IMPORTANTE!

NO poseo los derechos de autor, simplemente me divierto. Los personajes pertenecen a S. Mayer y la historia es de Federico Moccia.

Espero lo disfruten!


Capitulo 15

En la gran sala del auditorio, la pequeña niña no acaba de hacerse a la idea.

—Así pues, ¿no nos veremos más?

Elizaveta no lo acepta. Bella está arrodillada delante de ella y la coge por los brazos.

—Volveremos a vernos, pero más adelante.

—Tú eres mi maestra, no puedes marcharte así.

Elizaveta es muy mona, tiene el pelo oscuro, los ojos negros y la cara enfurruñada. Según su manera de razonar, en efecto, las cosas no deberían ser así.

—Tienes razón, cuando seas mayor lo entenderás.

—Mamá también me dice siempre lo mismo. Pues ¿sabes qué te digo? ¡No quiero hacerme mayor!

Consigue zafarse de Bella y se sienta a su pupitre con los brazos cruzados y todavía más enfadada que antes.

Bella se le acerca.

—Ya verás: Olga, la maestra que me enseñó a mí, te convertirá en una gran pianista y, cuando volvamos a vernos, tocaremos juntas. Sí, te lo prometo, haremos un concierto a cuatro manos... —Y con esa nueva propuesta, Elizaveta parece recuperar la sonrisa.

—¿En serio? ¿Y cuándo volverás?

—Pronto, te lo prometo.

Entonces se dirige a toda la clase.

—Bueno, niñas, os dejo con una maestra mucho mejor que yo...Olga está sentada en la cátedra. Las niñas emiten un ligero murmullo, no parece que estén de acuerdo ni con el hecho de que sea mejor que ella ni con la idea de que ahora las clases de música las imparta esa señora mayor.

—Pero si es supervieja... —susurra una de ellas—. Y encima es más severa.

Bella hace como si no las oyera.

—Estoy segura de que seréis muy buenas pianistas. Recordad, la música es para el alma lo que la gimnasia es para el cuerpo. ¡Os volveréis todas aún más guapas!

Elizaveta siente curiosidad.

—¿Te la has inventado tú esa historia de la gimnasia para el alma?

Bella le acaricia la cabeza.

—No, no soy tan ingeniosa, fue un antiguo filósofo griego.

Entonces, antes de emocionarse todavía más y quizá echarse a llorar delante de ellas, coge el bolso.

—Adiós, chicas, que vaya bien.

Y sale del aula.

—Espera...

Olga va detrás de ella diciendo a la clase:

—Esperadme aquí y no hagáis ruido... —y cierra la puerta a su espalda. «Empezamos bien», piensan Elizaveta y todas las demás.

En el pasillo vacío de la escuela, Olga y Bella caminan hacia la salida.

—¿Has decidido lo que vas a hacer?

—Todavía no, pero tienes razón, debo irme.

—Si quieres, te acompaño. Cuando hayas decidido el vuelo, no tengo problema en acompañarte al aeropuerto.

—De acuerdo, Olga; ahora regresa a la clase, si no, se van a aprovechar.

—Has conseguido que vuelva a enseñar. Haces magia.

—Tú también.

—Es verdad.

Olga la abraza fuerte. Bella cierra los ojos. «Tengo que intentar no llorar, soy demasiado frágil, no me conviene.» Aprieta los puños y al final lo consigue. De modo que se separa de Olga.

—Elizaveta es una verdadera promesa.

—Sí, estoy de acuerdo contigo.

—Hasta pronto, maestra.

—Hasta luego.

Olga la mira mientras se aleja. En el silencio del pasillo, sólo se oye el sonido de sus pasos, algún acorde que sale de alguna de las salas del edificio y a ella susurrando: «Pero nunca nadie estará a tu altura, Bella». Y, con esta certidumbre, vuelve a entrar en clase.

—Bien, chicas, empezaremos donde os habíais quedado.

Elizaveta abre el libro de música y dice algo a su compañera de pupitre:

—Ya echo de menos a Bella.

—Yo también. Me caía muy bien, la verdad, tengo ganas de llorar.

—No, no lo hagas, a Bella no le gustaría.


Muchas gracias por leer

Besos!