HOLA, PERDÓN POR LA TARDANZA... SIN MAS PREÁMBULOS LES DEJO EL CAPITULO...

Capítulo 20

Harry frunció el ceño ante la imponente puerta de Hierro. Odiaba esa casa, odiaba todo lo vivido durante ese fatídico año, donde él y sus amigos vagaron por todo Gran Bretaña, buscando los malditos horrocruxes, y escapando de la tiranía de Voldemort… y habían ido a parar a esa casa, presos, desesperados. En esa casa donde había perdido la inocencia su amiga… donde por su culpa había perdido la única criatura del mundo mágico a la que consideraba uno más de los suyos, su familia. Suspiró y miró al variopinto grupo que lo acompañaba. Sirius, James y él mismo acababan de tomar la poción multijugos, sonriendo y agradeciendo al cielo, que no haya adquirido la fisonomía del viejo Perkins, el compañero de cubículo del señor Weasley. Ese privilegio le había tocado a su padre, que refunfuñaba a su lado. A quién engañaba, lo había hecho a propósito. Esos dos merecían, apaciguarse un poco. Sabía que James iba a cabrearse, porque simplemente el viejo Perkins, desde que se acordaba, siempre fue viejo, enclenque… Ron iba con barba otra vez, y su pelo castaño, muy diferente al rojo característico. Sus ojos azules, estaban escondidos en un simple marrón; Sirius, aunque portaba la imagen de un hombre entrado en carnes, y medio pelado, caminaba con el porte que lo distinguía, provocador, soberbio… tropezó con un pedrusco. Los demás rieron, y él les mostró un rechoncho dedo medio.

- Por Merlín, Black, trata de parecer un hombre con evidente sobrepeso… si sigues forzando esa máquina va a darle una apoplejía… - dijo en un tono burlón.

- Tu tienes la culpa, por haber buscado estos cuerpos tan decrépitos… - rezongó - mírate tú, por poco te conviertes en Ludo Bagman…

- Ya te dije que Bagman, fue acusado de mortífago… no se a ciencia cierta si en verdad lo era, o de tantos golpes de bludger, quedó tan idiota que no se dio cuenta donde se estaba metiendo, por lo que sería inviable que me convirtiera en él. – lo miró – por otra parte, si fuera mortífago, sus aliados, se preguntarían por qué no les avisó de la redada, y si no lo fuera, también se preguntarán qué carajos hace un ex jugador de Quidditch, que ha quedado más estúpido de lo que era a causa de las bludgers, en una redada en busca de objetos sospechosos de contener magia oscura. - sonrió burlón, y se tocó la sien derecha con la varita – es cuestión de pensar un poco Black.

- Te doy la derecha por esa brillante deducción que acabas de hacer – dijo con sarcasmo Sirius – Pero, si tuviste cuidado en elegir para ti al más fornido y favorecido del grupo… - refunfuñó. – Kingsley Shacklebolt… ese negro, se pisa la polla cuando camina, de tan grande que la tiene… - Ron y james rieron.

- Es suerte… pero puedo entender que te sorprendas por el tamaño de la polla Del gran K… digo, teniendo tú la polla del tamaño de un maní…- dijo sonriendo mientras acomodaba su vestimenta, y los demás se desternillaban de la risa a costa de un Sirius rojo de vergüenza. – además soy el jefe, no se vería bien si el jefe apenas pudiera levantar la varita…

- Pueden callarse por unos momentos… – dijo nervioso el señor Weasley – estamos frente a la reja… - Harry, al notar la gran puerta de hierro, hizo un movimiento de varita alrededor de esta.

- No toquen nada… - les advirtió - toda la reja tiene un hechizo – susurró - mierda – agregó, caminando a un lado y al otro – tiene el hechizo de "la perdición del ladrón..."

- Ah, ¿sí? – dijo James, y Harry asintió mirando las rejas – entonces simplemente estamos jodidos…

- Si mal no he leído, la perdición del ladrón es un hechizo que francamente es imposible de pasar… simplemente porque acaba con cualquier mierda que se nos hubiera ocurrido hacer para escondernos – dijo Sirius cabreado, y luego miró a Harry – ¿y ahora qué se te va a ocurrir, "Chico maravilla?" – Harry sonrió socarronamente. Sirius creía que estaba tratando con un puberto inexperto.

- Bueno, querido Sirius, no me sorprende que todo lo que sabes, lo has leído, y allí se termina lo tuyo, bravo – aplaudió – pero a diferencia de ti, yo también leo, y la mayoría de las veces, lo que leo, me lo paso por el forro de las pelotas – Ron rio - ya que, además de leer, cuestiono siempre lo que se da por cierto, refuto los axiomas, construyo nuevos paradigmas, y lo mejor – se puso serio - me cago en los dogmas mágicos, pero más que nada, experimento - carraspeó - Observa y aprende… - como si de un director de orquesta se tratara, Harry, comenzó a mover la varita, de un lado al otro y de arriba hacia abajo, para luego comenzar una espiral, de adentro hacia afuera, mientras murmuraba palabras, que nadie fue capaz de escuchar y/o descifrar. Al llegar al centro de la espiral, blandió la varita como una espada, dando una certera estocada, haciendo que de ella un hechizo en forma de cascada dorada, que se dispersó por todo el portón de hierro.

- Eso es… - James lo miró sorprendido – qué rayos…

- Secreto profesional… - dijo guardando la varita – ahora bien, nadie habla, solo el señor Weasley. – desde la casa, observaron a un elfo, que llegaba a la puerta. Harry tuvo que frenar la emoción de ver a Dobby, su antiguo amigo, en la casa de su antiguo amo. El elfo levantó la mirada observándolo. Harry, se vio reflejado en los enormes orbes verdes, que se asemejaban a un par de pelotas de tenis, que tenía por ojos. La cara de infeliz que lo acompañaba hasta antes de que lo liberara, era evidente, y le hizo dar cuenta de que Dobby, nunca quiso estar ahí, sirviendo a esos hijos de puta que llamaba amos – Buenos días, si pudiera hacer el favor de avisar al señor Malfoy que venimos del Ministerio de Magia… tenemos una orden de cateo, referida a ciertos objetos de etiología dudosa, posiblemente en manos del dueño de esta casa, y que estarían intrínsecamente conectados con "el que no debe ser nombrado…"

- Mi amo no se encuentra en la casa… - respondió el elfo nervioso.

- ¿Hay alguien que pueda recibirnos? – preguntó Harry

- Mi ama, la Sra. Malfoy…

- Avísele que tenemos orden para registrar la propiedad… y que en caso de que se negara, tendremos que llevarla al ministerio para un interrogatorio… - le entregó un papel que tenía en la mano. El elfo lo observó, asintió, y desapareció.

- Estás completamente loco… - dijo Sirius – le diste al puto y roñoso elfo, la única maldita llave que tenemos para entrar… - la mano de Harry, salió disparada hacia la garganta de Sirius.

- No me toques las pelotas, Black – dijo serio – y tenle un poco de respeto a ese elfo… - lo soltó – fue gracias a él que muchas veces he salvado mi vida… - su padre lo miró- no es momento para andar explicándolo, simplemente con Dobby no se metan.

- Así que se llama Dobby… - dijeron James y Sirius a la vez.

- Es toda la onda ese elfo… - dijo Ron – va por mí también – los miró – el que lastima a ese elfo, si sobrevive a Harry, se las verá conmigo… o peor, con Hermione - los demás asintieron. El elfo apareció nuevamente y haciendo un chasquido, abrió la reja. Hicieron el recorrido desde la reja a la enorme puerta de madera en cuestión de segundos. El elfo los esperaba, franqueándoles la entrada. Harry se quedó rezagado dejando pasar a los otros, quedando a último lugar. Se agachó simulando atarse las agujetas de sus borceguís, quedando a nivel del elfo. Lo miró a los ojos. Este algo cohibido, bajó la mirada y comenzó a moverse nervioso, tal como recordara, cuando alguien lo trababa de una manera poco común para su raza.

- ¿Tú eres Dobby, ¿verdad? - Este asintió – sé que no puedes hablar mal de tus amos… - este lo miró a los ojos, y luego observó a los demás que se alejaban para detenerse en el vestíbulo. Harry para generar la confianza en el elfo, le puso la mano en el pequeño y huesudo hombro. – no me gustaría que te lastimaras por eso…

- Señor…

- No interesa mi nombre… - dijo sonriéndole – lo importante es que se, que no quieres vivir aquí… -se acercó a su oído – sé que quieres ser un elfo libre – Dobby, se estrujó las manos para calmarlas – tranquilo, sólo quiero que te quedes por aquí cerca… necesito que aceptes lo que esa mujer tenga para darte…

- Pero…

- Tranquilo, sólo acéptalo, y luego mírame… - el elfo asintió – luego sabrás que hacer… - sonrió. Le palmeó la espalda, y lo siguió hacia el vestíbulo, cuidando que el elfo no se golpeara en el trayecto. Llegó hasta donde estaban los demás, alrededor de una mujer joven, y bonita, que los miraba con un asco y repulsión dignas de una Malfoy.

- ¿Qué significa este atropello? – dijo furiosa – Estoy cuidando a mi pequeño hijo, que está algo enfermo, y vienen a molestarme con…

- Disculpe señora – dijo el señor Weasley. Acomodándose los anteojos - lamentamos la interrupción, pero como funcionarios del ministerio tenemos la obligación de chequear toda denuncia que llegue a nuestras manos – le señaló el papel que ella tenía en las manos – como habrá leído, el ministerio recibió una grave denuncia hacia su esposo, Lucius Malfoy, y en ella manifiesta cierta preocupación por la tenencia de ciertos artefactos de origen oscuro, y que pueden resultar peligrosos para el mundo mágico… - la señora Malfoy resopló – quisiéramos hablar con el señor Malfoy…

- Eso es una infamia – rugió – es inconcebible que el ministerio se ocupe de estos menesteres cuando hay miles de incidentes…

- Provocados por "el que no debe ser nombrado…" – dijo James, simulando la voz de Perkins – ha habido numerosas muertes, de personas inocentes, y alguna de ellas fueron a causa de objetos con maldiciones oscuras, cortesía del "señor oscuro." – la miró – no quisiéramos detectar cierta reticencia de su parte…

- Además… - dijo Harry, en la forma del Kingsley Shacklebolt - como dice un refrán muggle… "quien nada debe, nada teme…" – la miró a los ojos, sintiendo la rabia de la mujer al referir a la cultura muggle.

- Mi esposo está en la casa de su padre, el señor Abraxas Malfoy…

- Tenía entendido que todos los Malfoy, han vivido aquí… - la miró a los ojos – siempre. – agregó Harry. Narcissa, bajó la mirada, y carraspeó un segundo antes de mirarlo a los ojos.

- Bueno… - titubeó – el padre de mi esposo, no se ha sentido muy bien…

- Debe ser por lo hijo de puta que es… - susurró Sirius, pero afortunadamente sólo Ron y Harry lo escucharon.

- Entiendo – dijo Harry, dándole a entender que no le creía una mierda – bueno, lamentando que no se encuentre, ya que teníamos unas preguntas que hacerle, necesitamos revisar la casa…

- No creo…

- Afortunadamente, nosotros no venimos pensando en lo que usted crea, sino en lo que la ley nos obliga a hacer… y el poder que el ser funcionarios nos infiere - señaló el papel – por si no comprendió lo que está escrito, ahí dice que tenemos permiso para dar vuelta su cueva, del derecho al revés, de arriba a abajo… y usted, no va a poder decir una puta mierda al respecto. Se va a quedar quietecita y callada, porque si no, va a conocerme enojado – la miró a los ojos con un dejo de amenaza – y no se lo recomiendo. - miró a los otros – ya saben lo que tienen que hacer…

- Menos mal que iba a ser el señor Weasley el que iba a hablar – dijo Sirius a James, y este sonrió.

- Cuando se tiene el don de mando, es difícil dejárselo a otro… - miró a su hijo que cruzaba miradas duras con la mujer de Malfoy – y este maldito nació para ser jefe, rey, o lo que mierda se proponga… ya sea por mandato o por candidez… logra lo que quiere sin despeinarse. – siguieron charlando hasta que se perdieron en los pisos superiores… el señor Weasley junto a Ron, levantaron las varitas y se perdieron por las cocinas. Harry se quedó de pie frente a Narcissa, los dos retándose con la mirada.

- ¿Su hermana, no ha pasado por aquí? – preguntó.

- Tengo dos hermanas, señor…

- Shacklebolt, mis disculpas, no me presenté a su debido tiempo…

- Usted ha sido impertinente desde que ha cruzado el umbral de mi casa…

- Y nuevamente con su disgusto quiere evadirse de mi pregunta… - dijo serio – Su hermana…

- Como acabo de mencionarlo, tengo dos hermanas Señor Shacklebolt… - dijo apretando los labios.

- Ambos sabemos que no me refiero a Andrómeda Tonks… - siseó – hablo de la hija de puta asesina… - Narcissa jadeó ofendida.

- Respete que soy una dama...

- Ja, una dama que se la pasa hablando de la pureza de la sangre, creyéndose un miembro impoluto de la sociedad mágica… - se acercó – aunque usted y yo sabemos muy bien, que no lo es… casada con ese mortífago venido a menos…

- No le permito…

- Usted va a permitirme lo que me venga la regalada gana – dijo burlón – quiero que abra la bóveda oculta aquí abajo, en la sala…

- Cómo… - dijo blanca como el papel. Harry la miró con suficiencia.

- Usted tiene sus recursos, oscuros y siniestros, a mi modo de ver… – dijo Harry – pero yo tengo los míos.

- No sé a qué se refiere… - respondió Narcissa, con su voz temblorosa - la familia de mi marido posee un extenso… - y quiso argumentar una férrea defensa de los Malfoy, pero Harry la interrumpió con un chasquido de lengua.

- Un extenso historial de hijoputez, y adoración por las artes oscuras y la pureza de la raza. – se acercó amenazante – el viejo Abraxas, escribió un compendio sobre las maneras de eliminar muggles, si mal no recuerdo. Eso significa que son adoradores de objetos malditos y con magia oscura, capaces de conferir en sus victimas de los mas viles y asquerosos métodos de tortura o muerte.

- No puedo negar nuestra ideología hacia la pureza de la sangre… bien sabe qué engendros hijos de asquerosos muggles están ganando espacios en nuestra sociedad, cuando su lugar es en el más bajo escalafón de los estratos sociales, sólo comparables por su origen con los elfos domésticos, pero no tenemos… - Trató de excusarse, pero Harry la interrumpió.

- Escúchese mujer de mierda… un elfo domestico es más noble y mucho mejor que una basura como usted y los suyos, todos puros de sangre… pero con un corazón y alma de estiércol de escreguto. No me mienta, ¿cree que llegué a ser auror por obra y gracia de un hechizo lanzado al azar? - siseó - Señora, no insulte mi inteligencia… Se que su marido no es lo suficientemente estúpido para tener esos objetos de dudosa procedencia y que lo enviarían de una patada en el culo, directo a Azkaban, a la vista de todo el mundo; y más con un crío como Draco, dando vueltas por aquí… - miró hacia arriba, sonriendo socarronamente- y hablando de huroncito… ¿Dónde está su mugriento vástago?

- No le permito… - dijo ella fúrica.

- Usted no está en condiciones de permitirme o no permitirme ni mierda… - escupió – usted al ser una Malfoy, puede abrir la bóveda. Sé que hay una, debajo de la alfombra en el salón principal… - ella abrió los ojos atrapada – hay gente que habla señora… no debería sorprenderse. Así como hay espías en el ministerio, también los hay entre los mortífagos…

- No se de lo que está hablando - este se acercó y la tomó por el brazo. Narcissa lanzó un chillido – ¡Insolente, no se atreva a ponerme una mano encima! - dijo Narcissa, tratando de zafarse – ¡esto lo va a saber mi marido, y elevará las quejas ante quien corresponda!

- Si, todo lo que quiera – dijo arrastrándola hacia las escaleras – Ahora, calle su puta boca, y le pido que baje por las buenas… - la miró – no me gustaría atarla como un jamón, y levitarla hasta el piso superior. Le aseguro que va a cooperar, porque si no, voy a sacar al maldito mocoso de donde sea que se encuentra, y voy a tener lo que quiero… - acercó su cara amenazante al rostro blanco como el papel de Narcissa- por el bien de su hijo, ¿va a cooperar como toda buena señora de la sociedad mágica? – ella abrió los ojos aguados, y luego asintió - ¡Bravo! ¿ve cómo nos ponemos de acuerdo? Usted abre la puta cámara, y yo la dejo en paz… - y así, a los trompicones llevó a Narcissa hacia el salón.

##

La escalera en el séptimo piso se movía de un lado al otro, como todas las extrañas escaleras de Hogwarts. Tenías que estar atenta, porque un descuido, y terminabas en algún lugar al que no debías llegar, o simplemente, llegabas tarde a una clase, gracias a la bonita combinación de movimientos, que te dejaba en un pasillo oscuro, o un salón prohibido. Afortunadamente, ella llegó al séptimo piso rápidamente. Allí la esperaba una nerviosa Lili, mirando a un lado y al otro, como si esperara que apareciera el Profesor Dumbledore, o peor, la profesora MacGonnagal, y la reprendiera. Sonrió. Algunos no perdían lo empollones nunca. Terminó de subir los pocos escalones que le quedaban. Diablos, su cuerpo le cobraba el tiempo de haber estado en cama. Ya no recordaba, cuándo cinco o seis escalones, le quitaran el aliento. Parecía que hubiera corrido una maratón de diez kilómetros… y eso que, hasta hace pocas semanas, podía hacer ese recorrido a la carrera, y aun le quedaba aire para hacer el extenuante circuito de entrenamiento que Harry planificara para la elite.

- Bueno, ya estamos aquí – dijo Ginny, poniendo las manos en las rodillas, y tratando de recuperar el aliento. Bajó la cabeza. Lili quiso decir algo, pero ella sin mirarla, levantó la mano, mostrándole el dedo índice, diciéndole que espere un segundo hasta que se recomponga. Luego se enderezó y la miró a los ojos, sonriendo. Lili, desde que la conoció, admiró la personalidad de esa pelirroja, tan avasallante, capaz de generar la mayor de las ternuras, admirarla por la capacidad deductiva e inteligencia, envidiarla por la actitud siempre positiva, y odiarla por ser tan hermosa, y generar la admiración del sexo opuesto. James, su marido, hablaba maravillas de ella, y Lili no había dejado de sentir celos cuando ponderaban sus virtudes… porque ella sabía que cuando James y Sirius hablaban de "virtudes" se referían a los pechos y el culo de una mujer. Cabrones – te juro que pensé que dejaba el hígado en el quinto piso. Suspiró. – en fin, ¿has estado esperándome mucho tiempo?

- Casi nada… - dijo seria. Ginny arqueó las cejas. Lili nunca había sido tan reacia, y cortante. Incluso su cara estaba seria. Y sus enormes ojos verdes, destilaban rabia.

- ¿sucede algo? – preguntó. Lili negó sin emitir palabra – pues no lo parece – agregó – desde que llegamos me he cansado de repetirme a mí misma que, todos los que te han conocido y han visto por primera vez a Harry, han confesado que heredó tus ojos, y están malditamente en lo cierto. Pero ahora tengo que agregar a esa referencia, que además del color, también tus ojos expresan la misma rabia que Harry expresa con los suyos cuando se cabrea… o mejor dicho cuando lo cabreo – se enderezó y puso, al mejor estilo Molly Weasley, sus manos en la cintura esperando una explicación - ¿he hecho algo que te ponga de mal humor? – Lili suspiró. Era imposible enojarse con ella, porque simplemente Ginny no tenía la culpa de las reacciones que provocaba en los hombres.

- Lo siento – dijo bajando la mirada – son estupideces mías.

- Si tienen que ver conmigo, me gustaría saberlo.

- Es solo que, mirándote, me acordé de algunas cosas que Sirius y James comentan cuando hablan de ti… - carraspeó - a veces uno no puede manejar los celos… - Ginny rio, lo que a Lili la contrarió demasiado.

- Si eres igual a Harry, pero dejame decirte que manejas demasiado bien los celos… - sonrió – Harry cuando tiene un ataque, grita, insulta, me dice las mil y una formas para hacerme sentir culpable, golpea a dos o trs tipos, y luego… - se puso roja – bueno, lo cierto es que los hombres siempre hablan de las mujeres, Lili… sean solteros, casados, divorciados, viudos… está en su maldita naturaleza. Son primates en ese sentido. Cuando hablan de culos y tetas, pierden todo rasgo de civilidad. Y puedo asegurártelo porque tengo seis hermanos… cinco. – dijo algo triste- Lo importante, y que debe dejarte más tranquila, es que cuando Sirius y James hablan de mujeres, o si no me equivoco de los "atributos" de las mujeres, ten por seguro que James, sólo habla, no piensa, ni desea tener los "atributos" de otras mujeres a mano, porque está realmente satisfecho con la mujer que tiene al lado. – Lili sonrió – James es demasiado respetuoso conmigo, y Sirius, más allá de sus estúpidas reacciones, o coqueteos, no pasa de eso.

- Si, lo se – a resopló – a veces, me siento algo insegura.

- No deberías serlo, Merlín, ¡eres una mujer excepcional! – recalcó – Además ninguno de los dos y mucho menos Remus, se ha sobrepasado, o insinuado nada… - Ginny sonrió – principalmente porque saben que Harry simplemente les romperá la cabeza, además de patearle el culo si se atreven a hacerlo – rieron – Harry debe haber heredado lo celoso de ti.

- Y de James… - dijo sonriendo – no sabes lo imposible de celosos que se ponía cuando yo charlaba con Severus, o con cualquier otro muchacho en Hogwarts.

- Pues no se qué decirte… - dijo encogiéndose de hombros - tengo sensaciones ambiguas con eso de los celos… por un lado, cuando son reacciones leves, es hasta un punto halagador… - Lili asintió sonriendo.

- James se enfurruña, al punto que hay que dejarlo solo, porque no vas a sacarle una palabra. – rieron.

- Diablos, no sólo son iguales a Harry en apariencia - más risas – como dije, en un principio los celos de Harry me hacen sentir complacida… pero luego me cabreo, cuando Harry se convierte en Mr. Hyde porque alguien osa mirarme o dirigirme una palabra halagadora… ¡y qué decir de coquetear o invitarme a una cita! – bufó – la última vez que tuve una cita, y Harry se enteró, al pobre idiota tuvieron que internarlo en San Mungo por unas semanas. Y lo peor, cuando se comenta que alguno de mis compañeros aurors quiere salir conmigo, él personalmente se encarga de disuadirlo… él y sus puños. – Lili rio – ya te imaginarás de qué forma, si recuerdas la paliza que le dio a Sirius.

- Puedo entender el nivel de intensidad de mi hijo… - dijo quitándose una lágrima de sus ojos – porque James, si bien no llega a esos extremos, sí que fue intenso a la hora de querer conquistarme… - Ginny abrió los ojos – estuve a punto de denunciarlo a la profesora MacGonnagal por acoso. - rieron.

- Los Potter definitivamente son muy intensos a la hora de… - carraspeó, Lili pudo observar cierto rubor en las mejillas de aquella impetuosa pelirroja, y supo a qué se refería al mencionar las palabras Potter e intenso, en una oración. Pero lo dejó pasar. No tenían la suficiente confianza para andar ventilando intimidades. Y tampoco quería conocer cómo era su hijo en el plano… sacudió sus pensamientos. No, nunca querría saber eso de su hijo. – bueno, aquí estamos. – Lili y ella miraron hacia el pasillo.

- Puedo creer que en Hogwarts haya una cámara secreta, incluso un Horrocrux – miró a Ginny escéptica – pero no sé qué pueda encontrarse en este pasillo…

- Hogwarts querida Lili, es un lugar extraordinario – dijo caminando por la galería, deteniéndose frente al tapiz de Barnabás el chiflado, siendo aporreado con garrotes por unos monstruos. No hay nadie por aquí... – dijo Lili mirando ambos lados del pasillo – estás segura de que...

- Si - dijo serena, observando el tapiz, y luego se dio vuelta para mirar la pared enfrente. Echó un vistazo a Lili y señaló la pared con la mano – exactamente aquí. No pienses en nada… déjame todo a mí. Ginny miró la pared. Recordó cuando estaban en el ejército de Dumbledore y tenían que pensar en un lugar para entrenar. Harry seguramente cuando se deshizo del libro de pociones, pensó en un lugar para esconderlo. así que ella cerró los ojos, y pensó "necesito un lugar donde esconder algo… necesito un lugar donde esconder algo… necesito un lugar donde esconder algo…" el jadeo de Lili le hizo abrir los ojos, y ver cómo en la pared, aparecía una enorme puerta de madera. Miró a Lili y sonrió – esa es la sala multipropósito.

- Increíble… - dijo Lili – nunca supe de esta sala… ni siquiera los merodeadores.

- Si, pudimos darnos cuenta de que esta sala es desconocida para la mayoría de los estudiantes, e incluso para algunos profesores, porque esta sala no sale en el mapa del merodeador…y todos sabemos que es muy difícil que algo se le escape al trío. – Lili asintió. - Mas porque en Hogwarts, pueden pasar cosas inexplicables… y eso se lo debemos a la querida Rowena Ravenclaw. – Lili arqueó las cejas - La arquitectura del castillo siempre está cambiando, una característica aportada por la fundadora de Hogwarts.

- Si, toda esa información sale en mi libro favorito – Ginny la miró – "una historia de Hogwarts, de Batilda Bagshot.

- Si, ese libro parece ser el favorito de cualquier mago o bruja, hijo de muggles. – sentenció Ginny. Caminó hacia la puerta y allí le dio el paso a Lili, que temerosa, traspasó la enorme puerta, para encontrar un sinnúmero de pasillos, con una cantidad enorme de objetos, entre muebles, pupitres. Ginny, resopló detrás de Lili – va a ser un tanto difícil encontrarlo aquí… - Lili asintió.

- Será como tratar de encontrar una aguja en un pajar… - dijo la mujer, dando por sentado su origen muggle. Ginny rio.

- Ese refrán siempre me ha intrigado… principalmente porque no sé quién podría perder una aguja en un montón de paja… y más que nada estar cosiendo en un lugar como un establo, con toda esa paja. En fin, es el preferido de mi padre. – Lili la miró – Mi padre es un gran admirador de la cultura muggle. Adora recolectar objetos que no tienen un rasgo de magia. Que no te agarre descuidada, porque seguramente te preguntará dos de sus grandes interrogantes.

- Si, si pudiera le ayudaría a dilucidarlos… - dijo Lili sonriendo. Tu padre es una persona realmente agradable. ¿Cuáles son esos interrogantes?

- Bueno, uno es saber cómo vuelan los aviones… - Lili bufó – y lo otro… – comenzó a caminar, seguida de Lili – saber cuál es la utilidad del Patito de hule – siguió caminando. Sus pasos resonaban en el silencioso lugar, junto a la nerviosa respiración de Lili. Estaba prácticamente segura de que, alguna manera, el Horrocrux que Harry tenía en ese entonces, le marcaba el camino para esconder el libro y por, sobre todo, para reunirse con el otro pedazo de alma de Voldemort. Caminó, lentamente, contando los pasillos. Contó hasta el séptimo callejón y giró a la derecha tras pasar, como le contara Harry hace tiempo, por delante de un monstruo disecado. Caminó pasando varios pasillos más y giró a la izquierda, topándose con un enorme mueble… suspiró y siguió caminando. Un minuto después, llegó al gran armario colmado de ampollas, seguramente alguien había tirado sobre la superficie una poción corrosiva. Abrió una de sus puertas, y contuvo el aliento… una jaula con una criatura putrefacta. Por el olor, siendo perito forense, podría intuir que habían pasado algunas semanas, seguramente al final del ciclo escolar, cuando esa criatura había pasado a mejor vida. Y allí, a un costado de la jaula, estaba el sucio descascarillado busto de un mago, viejo y no tan agraciado físicamente, cerca de este, la peluca vieja que Harry le había dicho que colocó en el busto del mago, y debajo de esta… suspiró. No podía negarlo estaba nerviosa. No era la primera vez que había tenido entre sus manos un objeto con tanta magia oscura. Sabía por su jefe, que tocarla no le generaría daño alguno. No estaba protegido por algún maleficio mortal, como el anillo, claro que Dumbledore había sido víctima de esa maldición que lo estaba matando, sólo cuando se colocó el maldito anillo. De cualquier modo, jamás se pondría aquella diadema. Luna siempre le decía que colocarse ese tesoro perteneciente a Rowena Ravenclaw, le daría a aquel que la tuviera, una inteligencia sin límites… Lili resopló a su lado. Allí frente a la madre del Elegido, estaba la prueba histórica de la que sólo habían escuchado como otra de las leyendas imposibles de corroborar de los fundadores de Hogwarts. Podía entender la sorpresa o el asombro de Lili. La llegada de su equipo al pasado había supuesto para los padres de Harry un sinfín de descubrimientos, logrando sacudir su mundo con cosas que decididamente daban por ciertas, y en las que estaban equivocados. Giró su cara, y allí vio mas parecidos con Harry, la expresión de triunfo que ella tenía, de sentir que cualquier cosa que hayan vivido, valía la pena por esa victoria. Sonrió. Si, Harry merecía tener una vida junto a sus padres. Estaba convencida que, a su lado, Harry sería alguien totalmente diferente al joven apático, y un tanto serio que apareció una mañana en la madriguera, y aunque estuviera divertido por el viaje en un automóvil volador, sus ojos siempre mostraban la tristeza de su existencia. Si, el hombre de su vida merecía vivir una vida feliz, al lado de sus padres… quizás con uno o dos hermanos que le jodieran su existencia, celar una hermana con los amigos, y vivir, vivir, vivir…

- ¿Esa es? – preguntó Lili sacándola de sus cavilaciones – es increíble… - miró a Ginny – puedo…? – Ginny asintió – no se sentía segura de tomar la diadema. La última vez que tomó algo con un pedazo de alma de Voldemort, no le había ido demasiado bien… poseída e infeliz, temerosa… no, tener cerca esa diadema sería recordar un pasado del que no estaba particularmente orgullosa.

- Si, perdona… - carraspeó – será mejor que salgamos de aquí. – se enderezó y comenzó a caminar, con Lili al lado, admirando la diadema.

- No sabía que era cierta la leyenda…

- No veo por qué no podía ser cierta la existencia de una diadema. – dijo tratando de armarse de valor. Observó a su compañera, que hizo una expresión de desdén.

- Cierto… - dijo Lili apretando los dientes, y rezumando rabia.

- ¿qué es lo cierto? – dijo Ginny deteniéndose.

- Lo cierto, es que eres la puta sabionda del grupo… tu, toda segura, creyéndote la dueña de la verdad. Hablándonos como si fuéramos idiotas, y paseándote para que todo el mundo te admire. ¿Qué tienes de diferente para que yo tenga que morir y tu estés tan feliz, viviendo una vida de puta barata? Yo sacrifiqué mucho por mi hijo… estoy encerrada y sin poder cumplir mis sueños, y tú, paseándote por todos lados… no es justo que una puta como tu tenga más suerte que yo… - se acercó a Ginny y le dio una bofetada. Ginny la miró a los ojos, mientras se tocaba la mejilla, más que dolorida, sorprendida por el cambio de humor. Y fue cuando la miró a los ojos, que se dio cuenta... los tenía velados.

- ¿qué es lo que ha cambiado? – Preguntó. Lili frunció el ceño y la miró, como desorientada. Ginny decidió actuar – Lili… deja la diadema. – ordenó, con una voz firme.

- ¿Por qué tengo que dejarla? ¿Porque una puta cualquiera como tú me lo pide? - dijo tomando la diadema con las dos manos y levantándola al nivel de sus ojos para observarla – olvídalo, voy a quedármela. Es… poderosa – agregó sonriendo. Ginny sabía que debía actuar rápidamente porque Lili estaba siendo seducida por el poder y el alma de ese hijo de puta – imagínate lo que podríamos hacer con esta arma a nuestro favor…

- ¿No, no me lo imagino, por qué no me iluminas? – Lili rio socarronamente.

- Es raro que tu no lo sepas… - bajó la diadema, y la puso detrás de su cuerpo, como protegiéndola – tu, que siempre estás más allá de toda nuestra sabiduría – se acercó a amenazadoramente. Ginny, estaba estupefacta. ¿Qué tan débil de mente podría estar Lili para que en un simple segundo, el alma de Voldemort estuviera vulnerando su voluntad? – eres tan hermosa… seduciendo a todos con tu forma de ser, de reír, de caminar… das asco. Todos los hombres babean por tu carita de ángel y tu cuerpo de mujer fatal… pero yo te conozco, si detrás de todo ese dechado de virtudes que vendes, sé que eres un demonio, capaz de hacer cometer las peores bajezas a los hombres… – escupió – ¡mi hijo ya cayó en tus redes, maldita puta, Sirius anda desesperado porque lo toques, pero sabes qué, no voy a dejar que tú y tus enredos vengan a quitarme a mi esposo! – rugió.

- Dame la diadema… ¡AHORA! - dijo Ginny, esta vez en un tono más enérgico – no estás siendo tu misma, Lili… estás siendo dominada por el alma de… tu quien sabes… él está en la diadema… - la miró - ¡DAME LA DIADEMA, MALDICIÓN!

- La diadema, no… - dijo burlona – ¿Por qué no vienes y me la quitas? - agregó desafiante – a ver, enfrentémonos a ver quién es mejor… si tú, puta ordinaria, o yo – rio - a ver si eres tan buena como dices, maldita bocona, ven y déjame… – Ginny no la dejó continuar: la única y efectiva patada fue directa, la pierna derecha se elevó lo suficiente para dar en la cara, y voltear a Lili. Ginny sintió el ruido del choque entre su pie y la mandíbula de Lili, y lamentó lastimarla, más que nada porque Harry iba a matarla por golpear a su madre. Cuando la pelirroja cayó desmayada, con el pie izquierdo, pateó la diadema lejos de Lili. Buscó alrededor y vio en el suelo, un saco de lienzo, viejo y mohoso. Lo tomó y metió con el pie la diadema en él. Con lo ocurrido, ninguna de las dos estaba en condiciones de tomar con las manos esa mierda. Lili, aún estaba en el suelo sin poder reaccionar.

- Lili… - dijo acercándose – ¡Ennervate! – agregó, apuntando con la varita - Lili, por favor… - la mujer abrió los ojos, desorientada, para luego enfocar los enormes ojos verdes, en Ginny. Esta sonrió - ¿estás bien? – se puso en cuclillas, para examinarla. Lili respiraba entrecortadamente – déjame examinarte… espero no haberte sacado un diente, porque Harry va a matarme - Lili negó con un movimiento de cabeza… - por favor…

- No puedo… - tragó saliva – la voz… esa voz… - la suya tembló, a punto de emitir un sollozo. Ginny, le pasó la mano por la espalda, cuando Lili se enderezó quedando sentada. Luego miró a la pelirroja con remordimiento – Merlín, estoy tan realmente apenada por lo que dije… yo no… yo no quería decir esas cosas, pero esa voz, era tan… - Ginny le dio otra palmadita tranquilizadora.

- Es imposible no escucharla, tranquila, no pasa nada. Es un maldito hijo de puta, demasiado convincente cuando tú estás demasiado vulnerable… – levantó el mentón de Lili. Sus ojos aguados, evidenciaban el miedo. – tranquila, no importa… – la revisó moviéndole la cabeza lentamente, y tocándole a lo largo del maxilar inferior. Al parecer no había huesos rotos. – tranquila, chica… - Lili sollozó, y Ginny hizo la única cosa que se le ocurrió, la abrazó. La madre de Harry se aferró a ese abrazo y comenzó a llorar, no pudiendo controlar los temblores – llora, amiga, llora todo lo que quieras… - dijo con los ojos aguados. Recordaba lo asquerosa que se sentía cada vez que aparecía en un lugar, sin saber cómo y por qué estaba allí. Y lo peor… la sangre, recordarse con las manos ensangrentadas, sin saber si había matado a alguien, o si era ella quien lastimaba a los estudiantes… a Hermione. Lili dejó de llorar cuando un crujido, las sobresaltó. Miró a Ginny, que ya estaba observando el lugar, buscando posibles peligros. Lugo, miró a la pelirroja, y se levantó, ofreciéndole la mano, la ayudó a incorporarse – será mejor que salgamos de aquí. Se acercó al Horrocrux, que estaba dentro de la bolsa. – dejaremos esto a resguardo, porque no quiero que ni tu ni yo, estemos en contacto con ella.

- Si, eso, lo quiero lo más lejos posible de mi… - suspiró Lili. – tu supiste cómo actuar…

- Bueno… - Ginny bajó la mirada cuando salieron de la sala, inmediatamente la puerta desapareció. Caminaron lentamente hacia las escaleras. – eso es porque… - se detuvo un instante y la miró – ¿recuerdas que me dijiste que Harry te contó la historia de la cámara de los secretos? - Lili asintió – que salvó a una persona de la cámara…

- Si, dijiste que tus eras esa idiota…

- imagínate la sorpresa y la alegría que me embargó el día que lo conocí, y luego, me enteré que era el mejor amigo de mi hermano.

- Creo saber esa sensación…

- Si, pues, imagina también qué se siente cuando el chico por el cual deliras, no te da ni la hora… apenas te mira, y pasa olímpicamente de ti… - resopló – ese era Harry, un chico que, avasallado por su pasado y su historia, y amenazado por vaya a saber qué peligros, ni siquiera sabía que existía…

- Qué pena…

- Lo cierto es que, Lucius Malfoy, para incriminar a mi padre, puso el diario de Riddle, en mi caldero, junto a mis libros, en mi primer año en Hogwarts; y cuando lo encontré… - la miró – no tuve la mejor idea que escribir allí mis penas…

- Eras una niña…

- Si, ¡pero imagínate mi sorpresa cuando el diario me respondía! – dijo enérgica – el muy hijo de puta me decía que me comprendía, y que estaba de mi lado, que era una pena, porque Harry no merecía mi cariño…

- Siniestro. – dijo Lili asombrada.

- De a poco, fue poseyéndome, no sabía lo que hacía… pero cuando despertaba, estaba en otros lugares, con sangre en las manos, y sin saber cómo llegué allí… la culpa, el temor… - tragó saliva - aparecieron cuando de manera misteriosa, estudiantes fueron atacados y petrificados; las mandrágoras destruidas, y los gallos asesinados… - un escalofrío le recorrió el cuerpo recordando lo tormentoso que fue esa experiencia. Lili se acercó la abrazó, reconfortándola de la misma manera que ella lo hiciera en la sala de menesteres.

- Ya eso quedó en el pasado… - dijo Lili comprensiva – sé que no soy tu madre, pero… - Ginny sonrió, y la miró – lo siento.

- No, gracias por las palabras… - suspiró – pero a veces es difícil dejar el pasado atrás…

- Si, imagínate si para ti, es difícil dejar el pasado – Lili comenzó a bajar – ni siquiera sabes lo que pesa el futuro cuando…

- Tranquila… - dijo deteniéndola. Lili la miró – te dije que no tienes que pensar en el futuro como lo descubriste, porque estamos haciendo absolutamente todo lo posible por cambiarlo, y que tú puedas vivir una vida plena, en familia, junto a tu hijo y tu esposo…

- Nada me alegraría más que poder llevar a cabo esa misión – dijo resuelta – pero si no fuera posible, me gustaría… al menos quisiera que James, viviera – Ginny abrió los ojos sorprendida por la declaración - no me molestaría sacrificarme porque Harry al menos tenga a uno de los dos a su lado…

- ¿Y crees que James, estará de acuerdo… y más que nada, crees que Harry va a aceptar calmadamente tu decisión? – rio – chica, compraré pochoclos y una gaseosa, y me sentaré a ver esa escena… ¡porque el cabreo de Harry, potenciado con el de James, va a ser para alquilar balcones! – rio - ¿en serio crees que alguno de los dos lo aceptará calmadamente, tu sacrificio?

- No lo sé… sé que Harry, podría enojarse… - Ginny rio a carcajadas.

- ¿Enojarse? eso es un eufemismo…

- Yo solo espero que James nunca sepa… - bajaron silenciosamente los escalones, a través de los diferentes pisos, hasta llegar al primero, donde se encontraba en ese momento la enfermería. atravesaron por el amplio pasillo, pasando sigilosamente el despacho de la jefa de Gryffindor, dieron la vuelta, y se encontraron con un enorme y raro armario, que estaba justo al frente de la puerta de la enfermería. Al entrar, Hermione estaba despierta, comiéndose las uñas de los nervios.

- ¿Dónde diablos estaban? – chilló histérica, y luego miró a Ginny – ¡se supone que tú aún estás convaleciente, y que no podías andar de un lado para el otro! – y tomó aire para continuar - mira si Harry llega y no te encuentra… ¿tienes idea del escándalo que llegaría a hacer si ese maldito imbécil…? – miró a Lili – disculpa, es tu hijo, pero eso no quita que sea imbécil – farfulló. Lili rio – pero…

- ¿Cálmate quieres? – dijo Ginny sentándose en su cama, y revoleando la bolsa con el Horrocrux, que fue a parar a los pies de su amiga – fuimos de cacería… - sonrió a Lili, guiñándole el ojo – y encontramos uno más…

- Fuiste a por la diadema – dijo casi sin aliento.

- Si… - respondió – no me iba a quedar de brazos cruzados cuando los hombres, tienen la diversión – dijo seria – Lili y yo, creemos que las mujeres, también tenemos derechos a tener una que otra aventurilla…

- ¡Exacto! – dijo Lili divertida, cruzándose de brazos, y dándole a Hermione una mirada petulante.

- ¡Están locas! – dijo chillando Hermione – tienes idea de lo que va a decir Harry si…

- Cálmate, tanto nervio le va a hacer daño al bebé… - dijo Ginny, haciéndola callar - no supuso peligro alguno, salvo una que otro inconveniente, – miró a Lili – pero supimos resolverlo de la mejor manera posible.

- Bien… - miró la bolsa – ¿es esa? – Ginny asintió – debemos ponerla…

- No voy a juntar los horrocruxes – dijo resuelta - no sabemos qué tipo de magia pueda ocurrir cuando están juntos…

- Si, si uno solo es capaz de dominar la mente de un mago, imagínate tres o cuatro… ¡o todos juntos! – terció Lili.

- Si, es cierto… mejor no comprobarlo – dijo Hermione, volviendo a la calma. Luego miró a Lili - ¿te gustó la aventura?

- Para nada… - dijo ella resuelta – no porque supusiera peligro alguno… sino por las consecuencias que tener esa cosa en las manos… - suspiró.

- Bueno – dijo Ginny, tratando de zanjar el tema – ya estamos aquí, y deberíamos festejar nuestro éxito en la misión…

- Es increíble que tengamos en nuestras manos, semejante reliquia histórica… - dijo Lili – la diadema perdida, siglos sin saber de ella – las miró - nunca se supo cómo desapareció.

- Nosotros si – dijo Hermione. – y fue algo medieval… y romántico – Lili rio, porque mientras Hermione describía el hecho de manera sentimental, Ginny hacía arcadas por detrás.

- Diablos, estar frente a ustedes es como tener un compendio de historia diferente… ni siquiera Bathilda Bagshot supo el destino de la diadema…

- Si hubiera sabido a quien preguntar… - dijo Ginny.

- La diadema, pertenecía a Rowena Ravenclaw… se supone que ella fue quien le dio los poderes para darle al que la usara una inteligencia sin límites… - comenzó Hermione.

- Si, eso lo sabemos. – aclaró Lili.

- Lo que no sabes es que su hija, Helena, estaba muy celosa de la inteligencia de su madre… al parecer ella era una burra de campeonato – Dijo Ginny. Lili rio

- ¡Ginny! – dijo Hermione – no te burles…

- ¡Es la verdad! – dijo encogiéndose de hombros.

- Pobrecita, ella era muy buena bruja, pero quien iba a destacarse teniendo de madre a nada más y nada menos que a uno de los cuatro grandes… - agregó su amiga.

- No – dijo Ginny dirigiéndose a Lili casi en un tono de complicidad – en verdad era una reverenda burra… que escondía su mal desempeño mágico, con envidia hacia su madre…

- Lo cierto… – chilló Hermione, para retomar la historia y las demás la escucharan – lo cierto, es que Helena, se robó la reliquia de su madre, y escapó del castillo llevándose con ella la diadema – agregó Hermione – su madre, cayó enferma y quería ver a su hija, sin importar la diadema… quería verla antes de morir.

- Pobre…

- Por supuesto que Rowena, nunca le dijo a nadie que la diadema había desaparecido… siempre al que preguntaba, le decía que ella todavía la tenía. Ocultó la pérdida, y nunca dijo que su hija la había traicionado… una vez enferma, deseaba ver a su hija, pero mandó en su busca al Barón Sanguinario…

- El barón… – Lili miró incrédula a sus nuevas amigas – ¿El fantasma de la casa Slytherin? – Las otras asintieron.

- Estaba enamorado de Helena, así que accedió a la misión que le encomendó Rowena, encontrándola escondida en el bosque negro, en Albania… Helena había escondido la diadema dentro del hueco de un árbol. El Barón le pidió que volviera, pero Helena se negó. Entonces, el Barón, encolerizado, porque no solo se había negado a volver, sino que había despreciado su amor, le clavó una daga en el pecho,

- Dejándola patitiesa – Agregó Ginny y Lili rio. Hermione chasqueó la lengua.

- La asesinó, y desesperado por el crimen que acababa de cometer, se suicidó con la misma daga.

Qué historia tan triste…

- Si, ellos volvieron al colegio como fantasmas, el barón sanguinario es el fantasma de la casa Slytherin, y Helena… - dijo Ginny – Helena es la famosa dama Gris…

- La fantasma de Ravenclaw…

- Y de esa manera, cuando Riddle estaba en Hogwarts, logró engatusar a Helena, quien le dio la ubicación exacta de la diadema, y él, la encontró, transformándola en un Horrocrux, al matar a un campesino albanés…

- Qué historia fascinante… sádica, pero fascinante… - dijo Lili.

- Y lo que ya sabes, es que la escondió donde nosotros la encontramos, cuando vino a pedir trabajo como profesor de Defensa contra las Artes Oscuras…

- Por supuesto, dicen que el puesto está hechizado, para que ningún profesor dure más que un año… la maldición la hizo el propio… quien tú sabes. – dijo Ginny.

- Y ahora está en nuestras manos… - dijo Lili – cuando destruyamos el Horrocrux, la diadema quedará como legado…

- Una vez que se destruye el Horrocrux, se destruye el portador Lili… la diadema no quedará entera y hermosa como la vimos.

- Maldito perro… - dijo Lili – no solo arruina la vida de los magos y brujas de bien, sino que también se encargó de profanar los tesoros mágicos… no merece más que la peor de las maldiciones.

- Le haría mi mejor hechizo, en medio de su cara de víbora… - agregó Ginny.

- ¿Cuál es tu mejor hechizo? - indagó Lili

- El moco murciélagos… - las demás rieron – sí, ríanse, pero pregúntenle a Harry y a mi hermano, que tan eficaz puede ser.

- Y hablando de los chicos…

- Aun no tenemos noticias de ellos – dijo Hermione un tanto seria.

- ¿y si no logran su cometido? – dijo Lili temerosa

- ¿Crees que en manos de Harry una misión saldrá mal? – dijo levantándose, y tratando de darle ánimos a la mujer – eso es imposible… yo creo que, si no obtiene las cosas por las buenas, seguramente comenzará a amenazar y a lanzar crucciatus a diestra y siniestra… - Hermione y Ginny rieron, pero Lili ahogó una exclamación. – Lili, entiendo tu asombro y horror por lo que decimos y pensamos y la forma en que usamos algunos imperdonables… pero la vida nos ha enseñado que a veces, es necesario usar las mismas armas del enemigo para no ser avasallados. - se sentó al lado de su suegra.

- Si, lo se… - dijo seria – sólo que es… difícil de asimilar - las miró – la lección está muy arraigada en nosotros…

- Es entendible… pero…

- Ya está bien de tanta desazón - dijo Ginny levantándose y comenzando a caminar de un lado al otro. Las otras muchachas se miraron entre sí, no entendiendo el motivo que la hacía moverse de frenéticamente. Ginny no se dio cuenta. Eso le pasaba siempre, cuando tenía que pensar y buscar ideas… - no sé si se dieron cuenta de la fecha que se avecina…

- Ginny… - Dijo Hermione, pero ella ni respondió.

- Tenemos muchas cosas que pensar, planes que hacer…

- ¿planes? – dijo Lili – pero… ¿es que hay que encontrar más horrocruxes?

- ¡claro! – dijo enérgica – queda el anillo de Gaunt, con la piedra de la resurrección

- Que piedra… - Dijo Lili mirando a Hermione, pero esta se encogió de hombros

- No quieres saber… - dijo en voz baja – déjala que siga maquinando, mejores cosas han sucedido cuando ella se pone a idear un plan.

- La piedra de la resurrección – dijo dando cuenta que había estado escuchando a las mujeres – esa es otra leyenda que se creía pertenecía al imaginario popular, y que hay cuenta de ellas en los cuentos del Beedle el Bardo… - miró a Lili – hermoso cuento, yo que tu empiezo a imbuir en el pequeño Harry en la literatura mágica…

- Si, creo que James, le ha contado uno de unos hermanos, y las reliquias que le dio la muerte – Hermione, ahogó una exclamación, y Ginny, le abrió los ojos para que no dijera nada. Carraspeó.

- Si, pero mi favorito es Babbity Rabbity y su cepa carcajeante… - dijo Ginny. – Hermione recibió una copia escrita en runa, del mismísimo Dumbledore…

- Pero, no son más extraordinarios que Cenicienta, La bella Durmiente o…

- La sirenita… - dijo Lili, y Hermione asintió – son nuestros cuentos maravillosos, Ginny, tienes que…

- Ya los leí – dijo seria – y la verdad, que no me agrada en absoluto que mujeres de incomparable belleza, fuerza y determinación, se queden sentadas, dormidas, o mudas, esperando que algún un hombre las salve, y con ello, caer en los convencionalismos de casarse con el príncipe azul, y con ello tener la vida resuelta, para quedarse en su casa y criar a los niños… – se metió los dedos a la boca, y simuló vomitar, causando la risa de sus compañeras - … si yo hubiera sido una de ellas, me encuentro al "príncipe" y ¡Bang! – gritó – como dice Harry cuando atrapa a un mortífago… "palo y a la bolsa."

- Eres tan ocurrente – dijo Lili – con razón mi hijo…

- Bueno… bueno – dijo cortando lo que supuso una perorata de la suegra feliz con la nuera que le tocó – lo que quiero hacer es festejar el cumpleaños de Harry – miró a Lili – de los dos Harrys.

- Ginny, sabes que Harry no es tan adepto a festejar el cumpleaños… - dijo Hermione algo dudosa – sabes que los últimos cumpleaños los pasaba… - Miró Lili.

- Adelante, cuéntame cosas de mi hijo…

- Cuando Harry cumple años, se la pasa borracho y armando broncas con quien se le cruce… y luego se va iba con Ron… - se puso colorada.

- De putas… Harry se iba de putas con mi hermano. – dijo Ginny – por eso creo que, ahora que estamos aquí y sus padres, también… debemos cambiar esa actitud de hombre cavernario en Harry, y hacerle un cumpleaños a todo color…

- Pronto tendremos que irnos a esconder al Valle de Godric – dijo Lili – y si quiero festejarle el cumpleaños a mi hijo…

- Olvídate de ir al Valle de Godric por ahora… - dijo Ginny – al menos hasta el veinte de agosto estarán aquí – Ellas la miraron sin entender – el once de agosto naceré… asi que no quiero que mi mamá esté sola… quiero traerme al mundo a mí misma

- Estás loca – dijo Hermione

- Recién te enteras… lo cierto - dijo, abrazando a Lili y acercándose para caer en la cama de Hermione - vamos a hacer una super fiesta espectacular, con globos, comida, y baile… - Hermione le pegó en el brazo – auch, ¡Hermione!

- ¡Se de qué baile estás hablando! – dijo molesta, y Ginny rio divertida – si no quieres que Harry y Ron te den el sermón del siglo, deja los bailecitos para…

- ¿Qué bailes?

- Bailes… - dijo Hermione – bailes que no son dignos de una dama…

- Dime donde hay una aquí, señorita que quedó embarazada después de un polvo a las apuradas en la biblioteca de la escuela – Lili se tapó la boca sorprendida. Hermione estaba roja.

- Cállate…

- Voy a hacerlo porque no soy vengativa… - la abrazó – tendría que haberte dicho que los Weasley, donde ponen el ojo… o lo otro, – rio – ponen la bala.

- Idiota – dijo más roja tapándose la cara con la almohada, mientras las demás reían divertidas.

- Vamos… - la abrazó – será mejor que nos pongamos a pensar en organizar la fiesta, y después te ayudaremos a buscar la manera en que vas a decirle a Ron, lo que tú ya sabes…

- Tengo miedo…

- Anímate, un bebé es una noticia hermosa… - dijo Lili. Ginny asintió. – y aunque el chico es una bomba de tiempo… creo que tiene bien arraigado la cuestión de la familia… no vas a estar sola, Hermione.

- Y si no, estaremos la tía Ginny y el tío Harry, para hacerlo entrar en razón. – Se levantaron saludando a la señora Pomfrey, y salieron hacia la sala común, a esperar al grupo y enterarse del éxito o el fracaso de la misión, aunque Ginny sabía, que, con Harry a la cabeza, el fracaso era poco probable.

###

James observó estupefacto como su hijo, arrastraba a una reticente Narcissa Malfoy, a través de la escalera hacia el salón principal. Estuvo a punto de acercarse y ayudar a la mujer cuando la mano de Sirius, en su brazo lo frenó. Lo miró molesto. Sirius sabía que él no estaba de acuerdo con cualquier forma de violencia contra una mujer. Pero la negativa de Sirius lo hizo frenar y esperar. Siguió a su hijo, junto con su amigo. En el rellano de la escalera esperaba Ron, y Arthur Weasley, que también miraba la escena molesta por la forma de actuar de Harry. El pelirrojo, acostumbrado a la actitud de su amigo, sólo miró a su padre y se encogió de hombros. Aunque Arthur estaba en contra de la actitud del joven Potter, no dijo, ni hizo nada. Harry estaba llevando a Narcissa firmemente del brazo, y aunque ella se resistía un poco, no era tan tonta como para negarse. Había intuido con sólo cruzar unas palabras con el imponente moreno que era Kingsley Shacklebolt, que no iba a salirse con la suya tan fácilmente. El auror no se iba a dejar manejar por ella, ni por nadie. Además, sabía que no debía ponerse en contra a los funcionarios del ministerio. Si quería que la causa del Señor Tenebroso tuviera éxito, y con ello potenciar el poder que de a poco su marido iba teniendo entre sus seguidores, era mejor mostrarse sumisa y colaboradora.

Harry, en cambio, estaba fastidiado de soportar estos personajes mágicos, que escupían arrogancia y presunción, cuando en realidad eran unos pobres diablos. No dudaba del enorme linaje de los Malfoy, dudaba de su moral… en realidad no dudaba nada, los Malfoy eran una mierda, y si por él fuera, hace años hubiera apretado el botón que significara la extinción de ese atado de hijos de puta. No era su forma de ser, desear la aniquilación completa de una estirpe… bien sabía que el pobre crío por nacer de Draco Malfoy, no tenía la culpa del infeliz que le donó la mitad de los cromosomas… Sonrió. Cómo le gustaría, haber tenido la oportunidad de interrogar a Draco Malfoy, y sus actividades delictivas, después que se enterara que él y Ginny… Merlín, seguramente le hubiera arrancado la cabeza, porque fue mismo deseo que tuvo cuando la pequeña pelirroja insolente, le refregara su affaire, con el hurón. Pero no lo haría, aunque a veces entendía que se excedía en la manera en que interrogaba a los sospechosos, no lo haría, principalmente porque Ginny intercedería por el hijo de puta. Sin dejar de mencionar que, de acuerdo con sus averiguaciones, Draco Malfoy era un maldito pollerudo reformado. Si, Ginny siempre estaba vigilante respecto a su proceder con los sospechosos por lo que no tenía chances de limpiarse las manos en la boca del infeliz hurón. Sonrió, ella ya le había hecho ver de muy mala manera que era demasiado efusivo a la hora de querer cumplir una misión. Llegaron al sitio donde, según sus recuerdos, estaba la cámara secreta de los Malfoy. Le dio un pequeño empujón a Narcissa, situándola frente a la alfombra. Con una floritura de su varita, removió la alfombra. Miles de motas de tierra se levantaron formando un halo tenebroso. Sirius fue el primero en llegar al lado de la mujer. James se sitió al lado de su hijo. Arthur estuvo a punto de situarse sobre la trampilla, pero Ron, lo detuvo. Harry miró a Narcissa.

- Muy bien, señora…. – dijo estirando las palabras en clara ironía – ya estamos donde queremos estar… - la miró – quiero que abra la trampilla.

- Yo… - Narcissa comenzó a ponerse nerviosa – yo no sé de qué me habla…

- Señora Malfoy, creo que usted sabe realmente de lo que hablamos… – dijo Ron, señalando el piso – queremos que elimine la maldición que tiene la trampilla que abre la cámara…

- Yo no sé… - miró al señor Weasley – Señor Weasley, no entiendo de qué me hablan… no tengo idea.

- Usted sabe demasiado bien que su marido esconde cosas poco legales, señora – dijo Harry a punto de perder la paciencia – sería mucho mejor para usted, y para todos nosotros que coopere.

- Yo creo que… - dijo James un tanto dubitativo – si la señora dice que..

- Perkins – dijo cortante Harry, mirando a su padre – creo que dejé muy claro en el ministerio, quien es el que da las órdenes – siseó – si quieres permanecer dentro de esta misión, cierra tu puta boca.

- Pero…

- AHORA – rugió. James, se mordió el labio inferior, y no dijo nada. Sirius iba a intervenir, pero una mirada dura de Harry lo hizo retroceder. Al fin y al cabo, el muchacho había sido claro respecto a quien estaba a cargo, y a quien debían obedecer… pero eso no implicaba que se sintiera para la mierda, cuando el chico descargaba sus frustraciones contra James.

- Lo siento – dijo James. Harry asintió y volvió hacia Narcissa.

- Bien señora… si está tratando de hacer tiempo para que su esposo venga, y tengamos un enfrentamiento, no tengo ningún problema – la miró – yo también se utilizar imperdonables – se movió observando la decoración – no hay un puto asiento aquí para esperar – sonrió – y le sugiero que se prepare – volvió a fulminarla con la mirada – porque le aseguro que cuando termine con su marido, no tendrá a dónde acudir… y podemos creer que su manera de criar a su niño, no es la conveniente…

- Harry… - dijo Ron, Harry movió la mano, y chasqueó la lengua –

- Soy una buena madre – dijo temerosa.

- Pues Demuéstremelo… - dijo acercándose y frenando sus botas en la punta del zapato de Narcissa – ya que su marido no tiene ni la menor consideración por su familia, haciendo las cosas que hace, y juntándose con quien usted ya sabe. Necesito entrar a esa cámara, y más que nada, necesito la prueba de sangre que implica abrir la puta trampilla.

- De nada le servirá que haga el hechizo para abrirla – chilló Narcissa – porque, aunque lo hiciera, jamás podría abrirla…

- Sabemos que tiene una maldición, y que esta tiene veneno de acromántula – Narcissa abrió los ojos – ¡no me va a temblar el pulso si tengo que cortarle la garganta para que usted me dé su sangre… - amenazó – hágalo! – Narcissa sacó su varita, realizó el hechizo no verbal. Para sorpresa de los demás, la manija de metal aparecía en una pequeña puerta de madera, alrededor de la piedra del piso. – se da cuenta que bien se siente uno cuando colabora? – dijo irónico. Ron sonrió, Arthur Resopló molesto, y los demás, sólo miraban con asombro la puerta. Harry sacó de su bolsillo una navaja – y ahora, si es tan amable de estirar el brazo sobre la manija, así yo…

- No le servirá de nada… - dijo llorando más de impotencia que de miedo – por más que quiera colaborar, jamás podría ayudarlos y abrir la cámara con mi sangre, porque no tengo sangre Malfoy

- ¿Qué? – dijo Ron

- la cámara fue creada por la familia Malfoy, ninguna de las mujeres que llegamos a pertenecer a esta familia, jamás ha tenido acceso a ella, porque…

- La sangre Malfoy no corre por sus venas… - terminó Harry.

- Mierda… - dijo Ron – ¿así que vinimos por nada? – preguntó algo cabreado – Harry, ahora qué carajos vamos a hacer…

- Tranquilo, déjame pensar… - dijo Harry.

- No hay nada qué pensar – dijo James y Sirius asintió – no podremos abrir la maldita cámara, salvo que esperemos detrás de una planta, agazapados y desangremos a Lucius… - Sirius rio.

- Lucius está demasiado ocupado… no creo que vuelva hasta dentro de unos días…

- ¿Continua engañándola señora? – dijo Ron, Narcissa jadeó horrorizada.

- Cierra el pico – dijo Harry, fulminándolo con la mirada. Luego se acercó a la señora Malfoy – Usted, llame al elfo que nos abrió la puerta…

- ¿qué?

- ¡Que llame al elfo! – dijo rudamente – no me haga repetirle las cosas como a una idiota.

- ¿para qué quiere al elfo? Le dije que no puede entrar nadie que no tenga la sangre Malfoy – dijo riendo – a menos que piense que un mugroso elfo, una criatura inmunda tenga la noble sangre…

- Cállese señora – la cortó – ¡Le puedo asegurar que la sangre que corre por ese elfo es mucho más noble que la inmunda de la noble familia Malfoy! – dijo Harry – llame al elfo… ¡AHORA!

- Voy a llamar a cualquier elfo, tengo muchos a mi servicio y… - se detuvo al ver que Harry, se quitaba la bota, y luego una media - ¿qué se supone que está haciendo?

- No quiero a cualquier elfo, quiero al que abrió la puerta… - la miró – ¿lo llama o tengo que lanzarle una maldición imperius, para que me complazca? – sonrió malignamente – me sale super bien… - levantó la varita. Narcissa lo miró horrorizada.

- ¡DOBBY! - Harry sonrió triunfal, y sin decir nada le lanzó la media a Narcissa, quien la atajó, y la arrugó en su mano - ¿qué es esto?

- Una media… - dijo al tiempo que el elfo aparecía.

- La ama, llamó a Dobby, Dobby está a su servicio Ama… - dijo inclinándose, y casi tocando sus pies con su gran nariz… - se enderezó y miró a Harry a los ojos. Él le sonrió. Luego miró a Narcissa, mas nervioso. – Narcissa miró a Harry, preguntándole que hacer ahora. Él simplemente sonrió cínicamente.

- Dele el calcetín… - dijo quedo

- ¿qué? – jadeó fúrica- ¿quiere que libere a mi elfo?

- Exactamente – dijo Harry – quiero que libere a su elfo… quiero que Dobby, sea un elfo libre…

- ¡Estás chiflado! – dijo Sirius – no puedes obligar a liberar a un sirviente…

- Quiero que Libere al elfo – dijo mirando a su padrino – y si a ti no te gusta, me importa una mierda… - miró a la mujer - ¿tengo que repetírselo nuevamente? – ella negó. Y sin decir nada más, entregó el calcetín al elfo, que abría los enormes ojos verdes, aún más grandes si se pudiera. – perfecto…

- La ama le ha dado a Dobby un calcetín… - dijo asombrado - ¿Dobby es libre? – Harry dio un paso hacia el elfo y luego se agachó para hablarle.

- ¿Dobby? – dijo, y el elfo lo miró – ahora eres un elfo libre que no tiene que seguir en esta casa de mierda – el elfo asintió nervioso – si tu quisieras, me gustaría que trabajaras para mí – El elfo abrió los ojos sorprendido – conozco una familia que tiene un hermoso niño y necesitan de alguien que lo cuide… y sé que tú eres capaz de hacerlo… ¿qué digo, eres estupendo para el puesto! – sonrió genuinamente.

- Dobby puede limpiar, lavar, y ayudar en la cocina, señor… Dobby puede hacer eso y mucho más… - bajó la mirada y comenzó a refregarse las manos nerviosamente - pero Dobby ahora es libre… - lo miró – Dobby no quiere ser golpeado, quemado, pateado, o insultado señor…

- ¡Claro que tendrás un trato basado en el respeto! – dijo riendo – y, sólo estoy ofreciéndote una oportunidad para trabajar, siendo un elfo libre… ahora puedes elegir – el elfo abrió grande los ojos, esperanzado.

- Dobby quiere conocer el mundo… - agregó.

- Y puedes hacerlo… - dijo sonriente – porque la familia que quiero que conozcas, es muy buena, y va a pagarte por lo que hagas… y también tendrás días libres… donde podrás ir a donde quieras… - el elfo sonrió.

- Dobby quiere ir a esa familia… - Hary asintió, y se acercó al oído del elfo para decirle unas palabras. El elfo lo miró a los ojos y asintió. Y con un pequeño crac, desapareció.

- ¿Qué le dijiste? – dijo Ron acercándose para hablarle a solas - ¿y a dónde lo vas a mandar… Harry, que no sea a mi casa, porque te recuerdo que…

- Tranquilo… le diré a mi madre para que se haga cargo del elfo - sonrió. Ron, le dio un golpe en el brazo. - pero antes le di un pequeño trabajito a hacer… - el crac que se escuchó anunció que el elfo había regresado y en brazos traía algo envuelto en una manta negra…

- ¿Qué…? – dijo Ron, pero no pudo decir nada, porque Narcissa pegó un alarido de terror. Harry se acercó y le impidió moverse y que atacara al elfo, que protegió su carga.

- Maldita criatura inmunda… ¿qué haces con mi hijo?

- Tranquila señora, a su vástago no va a pasarle nada… - dijo y luego miró a Ron – por favor, necesito que me ayudes aquí…- su amigo se acercó y tomó a la mujer del brazo. James se acercó y tomó a Harry del brazo, y lo miró con rabia

- Creo que te estás extralimitando - siseó – una cosa es que te pongas bravucón con ella, pero él es un…

- Quítame las manos de encima… - dijo soltándose bruscamente – te dije que no intervengas.

- Es un niño… - dijo con los labios apretados, demostrando su enfado.

- Yo también lo era… y el que está en casa con tu mujer, también lo es… - se acercó al elfo y le quitó el niño – asegúrate de recordarlo siempre… - James cerró los ojos y respiró profundamente – serénese señora, no voy a hacerle daño a su bebé. – la miró – no soy tan hijo de puta como su marido o como "el dios a quien veneran…" – escupió – pero necesito al niño, o mejor dicho, necesito su sangre… - acercó al niño hacia la trampilla, tomó la pequeña manita, y sin que el niño lo sintiera, hizo un pequeño corte en el dedo índice. De él manaron unas gotas, que fueron a parar a la vieja madera. Ron se acercó a Harry un tanto preocupado.

- Harry – dijo en un susurro para que solo él escuchara – aun teniendo la sangre, no tenemos el hechizo… - este lo miró – recuerdo que Malfoy dijo que hay un hechizo protector a parte de la sangre… - Harry sonrió. Ron a veces lo sorprendía con su ingenio, pero él era Harry Potter. Le dio el bebé a la mujer, y de su túnica, sacó un pequeño pergamino. Ron lo miró. – es la letra de Hermione.

- Exacto… - dijo sereno – mi querida amiga, leyó que el pelotudo de Malfoy, había copiado el hechizo de la cámara… en su cuaderno de notas. Al parecer no confiaba en su memoria… la locura puede ser un enemigo silencioso. - sonrieron.

- Harry… - dijo James, pero él levantó la mano y lo calló. Levantó el pergamino y comenzó a leer.

- "puritatem sanguis, paterna nobilitate camera tutatur ab hoste supplicium scirent, si dare sanguinis corrumpat."- sonrió al tiempo que la pequeña aldaba giraba, y la portezuela se abría súbitamente. Miró al resto de sus compañeros. – Perkins… - su padre, se acercó lentamente – como tú eres el más enjuto, te cederé el honor de que bajes y revises la cámara – la cara de su padre se animó ´súbitamente y una enorme sonrisa, apareció en la rugosa cara del disfraz. Tomó a James de los hombros y lo alejó del resto – escúchame, sólo queremos el diario… tienes que buscar un cuaderno de cuero, con el nombre de Tom Sorvolo Riddle… no toques nada más. Necesitamos el diario.

- Tranquilo hijo, puedo hacerlo… - el señor Weasley se acercó un tanto nervioso.

- Mis informantes me han dicho que Lucius Malfoy no estaba lejos desde hace días. La mujer mintió. Está en el Ministerio y acaba de salir de la oficina del Bartemius Crouch junior… - se pasó el pañuelo por la cara – al parecer viene para acá – Harry arrugó la frente – he pedido que lo demoren un poco, con algún papeleo… sólo tendremos cinco minutos – Harry asintió y miró a su padre.

- Sólo tienes dos minutos para encontrarlo y sacarlo… - James asintió y se dispuso a entrar, pero Harry lo tomó del brazo – no toques nada, no sabemos si hay otras cosas malditas, y qué daño pueden causarte… - asintió, dio un paso y Harry lo tomó nuevamente.

- ¿Y ahora qué? – dijo exasperado James.

- Ten cuidado padre… - James sonrió - y haz un encantamiento geminio, así no se dan cuenta que algo falta. – Sonrió y asintió, entrando a la cámara. Los segundos pasaban, y James seguía aún dentro de la cámara, sin dar muestras de haber encontrado el diario.

- Harry… - dijo el señor Weasley acercándose más nervioso – me informan que Malfoy acaba de salir del retén, y se dispone a usar la chimenea del atrio. Si no nos apresuramos a salir de aquí, él… - de pronto, James salió del agujero del suelo, con una mirada triunfal.

- ¡Lo tengo! – Harry, se acercó a la mujer.

- ¿Hiciste el encantamiento Geminio? – indagó nervioso. James, salía por completo de la cámara, y se sacudía los pantalones, mientras Ron y Sirius cerraban la trampilla, y acomodaban la alfombra. Miró a su hijo y asintió. - ¡Bien, entonces salgamos cagando leches de esta mierda de casa! – gritó – Dobby, acércate… - el elfo se acercó y Harry lo tomó de la mano – rápido, todos tómense del brazo, pierna, o de la mano del elfo, ahora!

- Pero cómo nos vamos… - trató de averiguar Sirius, pero Harry lo interrumpió.

- ¡Por una vez en tu puta vida Black, obedece, sin abrir tu maldita boca!

- ¡ya basta, Canuto, sólo toma al elfo! – gritó James y este obedeció mordiéndose la boca. Harry observó que, desde la chimenea, comenzaban a salir chispas verdes, levantó la varita, y apuntó a Narcissa Malfoy. Ella abrió los ojos horrorizada.

- Dobby, cuando te diga, nos vas a llevar a Hogwarts – el elfo, con una mirada temerosa asintió. Luego Harry miró a Narcissa, aun con la varita en alto - Fue un gusto verla señora, pero ahora si me disculpa… - las chispas verdes empezaron a aparecer por la chimenea con más fuerzas, y ya se vislumbraba una silueta que daba vueltas, llegando hacia la sala. Sonrió – ¡Obliviate! – y las chispas salieron de su varita dando de lleno en el pecho de la mujer, que solo se tambaleo – ¡ahora Dobby! – y antes de que Malfoy se diera cuenta, ellos habían desaparecido.


NOTA DE LA AUTORA: BIEN APARECIÓ DOBBY! siempre dije que este fic iba a ser una especie de justicia poetica, por todos esos personajes que Rowling nos quitó. Dobby es uno de ellos...

Tambien, no se si les guste o no, pero me encanta repasar un poco la historia y lo escrito en los libros... obviamente que con el peculiar relato de los protagonistas. Perdonen si ofendo oidos sensibles. Ellos son asi, y no quieren hacer mucho por cambiar.

lamento espaciar las entregas, pero la cuarentena, me tiene sin ganas de escribir... espero terminarlo antes de que se cumplan diez años de haber escrito el primer capítulo de esta historia. Eso será para setiembre...

Y tengo dos ideas nuevas de romance, y otra de aveturas... pero dependiendo como siga esto, y qué pasará con el ciclo lectivo en mi trabajo... les estaré dando sinopsis acerca de las proximas historias en mi facebook.

Por lo pronto espero comentarios

Gracias por leer!