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El Príncipe y el Esclavo

Por Ladygon

Capítulo 18: Emociones explosivas.

Dean comenzó en su trabajo haciendo aseo. No era por nada, pero le gustaba, porque estaba cerca de Castiel. Podía verlo casi todo el día, dando vueltas con su carrito de correspondencia e informes y se le caía la baba cada vez que podía. Trataba de acercarse a él, para conversar, intercambiar miradas y verlo todo lo posible durante el día. Mirar su rostro se volvió su pasatiempo más querido, era como respirar el aire, porque era feliz cada vez que lo veía.

Castiel estaba impresionado, ver al príncipe todopoderoso rebajado a un humilde empleado, sin verlo destruido por su destino, era digno de ver. Cuando a él le pasó lo mismo al convertirse en esclavo, no lo tomó tan bien como Dean y eso que la caía del príncipe fue peor. Dean debería estar lamentando su desgracia, buscando desesperadamente la forma de volver a su mundo. Por el contrario, estaba feliz con su nuevo trabajo y le sonreía cada vez que se topaban con sus correspondientes carritos; el de la limpieza y el de la correspondencia. Sus miradas eran intensas y tiernas el uno con el otro, como cómplices de un secreto que solo ellos dos conocían. A la hora del almuerzo, se juntaban e iban al comedor de los empleados a comer sus loncheras. Castiel preparaba ambas por el momento, pero veía que Dean se esforzaba en aprender a cocinar, o al menos veía programas de cocina, suponía que era por eso.

También veía cómo las chicas se le acercaban a Dean. Eso debía ser normal, después de todo era un tipo bastante atractivo, pero no sabía la razón de que eso lo molestaba. Sus compañeras de trabajo no eran nada especial, como las bellezas del harem real lo eran, aunque tenían sus cosas. Dean las trataba con amabilidad y era muy caballeroso con ellas. No las lastimaba como tampoco les daba alas para que siguieran con sus insinuaciones.

—¿Castiel, tu primo tiene novia? —le preguntó una de sus compañeras de trabajo, llamada Sofía.

—No, que yo sepa —respondió Castiel.

—¿Podrías preguntarle?

Al levantar la vista, veía que Sofía no estaba sola, sino detrás de ella, había varias que movían la cabeza con ansiedad.

—Si le preguntas, te presentaré a un amigo mío —dijo Sofía con insinuación.

—¿Para qué me presentarías un amigo? —preguntó Castiel con confusión.

—Tengo muchos amigos como tú, no tendrás problemas, será fácil —insistió Sofía.

—¿Cómo?

Castiel se perdió y no entendió a las chicas, pero ellas insistieron en que preguntara a Dean, así que quizás eso es lo que no sería problema. Este tampoco no entendía por qué Dean no salía con alguna de esas chicas y así que envalentonado por sus compañeras le preguntó la razón cuando estuvieron solos en el descanso, después de almuerzo.

—¿Quieres que salga con ellas? —preguntó Dean.

—No, no digo eso. Digo, que podrías salir con ellas y no lo haces. Sofía es buena chica, dice que tiene muchos amigos y quiere salir contigo —aseguró Castiel.

—No tengo tiempo. Trabajo y después en casa, trato de poner mis poderes en orden como también ayudarte con las cosas.

—No debes preocuparte por eso. No necesito tanta ayuda si un día quieres salir.

—Así que quieres que salga con mujeres —dijo Dean.

—Si tienes novia, no te molestarían tanto y podrías mudarte con ella.

—¿Quieres que tenga novia para que me vaya?

—No quise decir eso, Dean.

Hubo un silencio incómodo, Dean sabía que no podía hacerse el ofendido en estas circunstancias, porque era quien salía perdiendo. No quería irse de su lado.

—No puedo tener novia, Cas. Me gustan los hombres.

—¿Cómo?

—¿Ya ves? —dijo Dean con las manos abiertas—. Me cambié de bando.

—Oh.

—Sí, oh.

—¿Por mi culpa? —preguntó Castiel.

—No creo que sea culpa de nadie. Quizás de mi hermano, es bueno echarle la culpa de mis preferencias sexuales.

—Tú siempre insististe en no ser homosexual, incluso cuando tú…

—Incluso cuando tenía sexo contigo —concluyó Dean.

—Incluso…

—Cas, yo tenía sexo contigo, porque me gustaba. Al final comprendí que amar a un hombre no es tan malo.

—Yo no pensaba así, pero tienes razón —dijo Castiel pensativo.

—¿En serio lo crees?

—Sí, cuando mis hermanos y yo fuimos secuestrados, pensé que podíamos escapar, pero eso no sucedió. Mis hermanos fueron esclavizados y los perdí. Pensé que yo también me perdería si era esclavizado y eso me llenaba de terror.

—¿Por eso nunca te gustó ser mi esclavo, aunque te tratara bien?

Castiel asintió con la cabeza.

—Después vi a Gabriel y él estaba enamorado del príncipe Sam. Eso también me asustó.

—¿Por qué te asustó eso, Cas?

—Porque significaba que yo también podía enamorarme de mi amo y eso era horrible para mí.

—¡Vamos, Cas! No soy tan feo ¿O sí?

Dean se hizo el chistoso, pero no le salió bien y quedó en ridículo. Trató de arreglarlo con una sonrisa. Tampoco resultó, porque Castiel lo miraba extrañado, arrugando su linda frente. Esto solo hizo que Dean perdiera un poco más la cabeza por el chico, si es que eso era posible a esa altura, donde ya tenía todo perdido por causa de su amor por él.

—No, no eres feo —afirmó Castiel.

—Pues, gracias.

Los dos se quedaron mirando, como solo ellos siempre lo hacían.

—También me gustan los hombres —confesó Castiel.

—Oh, bien por ti —dijo Dean—. Eso no nos hace tan diferentes, ambos somos guapos y nos gustan los hombres.

—Gay, somos gay.

—¿Gay?

—Así se le dice a los hombres que le gustan a otros hombres en este lugar —explicó Castiel.

—Oh, dime, ¿y esa gente vive bien aquí? —preguntó Dean muy interesado.

—No, que yo sepa.

—Uhm, eso no es bueno.

Silencio incómodo.

—Al menos en mi mundo se puede vivir bien —dijo Dean.

—Eso era, porque eras un príncipe.

—También por eso.

Fue extraño, pero ambos supieron a qué se estaban refiriendo exactamente. Existía mucha discriminación en este mundo, partiendo por la raza. En su mundo, no existía eso, porque todas las etnias podían coexistir, pero la esclavitud era un punto a favor de estos nuevos tiempos, donde no existía aquello y esto llamaba, fuertemente, la impresión al ex príncipe. Cuando estuvieron en el departamento a Dean todavía le rondaban estas preguntas en su cabeza.

—¿Por qué no existe la esclavitud en este mundo? —preguntó Dean.

—En realidad no lo sé.

—Podríamos preguntar.

—No creo que les guste que le pregunten eso —pensó Castiel en voz alta.

—¿Por qué no?

—Es decir, nos mirarían raro si preguntamos esa cosa. Aquí se debe suponer muchas cosas para vivir en este lugar —dijo Castiel.

—Eso estoy suponiendo ahora mismo.

Castiel sonrió divertido con la situación en que se encontraban los dos. Anacrónicos total, tratando de comprender un mundo de una evolución diferente. Eso era lo increíble. Rieron juntos y decidieron hacer la cena para prepararse para el trabajo del día siguiente. Su rutina no era tan mala y Dean tenía muchas esperanzas de que en el futuro, lograría conquistar a Castiel.

Durante los siguientes días, trataba de controlar sus poderes al máximo. Logró algunos avances, solo pensando en el bienestar de Castiel, esa motivación era clave para sus hechizos perfectos. De a poco logró levitar cosas pequeñas, luego medianas. Convirtió el agua en leche y luego en agua otra vez. Eran cosas simples, pero lamentablemente, la genio no le heredó el manual de instrucciones junto con sus poderes, así que era un descubrimiento tras otro. Calculó que ser poderoso le llevaría varios siglos lograrlo y eso equivalía a varias vidas, que no estaba dispuesto a vivir sin Castiel a su lado. Tal pensamiento solo hizo que golpeara su cabeza un par de veces, puesto que en realidad, ya no tenía remedio a lo que sentía por Castiel.

También pasó algo extraño. Fueron señales poco claras de las cuales nunca se dieron cuenta antes, pero un día cuando Dean quiso ver su programa favorito de cocina, estaban dando otros donde había mujeres desnudas. Por un momento pensó que se había equivocado de canal o que la señal se perdió, y no le dio mucha importancia. Al día siguiente, otros canales estaban con chicas desnudas y hombres con cadenas, estos golpeaban a las chicas con látigos. Eso no pasaba antes.

Pasó una semana bastante rápida y podría decir sin novedades, pero sería falso. Las chicas de la oficina rondaban a Dean como abejas a la miel. Dean trataba de ser lo más caballero que pudo, pero fue demasiado el acoso. Hasta que no aguantó más.

—Lo siento, me gustan los hombres —dijo Dean con seguridad.

Eso fue el principio del final.

Primero, las mujeres dejaron de acosarlo, es decir, no esa forma. Ellas querían saber si tenía novio.

—Yo puedo presentarte a alguien si quieres —dijo Sofía con sonrisa soñadora.

Era extraño, porque parecía demasiado entusiasmada con eso, que con salir con él.

—No, gracias, ya tengo a alguien en mente —dijo Dean.

—¡En serio! ¡Quién es! —gritaron las chicas

Las chicas parecían entusiasmadas. Castiel quedó confundido de que ya tuviera una persona sin que se diera cuenta. Quedó pensando en esto, incluso cuando estaba en el departamento, cortando unas verduras para la cena, mientras Dean cambiaba los canales como loco sin saber qué programa poner, porque había pura basura de mujeres desnudas esclavizadas. Entonces, Castiel estaba tan taciturno, concentrado en lo que hacía, Dean apagó la televisión y tiró el control remoto hacia un lado. Una duda comenzó a surgir en su cabeza y quiso compartirla con Castiel, pues hace algún tiempo se estaba dando cuenta de cosas extrañas que estaban pasando en esos programas. Fijó su vista en Castiel.

—¿No has visto nada raro últimamente? —preguntó Dean.

Castiel no le respondió, sino que siguió cortando verduras con la mente en otro lado.

—¿Cas?...

Se levantó del sofá y fue al mesón para acercarse a él.

—¡Cas! —gritó Dean para despertarlo.

—¿Te irás con esa persona? —preguntó Castiel de improviso.

Castiel todavía no lo miraba y se sentía un ambiente pesado.

—¿Cuál persona? —repreguntó Dean extrañado.

—Con tu novio —dijo Castiel, levantando la mirada.

—¿Cuál novio?

—Ese que le dijiste a las chicas que tenías.

—¿Qué?

Dean trató de recordar si dijo algo así, pero no, nada de novios. Miró a Castiel a los ojos.

—No tengo novio, Castiel y la única persona que me interesa eres tú. Te lo dije el mismo día que llegué aquí. Te amo, sé que no me crees, pero es la realidad, la única que entiendo en este mundo extraño en el cual caímos. Tú eres mi piso y eres mi todo, sin ti, estaré perdido.

Castiel abrió los ojos y se sonrojó sobremanera. Con todo lo que pasaron, Castiel a esta altura, no podía verlo como un príncipe como siempre lo vio, ahora era un simple chico, uno que trabajaba con él en el mismo edificio y servía a las personas, sin orgullo, con una paciencia casi cariñosa. Tampoco se aprovechó de las chicas de la oficina que estaban loquitas por él. En su situación, pudo seducir a alguna de ellas para tener beneficios, para alguien como él no era problema hacerlo.

"El Príncipe Dean es algo cabezota, pero es bondadoso, ya lo verás" —recordó las palabras de Bobby.

Castiel sonrió quedo.

—Ya veo.

—¿En serio lo ves? —preguntó Dean, esperanzado totalmente.

—Por supuesto.

Luego su ánimo decayó y Dean se preocupó.

—¿Qué, qué pasa?

—También veo que hice algo terrible —dijo Castiel.

—¿Qué, no, no has hecho nada?

—Sí, sí lo hice. Alejé a un buen rey de su pueblo —dijo con angustia.

—Eso no fue tu culpa, fue mía. Yo elegí eso, te elegí a ti por sobre todo —explicó Dean.

—Sí, lo hiciste, por eso no perteneces a este lugar.

Dean sintió terror al escuchar esas palabras. Cualquier cosa, menos alejarse de él, ya sabía que no podía vivir sin él.

—No, Cas, por favor, no digas eso. No puedo vivir sin ti. Si me alejas, no viviré mucho —dijo con desesperación.

—Eres más fuerte que eso.

—Soy fuerte, es cierto, pero esto me supera. Puedo superar cualquier cosa, menos perderte —confesó Dean.

—¿Cómo sabes eso? Ni siquiera hiciste el intento —aseguró Castiel.

—¡No! ¡Lo sentí! ¡Lo sentí en esa cueva cuando desapareciste y no te podía encontrar!

Castiel no podía creer tanta desesperación solo por haber desaparecido un rato.

—Si lo sentiste, pasará. Yo también sentí lo mismo cuando mataron a mis padres y nos capturaron a mis hermanos y a mí para vendernos como esclavos. Es horrible, pero con el tiempo podrás superarlo —dijo Castiel.

—¿Cómo tú? ¡Tú no has superado nada! ¡Todo lo que has hecho es huir! ¡Y sigues huyendo! —exclamó todo enojado.

—¡No es cierto, Dean! —dijo subiendo su tono de voz— ¡Yo solo quiero vivir mi vida en libertad! ¡No quiero tener ningún amo que me folle! —gritó Castiel todo agitado y el rostro rojo— ¡Ni que me diga lo que tengo que hacer cuando quiero hacer otra cosa!

Los dos subieron el tono con las emociones a flor de piel, pero fue Dean quien superó los gritos:

—¡Tú no sabes lo que quieres! —la voz retumbó en las paredes del palacio.

Se calló casi de improviso y lo miró agitado. La respiración de Dean se hizo errática y su pecho subía y bajaba. Castiel se tranquilizó de improviso y tomó una serenidad temible.

—Claro que lo sé —dijo Castiel.

Dean tembló.

—No, no, no, no… —balbuceaba Dean.

Entonces sus siguientes palabras sentenciaron a Dean, quien seguía negando y suplicando.

—Deseo que vuelvas a tu mundo, sano y a salvo, y seas el buen rey de tu pueblo —condenó Castiel.

—¡No, Cas, por favor! —gritó Dean.

Dean se vio envuelto en una nube de humo negro brillante. Lo último que vio Castiel fue las manos de Dean que trataban de escaparse mientras gritaba.

Después de eso, todo fue calmo. Miró a su alrededor y el palacio seguía en su pequeño departamento. No había deshecho la magia de Dean, pero Dean ya no estaba. Suspiró aliviado, pero algo en su corazón se alteró. Tomó asiento y miró hacia el lugar donde desapareció el príncipe genio. Este debía estar con su pueblo ahora, su pueblo lo necesitaba.

Castiel volvió a su rutina, aunque algo no estaba tan bien como pensó. Lo primero que dio cuenta es que tuvo que dar explicaciones a su jefe de la ausencia de Dean. Solo le dijo que volvió a su pueblo, algo que era cierto, y que lamentaba no despedirse de todos, pero que surgió una emergencia y tuvo que volver rápido. Todo el mundo lo sintió, cosa que le llamó la atención lo querido que era Dean, pese a llevar poco tiempo en la empresa.

—Espero que esté bien —dijo una de sus compañeras.

—Cuando regrese, dile que nos venga a ver —dijo Sofía.

—Se lo diré —mintió Castiel.

Pasó una semana y las cosas parecían no estar bien. Había algo que faltaba, también estaba preocupado, porque ese departamento extraño no podía ser visto por nadie, así que no podría llevar a nadie a él. Quizás debió mandar a Dean después que volviera a la normalidad el departamento y esa era su intención, pero las cosas se escaparon de control y terminó enviándolo a su mundo.

Sabía que estaba arrepentido de hacer eso con Dean, aunque pensaba que era por el departamento y no por otra cosa. Pasó otra semana más para darse cuenta que no era por el departamento.

Fin capítulo 18

Hola a todos, aquí un nuevo capítulo, este fue el que me costó más escribirlo, por eso la demora y además era clave, porque ya solo quedan dos capítulos para terminar con esta historia. Muchas gracias por la paciencia y espero les guste.