Capítulo 23
En el templo una sombra vigilaba atentamente el pozo, saboreaba el momento en que su "nieta" y el demonio aparecieran y trataran pasar a la época antigua.
Sonreía, al recordar el hechizo puesto sobre el pozo, dejando una trampa mental, la cual los destruiría con sus propias garras.
Kagome volaba junto a su amado de una manera sobrenatural, su mente se encontraba fuera de esta época, no lograba entender nada de lo que pasaba y contaba con un sentimiento de culpabilidad por sus pecados, que la pequeña Rin estaría pagando.
Al llegar a su destino la pareja no noto el aura maligna que impregnaba el lugar, lo que en otro tiempo fue un templo de alegría ahora estaba sombrío, sin vida ni alegría.
Ambos demonios se encontraban inmersos en sus propios sentimientos de culpabilidad que no lograron escuchar a su sentido común e ignoraron su alrededor.
Al introducirse ambos al pozo una oscuridad los cegó, pareciera que el tiempo se había congelado, zambulléndolos en un mar de oscuridad y tratando de mantenerse juntos, lo cual fue inútil, ya que un golpe de energía los separo.
El primero en abrir los ojos fue Sesshumaru, y trato de localizar a su hembra por el olfato, observo su alrededor y vio que se encontraba en las afueras de la aldea de la anciana Kaede.
Para su horror vio las ruinas de una aldea, humo y fuego era su comitiva de bienvenida, sintió el aroma de su hembra cerca pero no lograba verla, al tratar de localizarla un grito rompió el silencio del lugar.
Era la voz de su hija, lo paralizo un segundo el temor y corrió al origen del grito y encontró una escena que le congelo su corazón, Rin se encontraba tumbada en la hierba, con su kimono desgarrado, bañada en sangre. Y el maldito de Inuyasha arrodillado a su lado, cubierto con la sangre de Rin en sus garras.
El demonio plateado arremetió de inmediato en contra del hibrido, transformándose de inmediato en su forma demoniaca y lanzándole un golpe contundente, buscando matarlo sin compasión.
Inuyasha logro esquivar el golpe de milagro y miro perplejo al demonio plateado, - ¡Sesshumaru!- grito el hibrido – ¡Para en este instante hay que tratar de salvar a Rin!.
Pero sus palabras cayeron en oídos sordos y se preparó para el siguiente ataque del demonio, esquivándolo, en el cual no logro salir ileso, de su brazo derecho.
En su furia total Sesshumaru olio en el cuerpo de su presa el aroma de su hembra y eso lo enloqueció mucho más y siguió su ataque sin tregua.
Por su parte Inuyasha solo encontraba a defensiva, no lograba salir del asombro por el demonio plateado que lo atacaba. Le imploro que se detuviera, que pensara un momento sus acciones.
Cuando Inuyasha se encontraba al borde del cansancio de esquivar los ataques, lo acorralo en un acantilado el demonio plateado y listo para dar el golpe final, colmillo de acero paro sus garras.
Y apareció ante el dos Inuyasha, uno que lo enfrentaba con una espada y el segundo sangrando en el piso asustado.
Unas horas antes en la época antigua, un hibrido, trataba de entender lo que pasaba por su mente, su cuerpo y en especial en su corazón. Se encontraba volando a través del bosque
Tenía en sus manos la venganza que deseaba, podía lastimar a los pecadores de su hermano y la pérfida Kagome, pero lo inocencia y pureza de la pequeña Rin lo había debilitado, cambiando sus sentimientos de odio a perdón.
Su vida había cambia bruscamente gracias a un linda mujer que le ofrecía amor incondicional, y en ese momento le regalaba la dicha de ser un futura padre de un cachorro. Se le inundaba el pecho al solo sentir su orgullo de saber que ella esperaba su hijo y a la vez se sentía triste que no era la mujer que él había escogido.
Sabía que había arrebatado la inocencia de Rin de la peor manera, pero esa pequeña mujer no lo veía de esa manera, para ella habían hecho el amor.
Su maldita vendetta había sido desmantelada por un par de ojos negros que lo miraban con adoración, no la podría matar. Era su hembra y la futura madre de su hijo, la odio y la admiro por su astucia.
Los pensamientos del hibrido lo llevaron cerca del pozo, pero un golpe de aura maligna lo saco de sus pensamientos, el olor que emanaba el pozo era familiar era de Naraku, lo cual no podía ser cierto, lo habían derrotado.
Al encontrarse inspeccionando el pozo con toda cautela no noto a su hembra que corría a su encuentro de él, hasta muy tarde. La dulce mujercita lo había empujado al fondo del pozo y solo le logro gritar a todo pulmón- ¡Sálvalos! – Eres el único que puede hacerlo tráelos de vuelta. Dijo mientras el hibrido era tragado por ese mar de negrura.
Espero que les guste este pequeño capitulo.
Y seguire la historia gracias por sus mensajes.
