Esta vez tarde menos de lo esperado, quizás se deba al tiempo libre que poseo a ratos para ir cuadrando algunas cosas.
Muchas gracias por leer!
Lentamente los rayos de sol se iban desapareciendo en el bosque donde estaría el destino de Rayla. La tenue luz iba perdiéndose con cada paso que daban y aunque no le apartaba ni un segundo la mirada a Runaan sentía que todo esto al final era muy mala idea. El listón de unión tampoco ayudaba demasiado, pues durante el camino sintió un fuerte apretón que le hizo mascullar algo de dolor. Movía su muñeca entre círculos para tratar de apaciguar el malestar y estar preparada para cualquier cosa que su viejo maestro estuviera dispuesto a hacer.
Runaan por su lado estaba también sumido en un torbellino de emociones en ese momento. Ya ni siquiera sabía que era lo que quería hacer, escuchar a Rayla hacía rato, tratarlo como el malo de la historia lo había dejado con el ánimo por debajo. Y pues, eso era lo que era en realidad, todo esto lo hacía más que todo por venganza del error que cometió hace cinco años. Pero en este punto ya no tenía idea de que era justo o no. Ese humano tenía muchas razones para vengarse y no lo hizo, su pupila tenía muchas razones para vengarse y tampoco lo hizo. Siempre ha creído que la vida se trataba de un ciclo de odio que jamás iba a terminar, pero ahora, viéndolo desde una perspectiva más calmada tal vez a la final ellos tengan razón y él jamás la tuvo: ser un asesino no lo hacía especial, no hubo un sentido de vivir al final después de todo.
Lo único que se escuchaba era el viento chocar contra los árboles y sus pasos resquebrajar las secas hojas caídas y ramas esparcidas por el camino. Ninguno hablaba, parecían mudos al sentir que se acercaban cada vez más al final de su inminente encuentro del cual al parecer solo uno podía salir de allí. Entre más lo pensaba, más deseaba salir corriendo rápido y buscar a Callum, Rayla dudaba como siempre al momento decisivo de todo, era lo que ella siempre hacía; dudar, era algo que la iba a acompañar por el resto de su vida. Runaan también dudaba, tal vez… solo tal vez…
-Ya la veo… - Runaan se volteo a verla una vez que la escuchó finalmente. Giro nuevamente su rostro cuando la elfa señalo un poco más al fondo del bosque donde había una pequeña cabaña no muy lejos de donde estaban.
Suspiro hondamente y fueron hasta allí. Derribaron unas cuantas ramas que se interponían en su camino y finalmente llegaron; la famosa cabaña, el lugar donde estaban los padres de Rayla. La elfa no era una tonta para nada, obviamente se dio cuenta que no había nadie allí pues todo estaba en completo silencio. Aquella vieja choza estaba tan deshabitada como su corazón al percatarse de que todo fue una trampa de Runaan y ella cayó redonda. Daba gracias de que Callum no estuviera allí para ver lo patética que se veía ahora, hizo bien en apartarlo de su camino para ir por el suyo que al final termino siendo una mentira.
-Bien… caí en tu trampa – Dijo Rayla sin chistar – Quieres terminar con esto de una vez? – La albina empezó a desenvainar una de sus hojas. El mayor no mostraba ninguna emoción, sabía que en un rápido ataque su pupila lo degollaría.
Miraba aquella cabaña ya casi destruida con el tiempo, los cimientos mohosos y las paredes casi a punto de derrumbarse. Parecía ser que había sido saqueada puesto que todo estaba fuera de lugar a como él la recordaba entonces. Troncos de madera yacían esparcidos por todo el lugar hasta ella y lo peor era que la puerta estaba hecha añicos, como si hubiera sido golpeada con fuerza para robar lo que habría en su interior que el mismo elfo sabía que no había nada de valor allí. Escucho entonces como el caer de un pedazo de metal fue hasta sus pies, agacho la cabeza para darse cuenta que se trataba de una de las hojas de Rayla, al parecer esperaba que la tomara y darle fin a todo esto. Dirigió sus orbes azules hasta los de su pupila quién no le quitaba una mirada amenazadora de encima. Runaan se agacho lentamente para tomar aquella hoja con su única mano.
-Sabes… - Parló – Cuando nos encomendaron la tarea de matar al rey de Katolis, Ethari tenía la duda de que eras demasiado buena para hacer tal cosa – Rayla parecía no prestarle atención, más bien se mantenía atenta ante cualquier acción que llevara a cabo su maestro – Por eso un mes antes me pidió que te mantuviera a salvo de los elfos, puesto que si fallábamos no tendrías cabida en ningún reino - ¿A qué venía todo eso? Ella ya sabía eso de antemano – Vine a estas tierras encubierto para construir este lugar…
-Entonces… - Hablo finalmente la albina – Solo yo sabía cómo venir aquí? – Runaan asintió alejando su vista de la de ella.
-Tus padres no están aquí, Rayla – Ella también ya sabía de eso – Pero sé dónde están…
Antes de que Runaan pudiera continuar la albina se abalanzo sobre él con rabia, fue tan rápido y tan fuerte que el elfo a duras penas pudo contener ese ataque feroz por parte de ella. Tuvo la mala suerte de tropezar con una rama y caer de espaldas al suelo. La punta de la espada de Rayla estaba tocando el cuello de su viejo maestro, este por primera vez en su vida vio como el miedo le invadía de ver como los iris violetas de aquella joven elfa lo veían con rabia y frustración. Sentía desde su punto como exhalaba el aire con fuerza hacia su rostro.
-Ya basta! – Le grito – Basta de tus trucos! Basta de tus mentiras! – Al parecer el deseo de permanecer pura de no tener sangre en sus manos iba tener que desaparecer, pues solo tenía un pensamiento en ese momento: Matar.
El elfo ya se daba a la idea de que su muerte se acercaba, pero él ya la había abrazado hace años, desde el momento en que fue encarcelado por los humanos él ya estaba muerto en vida. Cerro los ojos, esperando la dulce caricia del frio metal pasar por su garganta y terminar con su sufrimiento. Pero entonces…
Algo raro sucedió, era como si el tiempo se hubiera detenido para él, pues mientras pasaban los segundos todavía no sentía la espada de Rayla rajándole la garganta. Abrió los ojos y se dio cuenta que todo se encontraba inmóvil; ella no se movía, el viento no soplaba, los arboles no se meneaban. Fue entonces que en un abrir y cerrar de ojos la oscuridad se cernió donde ellos estaban, de a poco las tinieblas fueron cubriéndolo todo y cuando quiso percatarse de que era lo que estaba sucediendo, su pupila fue atacada con una poderosa carga de magia oscura que la hizo elevar varios metros al aire y caer lejos de él volviendo el tiempo a continuar con su curso nuevamente.
-Al final tuve que hacerlo todo yo – Se escuchó una voz inquietante provenir de entre los árboles. Un timbre que él conocía ya bien y que de inmediato le helo la sangre por completo.
Rayla había sentido como si una bestia enorme hubiera chocado con ella, trataba de levantarse como podía pero el daño que le causo al parecer le había fracturado una o dos costillas. Cuando levanto su vista hacía donde se encontraba Runaan tirado también fue que de la nada una sombra casi espectral salía de entre la oscuridad que acontecía. La silueta de un hombre alto se presenciaba ante sus ojos, poco a poco las sombras que le envolvían fueron desapareciendo para mostrar a un tipo que parecía de pesadilla: un rostro pálido lleno de marcas oscuras con un cabello y barba tan blanca como su propio pelo y unos ojos tan negros como el mismísimo abismo se dirigía hacia ella a paso lento.
La elfa con la poca fuerza que tenía tomo su espada que no estaba lejos de donde cayó y se dispuso a atacar a aquel ser lleno de maldad que interrumpió lo que estaba haciendo. Pero cuando se preparaba para encararle nuevamente fue atacada con el mismo haz de magia oscura del principio, esta vez haciéndola chocar con fuerza contra la pared de madera de aquella cabaña. Soltó algo de sangre de su boca tras aquel impacto y parecía que estaba perdiendo el conocimiento puesto que ahora se encontraba mucho más herida de lo que podía esperarse.
-Dame el cubo, elfa – Le ordeno aquel hombre con voz impotente que se alcanzaba a escuchar al menos hasta donde empieza el camino hasta la cabaña – Dame el cubo y tu muerte será rápida y sin dolor…
Obviamente ella no iba a darle aquello tan fácil. Tendría que matarla primero si quería tenerlo:
-Ven por el… - Escupió algo de sangre mientras trataba de recobrar la compostura.
El hechicero vio esto como un atrevimiento, no se encuentra en condiciones de pedir nada salvo su propia muerte y más aún cuando él sería quién se la dé. Viren de a poco se acercaba a ella, preparando un último ataque ya listo para matarla. Pero se percató de algo de inmediato, puesto que escucho como unos ligeros pasos se aproximaban a él con intenciones hostiles. Cuando quiso darse la vuelta por completo alcanzo a esquivar el ataque por la espalda que Runaan había planeado no hace mucho, pudo rozar algo del ropaje y piel de aquel sujeto pero no de lograr una herida mortal.
-Ah! – Grito Viren mientras miraba con odio a Runaan – Elfo idiota! – El albino se disponía a atacarle nuevamente pero el hechicero fue más rápido y con un golpe de magia oscura le perpetuo en todo su pecho lanzándolo hasta un árbol y logrando que chocara con fuerza violenta la espalda que de inmediato lo dejo fuera de combate – Ni una simple tarea pudiste hacer… - Runaan desde su punto veía ahora como la atención del hechicero fue centrado hacía él – No te preocupes, recuerda que ya estás muerto! – Saco una pequeña daga de su cintura, listo para asestarle el golpe final.
El mayor de los elfos observo a su pupila entonces a lo lejos, luchando por respirar y tratando de darle el tiempo necesario para que pudiera escapar. Al final ella tenía razón, él no era una buena persona y su momento de redimirse había llegado. Viren se percató de aquello, aquel elfo de luna realmente quería morir, sería su premio de consolación ya que no parecía ser posible su reencuentro con Ethari. Cerró los ojos y espero entonces a que lo matara de inmediato, pero tal fue su sorpresa cuando esto no sucedió, puesto que el hechicero había guardado su daga para sacar de uno de sus bolsillos una pequeña bolsita de color morado que él ya reconocía.
-Matarte sería un premio para ti – Exclamó de forma turbia – No, yo creo que mereces algo peor que la muerte – Extrajo entonces una pequeña moneda de allí y el rostro de Runaan se llenó de un completo miedo al saber cuál era el destino que le esperaba – Es hora de que vuelvas a tu celda, monstruo.
Empezó entonces a decir unas palabras que resonaban con eco por todo el lugar mientras el albino gritaba porque no hiciera tal cosa. Rayla desde su puesto veía como un destello de luz purpura comenzaba a emanar de aquella moneda y se fijaba que de a poco entre los gritos desgarradores de Runaan su alma y cuerpo iban volviéndose etéreos mientras eran absorbidos por el poder de aquella magia oscura. Fue tan rápido que en un abrir y cerrar de ojos su viejo maestro ya no estaba allí, parecía que hubiera desaparecido. Miraba todo con un tremendo terror, si tan solo alguien pudiera ayudarla en ese momento, Callum es el único que podía hacerle de frente a tal maldad pero estaba lejos, demasiado lejos.
Viren volteo su rostro hacía la elfa ahora, fue hasta ella lo más rápido que pudo y con fuerza la tomo de sus mejillas con su mano derecha fría y sin alma y con la izquierda revisaba cada uno de sus bolsillos hasta encontrar finalmente lo que estaba buscando: el cubo. Una sonrisa malévola se pronunció sobre su cara, había obtenido finalmente todo lo que necesitaba para regresar al poderoso Aaravos a su mundo y junto con él esclavizar por completo tanto a los humanos como a los elfos:
-Tantas muertes por este simple artefacto – La soltó entonces tirándola al suelo con fuerza admirando el cubo y luego guardándolo en un bolsillo de su abrigo – Pero créeme, valen la pena – Rayla a duras penas alcanzaba a ver las botas de Viren, estaba muy débil como para levantarse y luchar contra él – Oh! No te preocupes, pequeña elfa – Se acuclillo hasta que ella pudiera ver tan solo esos ojos vacíos y oscuros que tenía en ese momento – Sé que estás feliz por ver a los tuyos, no? – Extrajo nuevamente su bolsa y frente a ella tiro varias monedas; cuatro para ser exactos – Me imagino que ya sabes que te vas a reunir con ellos… - Abrió sus ojos como par platos cuando no solo vio plasmado el rostro lleno de terror de Runaan en una de ellas sino también… el de sus padres… tenían expresiones diferentes a la de su maestro, se veían tan… calmados y serenos, como si hubieran aceptado su triste destino. Aquello lleno de tanta tristeza a la albina que sin querer de sus orbes comenzaban a brotar lagrimas que surcaban por sus mejillas – No llores, monstruo – Se burlaba de la situación de Rayla – Pronto vas a estar con ellos.
Una de las monedas estaba libre, al parecer era para ella. Viren entonces comenzó a hacer el mismo hechizo que uso con Runaan y sentía la albina como entre las diabólicas palabras que pronunciaba su vida se escapaba de su cuerpo para redirigirse hacía aquella prisión. Pero entonces, se fijó sin querer que el bolsillo del abrigo del hechicero estaba brillando, era donde tenía el cubo, emanaba unos colores intensos desde aquel lugar… No podía ser cierto…
Sin esperarlo, Viren sintió como una fuerza arrolladora y llena de fuego le era propinada en su rostro. Un golpe tan seco y caliente como el mismo sol, lo arrojo a varios metros de donde por poco casi encierra a Rayla en una de esas monedas. Su barba y parte de su cabello estaban siendo carcomidas por las ardientes flamas que algo o más bien alguien le habían atacado. Su cara estaba empezando a quemarse de a poco, el cuero estaba siendo comido por aquello y cuando dirigió su vil mirada hacia la elfa se percató de un hombre casi igual de alto a él, que llevaba un hechizo de sol envolviéndole el puño y una fiera mirada que él ya había visto antes; esos ojos de color verdes, esa mirada de determinación y valentía que una vez le encaro pocos minutos antes de la muerte de Harrow…
-Tú… maldito mestizo… - Raspeo su voz lo más que pudo mientras trataba de apagar con su magia oscura las llamas en su rostro.
-Hola, Viren? – Pregunto de manera incrédula e iba a utilizar un hechizo para atraparlo, pero antes de que pudiera hacerlo el maligno hechicero uso nuevamente sus trucos para desaparecer rápidamente ante la mirada del joven mago mientras emanaba de la nada una nube de un color purpura oscuro.
Callum no perdió el tiempo, vio la delicada figura de su amante herida frente a él y se dispuso a socorrerla de inmediato.
-Ah! Hazlo con cuidado! Idiota! – Le gritaba la elfa mientras Callum le ayudaba a sentarse. El mago lentamente fue subiendo la prenda superior de Rayla notando unos moretones enormes en el costado izquierdo de esta, eran protuberancias muy grandes y cada instante parecía que se estuvieran hinchando más.
En ese momento estaba tan apenada con él, ni siquiera tenía el valor para verlo a los ojos, no después de lo que le hizo en aquel bosque. Sentía como si mentalmente él la estuviera regañando de miles de formas, claro, era así, porque Callum no emitía sonido o palabra alguna mientras le revisaba las heridas a su novia. Tenía que pedirle disculpas, él no merecía nada de lo que le ocurrió y menos si fue ella quién lo provoco tan solo para perseguir una burda idea que al final resulto siendo falsa… o bueno, no del todo falsa.
-Callum… - Pudo hablarle finalmente, no sin antes sentir toda la vergüenza del mundo caer sobre sus hombros – Perdón… yo enserio no debí haber hech… - No pudo terminar su disculpa como era debido, puesto que un costado de su abdomen emano un dolor tan impresionante que lo único que alcanzo a salir de su ser fue un grito que por poco deja sordo al pobre mago. Se fijó entonces que de dónde provenía aquella tortura era debido a que el pelicastaño con uno de sus dedos había presionado la hinchazón que su costilla rota había provocado – Y eso por qué fue?! – Le reclamaba furiosa.
-Eso fue por haberme intoxicado en el bosque – Denotaba una sonrisa burlesca de haberle hecho pagar de esa manera lo que le hizo – Y esto… - Nuevamente volvió a presionar en el moretón para dejar que Rayla pegara otro grito adolorido – Por haber hecho algo tan estúpido y peligroso.
La elfa ni iba a reclamarle por eso, de verdad que se lo merecía por ser tan idiota con él. Si hubiera ido con él desde el principio nada de esto habría sucedido. En todo caso, al parecer Callum no es que estuviera molesto con ella, de hecho tampoco mostraba ninguna señal de que estuviera enojado, todo lo contrario, la trataba con el mismo cariño y amor que ha demostrado los últimos días y eso era un gran alivio para ella.
-Qué demonios fue lo que paso? – Le preguntaba confundido – Por qué Viren estaba aquí?
-Ese era Viren? – Rayla parecía estar igual o más enredada que el propio mago – Vaya que sí es todo un personaje de terror – Al menos su humor no había desaparecido y el chiste lograba el propósito de calmarles un poco – No sé qué hacía aquí, parece que lo único que quería era tu tonto cubo…
-Por qué querría un juguete? – Al parecer la innata curiosidad del mago comenzó a picarle – Es un cubo mágico, pero fuera de eso no puede hacer mucho – Explicaba pensativo.
-Parecía ser importante para él…
Callum observaba hacia ambos lados como si estuviera buscando algo a sus alrededores… o más bien a alguien.
-Y Runaan? – Le cuestiono.
-Es verdad! – Rayla se arrastró un poco desde donde estaba sentada para dar con la suerte de que aquel hechicero no se había llevado las monedas que apresaban no solo a su maestro sino también a sus padres. Las agarro del suelo y se las paso al pelicastaño – Creo que… al final Runaan tenía razón… si encontré a mis padres…
Callum observo aquellas fichas doradas quienes contenían no solo el rostro aterrado del elfo de luna sino también otros dos que él no reconocía por completo… espera… ¿Sus padres? Al parecer fueron encerrados de la misma forma que Runaan puesto que observaba sus figuras desde donde parece estar. En una de las monedas se podía ver la cara de un elfo de su misma clase pero con marcas diferentes y un cabello más corto y en la otra una joven elfa que era muy parecida a Rayla… ¿Realmente eran ellos?
-Son tus padres? – La albina solo asintió mientras se mordía el labio inferior aguantando el dolor – Vaya… Hola padres de Rayla! – El muchacho solo dio una sonrisa saludando a las monedas – Soy Callum, un… - Buscaba una palabra adecuada para dirigirse a sus suegros – Soy la pareja de Rayla, mucho gusto!
¿En serio le estaba hablando a un par de monedas? No tenía ni idea de cómo interpretar aquello, se veía tan tonto haciéndolo… tonto pero adorable.
-No creo que te escuchen, Callum – Trataba de levantarse pero cada intento resultaba insufrible pues su fuerte dolor no le permitía. El príncipe le ayudo a ponerse de pie pero era obvio que en esas condiciones no podrían viajar al menos por unos días – Tenemos que sacarlos de ahí… - Le miro a su rostro determinada – Sabes cómo hacerlo?
Se quedó pensativo por unos minutos. Era magia oscura lo que encerró a esos elfos allí, así que el mismo arte debería ser la clave para liberarlos. No conocía a mucha gente que pudiera hacer magia así… de hecho, solo conocía a una. Callum le dio un tierno beso en la frente a Rayla, cosa que ella no entendió bien porque lo hacía en ese momento, pero tampoco iba a negarle el gesto:
-Conozco a alguien que nos puede ayudar – Le guiño el ojo confiado a lo que la elfa solo le sonrió de forma cariñosa – Pero primero hay que encargarnos de esas heridas, el viaje es largo y no creo que puedas cabalgar – Le propuso a lo que ella no se quejó ni negó, era lógico que no podía aguantar un largo trayecto – Al menos atrapamos a Runaan, eso es un mérito… - Iba a guardar aquellas monedas en su bolsillo a lo que la albina le objeto de inmediato:
-Callum… podría llevarlos? – El mago de inmediato le paso las fichas doradas a Rayla y esta antes de guardarlas les dio un último vistazo sonriendo de forma melancólica – No se preocupen, voy a sacarlos de ahí…
-o-
Soren y Claudia finalmente estaban juntos después de tanto tiempo, realmente solo paso un poco más de una semana pero para ambos fue una eternidad. Sin saber que sucedía a su alrededor y más aun desconfiando entre los maliciosos actos que hacía su padre en las sombras. A pesar de que los dos trataban de entablar una conversación sin tener que tocar el tema de su progenitor era lógico que en algún momento debían hablar de ello quisieran o no. La pelinegra era la que peor la estaba pasando, Viren no solo quería liberar un enorme mal al mundo sino que también se atrevió a casi matar a su único hermanito, a la persona que ella más ama en el mundo, eso sí que le hervía la sangre de sobremanera, tanto así que estaba decidida a no ser más conocida como la hija de aquel vil y ruin sujeto.
Soren no se atrevía a dar la primera palabra sobre lo que ha estado ocurriendo en el reino y más concretamente sobre las acciones de su papá. Pero sentía que Claudia la estaba pasando mal, tal vez presentía que estaba siendo juzgada por los hechos de Viren y eso era algo injusto, ella ya ni siquiera coqueteaba con la magia oscura y el poco afecto que sentía sobre ese hombre desapareció desde el primer momento que bajo del dragón.
-Claudia, no vale la pena que te atormentes así… - Finalmente le hablo – Ambos sabíamos que tarde o temprano haría algo terrible desde las sombras – Quería hacerla sentir bien, pero no funcionaba – Oye! Los elfos de luna no son tan huraños como pensaba, sabes? – La pelinegra giro un poco su rostro para verlo – Solveg resulto ser buen tipo a pesar de todo…
-Sí, te salvo la vida – Le dio una pequeña sonrisa – Se podría decir que tú se la salvaste a él poco después – En eso tenía razón – Aunque es una pena que este tan débil… - Su gesto cambio nuevamente a uno de total seriedad – Entonces, Viren quiere liberar a Aaravos?
-Eso parece, tiene el espejo ahora – A la mente del guerrero nuevamente regresaban aquellas horribles imágenes de esos elfos muertos en el camino hacia la brecha – Mientras no tenga la llave no creo que pueda hacer mucho.
-El cubo de runas de Callum, no? – Soren asintió – He estado pensando que quizás ya lo debe de tener…
Ambos se quedaron en silencio después de esa frase. Si algo tenía Claudia era una gran moción para saber de las cosas que podría hacer Viren luego de que el espejo ya lo tuviera en sus manos y no sonaba tan errónea, su padre debía ya maquinar algo para obtener aquel objeto a como fuera lugar.
-De verdad crees que Callum se lo va dejar quitar tan fácil?
-Se distrae mucho cuando esta con Rayla – Explicaba molesta – Tal vez ya se las ingenió para hacerlo…
-Si es así entonces ahora sí estamos en un gran problema, Clauds…
Iban a continuar con su conversación, pero de la nada un guardia del reino llegó hasta donde estaban los hermanos y le pidió a la pelinegra que por favor se presentara con el rey de inmediato. Quizás el tiempo de pensar de Ezran ya había pasado y ya se debía sentir algo mejor. Soren asintió su cabeza como diciéndole que podía marcharse a cumplir con sus deberes reales y de inmediato partió hacia el gran salón del trono. Una vez allí, encontró al moreno mirando desde una ventana su reino, parecía un poco más calmado a como lo dejo hace un buen rato, debía estar esperando alguno de sus consejos para saber cómo actuar ahora que estaban al borde de un peligro enorme.
-Mi rey – Reverencio Claudia de forma elegante, tenía que recordar que ya no estaban de viaje, ahora en el reino debía tratarlo como era debido – Me ha ordenado llamar, que puedo ofrecerle?
-Claudia – Volteo su rostro para verla – Tú conoces a Viren mejor que nadie… - Decía con una voz algo apagada – Cual crees que sea su próximo paso?
Claudia se quedó pensativa unos instantes, imaginando los posibles escenarios que daría su padre con el tiempo:
-Creo que lo que necesita es el cubo que tiene Callum – Contaba – No sé qué clase de poder tenga Aaravos, pero si mi padre esta tan interesado en liberarlo es por alguna razón muy peligrosa – Ezran entendía bien que quizás Claudia tampoco sepa contra qué clase de enemigo se están por enfrentar – Si quiere un consejo… debería hablar con los otros reyes, decirles sobre la situación y esperar que se unan a nosotros para hacerle de frente.
Para el monarca real eso tiene sentido. Pero había un problema, todo empezó por su falta de cuidado, si hubiera estado más atento a Viren tal vez nada de esto habría ocurrido en primer lugar, los otros reyes no querrían formar una alianza con alguien tan débil y poco preocupado hasta por las minimices de su reino que al final terminaron volviéndose en un peligro mayor.
-Y si Callum lo acaba primero? – Le pregunto, tal vez su hermano no sería tan tonto para dejarse quitar aquello – Es decir, es más poderoso que Viren, no?
-Mi rey… - Claudia no tenía idea de cómo decirle que su hermano a veces es igual o hasta más descuidado que él – Es Callum… - Arqueo una ceja y de inmediato Ezran entendió el mensaje, tal vez al final ella tuviera toda la razón. Debería dar la noticia a los otros reyes para que se preparen por si Viren visita sus reinos.
-Claudia, envía unas cartas con el maestro de los cuervos – Le ordeno – Hay que formar la pentarquía lo más pronto posible…
-o-
Callum era una persona muy afortunada a final de cuentas; tenía una buena vida, una hermosa elfa de luna a su lado y también tuvo la suerte de dar con un pequeño pueblo no muy lejos de donde se encontraba la cabaña donde no solo atraparon a Runaan… aunque "atraparon" es una palabra muy grande para él, pero también encontraron a sus padres… tampoco era que se encontraran en las mejores condiciones. En todo caso tenía mucha suerte de que una adorable pareja de ancianos le permitieran quedarse unos días hasta que la oji violeta se recuperara al menos para poder cabalgar de regreso a Katolis. El viaje iba a ser largo desde Duren, tenía que sentirse al menos fuerte para soportar el trayecto. Obvio iba a pagarles, después de explicarles quién era y que tal acto de amabilidad no se iba a quedar sin recompensa les ayudaron en lo que más pudieron para hacer que Rayla pudiera dar más de dos pasos sin quejarse.
Durante sus días allí su relación se fue estrechando más y más, hablaban por horas sin parar como era de costumbre, tan era así que a veces sus caseros tenían que ir al pueblo con la excusa de ir a comprar algo pero solo era para no tener que aguantar tanta chacharería por parte de los jóvenes. Lo más curioso era que estaban maravillados con tener a una elfa de luna en su hogar, por lo general no suelen ir tan lejos realmente. En todo caso durante algunas noches Rayla no era capaz de conciliar bien el sueño; se quedaba por un largo rato durante las veladas observando las monedas donde estaban atrapados sus seres queridos. A veces sin querer la escuchaba como les hablaba, como haciéndoles sentir que ella estaba allí para hacer todo lo posible por liberarlos y también oía leves sollozos cuando les comentaba cuanto los extrañaba. ¿Sus padres serían igual de conservadores a Runaan? Bueno, no es que haya tenido mucho tiempo de verlos tampoco… aunque en su situación tampoco es que pudieran dar una observación sobre la relación de su única hija con él.
Por otro lado, el mago también estaba un poco pensativo a la hora de ir a dormir ¿Cómo fue que Viren escapo de las mazmorras del castillo? ¿Por qué quería su juguete? ¿Y por qué tenía a los padres de Rayla encerrados en esas monedas? Ahora que lo piensa todo un poco más claro, quizás esos elfos jamás huyeron de la guardia dragón ni permitieron que el huevo de la reina dragón fuera destruido, tal vez, solo dieron con la mala suerte de enfrentarse a ese sujeto quién obvio al poseer magia oscura tenía mucha ventaja.
Desde su puesto al otro extremo de la alcoba, donde dormía por esos días en un cómodo mueble para no molestar ni lastimar a Rayla en la cama la miraba, al parecer ella tampoco estaba teniendo facilidad para menguar.
-Rayla… - Le llamo en un susurro – Rayla! – Alzo la voz un poco más y la elfa reacciono girando su rostro para verlo – Oye, he estado pensando… por qué Viren encerraría a tus padres en esas monedas?
-Quizás se toparon con él y lo sacaron de casillas… - Explico la albina de forma juguetona, al menos no estaba bajando el ánimo por nada.
-Tal vez… o quizás… - Se sentó entonces en el mueble – Tus padres tal vez se quedaron a defender el huevo del príncipe dragón el día que Viren lo robo – Aquella posibilidad parecía ser muy acertada para Rayla – Y viendo que Viren prefiere torturar en lugar de matar los encerró en esas monedas para atormentarlos.
-Me dices que mis padres jamás huyeron? – Hizo lo mismo que el mago y se acomodó para sentarse sobre la cama – Tal vez fue así… - Agarro aquellas monedas que dejo encima de una mesita para verlas por quién sabe cuanta vez en el día – Sí… - Levanto la mirada hacía su amante quién no paraba de mirarla mostrándose con una sincera sonrisa – Quizás cuando los liberemos sepamos qué fue lo que sucedió…
Callum se levantó de su mueble para ir junto a su elfa y sentarse a su lado y abrazarla con un brazo para que esta recargara su cabeza sobre el pecho de este.
-Este lugar no esta tan mal, sabes? – Dijo Rayla – Es tranquilo, sereno, las noches se ven preciosas desde aquí - ¿Se estaba empezando a acomodar en esa casa?
-No podemos quedarnos con esta casa, Rayla…
-Ya lo sé, tonto – Le golpeo de forma suave en las costillas al mago – Solo digo que el día que nos cansemos de explorar el mundo tal vez deberíamos hacer una casa así…
-Qué tiene de malo el castillo? – Pregunto fingiendo estar ofendido.
-Si no tuviera nada de malo quizás no estarías todo el tiempo de viaje, no? – Vaya, al parecer Rayla dio en el clavo en algo que Callum jamás le ha comentado a nadie – Ahora que lo pienso… tienes todo para vivir de forma cómoda por el resto de tu vida pero prefieres dormir en los bosques y parecer un vagabundo – Reía de la descripción del mago durante el tiempo que se han vuelto a conectar.
El mago supuso que se encontraba listo para tener esa conversación con alguien, una charla que ni siquiera con su hermano ha logrado tener.
-Tal vez lo que hacía mi hogar el castillo ya no está – Confeso. Rayla comprendió en ese instante lo que se refería.
-Y Ezran? – Inquirió curiosa – Es tu familia también…
-Lo sé, pero él ha estado destinado a ser el que lleve las riendas desde su nacimiento – Explicaba – Poco después de que Harrow murió leí una carta donde me pedía que fuera el consejero, amigo y confidente de Ezran – Llevo sus ojos hasta los de la elfa pero se mostraban tan… ¿Tristes? ¿Callum estaba triste? – Supongo que si me viera ahora estaría muy decepcionado de mí… al final no soy tan distinto de Runaan o Viren, mi egoísmo por aprender magia me ha apartado de la única familia que me queda…
Eso no era cierto, ante los ojos de Rayla; Callum era un ser humano excepcional, si tan solo todos fueran así… probablemente el mundo estaría plagado de idiotas, pero idiotas con un buen corazón y eso es lo único que importa. Tal vez su interés por la magia le alejo mucho de su hermano, pero Ezran no podía retenerlo en su vida como lo habría deseado su padre, no, él era un ser libre con ansias de conocer todo lo conocido y descubrir de más para las futuras generaciones. Sin que el muchacho lo esperara fue que la oji violeta le dio un tierno beso en la mejilla:
-Oye, no eres malo… - Le regañaba susurrando – No tienes por qué sentirte mal. Eres un poco tonto, sí… pero no eres alguien malo o egoísta – Esas eran las palabras necesarias para levantarle el ánimo, de todas formas ya ha estado pasando por mucho los últimos días gracias a su pequeña aventurilla.
-Gracias… - Le devolvió el gesto con un beso en toda la coronilla de la cabeza – Me pregunto por qué esta cosa no ha vuelto a apretarse? – Miraba uno de sus listones de manera divertida, ni él sabía porque estaba preguntando eso, debía ser bueno no sentir aquel apretón por un tiempo.
-Funciona por periodos de tiempo, en unos días volverá la tortura – Le guiño el ojo divertida pero esto no le hizo nada de gracia – Por cierto, Callum… Quién es Viren? – Ahora que lo piensa de forma más calmada, jamás he tenido contacto con aquel hombre hasta ese día – Pensé que lo que quería era matarnos o eso fue lo que Runaan me dijo.
-No creo que quiera matarnos… - Contesto – O al menos no ahora… en todo caso era el mejor amigo de mi padrastro - ¿Esa espeluznante criatura era alguien cercano a la realeza? Eso explica tantas cosas extrañas de Katolis – Era como su hermano, por así decirlo… también era su consejero real y el hechicero del reino – Así que por eso podía manipular magia oscura, no parecía ser alguien agradable – Además de ser el padre de Claudia y Soren…
-Eso explica porque sabe tanto Claudia de magia oscura – De repente algo se le vino a la mente, no es que lo hubiera imaginado en su momento, pero ya más o menos sabía que era lo que Callum quería hacer con sus padres y Runaan – Ni loca voy a dejar que ella los toque con su magia! – Le advirtió de inmediato.
-Supuse que ya lo sabrías desde hace días – Contesto de manera sarcástica – Es la única que conoce todos los hechizos de Viren, tal vez sepa como liberarlos…
-Y tú magia no puede hacerlo?
-Lo que los encerró fue magia oscura… - Contesto rápidamente – Yo no… quiero hacerlo…
Las malas experiencias con aquel arte lo habían dejado marcado de por vida y aunque hace unos días estaba replanteando usarla para encontrarla al final gracias a los grandes no fue necesario. Al final no le quedaba de otra, al menos tenía la esperanza de recuperarlos, no importa como fuera, lo que realmente era importante era volver a tenerlos.
-Lo que no sé… - Desvió su atención nuevamente – Para qué quiere ese cubo? – Callum estaba a notar cierta preocupación en sus palabras – Es un juguete!
-Tal vez no sea para nada bueno, quizás planea algo maligno…
-Mi padre hace años en la carta que te comente me dijo que era la "llave de Aaravos" – Rayla se tensó al escuchar aquel nombre salir de la boca de su amante – Dijo que yo sería el que descubriera sus secretos, pero la verdad solo he descubierto algo muy banal… - ¿Aaravos? ¿Era enserio? ¡Pero es un mito! Ni siquiera los elfos de su generación creen en esa cosa… Es solo una vieja historia de dragones y un elfo maligno, nada más, no hace parte de su realidad – Rayla… Rayla… - Canturreo su nombre al no recibir respuesta después de lo que dijo.
-Callum… que sabes de Aaravos?
-o-
Lejos, en las entrañas de una cueva muy distanciada de cualquier pueblo humano, en las montañosas cordilleras del reino de Del Bar, en una caverna desolada y solitaria se encontraba un hechicero refunfuñando contra un espejo del que mucho esperaba pero nada le ha dado. Mientras miraba su frustrada mirada en el reflejo se quejaba internamente del daño que el mestizo le hizo en su pequeño encuentro en aquel bosque de Duren. El muchacho al parecer ha aprendido algunos trucos durante sus años de encierro ¿Controlar la magia primaria del sol? Eso es admirable, debía de tratarse del primer ser viviente a parte de los elfos en poder usar aquel poder a su antojo ¿Tendría más conexiones? Si no estaba mal su hijo; Soren, le comento que era un mago poderoso, y, al parecer, tenía toda la razón.
Su desfigurado rostro, recordatorio de un pequeño desliz de precaución lo acompañaría por el resto de la vida. Si en un principio tomar la vida de ese par de jóvenes tontos no estaba de entre sus prioridades ahora sí que lo eran… Se hizo unos cuantos pasos atrás y por milésima vez desde que reposa en aquella caverna volvía a repetir un hechizo que al pronunciar las palabras que necesitaba para realizarlo las paredes del lugar comenzaban a moverse de forma frenética mientras la poca luz que emanaba se iba extinguiendo con cada oración de aquel idioma espectral y oscuro que él conocía.
Estiro el cubo de runas en dirección hacia el espejo y por unos segundos parecía que estaba por lograrlo, por liberar a su confidente y su consejero personal: Aaravos. Aquel mueble se movía y brillaba de forma estrepitosa, hasta alcanzar un color morado incandescente que era lo único que daba luz en aquella fría cueva. Pero como empezó, se esfumo, nuevamente el hechizo se deshizo frente a sus ojos y frustrado y cansado arrojo aquel artefacto lejos lleno de ira y desesperación.
-No funciona! – Grito y su voz se hizo eco – Nada funciona!
De pronto, del otro lado del espejo la imagen de un elfo de estrellas apareció frente a él. Un cabello largo lacio de color semi plateado, astas más altas que sus demás congéneres élficos, una piel que transtornaba entre lo negro y morado junto con pequeños puntos de soles explotando en su interior con un enorme celeste de color oscuro en su pecho y unos ojos tan negros que daban el peor de los miedos encarnados, era Aaravos, quién no paraba de reír de los infructuosos intentos del humano por liberarlo desde hace días.
-Tal vez no te esfuerzas lo suficiente – En el lóbulo de su oreja derecha resalía una pequeña oruga de color morado que era el medio para comunicarse con el hechicero por medio de esta – O quizás ya no eres tan poderoso como antes.
-Silencio! – Le recalco enojado lo que hizo que el elfo solo sonriera de forma más macabra – Tus hechizos no funcionan! El cubo no funciona! Me has mentido todos estos años!
-Viren… desde cuando nuestra relación se basa en engaños y mentiras? – Le confeso fingiendo indignación – Avizamdun no me encarcelo con magia oscura, el cubo está cargado de mucha magia primaria que al parecer el muchacho ha ido haciendo con los años… - Espetaba de manera elegante y el hechicero no parecía entenderle – El cubo no va a funcionar por completo si todas las fuentes no yacen cargadas en él…
-Y cuál es la fuente que falta, según tú?
-La luna…
Viren fue a recoger el cubo y aunque él no pudiera sentir la magia primaria que emanaba de este, Aaravos sí podía, incluso encerrado en el espejo. Aquel chico, Callum, le faltaba poco para convertirse en un poderoso archimago y eso se veía reflejado en la llave, parece ser que años de usarlo ha dado buenos frutos, al menos no tendría que ir por todos los reinos buscando criaturas de todas las fuentes para cargar el cubo de las fuentes principales. El hechicero buscó en todos sus bolsillos algo muy interesante que pudiera servirle, si Aaravos tenía razón solo necesitarían un simple elfo para llevar a cabo el resto, pero de tan mala suerte que recordó que las monedas donde tenía encerrados a su pequeña colección de elfos de luna la dejo tirada una vez que el muchacho le ataco a traición.
-Tendremos que volver a Katolis…
-Sí! Hay que hacerlo pronto, antes que los demás elfos se marchen… ahora que lo pienso, fue mala idea haber matado a esos que iban en la caravana con mi espejo…
-Tú fuiste el que me pidió matarlos – Se excusó, Aaravos abrió sus ojos sorprendido pero aun así no cambio el semblante tranquilo que tenía.
-Detalles, detalles… no perdamos tiempo…
-o-
Al día siguiente, en aquella cabaña donde los jóvenes habían reposado durante días hasta que la albina se sintiera mejor, se preparaban ya para partir de regreso a Katolis. Tenían a Runaan, bueno, no de la forma que querían, pero de que lo atraparon, lo atraparon. A pesar de las heridas, Rayla ya estaba un poco más animada de volver a las monturas, necesitaba llegar lo más pronto posible al reino y pedirle ayuda a su nueva "amiga" de liberar no solo a su maestro sino también a sus padres. Estaba emocionada, quizás al final el pelicastaño tendría razón, ella era la única esperanza de recuperarlos. La humilde pareja de ancianos que les dieron cobijo se sintieron un poco tristes de verles partir tan rápido, eran la sensación del pueblo desde que dijeron que una elfa de luna se estaba hospedando en su hogar y por ello recibían toda clase de elogios de saber que hasta aquellos confines del mundo la gente se sentía orgullosa y feliz de que la guerra hubiera terminado.
Fue una rápida despedida, no querían llamar la atención de los lugareños ni mucho menos hacerles tumulto en la casa para despedir a Rayla, así que a primera hora de la madrugada partieron nuevamente hacia las tierras de Katolis. Si no se detenían salvo a descansar lo necesario probablemente podrían llegar en un par de días al reino. La guerrera trataba de seguirle el paso a su amante, pero le era muy difícil realmente, cada galope le golpeaba con fuerza las costillas y debían aminorar el paso para no lastimarse ni perder lo poco que se ha curado con los días en aquella cabaña. De esta forma sería difícil regresar al castillo del príncipe, aun así, debía dar todo lo que tenía en ese momento, no era tiempo de mostrar debilidad, si mermaba el paso era solo para decir que el caballo se estaba cansando. A Callum le hacía gracia aquello, aún con heridas así quería seguirse haciendo la fuerte, era una de las tantas cosas que tanto le enamoraban de la albina, le seguía el juego para no hacerla sentir mal.
A pesar del buen ambiente que llevaban cabalgando y charlando de tonterías, Callum pensaba en la historia que Rayla le contó sobre Aaravos la noche anterior. Según ella era un archimago elfo de las estrellas muy poderoso… y también muy malvado, lo suficiente como para ser encerrado por el rey de los dragones de aquel entonces. La elfa le dijo que solo era una vieja historia para asustar a los niños elfos: "Si no te portas bien, el mago Aaravos te llevara" ¿Tan así es? ¿Qué parte es real y que parte no lo es? Pero si era un genio con el arte de la magia primaria no debía ser malo… ¿O sí? Ella no fue muy explícita en contar los detalles de aquel sujeto, quizás sea porque no conocía bien del tema o porque solo le han dicho que es algo mitológico. ¿Pero Viren como cuadra en todo esto? Sus ansias de poder lo han llevado al extremo de creer en seres de viejas leyendas, eso parece, quizás sus años de encierro lo hicieron enloquecer.
Pasadas las horas, mientras galopaban por un hermoso valle que mostraba la naturaleza en todo su esplendor fue que Callum a lo lejos en el cielo observo algo poco común: Un cuervo, más exactamente un cuervo mensajero. Se detuvo unos segundos para apreciarlo y noto que en su patita llevaba una especie de papel pegado a esta, un mensaje probablemente… un segundo, reconocía a esos animales, provenía en dirección desde Katolis y parece que iba hacía el reino de Duren. A pesar de que aquello inundo su innata curiosidad lo dejo pasar de largo, no era momento de distraerse, tenían que continuar.
Conforme pasaba el día, el sol se iba ocultando entre las montañas, cansados de dormir en el frío pasto y acostumbrados ya al lujo y comodidad de una cama caliente optaron por detenerse en un pueblo que no estaba muy lejos de ellos. Pero había un problema o más bien, un enorme contratiempo: no tenían ni una moneda de oro. Tuvieron suerte con esa agradable pareja de ancianos pero no creían que el resto de la gente fuera así, porque aunque una elfa de luna fuera interesante a la vista, era mucho más valioso tener unas cuantas piezas de oro para el resto de mortales. Además estaba el dilema de la comida, tenían que ingerir algo ya que no abusaron de la hospitalidad de aquellas personas y no se llevaron nada de sus despensas, no era justo.
Pararon a unos kilómetros de aquel pequeño pueblo quién a pesar de lo que parecía estaba muy bien estructurado. La iluminación que emanaba era lo suficiente como para brillarles desde su punto y al parecer… vivía mucha gente allí.
-Y bien… - Rayla le cuestiono – Solucionaste ya el problema del dinero? – El estómago de la albina sin querer empezaba a rugir de hambre, no habían comido nada durante el camino.
-Tengo una idea… - Suspiro de forma pesada – Pero es muy humillante…
-Vas a pararte en mitad del pueblo a hacer trucos de magia? – Le indago con una maliciosa mirada en su rostro como si se estuviera burlando.
Callum no respondió a aquello, obvio era eso. Siguieron su camino hasta las entrañas de aquel lugar donde a primera vista no pasaban desapercibidos. No era común tener de visita a un elfo por esos lares, tanto así que entre murmullos y pequeños susurros que las puntiagudas orejas de Rayla se percataron a escuchar decían los lugareños. Aquello no le molestaba, de hecho, le agradaba que la trataran como si fuera una persona más y no un monstruo como en años anteriores. Se detuvieron exactamente en una pequeña plaza que daba en todo el centro una pequeña fuente y una estatua de la reina Aanya en sus días de adolescencia, parecía resiente. Bajaron de sus caballos y les amarraron junto a un árbol para que no huyeran por si las cosas se salían de control.
-Sígueme el juego, está bien? – Le pidió a Rayla y esta asintió sonriendo. Fue hasta la fuente donde se paró en un murillo no muy alto y grito – Pueblo de… - Al hacerlo algunas personas que pasaban por allí optaron por detenerse, el muy idiota no sabía el nombre de aquel lugar, tanto así que tuvo que señalar a un tipo que apareció de la nada para que desvelara el título:
-Turuk…
-Pueblo de Turuk! Mi nombre es Callum! Y la hermosa elfa de luna que me acompaña se llama Rayla! – Alzo la voz mostrando emoción y esto comenzó a cautivar la curiosidad de los lugareños – Vamos de pueblo en pueblo por los reinos humanos para mostrar nuestras habilidades! - ¿Acaba de decir "nuestras"? ¿Hablaba en serio? Ella no sabía nada de magia – Y emocionar a los lugareños con geniales y espectaculares trucos de magia!
Ante aquello no recibió ni aplauso ni ovación alguna por parte de su público, de hecho, parecía más un loco gritando que un mago.
-Já! Como no! – Un hombre robusto y calvo que hacía parte de la gente le gritaba – Los humanos no pueden hacer magia, amigo.
-Oh! Estas seguro? – El joven sonrió de forma maliciosa y de repente hizo una señal con los dedos y pronuncio – Ignis Flammae!
De la palma de su mano derecha salía una enorme ráfaga de fuego que lanzó al aire que alumbraba por debajo de los que veían incrédulos aquello. Realmente era un mago, dejo con la boca cerrada a aquel sujeto.
-Oh! Y no puedo hacer solo eso! – Con un hechizo más complejo todavía, pero manteniendo la misma fuente de sol, invoco una enorme esfera de fuego que subía hacía los cielos y que en un destello explosivo desaparecía dejando varias líneas de fuego en el aire que se desvanecían a lo largo del pueblo. La gente ahora sí parecía estar más interesada, tanto así que de a poco empezaban a aplaudirle por aquel truco – Gracias, muchas gracias! – Reverenciaba agradecido del recibimiento que ahora sí merecía.
-Puedes hacer algo con agua? – Le pedía a lo lejos un tipo de entre la multitud.
Obvio no iba a defraudarlos, y, luego de hacer otra de sus respectivas señales, de la fuente de la plaza, el líquido comenzaba a levantarse a sus espaldas formando tras de sí lo que parecía ser la figura de un delfín que sin que nadie lo esperara comenzó a flotar de entre la gente. Asombrados no paraban de aplaudir ni de ovacionar al joven mago, pero a pesar de que fuera un experto en el tema también era muy descuidado, porque sin imaginarlo ni controlarlo su criatura acuática se deshizo encima de los lugareños mojándolos en el acto. Creyó que lo iban a bajar a rocas, pero no se esperaba que vitorearan ni se emocionaran tanto con aquello, parecía que les gustó eso, lo suficiente como para que continuara con sus trucos.
Rayla estaba maravillada, ya sabía que era un mago excepcional pero no tenía idea de hasta donde lo sería, al menos no se iba a aburrir con él a su lado jamás. De entre más trucos hacía la gente más se emocionaba, lo suficiente como para que fueran hasta ella y le dieran algunas monedas, tuvo que abrir su bolso e indicar que las depositaran allí si querían contribuir. En un abrir y cerrar de ojos tenían suficiente dinero para pasar la noche en el pueblo, comer de forma decente y tener una cama caliente.
-Oye! Y la elfa que hace? – Fue entonces una mujer quién le pregunto al pelicastaño.
-Oh! Ella… - Pensó por unos instantes en algo para que ella pudiera hacer y obvio desde su puesto la albina lo miraba y negaba nerviosa con la cabeza y sus manos, como si le dijera que no quería ser parte del espectáculo – Es una elfa de luna, una poderosa guerrera y una maestra con las armas - ¿La estaba alabando? – De hecho, de entre todos los de su clase, ella es la mejor – Rayla empezó a sonrojarse ante esas palabras – Tanto así, que posee la mejor puntería en todo el mundo!
-Qué?! – Le grito de inmediato al mago y de un fuerte agarrón del brazo lo bajo de donde estaba – Callum! Qué crees que haces?! Ya tenemos suficiente! – Le susurraba, no quería armar una escena frente a esas personas.
-Vamos, Rayla… será fácil… - Se separó de ella y volvió a gritar – Quién quiere poner a prueba las habilidades de esta poderosa elfa de luna! – El mago levanto el brazo izquierdo de su pareja mientras ella con su mano derecha ocultaba su rostro de la vergüenza que sentía ahora mismo.
Pasaron unos instantes y nadie se atrevía a salir. Por esos momentos la elfa se sintió muy aliviada, aunque confiara en sus habilidades podría todo irse de pique con los nervios que sentía encima.
-Yo quiero ver que puede hacer – De entre la multitud salió un sujeto un tanto extraño; su aspecto se asemejaba mucho al de un Callum un poco más adulto; claro, sin obviar el hecho de que este personaje tenía una barba más larga que llevaba trenzada y un cabello castaño que llegaba hasta la cintura, además de una piel mucho más morena y unos ojos de color avellana – Tengo este viejo medallón – Exhibió el objeto ante los ojos de la pareja – Si me lo tumbas de la mano te creo que tengas la mejor puntería en estos reinos…
Parecía fácil, no era algo tan complicado después de todo… hasta que Callum abrió la boca.
-Vamos! Solo eso? Subamos más el desafío - ¿De qué demonios estaba hablando? – Lo hará con los ojos vendados y con una mano atrás!
-Espera… Qué?! – Le agarro de la oreja al mago y este chillo en ese momento de dolor – Te volviste loco?! Y si lo mato?! – Todo esto ya se le estaba saliendo de las manos a Callum, tanto que por poco lo golpea.
-Vamos, Rayla… - La calmaba de forma tierna – Yo sé que puedes…
La impaciente víctima no quería esperar más, tanto así que parecía desafiarlos a ambos con su sonrisa picarona. Rayla solo soltó un suspiro pesado y una mirada amenazante a Callum como advirtiéndole que luego de eso iban a tener mucho de que discutir. La elfa acepto el desafió, de entre la gente alguien le paso una venda de color negra y un pequeño cuchillo. Observo fijamente el objetivo y memorizo el lugar donde se encontraba el medallón; el sujeto lo sostenía muy a la par de su rostro al lado izquierdo, cualquier desviación podría herirlo o peor todavía, matarlo.
Visualizo por última vez el medallón y se puso la venda en sus ojos, poso su mano izquierda atrás y levanto el cuchillo hasta la altura de su rostro para luego tomar un hondo suspiro. Reflejo la posición del joven en su mente y sin pensarlo demasiado se dispuso a lanzar el afilado objeto. Pero algo parecía ir mal, porque antes de que aquello se deslizara por sus dedos sintió como su brazo era halado un poco hacía la derecha. Era muy tarde, imagino todo lo peor cuando el cuchillo ya salió de su alcance y creía que iba directo a la cara del sujeto. Paso muy rápido puesto que un grito agudo se escuchó desde la posición del sujeto, luego de que el cuchillo diera exacto en el medallón se alcanzó a oír el choque de este contra el metal, tanto asusto a la albina que de inmediato se quitó aquello que impedía ver con claridad, creía que le había dado sin querer al joven.
Se encontró entonces con que le había jugado un mal rato, el chico se encontraba bien y lo peor era que se burlaba del rostro lleno de miedo de Rayla. No parecía entender bien que era lo que paso, creyó que había fallado en ese tiro.
-Tienes razón, elfa – Dijo el muchacho mientras recogía su medallón del piso – Si parece que tienes la mejor puntería en estos reinos…
Rayla se giró hacía Callum quién tenía el ceño fruncido y no paraba de ver de mala manera a aquel extraño ¿Por qué se siente tan hostil? ¡Fue su idea después de todo! Aunque el tipo se había ya entremezclado entre la multitud quién no paraban de aplaudir por lo que habían visto, el joven mago seguía persiguiéndolo con la mirada…
Después de un breve rato recogiendo lo que ganaron y luego de que la gente empezó a dispersarse, Callum todavía tenía un semblante muy serio y bastante extraño, no era el de siempre. Rayla imagino que quizás no fue buena idea lo que le propuso, hasta estaba esperando una disculpa directa, pero nada de eso, el joven continuaba sin habla después de lo que ocurrió.
-Qué tienes? – Preguntó preocupada.
-Creo que deberíamos irnos de aquí, Rayla – Propuso – Compremos lo que necesitemos y acampemos lejos de este pueblo…
La elfa estaba confundida, fue su idea después de todo permanecer y quedarse allí durante esa noche ¿Por qué ese cambio tan drástico?
-Y eso? – Continuaba confundida – Dijiste que querías dormir en una cama cómoda hoy… - Levanto una ceja mostrando algo de preocupación a su pareja.
Durante la demostración de las habilidades de la elfa, Callum noto algo muy extraño instantes antes de que ella se dispusiera a lanzar aquel cuchillo, algo muy maligno y oscuro.
-Ese tipo quería que lo lastimaras… - Le contó – El cuchillo iba en dirección a su rostro pero lo desvíe con un leve "Aspiro" que nadie alcanzó a notar – Rayla estaba aterrada ¿Por qué quería ser lastimado?
-Ahora que lo pienso… - Recordó algo muy inquietante – Unos segundos antes de que lanzara el cuchillo sentí como mi brazo era halado – El mago frunció más el ceño ante su historia, él ya lo sabía, puesto que lo vio todo – Tú crees que él sea un…
-No lo sé, Rayla – Se levantó luego de terminar de recoger lo que quedaba – Vayamos a buscar algo de comer y algo de provisiones y salgamos de aquí rápido…
-o-
Solveg finalmente había despertado de su sueño luego de tantos días haber permanecido en esa cama sufriendo todo tipo de pesadillas y horrores dentro de su mente. Se sentía todavía más cansado que cuando se acuesta normalmente. Mientras la visión regresaba, trataba de sentarse en el cabezal de la cama, una vez que su vista se recuperó por completo se fijó que en la puerta de entrada estaba el soldado elfo que podía hablar el extraño lenguaje de Amaya ¿Cuánto tiempo ha estado así? De repente, una taza de una bebida con una caliente se le apareció de la nada y cuando giro su rostro bruscamente hacia dónde provenía aquella mano noto de inmediato que se trataba de nada más y nada menos que esa pelinegra que no podía hablar.
El elfo no iba a ser descortés, debía de estarlo cuidando desde hace rato, tomo la bebida entre sus manos y la degusto con su paladar. Estaba deliciosa, era un té de yerbas bastante bueno, pero claro, era alguien orgulloso después de todo:
-Nosotros lo hacemos mejor – Dijo sin mirar a la pelinegra a lo que ella le respondió como mejor sabía hacerlo; con sus señas – Qué dijo? – Observo al soldado esperando que hablara por Amaya.
-Ella dice que no tientes la suerte – Se giró nuevamente a la pelinegra arqueando ambas cejas.
-Cómo es que puedes oírme y no hablar? – Estaba un tanto confundido de la forma como puede comunicarse esa mujer.
Pasaron unos segundos hasta que el intérprete pudiera ubicar bien las palabras que Amaya quería decirle, era algo difícil después de todo, tienen un dedo de más…
-Puede leer los labios, así que no necesita oír – Dijo el soldado.
-Ya veo… - Terminó su bebida y le pasó la taza a la pelinegra amablemente – Gracias – Asintió la pelinegra para luego ver como el elfo suspiraba de forma pesada – Supongo que todo se arruino, verdad? – Llevo sus iris a los oscuros de la general para solo recibir una mueca de molestia y girar su rostro hacía otro lado.
-Viren tiene el espejo, Solveg – Dijo el soldado por Amaya mientras esta se comunicaba – Hicimos lo posible por ayudar a los elfos pero… - No quiso continuar, ya él demás que deduciría el resto.
Paso su mano por el rostro, frustrado y cansado de que nada le esté saliendo últimamente.
-Soldado! – Le hablo con voz alta a lo que el joven reacciono – Necesito que vayas y avises al resto de guerreros que lleven la noticia de que mañana partimos con todos los elfos que se encuentren en Katolis.
-Solveg, es que mientras has estado durmiendo surgió otro problema – Le interrumpió la pelinegra mientras el elfo le traducía – Deberías ir a ver al rey Ezran ahora mismo…
¿Ahora qué? ¿Es qué en ese reino nada puede estar tranquilo solo unos días? Refunfuñaba mientras se levantaba de la cama de forma torpe y buscaba sus ropajes oficiales de consejero y peinaba su cabello. Había acabado de despertar y ahora se enfrentaba a otra situación, esperaba que al menos fuera fácil de aminorar. Amaya le ayudaba un poco a cambiarse y después de estar listo partió hacía el salón real. A lo lejos del pasillo escuchaba con sus puntiagudas orejas una especie de algarabía que provenían de allí, escuchaba varias voces familiares, eran otros elfos que los acompañaron en el viaje al parecer.
Una vez entro allí se encontró con un puñado de los de su raza tanto de sol como de luna hablando con Ezran ¿Qué estaba pasando? ¿Acaso descubrieron que Niilo está muerto? ¡Si era así estaba condenado por ocultárselos!
-Consejero Solveg! – Le hablo uno de ellos – Por fin llega! – Reverencio al elfo a lo que él contesto con una simple mueca de aprobación – Estábamos hablando con el rey Ezran para poder adquirir algunas tierras en Katolis! Lo esperábamos para que le hablara con el rey Niilo y pudiera concretarse todo!
¿Escucho bien? ¿Se querían quedar a vivir con los humanos? ¡¿Pero qué les pasa a esos idiotas?! Las mundicias humanas parece que han afectado la mente de sus congéneres. Solveg miro al moreno a lo lejos y este parecía pedirle con la mirada que le ayudara, lo bueno es que parece ser que no ha revelado nada de lo que ha sucedido los últimos días.
-El rey Niilo… - Decía mirando a aquellos elfos esperando una respuesta positiva en sus ojos – El rey Niilo tuvo que salir a hacer unos deberes reales lejos de aquí – Mentía, pero era mejor eso que darles la mala noticia – No se encuentra en este momento en el reino de Katolis.
-Pero… se fue sin usted? – Volvía a preguntarle aquel elfo insistente.
-Sí, se fue sin mí, me dejo a cargo de los nuestros – Ezran no quería estar en los zapatos de aquel hombre en ese momento, se sentía tan mal de no darles una respuesta inmediata a esos elfos.
-Entonces usted puede dar la aprobación, no?! – Continuaba soltando preguntas incomodas mientras escuchaba a sus espaldas como los otros alzaban la voz contentos de que él pudiera solucionar ese problema.
-Tengo que hablar con el rey Ezran unos minutos – Le sonreía de forma amable, cosa muy rara en él – Necesito que se vayan todos ahora mismo.
De a uno y entre cantos y celebraciones los elfos fueron saliendo esperanzados de que pudieran quedarse eternamente a vivir con los humanos. Al parecer descubrieron con los años y las festividades que convivir juntos era algo maravilloso, claro, tenían sus diferencias todavía pero como que han sabido aceptarse el uno a otro sin que traten de matarse. Solveg podría dejarlos allí sin ningún problema, tenía en este momento la autoridad para hacerlo, pero teniendo la mala noticia de que el hechicero tenía el espejo de Aaravos y muy probablemente esté cerca de liberarlo no le parecía tan buena idea. Una vez que se cercioro de que no hubiera nadie en el salón ni en la entrada de puertas hacia afuera fue que se dirigió a Ezran con un semblante bastante serio:
-Les dijo que podían quedarse? – Le recalcaba.
-No les he dicho nada, Solveg – Explicó – Vinieron y empezaron a hablar de que querían comprar tierras y vivir en Katolis – Su raza a veces era tan idiota… casi como los humanos – Pensé que querrías decirles la verdad después de todo.
-La verdad? – Levanto la voz de a poco molesto – No puedo decirles que Niilo está muerto mientras Rayla este a kilómetros – Masajeaba el puente de su nariz para calmarse – Creí que ya estaría aquí después de tantos días…
-Entonces que haremos? – Comenzó a escucharse bastante preocupado – Creo que estamos en desventaja con ya sabes quién…
-Sí, Amaya me lo contó todo. Lo último que queda es esperar a que su hermano no se deje llevar la llave…
Ezran no sabía cómo responder a eso. A este punto Callum debería ya de estar regresando con Rayla, la unión que hicieron debería de estarlos torturando ahora mismo.
-Lo peor es que no puedo volver con esos elfos a Xadia – Comentaba enojado – Una vez lleguemos comenzaran a buscar a Niilo para pedirles que regresen a su reino y la cosa será todavía peor…
-Y si les dejas que se queden y vuelves con el resto? – Propuso el moreno – Supe que querías enviar el espejo con la madre de Zym para que lo destruyera – Entonces pensó en algo – Por qué no regresas a Xadia y hablas con Zubeia sobre lo que ocurre?
-No es tan fácil, rey Ezran – Su semblante ahora cambiaba a uno más decaído – Me tomaría al menos unas dos semanas ir con ella y regresar. Mientras el bosque plateado no tenga un rey no puedo alejarme mucho de ellos…
-Y si le envías un mensaje?
-El único que puede hacer tal cosa entre nosotros es un tipo que se llama Ethari – Ezran entonces esbozo una enorme sonrisa de oreja a oreja algo que el elfo no entendía bien – Por qué sonríe de esa manera? Ni loco iremos con él, hace años no habla con nadie y además por si no lo sabe es el esposo de Runaan.
-Solveg… y si te dijera que estos días han pasado más cosas de las que crees?
Ezran le había comentado sobre su viaje al bosque plateado al consejero, sus descubrimientos y un acompañante de última hora. Aunque el elfo no parecía estar muy de acuerdo con pedirle ayuda a Ethari parecía ser que no tenían muchas opciones en ese momento. No supo cómo y tampoco pregunto la manera en la que convencieron a aquel sujeto de que les acompañara hasta Katolis, pero suponía que era alguna forma de devolverle algo a su gente luego de que su pareja les ha arrebatado tanto.
No tuvieron que buscar mucho al herrero mágico de los elfos de luna, puesto que ha estado pasando sus noches en el patio del palacio observando la esfera que de a poco iba haciéndose más llena en el cielo nocturno, esperando quizás el regreso de su familia, esperando volver a verlos en una pieza a ambos. Su corazón estaba seguro ahora de que Runaan continuaba vivo y conociendo a Rayla como la conoce sabía que no le haría un daño grave que pudiera matarlo, ella no era así.
-Ethari… - Escucho una voz provenir de sus espaldas y se giró un poco para encarar al que le estaba llamando, se trataba de Solveg quién estaba acompañado del rey de Katolis – Tenemos que hablar.
-Lo sé – Se levantó de la baquilla lentamente – Lamento mucho lo que Runaan ha hecho, de verdad…
-No me interesa Runaan y si sigues vivo es por la hospitalidad del rey Ezran – El moreno no vio al consejero con buenos ojos, acordaron de que iban a tratarlo amablemente – Perdón, me altere… necesito un favor tuyo.
-Y de qué forma podría servirle – Reverencio educadamente ante la petición.
-Necesito que envíes un mensaje a la reina Zubeia y… - Recordó entonces la promesa que no ha cumplido con la general Amaya – Y necesito que rompas una unión.
