Capítulo dieciocho: Muertos de amor
…
"No voy a perdonar que te hayas ido, no esperes un adiós civilizado, no muere nuestro amor, tú lo has matado, si vienes al entierro no hagas ruido.
'Te voy a querer siempre', me disparas, la frase superventas del olvido, qué broma del destino me has traído, mejor hubiera sido que callaras."
-Rojo chanel, Luis Ramiro
…
Era el quinto día, había tenido cinco días para prepararse para ponerlo en aviso, para notificarle los planes de Gia y advertirle el camino a seguir a partir de ahora. Pero no, ella no se había preparado, ni siquiera le había dejado saber que la santa madre había decidido pasar a visitar a sus magos más jóvenes. No, era una niña otra vez y tenía miedo de entregar un oso de peluche.
Su guardián la observaba desde el otro lado de la mesa, escudándose detrás de su cuchara y su plato de caldo de gallina. Shaoran se estaba sirviendo su segundo plato, parecía disfrutar la comida de la región mientras ella seguía revolviendo su primer plato intacto.
-Dile. -gesticuló el peluche- Ahora, dile.
-Está bien. -respondió del mismo modo, dejando a un lado su plato.
Tomó un pan y cortó un pedazo, jugó con el antes de ganar valor para hablar.
-Gia estuvo el otro día por aquí, ¿sabes? -se metió un bocado a la boca, él la observó mientras tomaba una servilleta- Tú estabas durmiendo, olvidé mencionarlo y se me pasó. -explicó de forma vaga.
-Hn. -compró su excusa, no le tomó importancia- ¿Dijo algo? Algo relevante, claro está.
Dos oraciones, era más de lo que había obtenido de él en aquella semana, qué doloroso. Auch.
-Dijo que para hoy ya estarías en condiciones de dejar tus medicamentos. -comentó sin interés aparente, sirviéndose un vaso con agua. Un gran vaso- ¿Cómo están tus costillas? -recordó preguntar- Ese ungüento tenía hierbas de Bella Rosa si es que-
-Kinomoto. -la interrumpió él- Dímelo. -ordenó, dejando la servilleta sobre la mesa y olvidando su plato rebosante- Sin vueltas.
-Ahora. -volvió a gesticular Kero, ella frunció el ceño y miró hacia otro lado.
La última vez que le había dicho Kinomoto, las cosas no salieron para nada bien.
-Quiere una celda de dos hombres, una pareja ganadora. -resumió en pocas palabras. El agua se derramó sobre su mano debido a la fuerza con la que dejó el vaso, ella se levantó de su asiento- Mañana comenzamos a entrenar, buen provecho.
Su guardián la siguió de inmediato, ambos escucharon el vidrio siendo partido en varios pedazos, seguramente contra una de las paredes.
No, Kinomoto y Li volvían a ser el agua y el aceite.
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Bulgaria había sido uno de los lugares a los que jamás visitó bajo las órdenes de Aaron, era un lugar neutro. O eso creyó ella.
Las noticias que recibió de su informante eran preocupantes, aunque había esperado algo como ello desde que él desapareció de Chipre. La descripción del sujeto encajaba con Kelian, quien estaba entrenando a Shaoran dentro de la mansión Li mañana sí y mañana también, además de algunas noches. No era ese el problema, ella apoyaba el entrenamiento para la supervivencia, y Kelian era de los mejores maestros que ella conocía, sin contar todo el talento en el campo que demostró y cargaba encima. Aunque dudosa, era una alianza aceptable.
Sin embargo, ella no aprobaba que Shaoran formara parte de la mesa. Se había presentado como candidato para embajador y representante del Concilio en la alianza, su nombre sonaba cada vez con más fuerza y ella sabía que era cuestión de tiempo hasta que sea oficial. No, ella no lo quería en medio de la tormenta. No con Gia, no Paz y, definitivamente, no contra Pía.
Ella estaba llegando a Ucrania en ese entonces, tenía noticias de uno de los osos polares y era lo más cerca de China que iba a llegar dadas las circunstancias en Europa. Quería verlo, necesitaba verlo y hablar. Todavía guardaba los hechizos almacenados de transporte, escribió un mensaje y adjuntó uno para la ida y otro para la vuelta. Sabía que jugar aquella carta era caer bajo, pero ella esperaba que acudiera a su cita.
"Nos debemos una despedida mejor que la que tuvimos, ¿no crees?
Veme en la dirección adjunta, quiero creer que al menos podemos hacer esto bien.
-S"
Esperanza entregó la carta y los hechizos, y ella esperó pacientemente tres días por su respuesta. Dijo sí, él dijo que estaría allí en dos días. Perfecto, pensó ella. La ilusión estaba allí, mezclada con temor y muchas esperanzas. No quería, pero no podía evitar hacerse ilusiones. Después de todo, cuántas veces se habían alejado el uno del otro para luego volver a verse; muchas, tal vez más de las que deberían. Ella sólo quería aconsejarlo, velar por su seguridad y hacerle saber que, aunque sin ser una pareja, ella velaba por él.
Reservó un cuarto de hotel en un lugar tranquilo, no quería arriesgarse a ser vista en las calles o a él. La situación en Asia aún era muy reciente y los Siervos seguían merodeando por allí, así como los esbirros y sus señores. Él llegó una hora antes de la puesta del sol, en China era bien entrada la noche, inicios de la madrugada.
-Shaoran. -su nombre se escapó con alegría de sus labios- Estás aquí. -sonrió ella.
Él se resistía, podía sentirlo muy bien. Él no quería sonreír, no quería reír. Él ni siquiera quería mirarla a los ojos, notó tardíamente. Shaoran había dejado bien en claro que ya no podía verla con los mismos ojos que antes, pero había pensado -incrédulamente- que al menos podría verla a los ojos.
Ilusa.
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Su compañero estaba actuando raro, y él nunca, jamás, actuaba de manera parecida. Nunca. Temía que el jefe se hubiera arriesgado a enfrentar a Kamuy para probar un punto.
-Estás raro. -decidió decirle mientras dejaban atrás la vegetación verde y comenzaban a adentrarse al Bosque Blanco, ella sentada sobre su lomo- ¿Quieres decirme qué sucede? -ofreció, relajada.
-¿Raro? -hizo eco de su pregunta sin regalar nada- ¿Raro cómo?
-Raro. -ella tampoco le ofreció una salida rápida- Sensible, ansioso, callado. -enumeró- ¿Sabes…? -frunció el ceño- Pensé que era algo de ahora, pero… -haciendo memoria y yendo hacia atrás, ella recordó- Hace algunas semanas que te noto así.
-¿En serio? -se hizo el desentendido- No lo creo.
Ella rodó los ojos, ¿por qué tanto misterio? ¿Qué estaba escondiendo?
-¿Qué me estás escondiendo, Kamuy? -lo confrontó directamente- No creí que fuera importante, pero tiene que serlo si ni siquiera admites que estás raro. -torció los labios en un gesto de impaciencia- Escúpelo. -ordenó- ¿Algo peor que tu padre tratando de unirnos por la cadera? -rió ella- No lo creo.
Silencio, él apresuró el paso. Kamuy le había prometido a Jonás entrenarlo en combate cuerpo a cuerpo, ella llevaba una canasta para almorzar con él y Matt luego de que mimaran al pequeño.
-Kamuy. -presionó, ahora preocupada más que curiosa.
-…vas a enojarte. -gruñó él- No lo dije porque vas a enojarte, lo sé.
-¿Qué? -se extrañó- ¿Por qué? -se imaginó mil escenarios preocupantes, ahora necesitaba que soltara la lengua- Dime.
Silencio.
Ella le clavó los talones en las costillas, él siseó por lo bajo.
-¡Dime! -insistió, muerta de curiosidad.
Silencio.
Jaló de una de sus orejas con fuerza, no le importó que ella estuviera montándolo y pudieran accidentarse.
-¡Oye! -bufó- ¡Camille!
-Kamuy Dearest será mejor que hables. Ahora. -volvió a atacar sus costillas.
Suspiró, lo sintió tensarse debajo de ella. Ella estaba preocupada, ansiosa, curiosa y-
-Joel me… -tragó saliva, ella dejó de respirar- Joel me citó, nos vimos. -sintió algo picante detrás de la nariz, los ojos cristalinos, pestañeó- Tenía unas preguntas, creyó que lo… creyó que yo podría saber algunas cosas.
Él se detuvo, ella estaba dividida entre exigirle que siguiera y no querer que dijera nada más.
-…no sé cómo, tampoco sé por qué llegaron a- diablos. -aminoró el paso, él estaba nervioso- No sé quién se los dijo a ellos, pero ni siquiera yo lo sabía. -rió, una risa seca y dolida- Creí que conocía a Luciana mejor que nadie, o así. Pero no.
Volvió a respirar, pero a un mayor ritmo que antes. Hiperventilando.
-¿Qué…? -quiso saber- ¿Qué te dijo Joel?
A estas alturas, Kamuy había detenido el paso por completo. Se hallaban en medio del Bosque Blanco, había comenzado a nevar en algún momento de su conversación, copos de nieve pequeños pero persistentes. Una lluvia blanca y helada, su capa la protegía del frío del invierno que persistía en el Norte, a diferencia de la calidez del Sur.
-¿Tú sabías que Luciana es… estéril?
Casi se cae hacia un costado.
-¿Qué- qué dijiste? -logró balbucear.
-Luciana. -repitió él- Luciana es estéril, no puede-
-¡Sé que significa estéril! -gruñó, enfurecida de repente- ¡Maldita sea, no! ¡Yo no lo sabía! -respondió de inmediato- ¿Qué clase de mierda es esa que dice Joel? ¿Por qué diría cosas como esa? ¿Por qué?
Ofendida no, ofendidísima.
-¿Pero quién se cree para- para…?
Encolerizada, se cargaba una furia inexplicable.
-¡¿POR QUÉ?! -terminó gritándole.
Extrañamente, Kamuy no se mantuvo en silencio.
-No creo que se lo haya inventado, Camille. -mencionó suavemente- Estoy preocupado. -confesó- La familia siempre le fue arrebatada a Luciana, ahora… -él negó- Parece que el Infierno tiene una correa sobre su cuello. ¿Imaginas- Tienes una idea de lo que puede llegar a hacer Luciana si esto-
Y ella entendió.
-Si fue Aaron el que lo provocó. -terminó por él.
Como mujer, ella era muy consiente de las consecuencias de la violencia sexual, las cuales habría sufrido la rubia en sus años con el señor demonio. No sería extraño que no pudiera concebir como consecuencia de esto. Además del entrenamiento al que fue sometida al mismo tiempo, las misiones de alto riesgo, todo. No conocía los límites, el alcance, de la sanación del cuerpo de un Pilar, pero… Podría ser, era una posibilidad.
-La frase 'desatar el Infierno sobre la Tierra' jamás fue más posible que ahora. -dijo ella mientras secaba las lágrimas sin llorar de sus ojos- … ¿La has visto? A ella.
Él negó, ella bajó la cabeza y asintió.
-¿Sabes? -sonrió con tristeza- Tampoco te lo dije, pero ella me recuerda. -la enorme cabeza del lobo carmesí se dio vuelta para observarla de costado- Sí… -asintió- Lo hizo, Gia lo hizo. Luciana recobró parte de sus recuerdos.
-¿Por qué no lo dijiste antes? -le reprochó- ¿Hace cuánto de eso? -notó su enorme ceño fruncido.
-Dos meses. -admitió- Ella no lo dijo, claro que no. -rodó los ojos- Creo… que estaba recordando una de sus memorias conmigo. Se desmayó, estábamos saliendo de una cumbre y ella simplemente cayó. -explicó, aún sin poder creerlo- Murmuró unas cosas, ella me había dicho aquello una vez, en casa.
Casa sonaba tan lejano, tan… surrealista ahora mismo.
-Hablé con ella en la cumbre siguiente, ella escapó cuando logró volver en sí y se dio cuenta que la descubrí. -siguió relatando.
-Déjame adivinar. -la interrumpió él, recobrando el paso hacia su destino- Te mandó al demonio.
"-¿Por qué sigues tratando de restaurar un vínculo con alguien que casi acabó con tu vida? ¿No te has dado cuenta aún? -escupió- Todos alrededor mío mueren. -pasó junto a ella sin volver a dirigirle una segunda mirada- Vive"
-…hubiera sido más sencillo así. -admitió en voz alta.
Apretando el paso, el lobo volvió a correr por el bosque nevado del Zoológico. La bruja se aferró con fuerza de su pelaje, se abrazó lo más que pudo a su cálido cuerpo y no, el frío invierno no era la razón.
-No deberíamos volver a esconder secretos así. -le hizo ver su compañero.
Camille pensó en Regino, en su amenaza y en cómo no quería marcharse del Bestiario. Todavía no, tampoco en un futuro cercano.
-No deberíamos. -admitió ella- Pero eso no cambia el hecho de que hay cosas que no pueden decirse, Kamuy.
Silencio, silencio, silencio.
Omisión es traición, le dijo un amante una vez. ¿Pero era realmente así cuando la omisión evitaba mayores inconvenientes?
…
A las cinco de la mañana ya no podía soportarlo más, se levantó de la cama.
A las cinco con veinte tenía un café bien cargado entre sus manos, Kero tenía unas naranjas cortadas en gajos para el desayuno.
A las cinco con cuarenta y tres ya estaba cambiada y lista para comenzar su día.
A las siete y doce había terminado de correr, comenzó a estirar debajo de la sombra de un árbol frente a su residencia. Observó movimiento desde la ventana, Shaoran decidió salir de su habitación.
A las siete y treinta y tres lo observó cruzar la calle, ella se puso de pie y esperó a que él hablara. Ceño fruncido y manos apretadas, puños blancos y zapatillas deportivas.
-¿Cómo se supone que hagamos esto? -quiso saber él.
Ella levantó un brazo, una carta se materializó entre sus dedos. Él asintió, ella cabeceó hacia una zona con planicies y varias rocas.
-Estamos al descubierto. -señaló lo obvio- No hay civiles cerca de allí, pero nos pueden ver.
-Yo me encargo. -respondió mientras sus ojos se tornaban ónix debajo de las lentillas, venas violetas resaltando alrededor de sus ojos- Andando.
A las siete y cuarenta y ocho Sakura había colocado una cortina alrededor del área que utilizarían para entrenar, cualquiera que fijara sus ojos allí sólo vería un perro callejero tirado sobre una roca, tomando sol. Espada se liberó de su forma humilde y se colocó sobre la mano derecha de Sakura, Shaoran invocó la espada oculta dentro del sello de sus palmas.
-¿Entiendes lo que hay que hacer? -inquirió mientras tres cartas más se esterilizaban en su mano izquierda; Espejo, Veloz y Poder.
Él asintió, separó un poco sus piernas y empuñó su arma. Las tres cartas comenzaron a girar, se fusionaron.
-¿Alguna preferencia? -inquirió mientras arqueaba una ceja.
-Sólo acabamos de una vez con esto. -masculló.
Ella crujió sus dientes, las cartas desaparecieron para dar lugar a una figura oscura y sin rasgos definidos. Espejo tomó una forma humanoide con estatura y peso estándar, parecía hecha de sombras pero era sólida; un oponente para el campo de batalla.
La bruja llevó una mano hacia el pecho, sobre el sello en su corazón. Sacó una daga y su cuchilla dentada.
-¡Aquí! -se las arrojó a las cartas, empuñó una en cada mano- ¿Listos? -inquirió en voz alta- ¡Ahora!
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-¿Por qué estoy aquí, Kinomoto? -inquirió él mientras observaba las paredes, el suelo, la ventana; cualquier cosa menos a ella.
Auch.
-Yo… -comenzó, indecisa- No me gustó como terminaron las cosas. -decidió decir, era la verdad- Dijimos muchas cosas en el calor del momento.
-Muchas de esas cosas fueron verdades. -remarcó él- Todas.
-Está bien. -aceptó ella- Hablemos.
Entonces él la miró, con desconfianza y duda.
-Hablemos. -repitió- Siempre quisiste que habláramos, ¿no? -dio un paso hacia él, otro más- Siempre quisiste saber.
Encuadró los hombros, una pierna hacia atrás y las manos apretadas en puños. El ceño fruncido, los labios en una línea apretada, las mejillas levemente sonrojadas.
-…algo tarde para hablar. -dijo él- ¿No lo crees, Kinomoto?
-Al contrario, Li. -alzó el mentón y lo observo a los ojos- Si no hablamos ahora, no lo haremos jamás. -le señaló- ¿Querías hablar, querías saber? -abrió sus brazos, se señaló a sí misma- Júzgame. -casi le ordenó- Ódiame. Témeme. Tenme asco, miedo y-
-Basta. -la frenó- ¡¿Qué quieres de mí, Sakura?! -señaló su pecho, una vena saltando en su sien- ¡¿Quieres darme los detalles con lujo, quieres mostrarme imágenes, videos?! -inquirió con voz furiosa, temblorosa.
Su ceja saltó, se arqueó antes de volver a caer mientras cruzaba sus brazos sobre su pecho.
-¿Quieres verlo con tus propios ojos, acaso? -preguntó a modo de cerciorarse- Puedo arreglarlo.
-¡DIOS, NO! -rugió él- NO.
Otro paso, uno más. Él la observó con advertencia, miedo detrás de ojos chocolates.
-No puedes amarme porque mi cuerpo fue utilizado como arma, una herramienta. -no fue una pregunta- Objeto, manchado, impuro, sucio-
-¡BASTA! -la detuvo. Su mentón tembloroso, sus manos al lado de su cuerpo, laxas- Detente… ya.
Pero ella no hizo caso. Dio otro paso, no quedaban muchos que los separaran. Llevó ambas manos al final de su blusa, tiró hacia arriba y la arrojó al suelo descuidado. Él miró hacia otro lado, ella deshizo el botón de su falda y la dejó caer, se apartó de ella.
-Mírame. -ordenó ella con voz autoritaria, sin lugar a dudas- ¡MÍRAME! -insistió y él hizo caso.
Mentón casi tocando su pecho, labios separados y ojos oscuros. El cabello cubría parte de su rostro, pero ella estaba a plena vista para él.
-¿Lo ves? -inquirió ella- ¿Lo ves?
Él frunció el ceño, ella lo imitó.
-…mira bien. -murmuró mientras sus ojos se oscurecían, el ónix apoderándose de todo su globo ocular- Observa con claridad.
Las venas lilas resaltaron alrededor de sus ojos, ella aún no dominaba a la perfección sus nuevos poderes y necesitaba completa concentración y mucha energía. Su cuerpo -carne, sangre y huesos- estaba cubierto únicamente por su ropa interior de algodón verde oscuro. En su muslo izquierdo las correas que sujetaban una pequeña cuchilla, la marca en forma de llama oscura sobre su seno izquierdo, la llave colgando de su cuello. La llama se extendió, flamas oscuras trepándose como enredaderas sobre su esternón y hasta la mitad de su cuello; hacia la derecha sobre el centro de su pecho y la izquierda hasta su axila. Pero no más, ella lo pudo controlar a tiempo y las llamas de tinta se quedaron simplemente allí.
-Mira… ve. -volvió a pedirle.
Primero, fueron hematomas. Había de todos los colores habidos y por haber, tonos jamás imaginados por él. Los habían amarillos, púrpuras, verdes, azules y tan negros que parecían tinta debajo de su piel. En su mejilla, en ambas; en su cuello, de distintos tamaños; asomándose por la copa de sus senos y más allá. Sus costillas, sus brazos, sus muslos, su trasero. Luego, vinieron rasguños. Rectos, en zigzag, descuidados con forma puntiaguda. Los que parecían arañazos y otros que se veían profundos, peligrosos. Sus caderas, cintura y costillas eran los peores; centenares de ellos se hallaban localizados allí. Sus rodillas y manos eran los siguientes peores, casi podía oler la sangre derramada. Por último, laceraciones más profundas y con forma de distintas armas. Reconoció los agujeros de las balas, las rozaduras de trayectorias esquivadas por poco y aquellas que atravesaron la piel. También había algunas sin orificios de salida. Otras, eran armas blancas: cuchillas dentadas, filos afilados, el mordisco de un látigo.
-Si te enseño la sangre, inundaría la habitación. -señaló con una pequeña sonrisa en sus labios pálidos- Tampoco alcanzaría, podría desangrarme hasta la última gota y no sería una quinta parte de lo que sangré en ese entonces.
Ella permanecía allí, de pie frente a él, con sus esmeraldas fijas en sus lagunas de chocolate fundido; con el corazón en la manga, expuesto para él.
-Tú crees que lo hice por placer, pero no soy masoquista. -pasó una mano por sus costillas, sobre las manchas descoloridas y las cicatrices rojizas- Lo hice porque era la única forma de avanzar, de poder-
-No lo digas. -la interrumpió con la voz un poco más alto que un susurro- No digas que era el único modo, Sakura. -avanzó medio paso, intentó intimidarla- No. Lo. Digas.
-Estudia a tu enemigo. -dijo ella- Conócelo mejor que a ti misma, busca sus debilidades y fortalezas. Entiende su mente, cómo ve el mundo en-
-Alto. -pidió.
-Su cabeza. -continuó ella- Lo que quiere y lo que no, lo que cree y lo que no.
-Basta. -insistió- Ya, detente. -gruñó.
-Un hombre excitado baja las defensas, un demonio con deseo sólo te ve como un objeto, un insecto. -sonrió ella- Nunca sospechan, nunca dudan de dejarme entrar y vagar. -negó dos veces- Me entrenó para ello, Shaoran. -el retrocedió un paso, otro más- La seducción y el espionaje son dos caras de una misma y sucia moneda.
Se dio la vuelta, caminó en dirección a la salida y ella volvió a hablar; había algo más que tenía que decirle antes de que se fuera.
-Mi cuerpo lo consumió el veneno de Aaron y mi alma la tomó el Infierno cuando pacté para salvar mi vida. -él se detuvo, ella continuó- Mi corazón te lo entregué junto con un osito de peluche hace más de cinco años, Li.
Ella tragó saliva, una vez que soltabas ciertas palabras ya no podían regresar.
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Veinte, veinte gatos recluidos, veinte gatos que no estaban acostumbrados a ser privados de la libertad o cumplir ciertas reglas.
-¿Pensaste esto apropiadamente antes de llevarlo a cabo? -le inquirió, desconfiando de que así sea.
Ella lo observó sobre su hombro, una ceja curvada hacia arriba y ojos planos observándolo.
-Por supuesto. -dijo- ¿Con quién crees que hablas, cachorro? -lo minimizó, aunque claro que ella le llevaba varias lunas por delante- Fríamente calculado, a decir verdad.
Matt volvió a observar a los mininos, ellos deambulaban sin cesar por las ramas y enredaderas, arañando superficies duras y yendo detrás de los pequeños y coloridos polluelos que convivían con Gia. No pasaban hambre, él sabía que Gia les traía varias presas frecuentemente. Dos meses atrás, un pequeño grupo de gatos se había escapado, desobedeciendo las reglas de la santa madre. No sabía con lujos de detalles acerca de la fuga, sólo lo que Kamuy y Camille le habían contando en privado. Investigando un poco, encontró un rastro suyo por un camino poco transitado hacia la zona de los osos del Norte.
-¿Klaus ha aceptado tu propuesta? -inquirió de repente, intentando tomarla por sorpresa.
Claro que dudaba que alguien pudiese jamás.
-¿A cuál de todas ellas te refieres? -inquirió ella con una sonrisa socarrona en sus labios- Porque mis negocios incluyen una alta paleta de posibilidades.
El lobo entrecerró los ojos en su dirección, la santa madre soltó una risa cantarina demasiado azucarada.
-No trates de seguirme la pista, pequeño Matheo. -le advirtió con dulzura- Podrías encontrarte del lado contrario de la mecha, algo que no te convendría a ti.
Se levantó del suelo y caminó dos pasos en su dirección, fue allí que aquel mago tan cercano a ella dejó su lugar en las sombras y se interpuso en su camino. Su mano sobre la empuñadura de su espada envainada, como siempre, sus ojos fríos en advertencia y su cabello sujeto en una coleta suelta a sus espaldas.
-No me importa lo que hagas, tus asuntos no son de mi interés. -comenzó él diciendo, sin importarle el mago samurái allí frente suyo- Sin embargo, no puedo permitir que traigas caos y problemas al hogar de mi hijo, Gia. -advirtió él- Camina tu camino con cuidado.
El sonido del metal resbalando fuera de la vaina lo advirtió, saltó fuera del camino y más cerca del espíritu. Gia aún sonreía, ojos brillantes con diversión.
-Ya no puedes mostrarme aquellos ojos tan hermosos y sagrados, Kelian puede arrancarte tus ojos tan corrientes sin que yo sienta pena. -se burló ella- Vete ahora. -ordenó.
-¡Cuidado donde pisas! -siseó él- El hielo delgado se puede romper y el agua helada corta como mil navajas.
La sonrisa de Gia dudó en las esquinas ante el tono grave y amenazante del favorito del dios de la luna, un movimiento de su muñeca y el suelo de enredaderas se abrió bajo sus pies; Matt cayó fuera del árbol que fungía como su morada en la tierra de las bestias.
Kelian volvió a envainar su espada, Gia hizo un ruido detrás de su garganta y los gatos comenzaron a maullar.
-¿Cuánto tiempo? -quiso saber ella.
El mago dudó, los gatos chillaron con más fuerza.
-Dime, Kelian. -insistió- Necesito saber cuánto tiempo tendremos que comprar. -le hizo ver- Se esparcen como un virus, necesito frenarlos.
-…no lo sé. -confesó él- No poco, esa es la verdad. -arrastró las palabras- No si quiere que funcione, madre. -bajó la cabeza con vergüenza.
-Tsk. -se dio la vuelta, enojada- Mantenme al tanto, necesito seguir su avance.
Él asintió, ella volvió a mover su muñeca y él se desvaneció.
…
Pasó su lengua por sus dientes, el sabor metálico de la sangre en su paladar reforzaba la adrenalina en sus venas. Observó la herida en su bíceps izquierdo, la sangre caía hasta su mano y grandes gotas se derramaban en el suelo. Levantó la vista y la observó limpiarse el sudor de su frente, era avanzada la mañana y el sol se elevaba majestuoso sobre sus cabezas y calentaba el campo de entrenamiento. Se quitó la sudadera y quedó solo en su top deportivo y pantaloncillos cortos, Espada en su mano y una Glock amarrada a una correa en su cadera.
-¿Necesitas un descanso?
Él crujió sus dientes ante su pregunta, se limitó a limpiar su palma ensangrentada en la parte trasera de sus pantalones y volvió a correr hacia ella.
Estaba allí.
Estaba a cinco metros.
Tres, dos.
-¡Khg!
Era rápida, ¿o era Veloz?
Se recuperó del golpe sobre su hombro, se dio la vuelta y encontraron espadas, sacaron chispas. Ella levantó su rodilla para patear su pierna, él prendió su espada en llamas y ella tuvo que retroceder para no incinerar sus brazos. Sakura desvaneció Espada y Disparo tomó su lugar mientras la bruja se alejaba de él. Rocas, pedazos de tierra seca y ramas partidas; todo voló en su dirección. Si invocaba sus llamas de fuego, sólo lograría empeorar su situación. El fuego retrocedió y él comenzó a correr para poder ganar distancia con los proyectiles, comenzó a dar mandobles con su espada y deshacer los proyectiles. La roca fue un problema, pero el acero caliente facilitó las cosas. La velocidad y la cantidad de objetivos incrementó con el tiempo, Sakura no le daba un respiro y varios proyectiles impactaron sobre su cuerpo antes de poder maniobrarlos.
Sintió el suelo temblar, Bosque salió disparado del suelo en forma de gruesas raíces que lo sujetaron por las extremidades y el abdomen. La muñeca con la que sujetaba su espada fue presionada sin piedad, se vio en la necesidad de abrirla y soltar su arma; el agarre se aflojó entonces.
Sakura fue elevada del suelo hasta su altura con la ayuda de una raíz especialmente gruesa enredada desde sus gemelos, por sus muslos y hasta su cadera. Su rostro inexpresivo, sus manos descansando descuidadamente sobre su estómago mientras lo observaba con atención.
-¿Descanso para el almuerzo? -ofreció ella, luego observó en dirección a su residencia- La hija de Teófilo dejó una cacerola para nosotros, no hay nadie allí ahora.
Él se sacudió en el agarre, Bosque se ensañó más y se enredó una vuelta más a su alrededor.
-Te estás lastimando. -señaló ella lo obvio.
-…libérame. -pidió entre dientes.
Dos semanas, llevaban dos semanas en Perú. Nueve días de entrenamiento desde que sus heridas sanaron, nueve días desde que viejas heridas se abrieron en él.
Sakura llevó una mano hacia sus cabellos, la cinta elástica se había aflojado y varios mechones se soltaron. Terminó por deshacerla por completo, nunca la había visto con el cabello tan largo. No al menos que sean aquellas pelucas con las que cambiaba de identidad. Su melena castaña caía por debajo de su busto, cubría sus omóplatos, acariciaba sus costillas. Sus ojos más nítidos que nunca, el esmeralda vidriado. Su rostro bronceado por los días de entrenamiento bajo el sol de América latina.
-Deberíamos limpiar tus heridas antes de volver. -dijo- Alguien podría ver la sangre y sospechar de nuestra coartada.
Claro, los estudiantes de intercambio aficionados a la geología y la cultura originaria del país. Cubiertos de sangre y armados sólo darían la fachada de asesinos escapando de la policía, ¿no es así? Y no, Gia no parecía de humor para aceptar un nuevo traslado con nuevas identidades, mejor no tentar a la suerte.
-Bájame, atenderé mis heridas e iré. -le aseguró él- Ve, te sigo.
-No. -respondió de inmediato- Esperaré, no podemos dejar caer la fachada.
Bosque retrocedió, las raíces comenzaron a volver sobre sus pasos y ocultarse debajo de la tierra una vez más. Recuperó su espada y algo de su dignidad, guardó el arma dentro del sello y caminó en dirección hacia su mochila con el botiquín y ropa de repuesto. La sintió caminar detrás de él, su caminar lento y aburrido mientras que él forzaba sus músculos un poco más.
Usualmente, ellos entrenaban en conjunto contra un mismo enemigo. Espejo tomaba una forma estándar equipada con las habilidades de más cartas y ambos lo enfrentaban a la par. Claramente aquello no funcionó de buenas a primeras; Sakura había perdido la práctica de luchar codo a codo con otra persona, se olvidaba completamente de la presencia de Shaoran y se enfocaba en hacer caer al enemigo de la forma más rápida y limpia. Él, en cambio, esperaba una señal de ella para no interponerse en su camino; en el campo de batalla, Sakura daba miedo. En resumidas cuentas, no había conexión alguna.
-Voy a ir a comprar algunos víveres luego del almuerzo.
Y claro, también estaba el asunto de ella desapareciendo de su vista al finalizar cada entrenamiento. Estaba bien para él, era una situación incómoda estar pegado a ella de esta manera, pero se suponía que debían poder cuidar la espalda del otro en una misión. Confianza, podía llegar a confiar en ella en el campo, confiar en sus habilidades y decisión.
Nada más que eso.
Él asintió mientras tomaba una gasa y la empapaba con desinfectante, limpió los rasguños y vendó la tajada de su brazo y estudió el rasguño en su muslo derecho. Sobreviviría. Kelian había enviado un ungüento que aceleraba la recuperación de la piel y los moretones, sólo debía cubrirse con ropa extra para no llamar la atención de Teófilo o la gente del mercado. Sakura se recuperaba en minutos, si es que lograba llegar a ella. Era vergonzoso que ella lo conociera tan bien en batalla y él- él luchaba contra una desconocida.
Desechó su remera sin mangas dentro de su bolso y tomó una camiseta negra con mangas largas y holgadas. Le dio un gran sorbo a su botella y, luego, derramó un poco en una toalla de manos para limpiar su rostro del sudor, la tierra y posible sangre. Cuando estuvo listo, la observó esperándolo de espaldas, una nueva blusa cubriendo su torso. La vuelta a la casa de Teófilo fue silenciosa y calmada, los ladridos de Cucho dándoles la bienvenida a casa. Él acarició su cabeza cuando la mascota se acercó por un mimo, escuchó a Sakura arrojarle unas croquetas para perro -las cuales siempre llevaba encima, por extraño que fuera. La cacerola estaba junto a su puerta, Sakura la tomó y se dirigió directo a la cocina.
Él se marchó a la ducha, no tenía apuro por almorzar.
Cuando terminó, saliendo con la toalla colgando de su cuello, se encontraba solo. Se acercó a la cocina, la cacerola se encontraba tibia e intacta. ¿A dónde se marchaba Sakura cada vez que huía de él?
Tal vez… no. No iría por ese camino, no otra vez.
…
Trazó la marca catorce en la pared encima de la cabecera de su catre, iban dos semanas en la Casa de las risas y ya extrañaba sus peleas con Irina y llevarle la contraria a Johnson, seducir a Nico y escabullirse con Amads para evitar las tareas del lavadero. Extrañaba huir a la Villa, extrañaba la sabiduría de los retirados y oír sus viejas historias. Se estaba cansando de la comida agria y sin sal que le servían, el pan húmedo y a veces duro que le arrojaban en la fuente.
-¡MIRNA! -llamó a gritos desde detrás de su puerta cerrada- ¡MIRNA, QUIERO IRME YA DE ACÀ! -le informó- PODÈS DECIRLE A PAZ QUE APRENDÍ LA LECCION, VOY A HACER LOS TRABAJOS SUCIOS QUE ÉL QUIERA.
Silencio, no se oyeron pasos.
-¡PODÈS DECIRLE QUE PODEMOS NEGOCIAR MI PARTE!
Nada.
-MIIIIIRNAAAAAA. -volvió a llamarla, impaciente- ¡MIRNA! -comenzó a aporrear la puerta- ¡MIRNA, VENÌ! ¡NO TE PONGAS DE MALAS!
Nada en absoluto.
-¡La puta madre! -escupió mientras daba un último aporreo.
Había comenzado a hacer las cosas bien, ella estaba haciendo exactamente lo que Paz, Ailén y Johnson querían. Asistió a clases, comenzó a socializar, le quitó la información a Sakura y siguió estudiando aún después de clases por su cuenta. ¡Ella estaba jugando el juego con sus reglas! ¡Ella-Ella-
La puerta se abrió.
-¡Mirna!
Pero no era Mirna quien estaba allí.
-… ¿dónde está Mirna? -inquirió mientras retrocedía dos pasos largos, casi dos saltos.
La… cosa abrió sus labios podridos, el aliento a encierro y podredumbre inundó de inmediato su habitación.
-Te dije… que ese no es… mi nombre… mocosa. -respondió entre jadeos- No hay… tratos.
El cuerpo relleno de Mirna se debía a los gases apestosos y líquidos gelatinosos dentro de su cuerpo descompuesto, todos ellos ahora expuestos a través de sus poros casi derretidos. No observó con detalle, tenía miedo de observar el momento exacto en que una larva saliera de las cuencas de sus ojos vacíos y se arrastrase hasta su nariz aplastada.
-¿Có-mo que no hay tratos? -tartamudeó ella- Quiero salir de acá, voy a ver cualquier trato que Paz me-
-¡Sin tratos! -chilló y la joven calló, entrando en pánico- La Casa de las risas… sólo se van… quienes dejan todo… todo atrás.
Frunció el ceño, confundida. ¿Qué significa eso?
-¿Qué tengo que dejar? -preguntó, aunque las opciones rondaban en su mente como posibilidades muy posibles.
…
Estaban retrasados.
La mitad de las camas en la enfermería seguían ocupadas aún, la grieta entre Plata y Johnson se intensificaba más y más cada día, Amanda había vuelto a la Villa y los Oro que se habían logrado recuperar de sus heridas todavía no habían vuelto al campo. Plata mantenía a los ingresantes ocupados metidos en clases y más clases mientras Oro entraba y salía de Central y la oficina de Paz.
Estaban atrasados, la cumbre de ese mes debía haber sido hace una semana y aún no habían programado una fecha. El Concilio estaba inquieto, preguntaba todos los días por una nueva fecha. Los Pilares no se habían comunicado, lo cual parecía ser más alarmante que el que si estuviesen tocando su puerta. El Zoológico, más específicamente Camille, había llamado dos días atrás preguntando si había sucedido algo.
-¿Quién iba a pensar que, con Oro devuelta en casa, las cosas estarían peor que antes?
Ella no pudo estar más de acuerdo con el comentario de Julia, compañera suya en Plata.
-Debemos ver por los más jóvenes. -murmuró Jeremías, sentado junto a una silenciosa Irina- Los capitanes de Oro quieren realizar ascensos para llevarlos al campo.
-Y ya sabemos a quienes se llevarán. -siseó ella.
Estaban en el comedor, el resto de los estudiantes se encontraban durmiendo en sus habitaciones mientras algunos cazadores estudiaban la situación actual en el Instituto.
-Si se lo llevan, entonces estoy de acuerdo. -señaló la colorada, tomando la palabra por primera vez en la conversación- Con Johnson en Oro, en el campo, los niños estarán más a salvo.
Muchos asintieron, ella no estuvo tan de acuerdo con ello.
Las puertas dobles se abrieron, todos se dieron la vuelta para observar al recién llegado.
-El director programó la fecha para la próxima cumbre. -informó Lidia- Y también entregó una lista con los invitados a informar. -levantó su brazo, la lista en su mano- Tienen que ver esto.
…
-También tengo silenciadores. -ofreció él.
Observó los dos cargadores y contó el contenido de las tres cajas de municiones, todo parecía correcto.
-No. -despreció ella, una mano en su cartera- ¿Cuánto es por todo?
El hombre asintió y le enseñó cuatro dedos arriba, ella sacó los billetes y recogió su mercadería. Guardó los cargadores en su bolso y las cajas de las municiones en la bolsa con las verduras.
-La otra semana van a entrar algunas semiautomáticas. -informó él- Nuevas, sin número de-
-Yo te busco. -lo interrumpió de inmediato.
Salió del baño de la cafetería como si nada, se despidió de Karen, la dueña de la tienda, quien también hacía unas deliciosas masas dulces temprano por la mañana, y se marchó.
-¿Es seguro dejarlo? -inquirió su guardián, escondido detrás del cabello de la peluca, sobre su hombro.
-Los accidentes ocurren en cualquier momento. -respondió ella como si nada- Esta noche, por ejemplo, podría atragantarse con su propia lengua.
-Mm… -asintió, de acuerdo- En cualquier momento.
Ella sonrió, su pequeño guardián estaba en el juego con ella.
No podía quedarse quieta, no podía oxidarse y, sobre todo, no podía quedarse atorada en la misma casa con Shaoran. No, ella necesitaba mantenerse fresca y al día, estar lista y afilada. Ahora mismo estaba trabajando en un proyecto con las cartas, un paso más allá. Espada hacía lo suyo, pero no era la única arma que ella utilizaba y, si bien crear una nueva carta se oía prometedor, ella confiaba en sus fieles cartas Sakura. Así como podía fusionar a Espejo con Veloz y Poder o Fuerza, intentaría moldear a Espada en una nueva arma; más específicamente, una pistola. Paso a paso, primero vería si podía tomar la forma de una daga y otras armas de corto alcance. Podía suministrarse y proveerse de ellas en cualquier parte del mundo, pero viajar de un lugar a otro y pasar por tantos aeropuertos estaba acabando con su fondo de emergencias. El dinero se acababa pero los viajes no, debía surtirse en cada nueva parada y tampoco podía arriesgarse a viajar desarmada en un vuelo.
Llegó a su hogar, Teófilo estaba sentado en su mecedora en el pórtico y ella se acercó para agradecerle por la cacerola, Cucho estaba postrado a un lado suyo.
-No es nada, mi niña. -objetó el anciano- Se siente bien tener niños en casa otra vez, mis hijos ya tienen sus propios hijos y viven lejos. -le comentó, aunque ya lo había hecho dos o tres veces más anteriormente.
-Voy a cocinar esta noche, quiero que se nos una. -declaró ella- Como agradecimiento.
-Bueno, bueno. -asintió él, contento- Está bien, cenaremos.
Le arrojó unas croquetas a Cucho y subió a su residencia, se dirigió rápido a la cocina y tomó sus compras especiales de inmediato. Guardó todo en su cartera y su guardián la llevó a su habitación mientras ella acomodaba los víveres. Observó el reloj, iban a ser las dos de la tarde y todo el pueblo estaría a punto de dormir la siesta hasta que a las cinco comenzara a cobrar vida todo.
Tomó una manzana fresca y se refugió en la privacidad de su habitación, Kero estaba en su habitual lugar en la ventana abierta. Ella tomó una toalla y un cambio de ropa antes de ir por una ducha fría.
El entrenamiento no está funcionando, pensó con frustración debajo del grifo. Necesito que funcione, necesito avanzar al siguiente nivel. Pero, para ello, necesitaba sincronizarse nuevamente con su ex pareja y amigo de la infancia, quien había roto su corazón en mil millones de pedazos pequeños.
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Date la vuelta, deseó ella. Quédate, quédate conmigo.
Los siguientes tres pasos de él fueron lentos, pesados, como si arrastrara en peso del mundo entero sobre sus hombros. Colocó la mano sobre el picaporte, el corazón de ella se detuvo, la frente de él descansó sobre la puerta aún sin abrir y ella se arriesgó a dar un paso hacia adelante.
Otro.
Y otro, y otro, y otro.
-…Shaoran… -murmuró mientras descansaba su frente contra la espalda de él- …por… favor.
Él tragó saliva, ella deslizó con cuidado sus brazos hacia su pecho en un agarre desesperado. No quería soltarlo, pero tampoco quería tener que sujetarlo para que se quedara junto a ella.
-…no lo hagas. –rogó él con la voz débil- No lo hagas, por favor.
Pero ella no lo soltó.
…y él tampoco la obligó a ello.
Estuvieron así por un tiempo, el latido de sus corazones sonando al unísono, uno tan cerca del otro en medio de un mar de tinieblas y sin un faro que haga de guía.
-…lo quería todo contigo. -confesó ella, sus labios rozando su espalda aún cubierta- Y solo contigo. -su mano izquierda soltó el agarre y se deslizó sobre el corazón de su amado- Sólo… para ti.
Sintió su corazón acelerarse, el de ella se aceleró a la misma velocidad.
-…yo… -murmuró él, ella presionó un beso en su espalda- Yo… -otro debajo de su nuca, en su cuello- …Sakura.
-Shaoran…
Uno en el lóbulo de su oreja.
-…ah.
Estaba muerta de amor por él.
Él se dio la vuelta entre sus brazos, ella estaba sólo en su ropa interior y con los ojos suplicando amor, una muestra de cariño. Algo, lo que sea.
-…te amo. -murmuró ella.
Hay palabras que… no puedes recuperar una vez que las dices, y eso es todo. No vuelven, no puedes recuperarlas y el daño está hecho ya.
Él la besó, y quizás eso fue lo peor que pudo hacer en ese entonces.
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-"Lamentamos la tardanza en comunicar la fecha de este encuentro, esperamos pueda disculpar y entender las circunstancias actuales." -leyó ella en voz alta- "Se espera su asistencia con ansias, una puerta será abierta para usted cuarenta y ocho horas luego de ser entregado este mensaje." -se detuvo para observar su reloj de muñeca, eran las cuatro y veintiséis de la tarde.
-"Su fiel aliado, el director Paz del Instituto." -terminó de leer su caballero por ella desde detrás de su hombro- Las palabras fiel y aliado no terminan de convencerme.
Ella no iba a negarlo, pero tampoco verbalizó su acuerdo. Dobló el papel y se lo tendió a su amado, Eriol lo observó con atención quirúrgica y ella esperó su veredicto de brazos cruzados, el mentón de Amads descansando sobre su coronilla mientras observaba igualmente a Eriol.
-Creo que algo anda mal en el Instituto. -comunicó su hipótesis- Retrasar la cumbre por varios días y, luego, enviar una invitación tan formal. -negó, dudoso- Estuve ahí cuando Ailén enviaba la fecha y hora de las otras cumbres, era concisa y al pie. -señaló la invitación- ¿Ahora toda esa parafernalia? Algo no anda bien.
De nuevo, ella estaba de acuerdo.
-Tal vez las cosas en Europa estén peor que antes. -propuso ella- La visita de Kaios y la presencia de los nuevos Siervos no puede ser sólo en África, como pensábamos, es algo global. -frunció el ceño- O algo peor. -se mordió el labio, preocupada- Fuera del Instituto no tenemos la suficiente red de contactos para informarnos al respecto… -cerró los ojos- Quiero ayudar a África, pero también al resto del mundo.
Paz le había cerrado las puertas en las narices y ella había tomado lo que creía como mejor opción, pero tal vez aún no era su hora para volar lejos del nido.
-¿Qué quieres saber? -inquirió su caballero, sus manos descansando sobre su cintura mientras se agachaba a su altura para observarla desde un costado- Puedo hacer unas visitas, hacer algunas preguntas para ti.
Ella lo observó con cuidado, el rodó los ojos.
-Te lo dije antes, tengo muchos amigos aquí en Arabia. -dijo él- Todos bien conectados y con sus propios amigos alrededor del mundo, una pequeña red de información de la que puedo disponer para ti. -explicó con seriedad- Kaios fue parte de mi vida, pero yo también jugué bien mi parte a su costilla, dulce.
-Si vamos al caso, -mencionó Eriol, llamando su atención al frente- todavía tengo algunos amigos vivos por aquí y por allá. -le regaló una sonrisa- No tendremos los espías de Paz, pero Roma no se construyó en un día, Tomy.
Ella sonrió, un sentimiento cálido cosquilleó en su pecho.
-¿Lo ves? -sonrió ella desde la otra esquina de la habitación- Te dije que esto era lo correcto. -rió, la sonrisa en su rostro se expandió y caminó alrededor de ella, Amads y Eriol- Los tres trabajando juntos… nuestro sueño está cada vez más cerca de cumplirse.
Ella asintió, de acuerdo con sus palabras. Eriol tomó su asentimiento como afirmación y amplió su sonrisa mientras tomaba su mano y acariciaba sus nudillos con afecto y Amads besaba su coronilla.
-Sin embargo, -interrumpió el buen momento- No sería un mal recaudo que vayamos contigo por esta vez.
Ambas rodaron los ojos, el trasfondo que implicaba aquella acción resaltaba a la vista.
-Hn. -evaluó Eriol- No estaría de más. -aceptó y ella cerró los ojos.
Se alejó del agarre de Amads y enfrentó a ambos a la vez.
-Paz no permite invitados extra luego de la última vez. -les recordó- Ni caballeros ni nadie más extraño a los representantes de las alianzas. -entrecerró los ojos- Y luego de irnos, no creo que haga acepciones extras con nosotros exactamente.
Silencio, ambos se observaron entre sí y le pareció… encantador que pudieran volver a convivir en paz los tres juntos. Ella y sus dos personas más importantes, ¿quién hubiera pensado que llegarían allí?
-No a la mesa, pero podríamos presentarnos al Instituto los tres. -especificó Amads.
Ella entre cerró los ojos en dirección a su otro yo, quien ya se encontraba a espaldas de Amads con la misma mirada que ella. Una mano sobre su hombro izquierdo mientras la otra la colocaba justo sobre su corazón. Él tembló, un escalofrío recorrió su cuerpo de pies a cabeza y lo observó cerrar los ojos lentamente. Su caballero podía sentirla, sentir su tacto y oír su voz como el suave canto de una sirena si ella quisiera.
-¿Acaso quieres ver a esa…niña? -inquirió junto a su oído, sus dedos jugando sobre su pecho a la altura de su corazón.
-Tomoyo. -murmuró él en su mente, a través de su conexión- Creí que-
-¿Creíste que me gusta compartir? -intervino ella mientras dejaba un beso en su mejilla.
-Los Pilares estarán allí también, lo resolveremos juntos si algo sucede. -excusó ella con suavidad, no queriendo despreciar su preocupación sobre su seguridad- Tengo que enseñarle esto a Melek. -mencionó mientras volvía a tomar la invitación y se dirigía a la salida.
-Tomoyo. -volvió a llamar él.
-Disculpa, -respondió ella- Pero no puedo concederte esta petición.
Se tomaba una pequeña licencia para ser… territorial. Después de todo, Valentina había propuesto hacerse cargo de su caballero si ella no podía. Su caballero, claro que no.
…
Una sobredosis por cocaína de pésima calidad, le parecía una forma de morir bastante buena. Algo que le podría pasar a cualquiera, nada que la relacionara a ella. Terminó de sellar el envoltorio plástico y se lo entregó a su guardián.
-Déjalo en el baño. -le indicó ella- No sospechará.
Él asintió y ella le abrió la ventana de la cocina, ella volvió a picar las verduras mientras el agua para la pasta hervía. Tenía una sartén caliente para empezar con la salsa. Era temprano, eran las siete de la tarde y Teófilo solía cenar a las nueve y estar en la cama media hora después. Sin embargo, ella tenía algunas cosas que hacer y quería tener todo listo.
-¿Es esa la cena?
No se dio la vuelta, se limitó a asentir.
-¿Vamos a entrenar esta noche?
Su voz se oía más cerca, él estaba junto a la nevera.
-Teo cenará con nosotros. -informó- Será a las nueve, procura estar para reforzar nuestra cubierta. -dijo ella.
-…hn. -escuchó.
Colocó los vegetales en la sartén, el aceite trinó y ella agregó sal; él aún seguía allí.
-No está yendo bien. -habló él- El entrenamiento. -agregó prontamente.
Muchas cosas no están yendo bien, quiso afirmar ella; pero se limitó a asentir.
-Creo que-
Se dio la vuelta y extendió la mano mientras detenía el objeto entre sus dedos, era papel. Observó a Shaoran, él también había detenido algo desde arriba.
Ambos se observaron.
-Mierda. -masculló ella al identificar el escudo del Instituto en el sobre, era una invitación a la cumbre- Maldita. Sea. -apagó las estufas y se dirigió al comedor, Shaoran pisándole los talones.
-Ya lo saben. -dijo él- Nos tienen.
Ella se detuvo, dio la vuelta y lo señaló.
-No lo sabemos aún. -siseó ella- No. Lo. Sabemos.
Si Paz los descubría, si descubría que estaban con Gia y que estaban detrás de varios acontecimientos no informados, estaban en problemas. Gia no estaría contenta y cuando Gia no estaba contenta, pasaban cosas malas.
-No dejé toda mi vida a un lado para que Paz me encuentre en un pueblo perdido de Perú, maldita sea si así es. -espetó con nerviosismo, con duda.
Corrió a su habitación y tomó el teléfono satelital, Kelian le había dejado un número de contacto ante problemas como este. Había memorizado los quince números, los marcó tan rápido como pudo y esperó con impaciencia con el aparato al oído.
-Sakura. -lo oyó responder.
-Acaban de llegar dos invitaciones de Paz para la próxima cumbre. -ladró ella- Dime que ella- dime que no nos entregó, dímelo. -pidió entre dientes, esperando que no sea un juego más del espíritu.
-¿Acabas de decir para los dos? -inquirió, confundido verazmente.
-A Shaoran y a mí. -confirmó- Y es en dos días.
Esperó, lo oyó murmurar, Shaoran observó detrás de las cortinas afuera.
-Sakura.
Aguantó la respiración.
-Gia. -silabeó con nerviosismo, Shaoran se giró hacia ella con una velocidad que casi le fractura el cuello- Dime qué significa esto.
-Tranquilízate un poco, pequeña. -se burló con voz chillona- Te dará un aneurisma.
Se pasó una mano nerviosa por su rostro, no le agradaba estar desinformada y mucho menos que ella le tomara el pelo con tanta facilidad. No estaba para juegos, y definitivamente no estaba para los juegos de Gia.
-La invitación no fue enviada a la residencia de Shaoran en China y tampoco al Concilio, así que tuvo que ser un hechizo de localización. -sí, eso había imaginado ella- Lo cual no significa que su ubicación esté comprometida, sólo que puede comunicarse con ustedes.
-¿Entonces estamos seguros aún? -inquirió ella, dudosa. Su compañero la observó a la espera de una respuesta.
-La seguridad es relativa, recuerda eso siempre. -espetó con voz firme- Pero sí, Paz no está interesado en sus ubicaciones y tampoco los está buscando; no necesitan abandonar sus posiciones.
Ante esto, ella asintió en dirección a Shaoran y él le devolvió el gesto, relajando sus hombros.
-Vayan a la cumbre y actúen con total normalidad, confío en que sabrán responder a las preguntas que se les hagan y no dejar nada a la vista; ¿No es así? -casi ladró aquello último- Dime si entendiste.
-Copiado. -respondió a secas.
-Pasa a Shaoran.
Ella no dudó en extenderle el teléfono, él se apresuró a tomarlo y atender. Lo observó alejarse unos pasos y ella entrecerró los ojos a su espalda, extendió sus sentidos y escuchó la conversación.
-…debes recordar cumplir con tu papel de representante del Concilio, no hemos levantado sospechas y no tenemos porqué hacerlo ahora, ¿de acuerdo?
-Entendido. -respondió él.
-Luego de la cumbre, tú y yo nos reuniremos. -le informó- Necesito saber hasta el más mínimo detalle para seguir cubriéndote sin ningún error, el Concilio no debe descubrir el cambio.
Cambio, la palabra resonó en su mente y varios cabos fueron atándose.
-Estando allí, no se lo puedes decir a nadie. -le recordó con dureza- Tienes los informes, estás al tanto de todo y te desenvolverás en esa reunión como el perfecto embajador que eres, ¿queda claro, Shaoran?
-Como el agua. -dijo con sencillez, seguro.
-…esperen por más instrucciones luego de la cumbre.
Sakura creyó que eso era todo-
-Hasta luego, pequeña Sakura. -se despidió con burla en su voz.
-pero claro que no dejaría pasar la oportunidad para dejarla en evidencia, típico de su querida madre.
Y colgó.
Dejó la invitación olvidada en la mesa y volvió a dirigirse hacia la cocina, aún debía mantener las apariencias con Teófilo y actuar como la perfecta jovencita que el anciano creía.
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El sello se retrotrajo y las viejas heridas volvieron a desaparecer de su piel, aunque no de su memoria.
Su amado la besó con desesperación, con enojo y sin dejar tiempo para pensar; ella sabía que, si él se detenía demasiado para pensar, la arrojaría a un lado y se iría corriendo. Él huiría lejos, lo más lejos posible de ella y no volvería la vista hacia atrás. Y ella no podía permitirlo, ella necesitaba esto, lo necesitaba a él. Llevó una mano hacia sus cabellos color chocolates, la otra hacia su mejilla para girar su rostro a un nuevo ángulo en medio de su beso alocado; atrapó su gemido entre sus labios. Se arrastró contra su cuerpo, eliminó las distancias lo mejor que pudo mientras lo seguía seduciendo con un beso pasional. Las manos de él fueron hacia su cintura, ella rogó para que no la apartara de su lado.
-…te quiero… -murmuró sobre sus labios, la respiración agitada de él en su mejilla- Shaoran… -se aferró con fuerzas a su camisa y acarició sus labios con los suyos- Te quiero.
Él dudó, él dudó y ella volvió a sellar sus labios en un beso mientras sus manos serpenteaban debajo de su ropa y acariciaba su piel cálida. Sintió su cuerpo estremecerse bajo su tacto, delineó sus labios con su lengua y él le permitió el acceso.
"Eres una asesina"
Sintió el gemido ronco, las manos de él comenzaron a moverse a través de su cuerpo y ella se sintió cálida otra vez.
"Eres una seductora"
Tiró de su camiseta sobre su cabeza, los ojos de él brillaban con deseo. Sus besos bajaron por su mandíbula hacia su cuello, ella se sintió adorada por la persona correcta y se permitió disfrutar de ello. Estaba flotando sobre una nube, nada podría bajarla de allí.
Comenzó a retroceder hacia la cama, él la siguió sin dudar. Tiró de sus cabellos y volvió a guiar su boca de nuevo hacia la suya, lo besó larga y tendidamente antes de que él la colocara con cuidado sobre las sábanas limpias del hotel.
"¿Quieres llevarlo por el mismo camino que tú? ¿Convertirlo en alguien igual que tú?"
El deseo estaba allí, pero igual la duda.
-Shaoran. -lo llamó de nuevo- …así debió ser. -le sonrió con amor- Contigo, solo contigo.
Se sentó, tomó su rostro entre ambas manos y acarició su nariz con la suya en un beso esquimal. Buscó sus labios, lo provocó, lo sedujo. Él volvió a encenderse, ella lo sintió presionando contra sus caderas y gimió.
Su primera vez, ella le hubiera entregado su primera vez al amor de su corta vida. Su manto de pureza, la prueba de su amor sólo para Shaoran; sin embargo, un monstruo se lo arrebató sin darle oportunidad, quitándole aquello que le pertenecía a Shaoran. Él, por el contrario a ella, aún era virgen. ¿Podría… podría…?
-Ah. -gimió ella al sentir las manos de su amado debajo de su brasier, la hebilla pronto fue abierta y la prenda arrojada al suelo.
Besos húmedos, caricias cálidas y respiraciones pesadas. Molió sus caderas contra las de él, un gemido ronco y ella repitió el movimiento, quitándole el aire de golpe.
-Sakura. -gimió junto a ella y Sakura bebió del deseo en su voz. Tiró del botón de sus vaqueros y él pateó los pantalones a un lado, ahora ambos estaban en las mismas condiciones.
"Estás podrida, arruinada"
Sus ojos se oscurecieron, él no lo notó mientras dejaba besos húmedos esparcidos por su pecho.
Gia había dicho todas esas palabras, palabras horribles pero ciertas.
-…espera. -murmuró ella con la voz rota.
Pero él no alcanzó a oírla, sus caderas empujándose contra el vértice entre sus piernas. Sus manos acariciando sus piernas, sus muslos y el contorno de su ropa interior.
-Shaoran… -volvió a intentarlo.
Él la besó y silenció sus palabras, sin saber que eran réplicas dolorosas y no gemidos de placer. Sintió sus caderas separarse por un segundo, sus bóxer uniéndose a la pila de ropa olvidada y sus ojos buscando los suyos.
Y, cuando esmeralda y chocolate se encontraron, la habitación se enfrió unos diez grados.
-¿Sakura…? -inquirió, confundido por el temor en sus ojos.
-Te amo. -afirmó con un nudo en su garganta- Pero tú a mí ya no. -sonrió con tristeza- Si te sedujera para engañarme a mí misma de lo contrario, sería el monstruo que crees que soy.
Lo observó asimilar sus palabras, darse cuenta de la situación y el enojo resultante de la conclusión verdadera: ella lo había seducido. Se sentó a un lado de la cama, ella se colocó su brasier mientras lo observaba pensar y tirar se sus cabellos con rabia.
-Aunque ya no forme parte de tu vida, no significa que ya no me preocupe por ti. -dijo ella mientras se levantaba de la cama y comenzaba a buscar su ropa, lo observó tirar de las sábanas sobre su regazo para ocultar la desnudez de su sexo- Me preocupo por ti y por las decisiones que tomas, las que ponen en peligro tu vida.
-El único peligro en mi vida eres tú, Kinomoto. -respondió con dureza pero en calma, un fuego distinto al deseo carnal ardiendo detrás de sus ojos- Aléjate de mí, no te inmiscuyas en mis asuntos.
Abrochó el botón de su falda, se colocó sus sandalias y se giró para observarlo; esmeralda y chocolate.
-Aléjate de Gia y el Concilio. -le pidió ella- No quiero que salgas herido, Shaoran. Lo digo en serio.
Él se rió, ella se encaminó hacia la salida.
-…la única que siempre me hirió fuiste tú. -se burló de sí mismo, un tono pegajoso y bajo- Siempre serás tú, Sakura.
Y ella se marchó de allí.
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-¿Te han invitado a una boda? -preguntó, jocoso.
Entró a su cueva agitando la invitación en su mano buena, los únicos que se encontraban fuera eran aquellos que quedaban resguardando las entradas de la gran cueva.
-¿Qué es eso? -inquirió mientras le arrebataba la invitación que ella le tendía, la sonrisa flaqueando en su rostro ante su silencio.
Se sentó sobre su cama mientras lo oía leer en susurros, sabía que él llegaría a la misma conclusión que ella.
-Parece la invitación a un desastre, Camille. -dijo sin gracia alguna- ¿Qué significa esto?
-No lo sé. -dijo mientras se dejaba caer hacia atrás, su mata de risos escarlata esparciéndose sobre su cama- El Instituto ha estado extraño estos últimos tiempos, algo se traen.
-Hn. -asintió, de acuerdo con ella- Tal vez descubrieron lo de los osos, ¿no crees? -ofreció él- Y lo de los gatos.
-Sí… -ahogó un bostezo en su mano- Les he ocultado muchas cosas. -estuvo de acuerdo.
El ex caballero volvió a leer las palabras demasiado vaporosas para indicar la fecha de una simple cumbre, la cual no era la primera pero parecía ser la más desastrosa. Dejó la nota a un lado, se centró en su compañera. Se veía exhausta, bolsas oscuras debajo de sus ojos, incluso parecía haber perdido algo de peso. Nadie parecía darse cuenta de todo lo que Camille hacía por el Zoológico, empezando por mantener las guardas veinticuatro/siete, deshaciendo la brecha horaria de una vez por todas, las cumbres y las reuniones con los clanes, las misiones para el Infierno y la ayuda especial con el clan del Sur. Era demasiado, era agotador y él intentaba acompañarla en todas aquellas actividades, pero era ella quien gastaba la energía y ponía la cara por todo aquello. El sacrificio para mantener las guardas había sido pagado, pero todo el resto ella se encargaba de cubrirlo. Desde que aparecieron los gatos en la frontera, había notado que cada vez necesitaba más sacrificios para sacar energía y con más frecuencia que en el pasado. Todos los días salían a dar una ronda de rastreo para dar con alguna pista, la cual no se había presentado jamás. Los osos del Norte requerían supervisión constante, ella se presentaba allí cada dos días y les acercaba suministros de fertilidad cada semana sin falta. Trataba a las osas, las cuales no eran para nada amables ni agradecidas.
-Si el Infierno hubiera querido que la alianza se enterase de sus movimientos, Luciana misma sería informada al respecto y la orden dada. -le hizo ver él, quien llevó más años sirviendo para el Pilar del Infierno- De todas formas, los osos ya no son un peligro y tampoco representan una amenaza, ni en la Tierra ni en el Zoológico. -le restó importancia.
-Los gatos, por otro lado… -murmuró ella- Necesito encontrarlos, Kamuy. -espetó mientras se incorporaba y lo observaba a los ojos con algo muy parecido a la desesperación- Si no son aliados del Infierno, tengo que capturarlos y entregarlos.
-¿Entregarlos a quién? -hizo la pregunta.
-Tu padre, el Infierno, la Alianza. -bufó- ¡Al primero que se me cruce por delante! -exclamó, cansada- Tal vez los mate sólo por diversión. -murmuró entre dientes- Tiri no va a extrañarlos y Ática dio por perdida a la manada el primer día que Felis se llevó a la mitad de su manada. -rodó los ojos- El viejo gato ni siquiera asiste a las reuniones, no abandona la Gran Montaña Raíz ni para cazar canarios. -espetó con acidez- Si los gatos montañeses ni los gatos ordinarios apelan por la manada, tengo que hacerme cargo antes de que vuelvan a irse y busquen a Pía. -masajeó el puente de su nariz, estresada- ¿Cuándo van a acabar los problemas, Kamy?
Extendió su brazo y tomó la mano de ella, le dio un fuerte apretón y ella lo observó. Él le sonrió, ella suspiró.
-Estoy contigo, para lo que sea. -le confesó él- En serio, enfrentemos esto juntos, colega.
…
No se han acabado los problemas para esta pareja, pero dicen que después de la tormenta sale el arcoiris, tengamos paciencia.
¿Se nota el desarrollo de los personajes? Siempre escribo y trato de mantener siempre el desarrollo, trazar un desenlace para cada uno de ellos.
No sé si es la cuarentena o que después de los 21 ya no contás como antes los años.
Con amor, capítulo adelantado 3
