La jornada había transcurrido en calma.
Aquel día la expedición formada por la Policía Militar y el Cuerpo de Exploración debía recorrer diez kilómetros en territorio titán hasta llegar al antiguo pueblo que había cerca del bosque de los árboles gigantes. La misma localidad que tuvo que ser abandonada cuando el Titán Colosal y el Titán Acorazado destruyeron el Muro María, obligando a que una tercera parte de la población huyera al interior del Muro Rose.
Si todo salía según los cálculos del Comandante Smith, pronto esa zona volvería a estar bajo control de la raza humana.
Apenas se habían avistado titanes y los pocos que se acercaron a la formación fueron presa de los soldados del Cuerpo de Exploración. La Policía Militar no participó en los enfrentamientos, pero afortunadamente tampoco puso trabas. Ya fuera porque las rencillas entre las dos facciones del ejército habían llegado a un empate o porque por fin la Policía Militar había comprendido que fuera de los muros lo mejor era dejar actuar al Cuerpo de Exploración, en cuando aparecía un titán se dejaba vía libre a los soldados comandados por Erwin para que hicieran su trabajo.
El resultado, de momento, se había saldado con dos bajas por parte del Cuerpo de Exploración. Un número irrisorio teniendo en cuenta la distancia recorrida.
Consiguieron llegar al pueblo abandonado con las primeras luces del atardecer, momento en que los titanes apenas se movían, lo que les ofrecería una mayor seguridad frente a un posible ataque.
Nada más bajar de sus caballos Hange coordinó las labores de construcción para crear un muro provisional lo suficientemente resistente en torno al edificio más grande del pueblo, un antiguo hospital, y que sería el cuartel provisional por aquella noche. Por delante tenían doce horas de trabajo a marchas forzadas para que tan pronto saliera el sol el perímetro estuviera asegurado.
Parte de los cadetes se dedicaron a vigilar el exterior en caso de que se avistaran titanes, mientras que un destacamento especial, con Eren como principal implicado, estaba al cargo de la creación del nuevo muro.
Hange y Mike estaban estudiando el edificio para elegir el mejor punto del que comenzar. Por su parte, un muchacho que todavía no confiaba demasiado en sus capacidades intentaba resistir la presión. Durante las pruebas Eren sí había sido capaz de crear un muro a partir de su piel de titán endurecida, pero nada comparado con las dimensiones que ahora le estaban pidiendo.
Afortunadamente el Capitán Levi no estaba con Eren, pues eso le habría puesto más nervioso, sino coordinando a los soldados junto a los Comandantes Erwin y Nile.
- ¿De verdad crees que esto va a servir de algo? –se estaba quejando el Comandante de la Policía Militar. Sus críticas al Cuerpo de Exploración habían bajado de intensidad a raíz de que Levi le pusiera en evidencia, pero cuando estaban los tres solos no perdía ocasión-. Estas casas medio derruidas no resistirán ningún ataque.
- Confía en la capacidad de Eren –explicó Erwin-. Puede levantar un muro igual de resistente que los que rodean la Capital.
- ¿Ah, sí? –miró con descaro al muchacho que estaba a unos veinte metros de distancia con cara de agobio-. Pues yo no veo que esté haciendo mucho aparte de sudar como un cerdo.
- Mira quién fue hablar –replicó Levi, incapaz de morderse la lengua-. Puede que tenga aspecto de mocoso, pero ese crío ha matado más titanes en el día de hoy que todos tus hombres juntos. ¿Puedo saber que has hecho tú, aparte de abrir la boca para quejarte?
- Aprovecha ahora que puedes –se mofó Nile-. En cuanto lleguemos a la Capital y el Consejo Superior se entere de lo que hacéis por las noches, ya no tendrás tantas ganas de insultarme.
- ¿Insultarte? Pero si solo estaba diciendo la verdad –replicó Levi sin perder un atisbo de frialdad-. Dime, ¿no se te cae la cara de vergüenza al ver que tú eres el único que todavía no ha desenvainado sus espadas?
- Es suficiente –pidió Erwin a su Capitán-. El Comandante Dawk solo está aquí para apoyarnos. Nadie le obliga a entrar en combate.
- Ahórrate tus palabras de ánimo, Erwin. No necesito que me defiendas y menos de una rata de las cloacas.
Erwin abrió un poco más los ojos, sorprendido por aquel insulto tan gratuito, pero no tuvo ocasión de replicar. En ese instante Armin llegó corriendo con gesto preocupado.
- Señor. Hemos visto un par de titanes. Están a unos cincuenta metros de distancia. No parece que vayan a atacar pero en cuanto encendamos las hogueras sabrán que estamos aquí.
- Avisa a Hange para que no se encienda ningún fuego esta noche. Eren tendrá que trabajar a oscuras.
- Espera. –Nile sujetó a Armin del hombro antes de que pudiera obedecer a su Comandante-. Deja que los mayores nos ocupemos de esto.
- ¿Qué es lo que vas a hacer? –preguntó Erwin, viendo que Nile se subía a su caballo-. Bastará con mantener vigilado al titán y…
- No te imaginaba tan cobarde –replicó con gesto de superioridad-. Espero que así os deis cuenta de que estáis tratando con un oficial condecorado del ejército.
Antes de que nadie pudiera hacer nada, y sin esperar a que algunos de sus hombres le acompañara, el Comandante Nile se alejó al galope, adentrándose en la oscuridad de la noche.
- Además de imbécil está completamente loco –murmuró Levi, viéndole alejarse-. Si tenía pocas probabilidades de sobrevivir a cielo abierto, en plena noche va directo hacia su muerte.
- Ayuda al Comandante.
Fue Erwin quien habló, sin apenas levantar la voz y sin mirar a la persona a la que se estaba dirigiendo, concentrado en el Comandante Nile que cada vez se veía más pequeño en la distancia.
- ¿Cómo dices?
- Evita que esos titanes le devoren. Si va él solo está perdido.
- El muy imbécil se ha metido en ese marrón él solito –chasqueó la lengua-. No pienso arriesgar mi vida ni la de mis hombres por él. Y más sabiendo que...
- Eso era una orden –le interrumpió, mirando fijamente a su Capitán. En torno a ellos varios soldados de la Policía Militar ya estaban subiendo a sus caballos, prestos a ayudar a su Comandante-. Obedécela. Salva al Comandante Nile aun a riesgo de tu vida.
Levi tardó unos segundos en reaccionar.
No era por el hecho de que estaba a punto de enfrentarse a titanes en plena noche, lo que era un suicidio. Tampoco por tener que hacerlo para salvar a un hombre que merecía morir. Era la mirada de Erwin, especialmente fría y despiadada, lo que había hecho que se le congelara la sangre.
En pocas ocasiones se había dirigido a él con esa autoridad tan excesiva. Y todas ellas fueron cuando acababa de entrar en el Cuerpo de Exploración y acatar las órdenes era la única manera que Erwin tenía para que se habituara a la rutina del ejército. La única manera de sobrevivir.
Pero no tenía sentido que lo hiciera ahora, sin que viniera a cuento de nada y cuando los dos sabían que si Nile moría devorado por un titán todos sus problemas se solucionarían.
Era absurdo que, en lugar de ello, prefiriera arriesgar la vida de su Capitán.
Fue el propio Erwin quien consiguió sacar a Levi de su parálisis. No tuvo más que alzar un poco las cejas, mirándole de un modo similar a como Nile hacía, y Levi se apresuró en subir a su caballo y correr hacia los titanes.
Lo que fuera para no seguir siendo el blanco de esa arrogancia.
Para el Capitán Levi el regreso al campamento provisional fue como estar dentro de un sueño del que no terminaba de despertar. La concentración que había puesto en cada uno de sus movimientos mientras se hacía cargo de los titanes que habían rodeado al Comandante Nile se esfumó tan pronto como volvió junto al resto. Entonces solo fue parcialmente consciente de las voces de algunos soldados de la Policía Militar, preguntando a su Comandante si se encontraba bien, y de los propios sollozos de Nile, todavía temblando de miedo, pues estaba convencido de que iba a morir.
Le bajó del caballo con pocos modales, tirándole a un charco de barro. Verle cubierto de inmundicia, sin embargo, no mejoró sus ánimos. Y al Comandante tampoco pareció importarle mucho. Seguía vivo. Era más de lo que jamás habría imaginado.
Levi bajó de su montura y se hizo a un lado para que los soldados rodearan a su Comandante, dándole una calurosa bienvenida. No quiso formar parte de los elogios. Él ya había cumplido con su parte. Había obedecido la orden que iba en contra de sus principios.
Mientras llevaba a su caballo a los establos, haciendo caso omiso de las palabras de gratitud de la Policía Militar por haber salvado a su Comandante, se fijó en una figura que observaba todo desde la distancia.
El rostro de Erwin era visible desde una de las ventanas del edificio que por esa noche haría las veces de cuartel. Era la única habitación iluminada del segundo piso, resaltando su cabellera rubia entre tanta oscuridad. Tenía la mirada fija en él y esa inexpresividad que estaba consiguiendo que la sangre le hirviera.
Todavía resonaba en su cabeza esa orden demasiado autoritaria incluso para ser del Comandante. Demasiado si era a su Capitán a quien se la había dado, obligándole a arriesgar su vida por la del mismo cerdo traidor que quería destruirle.
Levi sabía perfectamente cuál era su posición. Lo supo desde el día en que se puso a las órdenes de Erwin Smith y en todos esos años nunca le había echado en cara que manejara su vida a su antojo. Él mejor que nadie sabía la confianza que había implícita en cada orden, así como el dolor que le causaba mandarle a una muerte segura.
Pero ahora era incapaz de encontrar el motivo por el que Erwin había puesto en riesgo su vida.
La muerte del Comandante Nile, siendo además consecuencia de una estupidez suya, habría solucionado todos sus problemas. Erwin se habría deshecho del hombre que quería desprestigiarle y el Cuerpo de Exploración de unos ineptos que solo eran soldados en el nombre.
Levi aguantó la mirada de Erwin durante unos segundos, deseando poder estar a solas con él para que le explicara qué demonios pretendía. Porque estaba claro que quería algo. Erwin Smith nunca hacía nada sin un motivo.
Pero si por regla general a Levi le costaba adentrarse en la mente del Comandante, en aquella expedición estaba siendo directamente imposible. Desde que Nile les descubriera no habían podido estar a solas ni un minuto; no ya solo para poder tener un tiempo de relax, sino simplemente para poder hablar, pues Erwin le había ordenado que no fuera a verle bajo ninguna circunstancia para no levantar sospechas.
Aquella fue una de las órdenes que recibió en la expedición que más le había dolido… solo superada por la que acababa de darle de salvar a ese inútil. ¿Qué sentido tenía no verse para no levantar sospechas si Nile ya les había descubierto?
¿O es que era Erwin quien no quería verle?
El Capitán apartó la mirada para que Erwin no fuera testigo de su lucha interna. Puede que les separaran metros de distancia y él fuera ese bloque de hielo del que tanto se quejaban todos, pero Erwin siempre había sido capaz de leerle la mente y hoy no quería que lo hiciera. No quería darle la satisfacción de saber que le estaba volviendo loco, tanto fuera como dentro de los muros. No cuando daba la sensación de que era el primero al que le daba lo mismo el daño que le estaba causando a su Capitán.
Ya sabía que el Comandante Erwin Smith era un hombre calculador, frío cuando era necesario y que la mayor parte del tiempo ni siquiera parecía humano. Pero con el tiempo Levi había aprendido a entenderle. Y se sentía orgulloso de poder hacerlo; de ser tal vez la única persona que comprendía de verdad a su Comandante. Sus miedos y sus esperanzas.
Y también había creído que era el único que podía ayudarle cuando nadie más era capaz.
Pero viéndose ahora allí, a metros de distancia que parecían kilómetros de indiferencia, Levi se preguntó si tal vez no había sido más que otro iluso que acabó cayendo en el juego de Erwin Smith.
Precisamente fue así como se conocieron, cuando el por aquel entonces Jefe de escuadrón lo calculó todo para que tres mocosos entraran en el Cuerpo de Exploración y de paso pudiera atrapar a Lobov.
¿Quién le decía que no había seguido jugando con él en todos esos años, haciéndole creer que él era distinto a los demás, distinto para él, cuando en realidad no era más que otro de sus peones?
No. Levi negó interiormente. No podía ser que le hubiera engañado tanto. Y menos cuando hacía no mucho le había dado la oportunidad de refugiarse entre sus brazos y le había tratado con más cariño del que había recibido en toda su vida.
Eso no podía ser mentira.
En el último instante se obligó a dejar a un lado su cabezonería y se paró en mitad del patio, alzando la cabeza para mirar descaradamente a su Comandante. Necesitaba ver esa señal de Erwin indicándole que no se preocupara porque todo formaba parte de uno de sus planes maestros. Esos que se veía obligado a mantener en secreto hasta el último momento.
Si era así y Erwin había decidido que todavía no le podía hacer partícipe de ese plan, Levi lo aceptaba. Seguía confiando plenamente en él y si esa era la estrategia que había decidido seguir, estaba seguro de que era la más adecuada.
Pero al menos necesitaba tener la confirmación de que para el Comandante él no era como el resto de sus soldados. Que él si se merecía saber que había un plan oculto. Y para ello le bastaba con que Erwin hiciera algo, una mínima señal que le indicara que le veía sufrir. Que su rabia no había pasado inadvertida y que se estaba encargando de que ese sufrimiento acabara pronto.
Sin embargo, el rubio permaneció impasible. Con los ojos levemente entrecerrados y sin parpadear, como hacía siempre que esperaba a que el otro apartara la mirada, pues él era el Comandante Erwin Smith y no se doblegaba ante nadie. Ni siquiera ante ese Capitán que tantas noches le ordenaba lo que debía hacer.
Levi chasqueó la lengua, le concedió la victoria apartando la mirada y entró finalmente en los establos, sintiendo los ojos de Erwin clavándose en su espalda.
No tenía ganas de ver a nadie y menos al principal culpable de su malestar. Si por él fuera se quedaría haciendo guardia toda la noche, apartado del resto y sin tener que socializar con nadie. Eso siempre se le había dado bien.
Por desgracia, y por muy Capitán que fuera, nunca tendría la última palabra. Siempre habría otra persona por encima de él con el poder de ordenarle qué hacer y qué no hacer en cada momento. Y parecía que últimamente todas las órdenes de Erwin Smith iban encaminadas a joderle y no en el buen sentido.
Solo así se entendía que ahora estuviera en la pequeña estancia que hacía las veces de despacho del Comandante, teniendo una reunión con los altos mandos del Cuerpo de Exploración: Hange, Mike y el propio Erwin. Aunque más que reunión, aquello era una discusión que estaba a punto de llegar a las manos.
Levi no podía evitarlo. Solo había una cosa que más odiaba que las muertes inútiles: cuando estas se veían venir pero nadie había hecho nada para evitarlo. Y en su opinión eso es justo lo que iba a pasar si no cambiaba la situación. Inmediatamente.
- ¿Hasta cuándo va a durar esto? –gruñó. Tenía ganas de destrozar algo. Por ejemplo, los dichosos documentos que Erwin no había dejado de estudiar desde que hubieran llegado.
- Si el tiempo acompaña, en dos jornadas terminaremos de abastecer el pueblo y sentaremos las bases para un futuro distrito. Entonces podremos regresar.
- No te hagas el tonto. Estoy hablando de Nile y lo sabes. ¿Por qué seguimos dejando que forme parte de la expedición?
El Comandante siguió trazando líneas en el mapa, más atento a la ruta que deberían seguir al día siguiente que a los hombres y mujer a los que había hecho llamar.
- La Policía Militar ha ayudado en la captura del titán con el que Hange está experimentando –explicó sin levantar la vista del mapa-. Y, afortunadamente, parece que la tensión entre los soldados se ha relajado.
- Normal –chasqueó la lengua-. Es lo que tiene que les salves el culo a esos incompetentes… Todavía me arrepiento de haberlo hecho.
- No deberías decir eso en voz alta –le amonestó con un deje de humor-. Podrían pensar que estás hablando en serio.
- Oh. Estoy hablando muy en serio.
Erwin se detuvo en la línea que estaba trazando y miró por primera vez a su Capitán. El humor que se había percibido en su voz había desaparecido por completo, mostrando a cambio esa mirada autoritaria que podría hacer temblar a cualquiera.
- Deberías estarles más agradecido, Levi. Siguen siendo compañeros.
- ¿También te alegras de que nos estén observando todo el tiempo? ¿Cómo si fuéramos unos bichos raros?
- Desde cuándo te importa lo que la gente piense de ti.
"Desde que eso te afecta a ti" quiso gritar.
Si no lo hizo fue porque no estaban a solas, pero también porque no quería que Erwin lo supiera… Por muchas probabilidades que hubiera de que ya le hubiera leído la mente.
Frustrado porque el pomposo del Comandante, ese que parecía que no había roto un plato en su vida, siempre estuviera un paso por delante, optó por recuperar su pose de indiferencia: se apoyó en la pared con los brazos cruzados y sin intención de decir una palabra más. No al menos hasta que pudieran estar a solas para ser completamente sincero con él, además de darle unos cuantos puñetazos. Eso también le vendría bien.
- Pronto acabará la expedición y todo volverá a la normalidad –Erwin se dirigió entonces a su Jefa de investigación-. Hange, necesito que para entonces me des un informe lo más detallado posible de la capacidad de Eren para crear los muros. Será nuestro aval ante el Consejo para futuras expediciones –habló luego a su otro hombre de máxima confianza-. Mike, asegúrate de que el Comandante Dawk termina de recuperarse y tiene todo lo que necesita.
- Hablando de eso –comentó el Jefe de escuadrón con ciertas dudas-. Nile ha pedido más documentos. Y algunos son los que llevan tu sello personal. Los que no permites que salgan de tu despacho.
- Dáselos. Todo lo que pida.
- Pero…
- Eso es todo –resolvió, devolviendo la atención al mapa-. Podéis retiraros.
Hange y Mike salieron rápidamente de la estancia. No hacía falta ser muy listos para darse cuenta de que el Comandante tenía menos ganas de hablar de lo habitual.
Por su parte el Capitán Levi, demostrando ser ese hombre que no le tenía miedo a nada, esperó a que salieran para cerrar la puerta por dentro, asegurándose de que nadie les molestara.
- Qué estás tramando. Y por favor, no me digas que nada. Sabes que odio cuando me tratas como a un estúpido.
- Yo nunca te he tratado así –replicó Erwin. Que lo hiciera sin mirarle y más concentrado en el mapa que en la conversación que estaba teniendo con su Capitán hizo que a Levi le resultara muy difícil creerle.
Dejó claro lo poco que le gustaba que le tratara así quitándole la pluma que hasta ahora estaba en la mano del Comandante. Entonces, ya sí, Erwin se dignó en mirar a su soldado con una tranquilidad que Levi deseó borrar a patadas.
- Lo único que necesitas saber es que mañana continuarán los trabajos de construcción del muro –explicó el alto cargo-. Mientras, tu cuerpo de operaciones especiales explorará la zona para comprobar qué rutas hacia Trost podrán utilizarse en el futuro para ahorrar tiempo y dinero, además de reducir el número de bajas.
Levi se quedó en silencio unos segundos, observando a su Comandante como ningún soldado debería mirar jamás a un superior: con una mirada asesina, los párpados siendo apenas dos rendijas, y los labios formando una fina línea de rabia apenas contenida y desprendiendo un aura de fría calma antes de la tormenta.
- Sé que crees que me gusta cuando te pones en modo Comandante. Pero no es así.
- Un Comandante no tiene por qué caer bien –replicó Erwin, tomando otra pluma para seguir con su trabajo, visto que Levi no pensaba devolverle la otra-. Igual que un Capitán. Lo importante es que cumpla con su misión.
Levi apretó la pluma con tanta rabia que acabó partiéndola en dos. Teniendo en cuenta que le hubiera gustado hacer eso con el cuello de su Comandante, lo tomó como un ejemplo de que en el fondo sabía comportarse.
- Entendido, Erwin -Dejó la pluma rota en la mesa-. Solo espero que sepas lo que estás haciendo.
Como era de esperar, el Comandante no dijo nada. Ya le había ordenado que podía retirarse y no pensaba repetirlo.
Por desgracia cuando Levi abrió la puerta, ansioso por salir de allí, aún le esperaba una última sorpresa. Al otro lado se encontró con el Comandante Nile, mostrando una sonrisa demasiado presuntuosa para venir del hombre al que menos de 24 horas antes le había salvado la vida.
- Qué sorpresa, Capitán Levi. Voy a empezar a pensar que esta es tu cámara privada. Te veo más aquí que en tu dormitorio.
- El Capitán ya ha recibido sus instrucciones –explicó Erwin, cortándole cualquier réplica a su Capitán-. Por favor, cierra la puerta al salir –ordenó a Levi sin mirarle, más pendiente de su nueva visita-. Adelante, Comandante Nile. Me gustaría informarte de nuestros próximos objetivos.
Levi dio otra muestra de que era mucho más civilizado de lo que la gente pensaba cerrando la puerta y marchándose en silencio, dejando solo en su imaginación lo que le gustaría hacerles a los dos altos cargos del Ejército que dejaba atrás.
El Comandante no podía dormir. Había demasiadas cosas de las que estar pendiente. Demasiadas preocupaciones.
Viendo que le iba a resultar imposible pegar ojo optó por ser un poco más productivo: se puso el equipo tridimensional que se había quitado hacía menos de tres horas y salió de su despacho para hacer una ronda nocturna. La mitad de los soldados ya estaban vigilando el perímetro del pueblo pero le vendría bien estirar las piernas y respirar un poco de aire puro. Toda la tensión que se había acumulado en su despacho había conseguido que el aire acabara enviciándose.
Durante el paseo saludó a todos los soldados con los que se cruzó, recibiendo unas cuantas miradas de sorpresa porque el Comandante también hiciera trabajos tan rutinarios, a los que Erwin respondió con un leve asentimiento. No estaba de humor para hablar y menos para recibir elogios.
Para asegurarse de que no le molestaran se alejó de la parte más concurrida, adentrándose en las callejuelas que llevaban a las zonas más apartadas del pueblo. Era poco probable que un titán le sorprendiera agazapado tras una casa, pero en el caso de que fuera así le vendría bien un poco de acción para variar.
Al final no fue un titán quien le sorprendió.
Tras girar una esquina se encontró con Levi apoyado en la pared de una casa medio derruida. Parecía que llevaba un buen rato esperando.
Le extrañó ver de nuevo a su Capitán y más siendo las horas que eran, pues su última conversación no había sido precisamente cordial… Por otro lado, que Levi siguiera emperrado en hablar para conocer todos los detalles tampoco era algo que debería extrañarle.
Disimuló la sorpresa por verle allí y se acercó con calma, como si ya supiera que le estaría esperando. Por su parte Levi, sin tener muy claro si la reacción tan calmada de Erwin era porque sabía que le asaltaría en su ronda o si se trataba de otro de sus faroles, también actuó como si los dos supieran que se encontrarían en secreto.
- ¿Realmente crees que cooperando con Nile evitarás que se presente ante Zacklay y le cuente lo que ha visto?
- Deberías estar descansando. –Erwin no se detuvo al pasar junto a Levi, obligándole a seguirle para no quedarse atrás-. Hoy ha sido una jornada muy dura y la de mañana también lo será.
- Me cuesta dormir estando rodeado de estúpidos e ingenuos.
Erwin negó con pesar. Bajo la luz de la luna, la única que iluminaba la noche para que las antorchas no atrajeran la atención de los titanes, Levi intuyó un rostro más pálido de lo normal y unas ojeras equiparables a las suyas.
- Será la palabra de Nile contra la nuestra –dijo el Comandante en un quedo suspiro-. De momento no ha conseguido que ningún soldado del Cuerpo nos traicione.
- Sabes que eso no le va a detener –replicó con rabia, sin afectarle el evidente cansancio del otro-. Solo servirá para que nos esté espiando constantemente. Y qué quieres que te diga, no me gusta tener a un gusano respirándome en la nuca. Menos cuando estoy intentando sobrevivir fuera de los muros. No podemos tenerle estorbando mientras cumplimos con nuestro deber.
- Y no lo hará.
Cansado de que le diera largas sin siquiera dignarse a mirarle a la cara, agarró a Erwin del hombro y le empujó contra la pared de una casa cercana. Lo hizo con tanta rabia que parte del muro se derrumbó, dándose cuenta entonces de que le había costado menos de lo esperado moverle.
Estaba claro que él no era el único que necesitaba descansar.
Sin embargo, no se permitió sentir simpatía por el Comandante. No cuando él era el principal culpable de que los dos estuvieran así.
- Por qué te cuesta tanto confiar en mí –siseó, sin soltar el agarre del rubio-. Creo que te he dado pruebas suficientes de que ya no soy esa rata de las cloacas que conociste hace años.
Erwin, al que el empujón de Levi le había cogido totalmente desprevenido, recuperó su capacidad de reacción con aquel comentario que no podía llegar en peor momento. Con más rabia de la mostrada en las últimas semanas, y odiando que hubiera sido Levi quien le llevara a soltar toda esa furia contenida, agarró la mano que el Capitán todavía tenía sobre su hombro para invertir posiciones y ser ahora él quien le tuviera acorralado contra la pared.
- Te digo lo mismo. ¿Por qué no puedes confiar tú en mí?
- ¿Crees que no lo intento?
- ¡No! –acalló el rugido de Levi con otro de su cosecha, más categórico, pero al que siguió un susurro que vertió directamente en el oído de su Capitán-. Si lo intentaras no estaríamos discutiendo otra vez.
Levi sintió un escalofrío ante ese susurro cargado de emociones. Hacía muchísimo tiempo que no le oía hablar así.
Definitivamente aquella misión estaba agotando las energías del Comandante. Obligándole a hacer frente a la expedición más importante para el Cuerpo de Exploración al mismo tiempo que trataba de mantener alejada a la Policía Militar y a unos rumores que no era justo empañaran su carrera cuando había ofrecido tanto a la raza humana.
Levi odiaba verle así. Pero en parte era culpa suya por no haber querido compartir sus preocupaciones con él…
¿O no?
Porque ¿a qué había venido ese comentario de que era él quien no confiaba? Erwin ni siquiera le había dado una señal para indicarle que se estaba haciendo cargo de todo y que pronto le daría más información. En el momento adecuado y cuando fuera seguro.
Viendo ahora el azul de sus ojos, mirándole tan fijamente como si quisiera atravesarle con ellos y estuviera desesperado porque le entendiera, Levi se preguntó si tal vez lo había entendido todo mal desde el principio.
Recordó la conversación que tuvieron al final del primer día de expedición, justo antes de que Nile les sorprendiera. Le dijo que le había costado más de lo normal no mirar atrás cuando le pidió que acabara con aquellos titanes, sabiendo que hacía poco que había estado herido. Y aun así lo hizo. No necesitó mirarle para saber que podría hacerlo, pues hasta ese extremo llegaba su confianza.
Fue darse cuenta de ello y un nudo de bilis se formó en el estómago del Capitán.
¿Y si Erwin solo pedía lo mismo? ¿Y si él había estado desesperado por recibir una señal que en realidad no necesitaba? No con ese hombre en concreto.
Viéndole ahora así, cabreado y cansado a partes iguales, se preguntó cuánto de ese agotamiento era enteramente por su culpa. Cuánto del peso que ahora estaba soportando sobre sus hombros, logrando que ya no pareciera ese gigante que podía con todo, era a causa de los problemas que él le había puesto por seguir siendo un Capitán que volvía loco a su Comandante.
- Erwin…
- Descansa –pidió el Comandante. Esta vez no había ninguna autoridad en su voz. Parecía más una petición, casi una súplica porque lo dejara estar-. Pronto habrá acabado todo.
Erwin colocó entonces una mano en la mejilla de su Capitán y mostró una sonrisa triste, cansada. Casi de derrota.
Levi sintió que se le paraba el corazón. Incluso en sus momentos de mayor pesar, cuando no era capaz de soportar tanto dolor y se veía obligado a mostrar una fría capa de indiferencia, nunca había llegado a ver a Erwin así. Lo más parecido a un hombre que se había rendido.
Sobrecogido por tener frente a él a ese hombre que no se parecía en nada a su Erwin, se quedó congelado mientras el Comandante daba media vuelta y se alejaba de él sin decir una palabra más.
