DISCLAIMER: Los personajes que aparecen en esta historia NO ME PERTENECEN. Son propiedad de JK Rowling.

CAPÍTULO DIECISEIS – ROSE

-Cassandra ¿estás escuchándome?

La respuesta era obvia sin embargo. Mi amiga salió del trance en el que se encontraba y pareció darse cuenta que estaba intentando tener su atención.

-Ay Rose lo siento – suspiró - ¿Qué me decías?

-Me quejaba de Dominique - chasqueé la lengua con fastidio- ¡Fue demasiado grosera con Scorpius! Y además me prohibió tener novio o salir a algún lado ¿puedes creerlo?

-Mmm no suena como ella

-Exacto -asentí - Quiero decir, entiendo que esté preocupada porque tenía muy mala pinta después de lo que pasó en la fiesta pero está exagerando. Además dice que no le gusta cómo voy manejando mi vida sentimental -rodé los ojos- Sigue pensando que tuve algo con Aiden y pues luego conoció a Scorpius... quisiera poder explicarle todo pero...

-Es mejor que viva en ignorancia. Será más feliz así.

No pude evitar soltar una risita por su tono de voz. Cassie me sonrió y continuó lavando los platos sucios. Yo tomé uno de la enorme pila de los ya lavados y lo sequé con esmero.

-De todas formas me molesta – seguí - Ahora que Scorpius y yo somos novios pues... quisiera poder salir libremente con él. Pero si Dominique sigue con esta actitud -suspiré- Como sea, ya veré cómo me las arreglo. Después de todo, Scorpius no parece precisamente el tipo de chico que tenga citas.

-Tampoco era el tipo de chico que tenía novia pero hizo una excepción contigo – mi amiga me sonrió con confianza - Scorpius te quiere. Estoy segura que tendrá detalles lindos contigo y que van a poder disfrutarlos.

Su comentario consiguió que me ruborizara al recordar lo que casi sucedió en el departamento. Las sensaciones de tener a Scorpius así de cerca habían sido tanto nuevas como excitantes para mí. ¿Qué habría pasado si Dominique y Hugo no hubieran llegado? ¿Lo habría dejado seguir? Probablemente sí.

-Cassandra – dije suavemente. Ella volteó hacia mí - ¿Tú has estado…? Es decir – me aclaré la garganta, sintiéndome tonta - ¿Alguna vez has estado con un chico? Ya sabes… ¿Has tenido relaciones con alguno?

El rostro de Cassie palideció completamente y apartó al instante la mirada. No podía verla pero era obvio que estaba tensa. Muy tensa.

-Lo siento, Cass, lo siento… no quería incomodarte – me apresuré a decir – Pero oye no voy a juzgarte ¿sabes? No tiene nada de malo que…

-Rose de verdad no quiero hablar de eso – su voz sonó débil pero se recuperó – Sólo… si preguntabas por si no sabes si debes o no hacerlo con Scorpius, eres la única que tiene esa respuesta. Supongo que cuando estés lista lo sabrás… él no va a presionarte. Scorpius no es así. Y tampoco debes apurar nada, deja que todo siga su ritmo.

Asentí meditando sus palabras. Cassandra tenía razón, por supuesto.

-Tenemos un último cliente

Cassie señaló hacia el comedor, donde Scorpius acababa de entrar. Le sonreí con complicidad y fui hacia él.

-Te daría la carta – dije – Pero algo me dice que conoces bien el menú

-Sabes que sí pelirroja – él me sonrió y se acercó para darme un corto beso

-¡Scorpius! ¡Estoy trabajando! – repliqué sin realmente alejarme de él.

-No creo que a mis tíos les moleste – él se encogió de hombros pero se apartó e hizo que nos sentáramos muy cerca – Pensé en pasar por ti para llevarte a casa y asegurarme que llegas a salvo.

-Gracias rubio, eso es muy tierno de tu parte – sonreí por su expresión al imitar la forma en que él me llamaba debido a mi color de cabello - ¡Quién diría que eras todo un caballerito!

-Estoy lleno de sorpresas – él me guiñó un ojo y sentí mi corazón acelerarse – Anda, ve por tus cosas, te esperaré aquí.

Le di un rápido beso antes de regresar a la parte trasera del restaurante para colocarme el abrigo y tomar mi cartera.

-Te veo mañana ¿sí Cass? – le di un abrazo rápido – Y lamento lo de antes

-No te preocupes – ella sonrió – Ve y pásala bien

-Eso haré. Adiós.

Fui casi corriendo hacia Scorpius. Él tomó mi mano y salimos al frío viento invernal. Un auto negro estaba estacionado cerca de la entrada y Scorpius me llevó hacia allí.

-¿De quién es este auto? – pregunté

-Es mío – él sonrió – No es precisamente nuevo o moderno pero lo restauré completamente. Lo terminé apenas ayer y quise mostrártelo.

Sonreí por el orgullo en su voz. Ya me había comentado que trabajaba medio tiempo en un taller mecánico y por lo que había oído, le gustaba y se le daba muy bien.

-Quedó increíble – dije – Me gusta el color. Va contigo.

Él soltó una risita antes de abrir la puerta para mí. Me acomodé en el interior, el cual olía como él a menta y cigarrillos y suspiré. Cuando Scorpius ingresó encendió la calefacción y agradecí el cambio de temperatura.

-Estuve pensando - comentó él una vez que arrancamos – Sería buena idea tener mmm – él se aclaró la garganta y me miró por unos breves segundos – Creo que estaría bien que saliéramos en una cita.

-¿Una cita? – pregunté emocionada.

-Sí bueno… no sería nada muy elegante pero…

-No necesito nada elegante – aseguré – Me basta con que estemos juntos.

Scorpius apretó mi mano y me dedicó una sonrisa amplia y sincera.

-Entonces ¿qué tal mañana por la tarde?

-¿En la tarde? Pero tengo turno en el restaurante ¿recuerdas?

-En realidad no lo tienes – él sonrió de lado – Una de las ventajas de ser cercano a los dueños es que puedo pedir pequeños favores.

-¿Hablas en serio? ¿Le pediste a la señora Daphne que me diera el día de mañana libre?

-Lo hice – asintió – Y ella estuvo feliz de darte permiso

-No puedo creerlo – solté - ¡Eres un loco!

Scorpius se encogió de hombros y aparcó el auto frente a mi edificio. El trayecto se me había hecho insoportablemente corto.

-Pasaré por ti a las 4 ¿está bien?

-Ajam – asentí – Pero Scorpius ¿qué debería esperar de la cita? ¿A dónde iremos?

-Ya lo verás

Él se acercó para besarme y correspondí su contacto con ansias. No habíamos tenido un momento así desde hace dos días en el departamento y aunque habíamos hablado a través del nuevo teléfono que Albus había conseguido para mí, no era lo mismo.

Pasé mis manos por sus anchos hombros y succioné su labio inferior. Un jadeo salió de sus labios y sentí algo crecer en mi estómago. Una placentera sensación se extendió por mi cuerpo cuando Scorpius me atrajo más hacia su cuerpo pero el momento terminó tan rápido como empezó porque alguien tocó la ventana del auto, provocando que nos alejáramos.

Scorpius soltó una risa sin gracia y bajó del auto para rodearlo y abrirme la puerta. Al salir vi a mi primo de pie, apoyando en la pared de entrada del edificio y mirándonos en parte con enfado y en parte con diversión.

-¿Saben? Acepté esto – él hizo un círculo con sus manos señalándonos – Lo que sea que tienen ustedes, pero eso no quiere decir que deban restregármelo en la cara todo el tiempo.

-Estábamos dentro de mi auto – aclaró Scorpius

-Pero frente a mí edificio – replicó mi primo

-Albus ¿quieres algo? – pregunté con fastidio

-Nada – él se encogió de hombros – Sólo pasaba para preguntarte por qué no me llamaste para ir por ti al trabajo, pero ya veo la razón

-No debes preocuparte ahora por eso – terció Scorpius – Voy a ocuparme de que Rose llegue sana y salva a casa.

Albus lo miró con recelo antes de sonreír de lado con cautela.

-Deberías entrar de una vez – dijo mi primo mirando hacia mí – Algo me dice que Dominique no estará feliz de que te retrases

Bufé con fuerza. Mi hermana se había vuelto completamente exigente sobre mis horarios.

-Albus tiene razón – suspiré volviéndome hacia Scorpius – Será mejor que suba. ¿Nos vemos mañana entonces?

-No dudes de eso – él me estrechó en sus brazos y susurró en mi oído – Te quiero pelirroja

Lo besé, ignorando el sonido de molestia que hizo mi primo, y lo abracé con fuerza antes de entrar en el edificio.

Esperé a que su auto se alejara antes de dirigirme a las escaleras. Albus se despidió de mí e ingresó a su casa. Sabía que prefería no ver a Dominique pues ella también actuaba molesta con nuestro primo. Al entrar a casa la encontré viendo TV.

-Buenas noches – saludé

-Hola Rose – ella asintió - ¿Tienes hambre?

-No, ya comí algo en el restaurante - ella asintió - ¿Y Hugo?

-Durmiendo

-¿Tan temprano?

-Son casi las diez – ella levantó sus finas cejas hacia mí

Ignoré su tono de voz lleno de reproche y me dirigí a mi habitación. No quería pelear y definitivamente no quería lidiar con ella.

Me coloqué un pijama y me abracé a mi cojín imaginando que era Scorpius y que estaba entre sus brazos. Solté una risita tonta al pensar en la cita de mañana y me dormí bastante tarde mientras pensaba aún en él.

Desperté casi al medio día. Tomé un desayuno ligero mientras veía dibujos con mi hermanito. Dominique había salido a hacer algunas compras así que me encargué del almuerzo siguiendo una receta sencilla de internet. Cuando estuvo listo comí con Hugo.

-No está mal – comentó él encogiéndose de hombros

Mi hermanito me ayudó a secar los platos y luego dejé que coloreara libremente pues tan solo me quedaba una hora para arreglarme y no quería desperdiciarla.

Tomé un baño y luego sequé y cepillé mi cabello hasta que quedó sedoso. Luego revisé mi armario y me decidí por unos jeans, un suéter de cuello alto de color mostaza con un abrigo a juego y botas color caramelo. Los moretones de mi cuerpo iban desapareciendo pero prefería no arriesgarme a que Minnie los descubriera. Además con ese atuendo me sentía cómoda y bonita. Apliqué un maquillaje bastante natural y luego me miré al espejo. Me gustó el resultado.

-¿Saldrás?

Solté un gritito de sorpresa. No había visto a Dominique pero aparentemente ella llevaba un rato observándome desde el alféizar de la puerta.

-Tengo turno en el restaurante ¿recuerdas? – repliqué

-No sueles vestirte así para ir a trabajar – ella entró a mi habitación y suspiró – Además es tarde. Deberías haber llegado al restaurante hace casi una hora.

-Dominique…

-Sólo quiero que seas honesta conmigo Rose. Sólo eso.

-Estoy yendo al restaurante – dije, lo cual no era mentira – Pero saldré luego con Scorpius. Tenemos una cita.

Noté la expresión de mi hermana crisparse.

-¿Y tienes permiso de tus jefes? ¿O simplemente saldrás sin dar explicaciones?

-Tengo permiso Dominique, no soy así de irresponsable

-Sólo me aseguro – ella levantó las manos y suspiró – Te quiero aquí temprano Rose. Y esta vez hablo en serio. No pienso tolerar que llegues tarde.

-Sabes que estoy de vacaciones ¿verdad?

-Esa no es excusa – Dominique me miró con dureza – Y por favor, ten juicio.

Dominique salió de mi habitación y se encerró en la suya con un portazo. Solté un chillido de frustración y me contuve para no ir hasta ella y seguir con la pelea.

Respiré profundamente, tomé mi bolso y me coloqué un gorro de lana antes de salir para la sala. Hugo seguía coloreando.

-Ya regreso precioso – le di un beso en la mejilla

-Te ves muy bonita – él me sonrió

-Gracias Hugo

Lo abracé con ternura antes de salir del departamento e ir hacia la parada de autobuses.

Mis nervios aumentaron conforme llegaba a la parada final. ¿Qué habría planeado Scorpius? Sonreí como tonta y bajé del autobús. Iba tan distraída que no me percaté de la presencia de mi novio hasta que él me rodeó desde atrás con sus brazos.

-Hola pelirroja – saludó contra mi cuello

-¡Scorpius! – volteé hacia él y lo besé – Pensé que nos veríamos en el restaurante

No me aguanté y preferí esperarte aquí

Su declaración calentó mi corazón y lo besé nuevamente. Me encantaba cuando se comportaba así de dulce.

-¿Nos vamos? – preguntó contra mis labios

-Ajam

Caminamos hacia su auto, el cual había estacionado en una calle cercana, y agradecí el cálido interior.

-Entonces… ¿a dónde vas a llevarme?

Scorpius me dedicó una misteriosa sorpresa y permaneció en silencio. Rodé los ojos y me dediqué a tararear una conocida canción que estaba sonando en la radio.

No conocía del todo esta zona del distrito pero sabía que estábamos en el centro. La anticipación creció conforme pasábamos lugares muy comerciales hasta… detenernos frente a una feria.

-¿Una feria? – lo miré sorprendida

-Me pareció adecuado – él se aclaró la garganta y me miró, estudiando mi reacción. Parecía nervioso – Podemos ir a otro lado si lo prefieres

-No, no, claro que no – le sonreí y lo abracé para darle confianza – Esto es mejor de lo que esperaba. Hace muchísimos años que no vengo a una de estas ferias

Scorpius me sonrió hermosamente y besó suavemente mis labios antes de bajar del auto y abrir la puerta para mí.

-¿Cuándo fue la última vez que estuviste en una feria? – me preguntó Scorpius mientras caminábamos tomados de la mano

-Probablemente… hace diez años – asentí recordando – Era aún pequeña… a mamá no le gustaban mucho esta clase de lugares. Generalmente íbamos al Club si salíamos en familia.

Él asintió y luego me llevó hacia uno de los stands que regalaban peluches si lograbas dar al blanco con unas escopetas falsas.

-Elige uno – me dijo Scorpius

-Mmm – examiné los peluches y sonreí señalando uno – Ese. El de león.

Él soltó una risita, pagó a la dependienta y tomó la escopeta. Como imaginaba, tenía excelente puntería. Scorpius logró derribar todas las botellas que llevaban pegadas objetivos del tiro al blanco y a la chica no le quedó más opción que darnos el peluche.

-Gracias – dije intentando no reír por la expresión de la chica – Y gracias también a ti. Me encanta mi peluche.

Scorpius tomó el enorme peluche por mí y continuamos caminando. Él me hacía preguntas sobre mi vida, la escuela y yo intentaba que él se abriera un poco más conmigo. No le gustaba hablar sobre su vida, sin embargo.

-¿Deberíamos subir a la Rueda de la Fortuna? – pregunté

-Sería un desperdicio venir aquí y no hacerlo – asintió

Formamos la cola y compartimos un algodón dulce hasta que fue nuestro turno. Nos sentamos en una de las esferas y Scorpius me abrazó con fuerza pues el frío nocturno nos daba de lleno en el rostro.

-Conozco una mejor manera de calentarnos – comentó él antes de besarme

Reí contra él y me dejé llevar por sus besos. A pesar de que estuvimos varios minutos a solas en lo alto de la rueda, nunca intentó nada más. Sólo nos besamos y disfrutamos de la vista mientras estuvimos abrazados. Fue increíble.

Cuando salimos de la Rueda fuimos hacia su auto y luego Scorpius me llevó hacia un restaurante italiano.

El lugar era acogedor y romántico. La comida estuvo deliciosa y fue la culminación perfecta de una cita perfecta. Scorpius me llevó hacia casa y, como la noche anterior, no pudimos evitar besarnos. Sólo que esta vez no me importaba si mi hermana se molestaba o no, así que estuvimos encerrados en nuestro mundo por un buen rato.

-No quiero dejarte ir – susurró él – Pero tampoco quiero que tengas problemas con Dominique.

Gruñí con suavidad y lo besé, pero sabía que tenía razón. Así que después de otro largo beso salí finalmente del auto e ingresé a casa.

Mientras subía las escaleras me sentía extrañamente positiva. Tenía una buena vida, buenos amigos, un gran chico a mi lado y, aunque Dominique estaba siendo exasperante, sabía que contaba con ella y Hugo. Era más de lo que había imaginado hace meses. Todo iba a ir aún mejor cuando Scorpius saliera de la pandilla. Él lo había prometido y además ¿qué podría salir mal?


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