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Los personajes no me pertenecen, ellos son de la autoría de la grandiosa Rumiko Takahashi. Sólo es una historia sin fines de lucro.

Adaptación del Dorama: La Poderosa mujer Do Bong Soon

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Los fajos de dieron no cabían encima de aquel sillón viejo que tenía en medio de la sala. Realmente nunca había invertido en amoblar su hogar, siempre se enfocó en planear sus mejores hazañas, que al principio salieron bien, hasta que aparecieron ellos. Ranma y Akane, pero también había un tercero, aquel policía que iba como perrito detrás de él.

Sonrió malicioso, de verdad que esta vez esos tres lo iban a pagar caro. Metió un poco del dinero dentro de la mochila y se la subió al hombro, tenía que ir por alimentos y medicina, puesto que la herida que tenía nunca terminaba de sanar, además, si pensaba huir necesitaría también alimento. Guardó la fotografía de la peliazul dentro de su casaca y salió en busca de lo que necesitaba. Sin saber que algunos ojos veían sus movimientos. El fin de Toma cada vez estaba más cerca.

CAPÍTULO XVII

El largo flequillo castaño tapaba casi todo el rostro del pequeño niño, qué triste se sentaba en una esquina del salón. Algunos otros compañeros se acercaban a él sólo para fastidiarle y hacerle pasar un mal rato, mientras que las niñas se burlaban y hablaban mal de él desde las esquinas, inquietas y sin ni siquiera percatarse si él las escuchaba. El pequeño sólo atinaba a apretar sus pequeñas manitas, para así apaciguar su enojo, casi enterrando sus uñas dentro de sus palmas, hasta hacerlas sangrar. Un buen día ella apareció. Con su hermosa sonrisa y unos enormes ojos avellanas, con el cabello azulado, corto hasta los hombros. Era un encanto de niña, todos la amaban, inclusive en el grupo de niños era muy bien recibida. Con sólo una sonrisa todos caían rendidos ante su ternura y él tampoco fue la excepción.

Cautivado por aquella sonrisa avasalladora se dejó llevar por la calidez de la niña. Ella se llamaba Akane, pero todos en el salón le decían A-chan.

El pequeño Toma se sentía privilegiado al ser el único que llamaba a la niña con su nombre, sin usar el diminutivo que para él, era ridículo. Cada que podía intentaba acercarse más a ella, hasta lograr sentarse a su lado, a pesar que eso significaría ser odiado por sus compañeros de clase, pero eso no importaba en ese momento, mientras ella le siga tratando bien.

Akane nunca preguntó su nombre, siempre lo llamó por su apellido y cada vez que él era intimidado ella salía en su rescate.

Los años en la escuela pasaron hasta que un triste día para el pequeño Toma, llegó un niño nuevo al colegio, al parecer era un antiguo amigo de la peliazul, que respondía al nombre de Shinnosuke. Y desde ese instante Toma dejó de existir.

Teniendo ya doce años, quiso expresarse sus sentimientos hacia Akane pero la desgracia llegó a su vida, sus padres fallecieron en un accidente de tránsito y mientras buscaba los papeles necesarios para sacar el acta de defunción de sus padres, se dio con la sorpresa que él nunca fue un hijo legítimo. En ese instante todas las piezas fueron unidas dentro de sus recuerdos, ahora todo tenía sentido del por qué sus padres nunca lo cambiaron de escuela cuando él habló sobre el bullying que sufría. Lleno de rabia prendió fuego a lo que antes había sido su hogar. Muriendo también ahí, su "abuela".

Las autoridades dijeron que había sido un accidente casero que ocasionó el siniestro. Llevando al pequeño a un refugio para menores de edad puesto que ahora no tenía a nadie en el mundo.

En la escuela nadie preguntó por él. Akane era la única que había notado su ausencia, preguntó a todos los profesores sobre su compañero pero nadie le dio referencia sobre su paradero o su estado.

El tiempo pasó y nunca más supo del pequeño niño de tristes ojos verdes.

- ¿Puedo sentarme a tu lado? – su delicada voz, el color de sus ojos y la sonrisa de la peliazul aún se mantenía en sus recuerdos. Una simple frase que hizo cambiar su vida. Ahora necesitaba tenerla. Ahora que por fin la había encontrado. A su amada Akane Tendo.

Tomó la foto entre sus manos y la acercó hasta su pecho, juntándola con la vieja foto en donde había una niña igual a Akane – esta vez – sonrió tiernamente, para luego cambiar drásticamente su actitud, a una frívola – esta vez sí me la pagarás, por abandonarme y por hacerme a un lado, Tendo Akane.

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Ya llevaba media hora caminando de un lado a otro dentro de su oficina, realmente le molestaba esperar, para él era tan estresante que siempre decía "Me estresa estresarme de mi estrés" pero era le verdad. Por más que toda su vida practicó artes marciales, siempre terminaba en el mismo círculo vicioso de sentirse estresado, ahora más que nunca se sentía así, puesto que estaban a un paso de capturar al psicópata ese. Hace rato que ya había recibido la llamada del señor Kuno, confirmando sus sospechas – Gosunkugi, llama a la señorita Tendo, necesito verla ahora – el hombre tras el teléfono sólo asintió, no deseaba hablar con ella puesto que hace días él había infundido desconfianza entra la pareja pero felizmente no había ido a mayores.

Al paso de otros veinte minutos, la peliazul entró a la oficina – perdóname Ranma por no venir antes pero estaba súper ocupada con el Dojo, pues verás…

- Ahora no importa lo material Akane, ya sé lo que sucedió ahí. Lo más importante es que ya tengo información sobre Toma – la peliazul agrandó los ojos, ese tema aún estaba volando en los aires y le parecía un sueño, por fin capturarían al tipo ese.

- Dime todo lo que sepas.

- Será mejor que Shinnosuke también esté aquí. Nos reuniremos más tarde con él en mi departamento – la mujer asintió, por el rostro de Ranma podía deducir que estaba extasiado de poder, realmente deseaba hacer añicos a Toma.

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- Entonces ¿tomó el dinero del seguro y se fue a una casa que tiene por la playa? – preguntó la mujer de melena azul. Hace un buen rato que se habían ido al departamento de Ranma, necesitaban planear todo muy bien.

- Exactamente, por eso debemos ser más rápidos, él está intentando fugar y al parecer se irá mañana a las diez de la noche, en el barco pesquero que va hacia Corea – puntuó Ranma.

- Akane – el policía la vio intensamente – eres la única que puede llamar su atención, así que serás tú la encargada de negociar con él.

- Lo sé y sé muy bien que le diré para que caiga en la trampa. No voy a exponer a más personas dentro de todo esto.

- También debo agregar que Toma compró un arma, al parecer es un francotirador, un M40, si no me equivoco es un arma que se usa en el cuerpo de marines de Estados Unidos, así que él irá preparado. Por eso – de un ropero que había en la habitación sacó un chaleco antibalas – él está detrás de ti, así que por favor, tienes que usar este chaleco. Sé que eres muy fuerte Akane, pero no inmune a balas.

La mujer lo miró con cariño y tomó el chaleco sin objeciones – no te preocupes, lo usaré.

Shinnosuke que se le revolvía el estómago, intentaba acabar con esta reunión, no le gustaba verlos juntos, aún no estaba preparado – ¿eso era todo?

- Sí, creo que debemos prepararnos para lo que se viene ¿Akane, por qué no te quedas esta noche? – al pobre policía casi se le para el corazón.

- ¡Eres idiota! ¡Cómo ella se quedaría contigo aquí! – explotó Shinnosuke.

- No es ninguna broma, es mi novia, puede quedarse en la habitación de al lado que tengo – en sus intenciones no había doble sentido, realmente deseaba que ella se quedase a dormir. Ranma era inocente.

- ¿Sólo a dormir?

- Claro, ¿qué piensas? – el artista marcial cayó en cuenta sobre las verdaderas intenciones de Shinnosuke como también en el peso de sus palabras y al instante se volvió más rojo de un tomate, expulsando vapor de las orejas. El sólo imaginar a Akane de esa forma hacia que cierta parte de su anatomía comience a despertar. Para no ser descubierto, les dio la espalda – no me refería a eso.

Akane sólo veía la escena, esos dos no podía estar juntos nunca, siempre terminaba en lo mismo. Ella si había entendido la indirecta de Shinnosuke pero no dijo nada porque al parecer su novio era un tanto lento. Pero ahora al verlo sonrojado y dándole la espalda, ella podría pensar muchas cosas pero no era el momento – no me quedaré a dormir, iré a casa y mañana nos vemos en el trabajo – quiso hablar lo más parcial que podía, cuando en realidad estaba igual de nerviosa que su novio.

- Es-está bien ¿quieres que te lleve a casa? Tal vez podríamos ir comprando algo de comer para tu papá.

- Mejor la llevo yo, me queda de camino – ofreció el policía.

- Está bien, vamos. No te preocupes Ranma, estaré bien, te llamo ni bien llegue a casa – su novio la veía indignado, había preferido irse con el otro. Shinnosuke se acercó hasta él.

- Será mejor que hagas algo con tu amiguito, nos vemos después – le guiñó un ojo y salió con Akane. Ranma dirigió su mirada hasta sus pantalones, corriendo fue hasta el sofá y se tapó con el cojín, desde ahí se despidió con una gran sonrisa nerviosa de su novia.

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El reloj apuntaba las ocho de la noche, realmente deseaba comer algo rico preparado por su hermana pero, ahí estaba ella, sentada en un parque, conversando con su amigo.

- ¿Te acuerdas cuando corrías por todo el colegio sólo para atrapar un libélula?

- Akane, no deberías recordar cosas así, me da verguenza. En todo caso, te debes de acordar cuando por arte de magia moviste todo los taburetes en la clase de gimnasia, en ese entonces no sabía que tenías tanta fuerza.

La mujer se sonrojó, nunca pensó que él se acordaría de esas cosas. Ella movió todos esos taburetes porque se resbaló al estar viéndolo a escondidas – en ese entonces era muy torpe, siempre tenía que resbalarme y hacer caer algo pero grande fue mi error en empujar toda esa montaña de madera jajaja. Y claro toda la clase se volvió un loquerío, querían saber quién había movido todo eso.

- Qué tonto fui ¿verdad?

- ¿Qué? – preguntó confundida.

- Desde ese entonces tú ya tenías esa fuerza. Eras tan pequeña y delicada, pero ahora me doy realmente cuenta de que nunca te presté la debida atención.

- Basta Shinnosuke, eso ya quedó en el pasado, eres una persona importante para mí y quiero que siga siendo así, como el gran amigo que eres.

- Lo sé, pero es duro darme con la realidad – rió nervioso, viendo hacia el cielo oscuro. El sólo dar por sentado que todo acababa así, el simple hecho de que nunca iban a tener una relación más allá de amigos, hacia que su corazón se estruje – bien, creo que es hora de que me retire, mañana tengo que ir a trabajar – se paró de su asiento, simplemente se despidió de ella levantando la mano.

- Shinno-kun… perdón.

¿Por qué sus pies pesaban tanto? Subió a su auto lentamente para luego cerrarlo dando un portazo. Realmente no tenía ganas de nada. Alargó el brazo y de la guantera sacó una foto de cuando ellos estaban en el colegio. La abrazó con cariño, mientras sus ojos se deshacían en lágrimas. Por fin podía sacar todo lo que tenía retenido dentro de su corazón.

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Arregló su corto cabello con cuidado, mientras trataba inútilmente de colocarse una cinta en él. Dentro de ella sentía que hoy sería un día duro pero a la vez satisfactorio. Volvió a verificar su cabello delante del espejo, era imposible, se dio por vencida y dejó la cinta sobre su escritorio. Mejor llevaría hoy el cabello de esa forma. Tomó su bolso con sus pertenencias y salió de su residencia hacia el Dojo.

Faltaba una calle para poder llegar al Dojo pero su celular sonó dentro de su bolso. Lo tomó entre sus manos y el número que marcaba era desconocido, su sexto sentido le decía quién era. Endureció la mirada y contestó.

- ¿Aló?

- Parece que eres más fuerte de lo pensado, ni siquiera una bomba pudo contigo.

- Ya ves que no, por eso debes tenerme miedo ¿no?

- ¡Tonterías! ¿Miedo de una niña? ¡Jamás!

- Bien, si es así, quiero verte hoy, a las siete de la noche en la construcción de la vez pasada – sin esperar respuesta colgó el teléfono. Estaba segura que caería en la trampa.

- Mujer idiota – al verse "humillado" tiró el celular al piso, rompiéndose en pedazos.

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- Ranma, hoy a las siete de la noche, en la construcción. Toma se puso en contacto conmigo – el artista marcial al escuchar eso, se le congeló la sangre, pero aun así trató de controlarse.

- Bien, tendremos que llamar a Shinnosuke y comunicarle todo.

- Sí, por ahora iré a preparar todo y luego seguiré con las cosas de Dojo.

- Akane – su voz salió agónica.

- ¿Qué sucede Ranma?

- Por favor, no hagas ninguna locura.

La mujer le sonrió con dulzura – no te preocupes, no haré nada que atente contra la vida. Adiós – rápidamente ella desapareció de la vista de Ranma, dejándolo con un nudo en la garganta.

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Su respiración caliente caía sobre sus dedos, mientras intentaba apuntar exactamente al estómago de la mujer. El retrovisor realmente servía perfectamente a pesar de que se encontraba lejos de ella, podía ver cada detalle. Sus hermosos cabellos azules caían sobre sus hombros, acentuando más su largo cuello. Deseaba demasiado verla a los ojos pero desde esa distancia sabía que el único instinto que ella tenía era el de acabar con él. Sacó el aire de sus pulmones y ahora sí, tiró del gatillo.

La mujer recibió de lleno la bala, que con la fuerza del impacto, cayó sobre su espalda. Quedando tendida sobre el duro suelo de cemento.

Sus manos sobre el arma aún temblaban, no podía creer que por fin había acabado con aquella mujer que lo dejó solo cuando más la necesitó. Dibujó una sonrisa sobre su rostro y salió corriendo del lugar. Era hora de salir del país.

- ¡Shinnosuke! El disparó vino desde del edificio a tu derecha, el quinto piso –rápidamente el policía corrió hasta el lugar indicado, felizmente estaban usando intercomunicadores, eso les facilitaba hablar sin ser descubiertos. Al momento que escuchó el disparo, sintió como todo su ser se congelaba, tenía la necesidad de ir por su amiga de la infancia pero sabía que Ranma iría por ella.

El artista marcial apuró el pasó y sin exponerse demasiado gateó hasta la mujer que yacía tendida sobre el suelo. Sus manos comenzaron a temblar al imaginar lo peor, se acercó hasta la altura de ella para verificar si estaba bien - ¿Akane? – Preguntó dudoso - ¿me puedes escuchar?

La mujer entre dientes le contestó con palabras a medias, el idiota iba a tirar el plan al tacho – estoy bien Ranma. No te preocupes, tu chaleco antibalas funciona muy bien – el hombre la ayudó a sentarse, mientras que ella se sobaba la cabeza donde ahora tenía un chinchón – sólo me golpee la cabeza, la bala quedó aquí, mira – se levantó la casaca que tenía puesto y la bala estaba incrustada en el material impermeable.

- ¡Tonta! ¡Pensé que algo malo te había pasado! ¡Saliste volando, cuando él te disparó! – no lo pensó dos veces y la abrazo, Akane se dejó hacer, no podía culparlo por preocuparse de ella. El plan debía continuar, así que la mujer de ojos avellana se separó del cálido abrazo.

- Ve, no es hora para que me abraces, debes seguir con el plan – se volvió a recostar en el suelo como antes había caído y Ranma asintió. Debía de ir él detrás de Toma.

La voz de Shinnosuke llegó como una señal hasta sus oídos – ya estoy en el lugar, él no está aquí. Dejó el arma. ¡Maldición! – tenía ganas de destrozar todo - ¡¿Cómo está Akane?! ¿Está bien?

- Sí, no te preocupes, ella se encuentra perfectamente bien. Será mejor ir al terminal pesquero. Creo que ahí podremos capturarlo.

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- Akane Tendo ahora no era de nadie – siguió corriendo con todas sus fuerzas entre los grandes conteiner del pesquero, debía ser rápido pero unos pasos apresurados lo sobresaltaron, dio la vuelta y grande fue su sorpresa al ver al policía corriendo en dirección a él. Su sangre se heló. No se suponía que esto debía pasar, se trataba de matarla a ella y luego él se iría, ahora, teniendo a este detrás de él, sería un problema. Cambió de camino y se metió entre los laberintos de conteiner. Tal vez ahí podría tomar ventaja o hasta perderle.

- Ranma, dime su ubicación – Shinnosuke corría lo más rápido que podía, su respiración cada vez se hacía más entrecortada.

- Gira hacia la derecha, y sigue recto – señaló el pelinegro por el auricular – No, ahí no, es una calle sin salida.

- Para donde giro.

- Se está yendo hacia el sur, corre hacia allá y acorrálalo – el hombre de la coleta asintió, no era momento de cansarse. El plan estaba saliendo hasta ahora, a la perfección.

Ranma estaba siguiendo los pasos de Toma mediante un Drone, el cual le iba dando la ubicación real de psicópata.

Un gran conteiner cerró el paso a Toma, chocando irremediablemente contra el duro acero – Akane, ya lo tienes.

- ¡Yes! Esperen afuera, yo me encargo un momento aquí – respondió la mujer hacia sus acompañantes – parece que ya no tienes a donde ir ¿verdad Toma? – la mujer se acercó hasta él y pegó su frente al de él, quien se encontraba sentado en el suelo.

- Tú, tú estabas muerta, yo te maté – repetía el hombre, consternado al ver a la mujer delante de él.

- Ya ves que no, no soy tan fácil de eliminar, te lo había dicho antes – lo tomó del cuello y lo estampó contra la pared de acero – no te creas tan importante por sólo acertar con la bala. No eres na… - sus palabras murieron al ver los ojos de Toma directamente. Ocasión que el hombre aprovechó para soltarse y tomar aire.

- ¿Qué pasa? Parece que viste un fantasma ¿te recordé a alguien? – la mujer se quedó muda, para después dar un paso hacia atrás, ¿de verdad era él? ¿El pequeño Toma que conoció en la primaria?

- Tú, eres ese niño, el que desapareció de la nada.

- No seas hipócrita, nunca te importé. Es decir, nunca te importó ese pobre niño. Él te amo, su infantil corazón albergaba fuertes sentimientos hacia ti pero ahora no, lo único que quiero es que no existas, así como yo desaparecí de tu vida cuando tu estúpido amigo llegó al colegio.

La mujer se tapó la boca, intentando reprimir sus emociones pero aun así sus ojos se cristalizaron, haciendo ver su dolor.

- Ni se te ocurra derramar una lágrima. Todo este tiempo viví sólo y cuando más necesité de alguien, me volví invisible ante ti.

- Toma, yo… - Ranma escuchaba atento la conversación, no podía creer lo que estaba oyendo.

- No digas nada, así como acabaste con las esperanzas de ese niño, yo acabaré con tu vida – el hombre se abalanzó contra la mujer, sediento de venganza. Ranma rápidamente dirigió el Drone hacia el rostro del hombre, haciendo que sufriese cortes en la cara. Mientras Toma se quejaba de dolor, el artista marcial y el policía tuvieron el tiempo preciso para ir corriendo hacia la mujer.

- ¡Akane! – Ranma había llegado en el momento exacto que Toma se levantaba del suelo tambaleante – Shinnosuke, llévate a Akane de aquí, creo que ningunos de los dos podrá con él.

- Ran-Ranma – la peliazul intentaba acercarse hasta él pero la impresión fue tal que no le dejaba dar ni un paso. En su niñez pasó tanto tiempo buscando a ese niño de mirada triste y ahora que lo tenía delante de ella, sentía lástima. El alma del hombre estaba corrompida y todo había sido su culpa – fue mi culpa ¡Ranma, todo fue culpa mía!

- ¡Shinnosuke, acaso no escuchas lo que te digo! ¡Sácala de acá! – el policía tomó a Akane en sus hombros y se alejó de la escena.

Ranma al verse sólo y sin espectadores, sonrió de lado, por fin lo tenía sólo para él – parece que la pelea no será entre tú y Akane sino, conmigo. Pobre iluso.

- Más temor me da ella, tú no. Saotome.

- Parece que me conoces bastante bien – dio un paso hasta él – pero no lo suficiente para acabar conmigo – soltó el primer puñete en dirección del rostro de Toma. Haciendo que éste se tambalee, ya tenía casi todo el rostro magullado gracias a los cortes que había recibido por parte del aparato ese.

- Parece que no pegas tan fuerte – escupió la sangre que se estaba acumulando en su boca – los golpes de tu novia duelen más.

- Creo que estás pidiendo que ella venga a darte tu merecido ¿verdad? – Toma sudó frío, si ella se acercaba a él, seguro terminaría muerto.

- No puede venir, ¿acaso no la viste? Quedó en shock al saber que ella es la causa de todo.

- ¡¿Eres idiota?! ¡El único culpable eres tú! Tú y tu mente retorcida que no supo manejar bien sus emociones – Toma se agarró la cabeza, intentando negar todo - ¿qué pasa, tienes miedo? ¿Te diste cuenta que todo es tu culpa?

- ¡Cállate! Tú no sabes nada de lo que yo viví.

- No sé nada y tampoco me interesa, pero te haré pagar por todo lo que le hiciste a Akane y a su familia – avanzó el último espacio que le quedaba para llegar hasta él y lo tomó del cuello – no debiste meterte nunca con ella.

Más allá, detrás de los conteiner, Shinnosuke intentaba animar a Akane – no fue tu culpa, nada es tu culpa. Ni yo recordaba sobre su existencia – puntuó su amigo.

- Pero, si no me hubiese esforzado más, seguro él estuviera bien y tal vez nada de esto hubiese pasado.

- Akane, no es tu culpa. No puedes cambiar los hechos, el único culpable es él. No te das cuenta que te está manipulando, para poder alivianar su carga.

- Pero…

- Pero nada Akane, debemos ir con Ranma, él está con Toma.

Shinnosuke tenía razón, no había razón para compadecerse de alguien que había hecho tanto daño. Cerró los ojos y recordó con claridad todo lo que le hizo sufrir, tanto a ella, como a su familia – bien, que esperamos, vamos a por él.

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- JAJAJAJA, no sabes cómo esas mujeres me rogaban, me imploraban que no las golpeara, intentaban complacerme en todo. Me hubiese gustado que Akane me rogase con la misma intensidad – Ranma apretó más el agarre y estampó un cabezazo en la frente de su adversario.

- ¡Cállate imbécil! – Toma había empezado a sangrar desde la cabeza – como digas otra estupidez te irá peor.

- No será necesario Ranma. Entre los tres nos encargaremos – Akane posaba su mano sobre el hombro de Ranma, mientras que detrás Shinnosuke miraba con desdén a Toma.

- Parece que será una pelea interesante – respondió el pelinegro.

- Sí que lo será – Toma sonrió fríamente – ¡Hombres, bajen! Es hora del show.

Seres con formas humanoides se situaron alrededor de ellos, cerrándoles el pase – jefe, díganos que hacer – respondieron en unísono.

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Continuará…

El galante hombre de mirada azul penetrante se situó delante de ella, sobre su imponente corcel blanco, que hábilmente daba pequeños pasos sobre sus cascos. Los brillantes ojos avellana se impactaron al ver aquel espectáculo que parecía ser solo para ella. Tímidamente entre abrió los labios, intentando inútilmente decir algo, para luego sólo sentir como unos fuertes brazos la jalaban hacia el duro pecho masculino.

No pudo aguantar sus emociones y las lágrimas comenzaron a caer copiosamente de sus ojos, empapando las largas pestañas de la peliazul. Su débil voz salió como un susurro, tal vez con miedo por todo lo sucedido en el pasado o tal vez era el miedo de que todo sea un sueño – Ranma.

Se aferró más fuerte a la ropa de aquel hombre, intentando retenerlo de esa forma, junto a ella. Pero él era el único que podía confirmar si sólo se trataba de un sueño o si era realidad.

- Por fin pude llegar a ti, Akane. Mi Akane. Te eché mucho de menos.

¡Hola! ¿Qué tal? Aquí estoy después de muchas semanas, perdón por el retraso.

Algunos se preguntarán ¿qué rayos escribió ésta loca, después del continuará? Ah pues, saquen sus propias conclusiones, sólo diré que estoy emocionada (demasiado) en conjunto con #MamáNodoka

Gracias a los consejos de Susy Chantilly, escribí sobre el pasado de Toma, la verdad es que iba a escribir algo más trágico pero siempre me contengo un poco jajajaja porque a veces me paso. No saben cuánto disfruté escribir este capítulo, cabe recalcar que el siguiente capítulo es el final de esta loca historia.

¿Ya fueron a leer La Apuesta? Está que arde, amé el último que capítulo que se publicó, vayan a leerlo, seguro que el próximo estará más infartante.

Como demoro mucho el subir capítulo pues, mucha gente se pierde entre lo sucedido en el fic y bueno, si les gusta lo pueden recomendar con más personas para así ser una comunidad más grande.

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¡Vaya, qué creatividad la mía! ¿Verdad? Jajajaja

Un abrazo fuerte para mis locas por el dios griego. Espero leer todos sus comentarios y nos leemos para la próxima.

Hana Note.