Sakumo:

He pensado día y noche en ti. Para mí es imposible conciliar el sueño si no estoy compartiendo a tu lado. Sé que son tiempos muy complejos, tiempos donde deja de habitar alguien que se supone es importante en tu vida pero, eso a mí no me importa en demasía porque es ahora cuando siento que por fin tendré mi espacio y camino libre para compartir contigo.

He idealizado todo y cada fragmento de segundo a tu lado,

he pensando y anhelado el murmullo de tu voz en mi oído,

he interpretado las notas musicales que tus dedos dejaron en mi piel.

Oh, Sakumo, mi querido Sakumo. Cuán duro será este tiempo sin posar mis labios sobre los tuyos.

Contigo sueño, pienso y vibro.

Naturalmente puede que me veas como una simple niña pero, no es así, soy una mujer, una mujer que siempre te ha admirado.

Tal vez es una falta de respeto, soy alguien sumamente importante en la vida de tu círculo, pero yo no quiero aprobación solo de ese círculo, quiero que tú me mires como me miraste aquel día.

Fugarme contigo a hurtadillas en el cumpleaños de tu hijo...

deseo que se repita.

Hanare.

— Esa es la primera carta de esa chica. ¿Puede creerlo? Ella era menor de edad, pero sabía muy bien lo que hacía y lo que deseaba. No puedo calcular qué edad tendría ahí, menos la edad de Sakumo. —

Sakura ignoró el estado actual de Sukea. De inmediato ella le pidió tomara una carta con la fecha continua de esa.

Hanare:

Por favor, no seas indiscreta.

Mira: yo sé que sentirás un mar de ilusiones, pero debes olvidar TODO.

La debilidad me ganó. Debo admitir que eres muy hermosa, y me encanta cuando estás aquí, pero esto no debería seguir así pues, te traería dificultades a ti e incluso a mí.

Mi hijo está ilusionado contigo, y si descubre que hice algo contigo, estará más decepcionado de mí de lo que ya está.

Deja de escribirme, Hanare, por favor.

Sakumo.

— Como ves, al principio él detenía las acciones de Hanare, pero desde la carta del siguiente mes todo cambió. Ella no lo buscó, pero ahora era tu padre quien la buscaba. Son muchas cartas, más de treinta, pero hay una que tiene algo interesante.

Hanare:

Estoy muriendo de celos, estoy hirviendo de la rabia, quiero explotar de la sola impotencia. Pero no puedo hacerlo, no cuando yo mismo te exigí que te apartaras de mi lado. Un error, un completo error.

Han pasado al menos cinco meses, meses de los que van siendo una tortura.

Hanare, no sé qué me pasa, es decir, sé lo que sucede, pero tengo miedo, miedo. Estoy enamorado de ti. Es enfermo, lo sé, pero, ¿qué demonios puedo hacer? De la única manera que puedo demostrar mis sentimientos es en esta carta que probablemente terminará quemada, pero debes saberlo.

No haré nada, no correré por ti porque no corresponde, porque es enfermo, pero... ¡mierda!

No lo aguanto, te necesito a mi lado...

Sakumo.

— Esa fue la última... ahora, busque el pendrive de color negro con gris. Ahí hay mensajes de texto, incluso fotografías.

Obedeció, lo buscó y lo conectó al computador. De inmediato, su computador pidió autorización para abrir los archivos. Hizo doble click y todo estaba en formato imagen.

Su dedo dudó en presionar y abrir la primera fotografía, finalmente, presionó y esto lo impactó a tal punto de quedar sin aire.

Ahí estaba ella acostada en la cama junto con Sakumo, desnuda.

El siguiente era un vídeo que ellos mismos grabaron manteniendo relaciones sexuales.

Sukea no lo podía creer. Cada vez que avanzaba, su garganta se apretaba más y más, sus lágrimas en silencio comenzaron a salir, de vez en cuando se tapaba la boca para ahogar todo signo de evidencia.

¡Esa era la verdad! porque, ¿por qué otro motivo Sakumo asesinaría a Hanare si no fue por celos o por otra razón?

Su padre estaba tan enamorado de Hanare como él por esa mujer.

Se sintió asqueado por tanto, imbécil por creer en esa mujer.

Anko, nuevamente escuchó a hurtadillas, incluso presenció el estado de Sukea, por lo que no le quedó más remedio que intervenir.

— Señorita Sakura... — Llamó la mujer desde la puerta. — Creo que es tiempo de que le de una pausa a Sukea. Él ahora debe caminar, aclarar toda esa información y comenzar con su trabajo. ¿Le parece bien?

— Claro, claro. Pido perdón al joven Sukea, es mucho trabajo, pero, ¿qué le parece todo?

— Saldré ahora mismo, Anko. Si llega la niña, ¿podrías cuidarla? Por favor.

Sukea salió de la habitación sin dar más comentarios. A prisa corrió hasta la puerta donde se puso los zapatos, cogió las llaves de su auto y se marchó.

En la recepción al verlo tan descompuesto intentaron detenerlo, pero no lo lograron, Sukea estaba cegado del dolor.

— Debe sentirse presionado. Creo que fue mucho para él. ¿Qué dice usted, señorita Anko?

— Creo que... — Retiró el pendrive del computador para guardarlo en el maletín— Es mucha información, muy detallada. A esta historia le irá bien.

— Tal vez, pero no lo hago porque me parezca una historia alucinante, lo hago porque, de alguna forma, quisiera sacar esa espina, y aunque sea de manera anónima, encontrar a ese hombre para que sepa la verdad, para que vuelva al lado de sus amigos, para que viva con el alma aliviada.

— Comprendo, la entiendo muy bien. — Dijo en un suspiro preocupado. Su mirada seguía la salida del hogar de ese hombre. Sukea estaba enloquecido con la rabia.

Pequeños espasmos de dolor recorrieron su espalda, manos y pecho. El hormigueo en sus dedos no se hizo esperar, esa sensación caliente que se alojó en sus hombros y rostro, las punzadas en la cabeza como si alguien estuviera enterrando las agujas más filosas en aquel lugar.

Todo eso y más sentía.

El rugido del motor escandalizó a más de alguno. Las llantas al tomar velocidad dejaron una marca en el pavimento. El aroma de la rabia mezclada con el neumático.

Todo paisaje se veía realmente borroso ante sus ojos ahogados en lágrimas. Ya no le importaba ser Kakashi o Sukea, cualquiera de los dos estaba sintiendo el estricto dolor, esa traición.

Sus dientes rechinaron, de vez en cuando el quejido de su voz ronca. Poco duraban las bocanas de aire que recibía. La punta de sus dedos recibían el castigo de su estupidez.

¿Hacía dónde iba exactamente?

. . .

No importó la lluvia, no importó que sus hermosos zapatos bien lustrados se embarraran con lodo, nada de eso le importaba.

Sus pasos salpicaba la tierra mojada en sus pantalones. El coraje que demostraba sus pisadas, su posición corporal.

El cementerio, un lugar lleno de recuerdos, cartas hermosas y colores, de pronto se volvió un lugar amargo, el desazón que recorrió su boca fue como masticar carbón.

Una tos marcó su propia atención. ¿Quién lo estaba oyendo? Nadie, seguramente almas que continuaban ahí y veían pasar a los vivos a los costados de sus tumbas.

Sukea, antes de llegar a la sepultura de esa mujer, se quedó unos pasos más al costado.

— Odiaba a mi padre, ¡lo detestaba! Él fue capaz de engañar a mi madre, no una, sino varias veces. Siempre eran fulanas de dinero, mujeres que tenían aventuras con otros empresarios. Mi madre estaba enamorada de mi padre, ¡lo estaba! Pero... acabó, todo eso acabó. Ella se había suicidado por la tristeza y a mí me dejó lo que pudo que pudiera estar tranquilo. Ahora lo entiendo... —

Se lanzó de rodillas en el lodo entre las sepulturas, la lluvia que no se hizo esperar.

— Eras tú la mujer que él tanto quería. Y no solo eso, ¡TÚ DESTRUISTE A MI FAMILIA! — Gritó colérico a la tumba. — ¡Tú sabías que mi madre estaba sufriendo! Mi padre es el culpable, pero tú también lo eras, ¡eras tan culpable como él! Mi madre fue una mujer noble contigo, te tendió la mano, te cuidó cuando tenías dificultades, te comprendió, te acomodó en su pecho para que lloraras, y tú, ¡tú la apuñalaste por la espalda! Ella estaba feliz de que tú comenzaras a salir conmigo. Pero, debo entender que también es una maldita farsa. ¿No? Porque te querías quedar con mi padre. Tal vez no con las pertenencias. Pero para tener la aprobación de él, tenías que hacer todo lo que te pedía, y una de esas cosas fue conquistarme para que regresara a casa.

Ahora me cuadra... cuando mi madre me apartó una casa solo para mí, cuando la veía llorar seguido. Pensé que estaba triste porque no estaba en el hogar de mi padre, pero era otra cosa. Leyó o tal vez presenció cosas, y para no decirme, prefirió quitarse la vida... —

Dio un puñetazo al suelo, el barro salpicó solo la sepultura de esa mujer.

— Arruinaste mi vida — Dijo con un hilo de voz—, tú y solo tú, Hanare, ¡ARRUINASTE MI VIDA MALDITA PERRA! — gritó con toda la frustración que tenía guardada. No le importó sentir dolor en la garganta o llenarse de barro las manos y las piernas. Él le gritó a la tumba, la maldijo una y otra vez hasta que, se jaló el cabello quedándose en posición fetal en aquel sector. — Eres una perra...