O- Obsceno
Hacía un rato que permanecía en su recámara, no sabía muy bien como actuar, no recordaba haber estado nunca tan nervioso como en ese momento. Ni cuando se declaró aquella primera vez en Rosings y fue rechazado, tampoco cuando volvió a verla en Pemberley pensando que no tenía ninguna esperanza de que ella se fijara en él, o cuando después se encontraron en Longbourn por la declaración de su amigo Charles Bingley. Ni tan siquiera cuando fue a su encuentro tras la visita de su tía, dándole nuevas esperanzas y ella lo aceptó, o unas horas antes, cuando ambos se habían dado el "Si quiero" ante familiares y amigos, uniéndose para toda la vida.
Ninguno de esos momentos podía compararse al nerviosismo que sentía en aquel momento. Sabía que ella lo esperaba en la habitación contigua en unos minutos, estaban separados tan solo por una puerta que comunicaba ambos espacios, y llevaba 15 minutos ante esta hecho un manojo de nervios.
Solo de imaginarse a su esposa, a su Elizabeth, en camisón, con tanta piel al descubierto, y dispuesta a entregarse a él, hacía que su mente se nublara y se sintiera indefenso.
Unos sonidos al otro lado llamaron su atención, escuchó a la diosa de sus sueños despedir a su doncella personal y segundos después el sonido de la puerta principal al cerrarse.
Había llegado la hora.
Cogió aire, se armó de valor y, tras golpear tres veces la puerta, giró la manecilla y se adentró en el dormitorio de su esposa.
-Buenas noches, querida- La saludó formalmente, necesitando guardar las distancias para no sucumbir a su propio deseo tan pronto.
-Bu... Bu... Buenas noches, señor Darcy- Le respondió ruborizada, intentando cubrirse con la bata, mientras dejaba el cepillo del pelo en el tocador donde estaba sentada- No lo esperaba tan pronto.
-¿Prefiere que me vaya?
-¡No!- Le aseguró, temerosa de ofenderlo- Es solo que aun no he terminado de arreglarme.
-Mis disculpas, al escuchar a su doncella marcharse, asumí que ya había terminado, de verdad, no me importa volver dentro de un rato.
-Le dije a Susan que se marchara, que yo me cepillaría el cabello- Le señaló el cepillo- Si no le molesta esperar unos minutos, no es necesario que se marche.
-No es ninguna molestia contemplarla- Respondió mientras se acomodaba en el sillón que había junto a la chimenea, sin perder detalle de cada uno de sus gestos.
Lizzy, sonrojada ante ese comentario, sin apartar la mano que cubría su escote con el batín, tomó de nuevo el cepillo y retomó su tarea. Darcy estaba maravillado ante el brillo de esos cabellos que parecían tan sedosos.
Como no dejaba de mirarla, comprobó que al sujetar aquel batín le era complicado cepillar su pelo como ella deseaba, y entonces tuvo una idea, algo que si se le hubiera ocurrido tan solo unas horas antes, cuando aun no se habían unido en matrimonio, cualquier caballero lo habría catalogado de osado e indecente.
Se puso en pie y caminó hasta el tocador, se colocó tras su mujer, con cariño tomó la mano que sujetaba el cepillo, y lo tomó entre sus manos. Ella lo miró a través del espejo muy sonrojada y sorprendida.
-¿Me permite ayudarla, esposa mía?- Ella solo pudo asentir, aun demasiado sorprendida para poder hablar.
Con una habilidad increíble para un hombre, comenzó a cepillar el cabello de su esposa, y ella se maravilló ante su destreza.
-No era yo conocedora de este talento suyo, señor mío- Comentó un poco más relajada- ¿Puede saber con que dama ha practicado usted para llegar a hacer esta tarea tan maravillosamente?
-He practicado mucho con una dama en cuestión, llevo años practicando.
-¿Lo está diciendo en serio?- Preguntó escandalizada ante la idea de que él hubiera tenido ese tipo de intimidad con otra mujer, él vio su reacción y sonrió, estaba adorable cuando se ponía celosa.
-Muy en serio, y según decía, superaba a sus doncellas- El rostro de Lizzy se enrojeció, pero esta vez con enfado- Puede preguntarle si lo desea, duerme a tan solo unas habitaciones de las nuestras- Y entonces ella lo miró sorprendida, antes de sonreírle.
-¡Me estaba tomando el pelo!- Se rio divertida- Está muy mal por su parte ponerme celosa utilizando a su adorable hermana, señor Darcy- Él rio con ella- Aunque no debo quejarme, concuerdo con Georgiana, nunca me habían cepillado con tanto talento y cariño.
-Cuando Georgiana era pequeña, yo le cepillaba el pelo antes de dormir y la arropaba cada noche, era un bálsamo para mí, me distraía de las preocupaciones de mi día a día.
-Yo hacía lo mismo con mis hermanas, son hermosos recuerdos- Sonrió con nostalgia.
-Estoy de acuerdo, aunque puedo asegurar que estoy disfrutando este momento infinitamente más que aquellas noches con mi hermana- Comentó, mirándola con intensidad a través de aquel espejo- Hace mucho que deseaba poder acariciar tu cabello, siempre me ha parecido hermoso, y ahora que tengo total libertad para hacerlo estoy maravillado de lo sedoso que es- Acercó sus labios al oído de su amada- Y esta cercanía hace que me inunde su fragancia, tan hipnótica para mí- Rozó el lóbulo de la oreja con sus labios, haciendo que ella se estremeciera- ¿Está nerviosa, señora Darcy?
-Mu... Mucho...
-No debe estarlo, estoy a sus pies- Y besó aquel lóbulo, para después dejar el cepillo y alejarse de ella unos pasos- No debe temer nada de mí, pues aunque la deseo fervientemente, jamás haré nada que usted no quiera.
-¿Usted me desea?
-No puede hacerse una idea de cuanto la deseo- Dijo con seriedad, intentando desviar la vista del escote del camisón, que ella había dejado de tapar- Si la sociedad pudiera ver mis pensamientos, estoy completamente seguro de que me tildarían de obsceno y falto de clase.
-Dudo que sus deseos sean más obscenos que los míos- Comentó para si misma, aunque lo suficientemente alto para que él lo escuchara. Al percatarse de ello, Lizzy se levantó la mirada hacia él, esperando no haber sido escuchada, pero cuando los ojos de su esposo mostraron el fuego del deseo tan intenso, supo que no era así- Señor Darcy, yo... yo... yo...
-Elizabeth- La interrumpió, acercándose a ella de nuevo, tomándola de las manos y mirándola fijamente a los ojos- ¿Usted realmente me desea?- Ella asintió, hechizada por aquellos ojos azules- Entonces no hay nada obsceno en lo que hagamos esta noche- Y sin más la besó.
Aquel beso fue solo el comienzo de su unión, en la que ambos se demostraron el deseo que sentían, pero también cariño, comprensión, paciencia, respeto y, sobre todo, amor.
Exhaustos, se acomodaron entre las sábanas, Lizzy se apoyó en el pecho de su marido, que de inmediato la abrazó mientras acariciaba de nuevo sus cabellos.
-¿Así de obscenos eran tus pensamientos?- Preguntó ella, mucho más relajada, tuteándolo, habiendo perdido por completo la vergüenza inicial.
-Me temo que mucho más, mi amor, pero tengo todo el tiempo del mundo para mostrarte lo obsceno que puedo llegar a ser- Sonrió feliz, besando de nuevo esos cabellos, e imaginando lo que estaba por venir junto a ella.
Definitivamente, era un hombre muy obsceno.
Hola a todos,
Aquí os dejo una nueva viñeta, en esta ocasión he querido mostrar la primera noche de Darcy y Lizzy como marido y mujer. Siempre he creído que en cuanto los dos estuvieran a solas sin ningún tipo de impedimento, Darcy sería mucho más simpático y hasta bromista.
¿Os gusta? ¿Os lo habíais imaginado de otra forma?
Gracias a todos los que leéis y en especial a los que comentáis, que sabéis que vuestros comentarios son muy valiosos para mí.
Nos leemos pronto
