… no sé, simplemente tenía ganas de estar un rato a solas, ya sabes… Para pensar —respondió finalmente Lily, incapaz de llevar a palabras todo lo que se removía dentro de ella. Alex le dedicó una sonrisa comprensiva.

—Bueno… Si algún día tienes ganas de pensar acompañada, avísame. No suelo tener muchos momentos de pacifica reflexión con los Caballeros… Y cada tanto, vienen bien —le prepuso Domich, guiñándole un ojo amistoso.

—Sí, supongo que sí… —balbuceó Lily, totalmente desprevenida con la propuesta.

—Perfecto —fue la respuesta inmediata del muchacho mientras se ponía de pie y se examinaba una vez más sus ropas arruinadas con el ceño fruncido—. Iré a bañarme y a hablar con los elfos a ver si ellos saben de alguna forma para revertir este desastre. ¡No vemos en la reunión de la Hermandad!

Lily lo vio alejarse hacia el Baño de los Prefectos. A pesar de que su ropa estaba arruinada, y se lo podía oír murmurando por lo bajo palabras como idiotas, probar en personas, y pólvora, Lily sabía que Alex Domich no estaba verdaderamente enfadado. E incluso era posible que una parte de él estuviese orgullosa de cómo había resultado la Bomba de Color.

Contrario a todo pronóstico, Lily descubrió que su hermano James y sus amigos habían logrado alegrarle la mañana y hacerle olvidar, al menos por un rato, de las decisiones que tendría que tomar en el futuro cercano… Y las consecuencias que esas decisiones acarrearían, para bien o para mal.


Un capítulo inusualmente largo... Me tomó bastante trabajo también, porque aborda algunas cosas importantes para este libro, y bueno, para la saga en sí.

*Aquilanest: por supuesto que la Rebelión necesitaba también un cuartel general, y como no podía ser de otra forma, el Mago de Oz buscó uno que tuviese historia mágica. Es la primera vez que vemos a la Rebelión oficialmente en esta saga, y nos encontramos con VARIOS personajes conocidos. A Zafira creo que todos la recuerdan. Los que no estén familiarizados o se hayan olvidado de Heros Morgan, les recomiendo volver a LGN y TDH, y lo encontrarán allí. ;)

*Lengua Pársel: obviamente, el fragmento que considero más importante ya que le da nombre al título. Para los que me preguntaban por qué Albus hablaba con las serpientes... Bueno, aquí les dejo un poco de otra de mis locas teorías sobre la magia y cómo creo que funcionaría si fuese real. Obviamente que profundizaré en este aspecto a lo largo de este libro, y de toda la saga, porque supone algo muy importante para el personaje de Albus: hay algo en él que lo hace "apto" para ese tipo de magia, de la misma forma que Salazar lo fue antes que él... Y otros magos también. No quiero adelantarme y hablar de más sobre esto, pero estoy segura de que ustedes tendrán algunas preguntas para hacerme.

*Lily: para los que me preguntaban qué pasaría con el entrenamiento de oclumancia de Lily... Aquí está la respuesta. ¡Algunos de ustedes hasta habían adivinado que sería Thomas el nuevo entrenador! Y vemos como ella se debate verdaderamente entre la necesidad de resguardar su mente de las visiones, y los deseos de ayudar a Felicity.

Este capítulo me dio algunos dolores de cabeza, porque tiene muchas cosas importantes para los personajes de Albus y Lily.

POR FAVOR, DIGANME QUE LES PARECIÓ!

229: ¡Sí, la última frase de Harry sobre cómo todo se está saliendo de control es un golpe de realidad! Y es que una parte de él todavía guardaba las esperanzas de poder contener la Rebelión antes de que estallara el caos en Inglaterra... Pero esa opción parece cada día menos probable, no? Sobre su relación con Axton: no, claro que no se trata simplemente de una cuestión de confianza. Harry lo conoce hace muchos años, y sabe que es un excelente auror y un hombre correcto... Pero hay muchas cosas en juego, y Harry carga con muchas responsalibidades. Las vidas de todos los miembros de la Orden están sobre sus hombros (o así lo siente él), y cada persona que recluta es una invitación hacia el peligro... Y cada decisión que toma puede ponerlos a todos en riesgo. Tiene que ser muy cuidadoso. De golpe, empieza a empatizar un poco más con Dumbledore, no? ¿Qué es un Simulador de Crisis? ¡Oh, ya lo verás! Posiblemente en un par de capítulos. Forma parte del Entrenamiento Avanzado de los Aurores. ¿Verdad que Hermione sacó un as de la manga con ese testamento? ;) Siempre adoré su personajes... Una solución para todos los problemas.

ejuarez gt: Me gusta mantener a Hermione como una de las brujas más brillantes de su generación. Creo que era algo distintivo en ella dentro de los libros de JKR, y solo puedo imaginar que se mantuvo o incluso intensificó con los años y el conocimiento adquirido. ¡Tu teoría sobre Ansel Krum era realmente muy buena! Una parte de mi pensó: ¿cómo no se me ocurrió eso a mi? Jaja. Pero bueno, ya me dirás que te parece mi propia versión ;) Sobre Hollow: no, no estaba bajo un Imperus. Y en este capítulo tenemos respuestas, o al menos espero haberlas dado. Sobre el Testamento del Rey Arturo: simplemente me pareció algo lógico. Arturo nunca habría dejado librado al azar algo tan importante como Camelot. Menos aún teniendo en cuenta que Excalibur se encuentra allí. ¿Por qué Harry tiene reservas con Agamenon? Bueno, no es que no confíe. No puede incluir a todos los Aurores dentro de la Orden. Él ya sabe que cuenta con Agamenon dentro del Cuartel, y por lo tanto, lo está aprovechando en ese aspecto. Lo ha designado director de Camelot. Por ahora, Harry intenta mantener la Orden del Fénix lo más oculta posible. Cuanto menos gente esté involucrada, mejor, por el bien de todos.

3312luv: ¿Será importante que un aprendiz de Harry muriese? Mmm... En realidad, es algo que creé más como "trasfondo" para darle cuerpo al personaje de Harry Auror. Cuando tuve que planificar cómo sería mi Harry adulto, creé varias de estas cosas que me ayudan a darle forma y personalidad, aunque no sean necesariamente "importantes" a la historia. Pero que uno de sus aprendices muriese mientras cumplía una misión lo dejó bastante mal en su momento. Durante varios meses pensó en abandonar el Cuartel, por ejemplo. Finalmente, Ron lo hizo entrar en razón: es un trabajo peligroso, la gente muere, y él no puede salvar a todo el mundo. ¡Obvio que Albus da ganas de sacudirlo y hacerlo entrar en razón en algunos momentos! Sobre todo cuando adopta esa actitud tan arrogante jaja. El trío Molly, Jasper y Hamilton están teniendo una recepción mucho más grande de la que me imaginé que tendrían, jaja. Sobre tu pregunta sobre el área de Investigaciones Mágicas: no vienen a reemplazar a los Inefables del Depto de Misterios. En mi mente, los Inefables solo se involucran en esos casos que tienen algo "inquietante" o, valga la redundancia, "misteriosos". Casos donde se ha usado magia fuera de lo común, o magia muy poderosa, o magia desconocida... Nunca perderían el tiempo en algo tan trivial como una pelea callejera, porque su trabajo no es "analizar escenas del crimen", sino "estudiar los misterios de la magia". ¿Se entiende la diferencia entre ambos? ¿Veremos otro cumpleaños en la historia aparte del de Albus? Mmm... Puede ser, no estoy segura. A menos que sea relevante de alguna forma para la historia, no, no los verán. Siempre escribo sobre los cumpleaños de Albus porque me dan la oportunidad de hacer un poco de introspección sobre el personaje y su crecimiento.

Pandora Navarro: Sí, a mi también me pone un poco triste cuando escribo un capítulo donde no aparece ninguno de los chicos de la Tercera Generación, porque es lo que más me gusta escribir. Pero créanme que son capítulos necesarios para que después otras cosas tengan sentido. Tenías razón: Hollow no está bajo la maldición Imperius. Es pura manipulación o extorsión. ¡El precio de los secretos! Algo que Harry le criticó tanto a Dumbledore, y ahora se encuentra que ni siquiera él puede evitarlo en algunos momentos. Es difícil cargar con tantas responsabilidades, y la incertidumbre de si verdaderamente lo que hacemos es para mejor... Con los años, y sobre todo estos últimos que estuvo liderando la Orden del Fénix, creo que Harry entiende un poco mejor a su querido Dumbledore. Sobre Hermione: creo que una mujer fuerte como ella habría luchado hasta el hartazgo por rescatar al ministerio de la corrupción y la injusticia en que estaba sumergido cuando ella era adolescente. ¿Te llamas Lizzy? Bienvenida a mi fic, entonces jaja. Sobre Vera Volts: dudé mucho este "detalle"... Mi recuerdo de cuando leí el libro es que nunca tenemos la confirmación de que Lavender ha muerto. Sabemos que Greynback la ataca, pero nadie nos confirma su muerte (aunque en la película parece que muere, efectivamente). Así que decidí darle un golpe de gracia, y dejarla con vida. Ahora es Sanadora. Pero bueno, reconozco que es posible que, en realidad, esté muerta. ¡Pero no he encontrado en internet ninguna confirmación!

Asami Black: Gracias por el review! ¿Crees que Agamenon Axton, el discípulo de Ron, esconde algo? Reitero: Harry confía en él, o de lo contrario, nunca le habría dado el puesto en Camelot. Pero confieso que hay algunas cosas sobre la "Masacre de Rusia" que ustedes todavía no saben. Y que Agamenon sospecha.

Severus 8: Sí, algunos padres/abuelos son más tolerantes que sus hijos/nietos... Pero tienen la experiencia de una guerra encima. Y hay una tendencia a irse hacia los extremos luego de momentos críticos como las guerras. La Tercera Generación aún tiene mucho por madurar, aprender, y reflexionar. La tolerancia no siempre es un habito que evoluciona lamentablemente. Yo también le llevé la impresión durante la saga HP que el Veritaserum no era infalible, pero bueno, tranquilamente podía estar equivocada jaja. Sobre mis respuestas a otros usuarios: sí, a veces revelo algunas cosas puntuales cuando me preguntan, como lo de los protegidos de Harry y Ron, jaja. De todas formas, siempre es información que: o bien lo sabrán eventualmente porque va a aparecer en la historia, o es un detalle que no forma parte de la historia en sí, o al menos, no influye directamente en la misma, sino que son "datos de color". Tuviste una buena "teoría" con Hollow... Lo estaban chantajeando sin duda. A Jack no necesitan vigilarlo porque irá a Azkaban. En cuanto a Hermione, yo me la imagino como el tipo de persona que no se resignaría simplemente a aceptar que el mundo el corrupto, sino que haría todo lo que está en su poder para mejorarlo. Sobre la Ley de Godwin... Si es muy probable que tanto Hermione como Bradshaw tengan que ceder en algunos aspectos sobre la ley, y hacer algunas "concesiones". ¡Sí, Linus es el padre de Mila Cavenger! Bien por recordarla, y por hacer el enlace entre ambos. ¿Va a ser alguien que va a fastidiar a la Orden? Jejje... que crees? ¿Uno de los muchachos que estaba con Zafira es Patrick Smith? No, no lo era. La misión que Ron estaba cumpliendo persiguiendo a un traficante de joyas embrujadas: no, no se refiere a las Joyas de la Corona, pero no habría estado mal, eh? Scarlet y Agamenon: me parece bastante realista que no todos los Aurores se lleven de maravillas entre ellos, y que exista cierta competitividad entre algunos. Y sí, puede ser que esta rivalidad entre ellos influyera en que Harry no lo incluyese en la Orden.

Camilla 740: Sí, creo que los tengo muy mimados jaja. Pero bueno, esta vez me demoré un par de días más. Este capítulo me dio un poco más de trabajo. ¡Claro que Agamenon tiene buenas razones para enfadarse! Pero bueno, a fin de cuentas, Harry es el jefe, y si él decide reasignar a un Auror para otro trabajo como hizo con Zaira, Agamenon debería aguantarse. El tema es que existe cierta confianza entre ellos dos porque llevan muchos años trabajando juntos, y Axton fue a encarar a Harry más desde ese aspecto que desde uno estrictamente laboral. ¿Querías saber de Lily? Bueno, aquí te traje un poco de ella jeje.

purkiss: Jaja, que bueno que les gustó la jugada de Hermione con el testamento de Arturo. Y bueno... En el fondo Hermione sabe que va a tener que ceder en algunas cosas, si es que la ley se termina aprobando. Pero intentará de frenarlo todo lo que pueda. ¡Claro que Agamenon y Scarlet se conocen! Recuerda que Raven fue aurora hace muchos años, antes de que su esposo fuera asesinado. Y Agamenon la reconoció en el libro pasado cuando se encuentran en Hogwarts durante el ataque de los Rebeldes, lo cual quiere decir que se conocían desde antes. ¿Es Agamenon más sensible de lo que aparenta? Bueno, sí, en cierta forma, lo es. Pero imagínate que él lleva muchos años trabajando en el Cuartel, y ha compartido mucho tiempo con Harry... Y en cierta forma, se siente como una traición descubrir que no confía en él lo suficiente como para decirlo qué está sucediendo verdaderamente. Harry está manteniendo a la Orden como algo paralelo al Ministerio, e intenta involucrar a la menor cantidad de personas posibles porque sabe que es muy peligroso y porque sabe que hay infiltrados dentro del Ministerio que trabajan para la Rebelión. ¿Es posible que algún Gryffindor esté en contra de Albus? Sí, claro. ¿Voy a respetar el cannon con Astoria? Mmm... Siento que de por sí ya lo he respetado bastante, no crees? Aunque entiendo que tu pregunta apunta a si Astoria va a morir o no. Y bueno, eso no puedo responderlo. ¿Interacción entre Nina y James? Bueno, no tienen mucho en común esos dos... ¿Tendrá Jasper más protagonismo? Creo que de por sí ya tiene bastante, no te parece? Jeje.

anilem12: ¿Te cae bien Drake Mufson? Sí, no es un mal tipo. Y Polux tampoco lo es, solo que tiene otro... perfil. ¿Drake Mufson está en la Orden? No, no lo está. ¡Tu teoría de Hollow! Este capítulo espero que te sirva como una especie de confirmación jaja. Cuando Harry dice que la evidencia apuntaba a que Hollow era el autor intelectual del crimen: sí, se refiere a que no estaba actuando bajo un maleficio o algo por el estilo, pero también a que no aparenta tener cómplices, o no hay evidencia de ello. ¡Por supuesto que Harry piensa que lo están manipulando de alguna forma! Pero no hay evidencia concreta para poder demostarlo. No hemos tenido mucho de Hermione como protagonista de las escenas, es verdad. Ha sido divertido escribir un poco desde su perspectiva. ¿Linus es un infiltrado? Sí, lo es. ¿Quienes son los acompañantes de Zafira? Bueno, tendrás algunas teorías después de este capítulo. Pero sino, voy a revelar más al respecto en los siguientes. ¡Y tranquila que no me canso de vuestros reviews!

Wander Clearwater: ¿No estas seguro de que Felicity está enamorada de él? ¡A veces es difícil terminar de definir si uno está enamorado de alguien! Y a veces, esas cosas no terminan de decantar hasta que efectivamente nos arriesgamos a probar... Pero bueno, sabemos por la charla entre ella y su hermano que ninguno de los dos es un experto en cuanto a "amor", a pesar de que han tenido múltiples relaciones. Tendremos que esperar para ver verdaderamente que es lo que ella siente por Thomas. Hogwarts es, sin duda, uno de los lugares más seguros del mundo mágico. Pero... Dumbledore ayudaba mucho a eso. Minerva es genial, eso no hay duda. Pero no es Dumbledore. Y Hogwarts ha caído antes. ¿Jugó Zabini un papel en la muerte de Nott? ¡Claro que sí! Él fue quien lo mató. ¿No te esperabas el uso de Veritaserum dentro de una institución de enseñanza? ¡Usaron Maldiciones Imperdonables en Hogwarts como método de enseñanza! El Veritaserum parece un juego de niños al lado de eso jaja. ¡La presencia de Linus Cavenger ES crucial! Y creo que este capítulo lo demuestra, no? Harry se encuentra un poco entre la espada y la pared. Está intentando usar a la Orden para avanzar en la lucha contra el Mago sin que este se entere, y por ello, quiere involucrar al Ministerio (y al Cuartel) lo menos posible. Pero al mismo tiempo, este tipo de estrategia le está jugando en contra con personas como Agamenon, que se siente claramente herido por ser excluido.

Anna LC: Entiendo que te parezca que la historia se desvía por momentos. Pero créeme que todo lo que sucede es necesario. Me esfuerzo mucho por no escribir escenas que carezcan de sentido, o que estén simplemente para rellenar. Y sí, en este libro veremos mucho menos de Albus de lo que estamos acostumbrados... Porque la historia ya no gira en torno a él únicamente, sino que involucra muchas cosas. Y sí, Albus es el protagonista, pero les advertí al principio de este libro que, a diferencia de lo que veníamos viendo hasta ahora, a partir de este punto la historia se volvería más compleja e involucraría a otros personajes y otros escenarios aparte de Hogwarts. ¡Pero no te preocupes! Siempre volveremos a Albus jeje. ¿Al principio no te gustaba mucho Molly? Confieso que Molly puede parecer un personaje un poco rígido... Pero creo que gradualmente está recorriendo un camino de autodescubrimiento y de maduración, saliendo del mundo rígido en el cual vivía y aprendiendo a ser más... abierta. Y Camelot ha sido un factor fundamental para "abrirle la cabeza". ¿Existe la posibilidad de un Lily/Lysander? Me causa gracia porque muchos me están preguntando esto, y sin embargo, creo que esos dos personajes prácticamente no han interaccionado en esta saga, así que no sé muy bien de dónde sale jaja. Pero si de posibilidades se trata... supongo que todo es posible. Aunque a esta altura, creo que todos ya se han dado cuenta que Lily tiene un crush violento con Scorpius. ¿No te habías dado cuenta que Circe era lesbiana? Bueno, por eso es que le dice que no a Scorpius. Pero no figura en ningún lugar de forma explícita en la historia, al menos no todavía. Sobre Richard: he dado a entender en varios lugar que a Rick le gustan tanto las mujeres como los hombres... Lo vemos bromear en varias ocasiones al respecto. ¿Cómo se pronuncia el nombre de Circe? Yo lo pronuncio como se escribe. Nurmengard no es un lugar inventado por mí. Es un lugar que creó la propia JKR. No sé si tiene un significado, pero yo lo encuentro muy parecido a una ciudad alemana llamada Nuremberg, donde tuvieron lugar los juicios contra el régimen nazi después de la IIGM. La verdad es que no sé si JKR se inspiró en eso, pero si lo hizo, tiene sentido, ya que análogamente, Nurmengard resultó ser la cárcel donde encerraron a Grindelwald. Me reí con las reglas de tu amiga Cata, jaja. A mi no me molesta que me den su opinión sobre la historia, todo lo contrario. Creo que me ayuda a mejorar. Aunque sí debo reconocer que no modificaré la trama de la historia por satisfacer dichas opiniones jeje. Tengo muy claro en mi mente cómo quiero que sea esta historia, y voy a mantenerme fiel a ello. Pero los reviews me ayudan en otros aspectos: mejorar mi escritura, prestar atención a si hay algo que no se ha entendido, o se ha malinterpretado, correcciones a pequeños errores que puedo estar cometiendo sobre el cannon, etc etc.

lulu0611: ¿Te habías ilusionado con Hamilton y Rick? Oh, lo siento. Rick no es un romántico, eso es verdad. Pero no quiere decir que no pueda conseguirte un auror para pasar un buen rato, aunque no sea Hamilton jaja. Sobre Umbridge: sí, en esta historia, ella está en Azkaban (y espero que también lo esté en todas las historias del mundo de los fanfics porque es el único final que se merece jaja). ¡Sí, más sobre la Rebelión! Y esta vez, en primera persona. ¡Sí, ya sé! Todos extrañan Hogwarts. Pero el tema es que necesito que sucedan algunas cosas ANTES de que avancen los meses en Hogwarts... Ya lo verán. Por lo pronto, este capítulo trajo dosis doble de Potters jaja. Y supongo que termina de responder las dudas sobre Jack Hollow. No, no estaba bajo la maldición Imperius ninguna magia. Sino que bajo la amenaza de gente muy desagradable como Duncan Ford y su nuevo aprendiz, Heros Morgan. ¿Qué sucederá con Hogwarts si logran aprobar la Ley de Bradshaw? No te adelantes! Ya veremos qué sucede jeje. No sé si todos los que forman parte del grupo de Cardigan se unirán finalmente a la Rebelión... Porque su odio hacia Albus y su familia no necesariamente significa que están a favor de la ideología del Mago de Oz. Y hasta donde sabemos, el objetivo de esta Rebelión no es matar a Harry (el Mago no es Voldemort jaja), sino alcanzar la supremacía de los magos. ¡Y no, no era Smith quien acompañaba a Zafira! ¿La decisión de Harry de no contarle a Agamenon sobre las misiones de Morgana y Zaira tiene que ver con la rivalidad de éste con Scarlet? En parte, sí. Pero en parte porque las misiones están relacionadas con la carta de Solcoff y la búsqueda de Ansel Krum, y Harry va a mantener en estricto secreto, porque es fundamental que la Rebelión no lo sepan. Es la única ventaja que tienen por ahora. ¿El Simulador? Sí, es otra prueba de Camelot.

KiraHN: gracias por hacerte el espacio para dejar un review a pesar de todo! :) ¿Tu instinto te dice que Jasper es un personaje que te va a gustar? Bueno, ojalá! Yo también me divierto cada vez que tengo que escribir sobre Camelot. Me da mucha libertad creativa. ¿Tú también promotora de Lily/Lysander? Cielos, realmente no sé cómo ha surgido esto, pero se está volviendo muy popular jaja.

Gracias a todos por los reviews, y nos leemos pronto.

Saludos,

G.