Yuri on ice no me pertenece es de Kubo, esta obra esta hecha por una fan para fans con el fin de entretener.
Capitulo 21 EL NUEVO OBSTETRA
Seung-Gil pasó por mí el jueves para llevarme a la charla de depresión post parto, tengo curiosidad por conocer al nuevo obstetra.
—Estás cada vez más adorable— dijo Seun-Gil apenas me vio con su mirada adusta que lo caracteriza.
— ¿En serio?— dudé sus palabras.
—Eres mi amigo así que debo ayudar a tu autoestima— no supe como tomar eso.
—Me dijo Kenjirou que quieres trabajar en la guardería— inicié conversación cuando subíamos a su auto.
—Ese chismoso, el día que necesite plantar un rumor, lo buscaré— dijo de mala gana. –Bueno sí, he presentado mis papeles y ayer me hicieron la entrevista, si todo sale bien estaré empezando la otra semana— comentó arrancado el auto.
—¡Es maravilloso! El otro año cuando regrese a enseñar...
—No te hagas ilusiones Yuuri, no suelo quedarme mucho tiempo en un lugar. He viajado bastante estos últimos años y ya siento que necesito volar... aunque tal vez me quede un poco— el cambio en su tono de voz me decía que había encontrado algo por qué quedarse.
—¿Estás saliendo con alguien?— pregunté mirándolo fijamente para que no pueda ocultarme la verdad. Se mantuvo firme y no dijo nada hasta minutos después cuando ya me había cansado de verlo.
—He salido un par de veces con Phichit— dijo secamente. Me sorprendí un poco pues el carácter de ambos son completamente opuestos. Seung-Gil es serio, a veces un poco amargado aunque tiene su chispa si se siente en suficiente confianza. Phichit por otro lado es... un hámster. Loco, tierno, hiperactivo y tan amistoso. Es un beta bastante responsable, él está a cargo de administración de la guardería.
—¡Vaya!— sonreí.
—Ni te hagas ilusiones, te lo prohíbo. Guang Hong ya está buscando casa para nosotros y es... demasiado pronto. No, por favor.
—Entiendo, no molestaré pero no deja de alegrarme ¿Sabes? Te mereces ser feliz.
—Eso intento— dijo más animado.
Llegamos con tiempo, la charla era a las 10 de la mañana, Seung-Gil no entró conmigo porque debía ir al mercado por víveres para su familia.
—Vuelvo por ti en un par de horas— se despidió ayudándome a bajar.
Estaba algo temeroso porque tenía algo en mente, me atreví a caminar y dejar las silla de ruedas de lado porque a veces se me atracan las rueditas delanteras en los desniveles o en las puertas. Vi a Sala en la recepción y me animé a hablarle.
—Hola— saludé.
—Yuuri ¿Cómo está?— contestó con una bonita sonrisa.
—Muy bien, vine para la charla sobre depresión post parto.
—Pues dese prisa porque va a venir mucha gente, los pacientes de la tarde están llegando.
—Claro, no me lo quiero perder.
Caminé lentamente, apreciando el usar mis piernas en un lugar público, tan acostumbrado estoy a pasarme el día en casa que me emociona salir. Aunque debo ser muy cuidadoso, la barriga pesa cada día un poquito más y a veces debo enderezar la espalda porque me mata la cintura.
El salón donde dos días antes tuve clase ahora lucía diferente, contaba con un estrado, al fondo, unas cortinas oscuras le daban un ambiente más serio. Había muchas sillas distribuidas en dos columnas. Caminé hacia adelante, me ubiqué en la tercera fila, al lado del pasillo. Esperé mirando como llegaba la gente, no sólo había embarazados y sus familias sino también médicos del hospital y autoridades de Hasetsu. Reconocí al sub director de la preparatoria donde estudié, a algunos ex compañeros de escuela pero no de mi nivel sino más jóvenes. Pronto casi todo el salón estuvo lleno, llegaron dos periodistas a cubrir el evento, me sorprendí que todo fuera tan formal, parece que este obstetra es bueno.
Mi corazón y mi panza saltaron al mismo tiempo cuando del lado izquierdo apareció la imagen más hermosa del mundo. Viktor, tomó la palabra micrófono en mano. Vestía un traje azul oscuro que le quedaba tan bien.
Buenos días al público asistente, el hospital de Hasetsu les da la bienvenida al ciclo de charlas médicas. El día de hoy tenemos un tema importante en la salud emocional de nuestros pacientes que salen de maternidad, el conversatorio estará a cargo del Obstetra y psicólogo clínico Christophe Giacometti. Aplausos por favor.
Mis ojos no se separaron de él ni aunque el doctor a cargo empezó su charla. Por unos segundos Viktor me miró y esbozó una minúscula sonrisa, con las mejillas rojas volví mi vista al expositor. Era alto, cabello rubio, bastante atractivo aunque no era alfa, sino un beta. Con bastante soltura empezó a tratar el tema, resaltando pequeños detalles que no me había detenido a pensar de mi embarazo. ¿Realmente pasaré por todo eso? Me cambia por completo la figura que tengo de ser madre. Voy a sentirme más inseguro de lo que soy, al cuidado de un bebé para el que voy a ser todo y no tengo los sabios consejos de mamá.
La charla terminó y apenas sentí que pasó el tiempo, debería pensar que me ayudó pero ha creado más dudas en mí. ¿Qué haré para mantener a mi hijo cuando lo tenga? Llevo unos años ahorrando aunque mi sueldo de maestro de pre-escolar de la guardería pública no es mucho, no gasto demasiado pero sé que no será suficiente para después. Voy a tener que dejar a mi cachorro desde muy pequeño para volver a trabajar y no padecer necesidades. Sé que mi padre no nos va a desamparar pero prefiero yo ser nuestro sustento. Miles de gastos se avecinan, en los que apenas he pensado porque hacían crecer mis miedos. Ahora que veo que está cada vez más cerca el momento de dar a luz es momento de ponerse a pensar.
Una duda me tenía clavado en mi asiento, soy bastante ansioso aunque cuando estoy en medio de los problemas usualmente lo tomo con madurez pero la espera me crea estrés. Me pasa cada inicio de año escolar o cuando se acerca un evento importante, mientras que durante el evento suelo lograr mis objetivos. La ansiedad me destruye a veces. ¿Y si confundo mi ansiedad y estrés con depresión? ¿Existirá alguna forma de evaluarme? Tengo que asistir a las charlas de este médico, tiene un grupo por las noches que me haría muy bien. Lo único malo es el costo, estoy ahorrando caya Yen, quizás haya descuentos para trabajadores públicos, si bien ya no laboro aún figuro en el sistema.
Tal vez... deba preguntar.
Me acerqué al médico que desde luego estaba rodeado de muchas personas entre ellos varios omegas varones embarazados y sus parejas. Reconocí a Matsurou que al lado de su alfa escuchaba atenta las respuestas del doctor Giacometti, me sonrió antes de marcharse. Poco a poco la gente fue dispersándose, no quería hacerle la pregunta delante de muchas personas. Esperé lo suficiente para quedar solo con otra omega más que parecía bastante agobiada. No quise ser intruso y dejé que termine su conversación para acercarme. Al verme el obstetra sonrió sorprendido.
—Buen día— dije haciendo una reverencia.
—Yo te conozco— me guiñó un ojo. Lo miré entre sorprendido y asustado. Tiene un rostro hermoso, unas pestañas tan largas pero su mirada pícara me dio miedo.
—No... no lo creo. Yo jamás he salido de Japón— dije al recordar que es un médico suizo que ha viajado demasiado. Quizás es cierto y todos los japoneses nos parecemos y me está confundiendo con alguien que ha conocido antes. Aunque a decir verdad... él también se me hace conocido, el color de su cabello, rubio con raíces castañas y el porte...
—¿Tienes alguna duda?— preguntó sonriendo como si supiera algo que yo no sé. Debe ser su carácter, dicen que los europeos son así, no se avergüenzan de nada.
—El grupo de apoyo que va a abrir ¿Tiene costo?— pregunté con timidez.
—Sólo el costo de una consulta simple, el mismo que pagas para tu atención.
—Estaré allí, muchas gracias— me despedí con otra reverencia.
—De nada... Iuuuuuuri— canturreó mi nombre alargando tanto a U que me dejó asustado.
— ¿Me conoce?— dije inmediatamente.
—Un poco, te he visto en fotos pero déjame decirte que eres mucho más hermoso en persona— me inspeccionó por todos lados haciendo que me sonroje hasta las orejas.
—Pe... pero co... como es que...— se me enredó la lengua vergonzosamente.
—Tranquilo, soy el mejor amigo de Viktor— volvió a guiñarme un ojo. Retrocedí abochornado. ¡Yo también lo conozco! Lo vi en San Petersburgo, era el amigo borracho de Viktor, el que parecía a punto de caerse. ¡Es él! Su cabello, su altura, su porte. ¿Me conoce por fotos? ¿Es el mejor amigo de Viktor? ¿Qué sabe de mí? ¡Es el mejor amigo de Viktor! Diablos...
Tantas preguntas y no pude hacerle ninguna porque en ese momento apareció Anya con su sonrisa congelada.
—Chris, tienes que ir a despedir a la prensa, tenemos champaña allá afuera— lo llamó.
—Nos vemos cerdito— dijo tocándome la... ¡Esa no es mi cintura! Es mi cadera... más abajo... casi en... volvió a guiñarme un ojo y salió dejándome completamente abochornado.
Mi cachorro se despertó ante tantas emociones y empezó su juego de fútbol dentro de mí.
