Camii B, Tayanita, Fifi, sweetpain, Asuka Sohryu Langley, shifterlucie, lunnarve y Kevin007H: agradezco de todo corazón sus hermosos reviews en el capítulo pasado, me los he releído un montón de veces. A ustedes va dedicado este capítulo~
LAWLESS
Capítulo 16. Stohess
Kenny abrió la puerta del comedor de una patada mientras la mayoría de sus muchachos cenaba. Paul, el robusto mesero, casi tiró el montón de platos que equilibraba en una bandeja metálica. Otros dejaron caer sus cubiertos o se quedaron quietos con la cena a escasos centímetros de sus bocas abiertas. Levi, quien compartía mesa con Volker y Luther, continuó bebiendo su té. Las botas del líder de los Ackerman hicieron eco en el comedor en medio del silencio ante su ruidosa y súbita entrada. Connie le dio un codazo a Sasha para que cerrara la boca y se tragara la comida. La chica se atoró, pero se esforzó por no hacer demasiado alboroto.
— ¿Cómo les va a todos esta noche, cabrones? — saludó Kenny en cuanto se detuvo en el centro de la sala. Sostenía una bonita botella de licor transparente. Un cigarrillo le colgaba de los labios finos y resecos, el cual apenas se movía mientras hablaba — Yo estoy tan jodidamente aburrido que me dije: oye, viejo, ¿qué tal si vas a ver a tus muchachos y te diviertes con ellos un rato?
Los hombres festejaron y aplaudieron ante su propuesta, callándose en cuanto Kenny volvió a tomar la palabra.
— Paul, gordo bastardo, sirve la primera ronda de bebidas para todos. Si luego quieren más, tú los mandas al carajo y les dices que se sirvan ellos mismos — el mesero asintió con una sonrisa y Kenny le respondió con una torcida de vuelta. Escupió lo que le quedaba del cigarrillo y lo pisó, notando que Levi le echaba una mirada de disgusto — ¿Qué pasa, pequeño sobrino?
Levi apoyó su taza de té sobre la mesa.
— Apestas, viejo — le dijo, y unos cuantos hombres rieron — ¿Cuándo fue la última vez que te diste un baño?
— Me importa un carajo — Kenny se acercó a la mesa del único hijo de Kuchel, estirándose en toda su altura — Y tú, Levi, ¿cuándo fue la última vez que creciste?
Se escucharon algunas roncas risitas que cesaron apenas Levi escaneó con rapidez al grupo, tal vez identificando a cada uno de los que habían hallado graciosa una de las repetidas burlas acerca de su baja altura, para luego patearles el culo. Sin tener la más mínima ilusión de que Levi contestara a su poco original ofensa, Kenny siguió la mirada de éste y su torcida sonrisa se ensanchó. El par de mocosos de la Legión trataban de ocultar su acceso de risa cubriéndose las caras con ambas manos.
— Oh, sí. A veces se me olvida que aceptamos ser los putos niñeros de la Legión — caminó hasta la mesa en la que estaban sentados los adolescentes, quienes descubrieron sus ojos y se encogieron al percatarse de que tenían la atención de todos, incluida la suya. Cualquier atisbo de cachondeo desapareció de sus rostros aniñados — Tú eres buena con el arco y flecha, ¿no, mocosa? Ve a buscar esas porquerías y tráelas aquí, rápido — le dijo, chasqueando los dedos de su mano libre. Ella se puso de pie y salió corriendo. El otro mocoso tuvo la clara intención de ir tras ella — ¡Eh-eh! ¿A dónde demonios crees que vas? Tú te quedas aquí, calvito… ¿O es que estás que te cagas? Porque en ese caso entendería tu urgencia. No soy quien para impedir tu derecho a hacer negocios sagrados con el trono.
— ¿Una bebida, Kenny? — Paul le enseñó la variedad de licores que llevaba sobre una bandeja.
Kenny rechazó la oferta, alzando la botella que no había soltado desde que entró al comedor. Paul luego fue donde Levi, quien optó por servirse una sencilla pinta de cerveza. El resto de los hombres comenzaron a abalanzarse como pirañas al mesero, reclamando las bebidas más costosas.
— ¿No bebes, calvito?
El chiquillo lo miró con sus ojos de huevo frito.
— Uhh… ¿puedo? — consultó nervioso, jugueteando con los dedos — En la Legión casi nunca nos dejan beber. A lo más un poco de cerveza… Hange dice que si nos acostumbramos a beber antes de los diecisiete terminaremos siendo borrachos como Moblit… Y que la resaca apesta.
Kenny extendió ambos brazos, señalando a su alrededor.
— ¿Acaso esto se ve como tu maldita Legión? — Connie negó enérgicamente con la cabeza ante su pregunta — Estás con los Ackerman, mocoso. Haz lo que se te venga en puta gana. Toma — sacó la caja metálica de cigarrillos de su chaqueta y se la entregó al mocoso — Ya que estás, aprovecha de fumarte uno de estos. ¡Hoy estamos de fiesta! Puedes pedirle a alguno de mis idiotas un porro, si es que tienen, me importa una reverenda mierda lo que hagas.
Inseguro, Connie sacó un cigarrillo y Kenny le entregó un mechero, notando que el chico no tenía la menor idea de cómo encenderlo. Lo observó un rato mientras éste intentaba fumar de manera torpe e infructuosa. Era gracioso. Cuando al fin pudo encenderlo y aspirar el humo, el mocoso comenzó a toser, y Kenny se largó a reír de buena gana.
Varios años atrás, en sus tiempos de verdugo de policías, a Kenny le venía bien la coderoína. Hasta hacía diez años atrás, algunos de sus hombres también la usaban y ésta los convertía en brutos eufóricos sedientos de violencia. La influencia de la coderoína hacía que los robos de mercancía y las peleas fueran todavía más divertidas, sangrientas y caóticas. Sin embargo, después de que Levi trajo a la paliducha mocosa traumatizada de sólo ocho años a vivir con ellos, Kenny supo que había llegado la hora de realizar unos cuantos cambios y establecer ciertas reglas, por lo que se tornó más estricto y severo con los miembros de su pandilla. El abuso de drogas potentes como la coderoína o el consumo regular de hachís en la guarida ya no era algo que consintiera, excepto en ocasiones específicas. Permitía que la mayoría se emborrachara en exceso de vez en cuando, como ahora, aunque prefería que todos mantuvieran un nivel de alerta decente la mayor parte del tiempo.
— ¿Qué… estamos celebrando, señor? — quiso saber Connie con los ojos llorosos a causa de la tos y el humo que se le había colado por la nariz.
Kenny le quitó el mechero para fumarse otro cigarrillo.
— Nada. No me llames señor — soltó una larga y densa nube de humo. Connie intentó imitarlo sin éxito y el humo se le escapó como una nube deforme por la nariz y la boca, haciéndolo toser de nuevo. Kenny volvió a reírse de él — ¿No me escuchaste cuando llegué aquí? Estamos de fiesta porque quiero, porque no hay otra puta cosa que hacer. Tu maldita Legión no ha hecho nada nuevo ni estimulante desde que le robaron un montón de huesos al puerco real, y yo me estoy hartando de esperar para empezar a hacer mi parte.
Sintió unos puntiagudos dedos en la espalda. Al mirar atrás y abajo, se encontró con los ojos de cervatillo de la mocosa arquera.
— ¡Lo he traído, señor Kenny! — informó ésta, enseñándole el arco y el carcaj de flechas. Kenny chasqueó la lengua y bebió un largo trago de su botella de destilado costoso — Lo he traído lo más rápido que pude, señor — dijo haciendo una ligera reverencia.
— No me llamen señor, la puta madre… — gruñó — Llámenme Kenny. Nada de reverencias ni señores aquí, eso es porquería de nobles.
— Pero es extraño llamarlo por su primer nombre, seño- ¡digo Kenny! — exclamó Sasha, aferrándose a su arco — ¿Podemos llamarlo… hum… tío Kenny? — preguntó con una sonrisita incómoda.
— De ninguna manera. No soy tu maldito tío — con los dos sobrinos que tenía le bastaba.
Sasha se llevó un dedo a la barbilla e inclinó la cabeza a un lado.
— ¿Qué hay de… capitán Ackerman?
— Al cejas grandes de Erwin Smith lo llaman comandante, ¿no? — Sasha y Connie asintieron y Kenny sonrió con malicia — Entonces yo seré el comandante del clan Ackerman. Levi puede ser el capitán. Ahora ve a conseguir una manzana, chica, quiero que nos hagas una demostración de tu puntería.
La mocosa intercambió una mirada con el calvito, quien sostenía el cigarrillo entre los dedos con similar expresión de sorpresa. Cuando notó que su amigo estaba fumando, la chica le dio un manotazo que hizo que a éste se le cayera el cigarrillo.
— ¡Oye! — se quejó el chico — ¡¿Por qué hiciste eso?!
— Porque eres un holgazán — murmuró Sasha, inflando las mejillas.
Dio media vuelta y se fue a buscar una manzana como Kenny le había dicho. En el intertanto, Kenny regresó al centro del comedor y llamó la atención de todo el clan. Comenzó a explicar que jugarían a un juego de puntería. Que él pondría una manzana sobre su propia cabeza para que Sasha la usara como blanco. Los hombres comenzaron a bisbisear y algunos dejaron entrever su desacuerdo ante la idea, pero Kenny los ignoró.
— Si la mocosa de la Legión consigue darle al objetivo, entonces podrá zamparse toda la comida que quiera por tres días — voceó.
Ya había oído que era una glotona, ¿qué mejor que un generoso incentivo para que se atreviera a hacerlo?
— Estás loco, Kenny — soltó Levi entre dientes, llegando a su lado — ¿Cuántas botellas de licor hicieron falta para borrar lo poco y nada que te quedaba de juicio?
— Aww, ¿estás preocupado por mí, Levi?
— Y una mierda. Me preocupa lo que pueda pasar con esa mocosa si te da en la puta cabeza. Si echas de menos que alguien te lance cosas con extremos filosos y sin titubeos de por medio, puedo traer de vuelta a Mikasa cuando vaya a Stohess.
— No hay manera de que eche de menos a esa arpía. Destruyó mi cartel en su último berrinche…
— Tienes copias de sobra para reemplazarlo, pero todavía lo conservas en tu despacho porque te satisface que Mikasa hiciera lo que hizo. Te he visto admirándolo, viejo — Levi se cruzó de brazos — Deja en paz a Sasha. No es necesario que la presiones a dispararte una maldita flecha con la que podría matarte porque no tienes nada más divertido ni mejor que hacer.
— No conservo el cartel arruinado por sensiblerías. Y ya deja de jorobarme, Levi, siempre eres un maldito aguafiestas. Sasha tiene una puntería excepcional… ¿a que sí, muchacha? — Sasha había vuelto con una manzana, la cual Kenny recibió de sus manos temblorosas — Me pondré contra esa pared. Quédate aquí y dispara cuando te lo diga. Eres jodidamente buena en esto, no tengas en cuenta a mi estúpido sobrino — le dijo, desordenándole el cabello como solía hacerlo con Mikasa.
Sasha tragó saliva y asintió. Kenny caminó sin apuro hasta la pared más lejana del comedor, apoyó la espalda contra ésta y, quitándose el sombrero, acomodó la manzana encima de su coronilla. Le dieron ganas de reírse al percatarse de la forma en que todos lo observaban, pero si lo hacía se le caería la manzana. Levi, quien lo fulminada con la mirada, se quedó de pie cerca de la arquera y mantuvo los brazos cruzados y una expresión agria. La mocosa de la Legión, por su parte, ni siquiera había tensado el arco.
— Prepárate para disparar, Sasha — le indicó Kenny, llamándola por su nombre por segunda vez aquella noche — Apunta bien.
Ella abrió los ojos más grandes de lo que ya los tenía e hizo lo que él le dijo que hiciera. Se preparó, tensó el arco y apuntó, atenta a su última orden. La chiquilla temblaba tanto que Kenny suspiró de impaciencia y chasqueó la lengua.
— Si sigues temblando como un animalito asustado entonces no podrás ganarte toda esa puta comida que te espera, ¿o es que no la quieres?
— ¡La quiero! — reconoció Sasha con voz chillona y trémula — Pe-pero…
— ¿Pero qué? Haz lo que sabes hacer, maldita sea — azuzó de mal humor el líder de los Ackerman — ¡Deja de temblar como una rata, apunta y dispara de una puta vez!
En lo que tarda un pestañeo, Kenny oyó el zumbido de la flecha rasgando el aire, un cosquilleo en el pelo y el crujido de la manzana sobre su cabeza, la que luego cayó al suelo junto con la flecha, cuya punta de metal estaba torcida luego de colisionar con el muro de piedra detrás de él. Nadie en el comedor dijo ni pío mientras él, con una desquiciada sonrisa de oreja a oreja, se agachaba a recoger la fruta que la flecha había ensartado. Le dio un mordisco. Estaba dulce, demasiado dulce para su gusto, así que la tiró de nuevo al suelo. La manzana se partió en dos.
— Excelente. Eres la maldita ganadora, Sasha. ¡Tienes los huevos más grandes de esta pocilga! — Kenny comenzó a aplaudir — Denle a la muchacha todo lo que quiera, a la hora que sea — ordenó, exultado.
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Mikasa se cubrió la boca con la bufanda roja de Eren mientras bostezaba. Llevaban cerca de media hora viajando en la barcaza de camino a Stohess.
Armin los había acompañado al pequeño muelle de Shiganshina para despedirse de ellos. Al principio, el joven profesor había abrazado a Eren y sólo le había dado un apretón de manos a Mikasa. Tal despedida no fue suficiente para ella, considerando que había terminado abrazando a personas que conocía todavía menos durante su estadía en su distrito natal. Por esta razón, Mikasa dio un paso adelante y envolvió a Armin en un breve y torpe abrazo para luego darle un beso en la mejilla. Era lo mínimo que podía hacer en agradecimiento por su amabilidad y por haberla recibido en su casa sin poner peros de por medio.
— Gracias por el paseo en bicicleta — le había dicho tras separarse de él. Una sonrisa genuina le estiraba los labios pintados de rosa. Aquella mañana había decidido maquillarse nuevamente para disimular su macilenta apariencia — Gracias por todo, Armin… Lo pasé muy bien.
Armin se llevó los dedos a la mejilla donde Mikasa le había plantado el beso, pues su gesto lo tomó por sorpresa. Su piel clara había adquirido un tono rojizo.
— Muchas gracias a ti por venir con Eren… Me alegró verlos llegar el día de mi cumpleaños y conocerte mejor — el rubio le echó una mirada a Eren y su expresión mutó por un segundo, como si acabara de acordarse de algo — Ehh… ¡que tengan buen viaje! — les dijo con una risita mientras le daba unos golpecitos a su mejor amigo en la espalda.
Al notar que le había manchado la mejilla a Armin con el labial, Mikasa buscó un pañuelo en su bolsillo y se la limpió justo cuando el boletero de la barcaza invitó a los pasajeros a abordar. Desde entonces Eren había permanecido en silencio sentado a su lado, con el ceño fruncido y la vista fija en un libro desgastado por el uso, sin pasar de la página cincuenta. El tamaño de la letra y la cantidad de palabras impresas por página no podía ser tanta como para que le tomara treinta minutos leerla.
— Eren, ¿hay algo que te preocupa? — le preguntó en voz baja.
Eren la miró de soslayo y luego volvió a fijar la mirada en el libro, pasando al fin la página.
— No, nada, ¿por qué preguntas?
— Porque me da la impresión de que no te puedes concentrar en tu lectura.
— ¿Qué hay de ti? — esquivó él tras unos momentos de silencio. Mikasa dejó escapar un suspiro. Si Eren no quería decirle qué era lo que lo preocupaba entonces no insistiría, por ahora — Puedo notar que no pudiste dormir lo suficientemente bien anoche, pero no sabía si preguntarte mientras desayunábamos — musitó, dejando el libro a un lado — ¿Estás bien?
— ¿Tan mal me veo?
— ¡No, no! — se apuró en susurrar Eren — Es que no has parado de bostezar.
— Tuve un mal sueño — le respondió ella, apoyando la cabeza en el hombro de Eren para simular una conducta romántica, como siempre que estaban en público, aunque fueron sus ganas de estar un más cerca de él las que la impulsaron a hacerlo. Le daba la impresión de que Eren estaba molesto con ella o por su culpa al igual que sus padres muertos, a pesar de que él no tenía razones para estarlo, a diferencia de ellos. Se le retorció el estómago — Soñé que… mis padres no se tomaban bien mi decisión de no querer volver a visitar su tumba. Yo… — se le quebró la voz y se aclaró la garganta para continuar hablando al mínimo nivel audible. Por suerte no le escocían los ojos porque, así como no quería quedarse callada, tampoco quería terminar llorando — Yo les decía y les juraba una y otra vez que nunca los olvidaría, que nunca he tenido la intención de hacerlo, pero no me creían.
Eren buscó su mano y entrelazó sus dedos con los de ella, su roce suave y cálido contra su piel. Él le dio un ligero apretón. La mano de Mikasa era pálida y pequeña comparada con la de Eren, de un tono un tanto bronceado, palma grande y hábiles dedos largos. Ella lo había visto cuidar a otros, operar, sanar y coser suturas con maestría con aquellas mismas manos. No era raro que su contacto le transmitiera una inmensa sensación de cuidado, serenidad y seguridad.
— Eso suena muy angustiante… — murmuró él — No los conocí, pero dudo mucho que ellos te culparían por tratar de seguir adelante con tu vida. Ningún padre haría eso con su hijo, al menos no los tuyos ni los míos… Lo llamaste un mal sueño y eso es lo que fue. No fue un hecho real.
— Cuando desperté traté de calmarme diciéndome lo mismo, que sólo había sido un sueño — aquella madrugada despertó agitada, sudando y con las mejillas húmedas por las lágrimas que derramó en medio de la pesadilla. Mikasa no entendía cómo es que aún no se le agotaban las lágrimas después de todo lo que había llorado durante el viaje a su antiguo hogar y a su pasado — Pero se me hace muy difícil convencerme de que no fue y de que no puede ser real… después de que se vio y sintió tan real. Creo que… me tomará un tiempo lidiar con esto — finalizó, sintiendo una chispa de orgullo de sí misma por haber sido capaz de comunicar lo que le había pasado.
Eren le dio otro cariñoso apretón.
— Si quieres y lo necesitas, puedo suspender algunas visitas y regresar contigo a las montañas. Es cosa de que lo digas.
Mikasa sonrió ante su ofrecimiento y, poniendo su otra mano sobre la de Eren, levantó la cabeza de su hombro.
— Gracias, Eren — fue lo único que pudo decirle tras verse enfrentada a su siempre intensa mirada, la cual no pudo sostener. No sabía si aquello era algo que también le tomaría un tiempo aprender a soportar, o si es que nunca sería capaz de mirarlo a los ojos más que unos míseros segundos sin cortarse y sentir que le faltaba el aliento.
Un calor apacible se expandió en su pecho y en su rostro. Todos esos días Eren había sido más amable, comprensivo y paciente que nunca con ella. Mikasa no creía necesitar volver a la tumba, sin embargo, el que él estuviera más que dispuesto a dejar de lado algunas de sus responsabilidades por su bien la maravillaba y le henchía el corazón. Y no era la primera vez que él sugería tal cosa.
— ¿Se te antoja una siesta? — le preguntó Eren en tono casual — Parece esto de echarte una siesta en nuestros viajes se está volviendo una costumbre tuya, ¿eh? A mí no me vendría nada mal una.
— ¿Tampoco dormiste bien anoche?
— Dormí bien. Mi problema fue conciliar el sueño.
— ¿Por qué? ¿Qué es lo que te tiene preocupado? — quiso saber Mikasa — Puedes contármelo… si quieres.
Eren se removió en el asiento.
— No todavía — pausó unos instantes y agregó, con una sonrisa incómoda: — No es algo grave ni tan urgente como la siesta.
Soltándole la mano, Eren le pasó el brazo por la cintura, la atrajo hacia él y la ayudó a acomodarse en el espacio entre su cuello y hombro, todo con mucho cuidado. Mikasa no pudo evitar perderse en el calor que desprendía el cuerpo del chico y en cómo la mano que descansaba en su cintura le quemaba la piel, atravesando la tela de su abrigo y blusa. Parte de su cuerpo descansaba sobre el costado de Eren, y Mikasa tuvo que resistir las ganas de alzar el rostro algunos centímetros, rozarle el cuello con la nariz y besarle la mandíbula. La mera idea hizo que la sangre se precipitara hacia sus mejillas, las que ya se habían coloreado desde el primer momento en que Eren la apegó a él.
Necesitaba auto-control. Mikasa tomo una profunda y lenta inhalación. Se estaba volviendo adicta a estar tan cerca suyo. La sensación le encantaba al tiempo que la atemorizaba porque pensaba que, si continuaba así, pronto perdería la cabeza. Por un lado consideraba que estaba bien si se soltaba un poco, que aquello no tenía por qué ser un inconveniente. Permitirse fluir con eso podía tomarse como parte de la simulación de la que ella y Eren formaban parte, y le pareció algo aceptable hasta que recordó que la clave de la simulación era la mentira. A excepción de lo que sentía por Eren, lo que fuera que surgiera de esto no sería más que una mentira. Participar de un juego así era peligroso.
Como parte de la actuación en aquella barcaza, sin que pareciera incómodo ante su cercanía y sin la más mínima señal de rechazo, Eren la sostenía de una manera tan íntima y amorosa que Mikasa sentía que se le había concedido el permiso de disfrutar un poco del juego. A diferencia de la madrugada en la cabaña mientras él dormía, ahora sí sentía que podía dejarse llevar un poco. Sólo un poco. Aletargada en el calor de su abrazo y afecto, Mikasa se fue rindiendo al sueño y no volvió a despertar hasta que un empleado avisó que habían llegado a Stohess.
Era evidente que las personas que habitaban el distrito de Stohess eran más pudientes y que vivían, comían y vestían mejor que las de Shiganshina. Mikasa sólo había estado en ese lugar en un par de ocasiones de noche, enfocada en otras cosas. Comparado con Shiganshina, aquí había un mayor tráfico de carruajes y caballos recorriendo las calles adoquinadas.
Llegaron hasta un impecable hotel de cuatro pisos ubicado en la avenida principal, donde los atendió un hombre alto y espigado de semblante serio y refinado en su trato. El recepcionista les entregó las llaves de la habitación cuarenta y dos y un joven botones transportó sus maletas escaleras arriba. Eren le dio al chico una buena propina luego de que éste dejó el equipaje al interior del cuarto.
— Muchas gracias, señor. Señora. Bienvenidos a Stohess. Que disfruten su estadía — dijo el botones, inclinándose con gracia antes de retirarse. Debía de tener la edad de Mikasa… y la había llamado señora.
Enarcó las cejas al fijarse en la espaciosa habitación que Eren había alquilado. Ésta tenía una cama matrimonial más grande de lo común, con un grueso colchón bajo el edredón bordado y un montón de mullidas almohadas, además de un velador tallado a cada lado con elegantes lámparas de bronce bruñido y vidrio coloreado. Había un par de sofás granate de un cuerpo, una mesa de centro de oscura madera pulida y una chaise longue de color crema junto a un amplio ventanal que daba a un estrecho balcón. El alfombrado del piso era del mismo tono granate de los sofás. Las paredes eran de un blanco impoluto al igual que el cielo alto, en el cual se podían observar delicadas y detalladas decoraciones de yeso con sinuosos motivos abstractos.
— ¿Aquí es donde te quedas cada vez que te toca venir a Stohess?
Eren, quien estaba revisando su bolso médico y poniendo sus cosas en orden, pareció divertido ante su pregunta.
— Me quedo en un hostal barato varias cuadras al sur, a pasos de un mercado — pasó junto a ella y se acercó al ventanal, golpeando el vidrio un par de veces con el dorso del índice — Tiene buena vista. Debe ser agradable abrir la ventana y apoyarse en la baranda mientras echas un vistazo afuera. En medio de primavera o verano, claro.
— Entonces esta es… — Mikasa estudió la espalda de Eren — ¿…la primera vez que alquilas una habitación en este sitio?
— Sí.
— ¿Por qué?
— Porque esta vez no ando solo — dijo él, girándose hacia ella con las manos metidas en los bolsillos — De ningún modo te llevaría al hostal barato.
Mikasa se llevó una mano a la frente. Este hotel tenía que ser carísimo.
— Eren, ¿cuánto pagarás por noche aquí y cuántas pasaremos en Stohess? Mañana deberíamos irnos a un hotel que cueste la mitad o un tercio de lo que pagarás por este — exhortó, un tanto consternada.
— No te preocupes por cuánto pagaré — subió y bajó los hombros en actitud tranquila — Estaremos aquí menos de una semana, unas cuatro o cinco noches.
Cuando estuvieron en Trost se quedaron en un hostal sencillo, ¿por qué en esta ocasión Eren había optado por un hotel de lujo? Mikasa ni siquiera quería ir a echarle un vistazo al baño. Temía encontrarse con una bañera y un lavabo hechos de mármol.
— Puedo decirle a Kenny que te reembolse lo que sea que gastes en este sitio esta noche.
— Olvídalo, Mikasa. En serio no es un problema.
— Nos quedamos una noche aquí y luego mañana…
— Escucha. Si no te parece bien, velo de esta forma — se apresuró a decir Eren — La gente que sabe quién soy aquí también sabe que tengo dinero y que lo recibo directamente de la corona, independiente de que en general nunca despilfarro un solo centavo. Siempre que viajo me quedo en sitios baratos, pero eso lo hago cuando estoy solo, o también en las pocas ocasiones que voy a algún lado con Armin. A él tampoco le interesa gastar más de lo necesario… La diferencia es que ahora estoy aquí contigo. Tú eres mi novia — sacó una mano de sus bolsillos y alzó dos dedos, moviéndolos para implicar el uso de comillas — Y no puedo… ni quiero llevarte a otro sitio que no sea este. Ah, y desafortunadamente la opinión de los cotillas de Stohess también cuenta. Sería muy mal visto que te llevara a un lugar barato teniendo los medios para darte lo mejor, ¿no? Yo… — los ojos verdes de Eren resplandecieron al encontrarse con los suyos. Mikasa contuvo la respiración. Se sorprendió cuando fue él quien rehuyó su mirada. Lo vio fruncir los labios y llevarse una mano a la nuca — Se supone que yo estoy loco por ti. Se supone que este es el tipo de cosas que haría por ti, sin pensármelo dos veces.
No tenía idea sobre qué decir ni sentir ante lo que acababa de oír y ver. El lenguaje corporal y las palabras expresadas por Eren se le hacían tan claras como confusas. En especial confusas. Mikasa retrocedió y se sentó en la cama, recorriendo el intrincado bordado del edredón con la yema de los dedos. Sentía el rostro caliente y se había puesto nerviosa. Trató de escudarse bajo la lógica de que él sólo se había referido a la misión de ambos al momento de mencionar aquellas cosas. Que no había un significado oculto o más profundo en sus palabras. Que la vorágine emocional experimentada los últimos días y sus propios sentimientos por él le estaban jugando una mala pasada, llevándola sospechar tonterías como que Eren estaba intentando transmitir una especie de doble mensaje. En el fondo, Mikasa sabía que estaba siendo una ilusa. Él sólo la veía como una amiga.
— Tiene sentido… Es una buena idea, la verdad — sin arriesgarse a mirar a Eren y ver atracción mutua donde no la había, Mikasa se levantó de la cama para revisar su equipaje y sacar lo que sea que fuera a necesitar por el resto del día — Así que, ¿cuál es el itinerario de hoy? — le preguntó con el tono más relajado que pudo.
Eren tenía que hacer su primera revisión médica a las diez y media de la mañana. El lugar quedaba a escasos minutos a pie desde el carísimo hotel en el cual se estaban hospedando. Mikasa trató de ver aquello como una señal de que Eren también se había decidido a alquilar esa habitación por razones prácticas, más que por los roles que estaban interpretando. Estuvieron poco más de una hora en el enorme apartamento de una silenciosa pareja de setenta años. Al igual que cuando lo había acompañado a hacer visitas en Trost, Mikasa se quedó en el salón de la casa bebiendo té y probando los refrigerios que la atenta servidumbre le llevaba durante la espera. Cuando empezó a aburrirse, paseó por la sala y escrutó los enormes retratos familiares de óleo que colgaban de las paredes. En todos y cada uno de ellos los retratados mantenían una expresión adusta, incluso los niños. Se le hizo raro y un tanto gracioso. Imaginó que si ella contratara a alguien para hacerle un retrato familiar junto a Levi y Kenny, el primero no le sonreiría al pintor y se quejaría de estar perdiendo el tiempo, mientras que el segundo se movería constantemente de su sitio para supervisar el trabajo del artista. Ella trataría de usar su mejor vestido, elegir una bonita postura y dibujar en sus labios una sonrisa parsimoniosa. Sin duda alguna su propio retrato familiar sería más dinámico e interesante de ver que el montón de repetitivos cuadros expuestos en aquél salón.
La segunda y, afortunadamente, última visita médica programada para ese día transcurrió mucho más rápido. Luego se fueron a almorzar y dieron un paseo en carruaje por el centro del distrito. Eren las hizo de guía turístico indicándole a Mikasa algunos de los puntos más relevantes de Stohess, como el teatro, un vistoso y voluminoso edificio blanco ubicado frente a una plaza. En su frontis semicircular se erguían seis columnas dobles y cinco ventanas con la parte superior ovalada.
— He oído que vale la pena ver las obras de la Compañía de Teatro de Stohess — le contó Eren mientras el cochero avanzaba y dejaba el edificio atrás — En el hotel me enteré de que la última función de esta temporada es hoy a las ocho y media. ¿Te gustaría ir a ver una obra de teatro esta noche?
Mikasa nunca había entrado a un teatro a ver una obra, ni siquiera una presentación de danza o una ópera. Tras aceptar la idea, Eren pareció satisfecho y le dijo que tenía que ir a hacer algunas compras. Aún quedaban algunas horas que matar antes de que comenzara la función. Bajaron del carruaje en una concurrida cuadra con varios escaparates de tiendas de vestuario, calzado y accesorios. Cuando quiso preguntar por qué había decidido bajar en ese sitio, Eren la tomó de la mano y la guió al interior de una elegante tienda de vestuario femenino. Todas las prendas que habían allí dentro se veían y hasta olían costosas, como el hotel.
— ¿Qué hacemos aquí? — una de las vendedoras les sonrió y comenzó a acercarse a ellos. Mikasa tomó a Eren del brazo y lo jaló con la intención de salir de la tienda — Pensé que te referías a comprar insumos médicos y esas cosas.
Eren se resistió al tirón y, agarrándola por la cintura, la jaló en sentido contrario.
— Vinimos a comprarte un vestido.
— ¿A co-comprar un vestido? Te estás tomando muy en serio esto de- ¡de los novios! — siseó Mikasa. La encargada estaba a punto de llegar hasta ellos — Tengo ropa suficiente. Vámonos.
— Hay un código de vestimenta para entrar al teatro — musitó Eren, soltándola — Tan solo elige un vestido y nos vamos.
— Puedo aceptar lo del hotel, pero no aceptaré que sigas despilfarrando dinero por mi culpa.
Eren soltó un suspiro cansino y se dejó llevar por Mikasa a la salida. Ella lo oyó disculparse con la encargada y decirle que volverían más tarde, así que se lo llevó más lejos de allí.
— ¿Te das cuenta de lo raros que nos vemos dándonos tirones de un lado a otro? — refunfuñó Eren, haciendo un gesto a un cochero para que detuviera su carruaje libre frente a ellos — Ven, volvamos al hotel para que podamos hablar sobre esto.
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— Eren, quiero que entiendas que no tienes la obligación de comprarme nada — alegó Mikasa una vez estuvieron en el cuarto.
— Entonces tampoco tengo que comprar los boletos para la función de esta noche y ya está, no hacemos nada — dijo Eren, cruzándose de brazos y apoyándose contra la pared. Mikasa se quedó de pie frente a él — Dormimos y desayunamos aquí, me acompañas a trabajar, almorzamos y cenamos por ahí y luego volvemos para hacer valer el dinero que gasto por esta habitación, ¿es eso lo que quieres?
— Me refería al vestido. No exageres — frunció el entrecejo. ¿Por qué el no querer que le comprara un maldito vestido lo había puesto de mal humor? — Es obvio que tenemos que salir juntos a hacer algo más que visitar a tus pacientes y comer… Y por si no te acuerdas, una vez me llamaste "aprovechada" por esperar que me compraras algo mucho más barato que un vestido en Trost.
— Oh, ¿dije eso? — Eren miró a un lado — Si es que lo hice, no lo decía en serio.
— Lo dijiste en serio — objetó Mikasa, inexpresiva.
— Tiene que haber sido porque apenas te conocía — en los labios de Eren se asomó una sonrisa burlona — Eras un poco pesada, ¿sabes?
— Me había dado cuenta de que al comienzo yo no te caía muy bien que digamos.
— Bueno, es que no eres precisamente la persona más simpática que he conocido en mi vida.
Mikasa lo miró con expresión ofendida. Fue su turno de cruzarse de brazos.
— Tú tampoco — masculló, picada y un tanto afectada a pesar de que Eren no parecía decirlo con mala intención ni enojo. Sin embargo, lo que éste decía era cierto. Mikasa sabía que no era la clase de persona que le cae bien a todo el mundo. Es más, las primeras impresiones no eran su fuerte.
Eren se metió las manos en los bolsillos.
— En eso nos parecemos. Ninguno de los dos es fácil de tratar — se encogió de hombros y, alzando una ceja, añadió — Pero oye, al menos yo no te embauqué en medio de un baile en el Palacio Real y después te secuestré usando cloroformo, ni te até a una jodida silla. Tuve razones de peso para no tener ganas de ser simpático contigo.
— Sa-sabes que no hice todo eso porque quise, sino que porque tenía que hacerlo — dijo ella, avergonzada por sus acciones pasadas. A veces olvidaba que lo había hecho caer en una trampa — ¿Habrías venido conmigo si te lo preguntaba amablemente? No lo creo.
La distancia entre los dos experimentó un aumento en su tensión bajo el repentino silencio y escrutinio de Eren.
— No. No habría ido contigo si me lo hubieses preguntado amablemente en ese entonces — reconoció Eren, sin quitarle los ojos de encima — Cualquier otro hombre sí lo habría hecho… Yo soy un poco tonto y lento — Mikasa se ruborizó. Dejó de sentir su mirada centrada en ella y lo oyó exhalar como si hubiese estado conteniendo el aliento — Volviendo al tema del vestido, si no quieres que te compre uno está bien, y si al final decides que sí te gustaría tener un vestido nuevo, igual está bien. No te veré como una vividora por aceptar regalos míos. Te propuse ir al teatro para que te divirtieras un rato y te relajaras… Para que hiciéramos algo diferente juntos.
— Quiero ir al teatro y pasarlo bien contigo — se tapó la mitad de la cara con la bufanda — Lo único que no quiero es que gastes más dinero del necesario en mí.
— ¿Por qué te enfocas tanto en cuánto dinero gastaré? Ya te dije que eso no es un problema.
— Me… preocupa que te sientas obligado a hacerlo a causa de nuestra estúpida misión.
Eren le acercó una mano al rostro. Mikasa abrió los ojos, alarmada, y éste tiró suavemente de la bufanda.
— No has dejado de usar esto desde que estuvimos en la cabaña — murmuró — ¿Crees que te acompañé allá arriba, te puse esta bufanda y te apoyé en nombre de la estúpida misión? — Mikasa se quedó callada, por lo que Eren continuó — No. Lo hice porque quise hacerlo. Porque… soy tu amigo. Así que, ¿podrías dejar de preocuparte por mi dinero un rato y aceptar un simple regalo para que podamos ir a ver la obra?
Pocas horas más tarde, cuando ya había oscurecido, ambos se encontraban en el umbral del vestíbulo del teatro de Stohess luciendo elegantes y distinguidos, como el resto de las personas que estaban allí para ver la última función de la temporada. Mikasa mantuvo la boca cerrada y una expresión resignada desde que Eren le compró el vestido nuevo. Llevaba un maquillaje de ojos sobrio, los labios pintados de rosa opaco oscuro y el cabello arreglado en un moño bajo. En lugar de aretes, a un lado de su cabeza llevaba la flor de plata que Eren le había regalado en Trost y que, hasta ahora, no había tenido la ocasión de lucir. Él pareció notarlo, pero no emitió comentarios al respecto.
Oculto bajo una abrigadora capa negra, el vestido era de terciopelo púrpura oscuro. Las mangas se abrían en dos a partir de los codos y finalizaban en un fino encaje que llegaba unos centímetros antes de las muñecas. El mismo tipo de encaje adornaba el escote con forma rectangular, el cual dejaba a la vista sus clavículas. Una columna de cinco pequeños botones forrados en terciopelo recorrían el centro del corpiño ceñido a su figura. Finalmente, una banda horizontal acentuaba su cintura, desde donde la caída de la tela adquiría volumen ensanchándose hacia los pies.
Tomada del brazo de Eren, ingresó con él al vestíbulo y se distrajo observando la arquitectura y decoración interior. Los destellos de las lágrimas de cristal de los enormes candelabros se reflejaban en el techo del cual colgaban y en las paredes. Al llegar a la sala del teatro, Mikasa dejó escapar un pequeño jadeo de asombro mientras contemplaba los incontables detalles en blanco, rojo y dorado, las hileras de numerosas butacas rojas, los tres pisos circulares de palcos con compartimentos para dos o más personas y el escenario al fondo, con el pesado telón cerrado. Se percibía una mística atrayente al interior de aquél lugar de evanescente iluminación. Le inspiraba una cierta sensación de melancolía y misterio, al tiempo que la sola idea de quedarse encerrada a oscuras allí dentro le daba repelús.
— ¿En dónde nos sentaremos? — le preguntó a Eren con entusiasmo.
Él indicó el segundo piso, el de los palcos privados para dos personas. Cuando llegaron al compartimento, Eren la ayudó a quitarse la capa y le entregó unos pequeños binoculares, fríos al tacto. Ella se sentó con cuidado en una de las cómodas butacas rojas y sostuvo los binoculares frente a sus ojos, apuntando al escenario. Parecía que tuviera el telón a un metro o menos de la cara.
— Entonces… ¿Te gusta tu vestido?
Movió los binoculares en la dirección de Eren, pero no vio más que una mancha borrosa.
— Me gusta — le dijo, y se quitó los binoculares para poder mirarlo — Pienso que es muy bonito.
— Me alegra que te guste — Eren le brindó una pequeña sonrisa plácida y sincera — Te queda bien.
Ella respondió a su cumplido con un tímido agradecimiento y, para no sentirse muy incómoda, siguió jugueteando con los binoculares hasta que comenzó el espectáculo. Mikasa fue testigo de un divertido festival de coloridos maquillajes y atuendos, impresionantes actuaciones y cantos. Lo que más disfrutó fueron las canciones basadas en la trama y la apasionada interpretación de los actores. No todos eran necesariamente excelentes cantantes y no importaba, porque la gracia radicaba en sus interpretaciones, en cómo sus voces se quebraban en la frase o palabra precisa. En cómo se tornaban susurrantes o más potentes, transmitiendo ira, fervor, esperanza o desesperación, en la manera en que sus voces se sofocaban mientras se referían a sus temores y dudas. Ser testigo de una ejecución de expresiones, voces, gestos y conductas tan diestra resultaba fascinante. Durante la hora y media que duró, la obra cautivó tanto a Mikasa que ésta jamás se percató de que su acompañante la contempló con similar arrobamiento casi todo ese tiempo.
Mientras abandonaban la sala entre el tumulto de espectadores, un hombre de unos cuarenta años y su esposa los saludaron e invitaron a una velada que tenía lugar aquella misma noche. Ambos habían sido pacientes de Eren en algún momento.
— ¿Tienes ganas de ir? — le consultó Eren en un susurro.
— Deberíamos intentar ir aunque sea por un rato.
Lo cierto era que les convenía asistir a esos encuentros. Los cuatro abordaron un carruaje y en pocos minutos llegaron a la casa de un hombre de apellido complicado llamado Axel, en donde ya habían varias personas bien vestidas parloteando. Axel los admitió con cortesía a pesar de que no habían recibido una invitación formal de su parte, dado que sabía quién era Eren y era consciente de su cercanía con la familia real. La mayoría de los invitados eran diez o más años mayores que Eren y Mikasa y les echaban miradas curiosas. Algunos cuchicheaban entre sí con disimulo al verlos. Al menos tres hombres diferentes besaron la mano de Mikasa con más afán y por más tiempo del imprescindible al presentarse. Fue asqueroso. Para no despertar sospechas, ella imitó el comportamiento de las damas de alcurnia y fingió una risita encantadora cada vez que aquello ocurrió.
— Creo que ya rebasó la cuota máxima de saliva permitida sobre la mano de mi novia, señor — le terminó diciendo Eren al tipo que se tardó más, sin molestarse en ocultar su irritación.
La única gracia de estar allí era que personas relativamente influyentes los verían juntos, pues ninguno de los dos se estaba divirtiendo. Eren en particular no hacía ningún esfuerzo en mostrarse interesado cuando lo incluían en charlas sobre cualquier cosa. Incluso le susurró a Mikasa que ya había tenido suficiente y que lo mejor sería que se retiraran.
— Doctor Jaeger, un placer conocerlo — lo saludó de repente una mujer mayor de aspecto regio y severo — Considerando que usted es un profesional inteligente y reputado, me interesaría conocer su opinión sobre lo acontecido en Trost.
Eren arrugó la frente.
— Disculpe, señora, pero no tengo conocimiento de ninguna situación especial en Trost.
Varias personas empezaron a bisbisear, queriendo comentar sobre el tema, pero la mujer los hizo callar con un gesto de la mano. Debía pertenecer a una de las prestigiosas familias del distrito.
— ¿Es que usted no lee los periódicos, jovencito? — cuestionó la mujer con displicencia, echándole una prejuiciosa mirada a Mikasa. Le pareció que ésta la apuntaba como la razón del desconocimiento de Eren sobre lo que fuera que hubiera pasado — Anoche hubo una explosión e incendio en la comisaría de Trost. Dos policías perdieron la vida y alrededor de tres personas más resultaron heridas — dicho esto, se reanudaron los murmullos y atropellados intercambios entre los diferentes grupos.
"Annie," pensó Mikasa, apretando el brazo de Eren al escuchar las noticias. La imagen de la rubia oficial de policía fue lo primero que se le vino a la mente. Se le secó la boca.
Annie Leonhardt… ¿Sería ella una de las víctimas?
— Lamento mucho oír eso — dijo Eren entre el barullo — ¿Se conocen las identidades de los policías afectados?
— Aún no publican esa información, sólo han precisado que los fallecidos fueron dos hombres miembros de la policía — explicó Axel. Mikasa sintió algo de alivio al saber que Annie no estaba muerta, aunque podría encontrarse entre los heridos — Lo curioso es que no habían delincuentes detenidos en la comisaría en esos momentos. Es una lástima que hayamos perdido a dos ejemplares y honorables súbditos de la corona en lugar de a unos cuantos maleantes insignificantes que han osado infringir las leyes de nuestro reino.
Los invitados coincidieron con sus dichos. Mikasa trató por todos los medios de mantener su expresión preocupada inicial y no permitir que ésta reflejara el disgusto que estaba sintiendo ante la cantidad de comentarios hipócritas y presuntuosos que estaba oyendo. Ella había perdido a su propia familia precisamente gracias a los repulsivos negocios que algunos ricachones como ellos practicaban y fomentaban.
— Se están investigando las causas de la explosión, pero todos los periódicos coinciden en que no fue accidental. Es obvio que no puede tomarse como un accidente — informó un hombre de anteojos — De hecho, no perdieron el tiempo en emplear eufemismos y lo denominaron un ataque terrorista.
— El periódico de Mitras le adjudica el ataque a una organización del submundo que se hace llamar Legión — agregó la mujer que había iniciado el tema de conversación — Unos criminales que simplemente buscan sembrar el miedo y el caos, enemigos del reino.
Eren tomó la mano de Mikasa.
— Nunca antes había oído sobre esta Legión — dijo él en tono despectivo — Pero considero que lo sucedido es inaceptable. La violencia de este grupo terrorista merece ser repudiada en todo el reino y recibir un castigo ejemplar.
Los presentes secundaron sus palabras.
— Espero que los atrapen pronto — Mikasa se unió a la conversación con voz temblorosa, aferrándose a Eren y dándole un disimulado tirón a la solapa de la chaqueta de éste — No puedo creer que existan personas capaces de idear ataques tan… tan cobardes y espantosos.
Una mujer nerviosa de baja estatura apoyó sus palabras y dijo sentirse atemorizada por lo que pudiera pasar mientras no atraparan a la Legión. Más y más personas comenzaron a verbalizar sus temores al respecto. Aprovechando que ya no todas las miradas se cernían sobre ellos, Eren rodeó los hombros de Mikasa con un brazo y la llevó a una esquina.
— ¿Estás bien, Margot? — preguntó él en voz alta, pues la gente estaba por todas partes. Ella negó con la cabeza y Eren se dirigió a Axel, quien estaba a un par de metros de ellos — Disculpe que lo interrumpa, pero este tipo de temas ponen muy ansiosa a mi novia. ¿Podría decirme en dónde puedo estar a solas con ella para ayudarla a calmarse antes de irnos?
El dueño de casa llamó a uno de sus sirvientes para que llevara a la pareja a una de las habitaciones de invitados.
N/A: escribí la escena con el tío Kenny hace más de un par de semanas atrás y la disfruté un montón porque lo echaba de menos, que lo sepan, y por supuesto lo pasé genial desarrollando los momentos eremika de este capítulo. Tuve que cortar la última escena y mover el resto al capítulo 17 porque sino iba a quedar muy largo y me iba a tomar más tiempo actualizar y traducir al inglés (como algunos de ustedes ya saben publico esta historia en dos idiomas). Además, después de leer el cap 129 me gustó ver a Mikasa y Annie cuidándose mutuamente porque ya tenía el borrador de Mikasa preocupándose por ella aquí :') va a haber un poco más de eso y obviamente más momentos eremika en el prox capítulo :x
Muchas gracias por leer. Estaré atenta a sus comentarios sobre la actualización~
Espero que ustedes, sus familiares y amigos se encuentren bien y sanos. ¡Un abrazo y cuídense mucho!
