Harry Potter. JK Rowling. White Squirrel. Vanessa Li Potter. Harry Potter. JK Rowling. White Squirrel. Vanessa Li Potter.

Notas del autor: Extraño, pero cierto: me siento naturalmente en posición de medio loto desde que era pequeño.

Notas de la traductora: No me puedo sentar en medio loto ni de chiste, pero la meditación es definitivamente un gran método para combatir al estrés.


Capítulo 18

Con la ayuda del mapa del matemago, Hermione caminó a la oficina del profesor Dumbledore mientras evitaba la mirada vigilante de Umbridge. Dio la contraseña correcta, Diablillos de pimienta, y fue dejada dentro. Ya era hora, pensó ella.

Si era impaciente, tenía el derecho de serlo. Había intentado continuar como normal después de su confrontación con Harry, hasta que se dio cuenta que probablemente debía posponer su desarrollo o investigación en armas mágicas hasta después de aprender Oclumancia ella misma. Eso ya la puso ansiosa. Aún peor, decidió que probablemente debía tomar un rol secundario en el ED también, sin mencionar el dejar de enseñar sus hechizos a alguien más. Aún si tenía cuidado de prevenir que Harry leyera su mente, aún podía leer hechizos que ella enseñara a alguien más, así que no podía ayudar a sus otros amigos tampoco.

Y lo peor de todo era que no podía mirar a Harry a los ojos. Aún si sabía porque, creaba tensión entre los dos. El leer mentes hacía todo diez veces más complicado.

Adquirió rápido un libro de meditación gracias a Dobby y sus padres. Esperaba que su pedido no hubiera preocupado mucho a sus papás; fue algo vaga al respecto. De cualquier modo, tuvo tiempo de comenzar a practicar algunas de las técnicas básicas de meditación antes de reunirse con el profesor Dumbledore. El libro parecía muy new age para su mente científica, pero confiaba en el juicio de sus padres, y fue escrito por un psicólogo con licencia, así que probablemente era lo mejor que podría obtener.

—Ah, Hermione. Gracias por venir —dijo el director con entusiasmo. Parpadeó un poco a su continuo uso de su primer nombre, pero pronto lo dejó atrás.

—No hay problema, profesor —respondió ella.

—Y gracias de nuevo por estar dispuesta a estudiar Oclumancia de este modo. Estoy seguro de que será de gran ayuda.

Ella asintió, esperando que continuara.

—Bien, para que estemos en la misma página, deberías saber que la Oclumancia es el arte de proteger la mente contra la intrusión de influencia externa. Es útil contra todas las formas de magia de alteración de la mente, pero es más útil contra la Legilimancia, la cual, como sabes, es la razón por la que pedí a Harry que la aprendiera.

Hermione asintió de nuevo. Eso estaba bastante cerca de lo que ya había aprendido—. ¿Y qué es Legilimancia exactamente, señor?

—Legilimancia es definida de manera convencional como el arte de extraer sensaciones y recuerdos de la mente de otra persona.

Ella no se perdió del uso de Dumbledore de "definida de manera convencional". ¿La estaba llevando a un punto?—. El profesor Snape dice que la Legilimancia no es nada como leer mentes —continuó ella—, pero suena bastante similar. ¿Cómo es diferente?

—Sospecho que el profesor Snape está haciendo dos distinciones —dijo él—. La primera es distinguir la Legilimancia de la definición literal de leer. Los recuerdos no están organizados como libros en una biblioteca… ni siquiera los tuyos, Hermione —agregó con una sonrisa—. En lugar de eso, los recuerdos son una red vasta y en constante movimiento unidos por asociaciones… algunas obvias, y algunas muy sutiles. La Legilimancia "lee" los pensamientos conscientes, en un sentido, y trae al frente recuerdos usando estas asociaciones.

Eso… tenía sentido. Las lecciones de Dumbledore ya sonaban más informativas de como Harry había descrito las de Snape. Comenzaba a ver porque había sido un maestro por tanto tiempo.

—La segunda distinción está entre la "lectura" y la interpretación. Los filósofos muggles hablan de los qualia… la experiencia subjetiva de un fenómeno en la mente. Se preguntan a sí mismos si mi percepción del rojo es la misma a tu percepción del rojo, por ejemplo. Un Legilimago puede responder con seguridad esa pregunta en el negativo… mi percepción del rojo no es la misma a tu percepción del color… una conclusión que quizás debería ser obvia, considerando que la percepción del color depende tanto de la luz, composición y fatiga en los ojos. Es similar, pero no igual. Entonces, todo lo que un Legilimago "lee" al entrar en tu mente es visto a través de lo que para ellos es un lente distorsionado de sus propios qualia, y se necesita de gran cuidado para interpretar esto de manera correcta… no tanto por los perceptores de sensaciones, sino de los recuerdos. Los recuerdos nunca están almacenados en la mente de manera objetiva. Están escritos como un resumen distorsionado de las creencias y sesgos de uno. La magia de un pensador revierte estas distorsiones, pero la Legilimancia no, y un Legilimago debe de hacer una suposición educada de la forma original.

Eso aclaraba bien las cosas. También respondió la pregunta que Hermione había tenido momentáneamente el otro día: si Snape veía un recuerdo de los parientes de Harry maltratándolo cuando era joven, Snape fácilmente podría creer que era una exageración y no considerarlo debido a su continua insistencia a que Harry era "mimado". Eso explicarba algunas cosas—. De acuerdo, veo la distinción, profesor —dijo ella—, aunque diría que el término coloquial muggle de "leer mentes" abarca todo eso y más.

—Quizás, pero es importante conocer las mecánicas de la magia para lucharla, como sin duda aprecias como una aritmaga. Ahora, creo que tu preocupación principal es proteger tu mente de espías, así que comenzaremos ahí. Los problemas de Harry, por supuesto, son un poco más complejos. La forma más básica de la Oclumancia es mantener la mente en blanco bajo la influencia de la Legilimancia. Eso es básico porque aunque no suena como la forma más fácil, es la más difícil para que un Legilimago la manipule contra ti. Aún es un desafío para dominar. Oclumancia requiere más que fuerza de voluntad. Si no fuera el caso, Harry no tendría el problema que tiene. En lugar de eso, requiere de una disciplina de un tipo más sutil.

—¿Meditación?

—Aproximadamente. La meditación es similar a la técnica básica de la Oclumancia. No tengo duda que un monje budista determinado determinado podría detener al mejor Legilimago con poca advertencia. En tu caso, Hermione, creo que sería mejor ver dónde estás para comenzar. Realizaré Legilimancia en ti, y puedes defenderte de cualquier manera en la que se te ocurra, con tu varita o de otro modo.

Así que Snape no estaba siendo un completo idiota con Harry. Esa en verdad era la primera lección. Oh, rayos...— ¡Espere, profesor! —lo detuvo—. Si fuera a ver algo… algún tipo de rompimiento de las reglas en mi mente… algo que no solo me metería a mí, sino a muchas otras personas en problemas… —Dejó la pregunta en el aire, sin sentirse cómoda terminando su pensamiento.

La comisura de los labios de Dumbledore se elevó un poco—. ¿Este rompimiento de reglas no tendría algo que ver con contrarrestar en secreto los malos métodos de enseñanza de la profesora Umbridge? —preguntó. Hermione lo miró horrorizada, pero la sonrisa de Dumbledore creció—. Sirius consideró prudente informarme en caso de que hubiera riesgos de los que no estuviera al tanto… no en detalle, por supuesto.

—Oh… bueno, erm… esa era mi preocupación principal, profesor —dijo ella con alivio.

—Entonces creo, bajo las circunstancias, que cualquier esfuerzo razonable para asegurar la calidad de educación en Defensa en Hogwarts puede ser pasado por alto… De cualquier modo, es considerado una grave falta a la ética profesional el violar la confidencialidad de cualquier cosa aprendida en las lecciones en Oclumancia.

—Oh, eso es bueno. Yo… —dijo Hermione con alivio, pero al ver la mirada penetrante de Dumbledore, su cerebro atrapó su boca. Esa respuesta había sido para su beneficio también. En otras palabras, aunque él no revelaría nada que aprendiera de ella, ella tampoco podía revelar cualquier cosa que aprendiera de él—. Comprendo, señor —respondió con dificultad.

—Muy bien. He, por supuesto, removido y almacenado mis recuerdos más estratégicamente sensibles en mi pensador. ¿Si estás lista? —Elevó su inusualmente larga y nudosa varita en su dirección—. Legilimens.

Hermione intentó aclarar su mente como el libro de meditación había dicho, pero no estaba preparada para como la afectaría el hechizo. Se sintió mareada por un momento. La oficina dio vueltas a su alrededor, y entonces, fue asaltada por una serie de imágenes cegadoras… sus recuerdos.

Tenía seis, y su maestro de primer año le estaba haciendo un examen de aritmética. Tenía diez, y el director en su escuela secundaria se sorprendió cuando le preguntó sobre tutoría en precálculo. Estaba probando su habilidad a Septima la primera vez que se conocieron. Estaba descifrando el obstáculo de Septima protegiendo la piedra filosofal. Estaba preparando veritaserum en el baño de Myrtle… ¡No! ¡Eso no fue parte del trato!

Hubo un golpe, y la oficina regresó a la vista. Había pateado el escritorio de Dumbledore con fuerza y casi caído de su silla hacia atrás, pero aparentemente había distraído a Dumbledore lo suficiente para romper la conexión, aunque ahora sintió las primeras punzadas de un dolor de cabeza. Era difícil estimar si estaba siento más gentil que el tratamiento que Harry recibía de Snape.

—Confieso que dirigí mi atención a sus hazañas más extraordinarias —dijo Dumbledore—. Perdona la curiosidad de un anciano. ¿Puedo preguntar que estabas preparando?

Hermione lo miró en silencio. Recordaba su aserción de que lo que fuera que encontrara en su mente sería confidencial. Tendría que serlo, o nadie nunca confiaría en su instructor de Oclumancia. Y aún si quisiera castigarla, era muy poco lo que podía hacer sin levantar sospecha. Era extrañamente liberador poder decirle lo que quisiera, pero necesitaba de mucha confianza también. Claro, él probablemente podría forzarlo de ella si quisiera, así que respondió—, Era veritaserum, profesor.

Las cejas de Dumbledore se elevaron al instante. Parecía que finalmente había logrado sorprenderlo—. ¿Asumo que el profesor Snape no lo sabe?

—De ningún modo, señor —dijo ella con una sonrisa.

Se preocupó de que la interrogaría sobre cómo había adquirido los ingredientes para el veritaserum, pero continuó—: Pues, como puedes ver, se necesita de esfuerzo considerable para bloquear un ataque de Legilimancia. Necesitas mantener tu mente libre de pensamientos y emociones. Para principiantes, es útil enfocarse en algo físico. Enfocándose en otras cosas con las que trabajar, pero menos efectivo. Si te enfocas en el ambiente físico que te rodea, o solo en tu respiración, no necesitas pensar en el sentido normal, lo cual hace difícil para un Legilimago que manipule tus pensamientos. ¿Si podemos intentarlo de nuevo?

Hermione se tranquilizó y asintió. El enfocarse en la respiración era el primer paso en el libro de meditación.

Legilimens.

La sensación de mareo regresó de nuevo. Vio al cuarto dar vueltas y las imágenes aparecieron enfrente de ella… ¡No! ¡Respira! La tormenta se calmó por un momento, pero regresó antes de que pudiera parpadear. Estaba mirando al basilisco a los ojos gracias al hechizo que había inventado al instante. Estaba mirando horrorizada cuando el nombre de Harry había salido del cáliz de fuego. Obligó sus pensamientos lejos, pero era difícil con la sensación de mareo del hechizo. No podía mantener su mente en blanco por más de un segundo o dos. Estaba luchando con todo lo que podía contra un enjambre de dementores cuando uno de ellos...

—¡NOOO!

Estaba respirando con dificultad, y sintió sudor en su frente. Se dio cuenta de que estaba mirando a la alfombra. Se había lanzado fuera de su silla por completo para alejarse.

—Mis disculpas por traer al frente recuerdos dolorosos, pero fue una mejora definitiva —dijo Dumbledore—. Sin embargo, un Legilimago hostil se enfocaría en recuerdos dolorosos como esos para atormentarte. Tales recuerdos están asociados a emociones fuertes, haciendo más fácil dar saltos de uno al otro.

—Ese será gran parte del problema de Harry, creo —dijo ella, más para sí misma que para él—. No es tan bueno controlando sus emociones. Especialmente este año.

—No, me temo que no, por lo cual es que estamos haciendo todo esto para enseñarle. ¿Cómo te sentiste de tu esfuerzo esta vez?

—Fue… fue mejor, señor. Aún tenía algo de control. Aunque no pude mantener mi mente en blanco. No… no es un estado natural para mí.

—No, pensaría que no. ¿Quieres saber un secreto, Hermione? —dijo él con una sonrisa extraña—. No es un estado natural para la mayoría. No estás sola en esto; de eso puedes estar segura. Ahora, continuando con este ejercicio como estás podrías mejorar tu habilidad con el tiempo, pero quizás quieras intentar otra técnica. Quizás alguna de las técnicas de meditación muggle de las que has leído. Tómate un momento para pensarlo.

Consideró sus opciones. El libro había nombrado un número de técnicas, no solo enfocarse en la respiración. El repetir un mantra era una popular. Si era lo suficiente buena para dos mil años de monjes budistas, debía de ser por algo—. Estoy lista, señor —dijo ella.

Legilimens — lanzó Dumbledore.

Om mani padme hum. El libro le había dado ese como ejemplo no por alguna alineación religiosa (ni siquiera sabía lo que significaba), sino porque era un mantra corto y fácil de recordar. Om mani… ¡Dragón! ¡Basilisco! ¡Escreguto de cola explosiva! Om mani padme… Sus padres obligándola a dejar Hogwarts. La carta del Ministerio obligándola a regresar. Om ma… Estaba experimentando con láseres mágicos. Estaba quemando sus cejas con termita. Solo lo estoy retrasando. ¿Cómo lo saco?

¡Protego! —dijo en voz alta, casi sin pensarlo. El hechizo no tuvo el efecto deseado. Las imágenes continuaron, pero ahora, había una sensación foránea en ellas. Parecían distorsionadas, y sintió algo de control. Vio a un estudiante de cabello café revuelto con un niffler en su hombro siendo regañado por sus maestros, una niña delgada de aspecto enfermizo con los penetrantes ojos azules de Dumbledore alimentando a unas cabras, un hombre de cabello negro con lentes y una mujer pelirroja con brillantes ojos verdes declarando su lealtad a la Orden del Fénix, un imposiblemente apuesto joven rubio con una sonrisa maniaca con una varita...

Fue sacada de la visión con tanta fuerza que sintió latigazo cervical—. Disculpa, Hermione —dijo Dumbledore—, me tomaste por sorpresa.

—Usted… usted dijo que lo que se me ocurriera, profesor —dijo ella nerviosa.

—Así fue. Y un encantamiento escudo es efectivo, aunque raramente útil.

Y reflejó el hechizo de regreso a él, pensó ella. El encantamiento escudo normalmente no hace eso. Extraño—. Eh, si no le molesta que pregunte, profesor, ¿quién era la niña?

—Mi hermana, Ariana —dijo él sencillamente—. Trágicamente, murió joven.

Hermione se sintió muy incómoda de repente. Aún si había respondido libremente, se sintió como una invasión a su privacidad. Casi lo dejó ir, pero no pudo evitar preguntar sobre la imagen que había parecido casi distorsionada—: ¿Y… quién era el joven rubio?

—Ah, puede que no lo creas… pero era Gellert Grindelwald.

—¿Grindelwald? ¿Lo conoció tan pronto? Como… yo… siempre lo imaginé como un comandante nazi SS o algo similar.

El rostro de Dumbledore era neutral, y no reaccionó excepto para responder—, Favorecía túnicas de duelo negras cuando nos encontramos en la segunda guerra mundial. Pero podría pasar todo el día paseándome en mis recuerdos. Pensabas justo ahora sobre como deshacerte de un ataque de Legilimancia en lugar de solo bloquearlo. Desafortunadamente, no hay manera de parar un hechizo de tu lado excepto romper el contacto visual. Sin embargo, con resistencia suficiente fuerte, es posible bloquear el ataque por completo y enfocarte en lo que te rodea de nuevo.

Hermione asintió. Supuso que sería algo como eso.

—Ahora, intentaré el hechizo de nuevo, y apreciaría que intentaras la misma técnica que antes… sin el encantamiento escudo. Pareció ofrecer algo de mejora.

—Eso creo. De acuerdo, estoy lista, señor.

Legilimens.

Om mani padme hum. Om man… Estaba reuniéndose con el Ejército de Dumbledore. ¡No! Om mani padme hum. Intentó recitarlo con calma, no frenéticamente en un intento de callar el ataque, lo cual solo lo empeoró. Om mani pad… Estaba bailando con George en el Baile de Navidad. ¡No! ¡Basta! Om mani… Estaba teniendo una conversación íntima con George. Lo alejó antes de poder ver cuál era. ¡No está funcionando! Om… Estaba llorando en el baño porque no podía con su vida y no podía mantener amistades decentes. ¡Vamos, vamos! Estaba a punto de morir a manos de un troll de montaña. Su concentración explotó. ¡Necesito algo más! Estaba gritando a Harry… No, no, no… unounodostrescincoochotreceveintiuno… El ataque intentó empujar otro recuerdo, pero estaba muy enfocada en los números para registrar cual, lo cual lo detuvo en su ataque… treinta y cuatro cincuenta y cinco ochenta y nueve uno cuarenta y cuatro dos treinta y tres tres setenta y siete… La oficina se puso más clara, incluso cuando el ataque empujó de nuevo, con más fuerza, pero agregar números en su cabeza era algo a lo que se había condicionado por años, y Hermione Granger no perdía la cuenta. Seis diez, nueve ochenta y siete, quince noventa y siete, veinticinco ochenta y cuatro...

El ataque paró. El profesor Dumbledore le estaba sonriendo ampliamente—. La secuencia de Fibonacci. Muy impresionante, Hermione —dijo él—. No se me hubiera ocurrido por mi cuenta. El recitar información trivial, ciertamente, pero el listar ingredientes de pociones o incluso nombres de jugadores de quidditch podría tener asociaciones mentales que podrían ser usadas para llegar a recuerdos más sensibles. Aritmancia de nivel menor como esa tendría muchos menos.

—Gr...gracias, señor —dijo Hermione, frotando su cabeza—. Supongo que mis mantras son algo diferentes de los de otros.

—Supongo que no debería sorprenderme. Debería advertirle que el cansancio mental sería más grande con esa técnica, pero es un buen comienzo. Espero que puedas enseñar a Harry de manera tan efectiva. Pero por ahora, como claramente estás cansada, creo que es hora de parar por el día.

—Cierto. Por supuesto. Y… gracias, profesor.

—Soy yo quien debería agradecerte, Hermione. No tenías que hacer esto.

Sí, quizás en teoría, pensó. No había manera de que iba a dejar que Harry pasara por esto solo y pasar una oportunidad de aprender este tipo de conocimiento. Hablando de eso…— Profesor, Harry sugirió que me uniera a las lecciones con el profesor Snape. ¿Cree que eso ayudaría?

—Mmm… No creo que sería aconsejable. Por un lado porque podría provocar preguntas que no puedes responder, y por otro porque, confidencialmente, el profesor Snape ya está molesto por tener que enseñar a Harry, y preferiría no poner presión adicional en él. Sin embargo, lo tendré en consideración como una opción.

—Cierto. ¿Supongo que a la misma hora la próxima semana, señor?

—Correcto. Oh, y por cierto, ¿Hermione?

—¿Sí, profesor?

—Ejército de Dumbledore. Me siento muy halagado.

—Gracias, señor, pero fue idea de Ginny.

—De cualquier modo, aprecio la lealtad. Que tengas una buena tarde.

Dejó la oficina de Dumbledore pensando cómo podía decirle a Harry lo que necesitaba saber sin revelar mucho. Eso sería tan difícil como la verdadera lección. Pero estaba segura de que podía encontrar el modo.


Se reunieron en la sala de los menesteres esa noche, antes de la reunión normal del ED. Hermione podía ver que Umbridge comenzaba a sospechar. Había estado espiando en esa parte del edificio las últimas semanas, de acuerdo con el mapa del matemago. Debería tener cuidado sobre personas yendo y viniendo sin ser notadas. Quizás cambiar la hora de las reuniones más seguido. Si el sapo humano sospechaba, la previsibilidad era su enemiga.

—Así que, Harry, la buena noticia… o quizás mala noticia dependiendo de cómo lo veas… es que las lecciones del profesor Snape son básicamente correctas… por lo menos por lo que puedo ver de los libros que el profesor Dumbledore me sugirió.

—¡Estás bromeando! —gruñó él.

—No he visto una lección de Oclumancia en persona, claro —mintió ella—, del profesor Snape o alguien más, así que no puedo hablar con autoridad, pero lo que describes suena básicamente como se supone que debe pasar, excepto que Snape es… más rudo.

—¿Más rudo? ¡Ni siquiera explica algo!

—No me sorprende. No puedo decirlo con seguridad sin saber sus palabras exactas, pero… —Eso mucho era cierto, por lo menos—. ¿Te dijo que pusieras tu mente en blanco, no?

—Sí, ¿pero cómo se supone que hago eso? —gruñó él.

—Eso es en lo que quiero ayudarte. De acuerdo con los libros, Oclumancia para principiantes suena bastante como la meditación muggle. Pedí a mis padres que me enviaran un libro sobre el tema a través de Dobby, y apuesto a que lo explica con más detalle que Snape.

Hermione no podía ver el rostro de Harry, pero podía imaginar que tenía una expresión pensativa en ese momento. Parecía lo más lógico considerando su silencio.

—¿Y cómo funciona? —dijo él.

—De acuerdo, primero, ponte en una posición cómoda.

—¿Por qué?

—Porque el libro lo dice.

—¿Pero por qué?

—Se supone que ayuda a enfocar a tu mente o algo.

—Pero Snape nunca me deja...

—Nos preocuparemos de eso después, Harry —exclamó ella—. Es más fácil si te lo tomas un paso a la vez. Solo ponte en una posición cómoda, así. —Ella se sentó cruzada de piernas en el suelo. Harry la siguió, aunque podía imaginar que estaba escéptico—. Bien. Ahora, diría que cierres tus ojos, pero la Legilimancia es con tus ojos abiertos, así que sáltate eso y… y mira directo al frente, supongo.

—¿Supones?

—No es realmente importante. Sólo siéntate quieto y no mires a nada en particular. Respira profundamente… lento y parejo. Sé que el profesor Snape no es muy calmante, pero en verdad es muy importante permanecer tranquilo… eh, eso es lo que el libro dice, por lo menos. Enfócate en tu respiración. Cuando tus pensamientos comiencen a divagar, sólo tráelos de regreso a tu respiración.

—¿Es en serio, Hermione? —dijo él.

Intentó imitar la voz serena de Luna para responder—, Así es como funciona la meditación, Harry. —Entonces, de manera incómoda colocó una de sus piernas en la posición de medio loto y tocó sus pulgares con sus dedos índice. Harry se rio y estuvo notablemente más tranquilo después de eso. Sólo podía esperar que eso lo ayudase contra la "enseñanza" deliberadamente terrible de Snape.


Hablando de maestros malos...

—Sí, pedí a Rebecca Gamp que hiciera las transformaciones y examinara la energía residual, profesora. Ella es mejor para los aspectos prácticos que yo. Pero yo desarrollé y construí nuevas pruebas para eliminar clases enteras de procesos de transformaciones para isótopos radiactivos. Descubrí como aplicar grupos de simetría cuántica al problema. Monté toda la prueba aritmántica basada en sus resultados.

Hermione no estaba segura de como Umbridge había regresado al tema de sus hazañas aritmánticas esta vez, pero en verdad no lo estaba dejando ir hoy. Para la sorpresa de Hermione, fue de la insinuación a directamente acusarla, y eso en verdad la enfureció.

—Robaste los resultados de una bruja sangre pura mucho más hábil que tú, y de mejor herencia, y los ocultaste en palabrerías muggles que podrías pasar como tuyos —gritó Umbridge. El resto de la clase estaba en silencio, mirando el intercambio con trepidación.

—¡Yo no robé nada! —respondió Hermione—. Fue un proyecto en colaboración al que todas acordamos juntar nuestros esfuerzos. Si Rebecca no estaba de acuerdo, debió decirlo. Todo estuvo bien documentado, y las publicaciones académicas lo aceptaron como tal.

—Sí, las publicaciones académicas —dijo Umbridge secamente—. Puede que le interese, señorita Granger, que he escrito cartas a Transformación Hoy y Anales en Aritmancia informándoles de mi preocupación sobre su supuesta investigación y recomendando en contra de que sea otorgada los premios Gamp y Wenlock.

—¡¿QUÉ?! ¡No puede hacer eso!

La clase soltó una exclamación con sorpresa y la sonrisa de Umbridge creció. Demonios, no solo estaba saboteando la clase o su reputación. Estaba tratando de sabotear su carrera directamente también.

—Es claro para por su trabajo que no es merecedora de premios tan prestigiosos, incluso antes de que sus problemas éticos sean tomados en consideración.

—¡Pero eso es difamación! —protestó ella.

—¡Veinte puntos de Gryffindor por acusar a un profesor!

—Una acusación maliciosa y espuria de violaciones éticas diseñada a lastimar a una persona inocente constituye difamación, profesora.

—¡No he hecho nada de eso, señorita Granger! —dijo Umbridge con tono imperioso—. Ha robado investigación y creado una reputación falsa para sí misma...

—¡Eso es una mentira! —Hermione se puso de pie—. Al igual que este teatro en el que dice que no está aquí solo por su agenda política...

Se detuvo. Umbridge la miró con una espantosa sonrisa, y Hermione sabía que había ido muy lejos.

—Creo que una semana de detención le hará bien, señorita Granger.


Su detención, como la de Harry al comienzo del semestre, fue a las cinco de la tarde, antes de la cena, y Hermione tenía el mal presentimiento de que sería similar a las detenciones de Harry en otras maneras. ¡Maldito sea su temperamento! Desde que Ron lo había mencionado, sentía que lo veía más seguido, y en verdad la había metido en problemas esta vez. Ahí quedó su cena, su última oportunidad de ayudar a Harry un poco más antes de su lección en Oclumancia, y posiblemente todo su tiempo para tarea esa noche. Y tenía tareas que eran para mañana. (No podía trabajar por adelantado todo el tiempo.)

Se le había ocurrido en las horas siguiente que este quizás fue el plan de Umbridge desde el comienzo: provocarla para que hiciera algo que mereciera una detención. ¿En verdad le importaban los premios Gamp y Wenlock? No había tenido idea del trabajo de Hermione al comienzo de esto. Desde esa perspectiva, Hermione no estaba segura de si sentirse avergonzada por caer en eso o sentirse un poco orgullosa de que le había tomado dos semanas cuando había tomado a Harry cinco minutos.

Claro, eso no la ayudaría a salir de este desastre. Preventivamente había conseguido esencia de murtlap y había pensado en algunas lagunas jurídicas para intentar escapar, pero recordó lo que Septima le había dicho. Umbridge era mucho mejor en los juegos políticos que ella. Harry y Ron le rogaron que hiciera algo… que le lanzara un maleficio en el rostro, modificara su memoria… cualquier cosa para salir de lo que probablemente terminaría con una cicatriz en su mano, y no lo había rechazado por completo, pero debía tener cuidado e intentar métodos más tranquilos primero.

Llegó a la oficina horriblemente rosa a las cinco de la tarde. Umbridge fue directo al punto y dijo—, Buenas noches, señorita Granger. Siéntese aquí —dijo, señalando a una silla con respaldo recto y una mesa con un mantel tejido. ¿Qué no le importa que caiga sangre en el mantel? Se preguntó Hermione. Quizás era especialmente buena para los encantamientos de limpieza. Hermione se sentó.

—Tiene temperamento, señorita Granger. Y tendencias busca gloria sin duda influenciadas por su amigo, Potter. Será mejor que lo pongamos bajo control antes de que se salga de sus manos, ¿no es así? —Hermione no dijo nada—. Hará líneas para mí con mi pluma especial. Aquí tiene.

Umbridge colocó una pluma negra en el pergamino que ya estaba dispuesto. Hermione la tomó y la examinó rápidamente. Estaba hecha de manera elegante y sin duda especialmente durable. Era larga y delgada, con una punta filosa que tenía una ranura como si fuera el colmillo de una serpiente. No tenía duda alguna de que cortaría su piel si era directamente aplicada.

Se hizo la tonta y dijo—, No me ha dado tinta, profesora.

—Oh, no tiene que preocuparse por eso con esta pluma —dijo Umbridge, claramente aguantando su risa—. Quiero que escriba, No debo decir mentiras.

Hermione se enfureció ante el recordatorio de lo que esta mujer había hecho a Harry además de la acusación, pero controló su temperamento. Necesitaba ser lista sobre esto—. ¿Cuántas veces, profesora? —preguntó.

—Oh, cuantas sea necesario para el mensaje se quede.

Sabía que diría eso, por supuesto. Tomó un gran respiro para prepararse y tomó la primera hoja de pergamino. En la parte superior, Hermione escribió, No debo decir mentiras.

Dejó salir un siseó de dolor. Había estado preparada pero aún la golpeó con fuerza. No sabía por experiencia lo que se sentía ser cortada por un cuchillo, pero este dolor definitivamente estaba al nivel de ser rasguñada por Crookshanks. La pluma escribió de un color rojo sangre brillante en el papel, y las palabras aparecieron como cortadas en la parte de atrás de su mano. Se aferró a la pluma, pero las cortadas sanaron en segundos, dejando la piel clara de nuevo. El dolor se fue con ellas. Hermione nunca había considerado que la magia oscura fuera sanadora, pero pensó que eso quizás era lo que esto era.

—Profesora… —dijo y vaciló por un momento.

—¿Hay algún problema, señorita Granger? —dijo Umbridge.

—Profesora, ¿esto es legal?

La sonrisa de Umbridge cayó—. ¿Por qué lo pregunta?

—Pues, una escuela muggle nunca usaría algo como esto, profesora.

La falsa amabilidad irritante regresó—: Vamos, señorita Granger, creo que sabe mejor que eso. Hacemos las cosas diferentes en el mundo mágico. Descubrirá si lo pregunta que no hay ley contra el uso de esta pluma.

—¿En serio? —Esa era una sorpresa… asumiendo que Umbridge no estaba mintiendo. Rápidamente consideró las razones por las que podría ser cierto en su mente. ¿Acaso el mundo mágico estaba interesado tanto en castigos corporales? Bueno, para los elfos domésticos, sí, pero ese era un caso inusual. Ciertamente nunca lo habían hecho en Hogwarts, ¿pero en las familias sangre pura? Quizás. O tal vez era algo sobre la pluma. Parecía horrible, pero no sería tan horrible si solo fuera usado con moderación. Había tomado dieciocho horas de uso para que las palabras dejaran de sanarse en la mano de Harry. Si fuera usada en una detención normal, nadie nunca llegaría cerca a tener una cicatriz.

Si lo pensaba, nunca había escuchado de una pluma como esa antes de ese año. Se inclinó y la examinó de cerca. Había pequeñas runas talladas en el mango, como en una varita. No reconoció todas, pero reconoció las suficientes para saber que alimentaban la magia de la pluma, tanto para cortar las palabras en la mano como para sanarlas. En realidad estaba muy bien hecha.

—Señorita Granger, no está escribiendo —le recordó Umbridge.

—Perdón, profesora. Eso sólo que nunca había escuchado de una pluma como esta antes. El trabajo de runas es muy bueno.

Cual fuera la respuesta que había esperado, Umbridge la sorprendió—: Vaya, gracias, señorita Granger, pero los halagos no mitigaran su castigo.

Espera, ¿qué? Hermione pensó. Oh Dios mío, ¡¿había inventado la cosa?! Demonios, no pensaba que fuera tan lista. Eso explicaba porque no había ley contra la pluma. Nadie se había preocupado por escribir una, si siquiera sabían que existía.

Umbridge estaba dando pataditas con su pie para que continuara. Hermione casi lo hizo, pero antes de presionar la pluma al pergamino, intentó un truco más. Intentando sonar más asustada de lo que estaba, dijo—, ¿No le dirá a mis padres de esto, verdad, profesora?

—¿Qu...qué? —Sonaba como si ella hubiera sorprendido a Umbridge esta vez.

—Yo… comprendo que no es lo mismo, profesora, pero en las escuelas muggles, los padres son informados de acciones disciplinarias mayores contra sus niños… acciones como esta. —Esto era una exageración, ya que esto solo aplicaba a las escuelas de día a día y no a los internados, pero Umbridge no necesitaba saber eso—. Yo… no quiero que lo sepan...

Psicología inversa. Una mentira posible para hacerla pensar que tenía miedo de la reacción de sus padres, y esperaba que Umbridge quisiera lastimarla más diciéndoles. Entonces, entonces ellos podrían tomar acción legal desde afuera con su carta como evidencia. Sabían lo suficiente sobre el mundo mágico que probablemente podrían hacerlo. Pero no sería el caso.

—Sus padres son muggles, señorita Granger. ¿Correcto? —preguntó.

—Sí, profesora —dijo Hermione. ¡Usted lo sabe! ¡Me lo recuerda cada clase!

—Entonces no hay necesidad de preocuparse de eso. Considerando el contacto limitado que los muggles tienen con el mundo mágico, el Ministerio reconoce la necesidad de tener un abogado más conocedor para los niños hijos de muggles que pueda reaccionar rápidamente, y se ha decretado que para los estudiantes hijos de muggles Hogwarts es el guardián legal mientras esté en la escuela… algo que ha sido el caso desde antes de este año. Así que como verá, no hay necesidad de informar a sus padres.

Demonios, o vio a través de mi plan o se preocupa más por la ley y su sesgo contra los muggles. Era lo que había esperado, pero aún era decepcionante. Hermione se inclinó sobre el pergamino con renuencia y escribió las palabras de nuevo.

No debo decir mentiras.

Tuvo que luchar contra las lágrimas. Eran de dolor más que miedo o tristeza, pero aún luchó por evitar que Umbridge las viera. Las líneas cortaron su mano, igual de doloroso cada vez, siempre entre las líneas para que no redujeran su escritura, y siempre desvaneciéndose en unos segundos… por ahora. Intentó considerar otras opciones, pero no tenía mucho con lo que trabajar. En el espacio de unos minutos, fue obligada a cortarse a sí misma más de lo que había hecho por accidente en toda su vida. No sabía cómo Harry había logrado esto por dos semanas.

Después de once líneas, se rindió y rogó con desesperación—, Profesora, ¿estoy obligada a hacer esto?

Umbridge la miró muy ofendida. Se levantó, lo cual era de algún modo intimidante a pesar de su baja estatura—. Ciertamente tiene que, señorita Granger —dijo—, si quiere mantener su lugar en Hogwarts. Debe saber que la insubordinación persistente merita expulsión...

Valdría la pena a estas alturas, pensó Hermione. Me mudaré a Francia en Navidad, de todos modos.

...y sus padres estarían muy decepcionados de usted, especialmente cuando tengan que explicar al Wizengamot el porqué se volvió una truhan.

—¿Qu...qu...qué? —tartamudeó.

—Bueno, una vez deje la escuela, sus padres se convierten en sus guardianes legales y por lo tanto son responsables de sus acciones. Y seguramente recuerda que el Decreto Educacional Número Veintitres requiere que esté inscrita en un programa educacional acreditado.

—S...sí, pero la expulsión...

—No la exenta de su obligación —interrumpió Umbridge—. Si no está inscrita en un programa acreditado alterno será considerada una truhan, y no sé cómo sea en el mundo muggle, pero en el mundo mágico, eso es una ofensa por parte de los guardianes del niño, no del niño. Y es terriblemente difícil encontrar tutores como hija de muggles, me temo.

Hermione observó a la mujer horrorizada, su boca algo abierta. ¿Podían ir tras sus padres por esto? Sí, técnicamente era lo mismo en el mundo muggle, pero había prestaciones. Había intervalos de tiempo. Había programas educacionales diseñados específicamente con ese propósito. Pero el mundo mágico era pequeño, y Umbridge y Fudge controlaban demasiado. Manipularían las reglas como tuvieran que hacerlo para ganarle, y podían hacerlo mucho más de lo que había imaginado antes. ¿Podían llevar a muggles frente al Wizengamot? ¿Podrían enviarlos a Azkaban?

Su corazón se aceleró. Sintió su rostro palidecer, y vio a Umbridge mirándola como al gato que había atrapado a un ratón. Hermione acababa de perder, y ambas lo sabían. Nunca, nunca podía dejar que eso pasara. Bajo ningún costo. De repente, una semana de las detenciones de Umbridge parecía un pequeño costo a pagar. Caminaría por fuego para asegurarse de que sus padres nunca estuvieran en contacto con un dementor.

Sin decir otra palabra, inclinó su cabeza y comenzó a escribir en el pergamino de nuevo. En unas líneas, no pudo contener sus lágrimas deslizándose por su rostro. Había sabido intelectualmente que Umbridge probablemente ganaría esta lucha, pero pensó que podría poner resistencia honorable. Ahora, lo había perdido todo. No había estado así de humillada desde el incidente con el troll en su primer año... quizás incluso desde que los bravucones en la primaria habían intentado hacerla llorar cuando tenía ocho años.

Levantó la mirada y notó de reojo la expresión de Umbridge mientras lloraba y de inmediato bajó la mirada de nuevo horrorizada. Era una mirada lasciva.

Dios mío, creo que es una sadista sexual, pensó Hermione. Deseó más que nunca poder escapar, estaba verdadera y completamente atrapada.

Trabajó lento al comienzo, sin apresurarse y practicando su mejor letra para no tener que escribir tantas líneas, pero entonces recordó que Umbridge había reducido las detenciones de Harry después de que el mensaje había comenzado a "marcarse", y se obligó a regresar al paso normal, aunque no apresurado.

En una hora, había escrito ciento setenta y cuatro líneas. (Hermione Granger no perdía la cuenta.) Ya era más largo que la mayoría de ese tipo de castigos eran, pero sabía que apenas estaba comenzando. No tenía duda de que con su amistad con Harry y la persistente insistencia de la mujer este año, Umbridge sería tan dura con ella como lo había sido con él.

En dos horas, había llegado a las trescientas sesenta y tres líneas. La oscuridad había caído en el exterior, y la cena estaría terminando. Su mano dolía entre las marcas de las palabras. Había dejado de llorar, pero no se detuvo. Sabía que esto iba a la larga.

Llegó a las mil líneas a mitad de la sexta hora. Tenía hambre, sed, sueño, y necesitaba ir al baño, pero tenía mucho miedo de pedir un favor. Incluso si su detención corría tan larga como la de Harry, podía aguantarlo. Nunca había escuchado que tantas líneas fueran asignadas, pero Umbridge pareció no notarlo. La mujer había terminado de revisar ensayos hace un tiempo y estaba leyendo un libro en su escritorio. A inspección más cercana, Hermione pudo distinguir a una pareja poco vestida en la portada, y tuvo el presentimiento de que era una novela romántica. Ahora, quiso vomitar también.

Su mano aún sanaba después de que cada línea era tallada, pero cuando lo midió, tomó más tiempo en hacerlo que antes. Una idea le llegó alrededor de la línea mil treinta y cinco: ¿cómo sabía Umbridge que la pluma dejaría de sanar después de tantas horas de uso? Si ella la había inventado, debía ser poco probada. Lanzó unas cuantas miradas más a las pequeñas runas en los segundos mientras su mano sanaba, pero no vio indicación alguna de que estuviera diseñada a trabajar de ese modo. Quizás solo era como un encantamiento reparo, en el que dejaba de funcionar después de repetidas aplicaciones. Quizás Umbridge era mejor en Aritmancia de lo que pensaba y fue capaz de deducir cuantas repeticiones necesitaría para dejar una marca. O quizás la había probado de algún modo… Hermione tembló. No quería pensar en eso.

En la línea mil cuatrocientos ochenta y ocho, escuchó su Ejem, ejem. Levantó la mirada.

—Ven aquí —dijo Umbridge.

Hermione se puso de pie y se acercó a su escritorio. Miró al reloj. Era la una de la mañana. Estaba agotada, y aún no estaba al corriente con su tarea. Peor, tendría que trabajar extra esta noche porque sabía que tendría que hacerlo de nuevo mañana por la noche.

—Tut-tut —dijo Umbridge, examinando su mano. Hizo estremecer la piel de Hermione de solo tocarla—. Veo que el mensaje aún no ha dejado una impresión. Tendremos que intentarlo de nuevo mañana por la noche. Puedes irte.

—Gr...gracias, profesora —dijo entrecortadamente y se fue.

Se colapsó contra el pilar más cercano y sollozó al momento que estuvo fuera del pasillo en el que estaba la oficina de Umbridge. No podía creer que había caído tan bajo. No quería nada más que hundirse en el suelo y dormir. El cortar palabras en sus manos por… no podía creerlo… ocho horas seguidas... fue mucho más agotador que solo quedarse despierta hasta tarde. Pero no podía dejar de moverse. No podía arriesgar ser descubierta después del toque de queda y ganarse otra detención… de Umbridge o alguien más. No podía arriesgarse a no cumplir con una tarea y ser castigada por eso. Tenía que continuar con esas detenciones además de todo lo demás y mantener su cabeza abajo.

Evitó a Filch y a los varios otros riesgos en el castillo con su mapa y caminó a la sala común. Harry y los Weasley la habían esperado, como ella había hecho por Harry. Hubiera sido adorable si no estuviera horrorizada de que sus amigos la vieran así.

—¡Hermione! —Ginny se levantó de un salto y la abrazó—. ¿Estás bien? Te ves...

—Terrible, lo sé —terminó sin abrazarla de regreso—. Estaré bien.

—¿Fueron líneas? —preguntó Harry.

Ella asintió.

—Auch —dijo George. Podía ver el enojo en sus ojos—. Aún no puedo creer a esa perra. Necesitamos...

—No… —lo interrumpió.

—Pero necesitamos...

—No —repitió ella.

—Hermione, ¿qué pasa? —dijo él, ahora más preocupado que enojado.

—Solo… no hagan nada contra Umbridge. Por favor.

Todos la miraron horrorizados—. Hermione, ¿qué te hizo?

—Solo fueron líneas, George. Lo juro. Igual que a Harry. Pero es en serio. No quiero que le hagan algo a Umbridge. No bajo mi nombre, y no bajo el suyo. No tienen idea de lo que es capaz.

Eso hizo que incluso Harry se preocupara—. Hermione, ¿qué pasó ahí? —preguntó.

—Sólo déjenme sola, por favor.

—Pero si está haciendo algo peor...

Dije… —soltó, pero se detuvo. ¿Podría meterse en problemas ahí, con sus amigos, si causaba una escena? Después de esta noche, tenía mucho miedo de tomar cualquier riesgo—. Por favor. Déjenme sola —susurró—. Estaré bien cuando termine la semana, lo prometo, pero por ahora, tengo trabajo que hacer. —Y antes de que pudieran preguntarle de nuevo, se apresuró a subir las escaleras a su dormitorio. No podía decirles. No podía. Solo causaría más problemas. Pero sabía que aún se estaban preguntando entre ellos que había pasado en la oficina de Umbridge.

—¿Dobby?

¡Pop!— Señorita Hermione, ¿qué pasa? —chilló el elfo.

—No preguntes —gruñó ella. No lo necesitaba a él tampoco interrogándola. Lo llamó porque recordaba las dos noches que había pasado antes cuando Harry había tenido que luchar contra un dragón en el torneo de los tres magos—. Dobby, va a ser una noche larga. Creo que voy a necesitar una poción pime… —No, estúpida, el boticario está cerrado a esta hora. Y no hay posibilidad de la enfermería. ¿Las cocinas? No, Umbridge las estaría monitoreando. Hora de ir muggle con esto—. No, eso no. —Sacó unos sickles de su túnica—. Ve a las Tres Escobas y cómprame un café doble con crema y azúcar para llevar. No le digas a nadie quien te envió. Si preguntan, diles que es un pedido de la escuela. Oh, y despiértame a las ocho si me quedo dormida.

—Sí, señorita. —Las orejas de Dobby estaban caídas. Incluso él lucía preocupado por ella, pero acató sus órdenes.

El dolor en la mano de Hermione disminuyó hasta ser sólo incómodo, y no había marcas visibles, pero supuso que no lastimaría lidiar con él, así que sumergió su pañuelo en el frasco con esencia de murtlap y lo amarró alrededor de su mano para aún poder escribir. Bebió su café rápidamente cuando Dobby se lo llevó y comenzó a trabajar.

Media hora después, se dio cuenta de su error… un problema que no hubiera tenido con la poción pimentónica: temblores por la cafeína. Pensó que la poción pimentónica era mala, pero los temblores por cafeína eran peor. Nunca había probado la cafeína tan tarde, pero no era agradable. No pudo concentrarse lo suficiente para trabajar de manera productiva hasta después de las tres de la mañana. Logró terminar su trabajo, pero no durmió nada esa noche.

Y ahora, tenía que hacerlo todo de nuevo.