Disclaimer: Los personajes son de Rumiko. La trama me pertenece en entereza, aunque a ustedes no les parezca.

Advertencias: Este fanfic contiene lemon y temática incesto. Kikyō aparece y no es la hermana de InuYasha. Si esto afecta su integridad ¡por favor! No lea y evite postear comentarios ofensivos hacia los personajes que utilizo y cómo lo hago. Recuerde que esto es parte del IC.


[FCC]

Capitulo 21.


Suspiró, dándose la vuelta: casi no había podido dormir y ya era tardísimo. Miroku se había quedado a dormir en la sala y eso era lo que más le irritaba de toda la situación.

Sabía que se había portado fría con él y que probablemente quería hablar con ella, quien sabe si explicarle. De cualquier manera, le parecía ofensiva su actitud de irse de la cama. Nunca lo echó, no quería que se fuera. Lo necesitaba, lo extrañaba.

Recordó entonces su conversación con Kagome de vuelta a casa, el día de ayer, cuando dijo que Miroku no sería tan tonto como para perderla, que estaba junto a ella en los mejores y peores momentos. Le hizo tratar de entender que quizás solo estaba exagerando las cosas.

Se levantó decidida, sin pensar demasiado las cosas, dejando el enojo de lado. Caminó hasta la sala y allí lo vio, descansando pacíficamente, despacio se acercó hasta él y le acarició el rostro, despertándolo.

—¿San…?

Lo que sea que iba a decir, Sango lo interrumpió con un apasionado beso en los labios, mientras que, atrevida, se subía sobre él.

Eso dejó a Miroku sin aliento, quien después de unos segundos de haberse separado del beso y de mirarla con lujuria, la tomó de la nuca y la besó con más fuerzas.

—Sango, yo quiero decirte que…

—Ya nada importa ahora —le puso un dedo en los labios, obligándolo a callar—. Todo está bien.

—Pero es importan… —jadeó, mientras ella lo besaba nuevamente.

—Aquí lo único importante somos tú y yo. —Sin una pizca de pena, se sacó la blusa ligera, descubriendo sus senos, mientras lo miraba fijamente—. Hazme el amor.


La emoción de sus padres había sido increíblemente enorme. No podía creer las caras de felicidad que habían puesto luego de enterarse de que le había pedido matrimonio a Kikyō.

Vaya, realmente querían que se casara con ella.

—Esta es la mejor noticia que nos han podido dar. —Oyó decir a su madre, mientras su padre la apoyaba.

Él solo miró a Kagome, esperando alguna reacción, alguna mirada perdida, pero nada… ella parecía hasta te alegre con la idea. Se la pasaba sonriendo y asintiendo a todo lo que decían sus papás, sonriéndole a Kikyō, llevándose como dos mejores amigas. Él solo se quedaba callado, viendo cómo organizaban planes para el día de la boda.

Ojalá muriera ese día.

—¿Qué dices tú, InuYasha?

—¿Eh? —Quiso salir del trance, ante el llamado de Tōga—. El…

—El día de la cena de compromiso, hermano. —Acotó Kagome, dejándolo helado con su manera tan fresca de decirlo. Pero la vio por un momento, había frialdad y tristeza en sus ojos: él la conocía como a la palma de su mano.

—¿Te parece bien el viernes, amor?

¿Amor? ¿Desde cuando Kikyō le decía así? Debía estar demasiado emocionada, entonces, porque… ¿Es que todos estaban en su contra ese día?

—Sí, sí, creo que es perfecto…

—¡Maravilloso! Cómo decía Tōga, tenemos que viajar fuera de la ciudad, a arreglar unos asuntos y ya que ustedes están juntos nuevamente, y Kagome se queda aquí, nos encantaría poder viajar esta noche y que ustedes —Midoriko señaló a su hijo y futura nuera—, acompañen a mí niña mientras puedan.

InuYasha miró a Kikyō inmediatamente, para que dijera que sí, aunque no pudiese. Por otro lado, sus ojos brillaron pensando en que al menos, esa sería su última noche junto a Kagome, solos, en su casa, como cuando eran adolescentes.

—Por supuesto. —Sonrió Kikyō, entendiendo la mirada de su novio.

Todo siguió muy bien. Kagome subió a su habitación; aún seguía acariciando a su pequeña Kirara, mientras que Tōga y Midoriko tuvieron que empezar a empacar algunas cosas que llevarían en el viaje. No era demasiado, pero tenían que hacerlo. Kikyō tuvo que irse rapidísimo, al parecer, por su primo.

InuYasha se quedó solo en la sala. No molestaría a nadie hasta que sus padres se hubieran ido.


No podía dormir sabiendo que InuYasha estaba en la habitación contigua.

El día había pasado volando: sus padres se habían ido como a las 6 de la tarde, e InuYasha también. Bueno, les mintió diciendo que esa noche no podría dormir allí, porque pasaría con Kikyō; y ella le creyó, porque era muy probable. Se quedó sola algunas horas. Aprovechó en hacerse algo ligero de cenar y descansar en su antiguo cuarto, junto con Kirara, mientras hacía llamada con Sango que le contaba que en la mañana se había reconciliado con Miroku. Para ser sincera, eso le ponía demasiado feliz, entre tantos sentimientos escondidos por el compromiso de InuYasha y la marcha de sus padres, que su amiga fuera feliz, le daba paz.

Como a las nueve pm, InuYasha apareció tocándole la puerta y diciendo que en realidad solo había ido por algo de ropa y no sabía qué otro asunto más, y que sí iba a dormir en su habitación, porque por nada del mundo se le iba a ocurrir dejarla sola.

Kagome simplemente había rolado los ojos y le cedió el paso, sintiendo su corazón latir desenfrenado, porque estaba feliz de que su hermano estuviera con ella, solos por completo. Por última vez.

Y ahora estaba ahí, moviéndose de un lado a otro. Fuera no llovía, acontecía un diluvio.

Tanto pensar y estresarse le dio sed, así que bajó a tomar agua.

Despacio, buscó el botón para encender la luz de la cocina y cuando lo hizo, casi le da un infarto.

—¡Por Dios, qué susto! —Exclamó, pálida y con la mano en el pecho—. ¿No puedes avisar que estabas aquí? —Dijo ya más tranquila, mientras iba por un vaso.

—¿Tampoco puedes dormir? —En el otro extremo de la cocina, estaba InuYasha, sin camisa, con su pijama gris, y comiendo manjar de leche, con el recipiente destapado y una cuchara de acero—. Es algo incómodo. Apaga la luz y enciende las lámparas suaves laterales, sabes que tanta luz me molesta en los ojos.

Siguió a su hermana con la mirada, quien hizo lo propio y prosiguió nerviosa a beber agua.

—Sinceramente, dormir aquí, contigo en el siguiente cuarto, me trae recuerdos… —Pronunció y su voz femenina temblorosa era como brasas del mismísimo infierno.

Ese comentario llenó el ambiente de tensión sexual. Una tensión que les dificultó la respiración y les aceleró los latidos. InuYasha sentía una fuerza descomunal gritando por salir, desde muy dentro y Kagome sintió ese llamado: la estaba reclamando a ella.

Ambos se miraron fijamente: ¿en serio iban a caer de nuevo?

—¿Sabes? Esta es la última vez que vamos a estar solos. —Comentó InuYasha, sin dejar de mirarla ni un segundo.

—Ah, ¿sí? —Siguió Kagome, mientras caminaba despacio hasta él. Ya para ese momento ninguno de los dos pensaba en nada, en si eran hermanos, en sus papás, en Kikyō, en el incesto… solo pensaban en ellos ahí, ahora—. Puedo aprovechar en hacer realidad una de mis fantasías contigo.

Sin dejar de mirarlo tomó la cuchara de las manos de su hermano y la untó de manjar. Dejó el utensilio sobre el mesón y se quedó ahí, a centímetros de él.

InuYasha respiraba con dificultad, estaba tan nervioso, como lleno de adrenalina. Normalmente era él quien tomaba un rol dominante, pero esta vez ni quería, ni podía reaccionar: era suyo, era de Kagome.

—¿Qué es? —Susurró.

Kagome, con un movimiento experto tuvo una mano en su nuca y otra por dentro de su pijama. InuYasha la tomó de las nalgas para acercarla mientras corría el beso más ansioso que se habían dado en la vida.

Ella estimuló el miembro con la mano derecha mientras se dejaba besar el cuello. Las exhalaciones comenzaron a ser gemidos y ella sabía lo loco que ponía a InuYasha con eso. Le susurraba cosas al oído que solo él entendía y gemía su nombre en un timbre de voz tan perfecto, que parecía el paraíso.

De un momento a otro, ella se separó, descubriéndolo de golpe, dejándolo atónito. La vio agacharse y bajarle el pijama, haciéndole sentir el frío del ambiente. No pudo evitar exhalar. Cada roce de Kagome quemaba como el infierno.

Maldita mujer.

Kagome tomó la cuchara llena de manjar y untó todo el dulce en el miembro de su hermano. Llenó absolutamente toda la extensión viril de aquella cremosa textura, ante la mirada atónita de él, que no podía dejar de ver y de sentir el sueño que estaba viviendo. ¿De dónde había salido esa Kagome tan atrevida? Estaba loco por ella.

En menos de un segundo, la pequeña muchacha estaba retirando todo el manjar a lengüetazos. Movía los labios y la lengua de todos los modos posibles. Chupaba, lamía, saboreaba… ¿Acaso estaba jugando? Las sensaciones que InuYasha empezó a experimentar parecían únicas. Estaba alucinado con lo que su hermana estaba haciendo. Y aunque fue un momento corto y apenas un jugueteo, parecía el mejor sexo oral que le habían hecho en la vida.

No pudo evitar tomarla del cabello y obligarla a mirarlo, mientras estiraba la lengua e intentaba lamerlo nuevamente.

—¿Qué haces…? —Jadeó, aún anonadado por todo aquello.

—Es que… me encanta el manjar —le subió el pijama de nuevo, mientras ella también se incorporaba—. Y tú también. —Volvió a besarlo con hambre, con ansias.

Sin separarse del beso empezaron a avanzar. Torpemente subieron las escaleras, riendo a segundos y comiéndose a besos el resto del tiempo. No hizo falta ni preguntar a qué habitación irían.

En menos de lo que creyeron, estuvieron en la cama de ella. InuYasha la acostó no muy despacio.

Se incorporó completamente para mirarla con una lujuria que quemaba. Kagome no podía parar de morderse el labio, en señal de aprobación y gusto infinito. El la volvió a besar, apretando su cuerpo, embistiéndola aún con ropa, acariciándola a palma abierta.

Ya no eran unos adolescentes, pero las ganas de poseerla eran las mismas.

—Ahora… —casi no podía hablar, le faltaba el aire. Kagome lo miró intensamente—. ¿Sigues pensando que… Kōga es mejor?

Lejos de molestarla, simplemente la vio sonreír, mientras tomaba una de las manos masculinas y la llevaba su entrepierna, humedeciéndola.

—Eres el único que me puede poner así.

Y volvió a besarlo.

Un trueno los hizo temblar un par de segundos. Ellos estaban a punto de hacer el amor de nuevo.

—Por última vez... —Mencionó él, con el dolor de su alma.

—No importa. —Sonrió ella, memorizado el rostro perfecto de su amante, para el resto de la vida.

Afuera no llovía, acontecía un diluvio.

Continuará…


[¡Bueno, bueno! ¡Este capítulo estuvo cargadito de amor 7w7!

Debo confesar que estoy muy orgullosa de la escena del manjar. La verdad es que esta escena lleva pensada hace casi 5 años. Wau, dirán. Pues sí, antes, mucho antes de escribir este fic, estaba creo lavando los platos y me vino a la mente.

Bueno, incluso lo de preguntar si —en ese momento— x personaje era mejor que él, incluso esa parte me vino a la mente, aunque estaba pensada sobre el mesón, pero preferí que sea en la cama.

Sin embargo, la parte del manjar la plasmé justo como llegó a mi mente y estoy muy feliz por eso. Como decía, me vino a la mente así, de la nada, y no tenía idea de dónde iría, pero sabía que tenía que ser en un fic largo.

Así que esta parte estaba pensada desde antes de escribir esta historia xd

Ese era el dato curioso que les quería contar.

Los amo. Besos. Gracias por leer esto.]